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Subtitle: Elaborato final
Presentation (Elaboration), 2009, 46 Pages
Author: Licenciado en Filosofía, Bachiller en Teología Martín Carranza
Subject: Philosophy - Theoretical (Realisation, Science, Logic, Language)
Details
Year: 2009
Pages: 46
Language: Spanish
ISBN (E-book): 978-3-640-40138-3
Antropología filosófica, estructuras y dinamismos humanos
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Excerpt (computer-generated)
Sumario
Introducción:
2
Capitulo 1: Las estructuras: yo ideal y yo actual
4
El yo ideal: 4
El yo actual: 8
Capítulo 2: Los contenidos I, Actitudes Específicas o propiamente dichas
10
Origen y fin de las actitudes: Motivación, Funciones, Aprendizaje 11
A.- Evaluación según diversas categorías de importancia: 11
B.- Funciones de las actitudes: 13
C.- Influencia social en el aprendizaje de las actitudes: 14
Capitulo 3: Los contenidos II, Actitudes Generales: necesidades y valores
18
Los valores: 19
Algunas consideraciones personales: 22
Las Necesidades: 25
Fuerza dinámica y dirección de una necesidad en el individuo: 28
Capítulo 4: Necesidades y valores en la dinámica de las actitudes
30
Las necesidades en la dinámica de las actitudes: 30
Necesidades en relación a los valores, consistencia e inconsistencia: 31
Consistencias e inconsistencias: 32
Ambigüedad en el sistema de valores del sujeto: 34
Capítulo 5: Algunas propuestas pedagógicas
37
1.- ¿formación o barniz? 37
2.- La propuesta del yo ideal institucional, consideraciones iniciales: 37
3.- El yo ideal institucional en el Proyecto Formativo: 38
4.- Los primeros pasos en el proceso de acompañamiento formativo: 41
A modo de Conclusión:
43
Bibliografía Citada 44
2
Algunas estructuras y dinamismos humanos
Implicancias para un proceso vocacional
Introducción:
El Señor Dios se paseaba por el jardín a la hora en que sopla la brisa y dijo al hombre
"¿dónde estás?"... y desde entonces no deja de buscar y llamar al hombre al diálogo de amistad
con El.
Por su parte, el hombre ha sido hecho para el encuentro con Dios; es por esto que lleva
dentro suyo, en lo hondo del corazón, el anhelo de su amistad; este anhelo es una sed profunda
y esta sed es la base de todo otro deseo humano. San Agustín luego de su largo camino de
búsqueda, movido sin saberlo por este deseo, llega a decir "nos hiciste Señor para ti y nuestro
corazón está inquieto hasta que descansa en ti"1.
Como la vida de amistad con Dios es plenitud de vida para el hombre, la distancia
respecto a El y el ausentarse de su presencia es la peor de las muertes; en el icono de Jesús,
Dios-hombre, suspendido en el madero, Dios nos permite contemplar lo que hay en su corazón
de Padre: sufre con nosotros, desde adentro de nuestra muerte y de nuestra sed2.
La historia de amor de Dios con el hombre, también llamada historia de salvación, es el
puente tendido por El entre su sed y nuestra sed. Y este puente tiene un nombre que es Jesús de
Nazaret, Dios-hombre en nuestra historia. Desde entonces esta historia se realiza en un diálogo
que es siempre vocación en Cristo. Y toda vocación es a la vez llamada y don.
El presente trabajo quiere tener en el trasfondo, justamente, la antropología de la
vocación cristiana. Partimos de la visión del hombre como teleológicamente finalizado hacia la
auto-trascendencia; por esto posee estructuras dialécticas, cada una con sus contenidos, que
influyen en la motivación de sus actitudes y conductas, las cuales conducen o no al fin
humano.
1 San AGUSTÍN,
Confesiones
, ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2003, Libro I, 1.
2 Se pueden pensar en este sentido sus palabras en la cruz: "tengo sed" (Jn. 19 ,28; cfr. Catecismo de la Iglesia
Católica 544, 2561). También en la misma dirección se puede escuchar su grito antes de entregar su espíritu "Dios
mío, Dios mío, por qué me has abandonado?" (Mt. 27, 46; cfr. Salmo 22 y Catec. 603).
3
Nos planteamos como objetivo de estas páginas expresar algunas de las dialécticas que
operan en el hombre que quiere vivir su vida como camino de auto-trascendencia teocéntrica.
Además, pretendemos iluminar a partir de las mismas algunos aspectos de la pedagogía
formativa, pensada en general y de modo particular en los seminarios diocesanos de formación
al sacerdocio.
Por esto, en el capítulo 1º desarrollaremos la estructura del yo actual y yo ideal, en el 2º
y 3º haremos una primera presentación de sus contenidos, esto es de las actitudes, valores y
necesidades. En el capítulo 4º nos referiremos a la interrelación dinámica de los contenidos.
