Psicología del Desarrollo Humano, aproximación a su dinámica en el contexto de las primeras relaciones interpersonales


Trabajo Universitario, 2009

39 Páginas, Calificación: Licenciatura


Extracto

introducción:

Me aproximo a estas páginas con la consciencia de que son tan sólo un intento análogo al del niño de la visión de Agustín, aquel que quería volcar todo el mar en un hoyo excavado en la playa. Es que hablar del hombre y su desarrollo en categorías que quieren ser científicas, en este caso desde la psicología, sólo será útil en la medida en que no se pierda una sana consciencia de ‘misterio’. Por esto, antes de comenzar con frías descripciones deseo unirme a Gabriel Marcel cuando afirma:

“este mundo, por una parte está lleno de problemas, y por otra, está animado por la voluntad de no hacer lugar alguno al misterio… tratar de eliminar el misterio es poner en juego, en presencia de acontecimientos que rompen el curso de la existencia, como el nacimiento, el amor, la muerte, esta categoría psicológica y pseudocientífica de lo enteramente natural … residuo de un racionalismo degradado, para el cual la causa explica el efecto, es decir, da cuenta de él plenamente”[1].

¿es el hombre un ‘ser para la muerte’[2] ? ¿nacer es solamente comenzar a morir o hay un desarrollo hacia una plenitud? ¿en qué consiste la plenitud de la vida humana? ¿coincide esta históricamente con la plenitud de sus fuerzas físicas e incluso psíquicas? Esta y tantas otras preguntas nos reclaman ir más allá de toda consideración del hombre como ‘problema’, trascender los análisis puramente fenomenológicos, para acercarnos al hombre en su identidad más profunda de misterio, sin reducirlo al desarrollo de unas estructuras y funciones más o menos definidas[3].

Sirva lo dicho como marco general de este esbozo, cuyo objetivo es más humilde. Sin perder de vista el horizonte del hombre como misterio intentaré solamente hacer algunas consideraciones sobre su desarrollo psicológico (capítulo 1) prestando luego particular atención a las afirmaciones de diversos autores sobre las fuerzas que lo motivan (capítulo 2) y deteniéndome finalmente en las diversas teorías del las relaciones objetales (capítulo 3) y, de modo particular, en la descripción de las etapas del desarrollo postuladas por Otto Kernberg en el contexto de esta teoría (capítulo 4).

Más que un trabajo profundo de análisis, el presente pretende ofrecer una cierta síntesis, capaz de ordenar algunas ideas sobre el tema del desarrollo. Soy consciente de que lo que se dirá puede provocar más preguntas y pistas para una profundización que la sensación de estar ante un tema donde todo es ‘claro y distinto’. Comencemos entonces nuestro camino tratando de no ser merecedores del enigmático reproche de Heráclito:

“los hombres no han llegado al conocimiento de este logos que ha existido desde siempre… pues viniendo todas las cosas a la existencia según este logos, los hombres parecen gentes inexpertas, cuando ensayan palabras y actos… distinguiendo cada cosa según su naturaleza y expresando cómo es”[4].

Capítulo 1: El desarrollo humano

La realidad del desarrollo humano es un hecho fácilmente constatable; desde el primer momento de la vida de la persona, aún antes de nacer, se genera un proceso de desarrollo; a nivel fisiológico, el óvulo recién fecundado, el bebé recién nacido, su proceso a lo largo del 1º año de vida, hasta los 5 años, los cambios de la pubertad, todo nos habla de desarrollo y crecimiento progresivo; el mismo tendrá indefectiblemente lugar siempre que se den las condiciones endógenas y exógenas adecuadas para el mismo.

También en a nivel psicológico-espiritual se va dando a través del tiempo en el sujeto un proceso de nacimiento y desarrollo; el crecimiento en la capacidad afectiva, cognitiva, relacional, moral, etc. La psicología del desarrollo se ha preguntado si dicho proceso consiste sólo en la “suma” de capacidades o si, además, hay en el sujeto núcleos de organización interna que se van desarrollando cualitativamente; esto es, se plantea la existencia de estructuras internas, las cuales son la ‘condición de posibilidad’ de experimentar y actuar de modos más o menos desarrollado las distintas interacciones.

