El "Quijote" (1605), de Miguel de Cervantes - resumen y apuntes interpretativos


Resumen, 2007
28 Páginas

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Índice

Miguel de Cervantes (1547-1616): Don Quijote (1605)
I) Resumen por capítulos
II) Cervantes y la ficción narrativa de la época
III) La novela picaresca y la primera parte del Quijote
IV) La estructura de la primera parte
V) Las novelas intercaladas
El sentido moral de la acción principal
La función de los episodios intercalados en la Primera Parte
La novela del curioso impertinente
El embrollo de Cardenio / Luscinda y Dorotea / Fernando
El episodio del cautivo y de su hermano el oidor
Resumen
VI) Los narradores del Quijote
VII) El Quijote: La primera novela realista moderna

Bibliografía

Miguel de Cervantes (1547-1616): Don Quijote(1605)

I) Resumen por capítulos

1 Un hidalgo mediocre se vuelve loco por leer muchas novelas de caballerías y se convierte en don Quijote de la Mancha. Como caballero andante quiere resucitar la Edad de Oro deshaciendo agravios y protegiendo a los necesitados. Pone nombre a su rocín (Rocinante) y a la imaginada dama de su corazón (Dulcinea del Toboso, en realidad se trata de la ruda labradora Aldonza Lorenzo).

Cervantes describe a don Quijote según la doctrina de Juan Huarte de San Juan (Examen de ingenios para la ciencia): “era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro ...” “del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio”

2 Don Quijote emprende su primera salida. Se le ocurre que todavía no ha sido armado caballero y decide remendar esta falta en la primera ocasión que se le ofrezca. Llega a una venta que a él le parece un castillo. Aborda a dos prostitutas que él se imagina ser dos doncellas. Por su aspecto y su raro modo de hablar, se ríen de él. Sin embargo, el ventero, un pícaro retirado, le sigue la corriente haciendo el papel de castellano del supuesto castillo.

3 El ventero le da unos consejos prácticos a don Quijote (llevar dinero y camisas limpias, buscarse escudero) y le hace velar las armas en el corral. Por la noche, don Quijote apalea a dos arrieros que quieren dar agua a sus mulas y como consecuencia de esto se ve apedreado por los demás huéspedes de la venta. Para evitar más incidentes, el ventero le arma caballero a don Quijote, y éste sale contento de la venta.

4 Don Quijote se topa con Haldudo, el rico, que está azotando a su criado Andrés por descuidado. Don Quijote le exige que pague al mozo lo que le debe. Haldudo se lo promete y el caballero se va. Siguiendo su camino, se encuentra con unos mercaderes toledanos de los que exige que reconozcan que Dulcinea es la mujer más hermosa del mundo. Un mercader burlador le pide una prueba por lo que el caballero monta en cólera y arremete contra él. Pero Rocinante tropieza y amo y caballo caen al suelo. Por su arrogancia, un mozo de mulas lo apalea.

5 Un vecino de don Quijote pasa por el camino y reconocíendolo lo lleva a su aldea. En casa de Don Quijote, sus amigos el cura Pero Pérez y el barbero maese Nicolás junto con el ama de casa y la sobrina están preocupados por Don Quijote. Se proponen condenar al fuego los desalmados libros que le quitaron el juicio. Don Quijote les cuenta que luchó con 10 gigantes.

6 Al día siguiente, el cura, el barbero, la sobrina y el ama de casa realizan el auto de fe quemando la mayoría de los libros de don Quijote.

7 Don Quijote se queda 15 días en casa antes de emprender su segunda salida en compañía de su escudero Sancho Panza al que promete el gobierno de una ínsula en recompensa a sus servicios. Sancho duda de que su mujer (Juana / Mari Gutiérrez) sea apta para ser reina.

8 Don Quijote lucha contra unos molinos de viento que a él le parecen unos gigantes echando en saco roto los avisos de Sancho. Termina maltrecho por el campo y achaca la culpa a unos malos encantadores que quieren quitarle la gloria de su victoria. Poco después, acomete a dos frailes que cree que son secuestradores de una princesa. En realidad se trata de una señora vizcaína de camino a Sevilla. Don Quijote se pone a luchar con un acompañante vizcaíno de la señora. Pero en medio de la batalla la escena queda congelada. El segundo autor informa al lector de que aquí terminan las fuentes de la historia.

9 El segundo autor narra la búsqueda de la continuación de la historia. En un mercado de Toledo la encuentra por casualidad (en árabigo, el autor / historiador se llama Cide Hamete Benengeli) y la hace traducir por un morisco.

Sigue el fin de la batalla en la que don Quijote vence a su adversario (aunque resulta herido en la oreja) y le exige la promesa de presentarse ante su señora Dulcinea del Toboso.

10 Sancho le pide el gobierno de la ínsula prometida pero don Quijote le informa de que aquella no fue aventura de ínsulas. Sancho teme que puedan ser perseguidos por la Santa Hermandad y don Quijote le dice que los caballeros andantes están por encima de la ley. Además le cuenta a su escudero que quiere prepararse un bálsamo milagroso que puede sanar todas las heridas y hasta resucitar muertos. Sancho está entusiasmado y en vez de la ínsula le pide la receta del bálsamo de Fierabrás a su amo. Hablando sobre varios temas caballerescos, los dos siguen su camino hasta que llegan a unas chozas de unos cabreros.

11 Los cabreros reciben amablemente a amo y escudero ofreciéndoles algo de comer. Inspirado por el color de unas bellotas, don Quijote pronuncia su (“inútil”, como dice el autor) discurso sobre la Edad de Oro (caracterizada por la paz, la amistad y la concordia). Los cabreros que lo escuchan atentamente sin entender gran cosa, piden a uno de los suyos que cante un romance para los huéspedes.

12 Llega otro mozo que anuncia la muerte de Grisóstomo que se suicidó por el amor no correspondido por la hermosa Marcela. Don Quijote pide a Pedro, otro cabrero, que le cuente todo sobre el asunto lo que hace de buena gana (cambiando paulatinamente el estilo rústico por uno más elevado y más apropiado de la novela pastoril).

13 Al día siguiente, Don Quijote y Sancho acompañan a los cabreros al entierro de Grisóstomo. En el camino se cruzan con otros viajeros que también quieren asistir al entierro. Entre ellos está Vivaldo que se asombra de la locura de don Quijote. El caballero le aclara que los de su profesión son “ministros de Dios en tierra”. Vivaldo, siguiéndole la corriente, critica que los caballeros andantes no se encomienden a Dios sino a sus damas antes de sus batallas. Don Quijote le dice que así debe ser y otros disparates más, así que hasta los pastores se dan cuenta de su falta de juicio.

14 Después de haber llegado el grupo al lugar del entierro se lee un poema compuesto por el difunto (canción desesperada). Entonces aparece Marcela y defiende su comportamiento y lo hace tan hábilmente que después de su discurso todos están de acuerdo de que no tiene la culpa de la muerte de Grisóstomo. (“Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.”) Se termina el entierro y don Quijote se propone ofrecerle su servicio a Marcela.

15 En un prado Rocinante acosa a unas yeguas que tienen más ganas de pacer que de él. Los proprietarios de las yeguas, unos yangüeses, apalean al pobre caballo. Don Quijote y Sancho que quieren socorrer a Rocinante sufren la misma suerte. Por fin, siguen su camino hasta que llegan a una venta que otra vez a don Quijote le parece un castillo sin que se deje convencer de lo contrario.

16 En la venta don Quijote acosa a Maritornes, una criada feísima, que él se la imagina como una princesa bellísima. Otra vez no cosecha nada más que palos.

