Esta investigación tiene como objetivo sentar las bases para la regulación de las relaciones laborales transfronterizas mediante el uso de internet y formular una propuesta en el ámbito internacional. En un contexto globalizado, donde las tecnologías digitales han transformado radicalmente las dinámicas laborales, resulta esencial que el derecho evolucione para adaptarse a estas nuevas realidades del siglo XXI.
Contenido
Agradecimientos
Resumen
Abreviaturas
Introducción
Capítulo I Marco teórico
1.1. Objetivos de la investigación
1.2. Preguntas de investigación
1.3. Hipótesis
1.4. Metodología
1.9. Estructura de la tesis
Capítulo II Teorías Relevantes En Derecho Laboral, Globalización, Tecnología y Regulación Internacional
2.1. Introducción
2.2. Origen y evolución del derecho laboral
2.3. Principios fundamentales del derecho laboral
2.4. Derecho colectivo del trabajo
2.5. Teorías modernas del derecho laboral
2.6. Evolución del derecho laboral y su aplicación al teletrabajo
2.7. Surgimiento del teletrabajo: desafíos regulatorios
2.8. Teoría de la justicia social y su aplicación al teletrabajo transfronterizo
2.9. Principios de justicia social: igualdad de oportunidades y equidad
2.10. Teletrabajo: una nueva realidad laboral
2.11. Redistribución de recursos en el teletrabajo: propuestas y soluciones
2.12. Teoría del dumping social y la competencia desleal
2.13. Soluciones para combatir el dumping social en la economía digital
2.14. Globalización y economía del trabajo: impacto en el teletrabajo transfronterizo
2.15. Impacto de la globalización en el teletrabajo transfronterizo: perspectiva a futuro
2.16. Diversificación de las formas de trabajo y nuevos modelos laborales
2.17. Desafíos económicos y sociales del teletrabajo transfronterizo
2.18. Respuestas y propuestas de solución
2.19. Tecnología y teletrabajo: transformación de las dinámicas laborales
2.20. Impacto de las TIC en el teletrabajo transfronterizo
2.21. Desafíos en la internacionalización del trabajo remoto
Capítulo III Análisis de la Legislación Actual - Evaluación de leyes y regulaciones nacionales e internacionales sobre el teletrabajo transfronterizo
3.1. Introducción
3.2. El teletrabajo en México: marco normativo actual
3.3. Regulaciones en otras partes del mundo
3.5. El teletrabajo transfronterizo y los desafíos de jurisdicción
3.6. Protección social y el teletrabajo transfronterizo
3.7. El dumping social y la competencia desleal en el teletrabajo transfronterizo
3.8. Propuestas de mejoras en la regulación del teletrabajo transfronterizo
3.9. Normativas sobre la protección de datos en el teletrabajo transfronterizo
3.10. La protección del derecho a la desconexión en el teletrabajo
3.11. Impacto de las tecnologías de la información en la regulación del teletrabajo
3.12. Análisis comparativo de legislaciones sobre teletrabajo transfronterizo
Capítulo IV Desafíos y Oportunidades en la Protección de Derechos Laborales - Análisis de los derechos laborales comprometidos y prácticas de dumping social
4.1. Introducción
4.2. Derechos laborales comprometidos en el teletrabajo transfronterizo
4.3. Derecho a la negociación colectiva y representación sindical
4.4. Igualdad de condiciones laborales
4.5. Comité de Expertos de la OIT en las Prácticas de dumping social en el teletrabajo transfronterizo
4.6. Prácticas de dumping social en el teletrabajo transfronterizo
4.7. Propuestas para combatir el dumping social
4.8. Supervisión y sanción de las prácticas de dumping social
4.9. Oportunidades para mejorar la protección de los derechos laborales
4.10. Avances tecnológicos y el impacto en la regulación
4.11. Participación de organizaciones internacionales
4.12. Modelos de regulación nacional e internacional
CAPÍTULO V Hacia una normativa internacional en materia de teletrabajo transfronterizo en la organización internacional del trabajo
5.1. Introducción
5.2. Desarrollo de un marco normativo internacional
5.4. Propuesta personal del autor de esta tesis sobre un posible de convenio de la OIT que regule el teletrabajo transnacional
CAPÍTULO VI Impacto Socioeconómico de la Regulación - Evaluación de los impactos económicos, de equidad y justicia social de la regulación propuesta
6.1. Introducción
6.2. Impacto económico de la regulación propuesta
6.3. Impacto en el empleo
6.4. Impacto en los costos para las empresas
6.5. Impacto en la equidad y la justicia social
6.6. Protección de los trabajadores vulnerables
6.7. Justicia social y redistribución de oportunidades
6.8. Desafíos y consideraciones críticas en la implementación de la regulación
Capítulo VII Conclusiones y Recomendaciones - Síntesis de hallazgos, confirmación o refutación de la hipótesis, y propuestas de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo
7.1. Introducción
7.2. Síntesis de hallazgos
7.3. Desigualdades laborales persistentes
7.4. Vacíos regulatorios
7.5. Desafíos en la implementación de un marco regulatorio
7.6. Confirmación o refutación de la hipótesis
7.7. Propuestas de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo
7.8. Fortalecimiento de la supervisión internacional
7.9. Políticas de fomento a la igualdad de género en el teletrabajo
Fuentes de Información
Agradecimientos
A mi querida esposa, Fabiola Pérez Ávila, y a mi amada hija, Melissa Nikol Ávalos Perez, quienes han sido mi apoyo incondicional y mi fuente de inspiración constante a lo largo de este camino.
Fabiola, tu amor, paciencia y comprensión me han dado la fuerza necesaria para enfrentar cada desafío y superar cada obstáculo. Gracias por estar siempre a mi lado, por creer en mí cuando las dudas aparecían, y por brindarme un hogar lleno de amor y alegría.
Melissa Nikol, tu alegría, curiosidad y energía han sido la luz que ha guiado cada uno de mis pasos en este proyecto.
También quiero expresar mi profundo agradecimiento a la memoria de mi padre, el médico Jorge Ávalos Palacios, quien, aunque ya no está físicamente con nosotros, sigue siendo una presencia viva en mi vida.
Para la revisión final de estilo y la generación de ideas para la nomenclatura de secciones, se emplearon herramientas de asistencia de escritura basadas en inteligencia artificial. La responsabilidad sobre el contenido, la estructura argumentativa y los resultados de la investigación recae exclusivamente en el autor.
Resumen: Esta investigación tiene como objetivo sentar las bases para la regulación de las relaciones laborales transfronterizas mediante el uso de internet y formular una propuesta en el ámbito internacional. En un contexto globalizado, donde las tecnologías digitales han transformado radicalmente las dinámicas laborales, resulta esencial que el derecho evolucione para adaptarse a estas nuevas realidades del siglo XXI.
Abstract: This research aims to lay the groundwork for regulating cross-border labor relationships through the internet and to propose a framework. In a globalized context, where digital technologies have radically transformed work dynamics, it is crucial for the law to evolve in response to these new realities of the 21st century. Therefore, this study seeks to promote a comprehensive legal framework that ensures access to fundamental labor rights and social security for teleworkers, guaranteeing fair, just, and effective protection within this emerging digital environment.
Palabras clave: Teletrabajo transfronterizo, nuevas relaciones laborales, armonización del derecho laboral y tecnología, trabajos del siglo XXI.
Key words: Cross-border telework, new labor relationships, harmonization between labor law and technology, 21st-century jobs.
Abreviaturas
OIT: Organización Internacional del Trabajo
TIC: Tecnologías de la Información y la Comunicación
UE: Unión Europea
OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
CE: Comunidad Europea
PNUD: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
LFPDPPP: Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares
ROMA I: Reglamento (CE) N.° 593/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre la ley aplicable a las obligaciones contractuales
COVID-19: Coronavirus Disease 2019
IA: Inteligencia Artificial
IoT: Internet de las Cosas
T-MEC: Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá
RSE: Responsabilidad Social Empresarial
Introducción
“ El futuro del trabajo es lo que hagamos de él.
El desafío es que sea el que deseamos.”
Guy Ryder, exdirector general de la OIT
El teletrabajo transfronterizo ha surgido como una modalidad laboral innovadora en el siglo XXI, transformando las dinámicas del empleo en un contexto de creciente globalización y avances tecnológicos.
Esta forma de trabajo permite a los empleados desempeñar sus funciones desde cualquier parte del mundo, aprovechando las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y el acceso a redes de internet de alta velocidad.
La evolución hacia una economía digital ha facilitado a las empresas la posibilidad de contratar talento a nivel global, ampliando su acceso a una reserva de trabajadores más diversa y reduciendo los costos asociados al empleo local.
Sin embargo, la expansión del teletrabajo transfronterizo trae consigo importantes desafíos legales y regulatorios. Las normativas laborales varían considerablemente entre países, lo que genera incertidumbre tanto para los trabajadores que operan en diferentes jurisdicciones como para las empresas que los contratan.
La pandemia de COVID-19 aceleró la adopción del teletrabajo, que pasó de ser una solución temporal para convertirse en una opción laboral permanente para muchas empresas y trabajadores.
Este fenómeno no solo resaltó las oportunidades que ofrece el teletrabajo, sino que también reveló sus limitaciones. Mientras que algunos trabajadores disfrutaron de mayor flexibilidad y autonomía, otros enfrentaron la falta de protección laboral, de acceso a la seguridad social y de una regulación adecuada.
El teletrabajo transfronterizo marca un cambio en la forma en que se concibe el trabajo. Históricamente, las relaciones laborales se han basado en el principio de territorialidad, donde los derechos y obligaciones se regulan según la legislación del país donde se presta el servicio.
Sin embargo, el teletrabajo transfronterizo diluye esa territorialidad. Por ejemplo, un empleado puede residir en México, trabajar para una empresa estadounidense y prestar servicios a clientes europeos. Este escenario plantea preguntas críticas:
¿Qué legislación laboral aplica?
¿Cómo se garantiza la seguridad social?
¿Qué impuestos deben pagarse y a qué autoridades?
Este nuevo contexto ha generado un vacío legal que expone a los teletrabajadores a diversos riesgos. En muchos casos, los empleados no están protegidos por las leyes laborales del país del empleador y, al mismo tiempo, no tienen acceso a los derechos y beneficios sociales de su país de residencia.
Esto puede derivar en precariedad laboral y en la vulneración de derechos básicos. Ante la falta de un marco regulatorio específico para el teletrabajo transfronterizo, es necesario abordar estos desafíos desde una perspectiva internacional.
En la actualidad, no existe un acuerdo global ni un marco jurídico coherente que regule esta modalidad, lo que genera conflictos de leyes, incertidumbre jurídica y riesgos de explotación laboral. Regular el teletrabajo transfronterizo a nivel internacional es fundamental por varias razones:
Un marco internacional garantizaría que los derechos de los trabajadores sean respetados, sin importar su ubicación geográfica. Esto incluye el acceso a condiciones laborales justas, igualdad de remuneración, seguridad social y protección frente a despidos injustificados.
Establecer estándares internacionales claros permitiría resolver conflictos sobre las leyes aplicables, definiendo qué jurisdicción tiene autoridad en cada caso, según principios de proximidad o relevancia entre las partes.
Sin una regulación adecuada, las empresas pueden trasladar empleos a países con normativas laborales más laxas para reducir costos, lo que genera competencia desleal y precariza las condiciones laborales.
El incremento del teletrabajo transfronterizo durante la pandemia subraya la necesidad urgente de un marco regulatorio que proteja a los trabajadores.
En muchos casos, los empleados han enfrentado condiciones laborales inferiores a las de los trabajadores locales debido a la ausencia de una regulación específica, lo que facilita su explotación y contribuye a la segmentación de los mercados laborales.
Esta investigación propone la creación de un marco regulatorio internacional que aborde estas lagunas y garantice un trato justo y equitativo para los teletrabajadores transfronterizos.
Dicho marco debería incluir estándares mínimos de protección laboral que los países puedan adoptar y adaptar a sus realidades, promoviendo una competencia justa y el respeto a los derechos laborales.
Este marco regulatorio tendría múltiples beneficios para trabajadores, empleadores y economías nacionales, tales como un marco internacional proporcionarían claridad sobre los derechos y obligaciones en una relación laboral transfronteriza, reduciendo las disputas legales y los costos de resolución de conflictos.
Establecer estándares mínimos garantizaría condiciones laborales justas, acceso a la seguridad social y protección frente a despidos injustificados, mejorando la calidad del empleo y promoviendo el bienestar de los trabajadores.
Un marco común ayudaría a prevenir el dumping social, creando un entorno de competencia más justa entre empresas de diferentes países, estabilizando el mercado laboral global.
Garantizar los derechos laborales promueve la estabilidad y productividad, lo que se traduce en crecimiento económico. Las empresas que operan en mercados regulados tienden a ser más sostenibles y a contribuir al desarrollo económico tanto de sus países de origen como de destino.
En resumen, la armonización de las normativas laborales a nivel internacional tendría un impacto positivo en la economía global. La existencia de regulaciones claras no solo protege a los trabajadores, sino que también crea un entorno de negocios más seguro y predecible para los empleadores.
Al reducir las prácticas de reducción de los costos laborales, a través de la explotación de trabajadores, para ofrecer precios más bajos y ganar ventaja competitiva en el mercado (dumping social), un marco regulatorio internacional promovería una globalización más justa y sostenible.
El teletrabajo transfronterizo es una realidad que ha cobrado mayor relevancia a raíz de la pandemia, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha destacado la necesidad de actualizar las políticas laborales para proteger a estos trabajadores.
En este sentido, la investigación aborda la urgencia de desarrollar un marco normativo que ofrezca soluciones a los desafíos legales y laborales que presenta esta modalidad, buscando influir en la formulación de políticas públicas que promuevan una globalización laboral más justa y equitativa.
El marco regulatorio propuesto debería incluir, al menos, los siguientes componentes:
1. Definición de principios claros para identificar la jurisdicción competente, basados en la proximidad o la relación más significativa entre las partes.
2. Igualdad de remuneración, condiciones laborales dignas, acceso a seguridad social y protección frente a despidos injustificados.
3. Procedimientos accesibles para resolver disputas laborales transfronterizas.
4. Auditorías y sanciones para las empresas que incumplan con las normativas.
Un marco regulatorio internacional para el teletrabajo transfronterizo es esencial para proteger los derechos laborales en un mundo cada vez más digital y globalizado. Esta propuesta contribuiría a mejorar la calidad del empleo, promovería la justicia social y fomentaría un entorno económico más estable y justo a nivel internacional.
Capítulo I Marco teórico
"El futuro del trabajo no está predeterminado;
lo construimos a través de nuestras decisiones colectivas y regulaciones. El desafío está en asegurar que ese
futuro sea inclusivo
y digno para todas las personas.
Jorge Humberto Ávalos Padilla
El problema central que aborda esta investigación es la ausencia de un marco regulatorio internacional específico que proteja los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores transfronterizos en la era digital y globalizada.
Actualmente, las regulaciones laborales varían considerablemente entre países, creando una serie de desafíos legales y prácticos para los trabajadores que desempeñan sus funciones de manera remota desde un país distinto al de su empleador.
El teletrabajo transfronterizo, definido como la prestación de servicios laborales a través del uso de tecnologías de la información desde un país diferente al del empleador, se ha convertido en una práctica cada vez más común.
Las encuestas globales en Internet realizadas por la consultora internacional BCG en aproximadamente 190 países, cubriendo a unas 200,000 personas, entre las cuales predominaban personas de entre 25 y 49 años con títulos de licenciatura o maestría, indican un debilitamiento de las intenciones de emigración física a favor de la virtual.
Según los resultados de estas encuestas, a nivel global, la proporción de personas dispuestas a mudarse al extranjero para trabajar (incluyendo a aquellas que ya están empleadas allí) disminuyó del 64% en 2014 al 57% en 2018 y luego al 50% en 2020. (Las intenciones de emigración de los rusos no eran tan fuertes y se mantuvieron relativamente estables, probablemente debido a las sanciones de los estados occidentales).
En el mismo año de Covid, 2020, el 57%1 de todos los encuestados en el planeta expresó su deseo de trabajar de forma remota para un cliente extranjero que no reside en su país de residencia, lo que superó significativamente la proporción de personas que querían trabajar en el extranjero estando físicamente allí (50%) (Fig. 1).
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Esta modalidad de trabajo plantea problemas significativos relacionados con la determinación de la ley aplicable, los derechos laborales, la protección social, y las implicaciones fiscales para los trabajadores y los empleadores. La falta de un marco legal claro y coherente que aborde específicamente estas cuestiones genera un vacío legal que pone en riesgo los derechos fundamentales de los teletrabajadores y crea un terreno fértil para prácticas de explotación laboral y competencia desleal.
Desde la aparición de la pandemia de COVID-19, el teletrabajo se ha consolidado como una modalidad laboral predominante. Millones de trabajadores alrededor del mundo adoptaron el teletrabajo como una medida para mantener la continuidad operativa de las empresas durante los confinamientos.
El trabajo remoto resulta especialmente atractivo para los encuestados con experiencia en tecnología digital y análisis, así como en los campos de TI e ingeniería. El mayor interés en el trabajo remoto transfronterizo lo mostraron los residentes de América Latina y el África subsahariana (80-84% de los encuestados), quienes enfrentan serias dificultades para emigrar a los países del Norte (Fig. 2).
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Sin embargo, el teletrabajo transfronterizo, una modalidad que permite a los trabajadores ofrecer sus servicios desde una ubicación diferente a la del país donde se encuentra su empleador, ha crecido de manera exponencial.
Este crecimiento exponencial ha evidenciado las deficiencias de los marcos regulatorios nacionales para gestionar las complejidades asociadas con el teletrabajo transfronterizo.
En muchos casos, los trabajadores que operan en esta modalidad enfrentan incertidumbre sobre sus derechos laborales, su acceso a la seguridad social, y las obligaciones fiscales que deben cumplir.
Esta situación crea un contexto de vulnerabilidad y precariedad laboral, donde los trabajadores no tienen garantizados sus derechos fundamentales, como el acceso a un salario justo, condiciones laborales seguras, y cobertura de seguridad social.
Uno de los principales desafíos del teletrabajo transfronterizo radica en la determinación de la ley aplicable y la jurisdicción competente para resolver los conflictos laborales que puedan surgir.
Las leyes laborales suelen estar diseñadas para proteger a los trabajadores dentro de un territorio específico, pero no están necesariamente preparadas para abordar las complejidades que surgen cuando el trabajador y el empleador se encuentran en diferentes países.
Por ejemplo, un teletrabajador que reside en México y trabaja para una empresa con sede en Estados Unidos puede encontrarse en una situación donde ninguna de las legislaciones de estos países contempla claramente su caso.
¿Debe aplicarse la ley laboral mexicana, la ley laboral estadounidense, o una combinación de ambas?
Este problema se agrava cuando se considera que cada país tiene diferentes estándares de derechos laborales, niveles de protección social, y requisitos fiscales.
Además, en ausencia de un marco internacional, los conflictos de leyes aplicables pueden llevar a resultados arbitrarios y contradictorios.
Esto genera una falta de seguridad jurídica tanto para los trabajadores como para los empleadores, quienes se ven obligados a navegar por un laberinto de normas contradictorias, lo que incrementa los costos legales y reduce la eficiencia operativa.
La falta de claridad sobre la ley aplicable también puede desincentivar la contratación de teletrabajadores transfronterizos, limitando así las oportunidades de empleo global y perpetuando las disparidades económicas entre países.
La ausencia de un marco regulatorio internacional específico deja a los teletrabajadores transfronterizos en una situación de desprotección. Muchos de estos trabajadores carecen de acceso a beneficios sociales fundamentales, como la seguridad social, los derechos de pensión, las coberturas de salud, y la indemnización por despido.
Esta falta de protección social puede generar desigualdades significativas entre los trabajadores locales y los teletrabajadores transfronterizos, aumentando el riesgo de explotación laboral y precariedad económica.
Por ejemplo, un trabajador que realiza tareas desde un país con un sistema de seguridad social robusto puede perder acceso a esos beneficios si trabaja para una empresa en un país con regulaciones más laxas o inexistentes sobre el teletrabajo.
Los empleadores pueden verse tentados a contratar a trabajadores en países con menores niveles de protección social para reducir costos, lo que fomenta prácticas de dumping social.
Este tipo de prácticas no solo perjudica a los trabajadores, sino que también distorsiona el mercado laboral global, creando una competencia desleal entre trabajadores y empresas de diferentes regiones.
La falta de un marco regulatorio adecuado para el teletrabajo transfronterizo tiene consecuencias significativas tanto a nivel económico como social.
A nivel económico, la incertidumbre y el vacío legal desincentivan la contratación de trabajadores extranjeros, limitando la movilidad laboral global y frenando la expansión económica de empresas que podrían beneficiarse del talento internacional.
La falta de claridad en las obligaciones fiscales puede resultar en una doble imposición o en la evasión de impuestos, lo que perjudica a los gobiernos que dependen de estos ingresos para financiar servicios públicos esenciales.
Desde una perspectiva social, la ausencia de regulación promueve la explotación laboral y la precarización de los trabajadores.
Los trabajadores más afectados suelen ser aquellos en situaciones de mayor vulnerabilidad, como los jóvenes, las mujeres, y los trabajadores migrantes, quienes tienen menos recursos para defender sus derechos en entornos laborales desprotegidos.
Este contexto puede exacerbar las desigualdades existentes y generar conflictos sociales, especialmente en países donde el mercado laboral ya está sometido a tensiones significativas debido a la falta de empleo formal y seguro.
Para abordar estos desafíos, la presente investigación propone la creación de un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo. Este marco debe ser diseñado de manera que:
- Establezca estándares mínimos de protección laboral y social para todos los trabajadores, independientemente de su ubicación geográfica.
- Clarifique las jurisdicciones y leyes aplicables en casos de disputas laborales, utilizando criterios basados en la proximidad o la relación más significativa entre las partes.
- Fomente prácticas de contratación justas y equitativas, evitando el dumping social y garantizando una competencia leal entre empresas de diferentes países.
- La creación de este marco regulatorio podría ser facilitada por organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) o Naciones Unidas, que ya tienen experiencia en el desarrollo de normativas internacionales que buscan proteger los derechos de los trabajadores en contextos globalizados.
La viabilidad de este marco radica en su capacidad para adaptarse a diferentes contextos nacionales y su potencial para armonizar las leyes laborales a nivel global, promoviendo así una mayor equidad y justicia social.
La regulación del teletrabajo transfronterizo no es solo una cuestión de interés académico o técnico, sino una necesidad urgente que responde a un cambio estructural en el mercado laboral global.
En un mundo cada vez más interconectado y digitalizado, las relaciones laborales transfronterizas se están convirtiendo en la norma más que en la excepción. Las lagunas regulatorias actuales presentan un riesgo para la justicia social y la estabilidad económica a nivel mundial.
El planteamiento de este problema es crucial porque aborda la necesidad de desarrollar políticas públicas que reflejen las realidades contemporáneas del trabajo, protejan a los trabajadores de la explotación, y promuevan un desarrollo económico sostenible.
Este estudio tiene el potencial de influir en la formulación de políticas internacionales y de proporcionar un marco de referencia para futuros estudios y regulaciones en el área del teletrabajo transfronterizo.
1.1 Objetivos de la investigación
1.1.1 Objetivo general. El objetivo general de esta investigación es desarrollar un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo que garantice la protección de los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores.
Este marco deberá reducir las prácticas de dumping social2 y fomentar una competencia justa y equitativa en el mercado laboral global. Para lograr este propósito, se buscará construir un conjunto de estándares normativos mínimos que puedan ser adoptados y adaptados por diferentes países, alineándose con los principios de justicia social, equidad laboral, y sostenibilidad económica.
El dumping social se refiere a la estrategia que emplean algunas empresas al trasladar su producción o contratar trabajadores en países donde los costos laborales son más bajos, aprovechando regulaciones laborales menos estrictas.
Esto permite a las empresas reducir sus costos, obteniendo una ventaja competitiva en mercados donde los derechos laborales están más protegidos y los salarios son más altos, lo que puede resultar en una competencia desleal y afectar negativamente a los trabajadores en países con normativas laborales más estrictas.
Este objetivo general se fundamenta en la necesidad urgente de enfrentar las lagunas y deficiencias en la regulación actual del teletrabajo transfronterizo, un fenómeno que ha cobrado mayor relevancia tras la pandemia de COVID-19.
La investigación busca ofrecer soluciones normativas que aseguren condiciones laborales dignas y justas para todos los teletrabajadores, independientemente de su ubicación geográfica, promoviendo al mismo tiempo una globalización más inclusiva y sostenible.
1.1.2 Objetivos particulares: Analizar las lagunas y deficiencias en la legislación actual.
Este objetivo busca identificar y evaluar las lagunas y deficiencias en las legislaciones nacionales e internacionales vigentes sobre el teletrabajo, con un enfoque particular en la protección de los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores transfronterizos.
Se pretende:
1.1.2.1 Revisar críticamente las leyes y regulaciones existentes en diferentes países, incluyendo casos de estudio de Europa, América Latina y Asia, para entender cómo cada jurisdicción aborda el teletrabajo transfronterizo.
1.1.2.2 Identificar las áreas de mejora en términos de cobertura legal, protección social, y derechos laborales, y cómo estas deficiencias impactan negativamente en la calidad del empleo y la competitividad de los mercados laborales nacionales e internacionales.
Este análisis permitirá establecer un diagnóstico preciso de las necesidades regulatorias y servirá como base para las propuestas normativas que se desarrollen en el marco de esta investigación.
1.1.2.3 . Estudiar los conflictos de jurisdicción y determinación de la ley aplicable: Otro objetivo específico es examinar los conflictos de jurisdicción que surgen en el contexto del teletrabajo transfronterizo y proponer criterios claros para la determinación de la ley aplicable.
Este objetivo se centra en:
1.1.2.4 Investigar los principios de derecho internacional privado que pueden aplicarse a las relaciones laborales transfronterizas, evaluando su eficacia y limitaciones en el contexto actual.
1.1.2.5 Desarrollar propuestas para unificar o armonizar los criterios de determinación de la ley aplicable, de manera que se protejan los derechos de los teletrabajadores y se facilite la resolución de disputas laborales sin comprometer la seguridad jurídica de las partes involucradas.
Este objetivo es esencial para promover un entorno laboral más justo y equitativo, donde los trabajadores no sean penalizados por la falta de claridad sobre cuál es la jurisdicción competente o qué leyes deben aplicarse.
1.1.2.6 Evaluar los desafíos en la protección de los derechos laborales y la seguridad social: Este objetivo busca analizar los principales desafíos que enfrentan los teletrabajadores transfronterizos en cuanto a la protección de sus derechos laborales fundamentales y su acceso a la seguridad social. Para ello, se propone:
1.1.2.7 Identificar los derechos laborales fundamentales que suelen verse comprometidos en el contexto del teletrabajo transfronterizo, como la igualdad de remuneración, condiciones de trabajo seguras, y el derecho a la negociación colectiva.
1.1.2.8 Examinar los obstáculos que dificultan el acceso a la seguridad social para los teletrabajadores, incluyendo la cobertura de salud, pensiones, y otros beneficios laborales que varían significativamente entre países.
1.1.2.9 Proponer recomendaciones para mejorar la protección de estos derechos a través de un marco regulatorio internacional que contemple las especificidades del teletrabajo transfronterizo.
Este análisis permitirá desarrollar estrategias para fortalecer la protección social de los teletrabajadores y garantizar que sus derechos no sean vulnerados por la falta de regulación adecuada.
El teletrabajo transfronterizo, en ausencia de regulación, puede ser utilizado como una herramienta para el dumping social, donde las empresas trasladan trabajo a países con regulaciones laborales más laxas para reducir costos. Este objetivo específico busca:
1.1.2.10 Identificar y analizar las prácticas de dumping social que se han evidenciado en el contexto del teletrabajo transfronterizo, evaluando su impacto en la equidad y justicia social en los mercados laborales.
1.1.2.11 Desarrollar propuestas normativas para prevenir la competencia desleal y la explotación laboral, promoviendo prácticas justas de contratación y asegurando que los empleadores cumplan con estándares mínimos de protección laboral, independientemente de la ubicación geográfica del trabajador.
Este objetivo es fundamental para promover un entorno de trabajo equitativo y evitar que las disparidades en las normativas nacionales sean explotadas para obtener ventajas competitivas desleales.
Basándose en los análisis previos, este objetivo tiene como fin principal desarrollar un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo. Las acciones incluyen:
1.1.2.12 Analizar los convenios internacionales existentes, como los de la OIT, y evaluar su aplicabilidad al teletrabajo transfronterizo.
1.1.2.13 Desarrollar un borrador de convenio internacional que incluya estándares mínimos de protección laboral y social, mecanismos de resolución de conflictos, y procedimientos para lograr su cumplimiento.
1.1.2.14 Proponer mecanismos de seguimiento para garantizar que el marco regulatorio sea efectivo y se adapte a las realidades cambiantes del mercado laboral global.
Este objetivo es clave para asegurar que la investigación tenga un impacto práctico y pueda ser utilizada como referencia para futuras políticas públicas y normativas internacionales.
1.1.2.15 Evaluar el impacto socioeconómico de la regulación
Finalmente, este objetivo busca evaluar los posibles efectos socioeconómicos de la regulación del teletrabajo transfronterizo en la economía global y en los derechos laborales.
Esto implica:
1.1.2.16 Estudiar los efectos potenciales de la regulación en términos de crecimiento económico, estabilidad laboral, y equidad social.
1.1.2.17 Analizar cómo la regulación podría influir en la distribución del empleo y las oportunidades laborales a nivel internacional, fomentando una globalización más equitativa.
1.1.2.18 Evaluar los costos y beneficios de un marco regulatorio internacional, tanto para los empleadores como para los trabajadores, y cómo estos pueden ser optimizados para maximizar el bienestar social y económico.
En conjunto, estos objetivos específicos permiten abordar de manera integral el problema del teletrabajo transfronterizo desde diversas perspectivas: legal, social, económica, y de derechos humanos.
A través de un enfoque multidisciplinario, la investigación no solo busca identificar y analizar las deficiencias en la regulación actual, sino también proponer soluciones concretas que fomenten un mercado laboral global más justo y equitativo.
Este desarrollo proporciona un marco detallado para guiar la investigación y asegura que los resultados sean relevantes y aplicables en la práctica, contribuyendo al avance del conocimiento en la regulación del teletrabajo transfronterizo y la protección de los derechos laborales en un mundo cada vez más digitalizado y globalizado.
1.2 Preguntas de investigación
¿Cómo se puede establecer un marco regulatorio internacional que proteja los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores transfronterizos en una economía globalizada y digitalizada?
¿Cuáles son los principales desafíos legales y sociales que enfrentan los teletrabajadores transfronterizos en términos de jurisdicción, derechos laborales y acceso a la seguridad social?
¿De qué manera la ausencia de un marco regulatorio claro contribuye al dumping social y a la competencia desleal en el mercado laboral global, especialmente en el contexto del teletrabajo transfronterizo?
1.3 Hipótesis
La hipótesis central de esta investigación es que un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo mejorará significativamente la protección de los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores, al tiempo que reducirá las prácticas de dumping social, promoviendo una competencia más justa y equitativa en el mercado laboral global.
Esta hipótesis parte de la premisa de que, en la ausencia de un marco regulatorio adecuado, los teletrabajadores transfronterizos se encuentran en una situación de vulnerabilidad y precariedad laboral, donde sus derechos fundamentales no están garantizados.
La falta de regulación específica permite la explotación de los trabajadores y la competencia desleal entre empresas de diferentes países.
Mediante la creación de un marco regulatorio internacional que armonice las normas laborales podría resolver las discrepancias legales, ofrecer mayor claridad y seguridad jurídica, y asegurar que los derechos de los teletrabajadores sean respetados independientemente de su ubicación geográfica.
La justificación de esta hipótesis se fundamenta en varios argumentos interrelacionados que destacan la importancia y la viabilidad de desarrollar un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo.
Esta hipótesis formulada también radica en su aplicabilidad práctica y su capacidad para guiar la creación de políticas públicas efectivas en el ámbito del teletrabajo transfronterizo.
La hipótesis de que un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo mejorará la protección de los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores, al tiempo que reducirá las prácticas de dumping social, se justifica por la necesidad urgente de abordar las deficiencias y lagunas existentes en la regulación actual.
Esta hipótesis está respaldada por teorías científicas en el ámbito del derecho laboral, la justicia social, y la globalización, y ofrece un enfoque práctico y viable para desarrollar políticas públicas que promuevan la equidad, la justicia, y la sostenibilidad en el mercado laboral global.
El desarrollo de este marco regulatorio no solo es necesario para proteger a los teletrabajadores, sino que también es beneficioso para los empleadores y las economías nacionales e internacionales.
Un entorno regulatorio más claro, justo y coherente contribuiría a una globalización más inclusiva, donde los beneficios del trabajo transfronterizo sean compartidos de manera equitativa entre todos los actores involucrados.
1.4 Metodología
La investigación adoptará un enfoque jurídico-social, combinando el análisis legal con el estudio de sus implicaciones sociales y económicas en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
Este enfoque es fundamental para comprender no solo el estado actual de la regulación del teletrabajo en diferentes jurisdicciones, sino también los efectos sociales y económicos que estas regulaciones, o la falta de ellas, tienen sobre los trabajadores y empleadores a nivel internacional.
El enfoque jurídico-social permitirá un análisis exhaustivo de las normativas nacionales e internacionales, identificando lagunas, deficiencias y mejores prácticas.
Además, facilitará la evaluación de cómo estas normativas impactan la equidad y justicia social en el mercado laboral global, permitiendo formular recomendaciones de políticas públicas y propuestas regulatorias concretas para mejorar la protección de los derechos laborales de los teletrabajadores transfronterizos.
1.4.1. Tipo de investigación
La investigación será de tipo explicativa y propositiva.
1.4.1.1 Investigación explicativa: Esta parte del estudio se centrará en analizar las causas y efectos de la falta de regulación específica para el teletrabajo transfronterizo.
El objetivo es comprender cómo y por qué las normativas actuales son insuficientes para proteger los derechos laborales de los teletrabajadores y cómo estas lagunas contribuyen a prácticas como el dumping social y la competencia desleal.
La investigación explicativa permitirá construir un marco teórico sólido que sustente la propuesta normativa que se pretende desarrollar:
1.4.1.2 Investigación propositiva: A partir de los hallazgos obtenidos en la fase explicativa, se desarrollará una propuesta de un marco regulatorio internacional específico para el teletrabajo transfronterizo.
Esta propuesta se basará en el análisis comparado de legislaciones existentes, los principios del derecho internacional laboral, y las mejores prácticas identificadas en diferentes regiones.
La investigación propositiva buscará ofrecer soluciones prácticas que puedan ser implementadas por organismos internacionales y adoptadas por los Estados para proteger a los teletrabajadores transfronterizos.
