Algunas estructuras y dinamismos humanos - implicancias para un proceso vocacional


Presentación (Redacción), 2009
45 Páginas

Extracto

Sumario

Introducción:

Capitulo 1: Las estructuras: yo ideal y yo actual
El yo ideal:
El yo actual:

Capítulo 2: Los contenidos I, Actitudes Específicas o propiamente dichas
Origen y fin de las actitudes: Motivación, Funciones, Aprendizaje
A.- Evaluación según diversas categorías de importancia:
B.- Funciones de las actitudes:
C.- Influencia social en el aprendizaje de las actitudes:

Capitulo 3: Los contenidos II, Actitudes Generales: necesidades y valores
Los valores:
Algunas consideraciones personales:
Las Necesidades:
Fuerza dinámica y dirección de una necesidad en el individuo:

Capítulo 4: Necesidades y valores en la dinámica de las actitudes
Las necesidades en la dinámica de las actitudes:
Necesidades en relación a los valores, consistencia e inconsistencia:
Consistencias e inconsistencias:
Ambigüedad en el sistema de valores del sujeto:

Capítulo 5: Algunas propuestas pedagógicas
1.- ¿formación o barniz?
2.- La propuesta del yo ideal institucional, consideraciones iniciales:
3.- El yo ideal institucional en el Proyecto Formativo:
4.- Los primeros pasos en el proceso de acompañamiento formativo:
A modo de Conclusión:

Bibliografía Citada

Algunas estructuras y dinamismos humanos

Implicancias para un proceso vocacional

Introducción:

El Señor Dios se paseaba por el jardín a la hora en que sopla la brisa y dijo al hombre “¿dónde estás?”… y desde entonces no deja de buscar y llamar al hombre al diálogo de amistad con El.

Por su parte, el hombre ha sido hecho para el encuentro con Dios; es por esto que lleva dentro suyo, en lo hondo del corazón, el anhelo de su amistad; este anhelo es una sed profunda y esta sed es la base de todo otro deseo humano. San Agustín luego de su largo camino de búsqueda, movido sin saberlo por este deseo, llega a decir “nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”[1].

Como la vida de amistad con Dios es plenitud de vida para el hombre, la distancia respecto a El y el ausentarse de su presencia es la peor de las muertes; en el icono de Jesús, Dios-hombre, suspendido en el madero, Dios nos permite contemplar lo que hay en su corazón de Padre: sufre con nosotros, desde adentro de nuestra muerte y de nuestra sed[2].

La historia de amor de Dios con el hombre, también llamada historia de salvación, es el puente tendido por El entre su sed y nuestra sed. Y este puente tiene un nombre que es Jesús de Nazaret, Dios-hombre en nuestra historia. Desde entonces esta historia se realiza en un diálogo que es siempre vocación en Cristo. Y toda vocación es a la vez llamada y don.

El presente trabajo quiere tener en el trasfondo, justamente, la antropología de la vocación cristiana. Partimos de la visión del hombre como teleológicamente finalizado hacia la auto-trascendencia; por esto posee estructuras dialécticas, cada una con sus contenidos, que influyen en la motivación de sus actitudes y conductas, las cuales conducen o no al fin humano.

Nos planteamos como objetivo de estas páginas expresar algunas de las dialécticas que operan en el hombre que quiere vivir su vida como camino de auto-trascendencia teocéntrica. Además, pretendemos iluminar a partir de las mismas algunos aspectos de la pedagogía formativa, pensada en general y de modo particular en los seminarios diocesanos de formación al sacerdocio.

Por esto, en el capítulo 1º desarrollaremos la estructura del yo actual y yo ideal, en el 2º y 3º haremos una primera presentación de sus contenidos, esto es de las actitudes, valores y necesidades. En el capítulo 4º nos referiremos a la interrelación dinámica de los contenidos. Por último, en el capítulo 5º expresaremos cuatro propuestas pedagógicas interrelacionadas que quieren ser una concreción, al menos parcial, de lo presentado en los capítulos anteriores.