Podemos reconocer una analogía en esto entre biología y psicología respecto a la existencia de estructuras internas que van cambiando cualitativamente, de las cuales dependerá el modo de vivir una experiencia: así como a nivel biológico es necesaria la estructura visual (la compleja organización unitaria de diversos elementos biológicos que es más que la suma de los elementos que la componen) para que la persona sea capaz de ver, a nivel intelectual es necesaria la estructura cognitiva del pensamiento abstracto para que el sujeto sea capaz de razonar a partir de conceptos abstractos. La capacidad de pensamiento abstracto no es sólo una capacidad “mayor” respecto a las operaciones concretas sino que es cualitativamente diversa y a la vez supone dichas operaciones.

Por esto definimos con Franco Imoda el desarrollo humano como la “adquisición de nuevas estructuras o cambio de una estructura a otra, donde estructura (configuraciones dinámicas) significa la regla fundamental de las relaciones entre los elementos. Dicha adquisición o cambio se realiza en respuesta a la tensión debida a las transformaciones efectuadas por la continua diferenciación e integración”[5].

El cambio como realidad cualitativa:

En el plano de la filosofía, el problema del cambio ha sido el gran eje central que ha impulsado a esta ciencia en su nacimiento -y a lo largo de toda la era presocrática, platónica y aristotélica-, y ha estado de un modo u otro presente en toda su historia posterior.

Ante la evidencia del cambio, los primeros filósofos se preguntaban cuál es el principio que permanece en el mismo. Lo importante de esta etapa de la filosofía no son tanto las diversas respuestas que fueron dando a esta cuestión, sino el hecho mismo de haberse formulado la pregunta: la misma implica la percepción del cambio como realidad evidente y asombrosa, y, sobre todo, la necesidad de un principio unificador y organizador de la realidad; la búsqueda del mismo se vio asociada, además, con la necesidad de reconocer una causa impulsora del movimiento, que explique el porqué de los procesos de cambio y, muchas veces, la lógica interna de dicho proceso. Resultaría iluminador releer este párrafo de la historia aplicando los mismos planteos al desarrollo psicológico del sujeto.

Cuando hablamos del desarrollo humano a nivel psicológico dijimos que es visto por algunas corrientes como un puro cambio cuantitativo; en concepciones de este tipo, como es el caso del psicoanálisis clásico y del conductismo, el sujeto va ‘aprendiendo funciones’ y ‘reaccionando al ambiente’, repitiendo mecánicamente los actos que lo condujeron a experimentar alivio de la tensión y ansiedad, a gratificar necesidades y a obtener premios.

Es interesante notar que en la historia de la filosofía ha habido una relación directa entre visiones puramente cuantitativas y la negación de la libertad y de la capacidad activa del sujeto. Tal es el caso de la interpretación atomista de la realidad efectuada por Leucipo y Demócrito, que constituye el prototipo histórico de toda posición radicalmente cuantitativa respecto a la organización de la realidad y al cambio; ellos afirmaron que lo único que existen son los átomos, que se diferencian sólo cuantitativamente -por tamaño, figura, orden y posición-, y que todo proceso de cambio no es más que un movimiento de agregación o substracción de átomos; no es de extrañarse que su visión cuantitativa los llevara a afirmar que lo que mueve este proceso es sólo el azar; en esta, como en toda interpretación filosófica y psicológica del desarrollo en clave puramente cuantitativo, queda fuertemente comprometida la posibilidad de la libertad del hombre, el sujeto aparece como un ente puramente pasivo; no hay tampoco margen para una intencionalidad o finalidad intrínseca del desarrollo; desde estas visiones parece que sólo quedara como motivación la búsqueda del equilibrio interior y con el ambiente.

Sin embargo, estas visiones contrastan con la evidencia de que el hombre desde pequeño tiene una tendencia innata a salir al encuentro de experiencias nuevas y a involucrarse activamente en conductas exploratorias. El hombre pareciera, aún más, un ‘eterno desconforme’, amante de ‘complicarse la vida’, de generar situaciones que lo desinstalan y hacen ir más allá de lo conocido. Desde la perspectiva aristotélica podemos decir que el sujeto tiene una tendencia innata a ‘actualizar sus potencialidades’ para realizar más plenamente la propia esencia. Es así que “el desarrollo, como progresivo surgimiento de formas operativas cada vez más expresivas de las potencialidades características de la persona, se presenta como constituido por una serie de cambios que implican la esencia misma de la persona humana.”[6].

La negación del cambio

Otro modo de negar el cambio cualitativo de las estructuras del sujeto es, obviamente, negar (teórica o prácticamente) la realidad del cambio mismo. A nivel concreto sería negar que hay en el hombre un proceso de desarrollo y que el mismo influye verdaderamente en el margen de libertad subjetiva del sujeto, en el tipo de capacidades que podrá o no desarrollar y en el tipo de madurez esperable en cada etapa de su crecimiento.

