Historia de la Filosofía: Introducción

Volumen 1: Presocráticos, Platón, Aristóteles, Filosofía Helenística


Libro Especializado, 2010

152 Páginas


Extracto

Inhaltsverzeichnis

Preámbulo

I. Origen de la Filosofía

II. Filósofos presocráticos

III. Filosofía y democracia: los sofistas

IV. Platón

V. Aristóteles

VI. Filosofía Helenística

Bibliografía

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Notas sobre esta obra

La gran diferencia entre una Introducción a la Historia de la Filosofía redactada antes del año 2000 y otra escrita después no son únicamente los numerosos estudios críticos aparecidos desde entonces, sino la posibilidad de elaborarla en formato electrónico, incluyendo enlaces a las fuentes, a autores que ponen el contenido de su trabajo libremente a disposición de todos y a diccionarios y enciclopedias especializadas que actualizan frecuentemente sus entradas.

Eso explica la inclusión en esta obra de numerosos enlaces a lugares donde pueden ampliarse contenidos de una sección determinada, rastrearse los múltiples significados de un concepto o comprobar la complejidad de algunos aspectos que, de manera muy resumida y simplificada, se incluyen aquí.

Por lo general, considero muy fiables los artículos y entradas en la Enciclopedia Stanford de Filosofía; a cierta distancia (notable en muchos casos), los que pueden encontrarse en The Internet Encyclopedia of Philosophy; y, con carácter muy heterogéneo, desde excelentes (en calidad de las fuentes, exhaustividad y rigor) hasta inaceptables (por carecer de documentación fiable, estar en fase de borrador preliminar o falta de pulido en la redacción) las que pueden encontrarse en Wikipedia. Sin embargo, he enlazado en esta última cuando considero que la entrada reúne unos requisitos mínimos de fiabilidad, aun siendo entradas necesitadas de revisión.

El texto incluye muchas expresiones resaltadas para facilitar una lectura rápida de los conceptos e ideas más importantes. Obedece al hecho de que muchos estudiantes de Historia de la Filosofía no hacen esquemas o resúmenes de lo que leen, y en la práctica se limitan a subrayar. La negrita destaca bien incluso sobre fondo amarillo o verde. De este modo pueden recordarse los aspectos básicos con más facilidad tras una primera lectura.

Los proyectos de enciclopedias de acceso libre y en permanente revisión encierran una filosofía de trabajo y divulgación del conocimiento que considero sumamente valiosa, en línea con objetivos básicos de la filosofía en todas sus épocas. En los formatos convencionales, cualquier obra con ISBN o depósito legal se convierte en una foto fija de algo sujeto a continua evolución. Para seguirle la pista a posibles modificaciones y nuevos recursos complementarios relacionados con los contenidos de este volumen, se remite a las personas interesadas al siguiente enlace: http://www.ugr.es/~mm3/hf/

En Orce (Granada), a 14 de agosto de 2010

Miguel Moreno

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Preámbulo

1. Utilidad de una «historia breve de la filosofía»

Cualquier estudiante universitario interesado en ampliar su nivel básico de cultura general encontrará en la historia de la filosofía una herramienta imprescindible para establecer relaciones entre ideas, autores y problemas interesantes. La capacidad para identificar elementos comunes a distintas épocas y ponerlos en relación con ciertos problemas —en su mayoría de carácter interdisciplinar— puede considerarse un buen indicador de madurez intelectual.

Conviene tener claro para qué sirve la perspectiva histórica en los problemas complejos. No es una cuestión de erudición y capacidad para impresionar a nadie con datos, nombres o citas (demasiado frecuente en lo que podríamos considerar folclore académico, pero de escasa utilidad para avanzar en el tratamiento del algún problema interesante). Tampoco es un asunto meramente sociológico o descriptivo, puesto que los mismos problemas pueden ser presentados de manera distinta en épocas diferentes. Más que yuxtaponer, lo que interesa es saber seleccionar el tipo de planteamiento más detallado, inteligente y original de un problema, para lo que se requiere un criterio medianamente elaborado.

El desarrollo de la capacidad para detectar las versiones más interesantes y bien pulidas de problema sobre los que muchos autores y corrientes han realizado aportaciones puede ahorrar mucho tiempo en discusiones inútiles, además evitar nos incurrir en los mismos errores que otros cometieron. El objetivo principal de una introducción breve a un dominio tan extenso y heterogéneo en contenidos como es la historia de la filosofía debería ser facilitar a quien la emprende una correcta identificación de puntos de referencia en las aportaciones y problemas básicos, suficiente para entender sobre qué se discute y qué alcance ha tenido un debate o planteamiento concreto.

Una aproximación histórica sirve también para identificar cuán efímeros han sido ciertos contenidos que entusiasmaron u ocuparon a los pensadores de algunas épocas, y las connotaciones obsoletas de la terminología asociada. Otros problemas, sin embargo, han sido objeto de aproximaciones reiteradas con nuevos ropajes conceptuales, lo que sugiere que probablemente estamos ante un problema genuino o un desafío interesante para personas reflexivas de cualquier época.

Naturalmente, la visión de conjunto sólo se completa si somos capaces de ubicar el problema sobre cuya trayectoria ya tenemos referencias en el marco actual de conocimientos, debates, autores y corrientes, tengan o no relación directa con la actividad filosófica institucionalizada.

La historia condiciona de manera radical el pensamiento humano. Exige prestar atención a las circunstancias que determinaron cambios importantes en los asuntos humanos y al papel que determinadas personas e instituciones jugaron en ellos. La perspectiva histórica ayuda a conocer las fuerzas, decisiones y resultados de dinámicas socio-culturales previas que explican dónde estamos. Sin una visión histórica de los problemas es imposible conocer en qué hemos progresado y qué limitaciones hubo que superar.

Otros elementos útiles para captar la importancia de la perspectiva histórica se destacan a continuación:

- Las principales líneas de pensamiento que podemos detectar en todas las culturas humanas evolucionan con los siglos, como lo hace la mentalidad personal desde la infancia hasta la madurez. El pensamiento no sólo es producto de individuos; cada grupo humano tiene su historia y modos de pensar peculiares, cuya evolución otorga relevancia a ciertos contenidos y deja obsoletos a otros.
- El pensamiento y las obras literarias, artísticas, científicas o religiosas están enraizados en la historia. Las circunstancias económicas, políticas, sociales, culturales, técnicas, etc. se reflejan de múltiples maneras, a pesar de los esfuerzos de los algunos autores por sustraerse a ellas. Esa es también una característica del pensamiento occidental y europeo.

«...las filosofías son su propia época expresada en pensamiento; pertenecen a su época y se hallan prisioneras de sus limitaciones: el individuo es hijo de su pueblo, de su mundo, y por mucho que quiera estirarse, jamás podrá salirse verdaderamente de su tiempo, como no puede salirse de su piel.»

Hegel, Lecciones de Historia de la Filosofía, I, 17-18.