1.4.2 Métodos de investigación
Para llevar a cabo esta investigación, se utilizarán varios métodos que combinan técnicas descriptivas, comparativas, analíticas y propositivas:
1.4.2.1 Métodos descriptivos
1.4.2.1.1 Análisis documental: Se realizará una revisión exhaustiva de la literatura científica, informes de organismos internacionales (como la OIT y la OCDE), legislaciones nacionales, convenios internacionales, estudios de caso, y otros documentos relevantes.
Este método permitirá describir el estado actual de la regulación del teletrabajo transfronterizo, identificando lagunas, deficiencias y oportunidades de mejora en diferentes contextos nacionales e internacionales.
1.4.2.2 Métodos comparativos
1.4.2.2.1 Estudio comparado de legislaciones: Se llevará a cabo un análisis comparativo de las regulaciones sobre teletrabajo en diferentes países, como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, España, India, y México, entre otros.
Este método ayudará a identificar las mejores prácticas y las deficiencias comunes en la protección de los derechos laborales y la seguridad social de los teletrabajadores transfronterizos.
También permitirá evaluar cómo cada jurisdicción aborda los desafíos específicos del teletrabajo transfronterizo, ofreciendo conocimiento muy valioso para la formulación de un marco regulatorio internacional
1.4.2.3 Métodos Analíticos
1.4.2.3.1 Análisis jurídico: Se realizará una evaluación de la coherencia, suficiencia y efectividad de las normativas actuales relacionadas con el teletrabajo transfronterizo.
Este método permitirá identificar los puntos críticos que necesitan ser abordados en la nueva propuesta regulatoria. Incluirá un análisis detallado de los principios de derecho internacional laboral y de los convenios internacionales existentes, como el Convenio sobre el Trabajo a Domicilio (C177) de la OIT, para determinar su aplicabilidad al contexto del teletrabajo transfronterizo.
1.4.2.4 Métodos propositivos
1.4.2.4.1 Desarrollo normativo: Se procederá a la proposición de un nuevo marco regulatorio internacional, incluyendo un borrador de convenio internacional.
Este método se centrará en traducir los hallazgos de la investigación en propuestas concretas y aplicables que puedan ser adoptadas por organismos internacionales como la OIT y por los Estados para regular el teletrabajo transfronterizo de manera efectiva.
1.5 Técnicas de investigación
Para recopilar y analizar los datos necesarios, se utilizarán las siguientes técnicas documentales:
1.6 Revisión bibliográfica
1.6.1 Análisis de libros, artículos académicos y tesis previas: Se llevará a cabo una revisión bibliográfica exhaustiva de la literatura existente sobre teletrabajo, derecho laboral y globalización. Se revisarán libros, artículos académicos y tesis previas que aborden temas relacionados con el teletrabajo transfronterizo, la regulación laboral internacional, y la protección de los derechos laborales en un contexto globalizado.
1.6.2 Estudio de informes y estadísticas de organizaciones internacionales: Se analizarán informes y estadísticas de organizaciones internacionales como la OIT, la OCDE, y otros organismos relevantes, así como datos gubernamentales sobre teletrabajo.
Esta técnica permitirá entender las tendencias globales del teletrabajo, las políticas actuales, y los impactos económicos y sociales de las prácticas laborales transfronterizas.
1.6.3 Análisis detallado de las leyes y regulaciones nacionales e internacionales existentes: Se llevará a cabo una revisión exhaustiva de las leyes y regulaciones nacionales e internacionales que afectan al teletrabajo transfronterizo. Esto incluirá el estudio de los convenios de la OIT, las normativas de la Unión Europea, y las leyes laborales nacionales de países clave para identificar mejores prácticas y lagunas regulatorias.
1.7 Plan de investigación
El plan de investigación se dividirá en varias fases para asegurar un enfoque sistemático y exhaustivo:
1.7.1 Fase de revisión y análisis documental
Durante esta fase, se recopilarán y analizarán todos los documentos relevantes, incluidos estudios de caso, legislación comparada, y literatura académica. Se espera que esta fase tome aproximadamente tres meses, durante los cuales se identificarán las lagunas y deficiencias en la regulación actual del teletrabajo transfronterizo.
1.7.2 Fase de análisis comparativo
En esta fase, se llevará a cabo el análisis comparado de las legislaciones nacionales e internacionales sobre el teletrabajo. Esta fase se centrará en identificar las mejores prácticas, así como los desafíos comunes que enfrentan diferentes jurisdicciones al regular el teletrabajo transfronterizo.
1.7.3 Fase de desarrollo normativo
Basándose en los hallazgos de las fases anteriores, se procederá a la formulación de un borrador de convenio internacional. Esta fase incluirá la redacción de propuestas normativas concretas y la elaboración de recomendaciones de políticas públicas.
1.7.4 Fase de revisión y validación
La fase final incluirá la revisión y validación de los resultados obtenidos. Se llevarán a cabo revisiones internas y externas para asegurar la solidez y viabilidad de las propuestas normativas desarrolladas.
1.8 Consideraciones éticas
La investigación se llevará a cabo de acuerdo con los principios éticos de transparencia, rigor, y respeto por los derechos de todas las partes involucradas. Se garantizará la confidencialidad y el anonimato de cualquier información sensible utilizada en el estudio. Además, se asegurará que todos los datos sean manejados de manera responsable y que las conclusiones se basen en evidencia empírica y criterios científicos rigurosos.
1.9. Estructura de la tesis
La tesis se divide en los siguientes capítulos:
Capítulo I: Introducción. Presentación del contexto, planteamiento del problema, objetivos de la investigación, hipótesis y metodología.
Capítulo II: Marco teórico. Revisión exhaustiva de las teorías relevantes en derecho laboral, globalización, tecnología y regulación internacional.
Capítulo III: Análisis de la legislación actual. Evaluación de leyes y regulaciones nacionales e internacionales sobre el teletrabajo transfronterizo.
Capítulo IV: Desafíos y oportunidades en la protección de derechos laborales. Análisis de los derechos laborales comprometidos y prácticas de dumping social.
Capítulo V: Propuesta de un marco regulatorio internacional. Desarrollo de un marco regulatorio específico.
Capítulo VI: Impacto socioeconómico de la regulación. Evaluación de los impactos económicos, de equidad y justicia social de la regulación propuesta.
Capítulo VII: Conclusiones y recomendaciones. Síntesis de hallazgos, confirmación o refutación de la hipótesis, y propuestas de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo.
Capítulo II Teorías Relevantes En Derecho Laboral, Globalización, Tecnología Y Regulación Internacional.
“A un científico, se le llama “grande”, no tanto porque ha resuelto un problema, sino porque ha planteado uno cuya solución... puede resultar en un auténtico progreso.!
Cantril, 1950
2.1. Introducción
El marco teórico de esta investigación aborda las principales corrientes conceptuales y doctrinales que sustentan la necesidad de una regulación efectiva del teletrabajo transfronterizo, con el objetivo de proteger los derechos laborales y la seguridad social de los trabajadores.
En el contexto actual, caracterizado por la globalización y la creciente digitalización de las relaciones laborales, la ausencia de un marco jurídico específico que regule esta modalidad de trabajo ha generado lagunas normativas que exponen a los teletrabajadores a condiciones precarias y vulnerables.
El teletrabajo, entendido como la prestación de servicios desde una ubicación distinta a la del empleador mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación (TIC), ha evolucionado desde una práctica incipiente a una modalidad laboral predominante, especialmente tras la pandemia de COVID-19.
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son un conjunto de herramientas, redes, aplicaciones y sistemas que permiten la recopilación, almacenamiento, procesamiento, transmisión y presentación de información en formato electrónico.
Estas tecnologías incluyen tanto los dispositivos físicos (hardware) como los programas (software) que facilitan la gestión de información y la comunicación en la sociedad actual.3
La globalización, combinada con el uso masivo de las TIC, ha permitido que empresas de diferentes partes del mundo contraten talento sin las restricciones geográficas tradicionales.
No obstante, esta evolución también ha generado desafíos importantes en términos de protección de derechos, seguridad social y fiscalidad para los teletrabajadores transfronterizos.
Este marco teórico se sustenta en varias teorías clave del derecho laboral, la justicia social y la globalización, con el fin de ofrecer una base sólida para el análisis de la problemática que enfrenta el teletrabajo transfronterizo.
Las teorías más relevantes que permiten comprender la necesidad de un marco regulatorio internacional que garantice condiciones laborales justas para los teletrabajadores, son en primer lugar, la teoría del derecho laboral es fundamental en este estudio, ya que aboga por la protección de los derechos fundamentales de los trabajadores, independientemente de su ubicación o modalidad de trabajo.
Desde su surgimiento durante la revolución industrial, el derecho laboral ha evolucionado para proteger a los trabajadores frente a la explotación, garantizando condiciones mínimas de trabajo justo y equitativo.
Autores como Karl Marx en su obra el capital4 y Otto von Gierke en su obra el derecho de las asociaciones alemanas5 señalaron las desigualdades inherentes a la relación laboral y la necesidad de la intervención estatal para corregir estas asimetrías de poder entre empleador y empleado.
En el contexto del teletrabajo transfronterizo, el derecho laboral enfrenta nuevos retos, ya que las normativas territoriales tradicionales no logran abarcar las complejidades de las relaciones laborales globalizadas.
Un segundo eje teórico que nutre esta investigación es la teoría de la justicia social, la cual sostiene que todos los trabajadores deben tener acceso a condiciones laborales dignas y justas, independientemente de su origen o ubicación geográfica.
John Rawls ha defendido la necesidad de igualdad de oportunidades y equidad en la distribución de recursos y derechos dentro de una sociedad6.
Aplicada al teletrabajo transfronterizo, esta teoría exige la creación de un marco regulatorio que asegure que los trabajadores no sean explotados o excluidos del acceso a derechos fundamentales debido a las disparidades entre las normativas nacionales de diferentes países.
Asimismo, la teoría del dumping social se convierte en un pilar para analizar las implicaciones económicas y sociales del teletrabajo transfronterizo.
El dumping social ocurre cuando las empresas trasladan puestos de trabajo a países con regulaciones laborales más laxas para reducir costos, lo que genera una competencia desleal entre los trabajadores de diferentes naciones.
En este contexto, las empresas pueden aprovechar la falta de regulación específica para contratar teletrabajadores en condiciones desfavorables, exacerbando las desigualdades laborales y comprometiendo los principios de equidad y justicia social.
Finalmente, la teoría de la globalización y la economía del trabajo proporciona un marco conceptual para entender cómo la interconexión económica y tecnológica ha transformado el mercado laboral, permitiendo que las fronteras nacionales pierdan relevancia en la relación laboral.
Alain Supiot en su obra la gobernanza por los números ha destacado que la globalización ha generado nuevas formas de trabajo que requieren una adaptación urgente de los marcos regulatorios para evitar la precarización del empleo en un mundo cada vez más digitalizado7.
En este sentido, el teletrabajo transfronterizo pone a prueba los límites de las normativas tradicionales, exigiendo una respuesta coordinada a nivel internacional que permita armonizar los derechos laborales y proteger a los teletrabajadores de la explotación y la inseguridad jurídica.
2.2. Origen y evolución del derecho laboral
El surgimiento del derecho laboral puede trazarse a la revolución industrial, cuando las condiciones de trabajo se deterioraron gravemente en las fábricas.
Antes de este periodo, la relación entre empleador y empleado estaba regulada principalmente por el derecho civil y mercantil, y los contratos laborales se interpretaban como un acuerdo entre iguales. Sin embargo, el crecimiento del capitalismo industrial evidenció la necesidad de una normativa específica para proteger a los trabajadores frente a la explotación y garantizar condiciones mínimas de trabajo.
Karl Marx fue uno de los primeros teóricos en señalar las desigualdades inherentes al sistema capitalista, criticando la alienación del trabajador y la explotación del trabajo8.
Aunque Marx no desarrolló una teoría jurídica laboral como tal, su análisis de la relación entre el capital y el trabajo influyó significativamente en la posterior legislación laboral y en las teorías jurídicas que surgieron para proteger a los trabajadores.
Posteriormente, el Estado social de derecho impulsado por autores como Otto von Gierke y Hugo Sinzheimer reconocieron que la libertad contractual en las relaciones laborales era, en muchos casos, una ficción jurídica9.
Estos juristas defendieron la necesidad de una intervención estatal para equilibrar la relación de poder entre empleador y empleado, sentando las bases para la creación del derecho laboral moderno. En este sentido, el derecho laboral fue concebido como un instrumento para alcanzar la justicia social.
Hugo Sinzheimer, considerado uno de los padres del derecho laboral moderno, planteó la idea de que la libertad contractual en las relaciones laborales era una ficción jurídica en su obra "Das Arbeitsrecht" (El derecho del trabajo), publicada en 192710.
Sinzheimer argumentaba que el derecho laboral debía ser un mecanismo para proteger a los trabajadores y corregir las desigualdades inherentes a la relación laboral. Defendía la necesidad de la intervención estatal para garantizar la justicia social en el ámbito laboral.
2.3. Principios fundamentales del derecho laboral
El derecho laboral se basa en una serie de principios fundamentales que guían su desarrollo y aplicación. Estos principios, aunque varían en su énfasis según el sistema jurídico, son esenciales para la comprensión de su naturaleza:
Principio de protección: Este es el principio rector del derecho laboral y establece que las normas deben interpretarse de manera favorable al trabajador. Esto se debe a que se reconoce que la relación laboral es intrínsecamente desigual, y, por lo tanto, el derecho debe compensar esta asimetría a través de una protección especial al empleado.
El jurista español Manuel Alonso Olea subrayó que este principio es la piedra angular del derecho laboral, marcando su diferencia respecto a otras ramas del derecho privado11.
Principio de irrenunciabilidad de derechos: Consiste en que el trabajador no puede renunciar a los derechos que la ley o los convenios colectivos le reconocen, incluso de manera voluntaria. Este principio busca evitar que el trabajador, bajo presión o necesidad económica, acepte condiciones laborales por debajo de los mínimos establecidos12.
Principio de igualdad y no discriminación: El derecho laboral tiene como objetivo garantizar la igualdad de oportunidades y de trato en el ámbito laboral.
Este principio se basa en el reconocimiento de que todos los trabajadores, independientemente de su raza, sexo, religión u otras características personales, deben ser tratados con igualdad y respeto.
Autores como Sophie Robin-Olivier han destacado la relevancia de este principio en el contexto de la globalización y el aumento de las formas de trabajo no tradicionales13.
2.4. Derecho colectivo del trabajo
Una parte fundamental del derecho laboral es el derecho colectivo, que regula las relaciones entre los sindicatos y los empleadores, así como los mecanismos de negociación colectiva.
La creación y evolución de los sindicatos ha sido una respuesta a la necesidad de los trabajadores de unirse para mejorar sus condiciones laborales y obtener una mayor protección frente a los abusos patronales.
El derecho a la sindicación y la negociación colectiva han sido defendidos por autores como Alain Supiot, quien señala que estos mecanismos son esenciales para la democratización de las relaciones laborales14. Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde su creación en 1919, ha promovido estos derechos como pilares del derecho laboral internacional.
2.5. Teorías modernas del derecho laboral
Con el advenimiento de la globalización y las nuevas formas de trabajo (teletrabajo, plataformas digitales, etc.), han surgido nuevos desafíos para el derecho laboral. Autores como Guy Davidov han explorado la necesidad de reconfigurar el concepto de “trabajador” para incluir a aquellos que no encajan en las definiciones tradicionales, como los trabajadores autónomos o los empleados de plataformas15.
Por su parte, Mark Freedland ha estudiado las implicaciones de la flexibilización laboral y la creciente precarización del empleo, argumentando que el derecho laboral debe adaptarse para proteger a los trabajadores más vulnerables en este nuevo contexto económico.
Esta nueva realidad ha generado debates sobre si el derecho laboral sigue siendo adecuado o si debe evolucionar hacia una regulación más amplia del "trabajo" en general, más allá de la tradicional relación de subordinación entre empleador y empleado16.
El derecho laboral sigue siendo un campo en constante evolución, influenciado por los cambios sociales, económicos y tecnológicos.
Desde sus orígenes en la revolución industrial hasta los debates contemporáneos sobre el trabajo digital, ha tenido que adaptarse a nuevas realidades sin perder de vista su objetivo fundamental: la protección de los trabajadores frente a posibles abusos y la promoción de condiciones dignas de empleo.
Como han señalado autores como Alain Supiot y Manuel Alonso Olea, el reto futuro será cómo mantener esta protección en un mundo laboral cada vez más fragmentado y globalizado17,18.
2.6. Evolución del derecho laboral y su aplicación al teletrabajo.
El derecho laboral ha evolucionado desde su surgimiento para adaptarse a las cambiantes realidades sociales y económicas. Una de las transformaciones más recientes y notables en el mundo del trabajo ha sido el auge del teletrabajo, impulsado por el avance tecnológico y, más recientemente, por la pandemia del COVID-19.
El derecho laboral se consolidó en el siglo XIX en respuesta a la industrialización y las pésimas condiciones laborales que enfrentaban los trabajadores en fábricas y minas.
Hasta entonces, la relación laboral estaba regulada principalmente por el derecho civil, en el que el contrato laboral se concebía como un acuerdo entre iguales. Sin embargo, la asimetría de poder entre empleadores y empleados llevó a la creación de un marco jurídico específico para proteger los derechos de los trabajadores.
Karl Marx, en su crítica al capitalismo, fue uno de los primeros en señalar las profundas desigualdades en la relación entre capital y trabajo19. Aunque su enfoque no fue jurídico, sus ideas influyeron en la creación de normativas que reconocen al trabajador como parte débil en la relación laboral, como lo refleja el posterior desarrollo del Estado de bienestar en Europa.
Con el paso del tiempo, el derecho laboral incorporó nuevas regulaciones que respondían a las necesidades de los trabajadores, tales como la jornada laboral limitada, el salario mínimo y la protección contra despidos injustificados.
Hugo Sinzheimer, uno de los padres del derecho laboral en Alemania, fue clave en la formulación del concepto de "derecho del trabajo"20 como una rama independiente que no solo regularía la relación entre trabajador y empleador, sino que también promovería la justicia social.
2.7. Surgimiento del teletrabajo: desafíos regulatorios
El teletrabajo, entendido como una forma de trabajo en la que el empleado no necesita estar físicamente presente en un lugar específico, comenzó a ganar terreno a finales del siglo XX con el avance de las tecnologías de la información y la comunicación. Sin embargo, fue a partir de la pandemia del COVID-19 que su adopción masiva forzó a los sistemas legales a abordar este fenómeno con urgencia.
Uno de los primeros desafíos que presentó el teletrabajo fue la necesidad de redefinir el concepto de lugar de trabajo. Tradicionalmente, el lugar de trabajo ha sido un componente esencial en la regulación de las condiciones laborales, incluyendo aspectos como la seguridad y salud en el trabajo.
Autores como Antonio Baylos, han señalado que esta deslocalización del lugar de trabajo representa un reto para los marcos normativos existentes, que están concebidos bajo la premisa de una relación laboral presencial21.
Además, el teletrabajo difumina las fronteras entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso, lo que plantea problemas para la regulación de la jornada laboral.
Guy Davidov, en sus estudios sobre el futuro del trabajo, ha advertido que el teletrabajo podría llevar a una "flexibilización extrema"22 de las condiciones laborales, lo que pondría en riesgo algunos de los derechos fundamentales conquistados por el derecho laboral, como la limitación de la jornada.
A medida que el teletrabajo se ha ido consolidando como una modalidad laboral viable, varios países han comenzado a adaptar su legislación para regular esta forma de trabajo.
En Europa, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha emitido recomendaciones para garantizar que los teletrabajadores disfruten de los mismos derechos que aquellos que laboran en una oficina.
Estas recomendaciones incluyen el derecho a la desconexión, la protección de la salud mental y la seguridad laboral, así como la regulación de los costos asociados al trabajo remoto23.
El derecho a la desconexión ha sido uno de los aspectos más debatidos. Este concepto, que fue desarrollado principalmente en Francia con la Ley El Khomri en 2016, establece que los trabajadores tienen el derecho a desconectarse de las tecnologías de comunicación fuera de su horario laboral.
Jean-Emmanuel Ray, experto en derecho laboral francés, ha señalado que esta medida es fundamental para preservar la salud mental de los trabajadores en un entorno donde la línea entre trabajo y vida personal puede volverse borrosa24.
Asimismo, la regulación del teletrabajo ha implicado la necesidad de asegurar que los empleados cuenten con los medios y equipos necesarios para realizar su trabajo desde casa. Esto ha llevado a debates sobre quién debe asumir los costos de las herramientas tecnológicas y las condiciones laborales en el hogar.
En muchos países, se ha establecido que el empleador debe asumir estos costos, tal como lo han argumentado autores como Lourdes Mella Méndez, quien sostiene que el derecho laboral debe proteger al teletrabajador de cargas económicas adicionales25.
El teletrabajo no solo plantea desafíos para el derecho laboral, sino que también abre oportunidades para repensar cómo se regula el trabajo en el siglo XXI.
Alain Supiot, en su obra sobre la "Governanza del Trabajo", sugiere que el derecho laboral deberá adaptarse para abordar las nuevas realidades de un mundo globalizado y digitalizado26.
El teletrabajo puede permitir mayor flexibilidad y conciliación entre la vida personal y profesional, pero también puede generar nuevas formas de explotación si no se regula adecuadamente.
Además, la protección social de los teletrabajadores será un área crucial en el futuro. Autores como Mark Freedland han advertido que la creciente tendencia hacia el trabajo autónomo y las plataformas digitales puede llevar a una precarización del empleo27.
Esto es particularmente preocupante en el caso de los teletrabajadores que laboran desde países distintos al de sus empleadores, lo que plantea interrogantes sobre la aplicación de normas laborales y de seguridad social transnacionales.
En este sentido, el derecho laboral se enfrenta al reto de desarrollar un marco regulatorio que no solo proteja a los teletrabajadores en su entorno doméstico, sino que también garantice derechos laborales fundamentales en un contexto globalizado.
Esto implica una revisión de los convenios internacionales y la creación de nuevas normativas que aborden las especificidades del trabajo a distancia.
La evolución del derecho laboral ha sido una respuesta a las transformaciones del mundo del trabajo, desde la industrialización hasta la era digital.
El teletrabajo representa uno de los retos más recientes y significativos para el derecho laboral, al cuestionar algunas de sus bases tradicionales, como el lugar de trabajo y la jornada laboral. Sin embargo, también ofrece la oportunidad de repensar cómo regular el trabajo en un mundo cada vez más flexible y conectado.
El desafío será crear un marco legal que no solo permita el desarrollo de formas de trabajo más adaptadas a las necesidades contemporáneas, sino que también garantice la protección de los derechos laborales conquistados a lo largo de los siglos.
Como han señalado autores como Alain Supiot y Jean- Emmanuel Ray, el teletrabajo debe ser una oportunidad para mejorar las condiciones laborales, no para debilitarlas28,29.
2.7.1 Los derechos fundamentales en el trabajo han sido un pilar esencial en la regulación laboral a nivel internacional.
Garantizar condiciones dignas, equitativas y justas ha sido el objetivo de múltiples instrumentos legales, tanto nacionales como internacionales, que buscan proteger a los trabajadores, independientemente de su ubicación o tipo de relación laboral.
Con el advenimiento del teletrabajo transfronterizo, surgen nuevos desafíos para la protección efectiva de estos derechos, ya que la relación laboral trasciende fronteras, lo que puede complicar su aplicación y garantía.
Los derechos fundamentales en el trabajo son aquellos que aseguran condiciones mínimas de dignidad y equidad en el ámbito laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha definido cuatro principios esenciales que forman la base de estos derechos fundamentales:
2.7.1.1 Principios de los Derechos Humanos
a) La libertad de asociación y el derecho a la negociación colectiva.
b) La eliminación del trabajo forzoso u obligatorio.
c) La abolición del trabajo infantil.
d) La eliminación de la discriminación en el empleo y la ocupación.
Estos principios fueron recogidos en la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo de 1998, que establece que todos los Estados miembros deben respetar, promover y hacer realidad estos derechos, independientemente de su nivel de desarrollo económico.
Autores como Alain Supiot han argumentado que estos derechos no solo deben ser entendidos como un conjunto de normas, sino como un reflejo de los principios de justicia social y dignidad humana que deben prevalecer en todas las relaciones laborales30.
De este modo, cualquier forma de trabajo que no respete estos derechos fundamentales socava la integridad del derecho laboral y el bienestar de los trabajadores.
El teletrabajo transfronterizo, es decir, la modalidad en la que un trabajador realiza sus tareas desde un país distinto al de su empleador, plantea nuevos desafíos para la protección de los derechos fundamentales en el trabajo.
En un contexto de trabajo a distancia y deslocalizado, las barreras legales y las diferencias normativas entre países pueden complicar la implementación de derechos que, en principio, deberían ser universales.
Lourdes Mella Méndez ha subrayado que el teletrabajo transfronterizo ha cambiado las dinámicas laborales tradicionales, desdibujando las fronteras físicas y legales entre empleador y trabajador31.
En este nuevo contexto, surgen preguntas sobre qué jurisdicción es responsable de proteger los derechos del trabajador y cómo se deben aplicar los instrumentos internacionales de derechos laborales cuando las partes se encuentran en distintos países con regulaciones divergentes.
Uno de los principales desafíos es la aplicación del principio de igualdad de trato en un contexto transnacional32. Aunque el teletrabajo ofrece flexibilidad y puede fomentar la inclusión de trabajadores que antes no tenían acceso a ciertos empleos, también existe el riesgo de que se convierta en una herramienta para la "fuga de regulaciones", donde las empresas se trasladan a países con normativas laborales más laxas para evitar cumplir con estándares más estrictos en sus países de origen.
En un mundo donde el teletrabajo transfronterizo se ha vuelto más común, es fundamental que los derechos laborales fundamentales se protejan sin importar la ubicación del trabajador. Sin embargo, garantizar esta protección en un contexto transnacional requiere un esfuerzo coordinado entre los sistemas legales nacionales y las normativas internacionales.
Jean-Emmanuel Ray ha señalado que el teletrabajo transfronterizo plantea interrogantes sobre qué legislación debe aplicarse a los derechos fundamentales del trabajador33.
Por ejemplo, un teletrabajador en un país con protecciones laborales mínimas puede verse expuesto a condiciones laborales precarias si la normativa del país de su empleador no se aplica de manera efectiva.
Para resolver este conflicto, Ray sugiere la necesidad de fortalecer los acuerdos internacionales y regionales que permitan una aplicación más homogénea de los derechos laborales.
Uno de los mecanismos más importantes en este sentido es el Convenio de la OIT sobre el Teletrabajo, que, aunque no tiene un enfoque específico en el teletrabajo transfronterizo, establece las bases para que los Estados miembros adopten medidas que aseguren la protección de los derechos fundamentales en el teletrabajo34.
El convenio hace hincapié en la necesidad de garantizar el acceso a la seguridad social, el respeto a las condiciones de trabajo justas y la protección contra el acoso y la discriminación, independientemente de dónde se encuentre físicamente el trabajador.
Uno de los derechos emergentes más importantes en el contexto del teletrabajo es el derecho a la desconexión35.
Este derecho, reconocido inicialmente en países como Francia, busca proteger el tiempo de descanso de los trabajadores, asegurando que no se vean obligados a estar disponibles para sus empleadores fuera de su horario laboral.
En el caso del teletrabajo transfronterizo, el derecho a la desconexión cobra especial relevancia debido a las diferencias horarias entre el país del trabajador y el país del empleador.
Mark Freedland, ha argumentado que estas diferencias horarias pueden generar situaciones en las que el teletrabajador se sienta obligado a trabajar más allá de sus horas regulares, especialmente si su empleador espera que esté disponible en horarios que se ajustan a la jornada laboral de la empresa, pero no a la del trabajador36.
Garantizar el derecho a la desconexión en un contexto transfronterizo requiere que las empresas adopten políticas claras que respeten las horas de trabajo locales del teletrabajador y que no impongan cargas adicionales que comprometan su salud física y mental.
Autores como Sophie Robin-Olivier, han insistido en que la protección de este derecho es crucial para evitar que el teletrabajo se convierta en una forma de explotación encubierta37.
Otro de los derechos fundamentales que enfrenta desafíos en el contexto del teletrabajo transfronterizo es el derecho a la igualdad y la no discriminación. Si bien el teletrabajo puede facilitar el acceso al empleo para personas con discapacidades, residentes en áreas remotas o aquellos que no pueden desplazarse físicamente a un lugar de trabajo, también puede abrir la puerta a nuevas formas de discriminación.
Guy Davidov, ha advertido que el teletrabajo transfronterizo puede perpetuar o incluso amplificar las desigualdades preexistentes en el lugar de trabajo, ya que los teletrabajadores, especialmente aquellos que laboran en países en vías de desarrollo, podrían estar sujetos a salarios más bajos o a condiciones laborales menos favorables38.
Esto puede derivar en una forma de "dumping social", en la que las empresas aprovechan las diferencias en las normativas laborales para reducir costos a expensas de los derechos de los trabajadores[41].
Por lo tanto, para garantizar la igualdad y la no discriminación en el teletrabajo transfronterizo, es necesario que existan marcos regulatorios internacionales sólidos que aseguren que los teletrabajadores reciban un trato equitativo, independientemente de su ubicación.
Esto incluye la implementación de estándares salariales mínimos y la garantía de acceso a los mismos derechos y beneficios que los trabajadores locales.
La protección de los derechos fundamentales en el trabajo, en el contexto del teletrabajo transfronterizo, plantea una serie de desafíos importantes que requieren un enfoque integral y coordinado a nivel internacional.
Aunque el teletrabajo ofrece nuevas oportunidades para los trabajadores, también puede crear riesgos significativos si no se garantiza una aplicación efectiva de los derechos laborales básicos.
Es necesario fortalecer los mecanismos internacionales de regulación, como los convenios de la OIT, y desarrollar nuevas políticas que aborden los problemas específicos del teletrabajo transfronterizo, como la desconexión, la igualdad de trato y la no discriminación.
Solo a través de una cooperación internacional eficaz y de una actualización de los marcos normativos existentes, se podrán proteger adecuadamente los derechos fundamentales en esta nueva realidad laboral.
El concepto de trabajo decente fue introducido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1999 como un ideal fundamental para asegurar que los empleos ofrezcan dignidad, equidad y seguridad39.
El trabajo decente implica el respeto a los derechos laborales, la igualdad de oportunidades, una remuneración adecuada, condiciones de trabajo seguras y la posibilidad de crecer profesionalmente.
En el contexto del teletrabajo transfronterizo, este concepto enfrenta nuevos desafíos debido a la naturaleza del trabajo a distancia y la dispersión geográfica de los trabajadores, lo que puede generar dificultades para garantizar estos estándares mínimos.
La OIT ha definido el trabajo decente como una forma de empleo que proporciona un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que las personas expresen sus preocupaciones, participen en las decisiones que afectan sus vidas y protejan su bienestar físico y mental.
2.7.1.2 Componentes principales del trabajo decente son:
a) Acceso a empleo productivo y de calidad.
b) Derechos en el trabajo.
c) Protección social.
d) Diálogo social.
Autoras como Lourdes Mella Méndez han subrayado que el trabajo decente no solo es una cuestión de derechos individuales, sino que también está intrínsecamente relacionado con el desarrollo social y económico sostenible40.
En el contexto globalizado actual, donde el trabajo a distancia y el teletrabajo transfronterizo han crecido exponencialmente, es esencial examinar si este tipo de empleos puede ofrecer las mismas garantías de decencia laboral que los trabajos tradicionales.
El teletrabajo transfronterizo ofrece múltiples oportunidades, permitiendo a los empleados acceder a mercados laborales internacionales y a las empresas contratar talento más allá de sus fronteras.
Para evaluar el potencial del teletrabajo transfronterizo, se preguntó diversos encuestados, quienes actualmente trabajan de manera remota dentro del mismo país en el que residen, si considerarían la opción de empleo transfronterizo.
Los resultados muestran que, de quienes ya viven y trabajan de forma remota en el extranjero, el 40.1% estaría dispuesto a trabajar para una empresa u organización en Letonia (mientras residen en el extranjero). Sin embargo, muchos encontraron difícil responder a esta pregunta, ya que depende de diversas circunstancias y condiciones (Figura 3). El número de trabajadores remotos que rechaza por completo la idea de trabajar transfronterizamente es relativamente bajo41.
Would you be interested in working for a company in Latvia while living abroad?
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
No obstante, aunque el teletrabajo transfronterizo puede mejorar el acceso al empleo para ciertos grupos de trabajadores, como aquellos en áreas rurales o en países con economías menos desarrolladas, también puede dar lugar a desigualdades laborales significativas.
Guy Standing, en su análisis del trabajo precario, argumenta que la creciente dependencia del trabajo a distancia ha llevado a un incremento en la informalidad laboral, ya que muchas empresas aprovechan la deslocalización para contratar a trabajadores en países con normativas laborales más débiles42.
Este fenómeno puede derivar en una situación donde los trabajadores transfronterizos no disfruten de las mismas condiciones laborales que sus contrapartes en los países desarrollados, lo que compromete el principio de trabajo decente.
Para que el teletrabajo transfronterizo sea verdaderamente una opción de empleo productivo y de calidad, es crucial que se establezcan regulaciones claras que aseguren que los teletrabajadores, independientemente de su ubicación, tengan acceso a salarios justos, condiciones de seguridad laboral y oportunidades de desarrollo profesional.
Uno de los principales pilares del trabajo decente es el respeto y la protección de los derechos laborales. En el contexto del teletrabajo transfronterizo, proteger estos derechos puede ser particularmente complejo, ya que los trabajadores y empleadores se encuentran en diferentes jurisdicciones legales, lo que puede generar confusión sobre qué leyes y derechos aplicar.
Jean-Emmanuel Ray, ha destacado que uno de los principales desafíos del teletrabajo transfronterizo es garantizar que los derechos laborales sean aplicables y ejecutables en un contexto donde las fronteras geográficas pierden relevancia43.
Por ejemplo, cuestiones como el acceso a la seguridad social, el respeto a la jornada laboral o el derecho a la negociación colectiva pueden verse comprometidos si no existe una normativa internacional coherente que regule estas relaciones laborales a distancia.
Además, el dumping social, donde las empresas buscan reducir costos empleando a trabajadores en países con normativas laborales más laxas, puede llevar a una vulneración sistemática de los derechos laborales.
Para evitar esta situación, es esencial que se refuercen los convenios internacionales y que los países de origen y destino de los teletrabajadores colaboren en la creación de marcos legales que protejan estos derechos.
El teletrabajo plantea desafíos específicos en términos de protección social. Mientras que los trabajadores tradicionales suelen estar cubiertos por sistemas de seguridad social establecidos en su país de trabajo, los teletrabajadores transfronterizos pueden enfrentar dificultades para acceder a estos beneficios debido a la naturaleza transnacional de su empleo. Esto incluye la cobertura de salud, pensiones y protección frente a accidentes laborales.
Alain Supiot, en su estudio sobre la transformación del trabajo, ha argumentado que la seguridad social es un derecho fundamental que debe ser garantizado para todos los trabajadores, independientemente de su modalidad de empleo44.