La negación práctica del cambio ocurriría, por ejemplo, si un código penal no distinguiera, ante un delito cometido, el grado de responsabilidad de un niño de 11 años de la de un adulto; también ocurre cada vez que una propuesta moral se contenta con emitir principios abstractos y pretende aplicarlos universalmente, sin ninguna consideración de la etapa del desarrollo interior del sujeto moral.

A nivel teórico-práctico, suele ocurrir en los sistemas idealistas y en las tendencias a absolutizar el método deductivo en desmedro de la inducción y el contacto con la realidad compleja, particular y cambiante.

En lo personal, creo que es también una tendencia de cierto modo de vivir la experiencia religiosa: como fuga del vértigo que produce la historia, como negación de la individualidad y como búsqueda de la confortadora seguridad de lo inmutable. A pesar de que estas actitudes se encuentran a nivel teórico en las antípodas de la fe judeo-cristiana (del Dios sólido pero que sale al encuentro del hombre, hace de su historia una historia de salvación, camina a su ritmo y se hace él mismo historia), me pregunto si a nivel práctico no ha prevalecido entre nosotros[7].

Es verdad que muchas veces el individuo experimenta en la revelación religiosa y en los principios universales la confortadora seguridad de lo absoluto y que esto contrasta con la incerteza que genera el devenir, lo relativo, lo que está en camino, lo ‘inseguro’.

¡Qué interesante coincidencia! el primer sistema filosófico en negar el cambio y la multiplicidad, el derivado del pensamiento de Parménides de Elea, desarrolla sus escritos con el género literario de una revelación religiosa[8]. ‘El ser es y es imposible que no sea’ es la única vía de la verdad, obvia e incontrastable, que en la práctica cerrará el camino a la engañosa vía de los sentidos que percibe la multiplicidad y el devenir. La historia de la filosofía se encargará de mostrar el error escondido en la base de afirmaciones cuya autoridad y solidez racional no pudieron ser negadas durante más de un siglo.

Con Parménides entra en el pensamiento la idea de que ser y cambio son realidades contradictorias, irreconciliables; el error de Parménides consiste en entender el ‘ser’ de modo unívoco y no como análogo; escindiendo la realidad posible en ser y no ser, niega el segundo para quedarse sólo con la bondad del ser. El Ser, concebido al comienzo por él como ‘la fuerza que hace que todas las cosas sean’ termina convirtiéndose, paradójicamente, en ‘la realidad absoluta una e inmóvil que impide que las cosas múltiples y en movimiento sean’. Será sólo Aristóteles, que vuelve a partir en su sistema filosófico de la observación de la realidad y de la evidencia de la existencia del ‘sujeto particular y concreto en movimiento’, quien con su doctrina hilemórfica y la del acto y la potencia permitirá recuperar la posibilidad del desarrollo, justamente definido como actualización de potencialidades.

El desarrollo del yo en clave orgánico-estructural y jerárquico

Por todo lo dicho, sostenemos la existencia del desarrollo en el sujeto humano y la importancia de dar cuenta del mismo; a su vez afirmamos que este desarrollo no consiste sólo en el sumar capacidades y aprender comportamientos sino que es un proceso estructural, orgánico y jerárquico.

En clave orgánica, concibiendo el todo como más que la suma de las partes, decimos que el desarrollo del yo es más que el desarrollo de sus funciones y que justamente podemos entender dichas funciones a la luz del todo[9] ; además, sigue una lógica interna de organización jerárquica, en la que cada estadio del desarrollo se construye sobre, incorpora y transforma el anterior[10] ; cada nivel de desarrollo se construye a partir de los logros de las etapas previas, por lo que el componente inconsciente y preconsciente de las actitudes de un nivel son las actitudes correspondientes a niveles más tempranos[11].

Además, esto se concreta en estructuras; Gedo y Golberg afirman:

“el desarrollo psíquico es una progresiva estructuración. Así, intentando construir un modelo de desarrollo, debemos hacer un bosquejo de la adquisición de estructura mental, en el sentido más amplio del término. En este sentido ‘estructura’ significa función persistente.”[12].

El modo de funcionar propio de una estructura es lo que determinará el modo del sujeto de captar la realidad, percibirse a sí mismo, a los demás, interactuar con el ambiente, etc.

