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El tesoro que no puede comprar queso

profesionales cubanos entre el conocimiento, las restricciones estructurales y la lealtad política. Una aproximación desde los estudios CTS

Summary Excerpt Details

El presente ensayo aborda la situación de los profesionales cubanos contemporáneos a partir de una metáfora literaria extraída de La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson: la del pirata Ben Gunn, quien posee un cofre repleto de oro pero carece de lo más elemental para sobrevivir con dignidad. Este paralelismo permite iluminar una paradoja estructural que los estudios sociales de la ciencia y la tecnología han identificado en contextos periféricos y autoritarios: la disociación entre el valor intrínseco del conocimiento acumulado mediante años de formación especializada y su capacidad efectiva para garantizar condiciones dignas de existencia. A lo largo del análisis se examina cómo, en el caso cubano, esta disociación no responde únicamente a factores económicos —salarios insuficientes, inflación galopante, mercados ajenos al mérito profesional— sino que incorpora una dimensión política igualmente determinante: la exigencia de lealtad ideológica y sumisión institucional como condición para que el saber pueda ser reconocido y recompensado dentro de los circuitos oficiales. El ensayo reconstruye, desde una perspectiva histórica, la trayectoria del sistema científico cubano, desde el optimismo modernizador de las décadas posteriores a 1959 hasta la crisis de reproducción profesional que caracteriza el presente. Se analizan las estrategias desplegadas por los profesionales para sobrevivir en este contexto —emigración masiva, combinación de empleo estatal con actividades informales, desarrollo de una doble vida que separa lo público de lo privado— así como el impacto subjetivo de estas dinámicas: el desgaste de vivir permanentemente en dos mundos, la erosión de la identidad profesional, la configuración de un lenguaje marcado por el silencio y la desconfianza.

Excerpt


The Treasure That Cannot Buy Cheese: Cuban Professionals Between Knowledge, Structural Constraints, and Political Loyalty. A Science and Technology Studies Approach

Abb. in Leseprobe nicht enthalten

Fuente: Imagen generada por Recraft, Red Panda AI, 2024, impulsado por Recraft V3, desarrollado por Recraft, compañía con sede en Londres, Gran Bretaña.

Descripción del uso de IA (prompt): Un profesional cubano, ante él un cofre de conocimientos (libros, herramientas científicas) provisto de un candado político; frente a él una llave oxidada, simbolizando la paradoja estructural de la riqueza intelectual sin capacidad para garantizar dignidad, enmarcada por la exigencia de lealtad ideológica.

Créditos: Elaboración propia con base en Red Panda AI, editada posteriormente por el autor del presente ensayo académico.

Fecha de elaboración: 19 de febrero de 2026

Notas del autor: La redacción del presente Ensayo Académico, incorporó el uso de la herramienta de inteligencia artificial DeepSeek para generar borradores iniciales de componentes clave; como la tesis central, la pregunta de investigación, la hipótesis y el objetivo general, entre otros. La generación de estos elementos (a un nivel básico) se realizó mediante prompts cuidadosamente diseñados, que exigieron una elaboración académica, científica y un tono impersonal.

El autor supervisó cada etapa del proceso, revisando exhaustivamente los borradores generados, reorganizando y nutriendo el contenido, corrigiendo posibles inexactitudes, integrando análisis crítico original y verificando manualmente todas las citas y referencias según la normativa APA (7.ª edición).

Este proceso aseguró que el contenido final reflejara una contribución intelectual significativa del autor, que está alineada con los estándares de originalidad, rigor y calidad exigidos en toda publicación académica, incluyendo triangulación teórica e integración de fuentes clásicas y recientes, validadas para garantizar la solidez del argumento y la relevancia del documento. Por todo lo aquí expuesto, el autor asume plena responsabilidad autoral del presente texto.

RESUMEN

El presente ensayo aborda la situación de los profesionales cubanos contemporáneos a partir de una metáfora literaria extraída de La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson: la del pirata Ben Gunn, quien posee un cofre repleto de oro pero carece de lo más elemental para sobrevivir con dignidad. Este paralelismo permite iluminar una paradoja estructural que los estudios sociales de la ciencia y la tecnología han identificado en contextos periféricos y autoritarios: la disociación entre el valor intrínseco del conocimiento acumulado mediante años de formación especializada y su capacidad efectiva para garantizar condiciones dignas de existencia. A lo largo del análisis se examina cómo, en el caso cubano, esta disociación no responde únicamente a factores económicos —salarios insuficientes, inflación galopante, mercados ajenos al mérito profesional— sino que incorpora una dimensión política igualmente determinante: la exigencia de lealtad ideológica y sumisión institucional como condición para que el saber pueda ser reconocido y recompensado dentro de los circuitos oficiales. El ensayo reconstruye, desde una perspectiva histórica, la trayectoria del sistema científico cubano, desde el optimismo modernizador de las décadas posteriores a 1959 hasta la crisis de reproducción profesional que caracteriza el presente. Se analizan las estrategias desplegadas por los profesionales para sobrevivir en este contexto —emigración masiva, combinación de empleo estatal con actividades informales, desarrollo de una doble vida que separa lo público de lo privado— así como el impacto subjetivo de estas dinámicas: el desgaste de vivir permanentemente en dos mundos, la erosión de la identidad profesional, la configuración de un lenguaje marcado por el silencio y la desconfianza. Las conclusiones subrayan que la situación descrita no constituye un fenómeno coyuntural sino un rasgo estructural del modelo cubano, cuyas consecuencias —envejecimiento de la comunidad científica, fuga de talentos, desincentivo de las nuevas generaciones— amenazan la sostenibilidad misma del sistema. Se plantea, finalmente, la necesidad de continuar investigando estas dinámicas en el marco más amplio de América Latina, donde coexisten experiencias diversas de construcción de capacidades científicas con persistentes obstáculos para su ejercicio pleno, y donde la pregunta por las condiciones que permiten al conocimiento convertirse efectivamente en herramienta de transformación social sigue teniendo una urgencia ineludible.