17 Don Quijote cree que el castillo (la venta) está encantado por suceder cosas tan raras en él. Dice que un gigante lo apaleó, Sancho comenta que más de 400 moros lo aporrearon. Don Quijote se prepara el bálsamo de Fierabrás que le hace vomitar fuertemente pero después se siente mejor. Sancho también lo prueba pero le sienta muy mal y comienza a “desaguarse por entrambas canales”. Don Quijote piensa que debe de ser porque no es caballero armado. Al quitar la venta no quiere pagar la cuenta porque sería contravenir a la orden de la caballería andante. Como “venganza” algunos huéspedes mantean a Sancho.

18 Sancho no cree que la venta esté encantada sino que los hombres que lo mantearon eran hombres de carne y hueso. Duda del provecho de las aventuras caballerescas y quiere volver a casa. Recuerda a don Quijote que jamás han vencido batalla alguna. Mientras tanto aparece en el horizonte una polvareda y don Quijote se imagina que son dos ejércitos que va a vencer. Primero, Sancho le cree pero después se da cuenta de que no son nada más que dos rebaños de carneros y ovejas. Otra vez, apedrean a don Quijote de tal modo que después le faltan varias muelas. Para sanarse, bebe el resto del bálsamo. Cuando Sancho se le acerca, vomita sobre él, Sancho a su vez, vomita sobre don Quijote. Está harto y quiere dejar a su amo.

19 Se acercan unas lumbres que resultan ser un grupo de sacerdotes que llevan a un muerto a Segovia. Como no quieren dar las explicaciones que Don Quijote les pide, arremete contra ellos y le rompe la pierna a uno de ellos. Sancho está admirado por el valor de su amo: “Sin duda este mi amo es tan valiente y esforzado como él dice.” Quiere presentar a su amo y por su aspecto desolado se inventa el nombre del Caballero de la Triste Figura. Don Quijote cree que el autor de la histora se lo puso en la lengua y en pensamiento y en adelante quiere llamarse así.

(Sancho empieza a utilizar refranes en este capítulo.)

20 Los dos van en busca de agua. Es de noche y tienen mucha sed. De repente oyen uno golpes, y a Sancho le entra mucho miedo. No quiere que don Quijote se vaya para enfrentarse a esta ‘aventura’ y con llantos y sollozos intenta retenerlo. Como su amo no se deja ablandar, el escudero recurre a una maña atando los pies de Rocinante de modo que no puede moverse. Para entretener a don Quijote, Sancho le cuenta una historia de manera muy torpe. Como no osa alejarse, el escudero hace su necesidades al lado de don Quijote y explica un pedo como señal de una nueva aventura (“¿Qué rumor es ése, Sancho? – Alguna cosa nueva debe de ser.”). A la mañana siguiente, los dos se dan cuenta de que el ruido que les infundió tanto miedo viene de seis mazos de batán. Ambos se ríen y Sancho empieza a imitar a don Quijote en plan de burla. Éste se enfada sobremanera, le da dos golpes muy fuertes con la lanza y le exige más respeto.

21 Don Quijote le quita la bacía a un barbero que él se imagina ser el yelmo de Mambrino. En su camino los dos se pintan en la imaginación cómo llegan a ser emperador y conde.

22 (A diferencia de sus insistencias de la veracidad de la historia, al principio de este capítulo el autor habla de la “dulce e imaginada historia”.)

Amo y escudero se cruzan con doce presos. Sancho le informa a su señor que son galeotes que van forzados por el rey. Al caballero no le gusta este concepto de que la gente no vaya por su propia voluntad e indaga las causas de las penas de cada uno malentendiendo y malinterpretando todas las explicaciones (“Antes he oído yo decir que quien canta, sus males espanta.”). Por fin, llega a hablar con Ginés de Pasamonte quien escribió su autobiografía La vida de Ginés de Pasamonte en las galeras (“mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos que de aquel género se han escrito o escribieren”). Por ver que los presos van de “mala gana” a las galeras, don Quijote los libera y les exige que se presenten ante Dulcinea. Los delincuentes apedrean a amo y escudero.

23 Sancho teme que la Santa Hermandad los persiga y los dos deciden esconderse en Sierra Morena. Allí encuentran una maleta abandonada y un librillo de memoria que contiene quejas amorosas. Poco después, se topan con un cabrero que les da las primeras indicaciones acerca del proprietario del libro, un joven en que alternan intervalos de locura y de lucidez (como en Don Quijote; el autor los equipara explícitamente llamándolo el Roto de la Mala Figura en contraste con el de la Triste Figura). Cuando el Roto se les acerca finalmente en persona, don Quijote lo abraza “como si de luengos tiempos le hubiera conocido”.

24 El Caballero del Bosque, que en realidad se llama Cardenio, les cuenta su desgracia. Al mencionar un libro de caballerías, el Amadís de Gaula, don Quijote se emociona tanto que el forastero interrumpe su relato. La escena termina con otra paliza.

25 Sancho quiere volver a casa porque no puede sufrir el silencio que su amo le impuso. Don Quijote le da licencia de hablar. Sancho empieza a ensartar refranes. Don Quijote se propone imitar las penitencias de Amadís y de Roldán. Sancho critica este plan porque Dulcinea no le dio ningún motivo para volverse loco. Don Quijote arguye: „si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?”. Sancho empieza a dudar de toda la empresa caballeresca: “todo debe de ser cosa de viento y mentira (...) Porque quien oye decir a vuestra merced que una bacía de barbero es el yelmo de Mambrino, y que no salga deste error en más de cuatro días, ¿qué ha de pensar sino que quien tal dice y afirma debe de tener güero el juicio?” Otra vez, don Quijote achaca la culpa a malos encantadores que transforman las cosas según su gusto así que “eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de Mambrino , y a otro le parecerá otra cosa más”.

Sancho se entera de que Don Quijote sólo conoce a Dulcinea de vista y que en realidad se trata de Aldonza Lorenzo. La conoce bien y sabe decir “que tira tan bien una barra como el más forzoso zagal del pueblo”. Don Quijote admite que sólo se la imagina como la desea. Escribe una carta que Sancho debe entregar a Dulcinea mientras él quiere hacer sus penitencias. Después de ver algunas locuras de su amo, Sancho parte para el Toboso.

26 Mientras don Quijote se entretiene escribiendo versos para Dulcinea, Sancho llega a la venta donde fue manteado y allí se encuentra con el cura y el barbero que van en busca de su amigo. Les cuenta lo que pasa con su amo, les recita lo que recuerda de la carta a Dulcinea (ya que olvidó traerla) y también les comunica sus planes de llegar a ser emperador y conde, respectivamente. El cura y el barbero se dan cuenta de que la locura de don Quijote “había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre” y conciben un plan para sacar a su amigo de su penitencia.

27 Los dos van a buscar a don Quijote disfrazados de doncella y escudero, guiados por Sancho Panza. En Sierra Morena se encuentran con Cardenio quien les cuenta cómo su ‘amigo’ Fernando lo engañó quitándole a su prometida Luscinda.

28 Después, el grupo se topa con Dorotea disfrazada de mozo que, a su vez, les cuenta cómo fue seducida y desdeñada por Fernando por lo que huyó a aquel lugar remoto.

29 Dorotea se ofrece a ayudar a llevar a casa a don Quijote haciendo el papel de la princesa Micomicona. Juntos van al lugar donde está don Quijote y Dorotea le pide ayuda. Don Quijote promete socorrerla y todo el grupo se pone en camino. Para tomarle el pelo, el cura comenta a don Quijote que, hace poco, él y el barbero fueron robados por unos delincuentes que algún loco había liberado antes.

30 Sancho dice que don Quijote fue el liberador de los galeotes y éste trata de justificarse. Dorotea / Micomicona inventa una historia sobre un gigante que le quitó su reino. Promete casarse con don Quijote si la auyda. Don Quijote rechaza esta oferta porque ya está prometido a Dulcinea. Sancho Panza no puede entender esta decisión porque piensa que la princesa es mucho más hermosa que Dulcinea. Don Quijote se enfada por esta blasfemia y apalea a su escudero pero poco después se reconcilian. Don Quijote quiere saber de Sancho cómo reaccionó Dulcinea cuando le entregó su carta. Sancho admite que la había olvidado pero dice que se la repitió de memoria a un sacristán quien se la trasladó.