Cabe preguntarse a este punto si el paso por parte de un sujeto a una etapa superior en el desarrollo del yo implica abandonar por completo los modos de funcionar de las estructuras inferiores. Siguiendo el modelo jerárquico de Gedo y Golberg afirmamos que las nuevas estructuras son relativamente permanentes ya que, siendo adquiridas pueden revertirse y adquieren sólo gradualmente estabilidad (en esto afirman seguir a Hartmann cuando se refiere a equipamientos adquiridos por el sujeto que implican autonomía secundaria). Con Glover, afirman que todos los sistemas funcionales siguen operando simultáneamente a través de toda la vida una vez que se han formado. Muchas funciones primitivas persisten en su forma original, inalteradas, mientras otras sufren un cambio de función. En cada fase del desarrollo, bajo los modos de funcionamiento típicos de cada etapa, es importante tener presente los modos previamente utilizados, cada uno de los cuales puede ser re-activado (por regresión bajo stress, en estados alterados de consciencia, al servicio de adaptación y creatividad, etc.)[13] ; de hecho el hombre normal utiliza constantemente para su funcionamiento habitual, de modo inconsciente y creativo, procesos primarios de etapas anteriores, por ejemplo para los procesos de memoria[14]. Así, el desarrollo del yo es epigenético; esto significa que cada etapa del desarrollo se construye sobre la precedente sin absorberla, permaneciendo la inferior debajo de la estructura superior. Lo afirmado en este párrafo es de gran importancia para interpretar las regresiones y para los proceso de acompañamiento terapéutico.

Capítulo 2 Diversas teorías sobre la motivación del desarrollo del yo

Nos preguntamos en este capítulo sobre las afirmaciones fundamentales realizadas por diversas teorías psicológicas de la personalidad sobre qué es lo que motiva al yo generando su necesidad de desarrollo. La respuesta a esta pregunta es clave porque de la motivación dependerá la dirección y la meta del sujeto en el desarrollo. En el corazón de las diversas respuestas dadas a este tema no pueden dejar de estar presentes esquemas antropológicos previos de los autores, una particular concepción del hombre, de sus potencialidades y del horizonte de su existencia.

Aunque podrían haber sido incluidas en este capítulo nos reservamos para toda una sección aparte la o las ‘teorías de las relaciones objetales’; por su importancia y complejidad dichas teorías en general serán tratadas con mayor detenimiento en el capítulo tercero.

a.- Sigmund Freud:

Considera al organismo como un sistema de energía derivado de la comida; afirma que el Ego se pone en movimiento como consecuencia de la ansiedad provocada por las pulsiones del ‘ello’ (“instancia intrapsíquica del todo inconsciente que está solo interesada en descargar tensión”[15]); para buscar nuevamente la homeóstasis, el ego busca objetos capaces de satisfacer las necesidades instintivas del ello. Para realizar su trabajo el ego recibe energía de los instintos del ello ya que “todos los instintos juntos constituyen la suma total de la energía psíquica disponible para la personalidad”[16].

Así, guiado por el principio de realidad, puede o no encontrar objetos capaces de permitir la gratificación. Cuando no los halla, el ego interioriza el límite. Por esto para Freud la relación del sujeto con los objetos modifica al sujeto y da lugar al desarrollo.

Las fuerzas instintivas básicas son siempre las mismas (libido y agresión), pero el modo de representarse psicológicamente va cambiando. Lo que Freud enfatiza son las fuerzas internas del sujeto que tienen su origen en los instintos[17] ; las fuentes ambientales de excitación “juegan un rol menos importante en la dinámica de la personalidad que la de los instintos innatos”[18].

(para Freud) “la personalidad se desarrolla en respuesta a cuatro mayores fuentes de tensión: (1) procesos de crecimiento fisiológico, (2) frustraciones, (3) conflictos, y (4) amenazas. Como consecuencia directa del crecimiento de tensión que brota de estas fuentes, la persona se ve forzada a aprender nuevos métodos de reducir tensión. Este aprendizaje es lo que entiende por desarrollo de la personalidad”[19].

[...]


[1] MARCEL G., Aproximaciones al misterio del ser, ed. Encuentro, Madrid, 1987, p. 28. Ligeramente modificado.

[2] Cfr. HEIDEGGER M., El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México 1987.

[3] Cfr. MARCEL G., op. cit., p. 23-26.

[4] HERÁCLITO, Fragmentos, 1. Traducido y citado en: VERNEAUX R., textos de los grandes filósofos. Filosofía antigua, ed. Herder, Barcelona, 1988, p.7.

[5] IMODA F., Desarrollo Humano, Psicología y Misterio, Ed. Universidad Católica de Salta, Salta, 2001, p. 163.