La falta de coordinación entre los sistemas de seguridad social de diferentes países puede dejar a los teletrabajadores transfronterizos en una situación vulnerable, sin acceso a las prestaciones básicas que aseguran una vida digna.
Además de la protección social, la seguridad en el trabajo es otro componente esencial del trabajo decente. En el caso del teletrabajo, la deslocalización del lugar de trabajo plantea nuevos desafíos para garantizar condiciones laborales seguras.
La Organización Internacional del Trabajo ha recomendado que los empleadores deben garantizar que los teletrabajadores cuenten con las herramientas necesarias para realizar su trabajo en condiciones de seguridad, lo que incluye proporcionar equipos adecuados y asegurar que los trabajadores reciban formación sobre ergonomía y salud mental.
El diálogo social, entendido como el proceso de negociación entre empleadores, trabajadores y gobiernos, es un pilar fundamental del trabajo decente45. Sin embargo, en el contexto del teletrabajo transfronterizo, el diálogo social enfrenta obstáculos significativos debido a la dispersión geográfica de los teletrabajadores y la falta de mecanismos claros para garantizar su participación en los procesos de negociación colectiva.
Guy Davidov, ha señalado que la globalización y el auge del teletrabajo han debilitado las estructuras tradicionales de representación laboral, ya que muchos teletrabajadores carecen de la posibilidad de unirse a sindicatos o participar en negociaciones colectivas debido a la naturaleza independiente y dispersa de su trabajo46.
Esto puede llevar a una mayor precariedad laboral y a una falta de representación de los intereses de los trabajadores en los procesos de toma de decisiones que afectan sus condiciones laborales.
Para garantizar el diálogo social en el contexto del teletrabajo transfronterizo, es necesario desarrollar nuevas formas de representación y participación que permitan a los teletrabajadores hacer oír su voz.
Esto podría incluir la creación de sindicatos transnacionales o plataformas digitales que faciliten la participación de los trabajadores a distancia en los procesos de negociación colectiva.
El teletrabajo transfronterizo ofrece oportunidades para el desarrollo de nuevas formas de empleo, pero también plantea desafíos significativos para garantizar que estas nuevas modalidades de trabajo cumplan con los estándares de trabajo decente establecidos por la OIT.
La protección de los derechos laborales, la garantía de la seguridad social y la participación en el diálogo social son aspectos clave que deben abordarse para asegurar que el teletrabajo no se convierta en una forma de precarización del empleo.
A medida que el teletrabajo sigue expandiéndose, es esencial que los gobiernos, las empresas y las organizaciones internacionales colaboren para desarrollar marcos legales y normativos que aseguren la protección de los derechos fundamentales de los teletrabajadores, independientemente de su ubicación geográfica.
Solo a través de esta cooperación se podrá garantizar que el trabajo decente siga siendo una realidad en un mundo laboral cada vez más globalizado y digitalizado.
2.8. Teoría de la justicia social y su aplicación al teletrabajo transfronterizo
La justicia social se ha entendido como la búsqueda de una distribución equitativa de los recursos, oportunidades y derechos dentro de una sociedad, garantizando que todas las personas, independientemente de su origen o posición, puedan disfrutar de condiciones de vida dignas47.
Este concepto ha sido fundamental en el desarrollo de políticas y marcos jurídicos para abordar las desigualdades económicas y sociales. En el contexto laboral, la justicia social se manifiesta a través de la protección de los derechos de los trabajadores y la promoción de condiciones equitativas de trabajo.
Con el auge del teletrabajo transfronterizo, la aplicación de la justicia social enfrenta nuevos retos. En esta modalidad de trabajo, los empleados pueden residir en un país distinto al de su empleador, lo que genera desajustes en la aplicación de derechos laborales y beneficios sociales.
Uno de los autores más influyentes en el campo de la justicia social es John Rawls, quien en su obra Teoría de la Justicia, propuso el principio de la justicia como equidad48.
Para Rawls, una sociedad justa es aquella en la que se garantiza la igualdad de oportunidades y se protegen los derechos fundamentales, pero también se permite una distribución desigual de los recursos siempre y cuando esa desigualdad beneficie a los más desfavorecidos.
Este concepto es especialmente relevante en el ámbito laboral, donde las normativas buscan equilibrar las desigualdades inherentes entre empleadores y empleados.
En el contexto del teletrabajo transfronterizo, la teoría de Rawls sugiere que, aunque pueda existir una disparidad en las condiciones laborales entre trabajadores de diferentes países, estas diferencias deberían estar justificadas solo si contribuyen a mejorar las condiciones de los trabajadores más vulnerables.
En la práctica, esta modalidad de trabajo ha generado riesgos de dumping social, donde las empresas se aprovechan de normativas laborales más flexibles en otros países para reducir costos, lo que va en detrimento de la equidad.
Por otro lado, Amartya Sen, en su enfoque de las capacidades, ha argumentado que la justicia social no debe medirse únicamente en términos de distribución de bienes materiales, sino también en la capacidad de las personas para ejercer sus libertades y desarrollar su potencial49 50.
En el teletrabajo transfronterizo, esto implica garantizar que los trabajadores puedan acceder a las mismas oportunidades de crecimiento profesional y protección social que sus contrapartes locales, independientemente de su ubicación geográfica.
Una de las preocupaciones principales en relación con la justicia social en el teletrabajo transfronterizo es la disparidad en la aplicación de derechos laborales y protección social[53].
Las diferencias en los marcos legales entre países pueden generar situaciones donde los teletrabajadores transfronterizos no tengan acceso a los mismos beneficios que los trabajadores locales, lo que agrava las desigualdades económicas.
Autores como Guy Standing, en su concepto del precariado, advierten que el teletrabajo transfronterizo puede contribuir a la creación de una nueva clase de trabajadores vulnerables que, aunque participen en el mercado global, no cuentan con la misma protección legal que los empleados tradicionales51.
[53] Organización Internacional del Trabajo (OIT). (2020). El futuro del trabajo en un mundo sin fronteras: Teletrabajo y justicia social. OIT.
Estos teletrabajadores pueden verse privados de derechos como la seguridad social, la atención médica o el acceso a pensiones, lo que genera una situación de inequidad que contradice los principios básicos de la justicia social.
Un ejemplo claro de esta desigualdad es la falta de protección social transnacional. A menudo, los sistemas de seguridad social están diseñados para proteger a los trabajadores dentro de las fronteras nacionales, pero no contemplan situaciones en las que los empleados residen en un país y trabajan para una empresa en otro.
Esto puede dejar a los teletrabajadores sin acceso a prestaciones de desempleo, seguro médico o pensiones, lo que representa una clara violación de los principios de equidad y justicia social.
Para abordar los desafíos que plantea el teletrabajo transfronterizo desde una perspectiva de justicia social, es necesario fortalecer la coordinación internacional en la regulación del trabajo a distancia.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otros organismos internacionales han comenzado a emitir recomendaciones para garantizar que los teletrabajadores, independientemente de su ubicación, disfruten de los mismos derechos y protecciones que los trabajadores locales52.
Además, el principio de igualdad de trato debe ser central en cualquier marco regulador del teletrabajo transfronterizo. Esto implica garantizar que los trabajadores que realizan sus funciones desde otro país reciban la misma remuneración, disfruten de los mismos derechos laborales y tengan acceso a las mismas oportunidades de crecimiento que los empleados que trabajan localmente.
La implementación de convenios bilaterales o multilaterales entre países puede ser una solución para asegurar que las normativas laborales sean efectivamente aplicadas en este contexto.
Por último, es esencial que se desarrollen políticas que promuevan el diálogo social entre empleadores, trabajadores y gobiernos en el contexto del teletrabajo transfronterizo. Esto permitirá identificar las necesidades específicas de los teletrabajadores, proteger sus derechos y garantizar que el teletrabajo se desarrolle de una manera que promueva la justicia social, en lugar de perpetuar o aumentar las desigualdades.
La justicia social, como ideal normativo, ofrece un marco valioso para abordar las desigualdades y los desafíos que plantea el teletrabajo transfronterizo.
Teorías como las de John Rawls y Amartya Sen proporcionan una base para reflexionar sobre cómo se deben diseñar las políticas laborales internacionales para garantizar que los teletrabajadores transfronterizos disfruten de condiciones justas y equitativas53,54.
No obstante, la aplicación de estos principios en la práctica requiere un esfuerzo coordinado a nivel internacional, con el objetivo de superar las barreras legales y jurisdiccionales que actualmente limitan la protección de estos trabajadores.
Solo a través de la creación de marcos legales inclusivos y una mayor cooperación entre los Estados será posible garantizar que el teletrabajo transfronterizo se desarrolle de manera que respete los principios de equidad, libertad y dignidad que constituyen la base de la justicia social.
2.9. Principios de justicia social: igualdad de oportunidades y equidad
2.9.1 La justicia social es un concepto clave en las ciencias sociales y el derecho, que busca promover sociedades más justas e inclusivas mediante la garantía de derechos y el acceso equitativo a recursos, oportunidades y beneficios.
Dos principios fundamentales que subyacen a este concepto son la igualdad de oportunidades y la equidad, los cuales juegan un rol crucial en la creación de una sociedad donde todos los individuos, independientemente de su origen o circunstancias personales, puedan desarrollar su potencial y vivir dignamente.
A continuación, se explorare ambos principios en profundidad, analizando su importancia teórica y su aplicación práctica en el ámbito social, laboral y educativo.
2.9.2 La igualdad de oportunidades es el principio según el cual todas las personas deben tener las mismas posibilidades de acceder a los recursos y oportunidades, independientemente de su origen social, económico, étnico o de género.
Este concepto implica que las barreras estructurales que impiden el acceso equitativo a la educación, al empleo o a los derechos básicos deben ser eliminadas para que cada individuo pueda competir o participar en condiciones justas.55
John Rawls, en su teoría de la justicia como equidad, define la igualdad de oportunidades como una condición necesaria para una sociedad justa.
Rawls introduce el concepto de la "posición original" y el "velo de la ignorancia"56, donde sugiere que, si las personas pudieran decidir sobre las reglas de justicia sin conocer su lugar en la sociedad, optarían por una distribución equitativa de oportunidades para garantizar que nadie se vea injustamente desventajado.
En el ámbito laboral, la igualdad de oportunidades se refleja en el principio de no discriminación. Las leyes que prohíben la discriminación por motivos de raza, género, discapacidad o religión son ejemplos de cómo se busca garantizar que todas las personas tengan acceso a las mismas oportunidades de empleo y desarrollo profesional.
Amartya Sen, en su enfoque de las capacidades, sostiene que la igualdad de oportunidades no solo debe enfocarse en eliminar barreras legales o formales, sino también en asegurar que todos tengan las condiciones necesarias para aprovechar dichas oportunidades57.
Por ejemplo, no basta con que una persona tenga acceso formal a la educación si las condiciones socioeconómicas de su entorno le impiden obtener el máximo provecho de esa oportunidad.
Véase el siguiente cuadro s sobre el teletrabajo transfronterizo en 2022. Este incluye información sobre la adopción del teletrabajo en diferentes regiones de Europa, los sectores que más lo utilizan y los principales desafíos58:
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
A pesar de los avances en la creación de marcos normativos para garantizar la igualdad de oportunidades, en la práctica persisten diversas barreras estructurales que impiden que este principio se haga realidad de manera plena. Entre los principales obstáculos se encuentran:
Las diferencias socioeconómicas influyen directamente en el acceso a recursos como la educación, la salud y el empleo. Los individuos provenientes de familias con mayores recursos económicos suelen tener mejores oportunidades educativas, lo que a su vez se traduce en mejores empleos y una movilidad social más favorable.
A pesar de la existencia de leyes antidiscriminatorias, en muchas sociedades persisten prácticas discriminatorias tanto explícitas como implícitas. Estas prácticas pueden manifestarse en la contratación laboral, en la representación en posiciones de liderazgo o en el acceso a servicios básicos.
La educación es uno de los principales motores de movilidad social y de igualdad de oportunidades. Sin embargo, las diferencias en la calidad de la educación entre regiones urbanas y rurales, o entre sistemas públicos y privados, perpetúan las desigualdades entre grupos sociales.
Pierre Bourdieu, sociólogo francés, argumentó que el capital cultural de los individuos, es decir, los recursos educativos, sociales y culturales a los que tienen acceso desde una edad temprana y juega un rol determinante en su éxito en la vida59.
Mientras que la igualdad de oportunidades se refiere a la eliminación de barreras para que todos tengan las mismas posibilidades de acceso, la equidad se centra en asegurar que los recursos y oportunidades se distribuyan de manera justa, teniendo en cuenta las circunstancias particulares de cada individuo.
2.9.3 La equidad no implica necesariamente una distribución igualitaria de los recursos, sino una distribución que sea justa y que reconozca las diferentes necesidades y desventajas de las personas.
Amartya Sen, en su enfoque de las capacidades, propone que la equidad debe garantizar que las personas no solo tengan acceso a recursos formales, sino que también puedan desarrollar su capacidad de elección y acción efectiva.
Sen argumenta que no basta con proporcionar los mismos recursos a todos, sino que es necesario identificar las desigualdades preexistentes y corregirlas para permitir que todas las personas tengan la libertad de alcanzar sus objetivos personales y sociales60.
En este sentido, la equidad reconoce que las personas no parten del mismo punto y que, por lo tanto, puede ser necesario proporcionar más recursos o apoyo a aquellos que enfrentan mayores desventajas estructurales.
Por ejemplo, las políticas de acción afirmativa son una medida equitativa que busca corregir las disparidades históricas que afectan a ciertos grupos desfavorecidos, como las minorías raciales o las mujeres, asegurando que tengan mayores posibilidades de acceder a la educación o el empleo.
La equidad está íntimamente relacionada con el concepto de justicia distributiva, que se refiere a la manera en que los recursos, beneficios y cargas de una sociedad deben distribuirse entre sus miembros. En términos de justicia social, la equidad busca corregir los desequilibrios históricos y las desventajas que afectan a ciertos grupos de personas.
Michael Walzer, en su obra Esferas de Justicia, propone que los diferentes bienes sociales, como la riqueza, el poder, la educación y el empleo, deben distribuirse de manera distinta según las características de cada bien y la necesidad de quienes lo reciben61.
Este enfoque busca evitar la monopolización de recursos por parte de un pequeño grupo de la sociedad y garantizar que todos los individuos, especialmente los más vulnerables, tengan acceso a los bienes que necesitan para llevar una vida digna62.
En el contexto laboral, la equidad implica asegurar que todos los trabajadores reciban un salario justo en función de su trabajo, que se les brinden oportunidades para desarrollar sus habilidades y que sus condiciones laborales respeten su dignidad humana.
Las políticas salariales equitativas, los programas de formación profesional para grupos desfavorecidos y las medidas para garantizar la seguridad laboral son ejemplos de cómo la equidad puede aplicarse en el ámbito del trabajo.
A pesar de la importancia teórica de los principios de igualdad de oportunidades y equidad, su implementación práctica enfrenta importantes desafíos:
2.9.3.1 Persistencia de las desigualdades estructurales: Las desigualdades económicas, sociales y culturales tienden a reproducirse de una generación a otra, lo que dificulta la creación de condiciones verdaderamente equitativas para todos los individuos.
2.9.3.1.1 Dificultad en la medición de la equidad: A diferencia de la igualdad de oportunidades, que puede medirse a través de indicadores como el acceso a la educación o el empleo, la equidad es un concepto más subjetivo y complejo de evaluar, ya que implica un análisis de las condiciones individuales y de los contextos sociales en los que las personas viven.
2.9.3.1.2 Resistencia política y social: Las políticas que buscan promover la equidad, como las acciones afirmativas o las políticas de redistribución de la riqueza, a menudo generan resistencia en ciertos sectores de la sociedad, que las perciben como injustas o que amenazan su estatus privilegiado.
Los principios de igualdad de oportunidades y equidad son fundamentales para la promoción de la justicia social en cualquier sociedad63.
Si bien la igualdad de oportunidades busca garantizar que todos tengan acceso a los mismos recursos y posibilidades, la equidad reconoce que no todos parten de la misma posición y que, por lo tanto, se requieren políticas específicas para corregir las desigualdades preexistentes.
Ambos principios son esenciales para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva, pero su implementación práctica enfrenta obstáculos significativos que requieren un compromiso continuo por parte de los gobiernos, las instituciones y la sociedad civil.
La justicia distributiva se refiere a cómo se distribuyen los recursos, beneficios y cargas en una sociedad de manera justa y equitativa.
En términos generales, este concepto busca asegurar que todos los individuos, independientemente de su origen o situación socioeconómica, tengan acceso a los recursos necesarios para llevar una vida digna y próspera.
En el contexto laboral, la justicia distributiva se traduce en la distribución equitativa de salarios, beneficios sociales, oportunidades de desarrollo y condiciones de trabajo justas64.
El auge del teletrabajo, impulsado por los avances tecnológicos y acelerado por la pandemia del COVID-19, ha transformado radicalmente las dinámicas laborales tradicionales, planteando nuevos desafíos para la justicia distributiva.
Si bien el teletrabajo ofrece oportunidades significativas para una mayor flexibilidad laboral y acceso a mercados internacionales, también puede generar nuevas formas de desigualdad y distribución inequitativa de recursos si no se regulan adecuadamente.
A continuación, se exploran los principios de justicia distributiva y cómo se aplican en el teletrabajo, con un enfoque en la redistribución de recursos en este contexto.
El concepto de justicia distributiva ha sido analizado por varios teóricos, siendo John Rawls uno de los más influyentes. En su obra Teoría de la Justicia, Rawls propone que una sociedad justa es aquella en la que las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos65.
Este principio, conocido como el "principio de la diferencia", implica que la distribución de recursos no debe basarse únicamente en el mérito o el esfuerzo individual, sino que debe tener en cuenta las desigualdades estructurales y sociales que limitan las oportunidades de ciertos grupos.
En el ámbito laboral, la justicia distributiva busca garantizar que los beneficios y cargas del trabajo se distribuyan de manera equitativa entre los empleados. Esto incluye no solo los salarios, sino también el acceso a oportunidades de capacitación, las condiciones de trabajo seguras y el acceso a la protección social.
Amartya Sen, en su enfoque de las capacidades, también argumenta que la justicia distributiva debe centrarse en garantizar que todas las personas tengan las mismas oportunidades para desarrollar sus capacidades y alcanzar sus metas, en lugar de centrarse exclusivamente en la distribución de bienes materiales66.
2.10. Teletrabajo: una nueva realidad laboral
El teletrabajo ha cambiado la forma en que se estructura el empleo y ha generado una serie de ventajas tanto para empleadores como para empleados.
Entre las principales ventajas del teletrabajo se encuentran la flexibilidad para trabajar desde cualquier lugar, la reducción de los tiempos de desplazamiento y la posibilidad de equilibrar mejor la vida personal y profesional. Para las empresas, el teletrabajo ha significado una reducción en los costos operativos, como los asociados al alquiler de oficinas o los servicios básicos.
Gráfico Porcentaje de empleados que teletrabajan en la UE28, por países (2015).
Distribución por categorías: regularmente desde casa, móvil recurrente y teletrabajo ocasional
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Fuente: Working anytime, anywhere: the effects on the word of work (ILO-Eurofound, 2017)67
Actualmente, existen diversos programas de visas nómadas, que son básicamente, programas que permiten a ciudadanos extranjeros residir legalmente en los países que tienen implementados estos programas, con el requisito esencial de desarrollar actividades laborales mediante el uso de las tecnologías de la información, en sus países de origen o en terceros países.
Los programas actuales son los siguientes68:
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Sin embargo, esta modalidad de trabajo también plantea desafíos importantes desde la perspectiva de la justicia distributiva. Al eliminar el espacio físico compartido, el teletrabajo puede contribuir a la deslocalización de la fuerza laboral, lo que abre la puerta a la creación de una brecha salarial entre trabajadores de diferentes regiones geográficas.
Guy Standing, en su análisis sobre el "precariado", advierte que la flexibilización del trabajo y la deslocalización pueden generar nuevas formas de precariedad laboral, donde los trabajadores en países o regiones con menor protección laboral y social son contratados a salarios más bajos y con menos beneficios69.
Este fenómeno, conocido como dumping social, genera una distribución desigual de recursos y oportunidades entre los trabajadores que realizan las mismas funciones pero que están ubicados en diferentes países o regiones.
Esto plantea preguntas sobre cómo garantizar la justicia distributiva en un contexto de teletrabajo transfronterizo, donde las diferencias normativas y salariales entre países pueden ser aprovechadas por las empresas para reducir costos a expensas de los derechos de los trabajadores.
Una de las principales preocupaciones en torno al teletrabajo es la redistribución desigual de los recursos, tanto a nivel salarial como en términos de acceso a los beneficios laborales.
El teletrabajo permite a las empresas contratar a trabajadores de cualquier parte del mundo, lo que, en teoría, podría aumentar la competencia y mejorar las oportunidades de empleo para personas en regiones con menos ofertas laborales. Sin embargo, en la práctica, este modelo puede exacerbar las desigualdades existentes si no se garantiza una redistribución justa de los recursos.
En primer lugar, el acceso a salarios justos es uno de los puntos críticos en la justicia distributiva en el teletrabajo. Muchos teletrabajadores, especialmente aquellos en países en vías de desarrollo, pueden ser contratados con salarios significativamente más bajos que sus contrapartes en países desarrollados, a pesar de realizar las mismas tareas.
Esta práctica perpetúa las desigualdades salariales a nivel global y dificulta la equidad en el acceso a los beneficios del trabajo.
Michael Walzer, en su obra Esferas de Justicia, sostiene que la justicia distributiva requiere que diferentes bienes sociales
(como la riqueza, el empleo o el estatus) se distribuyan de acuerdo con las necesidades y méritos de cada grupo social, sin que un solo grupo monopolicé todos los recursos70.
Otro aspecto importante de la redistribución de recursos es el acceso a beneficios laborales, como la seguridad social, el seguro médico y las pensiones.
En muchos casos, los teletrabajadores transfronterizos no tienen acceso a los mismos beneficios que los trabajadores presenciales debido a la falta de coordinación entre los sistemas de seguridad social de diferentes países.
Esto genera una situación en la que los teletrabajadores pueden quedar desprotegidos frente a riesgos como el desempleo, los accidentes laborales o las enfermedades, lo que compromete su bienestar y viola los principios de justicia distributiva.
El teletrabajo plantea una serie de desafíos para la justicia distributiva que requieren una intervención tanto a nivel nacional como internacional para asegurar que los beneficios del trabajo a distancia se distribuyan de manera equitativa.
Entre los principales desafíos se encuentran la posibilidad de contratar a teletrabajadores en diferentes países o regiones puede llevar a que las empresas ofrezcan salarios más bajos a los empleados de países con menor costo de vida, perpetuando las desigualdades salariales a nivel global.
Los teletrabajadores transfronterizos a menudo no tienen acceso a los mismos beneficios laborales que los trabajadores locales debido a la falta de normativas internacionales claras que regulen la protección social en el trabajo a distancia.
La capacidad de teletrabajar depende en gran medida del acceso a la tecnología y a la infraestructura digital adecuada. Los trabajadores en áreas rurales o en países en desarrollo pueden verse excluidos de las oportunidades de teletrabajo debido a la falta de acceso a internet de alta velocidad o a equipos tecnológicos adecuados.
Amartya Sen sostiene que la equidad no solo implica distribuir recursos materiales, sino también asegurar que las personas tengan las capacidades y herramientas necesarias para aprovechar esas oportunidades71.
2.11. Redistribución de recursos en el teletrabajo: propuestas y soluciones
Para garantizar una redistribución más justa de los recursos en el contexto del teletrabajo, es necesario adoptar una serie de medidas tanto a nivel empresarial como gubernamental.
Algunas de las propuestas incluyen que los gobiernos y las empresas deben garantizar que los teletrabajadores reciban salarios justos, basados en el valor de su trabajo, y no en su ubicación geográfica. Esto puede implicar la creación de marcos regulatorios que impidan la discriminación salarial basada en la ubicación del trabajador.
Los países deben trabajar en la creación de acuerdos internacionales que permitan a los teletrabajadores transfronterizos acceder a los mismos beneficios laborales que los trabajadores locales.
Esto incluye la posibilidad de cotizar a sistemas de seguridad social, acceder a seguro médico y participar en planes de pensiones, independientemente de su país de residencia.
Para asegurar que todos los trabajadores puedan beneficiarse de las oportunidades que ofrece el teletrabajo, es fundamental cerrar la brecha digital.
Esto implica invertir en infraestructura tecnológica y en programas de formación digital para que todos los individuos, independientemente de su ubicación geográfica, puedan acceder al teletrabajo en condiciones de igualdad.
El teletrabajo ha transformado las dinámicas laborales y ofrece oportunidades para la flexibilización del empleo y la reducción de barreras geográficas. Sin embargo, también plantea desafíos significativos para la justicia distributiva, especialmente en términos de salarios, acceso a beneficios laborales y desigualdades en el acceso a la tecnología.
Para asegurar que el teletrabajo contribuya a una mayor equidad y justicia distributiva, es esencial que tanto las empresas como los gobiernos adopten políticas que garanticen una redistribución justa de los recursos, protegiendo los derechos de los trabajadores, independientemente de su ubicación.
Solo a través de una intervención coordinada a nivel internacional y nacional, y el compromiso de promover la equidad, será posible que el teletrabajo se convierta en una herramienta para la justicia social y no en una fuente de nuevas desigualdades.
2.12. Teoría del dumping social y la competencia desleal
La teoría del dumping social es un concepto que ha adquirido relevancia en los debates sobre la globalización y la competitividad económica internacional. En términos generales, el dumping social se refiere a la práctica en la que empresas o países aprovechan la laxitud o ausencia de normativas laborales, ambientales o sociales para ofrecer productos o servicios a precios más bajos que los competidores de mercados donde las regulaciones son más estrictas.
Esta práctica genera una ventaja competitiva desleal, ya que los productos elaborados bajo condiciones menos rigurosas pueden venderse a un costo inferior en los mercados internacionales.
El dumping social está estrechamente relacionado con la competencia desleal, en la cual las empresas que adoptan prácticas éticamente cuestionables socavan las bases del mercado justo. Este fenómeno no solo afecta a los trabajadores, que ven degradadas sus condiciones laborales, sino también a las economías que se ven obligadas a competir en condiciones de desigualdad.
El dumping social se entiende como la utilización de costos laborales reducidos o la explotación de vacíos legales en las normativas laborales para obtener una ventaja competitiva en el mercado internacional.
El dumping social, es una práctica de competencia desleal que busca disminuir los costos de producción a expensas de los derechos laborales y sociales de los trabajadores. Las formas más comunes de dumping social incluyen:
En muchos casos, las empresas trasladan su producción a países con salarios significativamente más bajos, lo que les permite reducir sus costos laborales.
En países con normativas laborales menos estrictas, los empleadores pueden evitar ofrecer protecciones como la seguridad social, la jornada laboral limitada, o condiciones seguras de trabajo.
En muchos países con dumping social, los trabajadores no tienen acceso a servicios básicos de salud, pensiones o indemnizaciones por accidentes laborales, lo que reduce aún más los costos de las empresas.
Este tipo de dumping socava los esfuerzos internacionales por establecer estándares mínimos de trabajo decente, como los promovidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Además, provoca una carrera hacia el fondo, en la que los países y empresas se ven incentivados a reducir las protecciones laborales para competir en el mercado global.
La competencia desleal se refiere a las prácticas comerciales que violan las normas del mercado justo, al aprovecharse de ciertas ventajas ilícitas o poco éticas. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), la competencia desleal es perjudicial para la integridad de los mercados, ya que distorsiona el comercio justo y genera desequilibrios económicos72.
En este contexto, el dumping social puede considerarse una forma de competencia desleal, ya que socava las empresas que operan en mercados con normativas laborales más estrictas y éticas.
El dumping social y la competencia desleal no solo impactan a los trabajadores de los países donde se aplican estas prácticas, sino también a los países que se esfuerzan por mantener estándares laborales más elevados.
Las empresas en estos países, que respetan los derechos laborales y ofrecen condiciones de trabajo dignas, se enfrentan a una desventaja competitiva al tener que competir con productos que se fabrican a menores costos gracias a la explotación laboral.
Guy Standing, en su estudio sobre el "precariado", destaca que el dumping social también contribuye a la erosión de los derechos laborales globales, ya que incentiva a los gobiernos a flexibilizar sus normativas laborales en un intento de atraer inversión extranjera73.
Existen diversas formas de dumping social y competencia desleal, cada una de las cuales tiene efectos perjudiciales tanto en el mercado internacional como en el bienestar de los trabajadores. Entre las más destacadas se encuentran:
Una de las estrategias más comunes en el dumping social es la deslocalización de empresas a países con menor costo de mano de obra y normativas laborales más flexibles. Esto les permite reducir significativamente los costos de producción y competir de manera desleal con empresas que operan en países con regulaciones más estrictas.
En muchos casos, las empresas que operan en países con normativas laborales débiles no cumplen con los estándares mínimos internacionales. Esto incluye la explotación de trabajo infantil, la ausencia de seguridad social y la falta de condiciones de trabajo seguras.
Estas prácticas no solo son perjudiciales para los trabajadores, sino que también distorsionan el mercado al permitir a las empresas ofrecer productos a precios más bajos.
Otra práctica común es la creación de falsas cooperativas o la subcontratación a empresas que no respetan los derechos laborales. En este caso, las empresas principales externalizan la producción a terceros que operan bajo condiciones laborales precarias, lo que les permite eludir responsabilidades legales y reducir costos.
En algunos casos, las empresas utilizan certificaciones falsas para aparentar que cumplen con estándares laborales y ambientales, cuando en realidad operan en condiciones de dumping social. Esto engaña a los consumidores, que creen estar comprando productos éticos y responsables.
Estas formas de dumping social generan una dinámica de competencia desleal que perjudica tanto a los trabajadores como a las empresas que intentan operar de manera ética.
El dumping social tiene un impacto devastador en los trabajadores, tanto en los países que lo practican como en aquellos que intentan mantener altos estándares laborales.
En los países donde se practica el dumping social, los trabajadores suelen enfrentarse a condiciones laborales extremadamente precarias, con bajos salarios, jornadas laborales largas, falta de protección social y riesgos laborales significativos.
En los países desarrollados, donde las normativas laborales son más estrictas, el dumping social genera un efecto desplazador. Las empresas que deslocalizan su producción para aprovechar costos laborales más bajos pueden causar desempleo en sus países de origen, lo que afecta gravemente a las economías locales y a los trabajadores.
El dumping social genera una presión a la baja sobre los derechos laborales a nivel mundial. En su intento por atraer inversión y competir con países que practican dumping social, muchos gobiernos se ven tentados a flexibilizar sus normativas laborales, lo que provoca una erosión de los derechos de los trabajadores.
David Harvey, en su análisis del neoliberalismo, argumenta que la globalización y la liberalización del comercio han fomentado la competencia desleal y el dumping social, ya que las empresas transnacionales buscan maximizar sus ganancias reduciendo los costos laborales. Este proceso, según Harvey, contribuye a la precarización del trabajo y al aumento de la desigualdad económica a nivel mundial74.
Para contrarrestar los efectos negativos del dumping social y la competencia desleal, diversas organizaciones internacionales y gobiernos han intentado implementar regulaciones y mecanismos de control.
Entre las medidas más importantes se encuentran convenios de la OIT que buscan proteger los derechos fundamentales de los trabajadores. Estos convenios establecen estándares mínimos en áreas como la libertad de asociación, la eliminación del trabajo infantil, la igualdad de género y las condiciones de trabajo dignas.
Aunque estos convenios son un paso importante hacia la erradicación del dumping social, su aplicación y cumplimiento siguen siendo problemáticos, especialmente en países con sistemas regulatorios débiles.
Algunos acuerdos comerciales internacionales incluyen cláusulas laborales que obligan a los países firmantes a respetar ciertos estándares laborales.
Por ejemplo, el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC) incluye disposiciones que buscan evitar el dumping social al exigir a los países firmantes que respeten los derechos laborales fundamentales.
La presión sobre las empresas para que respeten los derechos laborales y sociales ha aumentado en los últimos años gracias a las iniciativas de responsabilidad social empresarial.
Empresas multinacionales están adoptando códigos de conducta que buscan garantizar que sus cadenas de suministro cumplan con los estándares internacionales de trabajo decente. Sin embargo, la falta de transparencia y la dificultad para monitorear el cumplimiento real limitan la efectividad de estas medidas.
Con el auge de la economía digital y el teletrabajo, el dumping social ha adoptado nuevas formas75. El teletrabajo transfronterizo, donde los trabajadores realizan sus tareas desde un país distinto al de su empleador, plantea desafíos específicos en términos de competencia desleal.
Las empresas pueden contratar a trabajadores en países con menores costos laborales y normativas más laxas, lo que genera un dumping social que afecta tanto a los trabajadores como a las economías nacionales.
Alain Supiot, en su estudio sobre el futuro del trabajo, argumenta que la economía digital ha exacerbado las desigualdades laborales76.
Con la creciente adopción del teletrabajo, especialmente en su modalidad transfronteriza, el dumping social ha encontrado nuevas formas de manifestarse.
Las empresas, al aprovechar las diferencias en los costos laborales y las normativas de protección social entre países, pueden contratar a trabajadores en regiones donde los salarios son más bajos y las condiciones laborales menos reguladas.
Esto permite a las empresas competir en mercados con productos o servicios más baratos, mientras reducen significativamente los costos, creando una competencia desleal tanto a nivel nacional como internacional.
Alain Supiot, en su análisis del futuro del trabajo, sugiere que la economía digital ha exacerbado las desigualdades laborales al permitir que las empresas globales exploten las diferencias normativas entre países77.
En el contexto del teletrabajo, este fenómeno se agrava debido a la naturaleza deslocalizada del trabajo, donde la distancia geográfica entre empleador y empleado crea una zona gris en la regulación de las relaciones laborales.
Los trabajadores en países con menor protección laboral pueden ser contratados a menores costos y con menos beneficios que aquellos en países con normativas más estrictas. Esto perpetúa una distribución desigual de los recursos, donde los teletrabajadores no disfrutan de los mismos derechos y beneficios que los empleados locales.
Las empresas pueden evitar el cumplimiento de normativas laborales locales contratando a empleados en países donde las leyes son menos exigentes, lo que genera una desventaja competitiva para las empresas que operan en jurisdicciones con mayores exigencias en términos de salarios mínimos, protección social o derechos laborales.
Muchos teletrabajadores transfronterizos no tienen acceso a los sistemas de seguridad social de sus países de origen o de los países donde trabajan, lo que los deja expuestos a la falta de cobertura en caso de enfermedad, desempleo o jubilación.
2.13. Soluciones para combatir el dumping social en la economía digital
Frente a los desafíos del dumping social en la economía digital y el teletrabajo transfronterizo, es necesario adoptar una serie de medidas a nivel internacional y nacional para mitigar los efectos negativos de esta práctica y garantizar una competencia justa.