Palabras clave: Profesionales cubanos, estudios CTS, conocimiento, lealtad política, emigración, precariedad laboral, capital cultural, Ben Gunn, metáfora literaria, campo científico, configuraciones periféricas, ONEI

ABSTRACT

This essay examines the situation of contemporary Cuban professionals through a literary metaphor drawn from Robert Louis Stevenson's Treasure Island: the pirate Ben Gunn, who possesses a chest full of gold yet lacks the most elementary necessities for dignified survival. This parallel illuminates a structural paradox that science and technology studies have identified in peripheral and authoritarian contexts: the disjunction between the intrinsic value of knowledge accumulated through years of specialized training and its effective capacity to guarantee dignified living conditions. Throughout the analysis, the essay examines how, in the Cuban case, this disjunction responds not only to economic factors—insufficient salaries, rampant inflation, markets alien to professional merit—but also incorporates an equally determining political dimension: the demand for ideological loyalty and institutional submission as a condition for knowledge to be recognized and rewarded within official circuits. The essay reconstructs, from a historical perspective, the trajectory of the Cuban scientific system, from the modernizing optimism of the decades following 1959 to the crisis of professional reproduction that characterizes the present. It analyzes the strategies that professionals deploy to survive in this context—mass emigration, combining state employment with informal activities, developing a double life separating the public from the private—as well as the subjective impact of these dynamics: the exhaustion of living permanently in two worlds, the erosion of professional identity, the configuration of a language marked by silence and distrust. The conclusions emphasize that the described situation does not constitute a conjunctural phenomenon but rather a structural feature of the Cuban model, whose consequences—aging of the scientific community, brain drain, disincentive for new generations—threaten the very sustainability of the system. Finally, the essay raises the need to continue researching these dynamics within the broader Latin American framework, where diverse experiences of scientific capacity building coexist with persistent obstacles to their full exercise, and where the question of the conditions that allow knowledge to effectively become a tool for social transformation remains urgently relevant.

Keywords: cuban professionals, STS studies, knowledge, political loyalty, emigration, labor precarity, cultural capital, Ben Gunn, literary metaphor, scientific field, peripheral configurations, ONEI

indice

INTRODUCCIÓN

La Isla del Tesoro y el Profesional Cubano: Conocimiento, Poder y Supervivencia en Contextos de Restricción Estructural

El oro que no compra queso: una parábola sobre el conocimiento inútil

¿Qué valor tiene un tesoro si no puede intercambiarse por las cosas más elementales? Esta pregunta, que Robert Louis Stevenson planteó de manera magistral en 1883 a través del personaje de Ben Gunn en su inolvidable Obra “La Isla del Tesoro”, adquiere una relevancia insospechada cuando se traslada al escenario cubano contemporáneo. El pirata abandonado que posee un cofre repleto de monedas de oro pero carece de queso, ropa digna o compañía humana encarna una paradoja que los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (CTS) han abordado con creciente interés: la del conocimiento que, pese a su valor intrínseco, resulta funcionalmente inútil en determinados contextos estructurales.

El paralelismo, lejos de constituir un mero ejercicio literario, permite iluminar dimensiones escasamente exploradas de la realidad científica y profesional cubana. Como han señalado Núñez Jover y Macías (2020), el estudio de la ciencia en contextos periféricos requiere aproximaciones que trasciendan los análisis puramente economicistas para incorporar las mediaciones políticas, culturales e institucionales que moldean la producción y circulación del conocimiento. En esa línea, la metáfora stevensoniana ofrece un dispositivo analítico particularmente fértil: permite visualizar cómo el capital académico acumulado mediante años de formación especializada puede devenir, bajo determinadas condiciones, en un tesoro incapaz de satisfacer necesidades básicas o de garantizar un ejercicio profesional digno.

Contexto general: la ciencia cubana entre el mérito académico y la precariedad estructural

La situación de los profesionales cubanos en la actualidad presenta contornos que han despertado la atención de investigaciones recientes en el campo CTS. Según datos del Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI, 2023), Cuba cuenta con una tasa de graduados universitarios que supera el 14% de la población total, una de las más elevadas de América Latina. Este indicador, sin embargo, contrasta dramáticamente con las condiciones materiales en que se desenvuelve el ejercicio profesional. El salario medio mensual en el sector estatal —donde se concentra la mayoría de los profesionales— se situó en 2022 en 4,248 pesos cubanos (ONEI, 2023), cantidad que, en un contexto de inflación galopante y tipo de cambio múltiple, resulta insuficiente, incluso para cubrir las más elementales necesidades. Un estudio de Mesa-Lago y Pérez-López (2021) estima que el poder adquisitivo del salario profesional ha caído más de un 60% en la última década, configurando un escenario donde la posesión de títulos universitarios y competencias especializadas no se traduce en bienestar material.

Esta disociación entre capital académico y capacidad de consumo constituye el núcleo de una problemática que diversos autores han abordado desde perspectivas complementarias. Para Domínguez (2022), se trata de una manifestación particular de lo que denomina "economía moral de la precariedad", donde el reconocimiento simbólico del saber profesional opera como sustituto de su retribución material. Desde una óptica distinta, pero convergente, los trabajos de Urrutia (2023) enfatizan cómo esta dinámica ha generado estrategias de supervivencia que reconfiguran el propio sentido del trabajo intelectual: el profesional cubano aprende a navegar entre múltiples espacios —el empleo estatal, el emprendimiento informal, la migración temporal— en un intento por hacer que su tesoro de saberes pueda, finalmente, comprar… “algo de queso”.

Breve contextualización histórica: del optimismo revolucionario a la crisis de reproducción profesional

La trayectoria histórica que conduce a la situación actual requiere una mirada que, aunque necesariamente extractada, permita situar el problema en su devenir temporal. Los estudios sociales de la ciencia han enfatizado la importancia de comprender las configuraciones científicas como productos históricos antes que como realidades dadas (Kreimer, 2019). En el caso cubano, esa historicidad resulta particularmente relevante.

El período posterior a 1959 presenció una expansión sin precedentes del sistema educativo y científico cubano. Como documenta García (2018), la creación de instituciones como la Academia de Ciencias de Cuba en 1962 y el posterior desarrollo de polos científicos —notablemente en el campo biotecnológico— respondieron a una visión modernizadora que situaba el conocimiento como palanca del desarrollo nacional. Para 1980, Cuba había logrado indicadores educativos y de producción científica que la situaban en posiciones destacadas dentro de América Latina (Núñez Jover, 2019).

Sin embargo, la década de 1990 introdujo una inflexión dramática. El colapso del campo socialista europeo y la profundización del embargo estadounidense (el mal llamado bloqueo) precipitaron lo que el discurso oficial denominó "Período Especial", y que para la comunidad científica cubana significó una contracción brutal de recursos. Los salarios reales cayeron y se alejaron cada vez más del salario nominal, la infraestructura de investigación se deterioró y numerosos profesionales optaron por la emigración (Díaz-Briquets & Pérez-López, 2021). Como señala Kreimer (2019), las periferias científicas son particularmente vulnerables a este tipo de crisis, pues su sostenimiento depende en gran medida de decisiones políticas que pueden revertirse con rapidez.