- Los filósofos, autores y corrientes filosóficas no son fósiles intelectuales ni reliquias del pasado: sus ideas, incluso las que hoy parecen obsoletas, son una parte viva del pensamiento y patrimonio intelectual de la humanidad, quizás de nosotros mismos, aunque no lo sepamos. Pese a las limitaciones de cada época, reflejan un esfuerzo de búsqueda y aclaración que ha tenido múltiples concreciones en el pensamiento científico, en las manifestaciones artísticas, en las instituciones políticas y en los desarrollos jurídicos. Entre todos, constituyen nuestra «segunda naturaleza», nuestro «nicho ideológico» en sentido amplio, que hunde sus raíces hasta el sustrato cultural de la Grecia del siglo VI a.C.
- La Historia de la Filosofía puede parecer un bosque intrincado que cada lustro es incendiado y una y otra vez es repoblado: Aristóteles desmonta lo que Platón consideró sólido, Kant critica las ideas de Hume, Marx cuestiona y reinterpreta de modo radical aspectos de Hegel... Resulta difícil saber a qué atenerse. Pero no todo son hojas que caen: muchas permanecen durante siglos en el árbol, y otras muchas cambian de color pero se resisten a caer. Los avatares históricos pueden poner de moda a algunos con la misma facilidad con que relegan a otros.

2. Qué es la «historia de la filosofía»

Entendida desde el final, consiste en una visión de conjunto, más o menos esquemática, de los autores y corrientes relevantes.

Para Hegel, la filosofía tiene una unidad histórica: podría ser entendida como una aproximación hacia la verdad, por más recodos que encontremos en el camino. No es un mero cúmulo de opiniones, según las ideas caprichosas del pensador de turno. Cada filósofo depende en sus ideas, argumentos y estilo de los anteriores, y hace posible la transición al pensamiento que le sigue: las ideas surgen, luchan por su supervivencia y muchas pasan a formar parte de una trama compleja, pero casi siempre esbozando algún patrón reconocible en alguna dirección.

Suele admitirse que cuando los filósofos estudian y afrontan problemas, en algún sentido pretenden tender hacia la verdad como horizonte. Se aprecie o no progreso en esa dirección, y al margen de consensos sobre el esquivo concepto de verdad, un recorrido histórico por la filosofía muestra que ciertos interrogantes han resultado inevitables para muchos seres humanos dotados de cierta capacidad de reflexión: qué conocimientos podemos considerar fiables, las causas de los fenómenos naturales, la estructura del mundo físico y sus leyes, la complejidad del ser humano en relación con otros seres vivos, la libertad de acción y los valores morales, p.ej.

En cada época se ha concretado de manera diferente la confrontación o el diálogo entre fe y razón, entre filosofía y ciencia, entre cultura humanística y científico-técnica... Si no en la búsqueda de la verdad, al menos sí de soluciones más satisfactorias a ciertos problemas, o con mejores instrumentos conceptuales.

Por tanto, la historia de la filosofía es ya filosofía en un sentido claro: no consiste en una mera exposición histórica o erudita de ideas, corrientes y sistemas de pensamiento, sino en mostrar las dificultades inherentes a cualquier búsqueda de planteamientos correctos, herramientas conceptuales apropiadas y soluciones medianamente satisfactorias a ciertos problemas. Parte de ese esfuerzo se dirige a identificar elementos inconsistentes en planteamientos previos, por muy confortables que estos pudieran resultar para los intelectuales que vivieron y se educaron en el contexto cultural predominante en su época.

3. Escepticismo y perspectiva histórica

En filosofía, y por principio, todo es discutible: no se admiten enunciados sin haber sido previamente demostrados y razonados. Incluso los hechos históricos se discuten y pueden ser objeto de tantas interpretaciones como modos encontremos de justificar nuestras propias creencias. Filosofía e historia son inseparables. Casi siempre hay un componente histórico que explica la relevancia de ciertos problemas en una época, el entusiasmo que despertaron o las confrontaciones que originaron.

Una primera aproximación a la historia de la filosofía podría inducir a un escepticismo radical. No hay duda de que la filosofía aporta muchos elementos para desconfiar de las propias creencias y prejuicios; en este sentido contribuye a reforzar las actitudes escépticas y a desactivar enfoques dogmáticos. Pero también es cierto que hace falta cierta dosis de escepticismo para no conformarse con las fórmulas ya ensayadas y seguir indagando soluciones más satisfactorias a problemas interesantes. Esta actitud es compatible con una confianza notable en la razón y en las capacidades humanas para progresar en las respuestas y hallar soluciones más satisfactorias —aunque todas provisionales— a los problemas.

Seguramente es un indicio de optimismo ingenuo creer que cada persona que escribe con acierto sus reflexiones e intuiciones filosóficas aporta una pieza al puzzle que podríamos llamar verdad. Pero ni siquiera los filósofos más individualistas piensan aisladamente; lo habitual es que construyan sobre lo que otros hicieron, y que al hacerlo abran líneas de trabajo o materia de discusión para los que les siguen. Cuando se tiene claro que nadie posee la verdad absoluta es cuando se valoran como oportunos y necesarios casi todos los esfuerzos por aportar elementos útiles para aclarar aspectos parciales de un problema.[1]

En cierto sentido es obvio que cada época hace posible la siguiente. Los mismos elementos que explican la caída de un sistema pueden ser la base para el surgimiento de una alternativa más sólida. Por tanto, las corrientes de pensamiento son visiones parciales, nunca absolutas ni completas —si algún sentido tiene esto— de la realidad. No hay razón para hundirse en el escepticismo (porque hay progresos en los problemas, y muchos se resuelven con las herramientas lógico-conceptuales apropiadas o se disuelven); ni hay razón para ser dogmático (nadie en su sano juicio reclamaría el monopolio de la verdad).

Esté o no a nuestro alcance la verdad, y resulten más o menos obvios los progresos graduales o drásticos en alguna dirección, nada de ello se consigue sin esfuerzo constante, análisis y estudio detenido. La actitud filosófica consiste en un estado de alerta permanente contra la inercia de la tradición, el arrastre de las modas y el peso de los prejuicios. Estamos obligados a ser críticos, con nosotros mismos y ante el caudal de información dispersa y no contrastada que nos llega del exterior. Como seres humanos, ninguno deberíamos renunciar a ser filósofos, a mantener una actitud crítica permanente y a elaborar opiniones propias bien informadas, más allá de tópicos y modas culturales.

Nada es eterno, pero no todo resulta igual de efímero. Navegar por la historia de las ideas debería dotarnos de cierta capacidad para orientarnos acerca de los problemas y puntos de vista que menos acusan el paso del tiempo. Los contenidos prevalentes en una cultura determinada cambian según las épocas; pero es posible identificar los elementos más perdurables, las ideas más originales y vigorosas. En todas las épocas hubo personas con talento e inteligencia —e intereses muy similares a los nuestros—, que se enfrentaron, antes que nosotros, a problemas parecidos.

4. Significados de «filosofía» y su evolución

De forma algo vaga e imprecisa, se ha entendido literalmente por filosofía el «aprecio/amistad/afición [ filós ] a la sabiduría [ sofía ]». Y por filósofo, «el amigo de la sabiduría».

Pitágoras, a quien se atribuye la invención del término, no quería llamarse sabio, sino «amigo de la sabiduría». Según él, sólo los dioses son sabios. La sabiduría es la ciencia de los dioses, y la filosofía es la que está al alcance de los humanos.