Una posible solución es la armonización de las normativas laborales y sociales a nivel internacional. Organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) podrían desempeñar un papel crucial en la creación de marcos legales internacionales que aseguren que las empresas cumplan con ciertos estándares laborales mínimos, independientemente del país en el que operen o contraten trabajadores.
Los acuerdos comerciales internacionales deben incluir cláusulas que obliguen a los países a respetar los derechos laborales y a combatir el dumping social. Por ejemplo, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) establece disposiciones para evitar la explotación laboral en los países firmantes, asegurando que los productos y servicios no sean fruto de prácticas de dumping social.
Las empresas multinacionales tienen una responsabilidad en garantizar que sus operaciones, incluidas las relaciones laborales transfronterizas, respeten los derechos de los trabajadores.
Los códigos de conducta y las auditorías internas pueden ser mecanismos efectivos para asegurar que no se recurra al dumping social como una estrategia de reducción de costos. Sin embargo, estos esfuerzos deben ser genuinos y transparentes, con mecanismos de monitoreo independientes para verificar su cumplimiento.
Es esencial desarrollar nuevas políticas que protejan a los teletrabajadores en el contexto transfronterizo. Esto incluye garantizar el acceso a los sistemas de seguridad social, la protección frente a la explotación laboral y el respeto a los derechos fundamentales de los trabajadores, como el derecho a la desconexión y a condiciones de trabajo dignas.
Los acuerdos bilaterales o multilaterales entre países pueden ayudar a coordinar los derechos laborales y las protecciones sociales para estos trabajadores.
La participación de los sindicatos y las organizaciones de trabajadores en la creación de políticas que regulen el teletrabajo y el dumping social es crucial. A través del diálogo social, es posible identificar las preocupaciones específicas de los trabajadores y asegurar que las políticas adoptadas reflejen sus intereses y necesidades.
La teoría del dumping social y la competencia desleal revela las profundas desigualdades que persisten en el contexto de la globalización y la digitalización de la economía. Si bien el teletrabajo y la economía digital ofrecen oportunidades para aumentar la flexibilidad laboral y la eficiencia empresarial, también presentan riesgos significativos para la justicia social y la equidad en el mercado global.
Para contrarrestar estos riesgos, es esencial que los gobiernos, las empresas y las organizaciones internacionales trabajen en conjunto para desarrollar marcos normativos que aseguren una redistribución equitativa de los recursos y una competencia justa.
Esto implica no solo regular el teletrabajo transfronterizo y combatir el dumping social, sino también garantizar que todos los trabajadores, independientemente de su ubicación geográfica, tengan acceso a condiciones laborales dignas, salarios justos y una protección social adecuada.
En última instancia, la lucha contra el dumping social y la competencia desleal es una cuestión de justicia global, donde los derechos de los trabajadores y la equidad en el mercado deben ser protegidos frente a las presiones de la liberalización económica y la globalización.
Solo a través de la cooperación internacional y el compromiso con los principios de la justicia social será posible garantizar que la economía digital y el teletrabajo se desarrollen de manera que promuevan el bienestar de todos los trabajadores y no perpetúen las desigualdades existentes.
2.14. Globalización y economía del trabajo: impacto en el teletrabajo transfronterizo
La globalización ha transformado profundamente las economías y los mercados laborales a nivel mundial. Este fenómeno, caracterizado por la creciente interdependencia económica, cultural y tecnológica entre los países, ha permitido una mayor integración de los mercados laborales, facilitando el movimiento de bienes, servicios, personas y, cada vez más, de empleos a través de las fronteras.
En este contexto, el teletrabajo transfronterizo ha emergido como una forma clave de organización laboral, potenciada por los avances tecnológicos y la necesidad de adaptarse a nuevas dinámicas globales.
El teletrabajo transfronterizo, donde los trabajadores realizan sus tareas desde un país distinto al de su empleador, se ha convertido en una opción viable y cada vez más popular para las empresas y los trabajadores, proporcionando flexibilidad y reduciendo los costos operativos. Sin embargo, también plantea una serie de desafíos en términos de equidad, derechos laborales y justicia social.
La globalización ha sido impulsada por varios factores, incluidos los avances en las tecnologías de la información, la reducción de las barreras comerciales y la liberalización de los mercados financieros.
Estos cambios han permitido que las empresas trasciendan las fronteras nacionales para buscar mano de obra y mercados en todo el mundo. En este contexto, la economía del trabajo se ha transformado de manera significativa, con varias tendencias que han afectado la forma en que se organiza el empleo.
Guy Standing, en su análisis sobre el "precariado", destaca que la globalización ha generado una mayor fragmentación del trabajo, donde cada vez más personas están empleadas en trabajos temporales, a tiempo parcial o de manera independiente. Estas formas de empleo, que ofrecen menos seguridad laboral y protección social, son características del teletrabajo transfronterizo78.
En este sentido, la globalización ha contribuido al auge de las formas de empleo flexibles y deslocalizadas, que permiten a las empresas contratar trabajadores en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, el impacto de la globalización en la economía del trabajo no ha sido uniforme. Mientras que algunos trabajadores han visto aumentar sus oportunidades y salarios, otros se han enfrentado a una creciente precariedad laboral. Este fenómeno ha exacerbado las desigualdades tanto dentro de los países como entre ellos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido sobre el aumento de la informalidad y la disminución de la protección laboral en muchos sectores, especialmente en los trabajos que dependen de la tecnología y de la externalización de servicios, como el teletrabajo79.
El teletrabajo transfronterizo ha crecido significativamente en las últimas décadas, gracias a los avances tecnológicos que han facilitado la comunicación y la colaboración a distancia.
Plataformas de videoconferencia, herramientas de gestión en la nube y software de colaboración han permitido a las empresas gestionar equipos distribuidos en diferentes partes del mundo sin la necesidad de una ubicación física compartida.
La pandemia del COVID-19 aceleró aún más esta tendencia, obligando a las empresas a adoptar el teletrabajo como una solución inmediata para mantener sus operaciones durante los confinamientos globales.
A medida que las empresas experimentaron los beneficios del teletrabajo, como la reducción de costos operativos y la posibilidad de acceder a un mayor número de talentos en todo el mundo, muchas optaron por mantener esta modalidad de trabajo incluso después de la reapertura de las economías.
Este crecimiento del teletrabajo transfronterizo ha permitido a los trabajadores en países con menores costos de vida acceder a oportunidades laborales en mercados más desarrollados. Sin embargo, también ha generado nuevas formas de desigualdad, ya que los trabajadores en diferentes partes del mundo reciben salarios desiguales por realizar trabajos similares debido a las diferencias en los costos de vida y las regulaciones laborales.
Este fenómeno es una manifestación del dumping social, donde las empresas aprovechan las disparidades normativas para reducir sus costos de producción.
El teletrabajo transfronterizo plantea varios desafíos en el marco de la globalización. Estos desafíos afectan tanto a los trabajadores como a las empresas, y exigen una mayor atención por parte de los legisladores y reguladores a nivel internacional.
Uno de los problemas más destacados del teletrabajo transfronterizo es la disparidad salarial entre los trabajadores que realizan funciones similares pero que se encuentran en diferentes países.
Las empresas pueden optar por contratar a trabajadores en regiones donde los salarios son más bajos, lo que genera una desventaja competitiva para los empleados en países con mayores costos laborales y más derechos laborales. Esta práctica perpetúa las desigualdades económicas y contribuye a la explotación laboral.
Debido a la naturaleza transfronteriza del teletrabajo, surge una confusión sobre qué legislación laboral se debe aplicar.
En algunos casos, los trabajadores pueden quedar desprotegidos o enfrentarse a la falta de acceso a sistemas de seguridad social y protección contra despidos injustificados. Las diferencias en las normativas laborales entre países complican la protección de los derechos de los teletrabajadores, creando una brecha en la cobertura de derechos fundamentales.
Muchos teletrabajadores transfronterizos no tienen acceso a los beneficios sociales básicos, como la seguridad social, el seguro médico o las pensiones, ya que trabajan para empresas ubicadas en otros países que no están obligadas a ofrecer tales beneficios.
Esto genera una situación de precariedad para estos trabajadores, que no tienen una red de seguridad en caso de enfermedad, accidente o jubilación.
El teletrabajo transfronterizo también plantea desafíos en términos de tributación y regulación. Algunas empresas pueden aprovechar la falta de coordinación entre los sistemas fiscales de diferentes países para evadir impuestos o evitar el cumplimiento de normativas laborales y de seguridad social.
Esto no solo perjudica a los trabajadores, sino también a los países que ven disminuidos sus ingresos fiscales. El impacto del teletrabajo transfronterizo sobre los trabajadores puede ser tanto positivo como negativo. Si bien ofrece nuevas oportunidades de empleo y mayor flexibilidad, también puede generar una serie de riesgos asociados a la precarización del empleo y la erosión de los derechos laborales.
El teletrabajo transfronterizo ha abierto nuevas puertas para los trabajadores en países en desarrollo, que ahora pueden acceder a mercados laborales internacionales sin necesidad de emigrar.
Esto ha sido particularmente beneficioso para profesionales en sectores como la tecnología, donde la demanda de habilidades especializadas es alta.
A pesar de las oportunidades, muchos teletrabajadores transfronterizos enfrentan una creciente precarización laboral. La falta de acceso a beneficios sociales, la inseguridad en el empleo y los salarios más bajos en comparación con los trabajadores locales generan una situación de vulnerabilidad para estos trabajadores.
La falta de regulaciones claras sobre el teletrabajo transfronterizo ha permitido que muchas empresas externalicen servicios sin garantizar los derechos fundamentales de los empleados.
El acceso al teletrabajo transfronterizo no está disponible para todos por igual. Las brechas digitales, que afectan a las personas en áreas rurales o con menos acceso a la tecnología, limitan las oportunidades de empleo para ciertos grupos.
Amartya Sen, en su enfoque de las capacidades, argumenta que, para lograr una verdadera equidad en el mercado laboral, es necesario garantizar que todos los individuos tengan las mismas oportunidades de acceso a la tecnología y las habilidades necesarias para aprovechar las oportunidades del teletrabajo80.
Ante los desafíos del teletrabajo transfronterizo, es fundamental desarrollar marcos regulatorios que protejan tanto a los trabajadores como a las empresas en un entorno globalizado. A nivel internacional, los gobiernos, las empresas y las organizaciones multilaterales deben coordinar esfuerzos para garantizar que el teletrabajo transfronterizo se desarrolle de manera justa y equitativa.
Una solución clave para garantizar los derechos de los teletrabajadores transfronterizos es la creación de acuerdos bilaterales o multilaterales entre países que aseguren el cumplimiento de las normativas laborales y sociales.
Estos acuerdos deben establecer estándares mínimos de derechos laborales, salarios justos y acceso a beneficios sociales para los teletrabajadores, independientemente de su ubicación geográfica.
Es necesario que los países colaboren en la armonización de sus normativas fiscales y laborales para evitar la evasión regulatoria y fiscal en el teletrabajo transfronterizo.
Esta armonización permitiría que las empresas que contratan teletrabajadores estén sujetas a un marco legal común que garantice la protección de los derechos de los trabajadores y la correcta tributación de los ingresos generados.
Un aspecto crucial para la regulación del teletrabajo transfronterizo es garantizar que los teletrabajadores tengan acceso a sistemas de protección social, independientemente del país en el que residan o trabajen.
Esto incluye el acceso a seguros médicos, pensiones y protección frente al desempleo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) podría desempeñar un papel fundamental en la promoción de convenios internacionales que aseguren que las empresas ofrezcan protección social a todos los empleados, independientemente de su ubicación.
Las empresas multinacionales que dependen del teletrabajo transfronterizo tienen una responsabilidad en asegurar que los derechos de sus empleados se respeten en todas las jurisdicciones.
La implementación de políticas de responsabilidad social empresarial que incluyan el respeto a los derechos laborales, la igualdad de oportunidades y el acceso a beneficios sociales es fundamental para evitar el dumping social y la explotación de los teletrabajadores.
El papel de los sindicatos y las organizaciones de trabajadores es clave para garantizar que los teletrabajadores tengan una representación adecuada en la toma de decisiones sobre sus condiciones laborales.
Fomentar el diálogo social entre gobiernos, empleadores y trabajadores permitirá que se identifiquen las necesidades específicas de los teletrabajadores y se implementen políticas que protejan sus derechos.
Guy Standing ha destacado la importancia de las redes transnacionales de trabajadores para enfrentar los desafíos del trabajo precario en la economía globalizada81.
2.15. Impacto de la globalización en el teletrabajo transfronterizo: perspectiva a futuro
El teletrabajo transfronterizo seguirá siendo una tendencia importante en la economía global postpandemia. La globalización ha creado un entorno en el que las empresas pueden contratar talento en cualquier parte del mundo, lo que permite una mayor flexibilidad y eficiencia. Sin embargo, este fenómeno plantea preguntas cruciales sobre la equidad y la justicia en el mercado laboral global.
Es probable que el teletrabajo transfronterizo siga expandiéndose, especialmente en sectores como la tecnología, las finanzas y los servicios profesionales, donde las barreras geográficas son mínimas82.
Para que esta expansión sea sostenible y justa, es necesario que se implementen regulaciones que garanticen que los teletrabajadores disfruten de los mismos derechos y protecciones que los trabajadores locales.
Asimismo, el avance tecnológico seguirá siendo un motor clave en la expansión del teletrabajo transfronterizo. A medida que las tecnologías de la información y la comunicación sigan mejorando, será cada vez más fácil para las empresas gestionar equipos distribuidos globalmente.
Esto puede generar nuevas oportunidades para los trabajadores en economías emergentes, pero también puede profundizar las desigualdades si no se implementan mecanismos de regulación adecuados.
Además, la creciente conciencia sobre la sostenibilidad y la justicia social está ejerciendo presión sobre las empresas para que adopten políticas laborales más éticas. Los consumidores y los inversores están cada vez más interesados en apoyar a empresas que respeten los derechos laborales y promuevan la equidad.
Este cambio en las expectativas sociales podría impulsar a las empresas a reevaluar sus prácticas de teletrabajo transfronterizo y garantizar condiciones de trabajo justas para todos sus empleados.
La globalización y la economía del trabajo han transformado la naturaleza del empleo, y el teletrabajo transfronterizo es uno de los resultados más destacados de este proceso. Si bien ofrece nuevas oportunidades tanto para las empresas como para los trabajadores, también plantea desafíos significativos en términos de desigualdad, derechos laborales y protección social.
Para que el teletrabajo transfronterizo contribuya a una economía laboral más equitativa y justa, es fundamental que se adopten medidas regulatorias a nivel internacional que garanticen la protección de los derechos de los trabajadores, independientemente de su ubicación.
Esto incluye asegurar salarios justos, acceso a la seguridad social y la implementación de acuerdos que eviten la explotación laboral y el dumping social. La globalización y la digitalización seguirán influyendo en el futuro del trabajo83.
Por lo tanto, es esencial que los gobiernos, las empresas y las organizaciones internacionales colaboren para crear un marco regulador que proteja tanto a los trabajadores como a las economías, asegurando que los beneficios del teletrabajo se distribuyan de manera justa y equitativa.
Solo a través de un enfoque coordinado y basado en los principios de justicia social será posible garantizar que el teletrabajo transfronterizo se desarrolle de manera sostenible y respetuosa con los derechos de todos los trabajadores.
El mercado laboral ha experimentado profundas transformaciones en las últimas décadas, impulsadas por factores como la globalización, los avances tecnológicos, los cambios demográficos y la creciente diversificación de las formas de trabajo.
Estas transformaciones han afectado la estructura del empleo, las relaciones laborales y las condiciones de trabajo en todo el mundo, creando nuevas oportunidades, pero también desafíos para trabajadores, empleadores y gobiernos.
La globalización ha tenido un impacto significativo en la estructura del empleo a nivel mundial. Con la integración de las economías globales y la liberalización del comercio, las empresas han podido expandir sus operaciones y acceder a mercados internacionales, lo que ha generado una mayor interdependencia entre los países.
Este proceso ha permitido que las empresas deslocalicen la producción y subcontraten servicios en regiones donde los costos laborales son más bajos, creando lo que algunos autores han denominado una “carrera hacia el fondo” en términos de derechos laborales84.
En muchos países, especialmente en aquellos en vías de desarrollo, la globalización ha contribuido a la creación de empleos y al crecimiento económico. Sin embargo, también ha traído consigo una mayor precarización del trabajo.
La deslocalización de empleos ha generado una pérdida de puestos de trabajo en sectores tradicionales de las economías desarrolladas, particularmente en la manufactura, donde muchas empresas han trasladado sus fábricas a países con menores costos de producción.
David Harvey, en su análisis sobre el capitalismo global, sostiene que la flexibilización del trabajo y la presión por reducir los costos laborales han sido dos de los motores principales del capitalismo contemporáneo, lo que ha llevado a la creciente inseguridad laboral y a la precarización de las condiciones de trabajo85.
La globalización ha incrementado las desigualdades económicas y laborales, beneficiando a algunos sectores y trabajadores con más ingresos y oportunidades, mientras que otros han sido desplazados o atrapados en empleos precarios sin protección social. Esto ha generado tensiones políticas y sociales en varias regiones del mundo.
Los avances tecnológicos, particularmente en el ámbito de la digitalización y la automatización, han transformado profundamente la forma en que se organiza el trabajo y se presta el servicio laboral.
La Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por tecnologías como la inteligencia artificial (IA), la robótica y el internet de las cosas (IoT), ha automatizado muchos procesos que antes requerían trabajo humano, eliminando empleos en sectores como la manufactura, el comercio minorista y el transporte86.
Sin embargo, la digitalización también ha creado nuevas formas de empleo y ha facilitado la aparición de la economía de plataformas.
Empresas como Uber, Airbnb y Amazon han aprovechado las plataformas digitales para conectar a trabajadores y consumidores, transformando el concepto tradicional de empleo.
En lugar de empleos a tiempo completo con salarios y beneficios fijos, muchos trabajadores en la economía digital dependen de plataformas que ofrecen trabajos temporales o por demanda, lo que ha llevado al aumento del trabajo gig o trabajo esporádico87.
El profesor Guy Standing ha argumentado que esta tendencia ha dado lugar a una nueva clase social que él denomina el precariado, compuesta por trabajadores que carecen de estabilidad laboral, seguridad social y oportunidades de desarrollo profesional88.
Estos trabajadores, a menudo sin acceso a derechos laborales básicos, enfrentan una creciente incertidumbre sobre su futuro económico.
La digitalización ha creado una economía dual, donde una parte de los trabajadores disfruta de empleos altamente calificados y bien remunerados, mientras que otros luchan por encontrar trabajos temporales y mal remunerados, sin seguridad a largo plazo89.
2.16. Diversificación de las formas de trabajo y nuevos modelos laborales
La globalización y la digitalización han dado lugar a la diversificación de las formas de trabajo. Hoy en día, los trabajadores ya no se limitan a los empleos tradicionales de tiempo completo en una oficina o fábrica.
Nuevas modalidades laborales, como el teletrabajo, el trabajo autónomo y los contratos por proyecto, han cobrado relevancia, ofreciendo a los trabajadores una mayor flexibilidad para gestionar su tiempo y lugar de trabajo.
El teletrabajo, que se ha popularizado aún más a raíz de la pandemia del COVID-19, ha permitido a muchas empresas seguir operando sin necesidad de que los empleados acudan físicamente a las oficinas.
Esto ha supuesto una importante transformación en la cultura laboral, promoviendo la conciliación entre la vida personal y profesional. Sin embargo, también ha creado desafíos, como la necesidad de regular las horas de trabajo y garantizar el derecho a la desconexión, para evitar que los trabajadores se vean sobrecargados.
Asimismo, la aparición del trabajo autónomo y el trabajo freelance ha permitido a muchos profesionales ofrecer sus servicios de forma independiente, lo que les ha brindado nuevas oportunidades de negocio y mayor control sobre sus carreras.
No obstante, este tipo de trabajo también ha contribuido a la precarización del empleo, ya que muchos trabajadores autónomos no tienen acceso a los mismos beneficios sociales y protecciones legales que los empleados tradicionales.
Manuel Castells, en su análisis de la era de la información, argumenta que la flexibilidad laboral y la fragmentación de las formas de empleo son dos de las principales características de la economía moderna90.
Esta flexibilización, aunque ha generado nuevas oportunidades, ha aumentado la volatilidad y la incertidumbre para muchos trabajadores, que deben adaptarse rápidamente a un mercado laboral en constante cambio.
Otro de los factores que está transformando el mercado laboral global es el envejecimiento de la población en muchas economías desarrolladas.
El aumento en la esperanza de vida y la disminución de las tasas de natalidad han creado una población envejecida, lo que plantea desafíos para la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social y pensiones, y para la oferta de mano de obra en ciertos sectores.
En países como Alemania, las empresas están enfrentando dificultades para encontrar suficientes trabajadores jóvenes para cubrir sus necesidades, lo que ha llevado a una mayor dependencia de la inmigración y de la tecnología para compensar la escasez de mano de obra91.
Por otro lado, las personas mayores están trabajando durante más tiempo debido a la necesidad de complementar sus pensiones o mantenerse activas, lo que ha cambiado las expectativas tradicionales sobre el retiro.
La migración laboral también ha jugado un papel crucial en la transformación del mercado laboral global. Los flujos migratorios, tanto de trabajadores altamente cualificados como de trabajadores manuales, han contribuido a la movilidad laboral en muchas regiones.
No obstante, estos movimientos migratorios han planteado desafíos en términos de integración social, competencia laboral y xenofobia en algunas partes del mundo.
Las transformaciones globales en el mercado laboral presentan tanto oportunidades como desafíos para los trabajadores, los empleadores y los gobiernos.
Entre los principales retos se encuentran la necesidad de adaptar las políticas laborales y los sistemas de protección social a las nuevas formas de empleo y garantizar que todos los trabajadores, independientemente de su tipo de trabajo, tengan acceso a derechos laborales fundamentales.
El futuro del trabajo estará marcado por una mayor flexibilidad, pero también por una creciente incertidumbre. Los trabajadores necesitarán desarrollar habilidades más especializadas y estar preparados para adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos y económicos.
Al mismo tiempo, los gobiernos deberán repensar los sistemas de seguridad social y diseñar políticas que protejan a los trabajadores en este entorno cada vez más fragmentado y globalizado.
La educación y la formación continua jugarán un papel crucial en la preparación de los trabajadores para enfrentar estos cambios. La capacidad de adaptarse a nuevas tecnologías, de adquirir habilidades digitales y de gestionar el trabajo independiente serán competencias esenciales en el mercado laboral del futuro.
El mercado laboral global ha sido profundamente transformado por la globalización, la digitalización, los cambios demográficos y la diversificación de las formas de empleo92.
Estas transformaciones han generado nuevas oportunidades, pero también han presentado importantes desafíos en términos de desigualdad, precarización y protección de los derechos laborales.
Para enfrentar estos retos, será fundamental que los gobiernos, las empresas y los trabajadores colaboren en la creación de políticas que garanticen un acceso equitativo al empleo y la protección social.
Solo a través de una mayor inversión en educación, formación y regulación adecuada será posible construir un mercado laboral que sea inclusivo, justo y capaz de adaptarse a los cambios constantes del siglo XXI.
2.17. Desafíos económicos y sociales del teletrabajo transfronterizo
El teletrabajo transfronterizo, es decir, la práctica de trabajar a distancia para una empresa ubicada en otro país se ha consolidado como una de las formas de empleo más representativas de la economía globalizada93.
Facilitado por el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, esta modalidad ha permitido a empresas acceder a talento global y a los trabajadores desempeñar tareas desde sus países de residencia.
Aunque el teletrabajo transfronterizo presenta una serie de ventajas, como la reducción de costos y la flexibilidad laboral, también plantea importantes desafíos económicos y sociales, tanto para los trabajadores como para los empleadores y las economías involucradas.
A continuación, se examinan los principales desafíos económicos y sociales que enfrenta el teletrabajo transfronterizo, destacando los impactos en el bienestar de los trabajadores, la competitividad de las empresas y la sostenibilidad de los sistemas laborales.
El teletrabajo transfronterizo está transformando las dinámicas económicas en varios niveles. Mientras que algunas empresas y trabajadores se benefician de la reducción de costos y el acceso a mercados laborales más amplios, esta modalidad también está generando tensiones económicas que afectan tanto a los países de origen como a los países receptores.
2.17.1 Desafíos Económicos
a. Competencia salarial y dumping social
Uno de los principales desafíos económicos del teletrabajo transfronterizo es la competencia salarial. Las empresas, en un intento por reducir costos, suelen contratar a trabajadores en países donde los salarios son significativamente más bajos que en el país de origen de la empresa. Aunque esto puede ser beneficioso para la empresa, al aumentar su competitividad y reducir costos operativos, tiene efectos negativos en los trabajadores y las economías locales.
La práctica del dumping social es una de las preocupaciones más importantes en este contexto. Al externalizar tareas a países con menores protecciones laborales, las empresas no solo reducen los salarios de los trabajadores, sino que también eluden normativas laborales básicas, lo que contribuye a la precarización del empleo.
Gérard Filoche ha señalado que el dumping social erosiona los derechos laborales y socava los esfuerzos para establecer condiciones de trabajo justas a nivel global, ya que incentiva a las empresas a buscar las normativas más laxas en lugar de mejorar las condiciones de los empleados94.
b. Tributación y evasión fiscal
El teletrabajo transfronterizo también plantea desafíos en términos de tributación. Las empresas que contratan a teletrabajadores en otros países pueden aprovechar las diferencias fiscales entre las jurisdicciones para minimizar su carga tributaria95.
Esto plantea un problema para los países que ven cómo se reducen sus ingresos fiscales debido a la externalización del trabajo.
Además, la falta de claridad sobre las obligaciones fiscales tanto para las empresas como para los trabajadores puede generar una situación en la que los teletrabajadores no pagan impuestos ni en su país de residencia ni en el país donde opera la empresa.
Esta evasión fiscal reduce los recursos disponibles para financiar los sistemas de protección social, lo que afecta la sostenibilidad de estos.
c. Desigualdad económica
El teletrabajo transfronterizo tiene el potencial de aumentar las desigualdades económicas entre los trabajadores de diferentes países.
Si bien ofrece oportunidades para que los trabajadores en países en desarrollo accedan a empleos mejor remunerados, también puede llevar a una creciente disparidad entre aquellos que tienen acceso a la tecnología y las oportunidades globales y aquellos que no.
Además, en los países desarrollados, el teletrabajo transfronterizo puede desplazar a los trabajadores locales que no pueden competir con los salarios más bajos de los teletrabajadores en economías emergentes.
2.17.2 Desafíos Sociales
El teletrabajo transfronterizo no solo plantea desafíos económicos, sino que también tiene profundas implicaciones sociales que afectan a los trabajadores, las comunidades y las estructuras laborales tradicionales.
a. Precarización del empleo
Uno de los efectos más preocupantes del teletrabajo transfronterizo es la precarización del empleo.
Muchos teletrabajadores transfronterizos operan bajo contratos temporales o freelance, lo que significa que no tienen acceso a la seguridad laboral ni a los beneficios sociales que normalmente se asocian con los empleos tradicionales96.
Estos trabajadores a menudo carecen de acceso a seguro de salud, pensiones o protección frente al desempleo, lo que los deja en una situación de vulnerabilidad económica.
Guy Standing, en su análisis sobre el precariado, argumenta que el teletrabajo transfronterizo contribuye al aumento de esta nueva clase social, caracterizada por la inestabilidad laboral, la falta de seguridad social y la ausencia de representación sindical97.
Este fenómeno no solo afecta el bienestar individual de los trabajadores, sino que también genera inestabilidad social a largo plazo.
b. Aislamiento y desconexión social
El teletrabajo transfronterizo puede generar aislamiento entre los trabajadores, especialmente aquellos que no tienen contacto físico con sus compañeros de trabajo o con la empresa para la que trabajan.
Este aislamiento puede afectar el bienestar emocional de los trabajadores, ya que la falta de interacción social y de un entorno laboral compartido puede llevar a sentimientos de soledad y desconexión.
El derecho a la desconexión, que ha sido una cuestión clave en la regulación del teletrabajo, adquiere una nueva dimensión en el caso del teletrabajo transfronterizo.
Las diferencias de husos horarios entre los países de los empleadores y los trabajadores pueden dar lugar a jornadas laborales extendidas, ya que los empleadores pueden esperar que los trabajadores estén disponibles fuera de las horas de trabajo convencionales.
Esto puede aumentar el estrés laboral y afectar el equilibrio entre la vida laboral y personal de los teletrabajadores.
c. Brecha digital
Aunque el teletrabajo transfronterizo ha abierto nuevas oportunidades para muchos trabajadores, no todos tienen acceso a estas oportunidades debido a la brecha digital. En muchos países, especialmente en áreas rurales o en regiones en desarrollo, el acceso a internet de alta velocidad y a la tecnología necesaria para trabajar a distancia es limitado.
Esta brecha tecnológica excluye a muchos potenciales teletrabajadores de los beneficios del teletrabajo transfronterizo, perpetuando las desigualdades económicas y sociales.
La brecha digital también tiene implicaciones de género. En muchas regiones del mundo, las mujeres tienen menos acceso a la tecnología y a la formación digital, lo que limita su capacidad para participar en el teletrabajo transfronterizo98.
Esta desigualdad de acceso exacerba las brechas de género en el mercado laboral global y perpetúa la marginalización de las mujeres en el trabajo digital.
2.17. Respuestas y propuestas de solución
Para enfrentar los desafíos económicos y sociales del teletrabajo transfronterizo, es fundamental desarrollar políticas y regulaciones que aseguren que esta modalidad de trabajo se lleve a cabo de manera justa y sostenible.
Es necesario crear un marco regulatorio internacional que aborde las particularidades del teletrabajo transfronterizo. Este marco debe incluir disposiciones sobre salarios justos, acceso a la seguridad social y protección frente al despido injustificado, asegurando que los teletrabajadores disfruten de los mismos derechos laborales que los trabajadores locales.
Los gobiernos deben desarrollar acuerdos fiscales bilaterales que establezcan las obligaciones tributarias de las empresas y los teletrabajadores transfronterizos. Esto permitirá una mayor claridad sobre las obligaciones fiscales y garantizará que los ingresos fiscales se distribuyan equitativamente entre los países.
Para garantizar que todos los trabajadores tengan acceso a las oportunidades del teletrabajo transfronterizo, es fundamental cerrar la brecha digital.
Los gobiernos deben invertir en infraestructura tecnológica y programas de formación digital, especialmente en áreas rurales y en países en desarrollo, para asegurar que todos los trabajadores tengan acceso a las herramientas y habilidades necesarias para participar en la economía digital.
Los gobiernos y las empresas deben trabajar juntos para crear políticas que protejan a los teletrabajadores de la precarización. Esto incluye el acceso a beneficios sociales, la promoción del derecho a la desconexión y la implementación de medidas que aseguren la estabilidad laboral y la seguridad en el empleo.
El teletrabajo transfronterizo es una modalidad laboral que ha crecido rápidamente en la era de la globalización y la digitalización, ofreciendo nuevas oportunidades económicas para trabajadores y empresas. Sin embargo, también plantea desafíos económicos y sociales significativos que deben ser abordados para asegurar que el teletrabajo se realice de manera justa y equitativa.
La competencia salarial, la precarización del empleo y las desigualdades generadas por la brecha digital son algunos de los principales retos que enfrenta el teletrabajo transfronterizo.
Para hacer frente a estos desafíos, es necesario que los gobiernos, las empresas y las organizaciones internacionales colaboren en la creación de marcos regulatorios que garanticen los derechos de los trabajadores, promuevan la justicia social y aseguren una distribución equitativa de los beneficios del teletrabajo.
Sostener que en el futuro todos los trabajadores serán autónomos y que el empleo asalariado desaparecerá es una afirmación que ignora la complejidad jurídica y socioeconómica que subyace a las relaciones laborales contemporáneas, especialmente en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
Si bien es cierto que las tecnologías digitales han expandido las posibilidades de prestación de servicios desde cualquier lugar del mundo y que el trabajo independiente ha crecido de forma notable, esta tendencia no conduce necesariamente a la extinción de la subordinación jurídica ni a la obsolescencia del contrato de trabajo.
En primer lugar, el trabajo autónomo global no puede sustituir completamente la estructura organizativa y de control que las empresas requieren para garantizar eficiencia, confidencialidad y continuidad operativa. Las corporaciones transnacionales necesitan mantener equipos estables, alineados con objetivos estratégicos y sometidos a directrices comunes, incluso cuando estos trabajadores operan de manera remota y desde distintos países. El teletrabajo transfronterizo no elimina la subordinación; la reconfigura. La supervisión ya no ocurre en un espacio físico, pero se ejerce mediante herramientas digitales, sistemas de seguimiento de productividad y políticas corporativas transnacionales.
Desde el punto de vista jurídico-laboral, la figura del trabajador subordinado sigue siendo central para articular derechos individuales y colectivos, asegurar la protección social y delimitar responsabilidades fiscales. La autonomía plena implicaría trasladar al individuo riesgos económicos, fiscales y de seguridad social que, en la mayoría de los países, están cubiertos por regímenes laborales formales. La transición masiva a esquemas autónomos requeriría reformas profundas en sistemas tributarios, de seguridad social y de inspección del trabajo a nivel global, algo difícilmente viable en el corto o mediano plazo dada la fragmentación normativa internacional.
Además, no todos los trabajadores desean ni están en condiciones de asumir las cargas que implica el trabajo autónomo: negociación de tarifas, pago de impuestos, contratación de seguros, gestión administrativa y absorción de riesgos. Muchos prefieren la estabilidad y protección asociadas al empleo subordinado, incluso si este se desarrolla de manera remota y transfronteriza. Este elemento subjetivo, a menudo ignorado por las visiones tecnocráticas del futuro laboral, es jurídicamente relevante, pues el Derecho del Trabajo no sólo regula hechos económicos, sino también expectativas sociales de seguridad y justicia.
Finalmente, el futuro del trabajo no se dirige hacia un escenario de autonomía universal, sino hacia modelos híbridos en los que coexisten trabajadores subordinados y autónomos, tanto locales como transfronterizos. Esta convivencia plantea retos jurídicos complejos por ejemplo, determinar la ley aplicable y la jurisdicción competente en relaciones laborales internacionales que no se resuelven negando la existencia de la subordinación, sino adaptando el marco normativo para reconocer nuevas realidades sin erosionar derechos laborales fundamentales.
El teletrabajo transfronterizo no implica el fin de la relación laboral asalariada, sino su transformación. La subordinación jurídica, lejos de desaparecer, se adapta a un entorno digital y globalizado que requiere respuestas regulatorias innovadoras, no su negación.
2.18. Tecnología y teletrabajo: transformación de las dinámicas laborales
El avance de la tecnología ha transformado significativamente la forma en que las personas trabajan, comunicándose y colaborando a nivel global99.
El teletrabajo, como una de las principales manifestaciones de esta transformación tecnológica, ha revolucionado las dinámicas laborales, eliminando las barreras geográficas y ofreciendo nuevas oportunidades tanto para los trabajadores como para las empresas.