31 Sancho inventa que encontró a Dulcinea ahechando trigo y oliendo a sudor. Don Quijote no puede creerse todo esto. Sancho le cuenta que Dulcinea destrozó la carta para que no la leyera nadie (ya que ella no sabe leer). Don Quijote le promete otra vez el gobierno de la ínsula que quiere pedir a Micomicona en recompensa a su ayuda.

Pasa por el camino Andrés, el mozo a quien don Quijote ayudó en su primera salida, e increpa al caballero rogándole que nunca más se entrometa en su vida: “Déjeme con mi desgracia, que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda.” A todos los presentes les cuesta retener la risa por consideración con don Quijote.

32 El grupo llega a la venta y empieza a discutir sobre los libros de caballerías. El cura los condena porque no contienen más que mentiras. Al ventero le gustan porque son muy entretenidos. Cree que todo lo que se cuenta en ellos es la verdad, pues están impresos con licencia del Consejo Real. Aunque está muy cerca de la locura de don Quijote dice que no imitaría a los caballeros porque tiene bien claro que lo de los caballeros andantes fue usanza de tiempos pasados. A la hija del ventero le gustan sobre todo las lamentaciones de los caballeros cuando sus señoras están ausentes aunque no entiende por qué éstas no se casan simplemente con sus pretendientes sin demasiadas complicaciones. A Sancho le confunde toda esta dicusión. En una maleta se encuentran unos papeles que contienen la Novela del curioso impertinente que el cura se pone a leer a todos.

33 Novela del curioso impertinente (Con ayuda de su mejor amigo Lotario, Anselmo quiere probar a su esposa Camila para ver si es tan perfecta y fiel como cree. El desenlace es trágico, los tres protagonistas se mueren.)

34 Novela del curioso impertinente

35 Don Quijote quien duerme en un aposento contiguo interrumpe la lectura con gritos luchando con unos cueros de vino que él cree ser el gigante que acosa a la princesa Micomicona. Sancho le cree y busca la cabeza del gigante que su amo dice habérsela cortado. El ventero está fuera de sí por los costes del vino derramado y de los cueros destrozados, pero el cura promete pagárselo todo.

Se termina la lectura de la Novela del curioso impertinente.

36 Fernando y Luscinda llegan a la venta. Dorotea ruega a don Fernando que la acepte como su esposa legítima y que no fuerce más a Luscinda. Fernando reconoce su amor por Dorotea y se disuelve el embrollo entre Fernando / Dorotea y Cardenio / Luscinda.

37 Sancho está decepcionado porque la princesa Micomicona se ha transformado ante sus ojos en la burguesa Dorotea. Ve esfumarse la promesa de la ínsula. Entra en el aposento de su amo y le informa de la novedades. Don Quijote cree otra vez en encantamientos y pide explicaciones a Dorotea. Ésta sabe disipar las dudas y confirma que todavía es la princesa Micomicona. Don Quijote está enfadado con Sancho. Un hombre y una mora entran en la venta. Don Quijote empieza su discurso sobre las armas y las letras y todos están admirados por la cordura de sus palabras.

38 Don Quijote sigue con su discurso. Dice que la labor del soldado es más grande y peligrosa que la del letrado.

39 El cautivo cuenta cómo huyó del cautiverio en Argel con la ayuda de la mora Zoraida que quiere convertirse al cristianismo.

40 Relato del cautivo

41 Relato del cautivo

42 Fernando alaba el cuento del cautivo: “Todo es peregrino y raro y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye.” Por “providencia del cielo”, entra en esto el hermano del cautivo, un oidor de camino a las Indas, con su hija Clara. Los dos hermanos se reconocen y deciden ir a ver a su padre y a celebrar la boda entre el cautivo y Zoraida / María. Don Quijote se ofrece a vigilar el “castillo”.

43 Se oye el canto de Luis (disfrazado de mozo de mulas) que persigue a Clara porque está enamorado de ella. Clara le cuenta a Dorotea que un casamiento entre los dos es imposible porque Luis pertenece a una capa social más alta que ella. Dorotea promete ayudarla.

Maritornes ata la mano de don Quijote en el desván de manera que está atrapado durante toda la noche. Al amanecer llegan cuatro hombres a la venta.

44 Los cuatro hombres son criados del padre de Luis que vienen para traerlo a casa. Don Luis le explica al oidor el amor por su hija. El oidor promete hablar con su padre para arreglar la boda. En esto, el barbero, al que don Quijote quitó la bacía y Sancho la albarda, llega a la venta y exige que le devuelvan sus pertinencias. Sancho defiende a su amo diciendo que ganó los despojos en buena guerra. Don Quijote está muy satisfecho con su escudero y se propone armarle caballero en la primera ocasión que se le ofrezca. Sancho crea el término de “baciyelmo”.

45 Maese Nicolás quiere burlarse del barbero y le dice que es de la misma profesión que él y sabe decir a ciencia cierta que el objeto en cuestión no es bacía sino yelmo. Cardenio, Fernando y el cura que entienden la intención de maese Nicolás lo apoyan por lo que el barbero queda muy confuso. Respecto a la cuestión si lo que quitó Sancho al barbero es albarda o jaez de caballo, Fernando quiere tomar en secreto los votos de los presentes manipulando el resultado según su gusto. Al final, anuncia que la albarda de jumento es jaez de caballo pero se entromete un cuadrillero que entró en la venta y dice la verdad. Esto encadena una pelea tumultuosa. Finalmente todos se sosegan y se reconcilian por iniciativa de don Quijote. Uno de los cuadrilleros reconoce en él el delincuente que es buscado por la Santa Hermandad y quiere detenerlo.

46 El cura convence al cuadrillero de que no es posible detener a don Quijote ya que está loco. Además le paga la bacía al barbero. Sancho duda de la autenticidad de Micomicona porque se mostró demasiado íntima con Fernando. Micomicona / Dorotea explica todo por encantamiento. Se enjaula a don Quijote en un carro de buyes para llevarlo a casa. Éste se cree encantado.

47 Don Quijote está sorprendido por su estado porque nunca leyó de semejante encantamiento. Se explica a sí mismo que quizás hayan cambiado los encantamientos en los tiempos modernos. El grupo parte de la venta y se cruzan con un canónigo de Toledo. Sancho duda de que su amo esté encantado ya que tiene que hacer sus necesidades como cualquiera, también reconoce al cura y al barbero que van disfrazados. El canónigo empieza una discusión sobre los libros de caballerías con el cura.

48 El cura y el canónigo prosiguen su discusión literaria. Sancho trata de convencer a don Quijote de que sus acompañantes son el cura y el barbero pero su amo le dice que algún demonio lo engaña. Sancho insiste y le pregunta al caballero que si no le han venido las ganas de hacer “aguas mayores o menores”. Primero, don Quijote no lo entiende pero después le pide que lo saque de la jaula “que no anda todo limpio”.

49 Liberan a don Quijote. El canóniogo trata de persuadirle que se dedique a otra lectura que la de los libros de caballerías. Don Quijote lo considera loco por decir tantas blasfemias contra tan estimados libros y mezcla hechos y personajes ficticios e históricos.

50 Don Quijote aduce que los libros de caballerías tienen que ser verdaderos como sus autores cuentan, punto por punto, el padre, la madre, la partia, la edad etc. del héroe. Dice que pronto espera verse rey o emperador de algún reino por el valor de su fuerte brazo para darle el condado prometido a su escudero, “el mejor hombre del mundo”. Sancho promete que no le faltará habilidad para gobernar su estado. El canónigo queda atónito por la locura y necedad de amo y escudero. Llega un cabrero que riñe a una cabra y explica al grupo que lo hace porque el animal es hembra.