Para Aristóteles, todos los seres humanos tienden por su propia naturaleza a conocer. El deseo de saber y conocer pertenece a la esencia humana; todo ser humano tiene algo de filósofo en lo más profundo de sí.

A lo largo de los siglos han variado el significado y los contenidos que se consideraban competencia de la Filosofía:

- Antigüedad: La Filosofía abarca todos los saberes y conocimientos de la época: Física, Matemáticas, Geometría, Astronomía, Teología, Medicina... Con los griegos comenzó específicamente lo que hoy consideramos filosofía, o al menos la actitud crítica y analítica ante ciertos problemas que consideramos racional.
- Cristianismo: Los autores cristianos se plantean si existe una verdad natural o racional distinta de la verdad revelada, si existen contenidos comunes a la Filosofía y a la Teología (Tomás de Aquino, p.ej.).
- Descartes (XVII): Entiende la Filosofía como un árbol, cuyas raíces son la Metafísica; el tronco, la Física; y, las ramas, cada una de las ciencias particulares.
- Siglo XVIII: En el período decadente de la Filosofía Escolástica, la filosofía queda reducida a la Metafísica. Ciencia y Filosofía se contraponen como dos órdenes de conocimiento completamente diferentes, un enfoque diferenciador que ha condicionado por mucho tiempo la ubicación institucional de estas materias en las universidades.
- Hoy, muchos siguen hablando de una filosofía global con dos corrientes predominantes: la filosofía analítica (centrada en el estudio del lenguaje, la lógica y la epistemología) y la filosofía metafísica o tradicional (centrada en las cuestiones clásicas de la filosofía, en la política, la moral, los sistemas metafísicos, etc.).

Sin embargo, el panorama actual es bastante complejo, con nuevas líneas de trabajo interdisciplinares que exceden los límites de las áreas tradicionales. Entre las ramas clásicas destacan:

- Metafísica: Se ocupaba de investigar la naturaleza y estructura de la realidad —ontología— y de conceptos como existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, etc. Pero su objeto de estudio y contenidos han variado notablemente, incluyendo hoy cuestiones como el tiempo y el espacio, la libre determinación de la voluntad, lo físico y lo mental, etc.).[2]
- Epistemología: S u equivalente inglés, epistemology, incluye el significado de la gnoseología clásica o teoría del conocimiento, puesto que epistemología [del griego ἐπιστήμη (episteme), "conocimiento", y λόγος (logos), "teoría"] es una rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento científico y la justificación de las creencias. La teoría del conocimiento estudia la naturaleza, origen y límites del conocimiento.[3]
- Estética: En su definición más breve, es el estudio de la belleza. En un sentido más amplio, se ocuparía de las experiencias estéticas y de los juicios estéticos. Pero, a partir del siglo XIX, puede referirse tanto a un tipo de objeto, como a un tipo de juicio, una actitud, un tipo de experiencia o una clase de valor. A lo largo del siglo XX surgen fuertes discrepancias acerca de su objeto de estudio, y se discute si las obras de arte son objetos necesariamente estéticos o no, cuál es la base perceptiva de los juicios estéticos, cómo entender la relación entre valores estéticos y experiencia estética, etc.[4]
- Ética: En síntesis, es la disciplina filosófica que se ocupa de la justificación racional de los juicios y normas morales. Analiza también los conceptos implicados en el razonamiento práctico: bien, deber, obligación, virtud, felicidad, vida buena, libertad, responsabilidad, etc.

Es frecuente la confusión entre ética y moral. El término ética proviene del latín ethĭcus, y este del gr. ἠθικός (transcrito: "êthos", que significa "carácter" (con el que se asocia ética) y también "costumbre" (con el que se asocia moral, del latín morālis y mos, que significa costumbre, como êthos). La moral se ocupa de la adecuación de ciertos comportamientos a códigos de conducta y normas vigentes en un determinado grupo, mientras que la ética se ocupa de reflexionar sobre la justificación racional de tales normas y conductas.

- Filosofía política: En este campo de la filosofía se analizan cuestiones básicas relacionadas con la política, los modos legítimos de gobernar y ejercer la autoridad, la organización de la vida social conforme a valores como la libertad, la justicia, la propiedad y el reconocimiento de ciertos derechos. La filosofía política se ocupa también de las obligaciones y responsabilidades de los ciudadanos en la vida pública, incluyendo las condiciones que justificarían la rebelión contra un gobierno legítimo.

Aparte de las disciplinas o ramas en las que la filosofía comenzó a diversificarse desde sus orígenes, con el paso del tiempo (y sobre todo durante los siglos XIX y XX) surgieron ámbitos de problemas específicos que requerían una atención especial. Se consolidan así nuevas disciplinas: Filosofía del lenguaje, Filosofía de la mente, Filosofía de la historia, Fenomenología y Existencialismo, etc.

En otros casos, la naturaleza interdisciplinar de ciertos problemas origina dominios híbridos donde Lógica, Matemáticas y otras áreas de la ciencia, p.ej., se ocupan de problemas comunes. Algo parecido ocurre en las zonas de intersección de Ciencias Políticas, Derecho, Sociología y Filosofía.

En ál ámbito práctico, la naturaleza interdisciplinar de problemas como la crisis ecológica y los impactos de la actividad humana en el entorno natural han dado origen a la Ética ambiental. Y los problemas específicos suscitados con la aplicación de diversas tecnologías biomédicas han originado la Bioética como ámbito de reflexión en rápido desarrollo .

Los contextos de trabajo interdisciplinares son cada vez más relevantes en la actividad filosófica, institucionalizada o no. En el estudio de un mismo problema podemos encontrar análisis y argumentos procedentes de múltiples tradiciones (idealistas, positivistas, naturalistas, etc.) y perspectivas (científico-técnica, anglo-americana, hermenéutica, utilitarista, etc.).

5. Cómo estudiar Filosofía

- Cada filósofo o sistema filosófico debe estudiarse dentro de sus circunstancias históricas, porque siempre el contexto histórico, además de las circunstancias biográficas, influye en el pensamiento. Conviene buscar conexiones históricas remotas y cercanas, las que nos dan perspectiva sobre los problemas de los que varios autores se ocupan.
- Conviene intentar establecer cierta empatía con cada autor y esforzarse por entender sus prioridades, circunstancias e ideas fundamentales. Sólo después de entenderle se le podrá criticar.
- Aprender a pensar desde lo que dicen los autores no tiene nada que ver con aprenderse de memoria lo que digan. No hay que olvidar que el objetivo es comprender y aclarar ideas. Se trata de mantenerse alerta contra argumentos inconsistentes, ideas confusas y términos oscuros o imprecisos.
- El estudio se lleva a cabo confiando en los propios conocimientos y capacidad de crítica, pues a partir de 14 ó 15 años cualquier persona con una formación mínima puede reconocer si un argumento resulta convincente o no. Nunca deberíamos adherirnos a ideas ajenas sólo porque fueron dichas por alguien con autoridad o porque muchos las comparten. Los individuos intelectualmente adultos personalizan sus ideas y las somete a examen crítico antes de aceptarlas.
- Los filósofos deberían ser leídos directamente en sus obras, no sólo a través de intermediarios o libros de texto. Esta suele ser una filosofía «enlatada», donde otros han seleccionado las ideas de interés, y no necesariamente con buen juicio.
- Tras leer a un autor, cada uno debería sacar sus propias conclusiones. Es la única forma de adquirir un pensamiento propio y maduro; de evitar el psitacismo y el refugio en expresiones hechas y lugares comunes. En filosofía conviene conocer y manejar los conceptos con precisión; y huir de las jergas huecas, sean librescas, de pandilla o de barrio.
- En la medida de lo posible, hay que procurar identificar las grandes cuestiones de cada época. En la historia de la humanidad, los problemas y discusiones pueden considerarse centrados en tres grandes focos:

a) El Mundo (ser, realidad, existencia, cosmos, naturaleza, etc.).
b) El ser humano (antropología, conocimiento, ética, política, estado, psicología, sociedad, etc.).
c) Lo divino (lo sagrado, el destino final, los movimientos religiosos, la Iglesia, etc.).