Las primeras dos décadas del siglo XXI asistieron a una recuperación parcial, pero también a la consolidación de nuevas dinámicas. Por un lado, sectores como la biotecnología y la producción de fármacos mantuvieron estándares internacionales y generaron ingresos por exportaciones (Lage, 2020). Por otro, la masa de profesionales de otras disciplinas —educación, ciencias sociales, humanidades, ingenierías no vinculadas a los polos exportadores— experimentó un deterioro persistente de sus condiciones laborales. La reforma salarial de 2021, que elevó los ingresos nominales en sectores priorizados, no alteró sustancialmente esta brecha (Mesa-Lago & Pérez-López, 2021). Paralelamente, la crisis migratoria de profesionales alcanzó niveles sin precedentes: entre 2018 y 2023, se estima que más de 300,000 cubanos con educación superior abandonaron el país (Aja Díaz et al., 2023).

Esta evolución histórica no puede comprenderse sin atender a la dimensión política, la cual constituye un factor estructural definitorio del campo científico cubano. Desde los años sesenta, la institucionalidad científica se articuló con el aparato del Estado y del Partido Comunista de Cuba (PCC) de manera orgánica. Como analiza Urrutia (2023), esta imbricación significó que la lealtad política y la militancia se convirtieran en criterios relevantes —y en ocasiones determinantes— para el acceso a posiciones de responsabilidad, recursos de investigación y oportunidades de promoción. La trayectoria histórica del sistema científico cubano no es, por tanto, únicamente la historia de sus logros académicos, sino también la de la progresiva politización de los criterios de legitimidad y reconocimiento profesional.

Los estudios sociales de la ciencia han acuñado conceptos que permiten analizar este tipo de configuraciones. Kreimer (2019) propone la noción de "configuraciones científico-tecnológicas periféricas" para dar cuenta de las especificidades que adquiere la producción de conocimiento en contextos de asimetría estructural y fuerte intervención estatal. Núñez Jover y Macías (2020), por su parte, han aplicado este marco al análisis del caso cubano, destacando la coexistencia de segmentos de excelencia internacional con vastas áreas de precariedad y subordinación a lógicas políticas. Estas aproximaciones teóricas resultan particularmente pertinentes para abordar la paradoja central que este ensayo se propone explorar: la de un conocimiento profesional que, pese a su valor intrínseco, no puede intercambiarse por condiciones dignas de vida y ejercicio profesional, precisamente porque las reglas de ese intercambio están determinadas por lógicas que trascienden —y a menudo contradicen— la lógica del mérito académico.

Una dolorosa emerge del paralelismo

El personaje de Ben Gunn, conviene recordarlo, no solo poseía un tesoro inútil. Había desarrollado, además, un lenguaje propio, una teología improvisada, una forma de estar en el mundo moldeada por el aislamiento y la privación prolongados. Cuando Jim Hawkins lo encuentra por primera vez, lo describe como alguien que parece "más bestia que hombre" (Stevenson, 1883/2015, p. 112). La pregunta que emerge de este paralelismo, y que este ensayo se propone explorar desde la perspectiva CTS, no se limita a constatar la existencia de una disociación estructural entre conocimiento y bienestar. Interroga, más profundamente, cómo esa disociación configura la subjetividad de quienes la padecen: sus formas de hablar, sus estrategias de supervivencia, su relación con el saber que poseen, sus posibilidades de agencia en contextos que sistemáticamente desvalorizan su principal patrimonio.

La investigación que aquí se presenta se inscribe en la tradición de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología interesados en comprender las condiciones de producción de conocimiento en contextos periféricos y autoritarios. Su objetivo general consiste en analizar, desde esa perspectiva, la configuración de la identidad profesional y las estrategias de agencia desplegadas por los profesionales cubanos ante la disociación estructural entre el valor de su capital académico y su capacidad de intercambio, en un contexto caracterizado por restricciones económicas persistentes y exigencias draconianas de lealtad política como condición para el acceso a los circuitos oficiales de reconocimiento y promoción.

Tesis central de la presente Revisión Bibliográfica

La figura literaria de Ben Gunn, el pirata de Robert Louis Stevenson que posee un tesoro incapaz de satisfacer sus necesidades más elementales, constituye una metáfora operativa para comprender la situación de los profesionales cubanos contemporáneos, cuyo capital académico y científico, acumulado mediante años de formación especializada, se vuelve funcionalmente inútil en un contexto de restricciones estructurales. Esta paradoja del conocimiento inútil no se agota en la dimensión económica —caracterizada por salarios estatales desconectados del costo real de la vida, inflación galopante y mercados ajenos al mérito profesional— sino que se extiende a una dimensión política igualmente determinante: la exigencia de lealtad ideológica y sumisión institucional como condición para que ese saber pueda ser reconocido y recompensado dentro de los circuitos oficiales. Quienes se niegan a suscribir ese pacto, a militar en las organizaciones designadas o a silenciar el pensamiento crítico que su propia formación les ha proporcionado, son relegados a una condición de marginalidad dentro de sus campos de especialización. Así, el conocimiento no solo resulta inútil para adquirir bienes materiales, sino que además se convierte en un obstáculo que limita el acceso a los escasos espacios de promoción y desarrollo profesional. Esta dinámica genera un aislamiento peculiar, una suerte de isla dentro de la isla, donde los profesionales desarrollan formas de lenguaje y estrategias de supervivencia que reflejan tanto la escasez material como la clausura de espacios para el ejercicio auténtico de sus disciplinas. La indagación sobre esta paradoja, situada en la intersección de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología con el análisis de regímenes autoritarios, permite examinar cómo las estructuras de poder moldean no solo las condiciones materiales del ejercicio profesional, sino también las subjetividades, los discursos y las posibilidades de agencia de quienes han hecho del conocimiento su principal patrimonio.

Pregunta de investigación

¿De qué manera la disociación entre el valor del conocimiento profesional acumulado y su capacidad de intercambio en contextos de restricción estructural y exigencia de lealtad política configura la identidad y las estrategias de los profesionales cubanos contemporáneos?

Hipótesis o respuesta tentativa a la problemática aquí descrita

La disociación entre el valor del conocimiento profesional y su capacidad de intercambio en el contexto cubano contemporáneo produce una doble dinámica de adaptación y marginación: por un lado, aquellos profesionales que aceptan subordinar su saber a las exigencias de lealtad política logran un reconocimiento limitado dentro de los circuitos oficiales, aunque a costa de la erosión de su autonomía intelectual y la renuncia parcial al pensamiento crítico; por otro lado, quienes se niegan a suscribir ese pacto experimentan un proceso de exclusión sistemática que los sitúa en los márgenes del sistema científico y académico, obligándolos a desarrollar estrategias informales de supervivencia profesional que operan en los intersticios de la economía y la sociedad, y que terminan por reconfigurar su identidad como sujetos de conocimiento. Esta doble vía revela que, en contextos autoritarios, el conocimiento no solo enfrenta obstáculos para su conversión en bienestar material, sino que además se constituye como un territorio de disputa política donde la lealtad institucional se erige en condición de posibilidad para el ejercicio profesional legítimo, mientras que la fidelidad a los principios epistémicos y éticos de la formación recibida conduce a formas de ciudadanía científica precaria y aislamiento social.

