Una pequeña teoría de la irracionalidad

Las falacias de la razón humana y sus consecuencias


Trabajo, 2010
15 Páginas, Calificación: 1,5

Extracto

Índice

1 Introducción: ¿Qué es la racionalidad?

2 Las fuerzas irracionales que nos mueven
2.1 Loss Aversion
2.2 Value Attribution
2.3 Diagnosis Bias
2.4 Conjunction fallacy

3 La irracionalidad en el ámbito ético-social
3.1 Economía y ética
3.2 Pseudo-racionalidad
3.3 Decisiones morales

4 Conclusión

5 Bibliografía

1 Introducción: ¿Qué es la racionalidad?

El término “racionalidad (razón)” es de origen latín, de “reri” – calcular. Esta etimología me parece especialmente interesante comparada con la palabra que tenían los griegos para definir lo que es la razón: el Lógos, que a su vez se deriva de legein – hablar. Me imagino que este hecho podría ser un principio interesante para una comparación cultural y de la imagen del ser humano[1] que tenían las dos raíces de nuestra cultura occidental, pero más importante para nosotros ahora es lo que significa ese entendimiento de la racionalidad como cálculo: la capacidad de tomar decisiones “racionales” (y, de ahí, provechosas) depende del cálculo matemático que

a) somos capaces de efectuar (después de todo hemos inventado el concepto de racionalidad), y que
b) tiene los efectos deseados, es decir, que nos ayuda a tomar la mejor decisión para nosotros y para los demás.

Estas dos tésis son los pilares de cualquier forma de racionalismo en la historía de la filosofía y de lo que en el campo de la economía se llama rational choice theory que ha encontrado su aplicación en una variedad de disciplinas académicas, incluso en las humanidades. En este trabajo no pretiendo refutar el racionalismo per se, sino intento mostrar que sus dos axiomas carecen de certitud empírica, o sea, que

A) en muchas ocasiones es simplemente imposible efectuar un cálculo racional para tomar decisiones, sea por razones de disponibilidad de información o por características psicológicas del ser humano, y que
B) no es cierto que la pretensión de efectuar ese cálculo realmente conduce a la mejor decisión, sino, en algunas ocasiones, puede incluso dañar más que ayudar.

Para apoyar mis tesis voy a poner ciertos conceptos de la irracionalidad humana que se han encontrado a través de estudios psicológicos, sociológicos y, sobre todo, económicos[2]. No pretiendo abordarlo todo que se ha descubierto en los estudios de la irracionalidad, sino quiero dar una impresión de lo que dirige nuestra conducta (y que se debería incluir más en la deliberación filosófica).

2 Las fuerzas irracionales que nos mueven

2.1 Loss Aversion

Cuando se trata de efectuar el cálculo racional, el fin va a ser tomar la decisión que coincide lo máximo posible con lo que una persona desea para sí, y que reduce a un mínimo los efectos no-deseados. Estos dos lados (el positivo y el negativo) merecen, matemáticamente, la misma atención, es decir, hay que calcular ganancias contra pérdidas. En la economía esa expectativa se muestra en una de las “verdades” más básicos: cuando suben los precios, se compra un poco menos, y cuando bajan un poco más. Pero, ¿realmente es así?

Cuando el profesor Daniel Putler analizaba la relación entre los precios y las compras de huevos en California, descubrió que cuando bajaron los precios se compró un poco más, pero cuando subieron, la consumción se redujo por dos veces y medio. El sentimiento de dolor frente a la subida de un precio es asimétrico con la satisfación que sentimos frente a un buen negocio.[3] Esa aversión de la pérdida también explica el éxito de los flat rates (que vino totalmente imprevisto por los proveedores): Para evitar la posibilidad de perder mucho dinero a la vez por hablar o surfear demasiado, uno elige la opción que también excluye la ganancia (ahorrar dinero por – en general – hablar y surfear poco) y se siente más tranquilo pagando un importe fijo. Evidentemente tendemos a atribuir más importancia al lado negativo que al lado positivo (el dolor que sentimos cuando perdimos cinco Euro es mucho más fuerte que la alegría que sentimos cuando encontramos cinco Euro en la calle).