En la ANTIGÜEDAD, el mundo se reduce a cosmología; lo humano, a una antropología elemental, un principio de ética; Dios es simplemente un principio metafísico para hacer coherentes las explicaciones. El mundo resulta más importante que lo divino para pensadores como Aristóteles.

En la EDAD MEDIA, el mundo se reduce a sociedad política, y ésta a Imperio; el ser humano no se valora como ser independiente, sino como parte de la naturaleza; Dios es un poder sobrenatural que todo lo domina e invade, concretado en la religión como preocupación fundamental y la Iglesia como institución omnipresente y todopoderosa. Lo divino prevalece sobre el mundo y sobre lo humano en autores como Tomás de Aquino, p.ej.

Durante la EDAD MODERNA, el Estado surge como algo independiente de las instituciones de legitimación teológico-religiosa. Al ser humano se le valora por sus capacidades racionales y se inicia un proceso de secularización que va quitando preeminencia a lo religioso. Los asuntos humanos aparecen en primer plano, relegando en parte las preocupaciones teológicas y cosmológicas (Descartes).

En la EDAD CONTEMPORÁNEA se reconoce definitivamente la autonomía y el valor propio del mundo, y la ciencia se constituye en modelo de conocimiento riguroso y fiable. Al ser humano se le reconocen unos derechos inalienables, ligados a su dignidad e igualdad fundamental con sus semejantes. La Iglesia se independiza definitivamente del Estado en los países occidentales. El conocimiento técnico, en rápido desarrollo gracias a los continuos avances científicos, se concreta en numerosas aplicaciones que a menudo obedecen a propósitos de control y dominio social. La ciencia y la técnica comienzan a interesar como objeto de escrutinio y debate social.

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I.Origen de la Filosofía

1. Sobre el origen de la filosofía

No es cierto que los griegos inventaran de golpe —hacia el siglo VI a.C.— la filosofía, que lo hicieran sin influencia exterior y que desde Grecia se difundiera a toda la cultura occidental. En la India, en China e incluso en Egipto ya existió un pensamiento filosófico desde varios siglos antes, aunque tuviera características muy diferentes de lo que hoy podemos reconocer como pensamiento occidental. Incluso en Grecia la actitud filosófica ante los problemas no surge de repente, sino como producto de una lenta evolución.[5]

Los viajes de algunos de los primeros filósofos griegos a Egipto y Babilonia probablemente les pusieron en contacto con los conocimientos matemáticos y astronómicos que sirvieron de base a las primeras explicaciones racionales de los fenómenos naturales. Pero parece claro que no fueron meros transmisores de la sabiduría oriental, puesto que en la civilización griega se desarrolló notablemente más que en sus lugares de origen.

Por otra parte, los conocimientos que pudieron adquirir los primeros filósofos griegos en Egipto, China o Babilonia difícilmente habrían estado libres de adherencias míticas, literarias, religiosas o pseudocientíficas. Aún así, fueron útiles para iniciar una dinámica donde los elementos simbólicos, imaginativos o sobrenaturales quedaban relegados en las explicaciones, en favor de otros más fácilmente vinculables a fenómenos naturales. Esa dinámica resultó fortalecida en los contextos sociales, económicos, culturales y geográficos de las primeras ciudades y colonias griegas, donde personas de distinta procedencia geográfica y cultural intercambiaban puntos de vista sobre problemas similares.

Como sostiene Cornford, probablemente muchos elementos procedentes de las narraciones míticas y de textos poéticos o religiosos podían ser aprovechados y reinterpretados en explicaciones menos especulativas y conceptualmente más rigurosas, cuyas primeras versiones en poco se diferenciaban de las teogonías y relatos esotéricos o míticos.[6]

2. Contextos geográficos y políticos del pensamiento en Grecia

a) MILETO: Como sostiene Nestle, «la filosofía no nació en un lugar tranquilo, sino en Mileto, el mercado del mundo antiguo, en el que los pueblos del Mediterráneo procedían al intercambio de sus mercancías; y los más antiguos pensadores no fueron ascetas alejados del mundo, sino hombres bien situados, curiosos y abiertos al mundo, políticos en parte.»[7]

— La sociedad griega primitiva era fundamentalmente rural y aristocrática. La nobleza terrateniente tenía todo el poder económico y político. Los nobles eran también los protagonistas de la guerra porque sólo ellos poseían caballos y armas. El prototipo humano era, pues, el noble, y sus cualidades eran el modelo a imitar para los ciudadanos de entonces: fuerza (“virtud”), valor, independencia. Los pobres no tenían más alternativa que el exilio o la colonización de nuevas tierras de cultivo en el extranjero.
— Las tierras fértiles de Asia Menor y del sur de Italia eran el destino más deseado por estos colonos (un equivalente de «las Américas» para los españoles del siglo XVI). La actividad colonizadora se centró primero en Jonia (s. -VII y -VI), donde surgen ciudades prósperas con una rica civilización: Mileto, Samos, Éfeso, etc. Mileto fue la más importante de todas, verdadero imperio marítimo orientado hacia el Mar Negro. Esta y otras ciudades tienen en común la prosperidad económica, el desarrollo artesanal y un intenso comercio marítimo; formas políticas más tolerantes que en Atenas; ruptura con muchas tradiciones griegas y apertura a otras culturas (las orientales), en las que hallaron un enorme caudal de conocimientos e ideas desde las que relativizaron sus propias creencias y saberes. En Mileto coincidían gentes de todos los países, interesadas en comentarlo y discutirlo todo, en iniciar nuevas empresas cada vez más ambiciosas.
— En este ambiente surge la filosofía: «Los griegos transmitieron como ningún otro pueblo la enseñanza de cuándo se debe empezar a filosofar. No ciertamente en la miseria —contra lo que muchos creen— sino en plena prosperidad, en una virilidad madura, en el seno de una generación valiente y joven» (Nietzsche).

b) ITALIA MERIDIONAL (Elea, Crotona): Fue el otro destino de las colonizaciones, atractiva por su cercanía, clima suave y fertilidad. Su prosperidad económica atrajo diversas iniciativas políticas, sociales, filosóficas y artísticas. Pero la democracia tardó mucho más en llegar que en Grecia. El sur de Italia floreció sobre todo cuando la invasión persa hizo difícil la vida en Jonia, y los mejores filósofos de entonces se desplazaron a esta «Magna Grecia» (lo que hoy es el sur de Italia y Sicilia).