Esta modalidad laboral también plantea desafíos que requieren una revisión de las estructuras tradicionales de trabajo y la implementación de nuevas políticas laborales.
Este análisis examina cómo la tecnología ha cambiado las dinámicas del trabajo a través del teletrabajo, las herramientas que han facilitado este cambio y los retos que enfrentan los trabajadores, las empresas y las sociedades en general.
El teletrabajo ha sido posible gracias al desarrollo de tecnologías avanzadas, especialmente en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
Las principales (TIC) en la actualidad son las siguientes100:
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Herramientas como la videoconferencia, los servicios en la nube, las plataformas de colaboración en línea y el acceso a internet de alta velocidad han permitido que los empleados trabajen desde cualquier parte del mundo sin necesidad de estar físicamente presentes en una oficina.
Las plataformas de comunicación como Zoom, Microsoft Teams y Slack han facilitado el trabajo en equipo a distancia, permitiendo que los empleados se mantengan conectados y productivos desde sus hogares101.
A través de estas herramientas, los trabajadores pueden participar en reuniones virtuales, colaborar en proyectos y compartir documentos en tiempo real.
Estos avances tecnológicos han transformado la idea tradicional de un lugar de trabajo fijo, ampliando las posibilidades de empleo más allá de las fronteras físicas.
Además, la digitalización ha permitido que el trabajo se vuelva más flexible, dando a los trabajadores la capacidad de gestionar su tiempo de manera más eficiente.
Esto ha sido particularmente beneficioso para aquellos que buscan equilibrar sus responsabilidades personales y laborales, como los padres y cuidadores.
Manuel Castells, en su estudio sobre la era de la información, argumenta que la tecnología ha descentralizado el trabajo, ofreciendo a los trabajadores mayor control sobre sus vidas profesionales y personales102.
La introducción del teletrabajo ha transformado las dinámicas laborales de varias maneras, alterando la estructura tradicional de las relaciones laborales, la gestión del tiempo y la interacción social en el trabajo.
2.19. Desafíos del teletrabajo
a. Descentralización y autonomía del trabajador
Una de las principales transformaciones impulsadas por la tecnología y el teletrabajo es la descentralización del lugar de trabajo. Los empleados ya no están limitados a trabajar desde una oficina física, lo que les otorga una mayor autonomía sobre cómo y dónde realizan sus tareas. Este cambio ha permitido a muchas empresas contratar talento global, lo que ha aumentado su competitividad y flexibilidad operativa.
La autonomía del trabajador también ha aumentado con el teletrabajo. En lugar de seguir un horario rígido y supervisado de cerca, los empleados tienen mayor libertad para organizar su jornada laboral según su conveniencia, siempre que cumplan con los objetivos establecidos.
Esta mayor autonomía puede aumentar la satisfacción laboral y la productividad, ya que los trabajadores pueden adaptar sus rutinas diarias a sus ritmos personales.
Sin embargo, esta autonomía también plantea desafíos. La falta de una estructura formal y la separación entre el trabajo y la vida personal pueden generar problemas de equilibrio entre ambos aspectos.
Los trabajadores pueden sentir la presión de estar disponibles en todo momento, lo que puede aumentar el estrés y provocar síndrome de agotamiento laboral (burnout)103.
b. Cambios en la gestión y supervisión del trabajo
La tecnología también ha transformado la forma en que los empleadores gestionan y supervisan el trabajo a distancia. En lugar de supervisar físicamente a los empleados, los gerentes utilizan herramientas tecnológicas para monitorear el progreso y el desempeño de los trabajadores.
Las plataformas de gestión de proyectos, como Trello, Asana y Jira, permiten a los equipos mantenerse organizados y controlar el estado de las tareas, facilitando la asignación de responsabilidades y el seguimiento de los plazos104.
No obstante, la supervisión digital también ha generado preocupaciones sobre la vigilancia laboral y la privacidad. En algunos casos, las empresas utilizan software para monitorear el tiempo de pantalla de los trabajadores, lo que puede ser percibido como una invasión de su privacidad105.
Este tipo de control puede reducir la confianza entre los empleados y los empleadores, afectando negativamente la cultura organizacional.
c. Interacción social y cultura organizacional
El teletrabajo ha reducido la interacción social en los entornos laborales tradicionales, lo que ha impactado en la cultura organizacional. Mientras que antes los trabajadores interactuaban cara a cara con sus compañeros y gerentes en la oficina, el trabajo a distancia ha limitado las oportunidades de establecer relaciones sociales en el lugar de trabajo.
Las conversaciones informales y el trabajo en equipo, que a menudo fomentan la creatividad y la colaboración, han sido reemplazados por interacciones digitales más formales y estructuradas.
Aunque la tecnología ha intentado mitigar esta falta de interacción social mediante reuniones virtuales y chats en línea, muchos trabajadores informan sentir una desconexión social y una pérdida de sentido de pertenencia en sus empresas.
La falta de interacción física también puede reducir el compromiso de los empleados con la cultura y los valores de la organización, lo que puede afectar la cohesión y el rendimiento del equipo.
A pesar de las muchas ventajas que ha traído el teletrabajo, también existen desafíos significativos que deben abordarse para garantizar que esta modalidad laboral sea sostenible y beneficiosa para todos los involucrados.
a. Desigualdad en el acceso a la tecnología
Uno de los principales desafíos del teletrabajo es la desigualdad en el acceso a la tecnología. Si bien muchas personas en países desarrollados cuentan con acceso a internet de alta velocidad y a dispositivos tecnológicos avanzados, en otras partes del mundo, y en áreas rurales, el acceso a estas tecnologías es limitado o inexistente.
Esta brecha digital excluye a muchos trabajadores de la posibilidad de participar en el teletrabajo, perpetuando las desigualdades económicas y sociales.
Para enfrentar este desafío, es fundamental que los gobiernos y las empresas inviertan en la infraestructura tecnológica y ofrezcan programas de capacitación digital que garanticen que todos los trabajadores tengan acceso a las herramientas necesarias para teletrabajar.
b. Brecha de habilidades digitales
El teletrabajo también ha puesto de relieve la necesidad de contar con habilidades digitales para adaptarse a las nuevas exigencias del mercado laboral. Muchos trabajadores, especialmente aquellos en sectores tradicionales, carecen de las competencias digitales necesarias para aprovechar las oportunidades del teletrabajo.
Esta falta de habilidades crea una división entre aquellos que pueden adaptarse a las nuevas dinámicas laborales y aquellos que quedan marginados del mercado laboral digital.
Para abordar esta brecha, las empresas y los gobiernos deben implementar programas de formación continua que capaciten a los trabajadores en el uso de herramientas tecnológicas y en la adquisición de competencias digitales.
Estos programas no solo mejorarán la empleabilidad de los trabajadores, sino que también aumentarán la competitividad de las empresas en la economía digital.
c. Dificultades para la regulación del teletrabajo
Otro desafío importante es la falta de regulación clara en torno al teletrabajo. En muchos países, las normativas laborales aún no se han adaptado para reflejar las nuevas realidades del trabajo a distancia, lo que deja a los teletrabajadores sin protecciones claras en áreas como la seguridad social, los derechos laborales y la salud mental.
La ausencia de políticas específicas sobre el derecho a la desconexión, la compensación por los costos del trabajo desde casa y el acceso a beneficios sociales puede generar incertidumbre y desigualdad entre los trabajadores.
Los gobiernos y las organizaciones internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), deben desarrollar marcos regulatorios que aborden las particularidades del teletrabajo, protegiendo los derechos de los trabajadores y asegurando condiciones laborales justas para todos.
La tecnología ha transformado profundamente las dinámicas laborales a través del teletrabajo, ofreciendo a los trabajadores mayor flexibilidad y autonomía, y permitiendo a las empresas acceder a talento global. Sin embargo, esta transformación también ha planteado una serie de desafíos relacionados con la desigualdad, la regulación y la interacción social.
Para que el teletrabajo continúe siendo una modalidad sostenible y beneficiosa para todos, es necesario que se implementen políticas y marcos regulatorios que garanticen la protección de los trabajadores y promuevan un acceso equitativo a las tecnologías.
Asimismo, las empresas deben adoptar medidas para asegurar que los trabajadores no sufran las consecuencias negativas de la desconexión social y la vigilancia excesiva, manteniendo un equilibrio saludable entre la productividad y el bienestar.
2.20 Impacto de las TIC en el teletrabajo transfronterizo
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han sido uno de los principales motores del desarrollo del teletrabajo transfronterizo.
Estas tecnologías han permitido que las empresas y los trabajadores superen las barreras geográficas, facilitando la colaboración y la productividad sin necesidad de una ubicación física compartida.
Gracias a las TIC, se ha vuelto posible contratar talento en cualquier parte del mundo, lo que ha transformado profundamente la estructura del mercado laboral global.
En este contexto, es fundamental analizar cómo las TIC han impactado el teletrabajo transfronterizo en términos de eficiencia, competitividad y cambios en las dinámicas laborales, así como los desafíos y oportunidades que presentan para trabajadores y empresas.
El impacto más evidente de las TIC en el teletrabajo transfronterizo es su capacidad para facilitar la comunicación y la colaboración a distancia.
Herramientas como el correo electrónico, las plataformas de videoconferencia (por ejemplo, Zoom, Microsoft Teams) y las aplicaciones de mensajería instantánea (Slack, WhatsApp) permiten que los empleados en diferentes partes del mundo puedan interactuar en tiempo real con sus colegas y supervisores106.
Además, las plataformas de trabajo en la nube, como Google Workspace y Microsoft 365, permiten a los trabajadores acceder, editar y compartir documentos desde cualquier lugar y dispositivo107.
Estas plataformas han sido esenciales para que los equipos distribuidos puedan trabajar de manera eficiente, eliminando las barreras físicas que antes limitaban la colaboración transnacional.
Otro avance clave impulsado por las TIC es el uso de software de gestión de proyectos, como Trello, Asana o Jira, que permite a los empleadores gestionar equipos transfronterizos de manera eficiente108.
Estas herramientas ofrecen visibilidad en tiempo real sobre el progreso de las tareas, lo que facilita la asignación de responsabilidades y el seguimiento de plazos, mejorando la productividad y la organización en entornos de trabajo virtuales.
El uso de estas tecnologías ha permitido a las empresas acceder a una base de talentos global, sin estar restringidas por las fronteras geográficas, lo que les otorga una ventaja competitiva en un mercado laboral cada vez más globalizado.
Para los trabajadores, especialmente aquellos en economías emergentes, las TIC han abierto nuevas oportunidades de empleo que antes no estaban disponibles debido a las limitaciones de la ubicación geográfica.
Las TIC han tenido un impacto significativo en la productividad y la flexibilidad laboral en el contexto del teletrabajo transfronterizo. Los trabajadores ahora pueden realizar sus tareas desde cualquier parte del mundo, eliminando la necesidad de desplazarse físicamente a una oficina. Esta flexibilidad permite a los trabajadores gestionar mejor su tiempo y conciliar su vida personal y profesional.
Estudios han demostrado que, en muchos casos, los teletrabajadores experimentan un aumento en la productividad,
ya que las TIC permiten automatizar tareas repetitivas y optimizar los procesos de trabajo109.
Por ejemplo, los sistemas de automatización y las herramientas de inteligencia artificial (IA) pueden gestionar flujos de trabajo, lo que reduce la carga de trabajo administrativo y permite a los trabajadores centrarse en tareas más estratégicas.
La flexibilidad también ha sido una ventaja para los trabajadores transfronterizos, que pueden ajustar sus horarios de trabajo para adaptarse a las diferencias horarias entre países. Esto es particularmente útil en sectores donde las empresas operan en múltiples zonas horarias, lo que garantiza que las operaciones continúen sin interrupciones.
No obstante, la flexibilidad también tiene un lado oscuro. Para algunos trabajadores, la disponibilidad continua gracias a las TIC puede generar una presión constante para estar conectados y responder fuera del horario laboral, lo que afecta el equilibrio entre la vida personal y profesional y puede llevar a la sobrecarga laboral y el agotamiento (burnout).
El uso de las TIC en el teletrabajo transfronterizo ha transformado la competitividad en el mercado laboral global. Al permitir a las empresas contratar trabajadores de diferentes países, las TIC han generado una mayor competencia entre los trabajadores, lo que ha impulsado a algunos países a convertirse en destinos clave para la contratación de servicios, especialmente en áreas como la tecnología, la atención al cliente y los servicios creativos.
Países como India y Filipinas se han convertido en centros de subcontratación global, donde las empresas buscan mano de obra altamente cualificada a un costo menor que en sus países de origen110,111.
Este fenómeno ha sido posible gracias a las TIC, que han facilitado la comunicación entre empresas y trabajadores en distintos países y han permitido la externalización de tareas que antes solo podían realizarse localmente.
Sin embargo, esta globalización del trabajo ha tenido consecuencias mixtas. Por un lado, los trabajadores en países en desarrollo han tenido la oportunidad de acceder a empleos mejor remunerados que los disponibles en sus economías locales.
Los trabajadores en países desarrollados a menudo se enfrentan a la deslocalización de empleos, ya que las empresas optan por contratar trabajadores en países donde los salarios son más bajos, lo que ha generado tensiones económicas y sociales.
Esta dinámica también ha llevado a un fenómeno de dumping social, en el que las empresas buscan reducir costos contratando trabajadores en países con normativas laborales más laxas. Esto plantea preguntas sobre la equidad en el mercado laboral global y la necesidad de implementar regulaciones internacionales que protejan los derechos de los trabajadores en todas partes.
Si bien las TIC han permitido una expansión sin precedentes del teletrabajo transfronterizo, también presentan una serie de desafíos que deben abordarse para garantizar que esta modalidad laboral sea justa y equitativa para todos los involucrados.
a. Desigualdad en el acceso a las TIC
Uno de los principales desafíos es la desigualdad en el acceso a las TIC. En muchos países, especialmente en áreas rurales o en economías menos desarrolladas, los trabajadores no tienen acceso a una infraestructura tecnológica adecuada, como internet de alta velocidad o dispositivos modernos, lo que los excluye de las oportunidades del teletrabajo transfronterizo.
Esta brecha digital perpetúa las desigualdades económicas y limita el acceso de muchos trabajadores a las oportunidades laborales globales.
Para cerrar esta brecha, es esencial que los gobiernos y las empresas inviertan en infraestructura tecnológica y ofrezcan programas de capacitación digital que permitan a todos los trabajadores participar en la economía digital. La inclusión digital es clave para garantizar que el teletrabajo transfronterizo no solo beneficie a unos pocos, sino que se convierta en una opción viable para una mayor parte de la población mundial.
b. Desafíos de regulación y protección de derechos laborales
El teletrabajo transfronterizo también plantea desafíos regulatorios. La falta de un marco normativo internacional claro deja a muchos teletrabajadores en una situación vulnerable, ya que no siempre está claro qué legislación laboral se aplica en los casos de trabajo a distancia entre países.
Esta ambigüedad puede dar lugar a la precarización del empleo, donde los trabajadores carecen de protección social y de acceso a beneficios básicos, como seguros de salud y pensiones.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otros organismos internacionales han comenzado a abordar estos desafíos proponiendo regulaciones y acuerdos que protejan los derechos de los trabajadores en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
Aún queda mucho por hacer para garantizar que todos los teletrabajadores, independientemente de su ubicación, disfruten de las mismas condiciones laborales y protecciones.
c. Nuevas oportunidades de crecimiento económico
A pesar de estos desafíos, el teletrabajo transfronterizo impulsado por las TIC también presenta oportunidades significativas de crecimiento económico.
Las empresas pueden aprovechar el talento global de manera más eficiente, lo que les permite expandir sus operaciones y mejorar su competitividad en un mercado global. Al mismo tiempo, los trabajadores en países en desarrollo pueden acceder a empleos bien remunerados y mejorar su calidad de vida.
Además, el teletrabajo transfronterizo tiene el potencial de reducir las barreras para el emprendimiento, ya que los profesionales pueden ofrecer sus servicios a una audiencia global sin necesidad de estar ubicados en un centro urbano o país desarrollado.
Esto democratiza el acceso al empleo y crea nuevas oportunidades de crecimiento económico en regiones que antes estaban desconectadas del mercado laboral global.
El impacto de las TIC en el teletrabajo transfronterizo ha sido profundo, transformando las dinámicas laborales y creando nuevas oportunidades para empresas y trabajadores en todo el mundo. Sin embargo, también plantea importantes desafíos relacionados con la equidad, la regulación y la accesibilidad que deben abordarse para garantizar que esta modalidad de trabajo sea sostenible y justa.
Para que el teletrabajo transfronterizo alcance su máximo potencial, es necesario que los gobiernos y las empresas colaboren en la creación de marcos regulatorios que protejan a los trabajadores y garanticen condiciones laborales justas.
Además, se deben realizar esfuerzos para cerrar la brecha digital y asegurar que todos los trabajadores tengan acceso a las TIC y las habilidades necesarias para participar en la economía global.
El trabajo remoto, impulsado en gran medida por los avances en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), ha transformado las dinámicas laborales y ha generado importantes oportunidades para los trabajadores y las empresas. Sin embargo, también ha planteado una serie de desafíos regulatorios que requieren la adaptación de las normativas laborales tradicionales a las nuevas realidades digitales.
Estos desafíos abarcan desde la protección de los derechos laborales hasta la privacidad, la seguridad en el trabajo y la regulación de la jornada laboral en un contexto globalizado.
Uno de los mayores desafíos regulatorios del trabajo remoto es garantizar que los trabajadores mantengan los mismos derechos laborales que aquellos que trabajan de manera presencial.
En muchos países, las normativas laborales aún no se han adaptado completamente al contexto del trabajo a distancia, lo que deja a los teletrabajadores en una situación de
vulnerabilidad en términos de acceso a la protección social, salarios justos y estabilidad laboral112.
El teletrabajo puede generar situaciones de precarización del empleo, donde los trabajadores no tienen acceso a beneficios como seguro de salud, pensiones o indemnizaciones por despido.
En algunos casos, las empresas pueden utilizar el teletrabajo como una forma de reducir costos sin ofrecer las mismas condiciones laborales que a los trabajadores presenciales.
Para evitar esto, los gobiernos deben desarrollar marcos normativos específicos que garanticen que los teletrabajadores disfruten de los mismos derechos que los empleados en la oficina, incluyendo el acceso a la seguridad social y a la protección contra el despido injustificado.
Guy Standing, en su análisis sobre el precariado, advierte que el trabajo remoto puede contribuir a la creación de una nueva clase de trabajadores vulnerables si no se implementan políticas que protejan sus derechos fundamentales113.
Esto subraya la necesidad de una intervención regulatoria que garantice la equidad en el acceso a derechos laborales en esta modalidad.
Otro desafío clave es la regulación de la jornada laboral en el contexto del trabajo remoto. Si bien el teletrabajo ofrece mayor flexibilidad, también ha generado una "cultura de la disponibilidad constante", donde los trabajadores se sienten obligados a estar siempre conectados y disponibles para responder a las demandas laborales, incluso fuera del horario de trabajo114.
El derecho a la desconexión ha surgido como un tema central en la regulación del trabajo remoto. Este derecho, que fue reconocido por primera vez en Francia en 2016, establece que los trabajadores deben poder desconectarse de las herramientas digitales relacionadas con el trabajo fuera de su horario laboral sin enfrentar repercusiones negativas115.
La implementación de este derecho es esencial para proteger la salud mental de los teletrabajadores y garantizar un equilibrio entre la vida personal y laboral.
Sin embargo, la regulación de la jornada laboral en el trabajo remoto presenta desafíos únicos, especialmente en el caso de equipos distribuidos globalmente, donde los trabajadores operan en diferentes zonas horarias.
Para abordar estos problemas, es necesario que las empresas adopten políticas claras sobre los horarios de trabajo y respeten el derecho de los empleados a desconectarse sin expectativas de disponibilidad continua.
La privacidad y la seguridad de los datos son otros de los principales desafíos regulatorios del trabajo remoto. Con el aumento del teletrabajo, muchos empleados acceden a sistemas empresariales desde redes y dispositivos personales, lo que plantea riesgos de seguridad cibernética.
Las empresas deben asegurarse de que sus sistemas sean seguros y de que los trabajadores reciban capacitación adecuada en seguridad digital para evitar filtraciones de datos, hackeos o vulneraciones de la privacidad.
Además, la vigilancia digital se ha convertido en una práctica común en algunas empresas para monitorear la productividad de los trabajadores remotos. El uso de software de monitoreo que rastrea las actividades de los empleados, como el tiempo de pantalla, las pulsaciones de teclas o las aplicaciones utilizadas, plantea preguntas sobre los límites de la privacidad laboral.
Si bien las empresas tienen el derecho de supervisar el desempeño de sus empleados, esta vigilancia no debe invadir la privacidad personal ni generar un entorno de control excesivo.
Es crucial que los gobiernos y los organismos internacionales desarrollen normativas claras que protejan la privacidad de los trabajadores remotos y establezcan límites sobre el uso de tecnologías de monitoreo.
Los marcos regulatorios deben equilibrar el derecho de los empleadores a garantizar la productividad con el derecho de los trabajadores a mantener su privacidad mientras trabajan desde casa.
2.21. Desafíos en la internacionalización del trabajo remoto
El teletrabajo ha facilitado la contratación de trabajadores en diferentes países, lo que plantea desafíos regulatorios relacionados con las normativas laborales internacionales. En muchos casos, no está claro qué legislación laboral se debe aplicar cuando un trabajador está ubicado en un país diferente al de su empleador116.
Esto genera incertidumbre tanto para los empleados como para las empresas sobre cuestiones como la tributación, la protección social y los derechos laborales.
Para enfrentar este desafío, los gobiernos deben colaborar en la creación de acuerdos bilaterales o multilaterales que regulen el trabajo remoto transfronterizo, asegurando que los teletrabajadores tengan acceso a los mismos derechos y beneficios que los trabajadores locales.
Además, es necesario desarrollar un marco internacional que clarifique las responsabilidades de los empleadores y garantice la protección de los teletrabajadores independientemente de su ubicación.
El trabajo remoto ha transformado profundamente las dinámicas laborales, pero también ha planteado una serie de desafíos regulatorios que requieren una respuesta coordinada por parte de gobiernos, empresas y organizaciones internacionales.
Desde la protección de los derechos laborales hasta la regulación de la jornada de trabajo, la privacidad y la seguridad, es fundamental que las normativas laborales se adapten a esta nueva realidad para garantizar que el teletrabajo sea justo y sostenible.
La colaboración internacional, la implementación de marcos normativos claros y la protección de los derechos de los teletrabajadores son esenciales para enfrentar estos desafíos y asegurar que el trabajo remoto continúe beneficiando a todas las partes involucradas.
2.3 Beneficios en el teletrabajo
No todos son desafíos hay diversos beneficios del teletrabajo que resumo en la siguiente tabla117:
Categoría Beneficio
Para el trabajador Flexibilidad horaria
Ahorro de tiempo y dinero
Mayor productividad
Descripción / Impacto
Permite adaptar la jornada laboral a necesidades personales y familiares.
Se eliminan costos de transporte, comidas fuera y traslados largos.
Menos interrupciones y ambiente personalizado favorecen la concentración.
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Capítulo III Análisis de la Legislación Actual - Evaluación de leyes y regulaciones nacionales e internacionales sobre el teletrabajo transfronterizo.
“ Muchos creen, esperan y rezan para que la sociedad de servicios nos salve del maligno dragón del desempleo..."
Ulrich Beck. Sociólogo alemán.
Profesor en London School of economics
3.1. Introducción
El teletrabajo transfronterizo ha ganado relevancia en los últimos años debido a la globalización y la expansión de la tecnología digital. A medida que las fronteras laborales se desdibujan, los países enfrentan el desafío de adaptar sus marcos legales para regular adecuadamente esta modalidad de trabajo, garantizando los derechos fundamentales de los trabajadores.
En este contexto, resulta fundamental analizar las leyes y regulaciones vigentes que tratan el teletrabajo transfronterizo tanto a nivel nacional como internacional, a fin de identificar las lagunas existentes y las mejores prácticas que pueden adoptarse.
En este capítulo, se llevará a cabo una evaluación de las normativas aplicables en México, contrastándolas con las regulaciones de otros países que han avanzado en la regulación del teletrabajo.
Por otra parte, se revisarán los convenios internacionales, como los emitidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establecen estándares mínimos para la protección de los derechos de los teletrabajadores.
A través de un análisis comparativo, se busca identificar las fortalezas y debilidades de los marcos regulatorios vigentes y proponer mejoras a nivel normativo.
3.2 El teletrabajo en México: marco normativo actual
México ha implementado avances significativos en la regulación del teletrabajo. Con la reforma de la Ley Federal del Trabajo en 2021, el teletrabajo fue reconocido y regulado formalmente118.
La Ley Federal del Trabajo, en su artículo 311, define el teletrabajo como aquella modalidad laboral en la que se realizan actividades en lugares distintos al centro de trabajo, utilizando las tecnologías de la información y la comunicación para cumplir con las obligaciones laborales.
Esta reforma ha sido un paso positivo en la regulación del teletrabajo en México, ya que establece ciertos derechos y obligaciones tanto para empleadores como para trabajadores.
Entre las disposiciones más relevantes, la ley establece que los empleadores deben proporcionar los equipos y herramientas necesarias para que el teletrabajo se realice de manera adecuada, así como cubrir los costos derivados del trabajo remoto, como el consumo de electricidad y servicios de telecomunicaciones.
La ley incluye incorpora el derecho a la desconexión, que previamente incorporó Francia, garantizando que los empleados no estén obligados a estar disponibles fuera de su horario laboral.
El teletrabajo en México ha mostrado un crecimiento significativo, aunque sigue siendo una opción limitada en comparación con otros países.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), solo el 10.6% de los empleos en México pueden realizarse de manera remota, lo que contrasta con el panorama internacional donde esta cifra es generalmente más alta. La Ciudad de México lidera en oportunidades de teletrabajo, con un 19% de empleos que pueden realizarse desde casa, mientras que estados como Guanajuato y Veracruz tienen tasas mucho más bajas, en torno al 7.3%119
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Sin embargo, una de las limitaciones más notables de la legislación mexicana es que no aborda de manera específica el teletrabajo transfronterizo, lo que crea incertidumbre sobre la aplicación de la ley en casos donde el empleador y el trabajador se encuentren en diferentes países.
La legislación actual no contempla mecanismos claros para resolver los conflictos de leyes que pueden surgir en estos casos, lo que coloca a los teletrabajadores en una situación de vulnerabilidad jurídica. De acuerdo con estudios de expertos como Lourdes Mella Méndez, la ausencia de regulación específica para el teletrabajo transfronterizo genera un vacío legal que expone a los trabajadores a prácticas laborales injustas y a la falta de acceso a la seguridad social120.
El teletrabajo transfronterizo y el trabajo por aplicaciones (gig economy) presentan varias coincidencias en cuanto a sus dinámicas laborales, desafíos regulatorios y el impacto en los derechos laborales.
Tanto el teletrabajo transfronterizo como el trabajo por aplicaciones ofrecen un alto grado de flexibilidad a los trabajadores, permitiendo que ellos decidan sus propios horarios, ritmos de trabajo y, en muchos casos, la cantidad de trabajo que aceptan.
Ambos modelos dependen de la tecnología, ya sea mediante plataformas digitales o aplicaciones. El uso de internet y dispositivos electrónicos es esencial para que los trabajadores puedan conectarse con empleadores o clientes, y realizar sus tareas a distancia.
En el teletrabajo transfronterizo, el trabajador puede estar en un país distinto al del empleador. En el trabajo por aplicaciones, aunque el trabajo suele realizarse en la misma ubicación física que el trabajador, la plataforma que lo emplea puede estar en otra jurisdicción. Ambos casos comparten la idea de que la relación laboral no está confinada a fronteras geográficas tradicionales.
Tanto el teletrabajo transfronterizo como el trabajo por aplicaciones enfrentan vacíos en la legislación laboral tradicional.
Las leyes laborales en muchos países no están completamente adaptadas para proteger a estos trabajadores, quienes en muchos casos no son considerados empleados formales, lo que limita su acceso a beneficios laborales como seguridad social, seguro de salud o pensiones.
Ambos modelos a menudo exponen a los trabajadores a condiciones laborales precarias, como la falta de contratos estables, la ausencia de protecciones mínimas en cuanto a salario, horas de trabajo o descansos, y la posibilidad de ser explotados o sometidos a prácticas de "dumping social" al competir con trabajadores en otros países con menores protecciones laborales.
La supervisión de las condiciones laborales es más complicada tanto en el teletrabajo transfronterizo como en el trabajo por aplicaciones debido a la falta de control directo por parte del empleador o las dificultades de monitoreo a distancia, lo que permite que los trabajadores se encuentren en situaciones de vulnerabilidad ante abusos o explotación.
En el trabajo por aplicaciones, los algoritmos deciden la asignación de tareas, mientras que en el teletrabajo transfronterizo, el control de la productividad puede depender de herramientas tecnológicas. Ambos modelos plantean interrogantes sobre la privacidad, el uso de datos personales y la transparencia en las decisiones automatizadas.
En ambos casos, es común que los trabajadores no cuenten con representación sindical adecuada, lo que dificulta la negociación colectiva y la defensa de sus derechos frente a las plataformas o empleadores.
El pasado veinticuatro de diciembre del año dos mil veinticuatro, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, publicó un reforma para asegurar derechos a trabajadores de plataformas digitales. Se propuso un nuevo capítulo a la Ley Federal del Trabajo para regular y reconocer derechos laborales de 658 mil trabajadores de aplicaciones digitales a nivel nacional.
Con esta reforma, las y los trabajadores de aplicaciones, choferes y repartidores podrán tener acceso a la atención médica brindada por el IMSS, pago de utilidades, acceso a crédito del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los
Trabajadores (Infonavit), seguro contra accidentes de trabajo, así como derecho a la implementación de protocolos con perspectiva de género para atención de casos de acoso, hostigamiento y similares; todo ello respetando la flexibilidad de horario laboral y reconociendo la subordinación discontinua121.
La reforma publicada busca formalizar la relación laboral entre trabajadores de plataformas digitales y las empresas, otorgando derechos laborales como seguridad social y beneficios de protección en el empleo.
Aunque no aborda específicamente el trabajo transfronterizo, el enfoque en regular a las plataformas digitales y proteger los derechos de los trabajadores también podría impactar en el futuro a los trabajadores en el extranjero que interactúan con empleadores o plataformas de teletrabajo transfronterizo, ya que las condiciones de trabajo y los derechos tendrían mayor claridad y respaldo legal.
México podría regular el teletrabajo transfronterizo como consecuencia de un convenio suscrito con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estableciendo normas mínimas para proteger a los trabajadores, tales como garantizar igualdad de derechos laborales, seguridad social y condiciones justas de trabajo, independientemente de la ubicación geográfica del trabajador o empleador.
Un convenio de la OIT podría servir como base para armonizar las leyes laborales entre países, promoviendo la cooperación internacional en la protección de derechos y estableciendo estándares claros para teletrabajadores transfronterizos.
Las ofertas de teletrabajo transfronterizo en México son amplias en plataformas de búsqueda de empleo como LinkedIn, Glassdoor.
Empresas extranjeras valiéndose de la falta de regulación se aprovechan de la disparidad salarial, para contratar personal sin beneficios laborales y a un menor costo que en los países donde tienen su domicilio social.
La empresa Jobduck, como ejemplo ofrece puestos en México para asistentes legales que consiste en una posición remota a tiempo completo para profesionales del área legal, con una compensación mensual de $1250 USD. Ofrecen beneficios como días libres pagados, bonos anuales, oportunidades de desarrollo profesional, y soporte continuo122.
Señalan que son oportunidades a largo plazo que permiten trabajar desde casa para un negocio basado en EE. UU. requieren una licenciatura, experiencia mínima de un año, y conocimiento de inglés y herramientas como Microsoft Office.
El salario promedio de un asistente legal en Estados Unidos varía dependiendo de la ubicación, experiencia, y el tamaño de la firma legal. Según datos recientes, el salario promedio anual oscila entre $50,000 y $60,000 USD. En algunas áreas metropolitanas, como Nueva York o Los Ángeles, los salarios pueden ser más altos, llegando a más de $70,000 USD al año. Factores como la especialización en áreas de derecho también influyen en el salario123.
Existe una disparidad significativa que confirma la práctica de dumping social, ya que los 15,000 dólares anuales ofrecidos a un asistente legal en México, a pesar de que este brinde los mismos servicios que un asistente legal en Estados Unidos, no son comparables con los 50,000 dólares o más que recibiría un asistente en Estados Unidos por realizar las mismas funciones.
3.3 Regulaciones en otras partes del mundo.
Al comparar la legislación de México con otros países, se observan enfoques diversos respecto a la regulación del teletrabajo.
A continuación, se presenta un análisis de algunos países que han adoptado normativas avanzadas para regular el teletrabajo transfronterizo.
3.3.1 Estados Unidos de América
En Estados Unidos, la regulación del teletrabajo varía a nivel estatal, ya que no existe una legislación federal unificada que regule de manera específica esta modalidad.
No obstante, el Fair Labor Standards Act (FLSA) establece ciertos derechos básicos para los trabajadores remotos, como el salario mínimo y el pago de horas extras.
Aunque estas disposiciones cubren a los teletrabajadores dentro del territorio estadounidense, no existe un marco claro que regule el teletrabajo transfronterizo124.
Esto genera desafíos para los empleadores que contratan a trabajadores ubicados fuera del país, quienes no están cubiertos por la protección de la FLSA.
Según autores como Davidov, la falta de una regulación adecuada en Estados Unidos incrementa la precarización del trabajo transfronterizo, lo que permite a las empresas externalizar sus operaciones a países con legislaciones laborales más débiles125.
3.3.2 Europa
Europa ha sido pionera en la regulación del teletrabajo, especialmente a través de la Directiva 2003/88/CE sobre la ordenación del tiempo de trabajo, que establece normas mínimas sobre las condiciones laborales de los teletrabajadores.
Además, varios países europeos, como Francia y España, han implementado leyes que reconocen el derecho a la desconexión, lo que garantiza que los teletrabajadores no estén obligados a responder correos electrónicos o llamadas fuera de su horario laboral126.
Trabajo remoto (en el domicilio). Detalle por países EU-15 (2006)
Porcentaje de empresas que disponen de empleados remotos que trabajan en su domicilio, al menos medio día a la semana de su tiempo de trabajo y se conectan a la empresa través de los sistemas TIC de la empresa127.
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Francia, en particular, ha destacado por su avanzada legislación sobre teletrabajo. Con la adopción de la Ley El Khomri en 2016, el país estableció el derecho a la desconexión y normas claras sobre el reembolso de gastos relacionados con el trabajo remoto.
Asimismo, se prevé que los teletrabajadores tengan acceso a los mismos derechos que los trabajadores presenciales, incluyendo la protección social y el acceso a servicios de salud.
A pesar de estos avances, el teletrabajo transfronterizo no ha sido completamente abordado en las normativas nacionales o en la legislación de la Unión Europea, lo que genera incertidumbre en cuanto a la aplicación de la ley en situaciones internacionales128.