Por último, en el capítulo 5º expresaremos cuatro propuestas pedagógicas interrelacionadas que
quieren ser una concreción, al menos parcial, de lo presentado en los capítulos anteriores.
4
Capitulo 1:
Las estructuras: yo ideal y yo actual
La teología de la vocación supone en el hombre la dimensión de la libertad: "solamente
porque es libre el hombre puede ser
invitado
, llamado por Dios a este compromiso, y, por lo
mismo, solamente porque es libre puede decidirse a responder a esta llamada"3. Decir que el
hombre es libre implica decir que "nuestra vida psíquica trasciende los límites de nuestro ser
`influenciados′ aquí y ahora por algún estímulo"4.
Por otra parte, la vocación, en clave judeo-cristiana, supone mucho más que la llamada
a
hacer
algo y no puede ser entendida si no es en clave de identidad. Esto se expresa
claramente en la Sagrada Escritura en el
cambio de nombre
de quienes son llamados5. En
cuanto llamada de Dios que espera una respuesta de la libertad del hombre y que lo pone en
camino, la vocación cristiana discipular implicará un proceso dialéctico que parte de lo que la
persona es y orienta hacia lo que se experimenta llamado a ser: llamaremos al primero de estos
elementos `yo actual′ y al segundo `yo ideal′.
El yo ideal:
Es clave subrayar que la vocación "es la realización del ideal de sí más bien que la
realización del concepto de sí"6. Por tanto, la vocación no es un instalarse allí donde me siento
cómodo ni un repetirse a sí mismo, sino un lanzarse hacia adelante, hacia la realización del yo
ideal.
3 RULLA, L. M.,
Psicología profunda y vocación
, Artes Gráficos Benzal, Madrid, 1986 (en adelante citado con
las siglas PsPV.V), p. 45. Afirmamos esta libertad, como libertad siempre situada y limitada, pero real; amenazada
por la herida del pecado en cuanto a su orientación a Dios, pero aún así capaz -con su gracia- de responder a su
llamada.
4 RULLA, L. M.,
Antropología de la vocación cristiana, vol. 1, Bases interdisciplinares
, Sociedad de Educación
Atenas, Madrid, 1990 (citado con las siglas AVC), p. 115.
5 Cfr. Gn. 17, 5; Gn. 32,29; Jn. 1, 42.
6 PsPV., p.65. Ciertamente los propios dones y capacidades deben entrar en consideración a la hora del
discernimiento vocacional ya que pueden orientar en el mismo. Pero la vocación significa la llamada a su
desarrollo, muchas veces exigente, a la vez que a su purificación; donde está nuestro don y nuestra capacidad
frecuentemente está también nuestro límite y fragilidad.
5
Podemos decir que en todo hombre, existe esta estructura del `yo ideal′, que es la
condición de posibilidad para poder formularse una imagen ideal de hombre, un ideal de la
vida, un hacia donde que orientará sus pasos.
En el ámbito psicológico, diversas corrientes implícita o explícitamente postulan una
imagen ideal de hombre derivada, no de sus investigaciones psicológicas, sino de presupuestos
antropológicos previos. El problema no radica aquí -ya que es imposible pensar sin supuestos,
y de hecho nuestra misma estructura de lenguaje ya implica un supuesto y una comprensión del
mundo que es siempre precientífica-. El inconveniente es que dicho presupuesto antropológico
no siempre es explicitado y a menudo se confunde con una afirmación derivada de la
investigación psicológica
.
Queriendo explicitar cuál es el ideal de hombre que ilumina la presente exposición,
afirmamos desde una perspectiva interdisciplinar, con Rulla y Lonergan7 que "el espíritu del
hombre, su mente y su corazón son una fuerza activa, un poder de actualización hacia la
trascendencia"8. Todo hombre lleva en sí mismo, lo sepa o no, esta llamada interior a la
plenitud que sólo se alcanza en la medida en que el hombre es capaz de trascenderse a sí
mismo. La auto-trascendencia se va profundizando a media que el hombre mediante los 4
niveles de operaciones (experiencia, inteligencia, juicio y decisión) va creciendo en el nivel de
intencionalidad y consciencia (en libertad de quien conscientemente es presente a sí mismo).
Estas operaciones conducen al sujeto hacia la auto-trascendencia en sus 3 fases:
a.- de conocimiento: mediante la experiencia (datos de los sentidos y de la consciencia) y la
inteligencia el hombre trasciende la mera apariencia, la imaginación, las propias ideas y
opiniones para reconocer lo verdadero y real; esto le permite distinguir a nivel consciente el
bien real del bien aparente9.
b.- de moralidad: mediante el juicio de valor y la decisión, el sujeto trasciende la sola búsqueda
de la propia satisfacción, los propios intereses, gustos y preferencias para buscar y optar por el
bien real, el valor objetivo. El paso de la 1º a la 2º fase se da porque "el encuentro de la persona
7 Cfr. AVC., pp. 129-140.
8 AVC., p.129.
9 Cfr. AVC., p. 265.
6
con el ser como realidad es también inseparablemente experiencia de valor y por lo tanto de
`deberías′ "10.