— Mientras, en Atenas y otras ciudades griegas se producían cambios importantes: la nobleza perdió poder político porque no era la única que intervenía en la defensa de la ciudad: los soldados rasos y los remeros adquirieron un papel decisivo en la guerra. A comienzos del siglo VII a.C. tuvo lugar una importante revolución económica: los terratenientes ceden ante el empuje económico del comercio y la pequeña industria artesanal, siendo los nobles desplazados en el protagonismo social y político por estos nuevos ricos. Estallan algunas rebeliones sociales exigiendo el reparto de las tierras y la condonación de las deudas. Surgieron algunos tiranos (Dracón, Solón, Pisístrato e hijos, Clístenes...) que se amparaban en el descontento popular para desplazar a los nobles y fortalecer el Estado. Esto preparó el terreno jurídico y social para la democracia. Casi todos los tiranos ejercieron un importante mecenazgo literario, artístico e intelectual, lo que explica que algunos filósofos prefirieran la tiranía a la democracia como régimen político.

c) ATENAS: Mileto fue destruida en el 494 a.C. por los persas, pero Atenas consiguió rechazar la invasión (guerras médicas), lo que le proporcionó un largo período de cierta estabilidad y tranquilidad. Sus únicos rivales eran Esparta y otras ciudades griegas, con las que mantenía un difícil equilibrio.

— Cambian los ideales sociales: el deseo de independencia y libertad prevalece sobre el de poder; la igualdad de todos (democracia) se valora más que la admiración por el «héroe de guerra» o el noble; y se tiene conciencia de que es preciso obedecer las leyes para el buen funcionamiento de la ciudad, frente al individualismo anterior.
— La ciudad es el centro de todo Estado independiente. La ciudad ideal no debe ser muy grande (unos 5.000 hab.), pues todos deberían conocerse. Ofrece refugio en caso de guerra y es el centro de toda la actividad económica, social y política; proporciona escuelas, mercados, gimnasios, templos, teatros y todo lo que hombres o mujeres necesitan para realizarse como tales.
— La democracia implica, al menos en teoría, que «todos son iguales ante la ley» (isonomía) y que «todos tienen derecho a intervenir en la asamblea de ciudadanos» (isegoría). Todos los ciudadanos pueden participar en la Asamblea, que es soberana (a diferencia del sistema representativo actual, en el que sólo intervienen los representantes —diputados— y estos forman una clase aparte, la clase política, distinta de los ciudadanos y con privilegios económicos y legales notables). El Consejo y los magistrados tienen sus funciones de gobierno pero están sometidos al control de la Asamblea para evitar las intrigas y su constitución en grupos de poder.
Estructura social: El funcionamiento de la sociedad griega descansaba sobre todo en los esclavos (75%), que normalmente eran bien tratados pero carecían de todos los derechos de los ciudadanos libres (estos sólo eran un 25% de la población). Muchos ciudadanos eran propietarios de tierras, pero no ejercían trabajos físicos o actividades remuneradas porque entre ellos estaba mal considerado. Valoraban enormemente el ocio y sabían sacarle partido. Pero la mayoría contribuía con cierta cantidad diaria al sostenimiento de los magistrados, jurados, soldados e incluso de otros ciudadanos. Por eso la vida pública ocupaba casi toda la actividad del ciudadano ateniense. La mujer permanecía en la casa, marginada de lo público y sin salir apenas. Cuando el varón volvía a casa, era frecuente organizar banquetes con los amigos hasta muy tarde, en los que se comía, bebía, escuchaba música y se hablaba de política, arte, filosofía, etc.
Economía: Atenas impuso su economía, sus productos, sus gustos y estilo en toda Grecia. Atrajo a muchos extranjeros (metecos, casi un tercio de la población) que eran bien acogidos y se quedaban a vivir allí. Los metecos carecían de derechos políticos y no podían adquirir tierras ni casas, pero en todo lo demás se les trataba como a ciudadanos. Como actividad, sólo les quedaba el comercio, los pequeños oficios o las artes. Todo sabio, artista o literato griego pasaba antes o después por Atenas.

Estas características explican por qué Atenas se convirtió en el centro del pensamiento filosófico. Además, la religión tradicional había perdido vitalidad, los mitos sólo servían para inspirar a poetas o artistas y no existía una clase sacerdotal organizada encargada de velar por la ortodoxia, puesto que tampoco tenían libros sagrados cuyos preceptos respetar. La ausencia de dogmas favoreció el pensamiento libre.

En este contexto, se entiende que a los primeros filósofos griegos les interesaba sólo el conocimiento por sí mismo, por afán de curiosidad, sin pretensión de hallarle aplicaciones prácticas en la vida. Es una reflexión que surge del ocio y del escaso aprecio del trabajo productivo, por lo que será fuertemente especulativa y teórica. No debería sorprender, por tanto, su escasa contribución al avance de las técnicas (los esclavos servían de herramientas).

d) ALEJANDRÍA: El final de la época «clásica» en Grecia se produjo por las continuas luchas internas entre las principales ciudades griegas, que perdieron paulatinamente su independencia. Sin embargo, la cultura helénica no dejó de expandirse por el resto de las civilizaciones orientales, al mismo tiempo que asimilaba muchos elementos exóticos de tales culturas. Si la cultura griega clásica se centró en la pólis, la sociedad helenística se centrará en la monarquía. Casi todos los filósofos de esta época —siglo IV a.C.— elaboran alguna teoría sobre la monarquía, y algunos apuntan incluso a la idea de un rey sabio con poder sobre todo el mundo. El pueblo consideraba al rey representante de la divinidad y le rendía culto. La felicidad y el bienestar de los ciudadanos ya no eran vistos como fruto de la democracia, sino como beneficios conquistados por el rey para sus súbditos. Al rey le llamaban “bienhechor” (evergetes) e incluso “salvador” (sotér). Ya no está de moda el ideal del hombre libre propio de la época anterior. La libertad ahora se entiende más bien como libertad «interior» (según los estoicos), pues el único hombre verdaderamente libre es el rey o soberano: de él emana toda ley y personifica el poder divino.

— La ciudad sufre importantes modificaciones. Se fundan numerosas e importantes ciudades como parte de la política helenizadora, entre ellas Alejandría, en Egipto. Griegos y extranjeros conviven en estas ciudades, aunque bajo la lengua, cultura y costumbres griegas. El clima económico es próspero y en todas partes se nota la presencia de una burguesía acomodada y culta, celosa de sus privilegios. No se puede hablar, pues, de auténtica democracia. Además, al rey se le tienen que pagar tributos y por todas partes debe soportarse la presencia vigilante de un representante real o de la guardia real. La corte y la burguesía son los más beneficiados en todo este sistema. El alto nivel de vida de la burguesía explica la importancia y extensión de las preocupaciones culturales: se multiplican las escuelas, también las mujeres reciben educación y los más ricos envían a sus hijos a estudiar a Atenas, en contacto con los mejores sabios y oradores del mundo conocido.