Objetivo general del presente Ensayo

Analizar, desde la perspectiva de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, la configuración de la identidad profesional y las estrategias de agencia desplegadas por los profesionales cubanos ante la disociación estructural entre el valor de su capital académico y su capacidad de intercambio, en un contexto caracterizado por restricciones económicas persistentes y exigencias draconianas de lealtad política como condición para el acceso a los circuitos oficiales de reconocimiento y promoción.

Reflexiones Finales para una Introducción

La metáfora de Ben Gunn, una vez desplegada en toda su complejidad, revela algo que los datos estadísticos por sí solos no pueden capturar: la dimensión existencial de la paradoja profesional cubana. No se trata únicamente de salarios insuficientes o de oportunidades de promoción bloqueadas. Se trata, más profundamente, de lo que sucede en el interior de quienes poseen un tesoro que el contexto social insiste en tratar en forma contraria a su valor y a su propia naturaleza. El conocimiento, en estas condiciones, deja de ser únicamente una herramienta para convertirse en un problema: algo que se tiene pero no se puede usar, que por momentos “tiene que guardar silencio”, algo que pesa, algo que duele.

La trayectoria histórica esbozada en estas páginas sugiere que la situación actual no constituye una desviación coyuntural de un modelo que en otras épocas funcionó, sino más bien la manifestación de crecientes tensiones estructurales, presentes desde los orígenes mismos del sistema científico cubano. La imbricación entre mérito académico y lealtad política, lejos de ser un accidente, ha operado como principio organizador del campo profesional desde sus inicios. Lo que cambia a lo largo del tiempo es el equilibrio entre ambos criterios, y en las últimas décadas ese equilibrio se ha inclinado de manera sostenida hacia el lado de la fidelidad institucional como condición de posibilidad para el ejercicio legítimo de la profesión. Quienes se formaron en la creencia de que el saber poseía un valor intrínseco, capaz de abrir puertas por sí mismo, descubren tarde o temprano que las puertas que realmente importan tienen llaves que no se forjan en las universidades.

Resulta inevitable preguntarse hasta qué punto la propia noción de "profesional" adquiere significados distintos en contextos como el cubano. En sociedades donde el mercado laboral opera con relativa autonomía respecto del poder político, el título universitario funciona como una credencial que habilita ciertos recorridos predecibles. En Cuba, en cambio, el título puede ser simultáneamente mucho y nada a la vez: mucho en términos de capital simbólico y reconocimiento social difuso, nada en términos de capacidad efectiva para garantizar condiciones dignas de existencia. Esta dualidad genera una experiencia vital marcada por la contradicción, donde el profesional aprende a habitar simultáneamente dos realidades: la del reconocimiento abstracto de su saber y la de la precariedad concreta de su vida cotidiana.

Quizás por eso el lenguaje de estos profesionales —como el de Ben Gunn— tiende a volverse extraño para quienes no comparten su situación. No es únicamente que desarrollen códigos específicos para hablar de sus dificultades; es que la dificultad misma se vuelve el prisma a través del cual se filtran todas las conversaciones. La gestión de la escasez, la negociación con las múltiples burocracias, el cálculo permanente de riesgos y oportunidades, la detección de micrófonos y delatores: todo eso termina constituyendo una forma de “lenguaje”, una sintaxis de la supervivencia que los recién llegados —como Jim Hawkins ante Ben Gunn— perciben como desconcertante, cuando no como patológica.

La emigración profesional masiva de las últimas décadas introduce, además, una dimensión adicional que conviene considerar. Quienes se quedan no solo enfrentan las dificultades materiales y políticas ya descritas; enfrentan también la pregunta sobre su propia decisión de permanecer en un entorno que sistemáticamente desvaloriza lo que son. Los que se fueron, en muchos casos, han logrado que su tesoro empiece a “comprar queso”, aunque a veces descubran que el queso sabe distinto cuando se come lejos de la isla, apartado de los suyos. Los que se quedan, en cambio, deben construir respuestas para una pregunta que nadie formula en voz alta pero que late en cada conversación con los que partieron: ¿por qué sigues aquí, teniendo lo que tienes, pudiendo hacer lo que sabes hacer?

La paradoja del conocimiento inútil, tal como se manifiesta en la Cuba contemporánea, no admite resoluciones sencillas. Quienes aceptan el pacto de subordinación política obtienen “algo de queso”, pero a costa de habitar una falsedad que termina por contaminar el propio ejercicio profesional. Quienes lo rechazan conservan su integridad, pero ven cómo su saber se va volviendo arqueológico, inaplicable, condenado a circular en los estrechos márgenes de la economía informal del conocimiento. Y entre ambos extremos se despliega un vasto territorio de negociaciones cotidianas, de pequeñas transgresiones, de silencios estratégicos y complicidades frágiles, donde la mayoría de los profesionales cubanos construye su existencia.

Acaso el valor del paralelismo con Ben Gunn resida, finalmente, en algo que los estudios sociales de la ciencia suelen pasar por alto: su capacidad para recordarnos que las configuraciones institucionales y las estructuras de poder no operan sobre sujetos abstractos, sino sobre personas de carne y hueso que, como el pirata de Stevenson, llevan años remendando la misma ropa, deseando el mismo queso, preguntándose si el barco que las saque de la isla llegará alguna vez, y si al llegar reconocerán en quienes lo tripulan a salvadores o a nuevos carceleros. La literatura, en este sentido, no ilustra la realidad: la nombra de un modo que los informes técnicos no pueden nombrar. Y nombrarla, a veces, es el primer paso para comprender que el tesoro inútil no es solo un problema económico o político, sino una herida en el centro mismo de la identidad de quienes han hecho del conocimiento su razón de ser.

DISEÑO METODOLÓGICO

El presente apartado tiene como propósito explicitar el camino recorrido para la construcción del ensayo académico, ofreciendo una descripción clara y fundamentada de las decisiones metodológicas adoptadas. La naturaleza del estudio —una revisión bibliográfica de carácter analítico y crítico, sustentada en un marco teórico proveniente de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (CTS)— exigió un diseño metodológico flexible pero riguroso, capaz de integrar perspectivas diversas sin renunciar a la coherencia argumentativa ni a la verificabilidad de las fuentes consultadas.