51 El cabrero cuenta lo que le pasó con Leandra quien se dejó engañar por un soldado fanfarrón que le prometió el matrimonio.

52 Don Quijote se pelea con el cabrero por decirle éste que está loco. Se acerca una procesión con una imagen cubierta de la vírgen María. Don Quijote cree que se trata de alguna señora secuestrada y exige a los sacerdotes que la liberen. Ellos se ponen a reír de buena gana lo que enciende la cólera de don Quijote. Arremete contra el grupo pero termina malherido en el suelo. Sancho Panza cree que su amo está muerto y pronuncia un discurso gracioso: “Oh flor de la caballería ...”. Don Quijote vuelve en sí y el grupo sigue su camino hacia su aldea. Después de llegar allí, el cura y el barbero advierten al ama de casa y a la sobrina que cuiden bien de don Quijote para que no vuelva a escaparse.

El autor anuncia la tercera salida de don Quijote y adjunta los epitafios de los académicos de la Argamasilla. Pide al lector que no dé más crédito a su historia que a los libros de caballerías y promete buscar más aventuras de don Quijote “si no tan verdaderas, a lo menos de tanta invención y pasatiempo”.

II) Cervantes y la ficción narrativa de la época

El público lector al que se dirigía Cervantes era bastante [1] reducido. Parece que, a lo sumo, un 20 % de la población sabía leer. Con expansión de la educación entre 1500 y 1600 la alfabetización aumentó considerablemente (el número de universidades pasó de 11 a 32 en esta época).

El público debió estar formado por:

- hidalgos y miembros de la alta nobleza
- clérigos
- escolares e intelectuales
- a partir de principios del siglo XVII, también la creciente clase media urbana

Estos lectores habrían tenido a menudo oyentes, pues la transición a la lectura a solas aún no había terminado.

Durante más de una centuria la narrativa española no tuvo parangón en toda Europa, tanto por su cantidad y variedad como por su calidad y sus innovaciones. Algunas de la obras que se publicaron entre 1492 y 1605 y que tuvieron gran éxito comercial en España son:

- La Celestina, de Fernando de Rojas, ficción dialogada (“comedia humanística”)
- Amadís de Gaula (I-IV), publicado por Rodríguez de Montalvo (novela de caballerías)
- Guerras civiles de Granada I, de Ginés Pérez de Hita, (romance moricso)
- Lazarillo de Tormes, anónimo
- La Diana, de Jorge de Montemayor (novela pastoril)
- Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán (novela picaresca)
- Don Quijote I, de Miguel de Cervantes

(No había entonces, en castellano, ningún término que definiera las obras de ficción en prosa. Se empleaban “libro” o “historia”.)

En la moderna crítica cervantina sugieron discusiones acerca de la cuestión de cómo pudo un autor haber escrito obras tan diferentes como el Qujiote, La Galatea y Persiles. Una teoría defiende que Cervantes nunca pasó definitivamente de un estilo narrativo a otro, sino que fue capaz de alternar ambos hasta el fin de sus días (Las fechas de composición del Quijote y el Persiles se superponen en parte), cultivó con notable éxito la novela pastoril y el romance bizantino. (El esquema de éste último es el siguiente: Una pareja de nobles y jóvenes amantes, paradigma de la belleza y la virtud, son separados y obligados a viajar y a enfentarse a una serie de peligros que superan todos. Al final vuelven a reunirse y se casan, como recompensa de su virtud. Su amor se fortalece con los obstáculos y el poder de la divina providencia lo preside todo.)

El género favorito de Cervanteses fue el relato corto. Tanto la Galatea y el Persiles como el Quijote contienen una serie de episodios intercalados. Cervantes se jactaba en su prólogo a las novelas ejemplares de ser el primer autor original de novelas cortas en castellano. A lo largo del reinado de Felipe IV (1621-1665) ésta fue la forma más floreciente de las obras de ficción en prosa.

Pero el verdadero nuevo apogeo fue el de un género diferente: la novela picaresca, que se inició con la salida de la Primera Parte del Guzmán de Alfarache en 1599. En los siguientes años se publicaron:

- 1602: La continuación apócrifa del Guzmán, de Juan Martí
- 1604: Segunda Parte del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán
- 1605: La pícara Justina, de López de Úbeda
- 1626: El buscón de Quvedo
- Con la aparición del Guzmán volvió a florecer el Lazarillo, publicado en 1554

Convencionalmente, la novela picaresca es descrita como una reacción contra el romance idealista, es el antitipo del romance: del héroe al antihéroe, de la virtud al vicio, de las clases altas a las bajas. Por otro lado, la picaresca heredó algunos rasgos estructurales básicos del romance: iniciar la historia narrando los orígenes del protagonista, su partida en busca de aventuras, sus viajes y encuentros episódicos. Los primeros novelistas picarescos estaban reaccionando contra el romance tradicional, pese a que lo hicieran casi sin atacarlo abiertamente. La parodia deliberada del romance no es una característica de la picaresca española. En cambio es un pilar básico del Quijote. Si la novela picaresca ha de llamarse “anti- romance”, el termino no es aplicable a Don Quijote. La actitud de los escritores de novelas picarescas fue alejarse del romance. La de Cervantes fue la de acercarlos desde una perspectiva crítica pero no sin afecto.

III) La novela picaresca y la primera parte del Quijote

En la primera parte hay dos ejemplos de parodia de la novela [2] picaresca. Se trata de la conversación del ventero con Don Quijote (I, 3) y del célebre encuentro con Ginés de Pasamonte (I, 22).

El encuentro del ventero y Don Quijote es más que una reunión de dos personajes cualquiera de la novela. Ambos adquieren condición representativa. El ventero, un pícaro retirado, dice al caballero que en su juventud también “se había dado en aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo, buscando sus aventuras.” Se equiparan aquí de forma clara la carrera caballeresca y la picaresca, descritas como una sola profesión que implica el viaje en busca de aventuras. La nota burlesca se intensifica, si tenemos en cuenta que Don Quijote, en realidad, no es más que un aspirante a la caballería y que no pasará de eso. Por otro lado, el ventero no es un pícaro activo, sino retirado. Ninguno es un representante ideal del género literario con el que se le asocia. En el Quijote, estas dos figuras antitéticas se encuentran en un terreno neutral. Probablemente por primera vez en la historia literaria, un escritor confrontara dos géneros prácticamente irreconciliables en un mismo nivel.

El segundo encuentro hace abiertamente alusión al vínculo literario. Nos enteramos de que Ginés de Pasamonte está escribiendo una autobiografía, como hizo Guzmán de Alfarache cuando se convirtió en galeote. No hay referencia a esta novela, pero sí al Lazarillo cuando Ginés hace propaganda de su propio libro: “Mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o escribieren.” Resulta, sin duda, más interesante la comparación tácita entre el libro de Ginés y el de Don Quijote. Ambos personajes son sujetos de una especie de biografía. Ginés está escribiendo su vida a medida que la vive. Don Quijote, en cambio, se cree protagonista de un libro que está siendo escrito mientras él desempeña su tarea. La única diferencia con Ginés es que no está escribiendo personalmente su historia.

IV) La estructura de la primera parte

Desde 1905, por lo menos, se ha creído, que [3] Cervantes empezó su libro pensando en escribir una novela corta. La brevedad de la primera salida, sin Sancho, sugirió sin duda esta idea. Pero si Cervantes empezó la obra con esta intención y cambió de propósito al ver las posibilidades que se le abrían, llevó a cabo su cometido tan bien que es difícil imaginar lo que habría podido ser la historia original y cómo habría terminado.