Capitulo 1: Las estructuras: yo ideal y yo actual

La teología de la vocación supone en el hombre la dimensión de la libertad: “solamente porque es libre el hombre puede ser invitado, llamado por Dios a este compromiso, y, por lo mismo, solamente porque es libre puede decidirse a responder a esta llamada”[3]. Decir que el hombre es libre implica decir que “nuestra vida psíquica trasciende los límites de nuestro ser ‘influenciados’ aquí y ahora por algún estímulo”[4].

Por otra parte, la vocación, en clave judeo-cristiana, supone mucho más que la llamada a hacer algo y no puede ser entendida si no es en clave de identidad. Esto se expresa claramente en la Sagrada Escritura en el cambio de nombre de quienes son llamados[5]. En cuanto llamada de Dios que espera una respuesta de la libertad del hombre y que lo pone en camino, la vocación cristiana discipular implicará un proceso dialéctico que parte de lo que la persona es y orienta hacia lo que se experimenta llamado a ser: llamaremos al primero de estos elementos ‘yo actual’ y al segundo ‘yo ideal’.

El yo ideal:

Es clave subrayar que la vocación “es la realización del ideal de sí más bien que la realización del concepto de sí”[6]. Por tanto, la vocación no es un instalarse allí donde me siento cómodo ni un repetirse a sí mismo, sino un lanzarse hacia adelante, hacia la realización del yo ideal.

Podemos decir que en todo hombre, existe esta estructura del ‘yo ideal’, que es la condición de posibilidad para poder formularse una imagen ideal de hombre, un ideal de la vida, un hacia donde que orientará sus pasos.

En el ámbito psicológico, diversas corrientes implícita o explícitamente postulan una imagen ideal de hombre derivada, no de sus investigaciones psicológicas, sino de presupuestos antropológicos previos. El problema no radica aquí -ya que es imposible pensar sin supuestos, y de hecho nuestra misma estructura de lenguaje ya implica un supuesto y una comprensión del mundo que es siempre precientífica-. El inconveniente es que dicho presupuesto antropológico no siempre es explicitado y a menudo se confunde con una afirmación derivada de la investigación psicológica.

Queriendo explicitar cuál es el ideal de hombre que ilumina la presente exposición, afirmamos desde una perspectiva interdisciplinar, con Rulla y Lonergan[7] que “el espíritu del hombre, su mente y su corazón son una fuerza activa, un poder de actualización hacia la trascendencia”[8]. Todo hombre lleva en sí mismo, lo sepa o no, esta llamada interior a la plenitud que sólo se alcanza en la medida en que el hombre es capaz de trascenderse a sí mismo. La auto-trascendencia se va profundizando a media que el hombre mediante los 4 niveles de operaciones (experiencia, inteligencia, juicio y decisión) va creciendo en el nivel de intencionalidad y consciencia (en libertad de quien conscientemente es presente a sí mismo). Estas operaciones conducen al sujeto hacia la auto-trascendencia en sus 3 fases:

a.- de conocimiento: mediante la experiencia (datos de los sentidos y de la consciencia) y la inteligencia el hombre trasciende la mera apariencia, la imaginación, las propias ideas y opiniones para reconocer lo verdadero y real; esto le permite distinguir a nivel consciente el bien real del bien aparente[9].
b.- de moralidad: mediante el juicio de valor y la decisión, el sujeto trasciende la sola búsqueda de la propia satisfacción, los propios intereses, gustos y preferencias para buscar y optar por el bien real, el valor objetivo. El paso de la 1º a la 2º fase se da porque “el encuentro de la persona con el ser como realidad es también inseparablemente experiencia de valor y por lo tanto de ‘deberías’ ”[10].
c.- de amor: la persona rompe con el aislamiento en sí mismo para salir de sí y ser no sólo para sí mismo sino también para los demás[11] ; se amplía así el margen de la propia libertad efectiva, santidad objetiva y eficacia apostólica[12]. La dinámica de este amor es siempre ‘hacia un más’ que no desprecia absolutamente pero sí dimensiona y dignifica lo menos: amor a los bienes creados, a los otros, a Dios mismo fuente del amor. Por esto este modo de trascendencia, cuando arriba a su fin teocéntrico, cobra la forma de experiencia y conversión religiosa, la cual desde una perspectiva teológica, es posible sólo como don gratuito de Dios[13].