Enfoque metodológico adoptado: revisión narrativa con elementos sistemáticos

El enfoque elegido para esta investigación corresponde a una revisión narrativa de la literatura, complementada con procedimientos sistematizados en las fases de búsqueda y selección de fuentes. La revisión narrativa, como señalan Codina, Lopezosa y Freixa (2022), tiene como objetivo describir una temática con cierta profundidad, aportando una visión contextualizada y crítica, a diferencia de la revisión sistemática que busca cuantificar efectos mediante búsquedas exhaustivas y protocolos cerrados. Según la Guía de la Universidad de Navarra (2023a), la revisión narrativa "es el término que se utiliza para describir las revisiones tradicionales escritas por expertos reconocidos en un campo", siendo el método más común para resumir un área de conocimiento, aunque con el riesgo de sesgo si no se explicita el proceso de selección de fuentes.

Para el caso que ocupa este ensayo —analizar la situación de los profesionales cubanos contemporáneos a la luz de la metáfora de Ben Gunn y los desarrollos teóricos de los estudios CTS— la revisión narrativa resultaba la más adecuada por varias razones. En primer lugar, la pregunta de investigación no busca medir el efecto de una intervención específica, sino comprender un fenómeno complejo atravesado por dimensiones históricas, políticas, económicas y subjetivas. En segundo lugar, la naturaleza interdisciplinaria del problema exigía integrar aportes de la sociología de la ciencia, la economía laboral, la historiografía cubana y los estudios sobre migración, lo que difícilmente podría abordarse con los protocolos cerrados de una revisión sistemática. Y en tercer lugar, el objetivo de construir un relato analítico con vocación interpretativa, más que un compendio exhaustivo de hallazgos empíricos, se alinea con las potencialidades de la revisión narrativa bien conducida (Instituto de Ciencias de Nutrición y Salud, 2023).

No obstante, para evitar los riesgos de subjetividad y falta de transparencia que suelen atribuirse a las revisiones narrativas, se incorporaron elementos propios de los enfoques sistematizados: definición explícita de criterios de inclusión y exclusión, documentación de las bases de datos consultadas, y triangulación de perspectivas teóricas y autorales. Esta estrategia híbrida permitió combinar la riqueza interpretativa de la revisión narrativa con el rigor y la replicabilidad parcial que caracterizan a los enfoques sistemáticos (Codina et al., 2022).

Criterios de selección y organización de las fuentes

La selección de las fuentes bibliográficas se guió por un conjunto de criterios de elegibilidad predefinidos, los cuales establecen los límites de la revisión y garantizan su coherencia temática (Universidad de Navarra, 2023b). Estos criterios se aplicaron en dos niveles: el de la inclusión inicial (mediante búsquedas en bases de datos) y el de la selección final (mediante lectura crítica y evaluación de pertinencia).

En cuanto al período temporal, se priorizaron publicaciones comprendidas en el espacio de tiempo correspondiente a 2019-2025, para capturar el estado actual del debate sobre la ciencia cubana, la precariedad profesional y las dinámicas migratorias. No obstante, se incluyeron obras clásicas y seminales de períodos anteriores —como los desarrollos teóricos de Pierre Bourdieu sobre capital cultural y campo científico, o los análisis fundacionales de los estudios CTS— cuya vigencia y relevancia para la comprensión del fenómeno las convierte en referencias insoslayables. La inclusión de estas fuentes más antiguas se justifica por su carácter fundacional y por la necesidad de situar el análisis en una tradición teórica consolidada, tal como recomienda la literatura metodológica (Universidad de Navarra, 2023a).

En cuanto al tipo de publicaciones, se consideraron artículos de revistas académicas revisadas por pares, capítulos de libros de editoriales universitarias, informes de organismos internacionales y nacionales (ONEI, Observatorio Cubano de Derechos Humanos, Agencia Cubana de Noticias), y fuentes hemerográficas de reconocido prestigio cuando aportaban datos empíricos relevantes o testimonios directos. Se excluyeron las publicaciones de divulgación sin respaldo institucional, los blogs personales y las fuentes claramente panfletarias, salvo en aquellos casos en que se citaban como objeto de análisis y no como sustento empírico.

El idioma de las fuentes se restringió al español y al inglés, por ser las lenguas en las que se produce la mayor parte de la literatura académica relevante para el tema. Se prestó especial atención a las publicaciones cubanas —tanto oficiales como independientes— por su capacidad para reflejar las dinámicas internas del campo científico en la isla.

Motores de búsqueda y bases de datos consultadas

La identificación de las fuentes se realizó mediante consultas sistemáticas en varias bases de datos bibliográficas y motores de búsqueda académica, seleccionados en función de su cobertura temática y su relevancia para las ciencias sociales y los estudios CTS. Se optó por una combinación de recursos multidisciplinarios y especializados, siguiendo las recomendaciones de la literatura especializada sobre búsqueda de información para revisiones (Gusenbauer & Haddaway, 2020).

Entre las bases de datos consultadas destacan Scopus y Web of Science, por su amplia cobertura de revistas de alto impacto en ciencias sociales y humanidades, así como por sus herramientas de análisis de citas que permiten identificar trabajos seminales y tendencias de investigación. Dado su carácter de bases de pago, el acceso se realizó a través de los servicios de biblioteca universitaria, garantizando así la calidad y exhaustividad de las búsquedas.

Para complementar y captar literatura no indexada en estas bases —particularmente informes institucionales, publicaciones de centros de investigación latinoamericanos y documentos de organismos internacionales— se recurrió a Google Scholar, aprovechando su capacidad para rastrear fuentes diversas, aunque con la precaución de evaluar críticamente la calidad de los resultados obtenidos, dado que este motor incluye publicaciones sin control de calidad explícito (Gusenbauer & Haddaway, 2020).

En el ámbito de las ciencias sociales y los estudios latinoamericanos, resultaron especialmente valiosas las bases SciELO y Redalyc, que ofrecen acceso abierto a una amplia producción académica de la región. Asimismo, se consultaron repositorios institucionales de universidades cubanas —cuando el acceso era posible— y portales especializados en estudios cubanos como el de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) o el Observatorio Cubano de Derechos Humanos.

Las estrategias de búsqueda combinaron términos clave en español e inglés, incluyendo: "profesionales cubanos", "ciencia en Cuba", "precariedad laboral", "capital cultural", "emigración calificada", "campo científico", "political loyalty", "Cuban scientists", "brain drain", entre otros. Se utilizaron operadores booleanos para combinar términos y acotar los resultados, y se aplicaron filtros por año, tipo de documento y área temática cuando las plataformas lo permitieron (Gusenbauer & Haddaway, 2020).