Algunas simetrías formales y regularidades temáticas son las siguientes: Las dos expediciones de Don Quijote están basadas en el esquema: salida de casa y de la aldea, estancia en una venta, regreso al hogar. Se puede considerar la obra como una serie de burlescas aventuras caballerescas, historias de amor, discusiones literarias y diálogos que se suceden libremente. Está enmarcada entre los burlescos versos preliminares y los versos del fin. Hay dos discursos de Don Quijote (I, 11; 37-38) que tienen conexiones temáticas con episodios adyacentes. Hay seis episodios intercalados, cuatro en el centro del libro y dos pastoriles, uno que los precede y otro hacia el final de la novela.

El Quijote incluye distintas formas literarias preexistentes. Aparte de los romances caballerescos y de las novelas cortas intercaladas, las discusiones literarias reflejan tratados críticos, a menudo dialogadas, de la época. También hay p.ej. burlas, coloquios serios, proverbios y anécdotas de origen popular. Pero Cervantes los asimila y subordina a los pricipales temas de su novela (a diferencia de todas las novelas picarescas que preceden al Quijote).

Aparte de hacernos seguir los incidentes de la narración, Cervantes problematiza el propio proceso de elaborar la narración, despertando así nuestro sentido crítico. Esto empieza ya en el diálogo ficticio entre el autor y su amigo en el que debaten sobre la dificultad de escribir un prólogo y las posibles soluciones a este problema. Sigue con los comentarios del primer autor acerca de la variedad de los nombres del héroe mencionados por los diferentes autores que escribieron sobre el caso. Luego está la inesperada interrupción en la lucha con el escudero vizcaíno. Esta batalla queda congelada como una imagen fija mientras el segunda autor relata la búsqueda del manuscrito de Benengeli (I., 8-9). Por otra parte los personajes mismos comentan y discuten sobre el proceso de escribir (p.ej. en I, 19 cuando amo y escudero hablan sobre el mago escritor que pone el apodo “Caballero de la Triste Fugura” en boca de Sancho) o sobre la calidad de las novelas intercaladas. En el nivel narrativo Sancho y Don Quijote discuten continuamente lo que les sucede. El lector contempla una y otra vez su visión de los acontecimientos.

La estructura está engarzada con lazos de causa y efecto y dispone de una red de anticipaciones y recuerdos, que conectan las diversas partes de la obra. Hay conexiones evidentes, p.ej. entre las apariciones de Andrés (I., 4 y 31) y los episodios con el barbero (I., 21 y 44). Otro ejemplo: Don Quijote menciona la penitencia de Amadís en I, 15 que imita en I, 25.

La cronología temporal, en comparación, es anárquica. Por nombrar sólo un ejemplo: Las alusiones históricas en el episodio del Cautivo hacen posible fijar en 1589 la fecha de su narración. Pero los libros de la biblioteca de Don Qijote la sitúan en un momento posterior a 1591. Sin embargo, la carta del cap. 36 de la Segunda Parte está datada en 1614. Aquí se atropella la verosimiltud temporal. La verdad es que las fechas precisas de los acontecimientos (una preocupación típicamente moderna) no afecta al relato. Como se nos recuerda en una o dos ocasiones, el lector no debería dar más credibildad a la historia que a los libros de caballerías (I, 52).

La armonía artística fue una de las mayores preocupaciones de Cervantes. Por otro lado era muy consciente del gusto proporcinado por la variedad. El cuidado por la unidad de la forma era un hecho excepcional en un escritor español de novelas de ficción de su generación. Mateo Alemán p.ej. introdujo varias historias cortas en su novela sin preocuparse por ello en absoluto.

V) Las novelas intercaladas

En el Quijote existen dos clases de narración:

- La acción principal (con los protagonistas Don Quijote y Sancho Panza)
- Las novelas intercaladas (más de la mitad de la primera parte)

Los episodios intercalados son:

- Grisóstomo y Marcela (I, 11-14)
- Cardenio y Luscinda / Don Fernando y Dorotea (I, 23-24, 27-29, 36)

- El curioso impertinente (I, 33-35)

- El Capitán cautivo (I, 39-41)
- Doña Clara y Don Luis (I, 42-43)
- Leandra (I, 51)

Los episodios, que también pueden [4] considerarse “novelas ejemplares” tratan muchas veces de casos donde la soberbia se contrapone a la humildad. Una vieja polémica es si es justificada o no su inserción en la novela (ya hay varias opiniones acerca de esta cuestión en la misma novela).

Acción principal y episodios intercalados se diferencian por:

- tener diferentes protagonistas
- tratar temas aparentemente diferentes
- usar distintos niveles estilísticos

Mientras que en la acción principal prevalece la comicidad y el estilo llano, los episodios prefieren un estilo elevado y tratan de asuntos serios o hasta trágicos. Las intercalaciones corresponden a las exigencias de la poética neoaristotélica que Alonso López Pinciano había formulado en su Philosofía antigua poética (1596), con vista a una revalorización de la novela de entretenimiento (frente a los reparos eclesiásticos[5] ). Uno de sus principios más importantes era que se tenían que combinar entretenimiento con enseñanza. A diferencia de Mateo Alemán, Cervantes esconde la enseñanza en el juego dialéctico entre los diferentes niveles narrativos. Acción principal y episodios intercalados se complementan y se refuerzan mutuamente: las novelitas añaden a la acción principal seriedad y profundidad moral.

Uno de los atractivos del Quijote es precisamente su carácter dialogante: no sólo dialogan Don Quijote y Sancho Panza, o los demás personajes ficticios, sino que también existe un diálogo entre la acción principal y los episodios.

El sentido moral de la acción principal

Los contemporáneos leían el Quijote como “funny book”. En la época romántica hubo un cambio radical respecto al entendimiento de la novela. Sobre todo los románticos alemanes veían en Don Quijote un héroe trágico, que intenta realizar sus ideales en un mundo que no lo entiende y lo hace fracasar. Esta visión romántica prevaleció durante mucho tiempo, pero se basaba a su vez en un prejuicio. En realidad y en la intención de Cervantes no es Don Quijote quien tiene razón sino el mundo que lo rodea. Pues, cegado por su visión caballeresca del mundo consigue justamente lo opuesto de lo que se había propuesto (proteger a los desampardos y deshacer las injusticias en el mundo), p.ej. cuando, después de su intromisión, Andrés recibe un castigo aún más duro de su amo.

En su encuentro con los comerciantes de Toledo se muestra otro rasgo significante en la conducta de Don Quijote. Actúa como ideólogo dogmático exigiendo de los viajeros pacíficos que reconozcan que Dulcinea es la mujer más hermosa del mundo. A la más minima duda o crítica por parte de los comerciantes recorre a la violencia arremetiendo con furia contra el burlador, pero Rocinante tropieza y tira al suelo a Don Quijote que se ve golpeado por un criado.

No sólo se cree en derecho a herir los derechos de los demás, p.ej. al quitar la bacía al barbero sino que se sobrepone a las leyes del estado liberando a los galeotes. En todos estos casos Don Quijote origina un desbarajuste. Sus intervenciones no mejoran el mundo, sino que lo empeoran de tal manera que la justicia, que él cree personificar, no es necesaria antes, sino después de haber intervenido él. Así que los palos y las burlas son el castigo bien merecido con que se defiende el mundo de la locura de Don Quijote. Desde luego, actúa siempre con la mejor intención, pero en la novela de Cervantes se ve precisamente que un idealismo o dogmatismo que desconoce o ignora la realidad, más puede empeorar que mejorar el mundo.

