Paramilitarismo, Estado y democracia en Colombia: Espejos de enormes desigualidades y profundas exclusiones sociales


Ensayo, 2010

8 Páginas, Calificación: 1,0


Extracto

Abril de 2010

Análisis y Comentario

Paramilitarismo, Estado y democracia en Colombia: Espejos de enormes desigualidades y profundas exclusiones sociales

Por Christian Wimberger

América Latina sigue siendo un escenario de múltiples formas de violencia, ya sea perpetuada por parte de individuos, el crimen organizado o agentes estatales. Esa constatación se ha convertido en la principal preocupación de la atención periodística y científica a esa región, a pesar que las transiciones y reformas democráticas, además de traer consigo la reedición de pactos constitucionales y la reconfiguración de las instituciones estatales, sobre todo fueron acompañadas de esperanzas de dejar atrás las expresiones más atroces de una violencia generalizada. Una evidencia clara parece ofrecer el paramiliarismo colombiano, un fenómeno que ya se había creído superado después de la Ley Justicia y Paz, promulgada en 2005 y que tuvo como consecuencia la desmovilización de más de cuarenta mil combatientes de agrupaciones paramilitares, integrados principalmente en las Autodenfensas Unidas de Colombia AUC. Sin embargo, se han publicado, recientemente, dos informes de la organización internacional Human Rights Watch y de la nacional Movimiento de Víctimas de Crímines de Estado que, al arrojar luz al problema desde distintas perspectivas, pusieron de relieve el fracaso de la Ley 975 de 2005 y la persistencia de dicho flagelo.1 Ambos informes han impactado duro en Colombia, no tanto porque se trate de la revelación de un escándalo inesperado por la sociedad - que en secreto sabía que el problema no se solucionó tan facilmente de una vez por todas -, sino porque hicieron que recobrara importancia el problema paramilitar en la opinión pública en vísperas de las elecciones presidenciales y en medio de debates donde otros temas parecieron prevalecer.

Ahora bien, más allá de las usuales críticas dirigidas al manejo del conflicto interno por el gobierno de Alvaro Uribe Veléz, las evidenicas sobre la persistencia y la toma de nuevas expresiones de estructuras paramilitares plantean un interrogante central: ¿qué es lo que da tanta fertilidad para que florezca el paramilitarismo en Colombia y persista como forma particular de violencia, pese a los esfuerzos gubernamentales tendientes a acabarlo? O formulemos la pregunta de otra forma: ¿qué particularidades de orden sociopolítico y sociodiscursivo están detrás del fenómeno que lo alimenten?

Comunmente, se considera el paramilitarismo colombiano como la consecuencia de la prolongación de la guerra sucia y la desviación de estrategias estatales tendientes a hacerle frente a la guerrilla de las FARC, cediendo parte del legítimo ejercicio de violencia estatal para crear grupos de autodefensa. Lo que esas estrategias con las que arrancó el presidente Turbay a principios de los 80 probablemente no calcularan ni esperaran es lo que es la realidad de hoy: la existencia de un proyecto político reaccionario de control social que, con el tiempo, terminó por convertirse en una verdadera estructura paraestatal. La complejidad de esta estructura paraestal y las relaciones sociales que lo dan vida se traduce en la dificultad de definirlo. ¿Es el paramilitarismo un proyecto ideológico antisubversivo mantenido por redes criminales independientemente del Estado o se trata más bien de una estrategia que defiende, ante todo intereses, del Estado en su lucha contra la guerrilla? Mi sugerencia es analizarlo, primero, desde una perspectiva independiente del Estado, asumiendo un punto de vista que dé cuenta de su sustrato social, para poder hacer, a continuación, algunas consideraciones sobre la naturaleza del Estado en Colombia. En este sentido, me propongo abordar el paramilitarismo como un instrumento que sirve principalmente para mantener el status quo social a todo costo, impidiendo que avance cualquier noción progresista de cambio sociopolítico. Por muy cierto que sea que los grupos guerrilleros ya no representan una alternativa real al modelo estatal establecido y, con el paso del tiempo, han perdido su contenido social, al tomar formas de una rara mezcla de insurrección por motivos ideológicos y simples intereses criminales donde se confunden los medios con los fines, no hay duda de que el paramilitarismo se aprovechó en su orígen principalmente del anhelo de protección y de seguridad, expresadas por amplias partes de la población, ante esa amenaza criminal o terrista. Pero, basta un breve análisis de a quiénes esas agrupaciones brindan seguridad para constatar que en cuanto al paramilitarismo se trata de una expresión muy clara de las profundas desigualdades y exclusiones sociales que subsisten en Colombia y suponen los principales rasgos de las sociedades latinoamericanas. Según ello, el paramilitarismo es el producto de alianzas entre las élites y oligarquías económicas con grupos armados de carácter privado que suministran a las primeras con sus servicios de seguridad. Esos grupos apoyan a cualquier actividad de mayor acumulación de capital que genere prosperidad económica, ya sean actividades agrícolas como la ganadería, empresas industriales o el narcotráfico. Las organizaciones de autodefensa se han opuesto primordialmente a la redistribución de la tierra, concentrada en las manos de unos pocos hacendados poderosos, en detrimento de colonizadores sin tierra. Así, han sostenido exitosamente las injustas estructuras de posesión de tierra que les sirven a las élites para afirmar las relaciones de dominación existentes, en la medida en que constituyen el obstáculo más imoprtante al avance social y a la transformación de los pesos sociopolíticos en la periferia.