Proceso de investigación y análisis: triangulación e integración de perspectivas

Una vez recopilado el corpus documental, se procedió a su análisis e integración en el texto del ensayo. El proceso siguió las fases típicas de las revisiones sistematizadas en ciencias sociales: evaluación, análisis y síntesis (Codina et al., 2022).

La fase de evaluación consistió en una lectura crítica de cada fuente para determinar su pertinencia real respecto a la tesis central y los objetivos del ensayo. Se aplicaron criterios de calidad —procedencia de la publicación, rigor metodológico explícito, reconocimiento de la comunidad académica— y de contenido —adecuación temática, originalidad de los aportes, relevancia para el contexto cubano—. Esta evaluación permitió descartar fuentes que, aunque recuperadas en las búsquedas iniciales, no contribuían sustancialmente al desarrollo argumentativo.

La fase de análisis implicó la extracción de ideas clave, datos empíricos y planteamientos teóricos de cada fuente, organizándolos en fichas temáticas que facilitaran su posterior integración. Se prestó especial atención a la identificación de convergencias y divergencias entre autores, así como a la evolución histórica de los conceptos y debates.

La fase de síntesis, nuclear en la construcción del ensayo, se articuló mediante una estrategia de triangulación teórica. La triangulación, como explican los especialistas en metodología, consiste en examinar un fenómeno desde múltiples perspectivas, fuentes o métodos para enriquecer el análisis y reducir sesgos (Mind the Graph, 2023). En este caso, se aplicó una triangulación de datos (combinando estadísticas oficiales, informes independientes y testimonios cualitativos), una triangulación de investigadores (contrastando las perspectivas de autores de diferentes disciplinas y tradiciones) y una triangulación teórica (integrando marcos conceptuales provenientes de Bourdieu, los estudios CTS, la economía laboral y la sociología de la migración). Este enfoque permitió construir un entramado argumentativo complejo pero coherente, donde cada aporte se sitúa en relación con los demás y con la tesis central.

La integración de autores clásicos y recientes respondió a una doble necesidad: por un lado, anclar el análisis en categorías teóricas robustas y validadas (como capital cultural, campo científico o configuraciones periféricas); por otro, incorporar la evidencia empírica más actualizada posible sobre la realidad cubana, capturando las transformaciones de los últimos años en materia migratoria, laboral y científica.

Vinculación de las teorías con la tesis y los objetivos

La selección y aplicación de los conceptos teóricos no fue azarosa, sino que respondió a su capacidad para iluminar dimensiones específicas de la tesis central. La noción bourdieana de capital cultural (Bourdieu, 2010a, 2010b) permitió comprender la paradoja de un conocimiento que, pese a su valor intrínseco, no logra convertirse en ventaja social efectiva. El concepto de campo científico, también de Bourdieu, ayudó a analizar las reglas de juego que estructuran el espacio profesional cubano y el papel de la lealtad política como criterio de legitimación. Los desarrollos de Kreimer (2019) sobre configuraciones científico-tecnológicas periféricas ofrecieron un marco para situar el caso cubano en el contexto más amplio de las asimetrías globales en producción de conocimiento. Y los estudios sobre precariedad laboral (Campbell & Price, 2016) y economía moral de la precariedad (Domínguez, 2022) proporcionaron herramientas para analizar las estrategias de supervivencia desplegadas por los profesionales y sus efectos subjetivos.

Cada uno de estos conceptos se vincula directamente con los elementos de la investigación: el tema (la situación del profesional cubano), la tesis (la paradoja del conocimiento inútil en un contexto de restricciones estructurales y exigencia de lealtad política), la pregunta de investigación (cómo esta disociación configura identidades y estrategias), la hipótesis (la doble dinámica de adaptación y marginación) y el objetivo general (analizar desde los estudios CTS la configuración de la identidad profesional y las estrategias de agencia).

Estructura del artículo y organización de los acápites

La organización del ensayo en acápites obedece a una lógica progresiva que va de lo contextual y teórico a lo analítico y conclusivo, asegurando la coherencia interna y la fluidez de la lectura. La secuencia es la siguiente:

El texto inicial introductorio —que abre con la metáfora de Ben Gunn y la pregunta sobre el tesoro inútil— cumple la función de atractivo narrativo, captando la atención del lector y situando el problema en un plano existencial y literario que anticipa la complejidad del análisis posterior. Le sigue una introducción que desarrolla el tema, presenta los datos contextuales, reconstruye la trayectoria histórica del sistema científico cubano y formula la pregunta, la hipótesis y el objetivo general. El marco teórico-conceptual despliega las categorías analíticas que fundamentan la revisión, mostrando su pertinencia y sus conexiones con la tesis. El cuerpo central constituye la sección argumentativa por excelencia, donde se exponen y contrastan los hallazgos empíricos y las perspectivas de los autores, organizados en torno a los ejes de la precariedad, las estrategias de supervivencia, las contradicciones del sistema de incentivos y el impacto subjetivo. Finalmente, las conclusiones recogen las ideas centrales del recorrido, subrayando la naturaleza estructural de la paradoja analizada, así como sus implicaciones.

Esta estructura, que avanza de lo general a lo particular y de lo descriptivo a lo analítico, asegura que cada sección se apoye en la anterior y prepare el terreno para la siguiente, creando un entramado argumentativo sólido y progresivo.

Limitaciones metodológicas y estrategias para abordarlas

Como toda investigación, este ensayo enfrenta limitaciones que es preciso reconocer para dimensionar adecuadamente sus alcances (Codina et al., 2022). La principal limitación deriva del acceso restringido a ciertas fuentes primarias y bases de datos, particularmente aquellas que requieren suscripción institucional no disponible en todos los contextos. Para mitigar este problema, se complementó la consulta en Scopus y Web of Science con búsquedas en recursos de acceso abierto como SciELO, Redalyc y Google Scholar.

Otra limitación importante es la posible existencia de sesgos en la literatura disponible, especialmente en lo relativo a fuentes cubanas. Las publicaciones oficiales tienden a reflejar una visión institucional que puede minimizar las dificultades, mientras que las fuentes independientes —a menudo producidas desde el exilio— suelen enfatizar principalmente los aspectos más críticos. La triangulación de perspectivas, incluyendo tanto fuentes oficiales como independientes, y contrastándolas con datos estadísticos y testimonios directos, permitió construir un panorama más equilibrado, aunque siempre provisional y sujeto a revisión.

La naturaleza cualitativa e interpretativa del estudio impide, por definición, generalizaciones estadísticas. Sin embargo, la riqueza analítica y la profundidad conceptual alcanzadas compensan esta limitación, ofreciendo claves de comprensión que pueden resultar transferibles a otros contextos de precariedad profesional en América Latina.