[6] Ibid., p. 162.

[7] Esta pregunta surge como posible modo de interpretar el porqué la teología en gran parte ha descuidado su condición de narrativa y a quedado atrapada en categorías metafísicas; la formación para la vida sacerdotal y consagrada, que debería inspirarse en la pedagogía de Jesús con los apóstoles, ha quedado demasiado aprisionada en una de sus dimensiones, la intelectual, en desmedro de la personalización y el respeto de los proceso personales; cierta eclesiología dominante concibe sin conflicto a la Iglesia como abstracción universal perdiendo de vista la realidad de las iglesias particulares, olvidando que “en ellas y por ellas existe la misma y única Iglesia Católica” (L.G. 23). ¿tendrá esto alguna influencia en el hecho de que muchos hoy ya no buscan en la Iglesia la luz capaz de guiar sus vidas concretas, complejas y cambiantes? Al menos vale la pena pensarlo.

[8] Cfr. PARMÉNIDES, fragmentos, en: VERNEAUX R., Op. Cit., p. 13-16.

[9] Cfr. LOEVINGER J. The American Psychologist, the meaning and measurement of ego development, 1966, p. 195-196. Cfr. IMODA F., op. cit., p. 147.

[10] Cfr. LOEVINGER J., op. cit., p. 200-204.

[11] Cfr. BLASI-LOEVINGER J., Ego Development, Issues in defining stages and types, San Francisco: Jossey-Bass, 1976, p. 187.

[12] “Psychic development is progressive structuralization. Therefore, in attempting to construct a developmental model, we must outline the acquisition of mental structure, in the broadest sense of the term. In that sense, ‘structure’ signifies enduring function.”. GEDO J. E. & GOLBERG A., Models of the Mind, a Psychoanalytic Theory, Chicago: the univ. of Chicago Press, 1973, p. 74.

[13] Cfr. Ibid., pp. 74-76.

[14] Cfr. RIZZUTO, Ana María, El Nacimiento del Dios Vivo, un estudio psicoanalítico, Ed. Trotta, Madrid, 2006, pp. 80-81.

[15] GABBARD G., Psiquiatría Psicodinámica en la Práctica Clínica, Editorial Médica Panamericana, 3º edición, 1º reimpresión, Bs. As., 2006, p. 30.

[16] “All the instincts taken together constitute the sum total of psychic energy available to the personality”: HALL C., LINDZEY G., CAMPBELL J., Theories of Personality, Wiley, New York, 1998, p. 39.

[17] “Los instintos son considerados los factores propulsores de la personalidad. No sólo impulsan el comportamiento sino también determinan la dirección que tendrá el comportamiento” (“Instincts are considered therefore to be the propelling factors of personality. Not only do they drive behavior but they also determine the direction that the behavior will take”). HALL C., LINDZEY G., CAMPBELL J., op. cit ., p. 39. La cursiva es nuestra.

[18] “Freud felt, however, that these environmental sources of excitation play a less important role in the dynamics of personality than do the inborn instincts”: Ibid.

[19] “Personality develops in response to four mayor sources of tension: (1) physiological growth processes, (2) frustrations, (3) conflicts, and (4) threats. As a direct consequence of increases in tension emanating from these sources, the persona is forced to learn new methods of reducing tension. This learning is what is meant by personality development”: Ibid., p. 47. Cabe agregar que los principales métodos utilizados para reducir la tensión son la identificación y el desplazamiento; a su vez, cuando el ego tiene dificultad para encontrar objetos capaces de aliviar la tensión del ego la ansiedad puede hacerse excesiva y abrumadora; en estas circunstancias se ve forzado a tomar medidas extremas para aliviar la tensión, los llamados mecanismos de defensa.

Final del extracto de 39 páginas

Detalles

Título
Psicología del Desarrollo Humano, aproximación a su dinámica en el contexto de las primeras relaciones interpersonales
Universidad
Pontifical Gregorian University  (Istituto di psicologia)
Curso
Psicología del desarrollo humano
Calificación
Licenciatura
Autor
Año
2009
Páginas
39
No. de catálogo
V130163
ISBN (Ebook)
9783640380527
ISBN (Libro)
9783640380299
Tamaño de fichero
574 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Psicología, Desarrollo, Humano, Licenciatura
Citar trabajo
Licenciado en Filosofía, Bachiller en Teología Martín Carranza (Autor), 2009, Psicología del Desarrollo Humano, aproximación a su dinámica en el contexto de las primeras relaciones interpersonales, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/130163

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