No obstante, Don Quijote evoca la simpatía de los lectores, y este hecho radica en su relación con Sancho Panza, su antípoda. Contrarios son:

- en su apariencia física (alto / flaco vs. bajo / gordo)
- en su posición social (hidalgo / caballero vs. villano simple)
- en su comportamiento (Don Quijote aspira al ideal, Sancho a lo corporal)
- en su manera de hablar (culta vs. popular)

A pesar de ser totalmente opuestos llegan a hacerse los mejores amigos en el curso de la novela. Su amistad está por encima de diferencias de clase o de opinión, y esto es lo más maravilloso de la novela. Don Quijote llega a querer y a apreciar a Sancho aunque éste es, en principio, la negación de sus ideales. Y en ello está también el motivo de la simpatía y del respeto que despierta en el lector. La esencia de Alonso Quijano el bueno sigue siendo la misma hasta durante la locura de Don Quijote, sólo queda encubierta por su momentánea aberración caballeresca.

La función de los episodios intercalados en la Primera Parte

El episodio de Marcela y Grisóstomo

El abánico de las novelas intercaladas se abre con el episodio de Marcela y Grisóstomo (caps. 11-14). No está simplemente yuxtapuesto a la accíon principal sino que está entretejido con ella de manera magistral. Se introduce al lector en el ambiente pastoril por el encuentro de Don Quijote y Sancho con los cabreros verdaderos que comparten su comida con ellos. Inspirado por el locus amoenus y por la hospitalidad de los villanos, Don Quijote pronuncia su discurso sobre la edad de oro en que evoca un mundo utópico. Para corresponder a esta presentación artística los cabreros encargan a uno de los suyos que recite un romance, que funciona como preludio al episodio siguiente tratando el tema del amor no correspondido.

Después de esta introducción se nos presentan a los protagonistas del primer episodio intercalado: Marcela y Grisóstomo, ambos hermosos y de la clase alta de la sociedad. Marcela huyó a la nauraleza disfrazada de pastora por verse acosada por muchos pretendientes. En vez de someterse a la voluntad masculina y a “la carga del matrimonio” prefiere la independencia en el campo. Empujado por su amor loco, Grisóstomo (y muchos más) la siguió, a su vez disfrazado de pastor. Ninguno de los hombres tiene en cuenta la voluntad de Marcela tachándola de cruel e ingrata. Por fin, Gristóstomo sufre tanto por ser rechazado que se muere (o se suicida). Para el entorno (masculino) no cabe duda de que la responsable de esta tragedia es Marcela.

La historia de Marcela y Grisóstomo viene interrumpida por el coloquio entre Don Quijote y el hidalgo Vivaldo, que están en camino al entierro de Grisóstomo, poniendo otra vez la locura de Don Quijote en el primer plano de la narración. Este procedimiento en la construcción narrativa es importante por dos motivos. Primero, Cervantes procede así en otras ocasiones (como en El curioso impertiente que se interrumpe con la lucha del caballero con los cueros de vino). Segundo, por entretejer acción principal y episodios intercaladas se insiste en la reciprocidad y la interdependencia de los dos niveles narrativos.

En el capítulo 14 la novela intercalada alcanza su clímax en el destierro de Grisóstomo. Las dos posiciones de los protagonistas son enfrentadas directamente, por un lado, por la recitación de los versos de Grisóstomo, en los que responzabiliza a Marcela de su sufrimiento, y por otro lado, por el discurso de Marcela, en el que justifica con elocuencia su manera de actuar. Por su razonamiento y su belleza se gana todas las simpatías y quedan aniquilados todas las acusaciones contra ella. Pone de manifiesto que fueron las pretensiones de Grisóstomo las que fueron “fuera de razón” al pasar por alto su voluntad. Por fin, el comportamiento de Grisóstomo es comparable al de Don Quijote ya que ambos quieren imponer su visión del mundo (caballersco y pastoril, respectivamente) a los demás, sin tomar en cuenta la voluntad ajena.

En resumen, en el episodio tratado Cervantes evoca el mundo de la novela pastoril pero suplanta su ética por una nueva ética que está basada en los principios de la libertad y la autodeterminación. El mismo tema viene reflejado en la continuación de la acción principal, sin embargo, esta vez de forma cómica. En el cap. 15 Rocinante quiere satisfacer su deseo sexual con las yeguas, pero estas reciben su acoso de muy mala gana, así que el pobre caballo no cosecha más que palos de los yangüeses. Otro reflejo de la misma problemática en el nivel cómico es la escena en la venta en que Don Quijote acosa a Maritornes.

La historia de Marcela no sólo añade a la crítica de los libros de caballerías otra nueva crítica: la de la novela pastoril y de su visión del mundo, sino que refleja la problemática de la acción principal, dándole un fundamento moral-problemático. El sentido moral consiste sobre todo en advertir que un individuo no tiene derecho a exigir lo imposible y que hay que respetar la libertad y la autodeterminación de los demás.

La novela del curioso impertinente

También la novela del curioso impertinente (caps. 33-35) está entrelazada con los demás hilos narrativos de manera sofisticada. Se distingue de su entorno por ser literatura dentro de literatura. El cura la lee en voz alta, entre otros a los personajes del episodio intercalado (Dorotea, Cardenio etc.). Su lectura es interrumpida por la batalla loca de Don Quijote con los cueros de vino, así que cada uno de los niveles narrativos está en correspondencia con los demás. En cuanto a la temática, los tres niveles narrativos están ligados por “el amor loco”, o sea por una pasión no controlada por la razón. Don Quijote, Cardenio y Anselmo están incluso expresamente tachados de locos.

A primera vista, la historia del Curioso impertinente tiene una constelación de personajes que sigue la tradición de la novelística italiana: su lugar es Florencia y se basa en el triángulo esposa (Camila) – marido (Anselmo) – amigo (Lotario). Pero el equema de la novela corta italiana aparece, en Cervantes, totalmente invertido. A diferencia de Boccacio, en el Curioso impertinente la situación de partida está caracterizada por una armonía perfecta que al final se disuelve en disonancia. El equilibrio del comienzo es estorbado por un cambio mental de Anselmo, que él mismo llama “locura”. Quiere probar a su mujer para avergiuar si es tan perfecta como parece. Como Don Quijote, parte de una visión ideal: en su caso, el santo heroísmo que se resiste a todas tentaciones. Y la moraleja del Curioso impertinente vale, en el fondo, para los dos: “Mira que él que busca lo imposible, es justo que se le niegue lo posible.” Ambos protagonistas fracasan por una especie de soberbia al suponer que el mundo debe funcionar según sus ideales. Al final, el mismo Anselmo reconoce que no se puede exigir lo imposible y que su mujer no estaba obligada a hacer milagros. El mensaje es claro: Locura es: esperar de las cosas humanas lo que no pueden ser: perfectas. Cordura, en cambio, es contentarse con sus posibilidades aunque sean limitadas.

De nuevo, existe una analogía en cuanto al sentido moral entre acción principal y episodio intercalado. Pero, mientras que el idealismo fanático de Don Quijote no tiene consecuencias demasiado graves y causa la risa de todos, en el mundo ficticio de la novela intercalada el comportamiento de Anselmo lleva a un final trágico, pues, los tres protagonistas mueren. Así se confirma otra vez que sólo los episodios intercalados confieren a la novela toda su profundidad humana, asegurando el equilibrio entre entretenimiento y moralidad.

El embrollo de Cardenio / Luscinda y Dorotea / Fernando

Igual que en el episodio de Marcela y Grisóstomo, también aquí Cervantes no cambia de improviso de la acción principal al episodio intercalado. En Sierra Morena Don Quijote y Sancho encuentran un librillo de memoria junto a una maleta medio deshecha. De la libtreta se deduce que en ella habla “algún desdeñado amante”. Luego los dos se topan con uno de los pastores que dieron comida a Cardenio y que les da los primeros indicios acerca de Cardenio y su locura. Sólo después de esta “introducción” aparece Cardenio en persona y empieza a contar su historia.[6] Su relato se corta, sin embargo, cuando Don Quijote oye nombrar los libros de caballerías. Monta en cólera y la narración de Cardenio queda en suspenso.