Esta dinámica ‘hacia el más’ se da en todos los niveles; el más hacia la verdad, el bien y la belleza pone al hombre ante la pregunta sobre Dios. Esta pregunta en clave de fe no queda sin respuesta porque es Dios el primero en salir de sí para buscar al hombre y entrar en diálogo con él. Por esto decimos que el ideal último del hombre es la auto-trascendencia teocéntrica.

Lamentablemente “el hombre está ontológica y constitutivamente limitado en la consecución de su auto-trascendencia”[14]. Aun suponiendo que la persona en el nivel consciente quiera realizarla, por las dialécticas propias del hombre (las fragilidades del yo actual, las motivaciones inconscientes, la ambigüedad del deseo emotivo, las necesidades disonantes, etc.) la misma nunca se realizará completamente. De aquí que el yo ideal siempre estará “unos pasos más adelante”. Paradójicamente, por lo tanto, la pretensión de haber alcanzado ya el ideal, ilusión que propia del sujeto que está aún en el nivel de la verdad aparente, es un signo claro de estar lejos de él.[15]

Notemos la distancia que hay entre esta perspectiva antropológica y la de Freud, para quien el hombre está movido por los drives primarios (instintos derivados de la energía sexual y agresiva) y tiene como motivación última de su obrar la reducción de tensiones para alcanzar la homeóstasis[16]. También hay diferencia con la mirada de Karl Rogers para quien la motivación última del ser humano es la auto-realización antropocéntrica.

Hay que decir que la auto-trascendencia, como llamada interior y constitutiva del ser humano termina llevando a una sana auto-realización: “La autorrealización es un efecto, una consecuencia de la auto-trascendencia”[17]. Paradójicamente, quien apunta a la autorrealización como fin último queda encerrado en sí mismo y por lo tanto es víctima del empobrecimiento de sí que no permite realizarse de verdad; por el contrario, quien es capaz de salir de sí para el encuentro con los ideales, con la verdad, el bien, la belleza, el amor teocéntricos (quien es capaz de dejar la propia tierra para hacerse peregrino como Abraham, nuestro padre en la fe) termina encontrándose a sí mismo y logrando la verdadera auto-realización. Se realizan así las palabras de Jesús “el que quiera ganar su vida la perderá, y el que la pierda por mí la encontrará”[18].

Hemos llamado “yo ideal” a la estructura del yo en cuanto trascendente, que querría crecer siempre más en sus ideales de autotrascendencia. Debemos considerar dentro de la misma dos subestructuras[19]:

a.- Los ideales personales: contiene los ideales que el individuo querría para sí y aquello que él querría ser o realizar a partir de la elección de estos ideales.
b.- Los ideales institucionales: son los ideales que se le proponen desde las instituciones de referencia (según el modo como el sujeto los percibe); en un creyente podría ser tanto la iglesia universal como la comunidad local, para un seminarista, además, el seminario, etc. No siempre coincide con el ideal que de hecho la institución sostiene.

Por lo tanto, cuando hablamos del yo ideal de una persona nos referimos a ambas subestructuras, es decir, a lo que podríamos llamar ‘yo ideal personal en situación’. El contenido de esta estructura, como se verá más adelante, cuando se camina hacia la autotrascendencia, son los valores morales y autotrascendentes, tanto instrumentales como finales[20]. Por otra parte es bueno tener presente que “el yo ideal es siempre consciente”[21] por expresar lo que la persona querría ser o hacer.

El yo actual:

Si el yo ideal es la meta, el punto de llegada, el yo actual es el punto de partida. Podemos decir que es a la vez lo que de verdad se es aquí y ahora y lo que se cree ser. A diferencia del yo ideal, puede ser consciente o inconsciente. Si el yo ideal es el yo en cuanto trascendente, el yo actual es el yo en cuanto trascendido.

También podemos distinguir en esta estructura dos subestructuras[22]:

a.- el yo manifiesto: que es lo que se es de modo consciente; es el concepto que se tiene de sí mismo y de los propios actos. Se conoce directamente, por ejemplo a través de un cuestionario donde la persona expresa su modo de verse.
b.- el yo latente: consiste en las características que el sujeto tiene sin darse cuenta, es decir su realidad inconsciente. Puede ser conocido a través de test de tipo proyectivos.