3.3.3 América Latina
En América Latina, algunos países han comenzado a implementar regulaciones específicas para el teletrabajo, aunque con variaciones significativas en su alcance.
El teletrabajo en América Latina ha experimentado un notable crecimiento, especialmente impulsado por la pandemia. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al menos 23 millones de personas trabajaron desde sus hogares en la región durante la pandemia.
Este aumento refleja una tendencia sostenida hacia el teletrabajo, aunque persisten desafíos relacionados con la infraestructura digital y la regulación. Países como Colombia y Argentina han registrado los mayores porcentajes de trabajadores que pueden trabajar de manera remota, con cifras que superan el 40%129.
Porcentaje de Te letra bajadores en Diferentes Países de América Latina (2024}
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
En Argentina, la Ley de Teletrabajo (Ley N° 27.555), aprobada en 2020, establece una serie de derechos y obligaciones para los teletrabajadores, incluidos el derecho a la desconexión y la provisión de equipos por parte del empleador130.
No obstante, esta legislación no aborda el teletrabajo transfronterizo, dejando a los teletrabajadores en situaciones de incertidumbre respecto a la protección de sus derechos laborales cuando trabajan para empleadores fuera del país.
Brasil, por otro lado, ha avanzado con la regulación del teletrabajo en su Ley de Reforma Laboral de 2017131. Esta ley reconoce el teletrabajo como una modalidad contractual, pero no establece medidas claras para la protección de los teletrabajadores que operan fuera de las fronteras nacionales.
Esto puede llevar a conflictos en la aplicación de las normativas laborales, especialmente en casos donde las legislaciones de los países involucrados son divergentes.
3.4 Convenios internacionales y la regulación del teletrabajo.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha jugado un papel crucial en la promoción de estándares internacionales para la protección de los derechos de los trabajadores, incluidos aquellos que realizan teletrabajo.
Aunque la OIT no ha adoptado un convenio específico sobre teletrabajo transfronterizo, ha emitido recomendaciones que pueden servir de guía para la regulación de esta modalidad.
El Convenio sobre el Trabajo a Domicilio (C177) de la OIT, adoptado en 1996, es uno de los instrumentos más cercanos a la regulación del teletrabajo, ya que establece ciertos derechos para los trabajadores que realizan sus actividades desde su hogar132.
Este convenio no aborda de manera directa el teletrabajo transfronterizo, y su implementación ha sido limitada. Aun así, el C177 puede servir como base para la creación de un marco regulatorio más específico que aborde las particularidades del teletrabajo en un contexto globalizado.
En su informe de 2020, la OIT resaltó la necesidad de adaptar las regulaciones laborales a las nuevas realidades del mercado de trabajo digital, subrayando que es imperativo garantizar la protección de los derechos fundamentales de los teletrabajadores, sin importar su ubicación geográfica133.
3.5 El teletrabajo transfronterizo y los desafíos de jurisdicción
Uno de los principales desafíos que enfrenta el teletrabajo transfronterizo es la determinación de la ley aplicable y la jurisdicción competente en caso de disputas laborales.
En las relaciones laborales tradicionales, la ley aplicable es generalmente la del país donde se presta el servicio. Sin embargo, en el teletrabajo transfronterizo, la situación se complica, ya que el trabajador puede estar ubicado en un país mientras que la empresa contratante se encuentra en otro, lo que genera conflictos de leyes.
En México, la Ley Federal del Trabajo no establece criterios claros para resolver estos conflictos, lo que deja a los teletrabajadores en una situación de incertidumbre.
En ausencia de disposiciones específicas, los tribunales mexicanos suelen aplicar el principio de proximidad, buscando la jurisdicción que tenga una relación más significativa con el contrato laboral.
No obstante, esto no siempre garantiza una protección adecuada para los teletrabajadores, ya que pueden verse sometidos a la aplicación de leyes menos favorables dependiendo de su ubicación.
En comparación, países como Francia han avanzado en la creación de mecanismos para resolver conflictos de jurisdicción en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
La Ley El Khomri establece que, en caso de disputas, el trabajador tiene derecho a que se aplique la legislación del país donde reside, siempre y cuando no se trate de una legislación menos favorable que la del país del empleador. Esta disposición proporciona mayor seguridad jurídica para los teletrabajadores y asegura que no se vean penalizados por trabajar a distancia134.
La Unión Europea también ha abordado el tema de la jurisdicción a través de la Reglamento Roma I sobre la ley aplicable a las obligaciones contractuales, que establece que las partes en un contrato laboral pueden acordar cuál será la ley aplicable, pero que esta elección no puede privar al trabajador de las protecciones mínimas garantizadas por la ley del país en el que habitualmente trabaja135.
Este enfoque garantiza un equilibrio entre la autonomía contractual y la protección de los derechos fundamentales de los trabajadores.
Sin embargo, la aplicación de estas normativas a situaciones de teletrabajo transfronterizo sigue siendo un desafío. Como argumentan Freedland y Kountouris, los marcos jurídicos existentes no siempre están equipados para lidiar con las complejidades del teletrabajo en un entorno digital y globalizado136.
En muchos casos, los trabajadores se encuentran desprotegidos, sin acceso a los derechos y beneficios que deberían tener por ley.
3.6 Protección social y el teletrabajo transfronterizo
Otro aspecto crítico del teletrabajo transfronterizo es el acceso a la protección social. En la mayoría de los países, el acceso a la seguridad social, incluyendo la cobertura de salud, pensiones y prestaciones por desempleo, está vinculado al lugar de trabajo.
El teletrabajo ha crecido significativamente a nivel mundial, pero uno de los principales desafíos es la falta de cobertura de seguridad social para los teletrabajadores, especialmente en países de ingresos bajos y medianos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchos teletrabajadores, especialmente en economías informales o en empleos precarios, carecen de acceso a seguridad social, lo que incluye cobertura de salud, pensiones, y otros beneficios.
Esto afecta a millones de trabajadores, particularmente en países de África, Asia y América Latina, donde la infraestructura para proteger a los teletrabajadores es limitada137.
Porcentaje de Teletrabajadores sin Seguridad Social por Región (2024)
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
En el caso del teletrabajo transfronterizo, esta relación se vuelve incierta, ya que el trabajador puede estar físicamente en un país, pero prestando servicios a una empresa ubicada en otro.
En México, la seguridad social está regulada por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que garantiza el acceso a los beneficios sociales a los trabajadores registrados en su sistema.
No obstante, para los teletrabajadores que operan desde el extranjero, el acceso a estos beneficios puede estar limitado, especialmente si el empleador no está obligado a cumplir con las disposiciones del IMSS debido a su ubicación fuera de México.
Esta situación crea un vacío de protección social, dejando a los teletrabajadores transfronterizos en una situación de vulnerabilidad.
Algunos países europeos han avanzado en la coordinación de sus sistemas de seguridad social a través del Reglamento (CE) N° 883/2004 sobre la coordinación de los sistemas de seguridad social, que permite que los teletrabajadores transfronterizos mantengan el acceso a los beneficios sociales de su país de origen, siempre que cumplan con ciertos requisitos138.
Este enfoque ha sido elogiado por autores como García-Muñoz Alhambra, quien señala que la coordinación de los sistemas de seguridad social es crucial para garantizar que los teletrabajadores no pierdan sus derechos fundamentales139.
A nivel internacional, la OIT ha emitido recomendaciones sobre la necesidad de garantizar la protección social para todos los trabajadores, independientemente de su modalidad de trabajo.
En su informe de 2019 sobre el futuro del trabajo, la OIT destacó la importancia de adaptar los sistemas de seguridad social a las nuevas formas de empleo, incluyendo el teletrabajo transfronterizo, para asegurar que todos los trabajadores tengan acceso a prestaciones adecuadas140.
Sin embargo, la implementación de estas recomendaciones sigue siendo un reto en muchos países, especialmente en aquellos donde la cobertura de la seguridad social es limitada o donde no existen acuerdos de coordinación con otros países.
En América Latina, por ejemplo, muchos países carecen de acuerdos bilaterales o multilaterales que permitan a los teletrabajadores acceder a la seguridad social en su país de residencia cuando trabajan para una empresa extranjera, lo que crea un vacío de protección.
3.7 El dumping social y la competencia desleal en el teletrabajo transfronterizo
El dumping social es una de las principales preocupaciones en el contexto del teletrabajo transfronterizo. Este fenómeno ocurre cuando las empresas trasladan empleos a países con regulaciones laborales más laxas para reducir costos, lo que genera una competencia desleal tanto para los trabajadores como para las empresas en países con normativas laborales más estrictas141.
El teletrabajo transfronterizo facilita esta práctica, ya que permite a las empresas contratar trabajadores en países con menores protecciones laborales sin necesidad de trasladar físicamente sus operaciones. Según Supiot, esta forma de dumping social socava los derechos fundamentales de los trabajadores y perpetúa las desigualdades en el mercado laboral global142.
En México, no existe una regulación específica que aborde el dumping social en el contexto del teletrabajo transfronterizo. Sin embargo, las empresas que contratan trabajadores en el extranjero pueden beneficiarse de las diferencias en los costos laborales, lo que coloca a los trabajadores locales en desventaja competitiva.
La Unión Europea ha intentado abordar el dumping social a través de diversas directivas y reglamentos que buscan armonizar las condiciones laborales dentro del mercado único.
La Directiva de Desplazamiento de Trabajadores (96/71/CE) establece que los trabajadores desplazados dentro de la UE deben disfrutar de las mismas condiciones laborales que los trabajadores locales, lo que ayuda a prevenir el dumping social en el ámbito de la libre circulación de servicios143. Sin embargo, esta directiva no abarca el teletrabajo transfronterizo, lo que deja una laguna en la protección de los teletrabajadores.
Autores como Deakin y Wilkinson sugieren que es necesario desarrollar un marco regulatorio específico para el teletrabajo transfronterizo que aborde el dumping social y garantice condiciones laborales justas para todos los trabajadores, independientemente de su ubicación.
Sin esta regulación, el teletrabajo podría convertirse en una herramienta para la explotación laboral y la reducción de costos a expensas de los derechos de los trabajadores144.
3.8 Propuestas de mejoras en la regulación del teletrabajo transfronterizo
A partir del análisis de las legislaciones nacionales e internacionales, queda claro que el teletrabajo transfronterizo requiere de un marco regulatorio específico que aborde las complejidades de esta modalidad laboral.
El establecimiento de criterios claros para la determinación de la ley aplicable y la jurisdicción competente. Es crucial que las legislaciones nacionales incluyan disposiciones que clarifiquen qué ley se aplica en los casos de teletrabajo transfronterizo, tomando en cuenta la ubicación del trabajador y el empleador. Esto proporcionaría mayor seguridad jurídica tanto para los empleadores como para los teletrabajadores.
Asimismo, es fundamental que los países firmen acuerdos bilaterales o multilaterales que permitan a los teletrabajadores mantener el acceso a la seguridad social en su país de residencia, independientemente de la ubicación del empleador. Esto garantizaría que los teletrabajadores no pierdan sus derechos a beneficios sociales como salud y pensiones.
Por otra parte, los organismos internacionales, como la OIT y la OCDE, deberían trabajar en la creación de un marco regulatorio que evite el dumping social en el teletrabajo transfronterizo, estableciendo estándares mínimos de protección laboral que los países puedan adoptar y adaptar a sus contextos nacionales.
Es necesario garantizar que los teletrabajadores disfruten de los mismos derechos y beneficios que los trabajadores presenciales, independientemente de su ubicación. Esto incluye el acceso a la seguridad social, la protección contra el despido injustificado y el derecho a la desconexión.
3.9 Normativas sobre la protección de datos en el teletrabajo transfronterizo
El teletrabajo transfronterizo plantea desafíos no solo en términos de protección social y derechos laborales, sino también en la protección de datos personales.
En un contexto digital, los teletrabajadores manejan información sensible de sus empleadores, clientes y otras partes interesadas, lo que genera la necesidad de regulaciones que garanticen la protección de estos datos, especialmente cuando cruzan fronteras internacionales.
En México, la protección de datos está regulada por la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (LFPDPPP), que establece obligaciones para los empleadores en términos de cómo deben manejar los datos personales de sus empleados145.
Sin embargo, esta ley está diseñada principalmente para situaciones en las que tanto empleador como trabajador se encuentran dentro de México, lo que genera interrogantes sobre su aplicabilidad en casos de teletrabajo transfronterizo.
Un ejemplo claro de la regulación sobre protección de datos en el ámbito internacional es el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea, el cual establece estándares rigurosos sobre cómo deben gestionarse los datos personales, independientemente de si el empleado o el empleador se encuentran dentro o fuera de la UE146.
El GDPR también aborda la transferencia de datos a terceros países, exigiendo que las empresas que operan en la UE se aseguren de que los datos transferidos a otros países se manejen de acuerdo con los mismos estándares de protección.
Autores como Zarsky han señalado que la protección de datos en el teletrabajo transfronterizo requiere una mayor coordinación entre los países para evitar que los datos de los trabajadores y las empresas se vean comprometidos.
La falta de armonización en las normativas de protección de datos puede generar riesgos tanto para los empleadores como para los teletrabajadores, quienes pueden verse expuestos a violaciones de privacidad o uso indebido de sus datos personales147 148 149.
En América Latina, la protección de datos sigue siendo un tema en desarrollo. Países como Argentina y Brasil han adoptado leyes de protección de datos similares al GDPR, pero en muchos casos, la implementación y el cumplimiento de estas normativas siguen siendo limitados[151152].
La cooperación internacional para estandarizar las normativas de protección de datos es esencial para garantizar que los teletrabajadores transfronterizos puedan operar de manera segura y que su información esté adecuadamente protegida.
3.10 La protección del derecho a la desconexión en el teletrabajo
El derecho a la desconexión es uno de los derechos emergentes más relevantes en el contexto del teletrabajo. Este derecho busca proteger a los trabajadores de la sobreexposición al trabajo digital, asegurando que tengan tiempo libre y que no se vean obligados a responder correos electrónicos o llamadas fuera de su horario laboral.
En México, la reforma de 2021 a la Ley Federal del Trabajo incluyó el derecho a la desconexión, estipulando que los empleadores no pueden exigir a los trabajadores que estén disponibles fuera de su jornada laboral. Sin embargo, esta disposición no ha sido suficientemente desarrollada en el caso del teletrabajo transfronterizo, donde las diferencias horarias entre el empleador y el trabajador pueden complicar la aplicación de este derecho.
En Francia, el derecho a la desconexión ha sido consagrado en la Ley El Khomri de 2016, que establece que las empresas deben respetar los tiempos de descanso y desconexión de sus empleados, incluso en el caso de trabajadores que operan en otros países.
Esta legislación ha sido pionera en la regulación del teletrabajo, y autores como Jean-Emmanuel Ray han destacado que la protección del derecho a la desconexión es esencial para evitar el agotamiento y la sobrecarga laboral en los teletrabajadores150.
A nivel internacional, la OIT ha reconocido la importancia del derecho a la desconexión en su informe sobre el futuro del trabajo, recomendando que los países adopten medidas para garantizar que los teletrabajadores no estén sometidos a demandas laborales excesivas fuera de su horario habitual151.
La implementación de este derecho sigue siendo desigual en muchos países, especialmente en aquellos donde el teletrabajo ha crecido rápidamente sin que las regulaciones laborales hayan sido adaptadas a este nuevo contexto.
3.11 Impacto de las tecnologías de la información en la regulación del teletrabajo
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han sido el principal motor detrás del crecimiento del teletrabajo, permitiendo a los trabajadores conectarse con sus empleadores y realizar sus tareas desde cualquier parte del mundo.
El uso intensivo de estas tecnologías también plantea desafíos en términos de regulación laboral, privacidad, y equidad en el acceso a las TIC. En México, el acceso a las TIC sigue siendo desigual, con grandes disparidades en el mundo.
El acceso a internet a nivel mundial ha crecido de manera significativa en los últimos años. En 2023, aproximadamente el 67% de la población mundial (equivalente a 5.4 mil millones de personas) utiliza internet, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU).
Esto marca un aumento del 45% desde 2018, aunque aún hay 2.6 mil millones de personas que permanecen desconectadas, principalmente en regiones de bajos ingresos como África y el sur de Asia. Los desafíos más comunes que impiden un acceso universal incluyen la falta de infraestructura, altos costos de los dispositivos y del acceso a datos, y la falta de habilidades digitales en algunas regiones152.
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), solo el 60% de la población tiene acceso regular a Internet, lo que limita las oportunidades de teletrabajo para una parte significativa de la población. Esta situación genera una brecha digital que impacta negativamente en la competitividad y el acceso al empleo de quienes no cuentan con los recursos tecnológicos adecuados153.
Por otro lado, en países como Corea del Sur y Japón, donde la infraestructura tecnológica es altamente desarrollada, el teletrabajo ha sido adoptado con mayor facilidad.
En Corea del Sur, por ejemplo, el gobierno ha promovido activamente el teletrabajo como parte de su estrategia de desarrollo digital, implementando políticas que aseguran que los trabajadores tengan acceso a las herramientas tecnológicas necesarias para realizar sus tareas de manera eficiente y segura154.
La regulación del teletrabajo debe adaptarse a las particularidades del entorno tecnológico de cada país. Como argumenta Davidov, la falta de acceso equitativo a las TIC puede perpetuar las desigualdades en el mercado laboral, dejando a ciertos grupos en desventaja.155
Además, las legislaciones laborales deben incluir disposiciones que garanticen que los empleadores proporcionen los equipos y las herramientas necesarias para que los teletrabajadores puedan desempeñar sus funciones de manera adecuada, como ya lo exigen algunos marcos regulatorios en Europa y América Latina.
3.12 Análisis comparativo de legislaciones sobre teletrabajo transfronterizo
Las legislaciones sobre teletrabajo en diferentes países revelan enfoques diversos y disparidades significativas en la protección de los derechos de los teletrabajadores. Mientras que algunos países han avanzado considerablemente en la regulación del teletrabajo, otros aún carecen de un marco normativo adecuado para enfrentar los desafíos del teletrabajo transfronterizo.
3.12.1 Francia vs. México
Francia ha sido uno de los países pioneros en la regulación del teletrabajo, con leyes que protegen los derechos de los teletrabajadores y garantizan su acceso a la protección social, el derecho a la desconexión y la igualdad de trato con respecto a los trabajadores presenciales.
La Ley El Khomri es un ejemplo clave de cómo las legislaciones nacionales pueden adaptarse a las nuevas realidades del mercado laboral digital156.
En México, por otro lado, aunque se han realizado avances importantes, como la inclusión del teletrabajo en la Ley Federal del Trabajo157, las normativas aún no abordan adecuadamente el teletrabajo transfronterizo ni los desafíos que plantea en términos de jurisdicción, protección social y privacidad de datos.
3.12.2 Estados Unidos vs. la Unión Europea
En Estados Unidos, la regulación del teletrabajo sigue siendo fragmentada y varía de un estado a otro. A nivel federal, la Fair Labor Standards Act establece ciertos derechos mínimos para los trabajadores, pero no existe un marco unificado que aborde las particularidades del teletrabajo transfronterizo158.
Por el contrario, la Unión Europea ha adoptado una serie de directivas que buscan armonizar las condiciones laborales en los países miembros, incluyendo disposiciones específicas sobre el teletrabajo y el desplazamiento de trabajadores159,160.
Sin embargo, la aplicación de estas normativas sigue siendo un desafío en el contexto transfronterizo, donde las diferencias en las leyes nacionales pueden generar conflictos.
3.12.3 América latina: avances y desafíos
En América Latina, países como Argentina y Brasil han dado pasos importantes para regular el teletrabajo, pero las legislaciones aún presentan lagunas en lo que respecta al teletrabajo transfronterizo.
En Brasil, la Ley de Reforma Laboral reconoce el teletrabajo como una modalidad contractual, pero no ofrece disposiciones claras sobre la jurisdicción o la protección social en casos de trabajo a distancia para empresas extranjeras161.
Argentina, por su parte, ha avanzado con la Ley de Teletrabajo, que incluye el derecho a la desconexión y la obligatoriedad del empleador de proporcionar los equipos necesarios, pero aún enfrenta desafíos en la implementación y fiscalización de estas normativas162.
Abb. in Leseprobe nicht enthalten
Capítulo IV Desafíos y Oportunidades en la Protección de Derechos Laborales - Análisis de los derechos laborales comprometidos y prácticas de dumping social.
"La justicia social no es simplemente una cuestión de equidad, sino una lucha constante por equilibrar los derechos fundamentales del trabajador en un sistema globalizado."
— Guy Ryder, director general de la OIT.
4.1. Introducción
El avance de la tecnología y la globalización ha permitido que millones de trabajadores en todo el mundo realicen sus labores a distancia, muchas veces desde diferentes países al de su empleador.
Este fenómeno, conocido como teletrabajo transfronterizo, ha planteado nuevas oportunidades para empresas y trabajadores.
Por un lado, las empresas pueden acceder a una fuerza laboral más diversa y flexible, mientras que los trabajadores pueden aprovechar oportunidades de empleo en diferentes mercados sin tener que desplazarse físicamente.
Sin embargo, este contexto global también ha generado desafíos significativos, particularmente en la protección de los derechos laborales.
Los trabajadores que operan bajo estas modalidades a menudo se encuentran en una zona gris legal, donde las legislaciones laborales tradicionales no les ofrecen una protección adecuada.
En este entorno, muchos derechos laborales fundamentales, como el acceso a la seguridad social, la protección ante despidos injustificados y la capacidad de organizarse en sindicatos, quedan comprometidos.
El concepto de dumping social, que se refiere a la práctica de las empresas de contratar trabajadores en países con legislaciones laborales más laxas o menores costos laborales para reducir gastos, ha emergido como una preocupación clave en el teletrabajo transfronterizo163.
El dumping social no solo tiene consecuencias negativas para los trabajadores en países en desarrollo, sino también para los empleados de países desarrollados, quienes ven cómo sus trabajos son externalizados y sus condiciones laborales se deterioran.
Este capítulo tiene como objetivo analizar en detalle los derechos laborales comprometidos en el contexto del teletrabajo transfronterizo, identificar las prácticas de dumping social y proponer soluciones para mejorar la protección de los trabajadores.
Se examinarán las oportunidades que ofrece el teletrabajo para modernizar las regulaciones laborales y garantizar la igualdad de condiciones para todos los empleados, independientemente de su ubicación geográfica.
4.2. Derechos laborales comprometidos en el teletrabajo transfronterizo
Derechos laborales fundamentales
El derecho a un salario justo y a condiciones laborales dignas son pilares fundamentales en cualquier relación laboral. Sin embargo, en el teletrabajo transfronterizo, estos derechos se ven comprometidos debido a las diferencias en las legislaciones laborales de los distintos países.
Muchos teletrabajadores que residen en países en vías de desarrollo reciben salarios considerablemente inferiores a los de sus colegas que trabajan en el mismo puesto en países desarrollados, a pesar de realizar las mismas tareas164.
Por ejemplo, un desarrollador de software en India puede ganar una fracción del salario de un desarrollador en Estados Unidos, aunque ambos realicen tareas similares para la misma empresa.
Esta disparidad salarial es una forma de discriminación basada en la ubicación geográfica, que a menudo está impulsada por las políticas de outsourcing de las empresas para reducir costos. Aunque estas prácticas son legales, plantean importantes interrogantes sobre la equidad y la justicia en el ámbito laboral globalizado.
Además, los teletrabajadores transfronterizos a menudo carecen de acceso a un sistema de seguridad social. Esto se debe en parte a que muchos países no tienen acuerdos bilaterales de seguridad social que cubran a los trabajadores que prestan servicios para empleadores extranjeros.
Como resultado, los teletrabajadores pueden quedar sin acceso a servicios esenciales como atención médica, pensiones o seguro por desempleo.
Este es un problema común en países como México, donde muchos trabajadores remotos prestan servicios a empresas estadounidenses, pero no están inscritos en el sistema de seguridad social mexicano, ni tienen acceso a los beneficios sociales en Estados Unidos165.
La falta de una cobertura adecuada de seguridad social es uno de los mayores desafíos para los teletrabajadores transfronterizos, especialmente en el caso de enfermedades o accidentes laborales.
4.3. Derecho a la negociación colectiva y representación sindical
El derecho a la negociación colectiva y la representación sindical es otro de los derechos laborales fundamentales que a menudo se ven comprometidos en el teletrabajo transfronterizo.
La capacidad de organizarse en sindicatos y negociar colectivamente con los empleadores es una herramienta crucial para garantizar que los trabajadores tengan una voz en las decisiones que afectan sus condiciones laborales.
Sin embargo, muchos teletrabajadores, especialmente aquellos que trabajan para empleadores en el extranjero, se enfrentan a barreras para afiliarse a sindicatos locales o internacionales.
Las leyes laborales en algunos países dificultan que los teletrabajadores se organicen, ya que estos trabajadores no están físicamente presentes en el lugar de trabajo, lo que limita su capacidad para participar en la negociación colectiva.
Por ejemplo, en Estados Unidos, los trabajadores remotos pueden tener dificultades para afiliarse a sindicatos locales si no trabajan en el estado donde el sindicato tiene jurisdicción166.
Del mismo modo, en Europa, las leyes laborales nacionales a menudo no consideran el teletrabajo transfronterizo en sus disposiciones sobre la negociación colectiva, lo que deja a muchos teletrabajadores sin representación167.
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4.4. Igualdad de condiciones laborales
Uno de los principales problemas del teletrabajo transfronterizo es la falta de igualdad de condiciones laborales entre los trabajadores de diferentes países.
A menudo, los teletrabajadores que residen en países con menores costos laborales reciben una compensación significativamente inferior a la de sus colegas en países más desarrollados, a pesar de realizar el mismo trabajo.
Esta discriminación salarial basada en la ubicación geográfica no solo es injusta, sino que también perpetúa las desigualdades económicas globales.
Además de las disparidades salariales, muchos teletrabajadores no tienen acceso a beneficios laborales, como el seguro de salud, las pensiones o las licencias por enfermedad.
En algunos casos, los empleadores no están legalmente obligados a proporcionar estos beneficios a los trabajadores que no residen en el país donde la empresa tiene su sede.
Esto deja a los teletrabajadores en una situación de vulnerabilidad, ya que no tienen acceso a una red de seguridad en caso de que enfrenten una emergencia médica o pierdan su empleo.
Un ejemplo de este problema es el caso de los trabajadores de servicios al cliente en América Latina, que son contratados por empresas de Estados Unidos. Estos trabajadores a menudo no tienen acceso a los beneficios que sus colegas en Estados Unidos disfrutan, como el seguro de salud o las contribuciones a un plan de jubilación168.
Esta falta de acceso a los beneficios laborales es otro ejemplo de cómo el teletrabajo transfronterizo puede perpetuar las desigualdades entre los trabajadores de diferentes regiones.
4.5. Comité de Expertos de la OIT en las Prácticas de dumping social en el teletrabajo transfronterizo
Como se ha mencionado previamente, el dumping social es una práctica en la que las empresas buscan reducir costos laborales contratando trabajadores en países con regulaciones laborales más laxas o salarios más bajos.
En el contexto del teletrabajo transfronterizo, el dumping social se refiere a la contratación de trabajadores remotos en países con menores estándares laborales, con el fin de evitar los costos asociados con las regulaciones laborales de los países desarrollados.
El dumping social puede adoptar diferentes formas. Una de las más comunes es la contratación de trabajadores en países en desarrollo para realizar tareas que, de otro modo, habrían sido realizadas por empleados en países con costos laborales más elevados.
Este tipo de dumping social se ha vuelto especialmente común en sectores como la tecnología de la información, el soporte técnico y los servicios al cliente.
Otro tipo de dumping social es la externalización de servicios a empresas en países con menores costos laborales.
En lugar de contratar directamente a teletrabajadores, algunas empresas subcontratan servicios a proveedores en países en desarrollo, lo que les permite evitar las obligaciones laborales y sociales que tendrían si contrataran a los trabajadores directamente.
Un ejemplo claro de dumping social se puede observar en la industria tecnológica, donde las empresas occidentales contratan a desarrolladores de software y profesionales de TI en Europa del Este, Asia y América Latina para realizar trabajos que, en los países de origen de las empresas, tendrían costos significativamente más altos.
Empresas tecnológicas en Estados Unidos y Europa han establecido centros de desarrollo en países como India, Polonia y Rumanía, donde los costos laborales son mucho más bajos que en Silicon Valley o Londres169.
Estos trabajadores suelen recibir una fracción del salario de sus colegas en países desarrollados, a pesar de realizar el mismo tipo de trabajo. Además, a menudo no tienen acceso a los beneficios que disfrutan los trabajadores en los países donde están ubicadas las sedes de las empresas, como la seguridad social o los planes de pensiones.
En el sector de servicios al cliente, las empresas han adoptado prácticas similares. Por ejemplo, grandes compañías estadounidenses de telecomunicaciones y tecnología han externalizado sus servicios de atención al cliente a Filipinas e India, donde los salarios son mucho más bajos170.
Aunque estas prácticas pueden ser beneficiosas para las empresas en términos de reducción de costos, tienen un impacto negativo en los trabajadores locales en los países desarrollados, quienes ven cómo sus empleos son externalizados y sus condiciones laborales se deterioran.
El pronunciamiento más directo de la OIT sobre la necesidad de un marco normativo para el trabajo transfronterizo se encuentra en R198 misma. Específicamente, la Recomendación insta a los Miembros interesados a considerar la posibilidad de concertar acuerdos bilaterales con el objetivo de prevenir abusos y prácticas fraudulentas encaminadas a eludir los acuerdos existentes para la protección de los trabajadores contratados en un país para trabajar en otro.
Esta directriz subraya que la solución a la complejidad jurisdiccional inherente al trabajo transnacional no puede resolverse únicamente con normas unilaterales, sino que requiere la coordinación internacional. La CEACR considera estos acuerdos bilaterales no como una mera opción política, sino como una estrategia normativa fundamental para re- territorializar la protección laboral y social en un contexto de movilidad digital. Esta preocupación por la elusión de derechos también se extiende a los trabajadores de plataformas digitales, una modalidad inherentemente transfronteriza para la cual la OIT ha avanzado hacia la negociación de una norma internacional vinculante. El principio de la CEACR es garantizar que los derechos fundamentales (como la libertad sindical C87 y la negociación colectiva C98) se apliquen sin importar la geografía o la clasificación nominal del trabajo.
4.6. Prácticas de dumping social en el teletrabajo transfronterizo
El dumping social tiene varias consecuencias negativas tanto para los trabajadores en países con menores costos laborales como para los empleados en países desarrollados.
En primer lugar, en las economías en desarrollo, los trabajadores que son contratados por empresas extranjeras bajo estas condiciones a menudo se encuentran en una situación de precariedad laboral.
A pesar de que estos empleos pueden ofrecerles ingresos superiores a los que obtendrían en el mercado laboral local, los salarios siguen siendo considerablemente más bajos que los que percibirían los trabajadores en los países de origen de la empresa.
Además, los trabajadores que forman parte de esta práctica a menudo carecen de beneficios laborales, como acceso a la seguridad social, seguro médico, licencias por enfermedad, o pensiones. Esto se debe a que las empresas, al operar bajo la jurisdicción de un país con menores regulaciones laborales, no están obligadas a proporcionar estos beneficios.
En muchos casos, las empresas utilizan contratos temporales o de prestación de servicios para evitar tener que cumplir con las obligaciones laborales permanentes.
En segundo lugar, el dumping social también tiene un impacto negativo en los trabajadores en países desarrollados. La contratación de mano de obra más barata en países en desarrollo puede resultar en la externalización de empleos que, de otro modo, habrían sido ocupados por trabajadores locales.
Esto lleva a la pérdida de puestos de trabajo bien remunerados en sectores como el tecnológico, el servicio al cliente, y otros campos de alta demanda.
Además, la erosión de los derechos laborales en los países desarrollados es otra consecuencia importante del dumping social.
A medida que las empresas buscan reducir costos, los trabajadores locales pueden enfrentar presiones para aceptar salarios más bajos y condiciones laborales menos favorables, ya que deben competir con empleados en otros países dispuestos a trabajar por menos.
Esta competencia desleal entre trabajadores de diferentes partes del mundo crea una dinámica en la que se empuja a todos hacia condiciones laborales menos favorables.
Por ejemplo, en el sector de servicios financieros, la externalización de procesos administrativos y de TI a países como India y Filipinas ha resultado en la pérdida de miles de empleos en Estados Unidos y Reino Unido171.
Los trabajadores en estos países han visto cómo sus empleos son externalizados a regiones con salarios más bajos, lo que ha generado una presión para aceptar condiciones laborales menos favorables o arriesgarse a perder sus trabajos172.
4.7. Propuestas para combatir el dumping social
Para abordar los efectos negativos del dumping social y mejorar la protección de los derechos laborales en el teletrabajo transfronterizo, es necesario adoptar medidas tanto a nivel nacional como internacional.
Una de las soluciones más efectivas para combatir el dumping social es la armonización de las leyes laborales a nivel internacional. Actualmente, las diferencias en las regulaciones laborales entre los países permiten que las empresas aprovechen las disparidades en los costos laborales para contratar trabajadores más baratos en países con menos protecciones.
La armonización de las leyes laborales ayudaría a garantizar que todos los trabajadores, independientemente de su ubicación, disfruten de un conjunto básico de derechos laborales.
Esta armonización podría ser impulsada por organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ya ha jugado un papel clave en la creación de normas laborales internacionales.
La creación de un convenio internacional específico sobre teletrabajo transfronterizo podría establecer estándares mínimos para la protección de los teletrabajadores, como el acceso a la seguridad social, la protección contra despidos injustificados y el derecho a la negociación colectiva.
Otra medida importante para combatir el dumping social es la creación de normas mínimas de salario y protección social a nivel internacional.
Estas normas garantizarían que los teletrabajadores en todo el mundo reciban un salario mínimo adecuado y tengan acceso a la seguridad social, independientemente de la ubicación de su empleador.
Dichas normas podrían basarse en el principio de que todos los trabajadores, independientemente de su país de residencia, deben tener derecho a un salario digno que les permita vivir con dignidad.
Las empresas que contraten teletrabajadores en otros países deberían estar obligadas a proporcionar beneficios de seguridad social, como el seguro médico y las contribuciones a un fondo de pensiones.
En este sentido, países como Estonia han sido pioneros en la creación de normas mínimas de salario para los trabajadores remotos internacionales, estableciendo reglas claras sobre las obligaciones de los empleadores hacia los teletrabajadores. Este tipo de regulaciones podría ser adoptado por otros países para garantizar una mayor equidad en el teletrabajo transfronterizo173.
4.8. Supervisión y sanción de las prácticas de dumping social
Para que estas propuestas sean efectivas, es necesario establecer mecanismos de supervisión y sanción que permitan identificar y penalizar a las empresas que practican dumping social.
Un sistema de supervisión internacional, posiblemente liderado por la OIT o una entidad similar, podría monitorear el cumplimiento de las normas laborales internacionales y sancionar a las empresas que no respeten los derechos de los teletrabajadores.