Los dos protagonistas otra vez comparten importantes características: ambos están enamorados, ambos son realmente desgraciados o creen serlo y en ambos se mezclan arrebatos de locura con intervalos de lucidez. Estos paralelismos pueden verse como clara invitación al lector de no perder de vista la relación entre acción principal e intercalación.

Después del encuentro con Cardenio, la narración vuelve a la acción principal con la penitencia de Don Quijote y el encargo de la carta a Dulcinea. Por estos intervalos cómicos, Cervantes mantiene un equilibrio estético incomparable.

Además del enlazamiento entre los niveles narrativos, Dorotea supone un enlace entre acción principal y embrollo intercalado haciendo el papel de la princesa Micomicona en la “operación retorno” de Don Quijote. Destaca además por su carácter fuerte. Mientras que los demás se dejan dominar por las circunstancias (Fernando por su instinto sexual, Cardenio por su cobardía, Luscinda por su pasividad), Dorotea mantiene su sangre fría y siempre encuentra una posibilidad de desarrollar su iniciativa. No sólo viste de hombre, sino que también tiene todas las virtudes que normalmente se atribuían a los hombres en la época de Cervantes. Sólo en su papel de Micimicona representa la imagen de la mujer débil que necesita a un caballero andante para solucionar sus problemas. En la vida real (dentro de la ficción) sabe valerse de sí misma.

Al contrario de lo que sucede en el Curioso impertinente, el desenlace del embrollo es feliz. Y esto por la sencilla razón de que en él prevaleció la cordura y no la locura. Así que otra enseñanza del gran conjunto de los episodios intercalados es: Cuando uno se auyda a sí mismo, también le auyda Dios.

El episodio del cautivo y de su hermano el oidor

La segunda tanda de historias, a pesar de tener algún rasgo en común (separación y reencuentro de los hermanos y de los amantes Clara y Luis), se diferencia de ésta en dos aspectos:

- está más cerca de la actualidad española de entonces y está relacionada con problemas políticos y sociales (la guerra contra los turcos, la cuestión de la fe verdadera, la administración de las Indias)

- existe una relación distinta con Don Quijote. Éste participa con más lucidez en el segundo conjunto episódico y lo prepara con su dicurso sobre armas y letras (caps. 37, 38), cuya cordura se subraya varias veces en el texto por los comentarios de los que lo escuchan.

En la historia del Cautivo (caps. 39-41) se nos narra el destino de uno de esos soldados que durante una batalla cae en manos de los turcos (una clara coincidencia con la vida de Cervantes). La historia del Cautivo se lee como un esbozo de novela bizantina y representa otro ejemplo de Cervantes de combinar entretenimiento y enseñanza. (Fernando alaba después de escuchar la historia el arte de narrar del Cautivo: “Todo es peregrino, y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye.” I, 42).

Mientras que en el embrollo, más bien privado, de Dorotea y Fernando se admitía un discurso “liberal” (p.ej. la revaluación de la mujer, el énfasis en el libre albedrío), en la historia del Cautivo no se admiten casuísticas, y ha de arreglarse todo como Dios manda.

El Oidor completa el cuadro que Don Quijote había pintado en su discurso, pues, se trata de un hombre de letras, que está en camino hacia las Indias como administrador real. Por los destinos de los dos hermanos se vislumbra el vasto horizonte del Imperio Español que presenta, además, un contraste respecto al mundo pequeño de Don Quijote que apenas pasa los contornos de la venta. En ella presenciamos una especie de teatrum mundi en que se cruzan todos los destinos.

Lo que sigue al relato del Cautivo trae cierto relajamiento (reencuentro de los hermanos, despedida de los personajes episódicos) y, paulatinamente, se vuelve al protagonismo de Don Quijote, p.ej. en el cap. 43 cuando guarda las armas en el patio de la venta, suspira por Dulcinea y es víctima de las burlas de Maritornes. Aquí abandonamos definitivamente el campo de los problemas graves para reincorporarnos a la farsa y al mundo de la locura.

Resumen

Existen dos conjuntos episódicos bien definidos, cuyos personajes coinciden en la misma venta central. Por un lado está la “novela sentimetal” sobre las pasiones. Por otro lado está la “novela bizantina” que enfatiza la dignidad del soldado y del letrado español como defensores de la cristianidad o como colonizadores del Nuevo Mundo.

Mientras que en la “novela sentimental” prevalece una ética, más bien liberal, en la “novela bizantina” reina un espíritu de normatividad ortodoxa. Ambos mundos episódicos contrastan con la locura de Don Quijote: en el primero se contraponen el amor ficticio y las pasiones reales, en el segundo las ilusiones de la caballería andante y los peligros del verdadero servicio a la patria.

Los episodios complementan la acción principal proporcionándole profundidad humana y un toque moral. Pero siguen siendo añadiduras. Lo que distingue a Don Quijote y a Sancho de los personajes episódicos es su complejidad: Don Quijote es loco y discreto, apasionado y cuerdo. Sancho es egoísta y generoso, tonto y listo a la vez. Es decir: los personajes episódicos son, sobre todo, portadores de ideas o figuras ejemplares mientras que Don Quijote y Sancho son personas verdaderas que se desarrollan considerablemente en el curso de la novela.

VI) Los narradores del Quijote

En el Quijote hallamos una serie[7] de autores ficticios que forman parte de un sistema autorial meramente retórico y estilístico gobernado por el segundo autor, voz anónima que organiza, prologa y edita el texto completo. Se trata, en suma, de una visión caleidoscópica del Yo autorial en el discurso de su propia novela, de una expansión polifónica del autor real a múltiples estratificaciones locutivas. Por este procedimiento se le quita seriedad a la narración cuestionando y deshaciendo la credibilidad del narrador.

Ya el prólogo del Quijote de 1605 forma parte de la ficción literaria. En él se parodian en forma dialogada las malas costumbres de la época de hacer referencia a innumerables citas (muchas veces en latín) y autores y se destaca que el objetivo de la novela es, en primer lugar, deshacer la autoridad de los libros de caballerías. Además se le presenta al lector al segundo autor, del que se sabrá a lo largo de la lectura (I, 8,9) que desempeña, dentro del mundo de ficción, además de prologuista, las funciones de lector, compilador y editor del Quijote, amén de la supervisión de la traducción del manuscrito árabe al castellano.

Los primeros ocho capítulos corresponden al primer autor. Habla en primera persona y se presenta como instancia omnisciente, quien informa al lector tanto sobre las costumbres alimenticias de Don Quijote como sobre sus pensamientos más íntimos. Sin embargo, desde las primeras páginas del primer capítulo también se hace patente que este narrador no depende únicamente de una fuente (como en el Amadís de Gaula) sino de varias que difieren p.ej. en cuanto al nombre del protagonista (Quijada, Quesada). Así que el primer autor, por un lado, parece ser un narrador auctorial libre mientras que, por otro lado, sólo es un compilador de fuentes poco fiables, o por lo menos bastante limitadas. Este carácter contradictorio se trasluce además por el hecho de que el narrador subraya ostentativamente la veracidad de la historia mostrándose, al mismo tiempo, poco exacto e incluso caprichoso al averiguar los hechos más básicos sobre el protagonista (“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme ...). Por lo dicho resulta claro que la voz del primer autor está fragmentada, desde el principio, por la multitud de fuentes y autores divergentes a que se refiere y que, lejos de ser una instancia objetiva, se muestra como compilador superficial y poco fiable. Sus frecuentes aseveraciones de referir la verdad sirven, en el fondo, para señalar irónicamente el carácter ficticio de la historia y no para garantizar su veracidad.