Distancia optimal y sana tensión de crecimiento.

Entre el yo actual y el yo ideal hay, y debe haber, una tensión dialéctica[23] ; es la tensión entre lo que se es y lo que se quiere ser, entre el punto de partida actual y el punto de llegada. Decimos que esta tensión es necesaria porque sin ella el sujeto no generaría procesos teleológicos de crecimiento. Si una persona considera que hoy ya es lo que debería ser, que ya llegó a la meta, esa persona se detiene en su crecimiento; como se dijo, el ideal de la autotrascendencia teocéntrica, mientras peregrinamos en esta tierra, siempre está más allá de nosotros ya que implica siempre el más de la verdad, el bien, la belleza y el amor.

Por otra parte, la distancia, necesaria, entre yo ideal y yo actual no debe ser excesiva si queremos que haya proceso de crecimiento. Si el fin, la meta, es inalcanzable, será vista por el sujeto como una utopía irrealizable, imposible, por lo que éste permanecerá detenido en la seguridad de lo que es. Según mi parecer, los ideales excesivamente abstractos, demasiado perfeccionistas y desencarnados, demasiado universales y ahistóricos, no podrán sostener durante mucho tiempo un proceso de crecimiento.

Por eso decimos que junto a las grandes metas finales es bueno vislumbrar metas menores, intermedias, instrumentales, que aparecen como hitos en el camino. Esto permitirá en la formación mantener una sana tensión óptima entre el yo actual y el yo ideal, que permitirá mantener una sana tensión formativa a lo largo del proceso.

Capítulo 2: Los contenidos I: Actitudes Específicas o propiamente dichas

Luego de hablar de las 2 estructuras, del yo actual y yo ideal, y su tensión dialéctica nos preguntamos por los contenidos de dichas estructuras: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ideales? ¿qué hay en el yo actual como tendencias que motivan a la acción? ¿en qué medida podemos hablar de contenidos conscientes e inconscientes en el yo actual?.

Comenzaremos a partir de la experiencia cotidiana diciendo que en toda persona, detrás de una multitud de acciones concretas, conductas, comportamientos que lo caracterizan, podemos vislumbrar un número menor de ‘constantes’, tendencias, cada una de las cuales tiende a expresarse en diversos comportamientos y, de alguna manera, los explica: la experiencia nos dice que en la base de nuestras acciones hay siempre una serie de actitudes.

Gordon Allport define la actitud diciendo que “es un estado mental y neural de predisposición a responder, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directiva y/o dinámica en el comportamiento”[24].

En la misma línea, Alice Eagly y Shelly Chaiken, afirman que “una actitud es una tendencia psicológica que es expresada evaluando una entidad particular con algún grado de favor o disfavor”[25] y que “una actitud es un estado evaluativo que interviene entre ciertas clases de estímulos y ciertas clases de respuestas”[26].

Daniel Katz, por su parte, afirma que “una actitud es la predisposición de un individuo a evaluar cierto símbolo u objeto o aspecto de su mundo de una manera favorable o no favorable”[27].

Como se ve (independientemente de los matices de las diversas definiciones), cuando hablamos de actitud nos referimos a cierta predisposición interna del sujeto, que influye en su modo de evaluar un objeto percibido y en su tendencia de respuesta ante el mismo. Por esto decimos que son dos los componentes propios de una actitud, el cognitivo y el afectivo-conativo[28]:

[...]


[1] San AGUSTÍN, Confesiones, ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2003, Libro I, 1.

[2] Se pueden pensar en este sentido sus palabras en la cruz: “tengo sed” (Jn. 19 ,28; cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 544, 2561). También en la misma dirección se puede escuchar su grito antes de entregar su espíritu “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” (Mt. 27, 46; cfr. Salmo 22 y Catec. 603).

[3] RULLA, L. M., Psicología profunda y vocación, Artes Gráficos Benzal, Madrid, 1986 (en adelante citado con las siglas PsPV.V), p. 45. Afirmamos esta libertad, como libertad siempre situada y limitada, pero real; amenazada por la herida del pecado en cuanto a su orientación a Dios, pero aún así capaz -con su gracia- de responder a su llamada.