Además, los gobiernos nacionales deberían establecer agencias de cumplimiento laboral que tengan la capacidad de investigar las prácticas laborales de las empresas que operan a través de fronteras.
Estas agencias podrían colaborar con sus contrapartes en otros países para garantizar que los teletrabajadores reciban la protección que merecen.
4.9. Oportunidades para mejorar la protección de los derechos laborales
A pesar de los desafíos que plantea el dumping social y la falta de protección de los derechos laborales en el teletrabajo transfronterizo, existen varias oportunidades para mejorar la situación de los trabajadores.
El avance de las tecnologías digitales y la creciente atención internacional a los derechos laborales brindan una plataforma para la creación de nuevas regulaciones y mecanismos de supervisión que podrían transformar la forma en que se protege a los trabajadores en un mundo globalizado.
4.10. Avances tecnológicos y el impacto en la regulación
Los avances en la tecnología han transformado no solo la forma en que trabajamos, sino también cómo se puede supervisar y regular el cumplimiento de las leyes laborales.
La tecnología blockchain, por ejemplo, tiene el potencial de mejorar la transparencia y la trazabilidad de los contratos laborales.
Los contratos laborales digitales podrían ser registrados en una plataforma blockchain, lo que garantizaría que las condiciones laborales acordadas entre empleadores y trabajadores sean fácilmente verificables y no puedan ser modificadas sin el consentimiento de ambas partes174.
Además, las plataformas digitales de trabajo que facilitan la contratación de teletrabajadores en todo el mundo también ofrecen oportunidades para mejorar la protección de los derechos laborales.
Estas plataformas pueden incluir mecanismos que aseguren el cumplimiento de las leyes laborales locales e internacionales, como la provisión de seguros de salud y contribuciones a fondos de pensiones para los teletrabajadores.
Algunos países ya están experimentando con el uso de tecnologías digitales para supervisar el cumplimiento de las leyes laborales.
En Francia, por ejemplo, las plataformas digitales de trabajo están obligadas a proporcionar a sus trabajadores acceso a seguros de salud y a un salario mínimo, lo que ha mejorado significativamente la situación de los trabajadores remotos en el país175.
4.11. Participación de organizaciones internacionales
Las organizaciones internacionales tienen un papel clave en la protección de los derechos laborales en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
La OIT es la entidad principal encargada de establecer normas internacionales para la protección de los trabajadores, y ya ha jugado un papel importante en la creación de convenios que protegen a los trabajadores en todo el mundo. Sin embargo, hasta ahora no ha desarrollado un convenio específico sobre el teletrabajo transfronterizo.
La creación de un convenio internacional sobre teletrabajo podría garantizar que los teletrabajadores en todo el mundo reciban un conjunto básico de derechos laborales, incluyendo acceso a la seguridad social, salarios dignos y protección contra el despido injustificado.
Este convenio podría basarse en las mejores prácticas de países que ya han implementado regulaciones efectivas para proteger a los trabajadores remotos.
Además de la OIT, los sindicatos globales también pueden desempeñar un papel importante en la protección de los derechos de los teletrabajadores.
La creación de redes de teletrabajadores que operen a nivel global podría ofrecer a estos trabajadores una vía para organizarse y negociar colectivamente con sus empleadores, independientemente de su ubicación geográfica.
4.12. Modelos de regulación nacional e internacional
A nivel global, algunos países han implementado marcos regulatorios avanzados que sirven como ejemplos para la protección de los derechos laborales en el teletrabajo transfronterizo. Estos modelos ofrecen una guía sobre cómo los gobiernos y las organizaciones internacionales pueden abordar los desafíos planteados por el trabajo remoto y el dumping social.
Un ejemplo destacado es Francia, que ha adoptado regulaciones estrictas sobre el teletrabajo. La Ley de Desconexión (2017) garantiza que los trabajadores no están obligados a responder a correos electrónicos o realizar tareas fuera del horario laboral176.
Además, Francia ha sido pionera en la inclusión de los teletrabajadores en su sistema de seguridad social, obligando a las empresas a garantizar que los trabajadores remotos reciban los mismos beneficios que los empleados presenciales177.
Estas medidas han sentado precedentes importantes en la regulación del teletrabajo, aunque no abordan completamente el aspecto transfronterizo.
Otro país que ha desarrollado un marco avanzado para el teletrabajo es Estonia, conocido por su enfoque proactivo hacia la digitalización.
Estonia ha implementado un programa de visas para nómadas digitales, que permite a los trabajadores remotos residir legalmente en el país mientras prestan servicios a empresas extranjeras178.
Este programa establece normas claras sobre los derechos laborales y fiscales de los trabajadores remotos, y ofrece un modelo para otros países que buscan atraer talento extranjero mientras garantizan la protección de sus derechos.
A nivel internacional, los tratados bilaterales representan una opción viable para mejorar la protección de los teletrabajadores transfronterizos.
Estos tratados pueden garantizar que los trabajadores que prestan servicios en un país distinto al de su empleador tengan acceso a beneficios de seguridad social y otros derechos laborales fundamentales.
Por ejemplo, España y Alemania han firmado acuerdos bilaterales que permiten a los trabajadores recibir beneficios de seguridad social en ambos países, lo que proporciona un marco de protección robusto para los empleados que operan en más de una jurisdicción179.
La creación de acuerdos multilaterales entre regiones, como la Unión Europea, también ha demostrado ser efectiva para proteger los derechos laborales.
La UE ha implementado mecanismos que permiten a los trabajadores moverse libremente entre los Estados miembros mientras mantienen acceso a los beneficios sociales de su país de origen180.
Este modelo podría ser adaptado a otros contextos internacionales para garantizar que los teletrabajadores transfronterizos no queden desprotegidos en ninguna jurisdicción.
El teletrabajo transfronterizo ha transformado el mundo laboral, permitiendo que trabajadores de diferentes partes del mundo accedan a nuevas oportunidades de empleo sin la necesidad de moverse físicamente.
Este avance tecnológico también ha generado una serie de desafíos relacionados con la protección de los derechos laborales y las prácticas de dumping social.
Los trabajadores que operan en estas condiciones a menudo se encuentran en una situación de vulnerabilidad, donde sus derechos fundamentales, como el acceso a la seguridad social, un salario justo y la protección contra despidos injustificados, no están garantizados. Está de manifiesto que muchos derechos laborales están comprometidos en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
Los teletrabajadores en países con menores costos laborales a menudo reciben salarios más bajos que sus colegas en países desarrollados, carecen de acceso a beneficios laborales y enfrentan barreras significativas para organizarse y negociar colectivamente.
El dumping social, es una práctica cada vez más común entre las empresas que buscan reducir costos, erosiona los derechos laborales globales y perpetúa las desigualdades económicas.
Para enfrentar estos desafíos, es crucial avanzar hacia la armonización de las leyes laborales a nivel internacional. La creación de un marco regulatorio global que establezca normas mínimas de salario y protección social es un paso esencial para garantizar que los teletrabajadores transfronterizos no queden desprotegidos.
La implementación de mecanismos de supervisión y sanción permitirá identificar y penalizar a las empresas que practiquen dumping social, asegurando una mayor equidad en el mercado laboral global.
Existen oportunidades importantes para mejorar la protección de los derechos laborales en el teletrabajo transfronterizo. El avance de la tecnología ofrece nuevas herramientas para la supervisión y el cumplimiento de las leyes laborales, mientras que la creciente atención internacional a los derechos de los teletrabajadores proporciona una plataforma para el desarrollo de nuevas regulaciones.
Los tratados bilaterales y los acuerdos multilaterales también representan soluciones viables para garantizar que los teletrabajadores tengan acceso a los beneficios sociales y laborales, independientemente de su ubicación.
Finalmente, el rol de las organizaciones internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los sindicatos globales, será crucial en la protección de los derechos de los teletrabajadores y en la lucha contra el dumping social.
Estas entidades deben liderar los esfuerzos para crear un entorno laboral global más justo, donde todos los trabajadores, sin importar su ubicación, disfruten de los mismos derechos y protecciones.
En resumen, aunque el teletrabajo transfronterizo plantea desafíos significativos en términos de derechos laborales, también ofrece una oportunidad para modernizar las regulaciones laborales y crear un mercado laboral global más inclusivo y equitativo.
Las propuestas presentadas en este capítulo, como la armonización de las leyes laborales, la creación de normas mínimas de salario y protección social, y la implementación de mecanismos de supervisión, son pasos clave para mejorar la protección de los teletrabajadores y garantizar la justicia social en un mundo cada vez más interconectado.
CAPÍTULO V Hacia una normativa internacional en materia de teletrabajo transfronterizo en la organización internacional del trabajo.
"En un mundo cada vez más globalizado, el teletrabajo transfronterizo plantea desafíos que requieren una respuesta coordinada a nivel internacional.”
Jorge Humberto Ávalos Padilla
5.1. Introducción.
La globalización económica, unida y originada en parte por la digitalización, provoca la existencia de actividades laborales en las que se rompen los vínculos habituales del trabajo con el territorio.
Nos encontramos con trabajos transnacionales, donde lo transnacional puede ser el trabajador, el lugar de ejecución del trabajo o la localización de la empresa. Como es lógico, el teletrabajo es protagonista en estas situaciones. En este contexto, surgen diversas incertidumbres sobre la ley aplicable181.
5.2. Desarrollo de un marco normativo internacional.
El teletrabajo permite a los empleadores elegir libremente el lugar de prestación de servicio. La principal razón para adoptar el teletrabajo es obtener ventajas económicas. Sin embargo, numerosos expertos han alertado sobre el riesgo de dumping social, es decir, la práctica de trasladar la prestación de servicios a países con menores costos laborales y de protección social.
En los Foros Mundiales sobre el Futuro del Trabajo organizados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), especialmente en la edición 2023182, se ha dedicado especial atención al fenómeno del teletrabajo transfronterizo, destacando tanto las oportunidades como los desafíos que esta modalidad laboral implica en el contexto de la globalización y la digitalización creciente.
Se ha reconocido que el teletrabajo transfronterizo representa una importante oportunidad para la inclusión laboral a nivel global, facilitando el acceso de trabajadores situados en regiones remotas o con limitaciones de movilidad a mercados laborales internacionales. Esta modalidad puede contribuir a la diversificación y democratización del empleo, ampliando el acceso a empleos de calidad sin las restricciones geográficas tradicionales.
No obstante, los foros han subrayado la existencia de importantes desafíos regulatorios y legales asociados a esta forma de trabajo. En particular, la falta de marcos normativos claros y armonizados genera incertidumbre respecto a la legislación aplicable, la seguridad social, la tributación y la protección efectiva de los derechos laborales. Esta fragmentación normativa puede derivar en vacíos legales que afectan tanto a trabajadores como a empleadores, dificultando la implementación adecuada y justa del teletrabajo internacional.
Asimismo, se ha enfatizado la necesidad de garantizar la inclusión de los teletrabajadores transfronterizos en sistemas de seguridad social adecuados, evitando exclusiones o doble cotización. En este sentido, los foros han promovido la negociación y adopción de acuerdos bilaterales y multilaterales que armonicen las normativas laborales, fiscales y de seguridad social para dar respuesta a la complejidad de las relaciones laborales transnacionales.
Otro punto central ha sido el impacto del teletrabajo globalizado en las relaciones laborales colectivas y la representación sindical. Se ha destacado que las modalidades remotas y dispersas geográficamente requieren nuevas formas de organización, diálogo social y mecanismos de negociación adaptados a estos entornos digitales y multiculturales.
Finalmente, los Foros Mundiales han insistido en la importancia del acceso universal a tecnologías digitales confiables y asequibles, junto con la formación continua, como factores críticos para el éxito y la equidad del teletrabajo transfronterizo.
Se ha planteado además la necesidad de equilibrar la flexibilidad que ofrece esta modalidad con medidas efectivas para proteger la salud mental, prevenir la sobrecarga laboral y garantizar el derecho a la desconexión, asegurando así condiciones laborales dignas y sostenibles.
Esto permite a las empresas evadir los convenios colectivos y la legislación laboral del país en que operan, aprovechando las ventajas de economías menos avanzadas.
La falta de regulación del teletrabajo transnacional a nivel nacional e internacional afecta tanto a los trabajadores de las empresas que lo implementan como a los países receptores, generando dumping social, reducción del empleo y deterioro de las condiciones laborales en los países con mayor protección.
La deslocalización de actividades empresariales y la necesidad de competitividad presionan a la baja los estándares de protección.
El teletrabajo puede ser utilizado también como una fórmula encubierta de reducción de plantillas, de trabajo precario y mal pagado que propicie la explotación de minorías menos favorecidas, de rebaja de niveles de protección o de “dumping
social” mediante el desplazamiento de trabajo a países con costos sociales más bajos.183
El teletrabajo también conlleva riesgos como la transferencia del riesgo empresarial al trabajador sin beneficios económicos equivalentes, así como la proliferación de formas vulnerables de empleo a distancia, resonando con la precariedad histórica del trabajo domiciliario. Varios autores han abordado el tema del teletrabajo transfronterizo desde diversas perspectivas.
Adrian Wilkinson y Paul J. Gollan, han examinado cómo el teletrabajo, incluyendo el teletrabajo transfronterizo, puede influir en las relaciones laborales y la gestión de recursos humanos a nivel global. Destacan la necesidad de políticas organizacionales y gubernamentales que promuevan prácticas de empleo justas y equitativas184.
Christiane Kuptsch, ha analizado las implicaciones del teletrabajo transfronterizo en términos de protección social y derechos laborales. Aboga por la adopción de políticas y regulaciones internacionales que garanticen la seguridad y el bienestar de los trabajadores en un entorno laboral virtual y globalizado185.
Joaquín Nieto, ha examinado cómo el teletrabajo transfronterizo puede contribuir a la flexibilidad laboral y a la conciliación entre vida personal y profesional. Destaca la importancia de equilibrar los beneficios del teletrabajo con la necesidad de proteger los derechos laborales y evitar la explotación de los trabajadores186.
Todos estos autores coinciden en la importancia de la cooperación internacional y la gobernanza multilateral para abordar los desafíos del teletrabajo transfronterizo de manera efectiva.
Esto implica trabajar en conjunto entre países, organizaciones internacionales y actores del sector privado para desarrollar marcos normativos y prácticas laborales que sean equitativos y sostenibles a nivel global.
En resumen, las alternativas de solución propuestas por estos autores se centran en la adaptación de normativas, la creación de estándares internacionales, la protección de derechos laborales, la promoción de la flexibilidad laboral y la cooperación internacional como vías para gestionar de manera efectiva el fenómeno creciente del teletrabajo transfronterizo.
Dentro de los autores mencionados anteriormente, Christiane Kuptsch es conocida por abogar de manera significativa por la creación de un marco legal específico para el teletrabajo, aunque no se centra exclusivamente en el aspecto transfronterizo187.
Ella ha discutido extensamente sobre la necesidad de adaptar las leyes laborales a nivel internacional para abordar los desafíos emergentes del trabajo a distancia, incluyendo aspectos como la protección social, los derechos laborales y las condiciones de trabajo.
Christiane Kuptsch ha contribuido con análisis y propuestas en documentos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en publicaciones académicas sobre cómo las normativas laborales pueden adaptarse al contexto del teletrabajo, reconociendo la importancia de crear un marco legal que asegure la equidad y la protección de los trabajadores en un entorno laboral cada vez más globalizado y digitalizado.
Si bien otros autores también abordan la adaptación normativa, Kuptsch se destaca por su enfoque en la necesidad de un marco legal específico que considere las particularidades del teletrabajo y que pueda aplicarse de manera efectiva a nivel internacional188.
Sin embargo, Christiane Kuptsch no ha presentado una propuesta detallada y específica de un marco legal completo para el teletrabajo.
Más bien, su trabajo se centra en analizar los desafíos y las necesidades que presenta el teletrabajo en términos de adaptación de las normativas laborales existentes y la promoción de principios como la igualdad de derechos, la protección de la privacidad y la salud laboral, entre otros.
Kuptsch ha contribuido con análisis y recomendaciones sobre cómo los marcos legales podrían ser ajustados para abordar las particularidades del teletrabajo, especialmente en un contexto globalizado y digitalizado. Sin embargo, no parece haber una propuesta específica de un marco legal detallado desarrollado por ella misma.
Adhiriéndome a la necesidad de adaptación normativa, el teletrabajo transnacional presenta desafíos que las normas de Derecho Internacional Privado no abordan adecuadamente. Se necesita una intervención normativa para mayor seguridad jurídica y previsibilidad.
En el mundo digital e interconectado de hoy, el aumento del teletrabajo se ha convertido en una tendencia predominante, que permite a las personas trabajar de forma remota desde cualquier parte del mundo. Sin embargo, la creciente prevalencia del teletrabajo transfronterizo plantea desafíos importantes que exigen el establecimiento de un marco regulatorio internacional por parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
La necesidad de una regulación internacional del teletrabajo transfronterizo es primordial para abordar los desafíos que presenta este modo de trabajo en un mundo globalizado.
A medida que el teletrabajo trasciende las fronteras nacionales, resulta crucial garantizar prácticas laborales justas y protecciones para los teletrabajadores a través de las fronteras.
Sin directrices y regulaciones claras, los teletrabajadores pueden enfrentar explotación, falta de seguridad laboral y acceso inadecuado a la protección social.
Además, un marco regulatorio internacional puede establecer un mecanismo para resolver disputas y hacer cumplir acuerdos en acuerdos de teletrabajo transfronterizos, asegurando que tanto los empleadores como los empleados cumplan con los términos mutuamente acordados.
El teletrabajo transfronterizo ofrece oportunidades económicas y laborales globales. La OIT promueve estándares para proteger los derechos y seguridad de los trabajadores remotos. Integrar el teletrabajo transfronterizo en las políticas laborales puede beneficiar tanto a empleadores como a empleados.
La flexibilidad laboral y la diversidad cultural son aspectos clave a considerar en este modelo de trabajo. La cooperación internacional es esencial para establecer normativas eficaces en materia de teletrabajo transfronterizo.
Una parte de la doctrina científica ha planteado la necesidad de redefinir la noción de locus laboris adaptándola a las particularidades específicas del teletrabajo transnacional, e identificar el lugar real de prestación habitual de los servicios laborales, esto es, el “ vero locus laboris ”189.
Para ello, se ha considerado que el lugar habitual de teletrabajo no debe asociarse al lugar donde se encuentra físicamente la persona trabajadora, sino al lugar donde se satisface el interés perseguido por la empresa, y, competencia judicial internacional y la ley aplicable al contrato internacional de trabajo en base a las circunstancias expuestas anteriormente.
Igualmente, se aprecia la circunstancia de que existe un contacto permanente entre la empresa y la persona teletrabajadora cuando el teletrabajo transnacional se desarrolla de manera interactiva y en tiempo real, de manera que no sólo permite la emisión de instrucciones y el control del cumplimiento de las obligaciones del trabajador, sino también la transmisión inmediata de sus resultados.
Siguiendo a este razonamiento, el lugar habitual de trabajo no debe ser el lugar en que permanece la persona trabajadora, sino en el que la prestación de trabajo es dirigida y aprovechada.
Se ha planteado asociar el verdadero lugar de trabajo con el lugar donde se ubica el ordenador central de la empresa desde el que se realiza la misma.
En definitiva, todas las anteriores apreciaciones conducen al mismo fin, esto es, la aplicación preferente de la ley del país donde se encuentra ubicada la empresa frente a la ley del lugar en que se encuentra físicamente el teletrabajador.190
Otra parte de la doctrina científica ha planteado la necesidad de redefinir la noción de locus laboris identificando el lugar de prestación habitual de los servicios laborales, es decir el lugar donde el trabajador desarrolla sus actividades laborales, asociándose al lugar donde se encuentra físicamente la persona trabajadora191.
Otra parte de la doctrina científica ha planteado la noción de locus dominus identificando el lugar donde se encuentra a quien se encuentra el empleador quien contrata de manera habitual de los servicios laborales, asociándose al lugar donde se encuentra físicamente el empleador192.
5.2.1 Caso Práctico.
Planteémonos un caso práctico que ya en la realidad ocurre, el caso de recepcionistas remotos en hoteles específicamente en la cadena Best Western193.
Llegamos a nuestro hotel para realizar nuestro registro y nos encontramos en el mostrador con un equipo similar a un cajero, donde cuenta con una pantalla y una persona vía remota nos da la bienvenida.
Esta persona habla inglés, pero un inglés con acento hindú, lo que hace muy probable que el servicio que está brindando se desarrolla desde la India, pero el hotel y nosotros nos encontramos en Mc. Allen, Texas.
La persona muy amable nos da la bienvenida, nos da instrucciones de como realizar el pago, nos pregunta por mascotas y prohibición de fumar, y al final del equipo sale nuestra llave digital para ingresar a nuestra habitación.
Este caso en particular, que podría hacerse extensivo a todo tipo trabajos de recepcionistas (aeropuertos, universidades, oficinas de gobierno, etc), nos hace plantear en el desarrollo de la problemática las siguientes dudas:
1. ¿La legislación laboral aplicable es la de la India, donde el trabajador desarrolla sus actividades laborales?
2. ¿La legislación laboral aplicable es la de Estados Unidos de América, donde el trabajador brinda sus servicios laborales destinatarios?
3. ¿La legislación laboral aplicable, es la de donde se encuentra la empresa que contrato sus servicios (Chipre, Hong Kong, Anguilla)?
Un ambiente remoto de trabajo es aquel donde las actividades se hacen fuera de los domicilios del empleador, pero como empleados de una organización y dentro del país.
El ejemplo más claro es que se desarrolló de esa manera emergente fue el motivado por la pandemia del dos mil veinte, donde esta modalidad de trabajo incrementó sustancialmente.
El trabajo remoto subcontratado ocurre cuando las tareas son hechas por empleados dirigidos por otra organización trabajando remotamente y fuera de las oficinas del empleador.
Un ejemplo es los centros de llamadas telefónicas que contratan operadores telefónicos remotos trabajando desde sus domicilios de manera nacional194.
Opuestamente al tradicional espacio de trabajo, son las plataformas de trabajo distribuido globalmente donde el trabajo es subcontratado, fuera del país y hecho remotamente (fuera de un domicilio físico como una planta u oficina).
Ejemplos de esto incluyen situaciones donde organizaciones conectan con personas supuestamente independientes, mediante plataformas como Uber, Upwork o Gister 195.
Finalmente, están las compañías virtuales, que son aquellas donde el trabajo es realizado por empleados o simulados a prestadores independientes dentro de una organización que pueden estar en cualquier lugar excepto en una oficina, en lugares que están fuera de las oficinas y del país de residencia del trabajador.
En otras palabras, sin oficinas matriz, sin oficinas físicas que cuentan con empleados alrededor del mundo. Algunos ejemplos de estos casos son Virtuallatinos, Jobduck, DuckDuckGo, GitHub y Mozilla 196.
El teletrabajo transfronterizo representa diferentes riesgos en comparación con las relaciones normales de trabajo y una variedad amplia de consideraciones legales desde los derechos de protección intelectual en el país del trabajador y del empleador.
La ejecución efectiva de protección de datos personales del trabajador y empleador está entre otros riesgos a considerar.
El teletrabajo transfronterizo, representa efectivamente la posibilidad al trabajador de obtener flexibilidad, en su caso mayores ingresos, pero desafortunadamente en la actualidad se le ha visto como un modelo empresarial que busca como estrategia reducir los riesgos financieros y laborales de tener un trabajador tradicional.
Una decisión desafortunada en los Estados Unidos de América podemos encontrarla en el caso Vizcaino Vs. Microsoft donde se justificó a firmas subcontratadas actuar como empleadores, haciendo legal contratar trabajadores no tradicionales flexibles, pagando menos que a los trabajadores tradicionales197.
Una solución que plantea la legislación argentina es la que establece su ley N. 27555, específicamente en su artículo 17, que establece que cuando se trate de prestaciones transnacionales de teletrabajo, se aplicará al contrato de trabajo respectivo la ley del lugar de ejecución de las tareas o la ley del domicilio del empleador, según sea más favorable para la persona que trabaja198.
El problema de la solución argentina es que, en muchas ocasiones, la relación laboral se disfraza como contratista independiente (freelancer) para la empresa extranjera en lugar de empleado formal, esto complicaría la solicitud de beneficios por ejemplo por despido.
En este caso, el trabajador dependerá del contrato que haya firmado y las condiciones de ese acuerdo, ya que en muchas jurisdicciones los contratistas no tienen derecho a compensación por despido.
Sin embargo, en opinión del suscrito este artículo no resuelve la problemática fáctica del teletrabajo transfronterizo. Pongamos un caso práctico, un teletrabajador internacional argentino, se encuentra desarrollando servicios laborales mediante el uso de la TIC para una empresa en Sudáfrica.
Eventualmente existe una controversia en la calidad del trabajo y el trabajador es despedido en una sesión virtual. El trabajador demanda ¿a través de un tribunal argentino el despido injustificado o debe acudir a un tribunal en Sudáfrica? ¿Qué legislación laboral debe aplicar?
5.2.2. ¿Quién resolvería un conflicto competencial?
En ese sentido nos planteamos la necesidad de darle una solución a la problemática, que estimo no puede ser nacional, ya que el internet y las nuevas tecnologías de la información no conocen de fronteras, sino debe ser abordada en el ámbito internacional.
La solución propuesta por el suscrito debe emanar del consenso internacional desde la organización internacional del trabajo en mi opinión, no obstante que mediante tratados regionales o bilaterales se aborde la regularización legal de la problemática.
Esta problemática, estará exacerbada por la digitalización de la economía y la intensificación del uso en las próximas décadas de la llamada inteligencia remota (RI), que implica el control remoto del trabajo de (tele)robots, incluido desde el extranjero, está asociada con la expansión de la provisión remota de diversos servicios en el futuro199.
La OIT ha estado explorando las implicaciones del trabajo a distancia y el teletrabajo en sus diversas formas, especialmente en el contexto de la pandemia de COVID-19, donde ha surgido un interés renovado en la regulación del teletrabajo a nivel internacional. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) no ha adoptado un convenio específico dedicado exclusivamente al teletrabajo transfronterizo.
Una regulación mediante un Convenio específico de la OIT, establecería un marco común para que los Estados miembros determinaran un marco común para que los Estados miembros determinaran en sus legislaciones las condiciones de trabajo que los empleadores deben de garantizar a los teletrabajadores transfronterizos, las normas mínimas de protección mínima salarial y de empleo en el país de recepción de los servicios.
Así, se contemplarían las obligaciones mínimas incluidas en el ámbito de cumplimiento de los derechos humanos laborales como son: la jornada máxima de trabajo, descanso, vacaciones, salario mínimo, condiciones de seguridad social y laborales, derechos mínimos como de no discriminación y de igualdad, derechos colectivos como lo son de huelga y sindicación, etc.
El modelo actual de trabajo tiene a una explotación del hombre por el hombre, de lo cual deriva la necesidad de determinar la legislación aplicable, siendo este punto cuestionable, pero a mi consideración debería ser conforme al lugar del beneficio o ejecución de la prestación del servicio (locus laboris virtual 200 ).
Mediante este modelo, se tomaría la ley laboral del país de destino de la prestación realizada por trabajador transfronterizo, teniendo los mismos derechos que los trabajadores nacionales al servicio del mismo empleador y reduciendo el riesgo de dumping laboral.
Es fundamental, siguiendo el principio de neutralidad e irrelevancia del país de residencia, garantizar los derechos correspondientes al lugar donde se generan los frutos del trabajo del teletrabajador.
Esto se hace con el fin de evitar la búsqueda de empleados en países con normativas laborales más laxas como estrategia para reducir costos.
Los retos de la globalización de los modelos de producción exigen de un enfoque internacional, y que mejor seno en el ámbito internacional para su protección que la Organización Internacional del Trabajo, órgano de reconocimiento internacional que ha protegido los derechos humanos laborales, inclusive antes que la Organización de las Naciones Unidas.
Las implicaciones laborales de las estrategias empresariales de subcontratación fueron abordadas, por vez primera, en el marco de la 85a. reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo de 1997.
Fruto de ésta, la Oficina Internacional del Trabajo elaboró un informe, remitido a los Estados miembros, comprensivo de dos proyectos, de convenio y de recomendación, sobre el entonces denominado "trabajo en régimen de subcontratación"201.
Ambos fueron discutidos en el marco de la 86a. reunión de la Conferencia, procuraban, entre otros objetivos, la protección de la seguridad y salud de los trabajadores "en régimen de subcontratación", el establecimiento de mecanismos de garantía de las "cuantías" que se les adeudaran y de sus derechos de seguridad social, a la vez que se instaba a los Estados miembros a fomentar su equiparación con otros trabajadores que realizaran un trabajo de similar índole en condiciones análogas202.
Con todo, ninguno de los proyectos vio finalmente la luz, al erigirse la definición y delimitación del fenómeno de la subcontratación en escollo insalvable. Este fracaso sólo parcialmente puede imputarse al organismo internacional, cuya propuesta, puede decirse, no satisfizo ni a los Estados más recelosos de una regulación ni a sus partidarios.
En última instancia, es de justicia reconocer el carácter poliédrico y dinámico de la realidad que pretende aprehenderse, más si cabe en el creciente contexto de digitalización de la economía. De hecho, este último actúa como fuerte elemento potenciador de la subcontratación transnacional, y adquiere el fenómeno más complejidad si cabe203.
5.2.3 Normativas internacionales relevantes.
Existen normativas internacionales relevantes que vale la pena mencionar como antecedentes de apoyo, sin embargo, no hablan del teletrabajo transfronterizo:
5.2.3.1 Convenio sobre el Trabajo a Domicilio (Convenio 177 de la OIT, 1996)
Este convenio aboga por la igualdad de trato entre los trabajadores a domicilio y otros trabajadores asalariados en cuanto a condiciones laborales, remuneración, protección social, entre otros.
Aunque no fue diseñado específicamente para el teletrabajo transfronterizo, sus principios pueden extenderse a esta modalidad para garantizar la igualdad de trato y protección adecuada.
5.2.3.2 Recomendación sobre el Trabajo a Domicilio (Recomendación 184 de la OIT, 1996)
Complementa el Convenio 177 proporcionando directrices sobre la implementación de políticas y prácticas que aseguren condiciones de trabajo justas para los trabajadores a domicilio.
Este convenio ofrece un marco útil para la creación de políticas que pueden adaptarse al contexto del teletrabajo transfronterizo.
5.2.3.3 Convenio sobre la Seguridad Social (Norma Mínima) (Convenio 102 de la OIT, 1952)
Establece normas mínimas de seguridad social para todos los trabajadores, con implicación para el Teletrabajo, ya que asegura que los teletrabajadores transfronterizos reciban beneficios de seguridad social equivalentes a los de sus contrapartes locales.
5.3.4 Acuerdo Marco Europeo sobre Teletrabajo (2002)
Acordado por las partes sociales en la Unión Europea, este acuerdo establece derechos y responsabilidades básicos para los teletrabajadores y sus empleadores.
Algunos aspectos clave son la provisión de igualdad de trato, respeto a la privacidad, y condiciones laborales adecuadas. Aunque centrado en Europa, sus principios pueden servir de modelo para regulaciones en otros contextos.
5.3.5 Convenio sobre los Trabajadores Migrantes (Convenio 97 de la OIT, 1949)
Este convenio proporciona protección a los trabajadores migrantes y asegura que reciban trato equitativo en términos de condiciones laborales y seguridad social. Puede ser aplicable a los teletrabajadores que operan desde un país distinto al de su empleador, asegurando que no sean discriminados ni desprotegidos.
De conformidad a las normativas existentes, los convenios como el 177 y el 102 aseguran que los derechos fundamentales y la protección social se extiendan a todos los trabajadores, incluyendo los teletrabajadores transfronterizos.
Por su parte los acuerdos como el Marco Europeo sobre Teletrabajo proporcionan directrices claras sobre las responsabilidades de empleadores y derechos de los trabajadores, estableciendo un estándar para la implementación global.
Si embargo, dado que hoy en día no hay convenios que aborden explícitamente el teletrabajo transfronterizo, puede llevar a interpretaciones variadas y aplicación inconsistente.
Por su parte la naturaleza transfronteriza del teletrabajo dificulta la supervisión y el cumplimiento de las normativas, especialmente cuando las legislaciones nacionales son divergentes.
La rápida evolución tecnológica y la globalización superan la capacidad de los marcos regulatorios actuales para adaptarse y proteger adecuadamente a los teletrabajadores. Por lo cual este trabajo científico aborda una propuesta para mejorar la regulación, mediante el desarrollo de un Convenio Internacional Específico para el Teletrabajo Transfronterizo.
Desarrollar un marco legal específico para el teletrabajo transfronterizo que aborde sus características únicas y los desafíos asociados. Este marco podría incluir disposiciones sobre la determinación de la ley aplicable, la jurisdicción competente en caso de conflictos, la protección de los derechos de los trabajadores y la responsabilidad del empleador.
Esto es, un nuevo convenio de la OIT que aborde específicamente las particularidades del teletrabajo transfronterizo, estableciendo estándares mínimos globales para condiciones laborales, protección social y derechos laborales. Esto aseguraría una protección coherente y uniforme para todos los teletrabajadores, independientemente de su ubicación geográfica.
Con motivo de la problemática comparto la siguiente propuesta de convenio de la OIT, para regular el teletrabajo trasnacional:
5.3.6 Propuesta personal del autor de esta tesis sobre un posible de convenio de la OIT que regule el teletrabajo transnacional
Preámbulo: Considerando que el teletrabajo transnacional ha aumentado significativamente en los últimos años y que presenta desafíos únicos en términos de protección de los derechos laborales y la seguridad social;
Reconociendo la importancia de garantizar condiciones de trabajo justas, dignas y seguras para los trabajadores transfronterizos que realizan teletrabajo;
Afirmando el compromiso de los Estados miembros de la OIT de promover la igualdad de trato y oportunidades para todos los trabajadores, independientemente de su ubicación geográfica o modalidad de trabajo;
Estableciendo que la regulación del teletrabajo transnacional debe tener en cuenta los principios de flexibilidad, equidad y protección de los derechos laborales fundamentales;
Se acuerda lo siguiente:
Artículo 1: Definiciones
A los efectos de este convenio, se entenderá por "teletrabajo transnacional" cualquier forma de trabajo a distancia en la que un trabajador presta servicios para un empleador que está ubicado en un país distinto al del lugar de residencia habitual del trabajador.
Se entiende por "teletrabajador transfronterizo" a cualquier persona que realice teletrabajo transnacional de acuerdo con la definición establecida en el párrafo 1.
Se entiende por residencia habitual de un teletrabajador transfronterizo al lugar donde el trabajador establece su hogar de forma continua y permanente, demostrando una vinculación significativa con dicho lugar, independientemente de la naturaleza transfronteriza de su empleo.
Artículo 2: Igualdad de trato y no discriminación
Los Estados miembros deberán garantizar que los trabajadores transfronterizos que realicen teletrabajo transnacional reciban un trato igualitario en comparación con los trabajadores nacionales en términos de condiciones de empleo, remuneración, seguridad social y otros beneficios laborales.