— El contacto con las culturas orientales supone una transformación de la religiosidad popular: junto al culto al rey se introducen tradiciones de Asia Menor (Atis y Cibeles) y de Egipto (Isis y Osiris). El arte abandona los modelos de belleza clásica (Apolo, Venus) y refleja más la pasión desenfrenada, el movimiento y lo irracional del ser humano. Los ciudadanos ya no se sienten arropados por su pequeña ciudad-estado, donde todos se conocían. Ahora son «ciudadanos del mundo» (cínicos, estoicos), y buscan en las religiones o en la filosofía su seguridad personal.

Por eso la filosofía de ahora se centrará en las cuestiones de mayor interés personal: la ética y la felicidad (estoicos, epicúreos). En la cultura, ya no domina la razón y desaparecen las referencias clásicas tradicionales. Atenas sigue siendo el centro de la filosofía, pero otras ciudades le disputan el liderazgo cultural y científico. Alejandría, con sus impresionantes Museo y Biblioteca, era el modelo a seguir. Pero allí, más que filosofía se producía ciencia. Rodas y Pérgamo también disputaban el protagonismo filosófico.

3. Etapa prefilosófica: condicionantes socioculturales

Como hemos visto, ciertas condiciones socioculturales favorecieron el surgimiento de la filosofía en Grecia.

a) Una sociedad aristocrática, agrícola y guerrera, estructurada en dos clases: nobleza (con una vida placentera durante la paz y de liderazgo en la guerra) y pueblo, fundamentalmente dedicado a la agricultura y la ganadería.

b) Ideales morales: Los nobles son los únicos que poseen la virtud. Valores supremos: linaje (el de buena familia es el noble; el de origen plebeyo, malo y vulgar); éxito (fracasar es vergonzoso y merece castigo); fama. En esta sociedad hay poco lugar para la justicia, que supone igualdad en derechos y obligaciones.

c) La religión griega: Los griegos no tenían una institución sacerdotal estable que mantuviese una ortodoxia doctrinal, ni existían libros sagrados o sistemas educativos organizados. Sólo contaban con los poemas de Homero y Hesíodo, que junto con los aedos eran los únicos educadores. Fueron los poetas quienes dieron a los griegos la identidad de pueblo que les unió en un principio, quienes proporcionaron los libros de texto en los que se educaron generación tras generación. De ellos aprendían la moral (valores descritos) y la teología (mitología).
Los poetas reflejaban las creencias de los griegos y, mediante narraciones simbólicas (mitos) la interpretación antropomórfica de sus dioses (su organización jerárquica con Zeus a la cabeza y sus comportamientos, coherentes con la organización social y el código ético de la nobleza). La conducta de los dioses (robos, adulterios, engaños, etc.) reflejaba la moral aristocrática más extendida. De Homero (La Ilíada, la Odisea) y Hesíodo aprendían todo lo que creían necesario saber sobre historia, geografía, navegación, arte militar, cosmología, etc.

d) En las sociedades donde hay libros sagrados y dogmas, la posibilidad de crítica a estas doctrinas es escasa o nula (supone enfrentarse con las instituciones y autoridades del momento, como sigue sucediendo hoy. La dinámica actual de los partidos políticos, p.ej., responde a este esquema en ciertos aspectos: tienen sus propios «libros sagrados», «autoridades incuestionables», «tabúes», «disciplina de voto»...).
Para los griegos eran menos importantes las creencias que las prácticas de culto. Por eso, ante la falta de coherencia de las narraciones míticas o de sus versiones poéticas, aparecieron intentos de interpretaciones alegóricas o racionalistas de los mitos. Aunque no tenían una ciencia tan desarrollada como los chinos o los egipcios, habían creado una amplia mitología con la que intentaban explicarlo todo. A partir del siglo VI a.C. se desconfía de los mitos y se multiplican los esfuerzos por elaborar explicaciones más rigurosas de los fenómenos naturales, lo cual muchos consideran el inicio de un nuevo tipo de reflexión, el pensamiento racional. Por lo tanto, fue la insuficiencia de la religión y la mitología griegas lo que hizo posible la aparición de un estilo de pensamiento más riguroso y consistente: la explicación racional, la filosofía.

e) Pero es incorrecto afirmar que se produjo, sin más, la sustitución del mito por la reflexión racional. Ya en Homero y Hesíodo encontramos explicaciones no antropomórficas —es dedir, no «míticas»— similares a las de los primeros filósofos griegos: «el océano es el “generador de dioses”» y «la génesis de todas las cosas» (Homero) —precedente de Tales, según Aristóteles—; y Hesíodo narra una cosmogonía (el mundo surge de una separación entre el cielo y la tierra, tras la que aparece el amor como fuerza dinamizadora) antes de su teogonía. Cornford ve en estos relatos los esquemas básicos de reflexión con los que trabajaron los primeros filósofos. La filosofía dará pasos adelante, pero en continuidad con las explicaciones cosmológicas no antropomórficas contenidas en los relatos mitológicos y poéticos.

f) Antes de los primeros filósofos griegos, hubo numerosos sabios durante los siglos VII y VI a.C. cuyas máximas o dichos breves (refranes) habían calado en la cultura popular (“conócete a ti mismo”; “nada en demasía”...). Platón cita a siete: Tales de Mileto, Pittaco de Mitilene, Bías de Priene, Solón, Cleóbulo de Lindos, Misón de Quenea y Quilón de Lacedemonia (Protágoras, 343 d). Además, estaban los poetas líricos de los siglos VII y VI a.C., cercanos tanto a la figura del sacerdote y el adivino como al filósofo.

En la Grecia preclásica, era inútil distinguir entre poetas y filósofos. Los poetas eran los primeros interesados en captar la esencia de las cosas, lo cual constituyó el principal objetivo de la investigación filosófica hasta el siglo XVII. De hecho, poetas como Parménides, Empédocles y Jenófanes se estudian más como filósofos que como poetas. Y otros poetas como Píndaro se consideraban a sí mismos «sabios».

g) Finalmente, cada vez se acepta más la influencia de la ciencia egipcia y babilónica en los sabios griegos, algo que ya reconocían algunos de los primeros filósofos griegos. No obstante, será mucho más tarde cuando los neopitagóricos y neoplatónicos destaquen la importancia de este influjo. Tales, p.ej., era de origen fenicio, viajó a Asia y tomó muchas de sus ideas de sacerdotes egipcios. Aunque las técnicas egipcias o babilónicas no tuvieran apenas influencia en la civilización griega, sí es muy posible que la tuvieran otros elementos teóricos y simbólicos.[8]

4. Etapa filosófica: condicionantes socioculturales

A partir del s. VII a.C. el comercio adquirió gran importancia en Grecia y se produjo una transformación social considerable.