Por último, el rápido ritmo de cambio de la realidad cubana —especialmente en materia migratoria y económica— implica que algunos datos puedan quedar desactualizados rápidamente. Se ha procurado utilizar las fuentes más recientes disponibles (hasta 2025 y 2026 en algunos casos), pero es recomendable que futuras investigaciones actualicen periódicamente la evidencia empírica.

DESARROLLO:

Marco teórico – conceptual del presente estudio

La construcción social del conocimiento: fundamentos para una mirada CTS

El estudio de la situación de los profesionales cubanos contemporáneos requiere un andamiaje teórico que permita trascender las explicaciones puramente economicistas y adentrarse en las dimensiones simbólicas, políticas y existenciales que la metáfora de Ben Gunn ha ayudado a visibilizar. Los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (CTS) ofrecen precisamente ese entramado conceptual, al situar el conocimiento no como una entidad abstracta y descontextualizada, sino como una producción social atravesada por relaciones de poder, dinámicas institucionales y estructuras de legitimación (Kreimer, 2019).

Desde esta perspectiva, el conocimiento profesional no constituye un tesoro cuyo valor sea intrínseco y universalmente reconocible, sino un tipo particular de capital cuya capacidad de intercambio depende de las reglas de juego vigentes en cada campo social. Esta idea, desarrollada originalmente por Pierre Bourdieu, resulta fundamental para comprender la paradoja que articula la tesis central de este ensayo: ¿cómo es posible que años de formación especializada y acumulación de saberes no se traduzcan en condiciones dignas de vida ni en reconocimiento social efectivo?

Capital cultural y campo científico: la arquitectura teórica de Bourdieu

Para abordar la incógnita antes planteada, resulta indispensable detenerse en la noción de capital cultural acuñada por Bourdieu (2010a). El sociólogo francés aquí citado, propuso este concepto para dar cuenta de aquellos recursos simbólicos —conocimientos, credenciales educativas, disposiciones estéticas— que, al igual que el capital económico, pueden acumularse, transmitirse y, bajo ciertas condiciones, convertirse en ventajas sociales. El capital cultural adopta tres formas fundamentales: el estado incorporado, que se manifiesta en disposiciones duraderas del cuerpo y la mente; el estado objetivado, materializado en bienes culturales como libros u obras de arte; y el estado institucionalizado, objetivado en títulos académicos que confieren reconocimiento social (Bourdieu, 2010a, 2010b).

Esta última dimensión resulta particularmente relevante para el análisis propuesto. A efectos de la misma (Bourdieu, 2010a, 2010b), los títulos universitarios operan, como "credenciales" que certifican no solo competencias técnicas, sino también —y quizás fundamentalmente— una determinada posición en la estructura social. En contextos donde el mercado laboral funciona con relativa autonomía, estas credenciales habilitan trayectorias profesionales predecibles: a mayor capital escolar, mayores ingresos y reconocimiento. Sin embargo, como el propio Bourdieu advierte, esta conversión no opera de manera automática ni universal (el contexto importa), sino que depende de las reglas específicas que gobiernan cada campo.

El campo científico, en particular, constituye un espacio social regido por sus propias lógicas de acumulación y legitimación. No basta con poseer conocimiento; es necesario que ese conocimiento sea reconocido como valioso por las instituciones y agentes que detentan la autoridad para definir qué cuenta como saber legítimo. Kreimer (2019) ha desarrollado esta idea para el análisis de las periferias científicas, mostrando cómo la producción de conocimiento en contextos de asimetría estructural enfrenta desafíos específicos que no se reducen a la mera escasez de recursos (representación reduccionista de la compleja realidad), sino que involucran dinámicas complicadas de dependencia, subordinación y reconfiguración de las agendas de investigación.

La paradoja de la conversión: cuando el tesoro no encuentra mercado

Aplicado al caso cubano, este marco teórico permite formular con mayor exactitud la pregunta que guía al presente estudio de revisión, a saber: ¿qué sucede cuando las reglas de conversión del capital cultural en beneficios materiales y simbólicos se distorsionan o incluso se invierten? La hipótesis planteada sugiere una situación donde el título académico —esa credencial que en otros contextos abre puertas— se convierte, para una parte significativa de los profesionales, en un pasaporte hacia la precariedad antes que hacia el bienestar.

El concepto de precariedad laboral, definido por Campbell y Price (2016) como aquellas condiciones de empleo que combinan diversos niveles de inseguridad y desprotección, afectando el bienestar general de los trabajadores más allá del entorno laboral inmediato, adquiere aquí una dimensión específica. No se trata únicamente de salarios insuficientes —aunque ciertamente lo son, como documentan los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI, 2023) que sitúan el salario real muy por debajo del nominal—, sino de una precariedad que penetra todas las esferas de la existencia: el acceso al transporte, la calidad de la vivienda, de la alimentación, la posibilidad de mantener una apariencia digna y la capacidad de proyectar futuros tanto para el profesional como para su descendencia y familia en general.

Esta precariedad extendida, que afecta particularmente a los trabajadores asalariados del sector estatal (Mesa-Lago & Pérez-López, 2021), configura lo que Domínguez (2022) denomina una "economía moral de la precariedad": un entramado de significados, expectativas y estrategias de supervivencia que terminan por moldear la subjetividad de quienes la habitan. El profesional cubano aprende no solo a sobrevivir con un salario que no alcanza, sino a explicarse a sí mismo y a los demás por qué su tesoro de saberes no puede comprar “queso”.

Conocimiento y poder: la dimensión política del campo científico

Un segundo vector teórico, no menos relevante e igualmente necesario para comprender la complejidad del fenómeno, proviene de los análisis sobre las relaciones entre ciencia, Estado y regímenes autoritarios. La imbricación (no necesariamente insana) entre instituciones científicas y aparatos estatales no es, ciertamente, exclusiva de Cuba; en numerosos contextos, la producción de conocimiento ha estado históricamente vinculada a proyectos nacionales y a financiamientos públicos. Lo que distingue al caso cubano, como han señalado Núñez Jover y Macías (2020), es la profundidad de esa imbricación y su articulación con un sistema político que exige lealtades explícitas como condición para el acceso a recursos y posiciones.

Esta dinámica introduce un elemento que la teoría bourdieana del campo científico, desarrollada principalmente para contextos de democracias liberales, no termina de capturar; consistente en la politización explícita de los criterios de legitimidad académica, lo cual afecta y en ocasiones compromete tal legitimidad. No se trata únicamente de que existan mediaciones políticas en la asignación de recursos —eso ocurre en todos los sistemas de ciencia y tecnología—, sino de que la lealtad ideológica y la militancia en organizaciones designadas (Partido Comunista de Cuba, FAR, CTC, UJC, entre otras) operan como requisitos explícitos para el acceso a determinadas posiciones y oportunidades (Urrutia, 2023).