[4] RULLA, L. M., Antropología de la vocación cristiana, vol. 1, Bases interdisciplinares, Sociedad de Educación Atenas, Madrid, 1990 (citado con las siglas AVC), p. 115.

[5] Cfr. Gn. 17, 5; Gn. 32,29; Jn. 1, 42.

[6] PsPV., p.65. Ciertamente los propios dones y capacidades deben entrar en consideración a la hora del discernimiento vocacional ya que pueden orientar en el mismo. Pero la vocación significa la llamada a su desarrollo, muchas veces exigente, a la vez que a su purificación; donde está nuestro don y nuestra capacidad frecuentemente está también nuestro límite y fragilidad.

[7] Cfr. AVC., pp. 129-140.

[8] AVC., p.129.

[9] Cfr. AVC., p. 265.

[10] AVC., p. 165.

[11] “Sólo la persona que se posee totalmente es la que puede ofrecerse totalmente en un don libre y desinteresado al otro”. WOJTYLA, K (Card), Th estructure of Self-Determination as the Core of the Theory of the Person. En Tommaso d’Aquino nel suo VII Centernario. Atti del Congreso Inernazionale. Roma-Napoli, 17-24 de Abril de 1974, Vol. 7, p. 43; citado por RULLA L. en AVC., p. 277.

[12] Cfr. AVC., pp. 273-274 y 277-279.

[13] Cfr. AVC., p. 158.

[14] AVC., p.130.

[15] Se puede pensar en esta línea el porqué Jesús se ha mostrado mucho más intransigente con las actitudes de los fariseos que con la de los que se reconocían pecadores.

[16] Cfr. PsPV., p. 97.

[17] PsPV., p.64. Cfr. IMODA, F., Desarrollo Humano, Psicología y Misterio, Universidad Católica de Salta, Salta, 2001, pp. 386-387.

[18] Mt. 16, 25.

[19] Cfr. AVC., pp. 154-156 y 287.

[20] Estos valores son en sí mismos objetivos; no obstante puede suceder, por ejemplo por ignorancia, que el yo ideal concebido por la persona puede no estar en concordancia con lo que de verdad esta persona debería ser. Cfr. AVC., p. 159.

[21] AVC., p. 292.

[22] Cfr. AVC. pp. 156 y 287-288.

[23] Cfr. AVC. p. 157.

[24] “It is a mental and neural state of readiness to respond, organized through experience exerting a directive and/or dynamic influence on behavior”. MCGUIRE W.J., extraido de the nature of attitudes and attitude change , en: Lindzey G., Aronson E., (eds.), The Handbook of Social Psychology, vol. II, Addison-Wesley, 1985, p. 142.

[25] “Attitude is a psychological tendency that is expressed by evaluating a particular entity with some degree of favor or disfavor”. EAGLY, A.H./ CHAIKEN, S., The psychology of Attitudes, Fort Worth, HBJ, 1993, p.1.

[26] “attitude is an evaluative state that intervenes between certain classes of stimuli and certain classes of responses”. Idem. p. 3.

[27] “Attitude is the predisposition of the individual to evaluate some symbol or object or aspect of his world in a favorable or unfavorable manner”. KATZ. D., “the functional approach to the study of attitudes”, en: Fishbein M. (ed.), Readings in Attitude Theory and Measurement, New York, Wiley, 1967, p. 459.

[28] Cfr. PsPV. p. 54 y KATZ D., op. cit., pp. 459-460.

Final del extracto de 45 páginas

Detalles

Título
Algunas estructuras y dinamismos humanos - implicancias para un proceso vocacional
Universidad
Pontifical Gregorian University  (Istituto di Psicologia)
Autor
Año
2009
Páginas
45
No. de catálogo
V130161
ISBN (Ebook)
9783640401383
ISBN (Libro)
9783640916443
Tamaño de fichero
629 KB
Idioma
Español
Notas
Antropología filosófica, estructuras y dinamismos humanos
Etiqueta
Algunas, Elaborato
Citar trabajo
Licenciado en Filosofía, Bachiller en Teología Martín Carranza (Autor), 2009, Algunas estructuras y dinamismos humanos - implicancias para un proceso vocacional, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/130161

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