a) Aparece la moneda, que transforma toda la economía, y con ella se crea un sistema abstracto de referencia donde el «valor» de las cosas no se basa en preferencias subjetivas. Impulsó el cálculo matemático (las matemáticas financieras para calcular intereses en los préstamos, entre otras cosas).
b) Los viajes proporcionan nuevos conocimientos geográficos, técnicos, antropológicos y sociales. Para los más inquietos, la sabiduría popular y el saber ordinario heredado de los poetas antiguos resulta anticuado e insatisfactorio: quedan desfasados los valores guerreros y aristocráticos a medida que la justicia el derecho se consolidan como base de los intercambios comerciales. El conocimiento de otros pueblos muestra que cada cultura se representa los dioses de modo diferente. Por tanto, ni la interpretación del universo ni los principios de la convivencia social pueden descansar sobre bases mítico-religiosas. Es preciso encontrar fundamentos racionales, menos arbitrarios. La apertura a otras culturas supuso tanto un enriquecimiento como una relativización crítica de la propia cultura, lo cual creó un ambiente social propicio para la libre expresión de ideas y creencias.
c) La ciudad abierta y tolerante (pólis), contribuyó al desarrollo de la filosofía. «La filosofía es la hija de la ciudad y de la democracia» (F. Châtelet). Los ciudadanos libres no reconocían más leyes que las que ellos aprobaban; discutían en común las decisiones a tomar y, para resolver conflictos privados, se sometían al arbitraje de los tribunales. Sólo se sometían a un soberano abstracto, público y comprensible: la ley (nómos). Ni en las civilizaciones rurales ni en los grandes imperios asiáticos, donde los ciudadanos estaban sometidos a los deseos caprichosos del soberano, el pensamiento filosófico podía encontrar un contexto favorable. La ley escrita emanada del pueblo en decisiones democráticas constituyó en Grecia un elemento de referencia racional sobre el que discutir.
d) Condiciones socioeconómicas: Las libertades y derechos que gozaban los ciudadanos, el ocio que les permitía dedicar sus mejores horas a teorizar y discutir con otros ciudadanos en el ágora (plaza pública), descansaban sobre una población mayoritaria de esclavos (75%) que realizaba las actividades manuales y el trabajo físico despreciado por los demás ciudadanos. Esto explica el escaso desarrollo de las técnicas y las ciencias aplicadas, como la física o la química, en Grecia —con excepciones tan notables como Arquímedes—, a diferencia de lo que sucedía en China o Egipto.[9]

Para resumir:

- La filosofía surge en Grecia en parte como crítica a la sabiduría popular, a la tradición y al mito.
- La crítica al mito se lleva a cabo en todos los frentes: moral, social, teología, astronomía, geografía, cosmología, etc.
- Tuvo sus precedentes en los relatos míticos, religiosos y poéticos.
- Se vio favorecida por un contexto económico, social, político y cultural abierto, próspero y tolerante.

5. El paso del mito al lógos

Una curiosidad insaciable, existente en todos los grupos humanos, llevaba a los griegos a preguntarse por el movimiento del sol, la luna y las estrellas. A todo querían encontrarle un principio fundamental que proporcionara una explicación global de lo que sucedía, incluyendo todo lo que podía afectar a los humanos. Para explicar globalmente la realidad y sus fenómenos elaboraron múltiples respuestas.

Cuando entre las muchas respuestas posibles se prefirió la explicación racional a la explicación mítica, tuvo lugar el nacimiento de la filosofía.

La pregunta por el universo, por la naturaleza, por su origen y la causa de sus procesos era una pregunta racional, basada en análisis detenido y que requería razones verosímiles. No bastaba el recurso a una leyenda mitológica para convencer.

MITO:

Es un conjunto de narraciones tradicionales (poéticas, simbólicas, religiosas) acerca del mundo, los seres humanos, los dioses y la naturaleza. Tienen una pretensión común de explicar globalmente la realidad y los enigmas más acuciantes sobre el origen y naturaleza del universo, la organización social, el desarrollo o sentido de una civilización y sus logros técnicos. Pero la filosofía racional no renunciará a esta pretensión de explicación total, de buscar respuestas últimas para la complejidad de lo real.

- El mito consiste también en una actitud intelectual ante la realidad: Las fuerzas naturales (fuego, viento, terremotos, huracanes) se personifican y divinizan, responsabilizando a dioses de los acontecimientos y sucesos.
- No se aportan pruebas de lo que se afirma. Aparecen muchos elementos imaginativos, simbólicos o emocionales. Una tempestad se desata porque Zeus se enfurece; el buen tiempo se debe a que la diosa de la fertilidad ha decidido que haya buena cosecha, etc.
- Las explicaciones de este tipo resultan todas arbitrarias, propias de una mentalidad precientífica. El orden natural y los hechos atmosféricos o meteorológicos requieren una explicación racional que los haga previsibles; no basta el lenguaje poético o mítico ni la voluntad antojadiza de los dioses, por más que ésta se someta al destino u otras fatalidades. Contra el destino, nada pueden los hombres ni los dioses (Edipo).
- En este marco, la ciencia resulta imposible. No se concibe la ciencia sin leyes o regularidades en la sucesión de los acontecimientos. ¿Cómo descubrirlas, si por principio se niega su existencia? La filosofía criticará la arbitrariedad de las intervenciones divinas, y despoja a la idea de necesidad de su carácter ilógico, misterioso y fatalista, para adecuarla a la racionalidad de lo real.
- Los mitos abordan el problema del origen del mundo y del funcionamiento de la naturaleza. Las respuestas mitológicas apelan a dioses engendrados que hacen o moldean el mundo, pero dejan sin explicar su origen último.
- Todos los sucesos dependen del capricho de los dioses en el pensamiento mítico, mientras que los filósofos buscan el principio (arjé) último y eterno que todo lo originó y que, por tanto, debería seguir presente en todo. La pregunta fundamental es por la naturaleza (physis) de las cosas: ¿ cuál es la realidad permanente y última detrás de lo que se ve, oculta tras lo que percibimos con nuestros sentidos? Lo que se busca es una interpretación del universo que explique, mediante un primer principio no imaginativo ni poético, de dónde proviene todo lo que podemos observar, porque del no-ser, de la nada, no puede surgir un la realidad tan compleja como la que tenemos a nuestro alcance en este universo.

LÓGOS:

En oposición a mito, significa explicación racional. Los elementos poéticos, simbólicos, imaginativos y emocionales habituales en las narraciones mitológicas quedan excluidos (o relegados a la condición de ejemplos y metáforas de carácter pedagógico) para mostrar el lógos o elemento racional (principio, causa) que explica las cosas.