La fragmentación de voces narrativas se efectúa a lo lagro de novela de manera vertiginosa al multiplicarse las instancias narrativas que, a su vez, se cuestionan mutuamente. Un punto especial al respecto, lo constituye el final del capítulo ocho donde se corta bruscamente la narración del primer autor en plena batalla entre Don Quijote y el vizcaíno. El segundo autor que sigue el relato, es, al mismo tiempo, un personaje en un segundo plano ficcional dentro de la novela, pues narra, en primera persona, la búsqueda del manuscrito de Cide Hamete (que empieza – ¡qué casualidad! – justamente donde se había cortado el relato del autor primero) cuya traducción encarga a un traductor morisco. Por consiguiente, el Quijote no es solamente la historia de Don Quijote y Sancho Panza, sino al mismo tiempo la historia de la novela, que incluye el relato de y sobre los diferentes autores.

A partir del capítulo 9, existen tres instancias intermediarias (el historiador del manuscrito arábigo Cide Hamete Benengeli, el traductor morisco y el segundo autor) que representan a lo largo de la novela tres sistemas ideológicos, ya que pertenecen a culturas y religiones diferentes: Benengeli es árabe musulmán, el segundo autor es español cristiano y el traductor moro converso, quien media entre las dos culturas. Esto implica una multitud de voces heterogéneas e independientes.

El segundo autor representa la instancia más elevada del sistema de las diferentes estratificaciones discursivas dentro de la novela. Su función es la de organizar y compilar las diferentes fuentes y de editarlas como texto, destinado a un lector implícito. Es él quien tiene mayores intervenciones directas al margen de la historia de Don Quijote (También enuncia los títulos de los capítulos, en los que cita con frecuencia a Cide Hamete). Su estilo es irónico hacia Don Quijote, mientras que el discurso de Cide Hamete es enfático, épico y heróico.

Cide Hamete Benengeli está en la línea de los historiadores ficticios de los libros de caballerías con el fin de parodiarlos (su carácter burlesco ya está inscrito en su nombre). A defirencia de la mayoría de los demás autores está caracterizado por varios rasgos personales: es árabe musulmán e historiador puntual. Sin embargo, resulta un personaje ambiguo, que además de ser presentado por el segundo autor como “mentiroso”, infringe las normas que implican su profesión y su fe. Pues, lejos de relatar los hechos de la historia de manera neutral y objetiva, a veces se deja arrastrar por sus emociones alabando a Don Quijote como “flor de la caballería andante” y confunde al lector al jurar como “católico cristiano” (II). Como el resto de los autores ficticios, Cide Hamete sólo es un recurso estilístico, un personaje que sirve al diseño retórico del sistema narrativo. Ante todo, complica, fragmenta y multiplica la unidad autorial. Su discurso es siempre citado, entrecomillado o resumido.

El traductor morisco, a su vez, no se limita meramente a traducir el manuscrito arábigo sino que incorpora esporádicamente comentarios y dudas acerca de la veracidad de la historia que el segundo autor entrelaza en la narración, así que lo escrito de Cide Hamete resulta discutido y enmendado por varias instancias (incluso por los mismos personajes de la novela). Múltiples autores, múltiples versiones y múltiples anotaciones parecen disgregar la concepción unitaria del “autor”.

Los últimos párrafos del Quijote de 1605 advierten que en el interior de una caja de plomo, hallada en los cimientos de una antigua ermita, se encuentran los epitafios y poemas del final de la Primera Parte. La autoría de estos versos corresponde a los Académicos de la Argamasilla, una expansión polifónica más dentro del mundo de los autores ficticios de la novela.

Por último hay que recordar que también muchos del los personajes de la novela se convierten en narradores de sus propias historias por lo que se amplía aún más el espectro de visiones y perspectivas del mundo.

Por lo dicho resulta evidente que, en el Quijote, el nivel narrativo asume la misma importancia que la misma historia del protagonista. Las instancias intermediarias no tratan de encubrirse a sí mismas, o sea, de transmitir la historia de manera transparente, sino que problematizan irónicamente el proceso de narrar. La voz de un autor unitario está fragmentada en una polifonía de voces divergentes que se comentan y cuestionan mutuamente. Es decir que, Cervantes crea, a partir de una parodia de los libros de caballerías, un modelo narrativo muy original. En el nivel narrativo problematiza lo que los personajes de la novela experimentan en su vida ficticia: la relatividad de las perspectivas y del concepto de la verdad.

VII) El Quijote: La primera novela realista moderna

Aunque se afirma generalmente que el Quijote es la primera novela moderna, cada crítico ve la esencial novedad de la novela de una manera distinta.

- Según Trilling, Cervantes estableció como tema “el problema de la apariencia y la realidad.”[8]
- Para Harry Levin, Don Quijote emplea “la técnica literaria de la desilusión sistemática.”[9]
- Horst Weich sostiene que el Quijote inaugura la novela moderna destrozando de manera creativa los pretextos existentes.[10]
- Hans-Jörg Neuschäfer alega dos argumentos: Por un lado, se narra la historia de un protagonista problemático que no puede arreglárselas con el mundo que lo rodea. Por otro lado se problematiza el proceso de narrar y la dicotomía de “ficción y realidad”.[11]

Bibliografía

Cervantes, Miguel de: Don Quijote de la Mancha, Cátedra, Madrid, 2005.

Fernández Mosquera, Santiago: “Los autores ficticios del Quijote”, en Anales Cervantivos XXIV, Madrid, 1986, pp. 47-65.

Maestro, Jesús G.: “El sistema narrativo del Quijote: la construcción del personaje Cide Hamete Benengeli”, en Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 15.1 (1995), pp. 111-141.

Neuschäfer, Hans-Jörg: La ética del Quijote, Gredos, Madrid, 1999.

Neuschäfer, Hans-Jörg (Hrsg.): Spanische Literaturgeschichte, Metzler, Stuttgart, 2001

Riley, Edward C.: “La novela de caballerías, la pícaresca y la primera parte del ‘Quijote’”, en Riley, E.C.: La rara invención, Crítica, Barcelona, 2001, pp. 203-215.

Riley, Edward C.: Introducción al ‘Quijote’, Crítica, Barcelona, 1990, pp. 92-109 (“La estructura de la primera parte”).

Weich, Horst: Don Quijote im Dialog, WVR, Passau, 1989.

[...]


[1] según: E.C. Riley, Introducción alQuijote”, cap. 2.

[2] según: E . C. Riley: La rara invención.

[3] según: E . C. Riley: Introducción al “Quijote”, cap. 7.

[4] según: H.-J. Neuschäfer: La ética del Quijote.

[5] En la época de Cervantes el género de la novela no tenía mucho prestigio. Se le reprochaba que pusiera la distracción por encima de la enseñanza y el entretenimiento por encima de la moral. La Inquisición sometía, por lo tanto, la producción a un riguroso control, así que, en Castilla, se prohibió la imprenta de novelas entre 1625-1634.

[6] Otra técnica de entrelazar escenas es parecida a la que conocemos de la cinematografía actual. En el cap. 27 los viajeros, al comienzo, no ven a Cardenio, y despúes a Dorotea, sino los oyen antes de que los personajes aparecen en persona.

[7] según: Jesús G. Maestro y Santiago Fernández Mosquera

[8] según: John Jay Allen en la intruducción a Don Quijote, Catedra, Madrid, 2005, p. 22.

[9] según: John Jay Allen en la intruducción a Don Quijote, Catedra, Madrid, 2005, p. 22.

[10] Horst Weich: Don Quijote im Dialog, WVR, Passau, 1989, p. 31.

[11] H.-J. Neuschäfer: Spanische Literaturgeschichte, Metzler, Stuttgart, 2001, p. 123.

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Detalles

Título
El "Quijote" (1605), de Miguel de Cervantes - resumen y apuntes interpretativos
Universidad
University of Cologne
Autor
Año
2007
Páginas
28
No. de catálogo
V111244
Tamaño de fichero
428 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Quijote, Miguel, Cervantes
Citar trabajo
Nils Winterfeldt (Autor), 2007, El "Quijote" (1605), de Miguel de Cervantes - resumen y apuntes interpretativos, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/111244

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