En aras de mantener esas inequidades y articular sus intereses políticos a nivel nacional, el paramilitarismo se ha dedicado a crear un poderoso “brazo político” en los últimos años, lo cual supone un fenómeno inédito, ya que los paramilitares, a pesar de haber buscado siempre apoyo político local y regional, han logrado articularse a las instituciones más importantes del Estado político a nivel nacional. Un informe de la Corporación Nuevo Arco Iris señala que, lejos de combatir la guerrilla de manera sistemática, los principales motivos de los paramilitares para buscar apoyo político en el Congreso Nacional han sido resistir los cambios de apertura democrática de participación ciudana después de la Constitución del 1991 y los intentos de negociación de paz con la guerrilla. Además los dirigentes paramilitares han percibido la necesidad de otorgar legitimidad político a sus atrocidades mediante un discurso cuidadosamente elaborado para justificar su expansión incontenible a todo el territorio nacional.2

Si se tienen en cuenta los signos de distribuciones injustas de riquezas, las resultantes desigualidades económicas, sumidas a las inequiedades políticas, la que caracterizan a la sociedad colombiana, resulta obvio que el paramilitarismo nunca ha constituido un grupo armada que brinde seguridad a una amplia parte de la población, sino a una minoría muy limitada de élitas económicas que busan defender sus intereses y su riqueza a través del recurrimiento a la violencia.3

[...]


1Mientras que el informe de Human Rights Watch pone énfasis en el resurgimiento de estructuras heredaras y nuevas expresiones del paramilitarismo, analizando el impacto en la situación de los derechos humanos en Colombia, el informe del Movimiento de Víctimas de Crímines de Estado se dedica a apuntar a las oportunidas perdidas del proceso de paz con los paramilitares de arrojar luz a las verdades de lesa de humanidad y adelantar juicios contra los responsables de los crímines. Véase Human Rights Watch (2010): Herederos de los Paramilitares. La Nueva Cara de la Violencia en Colombia; Movimiento de Víctimas de Crímines de Estado (2010): Sin Justicia y sin Paz. Balance de la Aplicación de la Ley de Justicia y Paz.

2La Corporación Nuevo Arco Iris muestra cómo, sobre la base de dichos objetivos, los intereses paramilitares confluyeron con los de la élite política. Este proceso cambió profundamente el mapa político colombiano, al disolver el bipartidismo más antiguo de América Latina y dar lugar a la emergencia de nuevas fuerzas políticas. No sobra recordar que esos nuevos grupos político, aparecidos de la mano de alianzas entre el paramilitarismo y la élite política, contribuyó de manera decisiva al ascenso del proyecto político uribista y a la creación de la coalición oficialista. El informe hace un excelente resúmen, por regiones, de cómo se dieron esas coincidencias entre intereses paramilitares y de élites políticas e y ecónomicas. Véase Revista Arcanos, No. 13: Paramilitares y Políticos, 2007. Disponible como PDF: http://www.nuevoarcoiris.org.co/sac/files/arcanos/arcanos%2013_marzo_2007/arcanos_13.pdf.

3La CEPAL situó el coeficiente GINI para 2008 en 0,59, superando el promedio latinoamericano. Véase <http://www.telesurtv.net/noticias/contexto/1481/colombia-pobre-del-pobre/>.

Final del extracto de 8 páginas

Detalles

Título
Paramilitarismo, Estado y democracia en Colombia: Espejos de enormes desigualidades y profundas exclusiones sociales
Universidad
Catholic University Eichstätt-Ingolstadt
Calificación
1,0
Autor
Año
2010
Páginas
8
No. de catálogo
V157184
ISBN (Ebook)
9783640734658
ISBN (Libro)
9783640734870
Tamaño de fichero
450 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Paramilitarismo, Estado, Colombia, Espejos
Citar trabajo
Christian Wimberger (Autor), 2010, Paramilitarismo, Estado y democracia en Colombia: Espejos de enormes desigualidades y profundas exclusiones sociales, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/157184

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