- Se plantean preguntas para las que se buscan respuestas concretas, p.ej.: ¿Cuál es el origen del universo? La respuesta exige aportar elementos físicos (agua, fuego, aire, tierra) bien conocidos y presentes en la naturaleza, no religiosos, poéticos o sobrenaturales.
- Los dioses son eliminados como parte de la explicación racional. Entre las causas del mundo y de sus procesos se busca la principal, el principio (del griego ἀρχή, transcrito arkhé) que gobierna el nacimiento y desaparición de las cosas (día-noche, estaciones, movimiento de los astros...).
- La idea de “necesidad” sustituye al capricho divino en la explicación de los acontecimientos: las cosas no pueden suceder porque los dioses quieran, sino porque debe existir una ley u orden en el mundo que los provoque y explique. Las cosas suceden cuando y como tienen que suceder.
Quien conoce con detalle la realidad puede influir significativamente en el curso de los acontecimientos, un elemento característico de la cultura occidental que quizás explique el auge de la ciencia en ella, a diferencia de lo ocurrido en otros contextos culturales.
- Se descubre el orden y armonía existente en la naturaleza: sus movimientos son regulares y cíclicos; en los fenómenos se aprecian proporciones constantes... Se deduce, además, que el orden y las leyes existentes en la naturaleza no vienen de fuera, no responden al capricho de los dioses: el mundo es un cosmos ordenado y bello, no un caos. Los misterios de la naturaleza deben ser explicados desde ella misma.
- Adquiere importancia de la noción de esencia, sinónimo de cualidades permanentes y constantes en las cosas: la esencia de algo es lo que permanece a pesar de los cambios de apariencia. Así cobran interés para la reflexión los conceptos opuestos: permanente-cambiante; esencia-apariencia; lo idéntico-común entre objetos del mismo género, frente a las diferencias-peculiaridades. La esencia supone unidad en las cosas, frente a la multiplicidad de sus estados o apariencias y la diversidad de individuos.
- Conocer será captar lo común y permanente de las cosas, y los griegos pensaban que los sentidos no bastaban para proporcionar tal conocimiento. Los sentidos sólo muestran lo mudable, aparente y cambiante de las cosas. Se requiere un esfuerzo intelectual para captar la naturaleza y el ser de las cosas. Por tanto, la dualidad entre razón-sentidos será motivo de discusiones frecuentes. Para los primeros filósofos griegos, las matemáticas y la geometría serán disciplinas instrumentales necesarias para aproximarse a la estructura y proporciones de la realidad:

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- Si existen esencias o cualidades permanentes que definen los objetos, un ejercicio importante será clasificarlos en géneros (minerales, plantas, animales, seres racionales), resultado de elementos constituyentes cuya combinación explica toda la realidad (en el mismo sentido en que afirmaríamos hoy, p.ej., que el ADN es común a todos los seres vivos).
- Todo el universo se reduce a uno o muy pocos elementos fundamentales, una estrategia simplificadora que a partir de entonces será muy común en toda investigación racional sobre las causas de fenómenos complejos. La búsqueda de los primeros principios de lo real se convierte en tarea común para la física y la metafísica en los orígenes de la filosofía.

En síntesis, la filosofía comienza cuando los elementos míticos son sustituidos por elementos racionales, lógicos o naturales en las explicaciones. Homero y Hesíodo son dejados a un lado como autoridades científicas (aunque hablar en contra de personajes tan destacados en la tradición griega conlleve acusaciones de desprecio a la autoridad política). Los mitos dejan de ser considerados fuente de conocimiento científico, porque cada pueblo tiene los suyos, diferentes a los demás y a menudo incompatibles entre sí.

La idea de necesidad sustituye a la arbitrariedad impuesta por el capricho de los dioses. Se descubre la constancia de ciertas leyes (temperatura de ebullición y congelación del agua, peso de un material que flota...). Y se supone que debe existir un principio último de todo lo real.

6. El concepto griego de «naturaleza»

En una primera acepción, naturaleza (gr. φύσις) abarca el conjunto de seres y elementos que existen en el universo, exceptuando las cosas producidas por humanos. Entendida globalmente, naturaleza es sinónimo de totalidad del universo conocido.

Se emplea para referirnos también a clases o conjuntos de cosas (la «naturaleza humana»). Aquí, naturaleza significa lo que las cosas son, su esencia y modo de ser que permanece constante.

Otros aspectos a considerar en relación con el concepto griego de naturaleza:

- Relación estrecha entre naturaleza y necesidad. El universo es una realidad ordenada, un cosmos regido por leyes. Esto implica que cada uno de sus objetos (minerales, astros, seres vivos...) está en el lugar que le corresponde. La naturaleza de cada ser determina su lugar en el universo, sus funciones y comportamiento.
- La naturaleza es dinámica. Los astros, seres, objetos y procesos responden a una dinámica propia, como podemos observar en la sucesión ordenada de las estaciones. Por tanto, negar el cambio y el movimiento supone negar un aspecto esencial de la naturaleza (lo que explica la rigidez de los argumentos que encontramos en Parménides).
- La dinámica y movimiento de la naturaleza son algo intrínseco, propios de cada tipo de ser u objeto natural. Esto diferencia a los seres naturales de los objetos artificiales fabricados por humanos. Para los griegos resultaba más fácil concebir el universo como un organismo viviente que como una máquina con movimiento propio (la analogía más utilizada para referirse a la naturaleza a partir del siglo XVI).
Algunos aspectos ligados al modo de entender la naturaleza siguen vigentes en la confrontación actual entre enfoques ecocéntricos y antropocéntricos, a propósito de cuestiones como el cambio climático y los efectos de una crisis ecológica de dimensiones planetarias. Para muchos autores, este debate ayuda a comprender los excesos de una mentalidad científico-técnica, pragmática y economicista que ha despreciado imprudentemente otros muchos valores presentes en la compleja noción de naturaleza que esbozaron los griegos.

[...]


[1] Otros comentarios al respecto en Abbagnano N (1994: 4-10.

[2] Para ampliar, cfr. Peter van Inwagen, "Metaphysics": The word ‘metaphysics’ and the concept of metaphysics | The “old” metaphysics | The “new” metaphysics. Cfr. también Craig Edward (1998). Metaphysics.

[3] Para ampliar, cfr. epistemology y epistemología .

[4] Para ampliar, cfr. The Concept of the Aesthetic , Aesthetic Judgment y Estética.

[5] Cornford, 1957.

[6] Sobre este aptdo. puede consultarse también http://www.webdianoia.com/his_fil/origen.htm.

[7] Nestle, 1961.

[8] Farrington, 1974.

[9] «Lo que se conoce por artes mecánicas lleva consigo un estigma social, y con razón se considera deshonroso en nuestras ciudades; pues tales artes dañan el cuerpo de quienes trabajan en ellas y de quienes actúan como supervisores, porque les imponen una vida sedentaria y encerrada y, en algunos casos, les obligan a pasar el día junto al fuego. Esta degeneración física redunda también en perjuicio del alma. Además, los operarios de estos oficios no disponen de tiempo para cultivar la amistad y la ciudadanía. En consecuencia, son considerados como malos amigos y malos patriotas, y en algunas ciudades, especialmente en las guerreras, no le es lícito a un ciudadano dedicarse a trabajos mecánicos» (Jenofonte, Oeconomicus, IV, 2-3).

Final del extracto de 152 páginas

Detalles

Título
Historia de la Filosofía: Introducción
Subtítulo
Volumen 1: Presocráticos, Platón, Aristóteles, Filosofía Helenística
Universidad
University of Granada
Autor
Año
2010
Páginas
152
No. de catálogo
V155984
ISBN (Ebook)
9783640690077
Tamaño de fichero
1921 KB
Idioma
Español
Notas
Etiqueta
historia filosofía ética epistemología teoría política
Citar trabajo
Doctor Miguel Moreno Muñoz (Autor), 2010, Historia de la Filosofía: Introducción, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/155984

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