Se prohíbe toda forma de discriminación por motivos de nacionalidad, origen étnico, género, orientación sexual, discapacidad u otras características protegidas por la legislación nacional e internacional.
Artículo 3: Derechos laborales y protección social
Los Estados miembros deberán asegurar que los trabajadores transfronterizos que realicen teletrabajo transnacional gocen de los mismos derechos laborales y protección social que los trabajadores nacionales, de acuerdo con la legislación nacional y los convenios internacionales ratificados por cada Estado miembro.
Los Estados miembros promoverán la cooperación internacional para garantizar el acceso de los trabajadores transfronterizos a la seguridad y otros beneficios sociales, así como para abordar los desafíos relacionados con la portabilidad de derechos en el contexto del teletrabajo transnacional.
Artículo 4: Salud y seguridad en el trabajo
Los Estados miembros deberán adoptar medidas para proteger la salud y seguridad de los trabajadores transfronterizos que realicen teletrabajo transnacional, incluyendo la evaluación de riesgos laborales, la provisión de equipos de trabajo seguros y ergonómicos, y la capacitación en materia de salud y seguridad ocupacional.
Los empleadores serán responsables de garantizar un entorno de trabajo seguro y saludable para los trabajadores transfronterizos, incluyendo la implementación de políticas y procedimientos para prevenir lesiones y enfermedades laborales.
Artículo 5: Conciliación entre el trabajo y la vida personal
Los Estados miembros fomentarán la adopción de medidas que promuevan la conciliación entre el trabajo y la vida personal para los trabajadores transfronterizos que realicen teletrabajo transnacional, incluyendo el derecho a la desconexión digital, la flexibilidad de horarios y la posibilidad de establecer límites claros entre el trabajo y la vida privada.
Los empleadores deberán respetar los derechos de los trabajadores transfronterizos a disfrutar de un equilibrio adecuado entre el trabajo y la vida personal, y adoptarán políticas que promuevan una cultura organizacional que valore y respalde la conciliación entre el trabajo y la vida personal.
Artículo 6: Disposiciones finales
Los Estados miembros garantizarán que los trabajadores transfronterizos que realicen teletrabajo transnacional tengan la facultad de ejercer sus derechos laborales y de protección social dentro del territorio donde tenga su residencia habitual.
Los trabajadores transfronterizos tendrán derecho a presentar reclamaciones y demandas laborales ante las autoridades competentes del país donde residen mientras realizan teletrabajo transnacional, en caso de violaciones a sus derechos laborales, incluyendo condiciones de trabajo injustas, discriminación, o cualquier otra forma de vulneración de sus derechos.
Los Estados miembros se comprometen a establecer procedimientos y mecanismos efectivos para garantizar el acceso de los trabajadores transfronterizos a la justicia laboral y la protección de sus derechos, incluyendo la posibilidad de presentar reclamaciones ante tribunales laborales, inspecciones del trabajo u otras autoridades competentes, de acuerdo con la legislación nacional y los convenios internacionales ratificados por cada Estado miembro.
Los empleadores que contraten trabajadores transfronterizos para realizar teletrabajo transnacional serán responsables de cumplir con las disposiciones laborales y de protección social del país donde se ubica físicamente el trabajador durante el desempeño de sus funciones, así como de respetar los derechos de los trabajadores conforme a la legislación aplicable en dicho territorio.
Los Estados miembros promoverán la cooperación internacional para facilitar el intercambio de información y la coordinación entre las autoridades competentes de los países de origen y destino de los trabajadores transfronterizos, con el fin de garantizar el respeto de sus derechos laborales y de protección social en el contexto del teletrabajo transnacional.
Este convenio entrará en vigor doce meses después de la fecha de su ratificación por parte de al menos dos tercios de los Estados miembros de la OIT, incluyendo a aquellos cuyas economías estén más significativamente afectadas por el teletrabajo transnacional.
Cada Estado miembro que ratifique este convenio se compromete a aplicarlo en su territorio y a informar periódicamente a la OIT sobre las medidas adoptadas para su implementación.
Hasta aquí la propuesta de convenio de la OIT sobre el teletrabajo transnacional.
Por otra parte, el cumplimiento efectivo de un convenio de la OIT sobre el teletrabajo transfronterizo requiere una combinación de mecanismos legales, supervisión internacional, cooperación entre estados, y participación de empleadores y trabajadores.
La propuesta de convenio incorpora la obligación de los Estados Miembros de la OIT de ratificar el convenio y, posteriormente, incorporar sus disposiciones en la legislación nacional.
Al adaptar las leyes laborales nacionales para reflejar los estándares y obligaciones del convenio, asegurando que todas las disposiciones sean aplicables a nivel local.
Cuando un país promulgue leyes que establezcan derechos específicos para los teletrabajadores transfronterizos, tales como salarios mínimos, protección social, y condiciones laborales adecuadas, entenderemos como su ratificación práctica.
Mediante la supervisión de la OIT en informes regulares, los estados miembros deben presentar informes periódicos a la OIT sobre las medidas adoptadas para implementar el convenio y los resultados obtenidos.
Por otra parte, la OIT puede establecer comités de expertos que revisen estos informes y realicen evaluaciones sobre el terreno para verificar el cumplimiento. En el ámbito de auditorías y evaluaciones, se pueden realizar inspecciones laborales internacionales en coordinación con las autoridades nacionales para evaluar el cumplimiento en empresas que empleen teletrabajadores transfronterizos.
Además, se pueden desarrollar indicadores específicos para medir la implementación del convenio, tales como la proporción de teletrabajadores con acceso a la seguridad social.
En el ámbito de cooperación y armonización Internacional, se es posible también la firma de acuerdos bilaterales y multilaterales entre países para facilitar la armonización de las normativas laborales y de seguridad social aplicables a los teletrabajadores transfronterizos, inclusive mediante comités conjuntos entre países para la resolución de disputas y la coordinación de políticas.
El uso de plataformas internacionales también constituye un mecanismo de ejecución de la propuesta de convenio, ya que, mediante la organización de foros y conferencias internacionales, se pueden intercambiar mejores prácticas, desafíos y soluciones en la implementación del convenio.
Las plataformas que facilitan teletrabajo transfronterizo deben cumplir con ciertas obligaciones para garantizar la protección de los derechos laborales:
Primeramente, debe haber claridad en los contratos y deben especificar claramente la relación laboral, los derechos y obligaciones del trabajador, el tipo de relación contractual (empleado o freelance) y las normas de jurisdicción aplicable.
Las plataformas deberían estar obligadas a facilitar el acceso a la seguridad social, seguros de salud y de accidentes laborales para los trabajadores, incluso si estos operan desde múltiples países.
De igual utilidad, es la creación redes de colaboración entre organismos de inspección laboral de distintos países para compartir información y estrategias de cumplimiento.
Previamente hemos hablado de medios de cumplimiento participación de empleadores y trabajadores desde el ámbito de la participación pública, pero esto no los es todo, sin lugar a duda también es necesario el apoyo del sector privado.
Los empleadores pueden desarrollar códigos de conducta para las empresas que emplean teletrabajadores transfronterizos, asegurando que se adhieran a las disposiciones del convenio que propongo, reforzado mediante programas de capacitación y concienciación para empleadores y gerentes sobre las obligaciones y estándares del convenio.
Los trabajadores también tienen un papel primordial, por lo cual se les debe de proveer de información clara y accesible sobre sus derechos bajo el convenio, fomentando la creación y fortalecimiento de sindicatos y asociaciones de teletrabajadores para que puedan negociar colectivamente y proteger sus derechos.
En el enfoque represivo sancionador, pueden establecerse multas y penalidades claras para los empleadores que no cumplan con las disposiciones del convenio, requiriéndoles que implementen medidas correctivas en caso de incumplimiento, asegurando que los teletrabajadores afectados reciban compensación adecuada.
En ese mismo enfoque represivo, pero en el ámbito internacional, pueden utilizarse tribunales y mecanismos de arbitraje internacional para resolver disputas relacionadas con el incumplimiento del convenio, derivado de que los teletrabajadores puedan presentar quejas ante la OIT si consideran que sus derechos han sido violados, activando mecanismos de investigación y resolución.
En conclusión, el cumplimiento de un convenio de la OIT sobre el teletrabajo transfronterizo requiere un enfoque multifacético que involucre la incorporación de las disposiciones del convenio en la legislación nacional, la supervisión y monitoreo internacional, la cooperación entre estados, la participación de empleadores y trabajadores, y la implementación de sanciones y remedios efectivos.
A través de estas estrategias, se puede garantizar que los derechos de los teletrabajadores transfronterizos sean protegidos y que se promuevan condiciones de trabajo justas y dignas en la economía digital global.
El teletrabajo es un instrumento útil para llevar a cabo la modernización de la organización del trabajo, al facilitar la conciliación y proporcionar a los trabajadores una mayor autonomía y flexibilidad204, pero para su implantación en ámbitos trasnacionales se requiere una regulación jurídica clara y predeterminada; un convenio específico acordado en el seno de la Organización Internacional del Trabajo viene a ser una alternativa de solución al problema raíz de este estudio científico.
Concluyo con las premisas establecidas en el artículo 3° de nuestra Ley Federal del Trabajo: “El trabajo es un derecho y un deber social. No es un artículo de comercio, y exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta, así como el reconocimiento a las diferencias entre hombres y mujeres para obtener su igualdad ante la ley. Debe efectuarse en condiciones que aseguren la vida digna y la salud para las y los trabajadores y sus familiares dependientes.”
El trabajo no es un artículo de comercio, y exige respeto paras libertades y dignidad de quien lo presta. El trabajo, incluye al fenómeno del teletrabajo transfronterizo. la implementación de un convenio específico sobre teletrabajo transfronterizo en la OIT representa un paso significativo hacia la regulación justa y equitativa de esta forma emergente de trabajo en la economía globalizada.
CAPÍTULO VI Impacto Socioeconómico de la Regulación - Evaluación de los impactos económicos, de equidad y justicia social de la regulación propuesta.
"Una regulación que ignora las dimensiones de la equidad y justicia social no solo es insuficiente, sino que puede perpetuar las desigualdades existentes en el mercado laboral."
Amartya Sen, economista y filósofo indio, Premio Nobel de Economía 1998.
6.1. Introducción
El teletrabajo transfronterizo ha surgido como una modalidad laboral clave en la era de la globalización y el crecimiento de las tecnologías digitales.
Con el auge de la conectividad global, las empresas y los trabajadores pueden interactuar y establecer relaciones laborales sin estar limitados por fronteras geográficas.
Esta transformación ha generado numerosas oportunidades, permitiendo a las empresas acceder a un talento global y a los trabajadores obtener empleos en mercados más competitivos.
Sin embargo, junto con estas oportunidades han surgido nuevos desafíos. La falta de una regulación coherente y armonizada a nivel internacional ha permitido que muchos trabajadores transfronterizos queden desprotegidos, lo que ha generado condiciones laborales desiguales y prácticas de explotación, como el dumping social.
En este contexto, la necesidad de una regulación que aborde estos problemas y garantice un entorno laboral justo y equitativo para todos los trabajadores es fundamental.
Este capítulo tiene como objetivo evaluar el impacto socioeconómico de la regulación propuesta en los capítulos anteriores, que busca establecer un marco regulatorio claro y coherente para el teletrabajo transfronterizo.
A través de un análisis profundo, examinaremos los efectos que esta regulación tendría sobre el crecimiento económico, la equidad laboral y la justicia social. Además, se evaluarán los desafíos que enfrentará su implementación, así como las oportunidades que puede generar para una redistribución más equitativa de los beneficios económicos derivados del teletrabajo global.
6.2. Impacto económico de la regulación propuesta
Impacto en el crecimiento económico
La regulación del teletrabajo transfronterizo tiene el potencial de fortalecer el crecimiento económico al ofrecer un marco legal claro que fomente la inversión y el desarrollo. En el entorno actual, muchas empresas operan en la incertidumbre legal, lo que limita su capacidad para expandir sus operaciones en mercados globales.
La falta de una regulación armonizada hace que las empresas se enfrenten a un mosaico de leyes laborales y fiscales, lo que aumenta los costos de cumplimiento y desalienta la contratación de teletrabajadores en otras jurisdicciones.
La regulación propuesta, que incluye estándares laborales mínimos y una mayor claridad en cuanto a las obligaciones de las empresas, fomentaría la competitividad global.
Al garantizar que todas las empresas que contraten teletrabajadores, sin importar su ubicación, sigan las mismas reglas básicas, se crea un campo de juego equitativo.
Esto no solo permitiría a las empresas reducir los riesgos legales asociados con la contratación internacional, sino que también promovería una mayor inversión en mercados laborales emergentes, donde el teletrabajo puede ofrecer una alternativa viable a la migración laboral.
Por otro lado, el teletrabajo transfronterizo regulado también tiene el potencial de generar una reducción de costos a largo plazo para las empresas.
Si bien la implementación de la regulación puede suponer costos iniciales, como la adaptación a nuevas normativas o la creación de mecanismos de cumplimiento, los beneficios a largo plazo son significativos.
Con un marco regulatorio claro, las empresas podrían reducir los costos relacionados con la rotación de empleados, retener talento global y mejorar la satisfacción de los teletrabajadores al garantizarles condiciones laborales justas.
Adicionalmente, la regulación podría impulsar el crecimiento económico al fomentar una mayor productividad. Los teletrabajadores que operan bajo un marco regulatorio justo y estable tienden a estar más comprometidos con sus empleadores, lo que puede traducirse en un aumento de la productividad.
Un estudio de Stanford University sobre el impacto del teletrabajo encontró que los trabajadores remotos pueden ser más productivos que los empleados presenciales, debido a la flexibilidad laboral y la disminución de las distracciones en el lugar de trabajo. Al garantizar que estos teletrabajadores reciban una compensación justa y condiciones laborales dignas, la regulación propuesta podría maximizar este impacto positivo205.
6.3. Impacto en el empleo
La regulación del teletrabajo transfronterizo podría tener un impacto significativo en el empleo, tanto en términos de creación de nuevos empleos como en la mejora de la calidad del empleo.
Al establecer estándares claros para la contratación de teletrabajadores en diferentes países, las empresas tendrían una mayor seguridad para expandir sus operaciones globales, lo que podría llevar a un aumento en la demanda de teletrabajadores en todo el mundo.206 207 208
En países como México, Brasil, India y otras economías emergentes, donde los costos laborales son más bajos, la regulación propuesta podría permitir a más trabajadores acceder a empleos en mercados desarrollados sin la necesidad de emigrar.
Esto no solo podría mejorar las oportunidades laborales para los trabajadores en estos países, sino que también contribuiría a reducir la brecha económica entre países desarrollados y en desarrollo.209
Además de generar empleos, la regulación también mejoraría la calidad del empleo al garantizar que los teletrabajadores disfruten de condiciones laborales justas.
Actualmente, muchos teletrabajadores en economías emergentes carecen de protección laboral, lo que los deja expuestos a salarios bajos, falta de beneficios laborales y condiciones precarias.
La regulación propuesta aseguraría que todos los teletrabajadores, independientemente de su país de residencia, reciban un salario justo y tengan acceso a beneficios laborales esenciales, como la seguridad social y las licencias por enfermedad.
El impacto de la regulación en la economía informal también es digno de mención. En muchos países, los teletrabajadores operan en la informalidad, sin contratos laborales formales ni acceso a los beneficios laborales básicos.
La regulación propuesta podría ayudar a formalizar estas relaciones laborales, brindando a los trabajadores la protección que merecen y permitiendo a los gobiernos aumentar su recaudación fiscal al incluir a estos trabajadores en los sistemas de impuestos y seguridad social.
6.4. Impacto en los costos para las empresas.
Es innegable que la implementación de la regulación propuesta podría generar costos iniciales para las empresas, en especial aquellas que actualmente no proporcionan beneficios laborales completos a sus teletrabajadores.
Las empresas tendrían que invertir en infraestructura tecnológica para asegurar el cumplimiento de las normativas laborales internacionales y adaptar sus políticas internas para alinearse con las nuevas regulaciones.
Entre los costos a corto plazo que podrían enfrentar las empresas, se incluyen la contratación de personal legal para gestionar el cumplimiento de las normativas en diferentes jurisdicciones y la implementación de sistemas que aseguren que los trabajadores en otros países reciban los mismos beneficios que los empleados locales.
Además, las empresas que operan en países con menores costos laborales podrían verse obligadas a ajustar los salarios de sus teletrabajadores para cumplir con los estándares internacionales.
Sin embargo, los beneficios a largo plazo superan estos costos iniciales. Un marco laboral más claro y justo no solo mejoraría la reputación de las empresas, sino que también contribuiría a retener talento global.
Los teletrabajadores que disfrutan de condiciones laborales justas y estables tienen menos probabilidades de abandonar la empresa, lo que reduciría los costos relacionados con la rotación de empleados y la capacitación de nuevos trabajadores.
Además, las empresas que invierten en el bienestar de sus teletrabajadores a través de beneficios laborales adecuados pueden mejorar su productividad y eficiencia.
Estudios han demostrado que los empleados que reciben una compensación justa y beneficios completos tienden a estar más comprometidos y motivados, lo que se traduce en mejores resultados para la empresa[210211].
WorldatWork. (2019). Compensation Strategy and Employee Retention: Maximizing Engagement through
Fair Compensation.
Harvard Business Review. (2017). The Business Case for Employee Engagement.
Por lo tanto, aunque la regulación propuesta puede suponer un desafío inicial, las empresas que la adopten verán una mejora en la sostenibilidad de sus operaciones a largo plazo.
6.5. Impacto en la equidad y la justicia social.
La regulación propuesta sobre el teletrabajo transfronterizo no solo tendrá un impacto económico, sino que también jugará un papel crucial en la promoción de la equidad y la justicia social.
En un contexto globalizado, donde los trabajadores en diferentes países enfrentan condiciones laborales desiguales, la regulación puede ser una herramienta poderosa para garantizar que todos los trabajadores, independientemente de su ubicación geográfica, disfruten de derechos laborales equivalentes.
Una de las principales desigualdades laborales que se observa en el teletrabajo transfronterizo es la disparidad en los salarios y beneficios entre trabajadores de diferentes países.
Actualmente, un teletrabajador en un país en desarrollo puede recibir una compensación mucho menor que un trabajador en un país desarrollado, a pesar de realizar el mismo trabajo.
Esta disparidad no solo es una cuestión de inequidad, sino que también refuerza las diferencias económicas entre regiones y perpetúa el ciclo de desigualdad.
La regulación propuesta tiene el potencial de reducir estas desigualdades al establecer normas salariales mínimas y garantizar que todos los teletrabajadores reciban una compensación justa, independientemente de su país de residencia.
Este enfoque no implica imponer el mismo salario en todas las jurisdicciones, sino establecer un marco de referencia global que permita a los trabajadores recibir una remuneración acorde a su trabajo y acorde con el costo de vida en sus respectivas regiones.
Por ejemplo, en el caso de India, uno de los mayores proveedores de talento en el sector tecnológico para empresas occidentales, la regulación podría garantizar que los desarrolladores de software y otros profesionales reciban una compensación competitiva en comparación con sus colegas en Europa o América del Norte, lo que ayudaría a cerrar la brecha salarial entre países.
Además, la regulación podría promover una equidad en el acceso a beneficios laborales, tales como la seguridad social, seguros médicos y fondos de pensiones.
Actualmente, muchos teletrabajadores en economías emergentes no tienen acceso a estos beneficios, lo que los deja desprotegidos frente a riesgos laborales, enfermedades o accidentes.
La regulación propuesta buscaría asegurar que todos los teletrabajadores estén cubiertos por algún sistema de seguridad social, ya sea en el país del empleador o en su país de residencia, a través de la implementación de acuerdos bilaterales o multilaterales.
6.6. Protección de los trabajadores vulnerables.
Otro aspecto clave de la regulación propuesta es su potencial para proteger a los trabajadores más vulnerables, especialmente aquellos en países en desarrollo o en sectores de trabajo donde las condiciones laborales tienden a ser más precarias.
En estos contextos, los teletrabajadores suelen enfrentar prácticas de explotación por parte de empresas que buscan reducir costos laborales mediante el uso de contratos temporales o la subcontratación a empresas que operan fuera de las regulaciones laborales más estrictas.
La regulación propuesta incluiría disposiciones que protejan a estos trabajadores de la explotación laboral, asegurando que todos los contratos de teletrabajo sean transparentes y ofrezcan una protección mínima de derechos laborales, independientemente del país donde se encuentren los trabajadores.
Estas disposiciones podrían incluir la obligación de las empresas de proporcionar contratos por escrito, que detallen los derechos de los teletrabajadores, así como las condiciones laborales y los beneficios a los que tienen derecho.
En particular, esta regulación podría tener un impacto positivo en sectores como el de servicios al cliente y trabajo en plataformas digitales, donde muchos trabajadores en países como Filipinas y Bangladés han sido históricamente explotados por empresas que subcontratan servicios a precios muy bajos[212213].
La implementación de estándares laborales internacionales ayudaría a reducir estas prácticas de explotación y a proteger los derechos de estos trabajadores, garantizando que reciban un trato justo y una compensación adecuada.
[212] Alvarado, A. (2020). Global Labor Standards and Digital Work: An International Framework for Telework. An International Journal of Labor Studies, 15(3), 120-140.
Farrokhnia, M. (2021). Challenges and Opportunities of Cross-Border Telework in the Gig Economy. Journal of Digital Work and Globalization, 8(1), 56-75.
Además, la regulación propuesta también podría fomentar la igualdad de género en el teletrabajo. En muchos países, las mujeres tienen menos oportunidades laborales que los hombres, especialmente en sectores bien remunerados como la tecnología o la ingeniería.
Al garantizar igualdad de condiciones laborales y acceso a los mismos derechos, la regulación podría facilitar una mayor participación de las mujeres en el teletrabajo transfronterizo.
Esto es particularmente relevante en países en desarrollo, donde las mujeres a menudo enfrentan barreras adicionales para acceder a empleos de calidad debido a la discriminación de género o la falta de oportunidades laborales.
6.7. Justicia social y redistribución de oportunidades.
El teletrabajo transfronterizo, cuando se regula de manera justa, puede ser una herramienta poderosa para redistribuir las oportunidades económicas de manera más equitativa.
En lugar de depender de la migración física, los trabajadores en regiones desfavorecidas pueden acceder a empleos de calidad en mercados más desarrollados sin tener que abandonar sus comunidades.
Esto no solo mejora las condiciones económicas de los trabajadores individuales, sino que también puede tener un impacto positivo en las economías locales.
Por ejemplo, en regiones rurales de América Latina o África, donde las oportunidades laborales son limitadas, el teletrabajo puede proporcionar una vía para que los trabajadores accedan a empleos bien remunerados en sectores como la tecnología, el diseño gráfico, o la consultoría.
Esto, a su vez, puede impulsar el desarrollo económico en estas áreas, ya que los ingresos generados por estos empleos pueden reinvertirse en las economías locales, contribuyendo a una mayor prosperidad.
La redistribución de los beneficios del crecimiento económico es otro aspecto central de la justicia social en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
La regulación propuesta garantizaría que los beneficios del teletrabajo no se concentren únicamente en los países desarrollados o en las empresas multinacionales, sino que se distribuyan de manera más equitativa entre los trabajadores de diferentes regiones.
Al asegurar que los teletrabajadores reciban una compensación justa y acceso a beneficios laborales, la regulación puede ayudar a crear un entorno laboral global más inclusivo y equitativo.
6.8. Desafíos y consideraciones críticas en la implementación de la regulación.
Aunque la regulación propuesta tiene el potencial de generar impactos económicos, de equidad y justicia social significativos, su implementación no está exenta de desafíos.
En particular, los países en desarrollo y las empresas que actualmente se benefician de las diferencias salariales y las regulaciones laborales laxas pueden enfrentar dificultades para adaptarse a este nuevo marco regulatorio.
Uno de los desafíos más importantes es la capacidad de las economías emergentes para implementar y hacer cumplir la regulación propuesta.
Muchos países en desarrollo carecen de los recursos y la infraestructura tecnológica necesarios para supervisar y regular de manera efectiva las relaciones laborales en el contexto del teletrabajo transfronterizo.
Además, la falta de capacitación laboral y adaptación tecnológica podría limitar la capacidad de los teletrabajadores en estas regiones para beneficiarse plenamente de la regulación.
Para superar estos desafíos, será esencial que los países en desarrollo reciban asistencia técnica y apoyo financiero de organizaciones internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) o el Banco Mundial.
Esta asistencia podría incluir programas de capacitación para trabajadores y empleadores, así como inversiones en infraestructura digital para garantizar que los teletrabajadores tengan acceso a las herramientas tecnológicas necesarias para trabajar de manera eficiente y cumplir con las normativas.
Otro desafío clave es el riesgo de desigualdad digital. A medida que el teletrabajo transfronterizo se expande, existe el peligro de que aquellos trabajadores que no tienen acceso a tecnologías avanzadas, como conexiones de internet rápidas y seguras, queden excluidos de las oportunidades que ofrece este modelo laboral.
En particular, los trabajadores en regiones rurales o en países menos desarrollados podrían enfrentarse a barreras tecnológicas que limiten su capacidad para competir en el mercado global.
Para mitigar este riesgo, la regulación debe incluir disposiciones que promuevan el acceso a la tecnología en regiones desfavorecidas.
Esto podría implicar la creación de incentivos fiscales para que las empresas inviertan en infraestructura tecnológica en áreas rurales, o la implementación de programas gubernamentales que proporcionen subvenciones o acceso asequible a tecnologías de la información y la comunicación.
Además, las organizaciones internacionales podrían desempeñar un papel clave en la disminución de la brecha digital, estableciendo fondos de desarrollo destinados a mejorar la infraestructura digital en los países más necesitados.
De esta manera, se garantizaría que el teletrabajo transfronterizo sea una herramienta de inclusión social y no un factor que aumente las desigualdades.
Capítulo VII Conclusiones y Recomendaciones - Síntesis de hallazgos, confirmación o refutación de la hipótesis, y propuestas de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo.
"La verdadera prueba de una regulación exitosa no reside únicamente en su capacidad para adaptarse a las condiciones económicas, sino en su habilidad para promover justicia social y equidad en un entorno globalizado."
Joseph Stiglitz, economista y Premio Nobel de Economía 2001
7.1 Introducción.
El teletrabajo transfronterizo ha transformado el mundo laboral, permitiendo a trabajadores y empresas operar más allá de las fronteras geográficas. Sin embargo, esta modalidad laboral también ha puesto en evidencia las lagunas en las regulaciones existentes, lo que ha creado un entorno de desigualdad y desprotección para muchos teletrabajadores.
7.2 Síntesis de hallazgos.
A lo largo de esta investigación, se ha evaluado el teletrabajo transfronterizo desde múltiples ángulos, incluyendo sus implicaciones económicas, sociales y jurídicas.
Los hallazgos pueden agruparse en tres grandes áreas:
1.1. Desigualdades laborales.
1.2. Vacíos regulatorios y
1.3. Desafíos en la implementación de un marco legal armonizado.
1.4. Desigualdades laborales persistentes.
Uno de los principales hallazgos de este estudio es que el teletrabajo transfronterizo ha exacerbado las desigualdades laborales entre países desarrollados y en desarrollo.
Si bien esta modalidad ha abierto oportunidades para los trabajadores en economías emergentes, también ha creado situaciones en las que estos empleados reciben salarios considerablemente más bajos que sus colegas en países desarrollados, a pesar de realizar tareas similares.
Esta disparidad salarial se debe en gran medida a la falta de una regulación coherente que establezca estándares mínimos para todos los teletrabajadores, independientemente de su ubicación geográfica.
Además, muchos teletrabajadores en países en desarrollo carecen de acceso a beneficios laborales esenciales, como la seguridad social, los seguros médicos y las pensiones.
Este hallazgo destaca la necesidad urgente de crear un marco legal que proteja los derechos de estos trabajadores y les brinde acceso a las mismas condiciones laborales que disfrutan los empleados en países más desarrollados.
1.5. Vacíos regulatorios.
Otro hallazgo importante es la existencia de vacíos regulatorios en la mayoría de los países en lo que respecta al teletrabajo transfronterizo.
Las legislaciones laborales nacionales están diseñadas principalmente para trabajadores que operan dentro de las fronteras de un país, lo que deja a los teletrabajadores en una zona gris legal.
Este vacío crea incertidumbre tanto para los empleadores como para los empleados, quienes no siempre saben qué leyes deben aplicarse en caso de disputas laborales, o qué obligaciones tienen las empresas hacia los teletrabajadores en términos de beneficios y protección laboral.
Este problema es particularmente grave en el caso de los contratos temporales y las relaciones laborales informales, que son comunes en el teletrabajo transfronterizo.
Sin un marco legal que regule estas relaciones de manera adecuada, los trabajadores pueden quedar desprotegidos y las empresas pueden enfrentarse a conflictos legales en diferentes jurisdicciones.
1.6. Desafíos en la implementación de un marco regulatorio.
Finalmente, se ha identificado que la implementación de un marco regulatorio armonizado para el teletrabajo transfronterizo presenta una serie de desafíos, especialmente en países en desarrollo.
Estos desafíos incluyen la falta de infraestructura tecnológica, la desigualdad digital y la falta de recursos para supervisar y hacer cumplir las normativas laborales. Sin embargo, también se ha señalado que existen oportunidades para superar estos desafíos a través de la cooperación internacional y el apoyo de organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
1.7. Confirmación o refutación de la hipótesis.
La hipótesis de esta investigación sostenía que el teletrabajo transfronterizo, sin una regulación adecuada, perpetúa las desigualdades laborales y crea un entorno de explotación laboral en el que los trabajadores en países en desarrollo están en desventaja frente a sus colegas en países desarrollados.
A la luz de los hallazgos, esta hipótesis ha sido confirmada.
Los datos obtenidos a lo largo de la investigación muestran que, en ausencia de una regulación clara, las empresas pueden explotar las diferencias salariales y las regulaciones laxas en países en desarrollo para reducir sus costos laborales.
Esto ha dado lugar a prácticas de dumping social, en las que los teletrabajadores en países con menores protecciones laborales reciben salarios inferiores y carecen de acceso a beneficios esenciales.
Además, la falta de mecanismos de resolución de conflictos transfronterizos ha dejado a muchos trabajadores en una situación vulnerable cuando enfrentan problemas laborales.
Por otro lado, también se ha demostrado que la falta de regulación armonizada afecta negativamente a las empresas, ya que enfrentan incertidumbre legal y posibles conflictos entre diferentes jurisdicciones.
La confirmación de esta hipótesis refuerza la necesidad de una intervención regulatoria que no solo proteja los derechos de los trabajadores, sino que también proporcione claridad y seguridad a las empresas que operan en un entorno globalizado.
1.8. Propuestas de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo.
A partir de los hallazgos y la confirmación de la hipótesis, se proponen una serie de políticas y medidas para mejorar la regulación del teletrabajo transfronterizo y garantizar que esta modalidad laboral sea justa y equitativa para todos los involucrados.
Una de las principales recomendaciones es la armonización de las leyes laborales a nivel internacional. Actualmente, las diferencias entre las normativas laborales de cada país permiten a las empresas aprovechar las disparidades salariales y las regulaciones laxas en algunos países para reducir costos.
Esta situación no solo es perjudicial para los trabajadores, sino que también genera ineficiencias legales y conflictos para las empresas que operan a nivel global.
Para resolver este problema, es necesario que los organismos internacionales, como la OIT, desarrollen un convenio internacional específico sobre el teletrabajo transfronterizo.
Este convenio debería establecer normas mínimas para garantizar que todos los teletrabajadores, independientemente de su país de residencia, tengan acceso a un salario justo y a beneficios laborales esenciales.
Además, el convenio debería incluir mecanismos para la resolución de conflictos y la supervisión del cumplimiento de las normativas laborales.
Otra medida clave es la creación de acuerdos bilaterales y multilaterales entre países para garantizar la protección social de los teletrabajadores transfronterizos.
Actualmente, uno de los mayores desafíos para estos trabajadores es la falta de acceso a la seguridad social en su país de residencia o en el país del empleador.
La firma de acuerdos bilaterales permitiría que los teletrabajadores accedan a los beneficios sociales en ambos países, lo que brindaría una mayor protección a los empleados.
Un ejemplo de esta política es el modelo de acuerdos bilaterales de seguridad social que ya existe entre países europeos, que permite a los trabajadores migrantes mantener su acceso a la seguridad social, independientemente de su ubicación.
Este tipo de acuerdos podría expandirse para incluir a los teletrabajadores transfronterizos, brindando una solución efectiva al problema de la falta de acceso a beneficios laborales.
1.9. Fortalecimiento de la supervisión internacional.
Para garantizar el cumplimiento de las normativas laborales, es fundamental fortalecer los mecanismos de supervisión internacional.
Esto podría lograrse mediante la creación de un organismo internacional de monitoreo, encargado de supervisar las relaciones laborales transfronterizas y asegurar que las empresas cumplan con las normativas internacionales.
Este organismo podría trabajar en colaboración con los gobiernos nacionales y los sindicatos globales, creando una red de supervisión que abarque tanto a los empleadores como a los trabajadores.
Además, este organismo podría implementar sanciones a las empresas que no cumplan con las normativas, asegurando que los derechos laborales sean respetados en todo el mundo.
1.10. Políticas de fomento a la igualdad de género en el teletrabajo.
Un aspecto crucial de la regulación del teletrabajo transfronterizo es la promoción de la igualdad de género en esta modalidad laboral. Las políticas que fomenten la participación equitativa de mujeres y hombres en el teletrabajo deben estar integradas en cualquier marco regulatorio propuesto.
Esto podría incluir medidas específicas para asegurar que las mujeres tengan acceso a las mismas oportunidades laborales que los hombres, así como garantizar que las teletrabajadoras disfruten de los mismos derechos y beneficios que sus colegas masculinos.
Una política recomendada es la creación de incentivos fiscales para las empresas que adopten prácticas de igualdad de género en el teletrabajo, así como la implementación de programas de capacitación para mujeres en sectores tradicionalmente dominados por hombres, como la tecnología y las ingenierías.
En conclusión, la regulación del teletrabajo transfronterizo es una necesidad urgente en un mundo cada vez más interconectado.
Los hallazgos de esta investigación han demostrado que, sin una regulación clara y armonizada, esta modalidad laboral perpetúa las desigualdades y explotación laboral en los países en desarrollo, mientras que crea incertidumbre para las empresas.
La armonización de las leyes laborales internacionales, la creación de acuerdos bilaterales y el fortalecimiento de la supervisión internacional son pasos esenciales para garantizar un entorno laboral justo y equitativo.
Además, es crucial que las políticas regulatorias incluyan disposiciones para promover la igualdad de género y proteger a los trabajadores más vulnerables, asegurando que el teletrabajo transfronterizo sea una herramienta para la justicia social y no un factor de división.
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- Jorge Humberto Avalos Padilla (Author), 2025, LA NECESIDAD DE REGULAR LAS RELACIONES LABORALES TRANSFRONTERIZAS, DERIVADAS DEL TELETRABAJO, Munich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/1677332