c.- de amor: la persona rompe con el aislamiento en sí mismo para salir de sí y ser no sólo para
sí mismo sino también para los demás11; se amplía así el margen de la propia libertad efectiva,
santidad objetiva y eficacia apostólica12. La dinámica de este amor es siempre `hacia un más′
que no desprecia absolutamente pero sí dimensiona y dignifica lo menos: amor a los bienes
creados, a los otros, a Dios mismo fuente del amor. Por esto este modo de trascendencia,
cuando arriba a su fin teocéntrico, cobra la forma de experiencia y conversión religiosa, la cual
desde una perspectiva teológica, es posible sólo como don gratuito de Dios13.
Esta dinámica `hacia el más′ se da en todos los niveles; el más hacia la verdad, el bien y
la belleza pone al hombre ante la pregunta sobre Dios. Esta pregunta en clave de fe no queda
sin respuesta porque es Dios el primero en salir de sí para buscar al hombre y entrar en diálogo
con él. Por esto decimos que el ideal último del hombre es la auto-trascendencia
teocéntrica
.
Lamentablemente "el hombre está ontológica y constitutivamente limitado en la
consecución de su auto-trascendencia"14. Aun suponiendo que la persona en el nivel consciente
quiera realizarla, por las dialécticas propias del hombre (las fragilidades del yo actual, las
motivaciones inconscientes, la ambigüedad del deseo emotivo, las necesidades disonantes, etc.)
la misma nunca se realizará completamente. De aquí que el yo ideal siempre estará "unos pasos
más adelante". Paradójicamente, por lo tanto, la pretensión de haber alcanzado ya el ideal,
ilusión que propia del sujeto que está aún en el nivel de la verdad aparente, es un signo claro
de estar lejos de él.15
10 AVC., p. 165.
11 "Sólo la persona que se posee totalmente es la que puede ofrecerse totalmente en un don libre y desinteresado al
otro". WOJTYLA, K (Card), Th estructure of Self-Determination as the Core of the Theory of the Person. En
Tommaso d′Aquino nel suo VII Centernario
. Atti del Congreso Inernazionale. Roma-Napoli, 17-24 de Abril de
1974, Vol. 7, p. 43; citado por RULLA L. en AVC., p. 277.
12 Cfr. AVC., pp. 273-274 y 277-279.
13 Cfr. AVC., p. 158.
14 AVC., p.130.
15 Se puede pensar en esta línea el porqué Jesús se ha mostrado mucho más intransigente con las actitudes de los
fariseos que con la de los que se reconocían pecadores.
7
Notemos la distancia que hay entre esta perspectiva antropológica y la de Freud, para
quien el hombre está movido por los drives primarios (instintos derivados de la energía sexual
y agresiva) y tiene como motivación última de su obrar la reducción de tensiones para alcanzar
la homeóstasis16. También hay diferencia con la mirada de Karl Rogers para quien la
motivación última del ser humano es la auto-realización antropocéntrica.
Hay que decir que la auto-trascendencia, como llamada interior y constitutiva del ser
humano termina llevando a una sana auto-realización: "La autorrealización es un efecto, una
consecuencia de la auto-trascendencia"17. Paradójicamente, quien apunta a la autorrealización
como fin último queda encerrado en sí mismo y por lo tanto es víctima del empobrecimiento de
sí que no permite realizarse de verdad; por el contrario, quien es capaz de salir de sí para el
encuentro con los ideales, con la verdad, el bien, la belleza, el amor teocéntricos (quien es
capaz de dejar la propia tierra para hacerse peregrino como Abraham, nuestro padre en la fe)
termina encontrándose a sí mismo y logrando la verdadera auto-realización. Se realizan así las
palabras de Jesús "el que quiera ganar su vida la perderá, y el que la pierda por mí la
encontrará"18.
Hemos llamado "yo ideal" a la estructura del yo en cuanto trascendente, que querría
crecer siempre más en sus ideales de autotrascendencia. Debemos considerar dentro de la
misma dos subestructuras19:
a.- Los ideales personales: contiene los ideales que el individuo querría para sí y aquello que él
querría ser o realizar a partir de la elección de estos ideales.
b.- Los ideales institucionales: son los ideales que se le proponen desde las instituciones de
referencia (según el modo como el sujeto los percibe); en un creyente podría ser tanto la iglesia
universal como la comunidad local, para un seminarista, además, el seminario, etc. No siempre
coincide con el ideal que de hecho la institución sostiene.
16 Cfr. PsPV., p. 97.
17 PsPV., p.64. Cfr. IMODA, F.,
Desarrollo Humano, Psicología y Misterio,
Universidad Católica de Salta, Salta,
2001, pp. 386-387.
18 Mt. 16, 25.
19 Cfr. AVC., pp. 154-156 y 287.
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