Un efecto parecido muestra un experimento de Dan Ariely y Ziv Carmon. Ofrecieron comprar los billetes de un partido de baloncesto importante en su universidad (el MIT) de más que cien estudiantes que les habían recibido por sorteo. Estos estudiantes pidieron por término medio 2400 $ y justificaron el precio alto con argumentos cómo “es una oportunidad única de que voy a contar a mis nietos algún día”, “no se puede compensar una memoria con dinero”. Al mismo tiempo, Ariely y Carmon ofrecieron billetes a los estudiantes que no les habían recibido por sorteo. Por término medio ofrecieron a pagar 175 $ - un décimocuarto de lo que pidieron los poseedores. Pusieron argumentos orientados en el valor monetario, o sea, se enfocaron el todo lo que podrían comprar con el dinero que gastan para ver el partido.[4] Racionalmente, deberían haber puesto argumentos y ofertas similares porque se trata de la misma cosa que tiene el mismo efecto. Pero el lado negativo (la “pérdida” de los billetes una vez poseados/la “pérdida” del dinero que hay que gastar para los billetes) pesa mucho más que el lado positivo (la “ganancia” del dinero/la “ganancia” del billete). Esos ejemplos (y muchos más) muestran un error fundamental en el supuesto cálculo racional: la aversión de la pérdida impide el baremo equilibrado de los factores positivos y negativos de una decisión. Otro “trastorno irracional” que nubla nuestra habilidad de tomar decisiones racionales es la

2.2 Value Attribution

El mero hecho de la posesión cambió el valor que tenían los billetes de baloncesto para los estudiantes. Sobrestimamos nuestras posesiones, incluso nos enamoramos de ellos: doce parejas vinieron a China para adoptar un niño. La directora del orfanato les mostraba a cada pareja separadamente su hija futura. Cuando todos tenían su niña, estaban impresionadas por la sabiduría y diligencia de la directora. Cada niña pegaba perfectamente con la pareja a que se la habían dado. Después se las contó que fueron eligidas totalmente arbitrario (pero eso no cambió el valor – el cariño – que habían atribuido todas a “su” niña). Parece que nuestra naturaleza nos ha dado la capacidad de atribuir sentimientos positivos a la cosa que se encuentra – por la razón que sea – en nuestra posesión. Muchos conflictos nacen por nuestra expectativa que los demás atribuyan el mismo valor a esa cosa que queremos tanto (error de atribución). Pero en realidad, los que quieren comprar nuestro querido bus VW no van a ver las memorias buenas que asociamos con él, sino el humo dubioso que sale del motor.

El efecto de la posesión se augmenta con el trabajo y tiempo que cuesta la adquisición. Además caemos muchas veces en la trampa de la posesión virtual (por ejemplo, cuando presentamos nuestra oferta en una subasta de ebay). Toda la industría de la publicidad se aprovecha de este efecto: Cuando vemos algo que nos apetece, nos imaginamos cómo sería su posesión y tememos la “pérdida” de la cosa que realmente no es nuestra. Lo mismo suele pasar con ideas e ideologías; defendemos creencias sólo porque son nuestras[5].[6]

[...]


[1] Lo que distingue el ser humano del animal, ¿es la capacidad de hablar o de calcular?

[2] ¿Por qué tiene tanta importancia la economía para el estudio de la irracionalidad? Claramente, porque dispone de un campo único para la investigación de la conducta racional o irracional de los seres humanos. Tiene las herramientas necesarias para estudiar un cierto aspecto con muchos ojetos de experimentación durante largo tiempo. Y no nubla su ojo cientifíco por consideraciones emocionales/personales.

[3] Brafman y Brafman, p. 17-24.

[4] Ariely, p. 161-167.

[5] Esta es la explicación que propone la Economía de la Conducta; aunque parece muy simple tiene mucho en común con explicaciones filosóficas más detalladas, p.e. de Quine.

[6] Ariely, p. 168-174.

Final del extracto de 15 páginas

Detalles

Título
Una pequeña teoría de la irracionalidad
Subtítulo
Las falacias de la razón humana y sus consecuencias
Universidad
University of La Laguna Teneriffa
Calificación
1,5
Autor
Año
2010
Páginas
15
No. de catálogo
V154618
ISBN (Ebook)
9783640676729
ISBN (Libro)
9783640676866
Tamaño de fichero
584 KB
Idioma
Español
Citar trabajo
Theresa Marx (Autor), 2010, Una pequeña teoría de la irracionalidad, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/154618

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