En este sentido, resulta pertinente recuperar la noción de "configuraciones científico-tecnológicas periféricas" propuesta por Kreimer (2019), que permite analizar las especificidades que adquiere la producción de conocimiento en contextos de asimetría estructural y fuerte intervención estatal. Estas configuraciones se caracterizan por la coexistencia de segmentos de excelencia internacional —como el sector biotecnológico cubano, estudiado por Lage (2020)— con vastas áreas de precariedad y subordinación a lógicas políticas que poco tienen que ver con criterios de mérito académico o con la propia ciencia.

Capital escolar y nobleza de Estado: la herencia como clave de lectura

Una de las contribuciones más sugerentes de Bourdieu para el análisis que aquí se propone es su reflexión sobre el papel del sistema escolar en la reproducción de las elites. El sociólogo francés utilizó la metáfora del "demonio de Maxwell" para explicar cómo la institución educativa opera seleccionando a los estudiantes dotados de capital cultural heredado y separándolos de aquellos que carecen de él, manteniendo así las diferencias sociales preexistentes (Bourdieu, 2010a, 2010b). Pero esta selección no es meramente técnica: mediante el concurso, el examen, la ceremonia de graduación, la escuela instituye una verdadera "ordenación", en el doble sentido de clasificación y consagración.

Los títulos académicos funcionan, desde esta perspectiva, como "títulos de nobleza" que legitiman el acceso a posiciones de poder. Bourdieu (2010a, 2010b) habla, en este contexto, de una "nobleza de Estado", entiéndase como tal a un cuerpo que se ha constituido simultáneamente con la formación del Estado moderno, y que detenta el monopolio legítimo del poder estatal precisamente en virtud de su capital escolar. Esta idea, desarrollada originalmente para Francia y Japón, adquiere una resonancia particular cuando se traslada al contexto cubano, donde la imbricación entre credenciales académicas y posiciones de poder ha sido históricamente significativa (García, 2018) y políticamente condicionada.

Sin embargo —y aquí emerge una de las tensiones más interesantes para el análisis—, el caso cubano contemporáneo parece caracterizarse por una progresiva devaluación del capital escolar en términos de su capacidad para garantizar acceso a posiciones de poder real o a condiciones materiales de existencia dignas. Quienes poseen títulos universitarios no necesariamente acceden a los circuitos de privilegio; de hecho, como muestra la evidencia empírica, muchos profesionales sobreviven en condiciones de precariedad comparable o incluso superior a la de trabajadores no calificados (Mesa-Lago & Pérez-López, 2021). El tesoro, podríamos decir siguiendo la metáfora stevensoniana, ha dejado de funcionar como moneda de cambio en la economía del reconocimiento social y en ocasiones parece más un lastre que una ventaja laboral y salarial.

Precariedad y agencia: estrategias de supervivencia en los márgenes

Frente a esta devaluación estructural, los profesionales despliegan un repertorio diverso de estrategias que los estudios sobre precariedad han comenzado a documentar. La noción de "trabajadores precarizados" acuñada por Campbell y Price (2016) resulta aquí pertinente, pues permite capturar no solo las condiciones objetivas de inseguridad laboral, sino también sus efectos subjetivos y las formas de agencia que emergen en respuesta a ellas.

En el caso cubano, estas estrategias adoptan formas específicas que Urrutia (2023) ha comenzado a cartografiar: la combinación de empleo estatal con emprendimientos informales; la participación en redes de intercambio y ayuda mutua; la emigración temporal o definitiva como vía para realizar el valor del propio conocimiento; la búsqueda de nichos en la "economía subterránea del saber" (clases privadas, asesorías, proyectos independientes, venta de trabajos científicos) que operan en los intersticios de la economía formal y que deforman el quehacer profesional del especialista y las relaciones que el mismo establece con sus empleadores formales e informales.

Estas estrategias, sin embargo, no deben leerse únicamente como respuestas adaptativas a condiciones adversas. Encarnan también formas de agencia que reconfiguran el sentido mismo del trabajo profesional y sus frutos, así como del conocimiento como patrimonio. El profesional que ofrece clases particulares en su domicilio, que asesora informalmente a pequeñas empresas privadas, que participa en redes transnacionales de colaboración académica desde su condición de emigrado, está haciendo algo más que sobrevivir: está generando nuevas posibilidades para que su tesoro de saberes pueda, finalmente, intercambiarse por algo, mientras transforma (en ocasiona deforma a un nivel práctico) los vínculos laborales que aún sostiene con las instituciones empleadoras formales que lo emplean legalmente.

Hacia un marco integrado para el análisis

Los desarrollos teóricos hasta aquí expuestos —la teoría bourdieana del capital cultural y el campo científico; los estudios CTS sobre configuraciones periféricas; el análisis de la precariedad laboral y sus efectos subjetivos; la reflexión sobre politización del conocimiento en contextos autoritarios— no constituyen compartimentos estancos, sino dimensiones de un mismo fenómeno que el presente estudio se propone abordar de manera integrada.

La pregunta de investigación —¿de qué manera la disociación entre el valor del conocimiento profesional acumulado y su capacidad de intercambio en contextos de restricción estructural y exigencia de lealtad política configura la identidad y las estrategias de los profesionales cubanos contemporáneos?— encuentra en este entramado conceptual las herramientas para ser abordada con rigor. La hipótesis planteada, que distingue entre quienes aceptan subordinar su saber a las exigencias de lealtad política y quienes se niegan a hacerlo, puede ser examinada a la luz de las categorías aquí desplegadas.

La noción de capital cultural permite comprender qué está en juego cuando un profesional decide (o se ve obligado a) poner su conocimiento al servicio de narrativas oficiales que contradicen las esencias de lo aprendido. El concepto de campo científico ilumina las dinámicas de poder que estructuran las oportunidades de reconocimiento y promoción. Los estudios sobre precariedad ofrecen herramientas para analizar las condiciones materiales de existencia que resultan de estas dinámicas. Y la reflexión sobre politización del conocimiento, en contextos autoritarios, sitúa el fenómeno en su especificidad histórica y política (Núñez Jover & Macías, 2020).

Queda, por supuesto, un interrogante que la teoría no puede resolver y que remite a la dimensión existencial del problema: ¿qué significa, para un sujeto formado en el rigor del pensamiento crítico, verse obligado a elegir entre la fidelidad a los principios epistémicos que constituyen su identidad profesional y la posibilidad de acceder a condiciones dignas de existencia? Esta pregunta, que la metáfora de Ben Gunn ayuda a formular con particular agudeza, excede los límites de cualquier marco conceptual, pero encuentra en él las mediaciones necesarias para ser planteada en términos que la investigación social pueda abordar.

Reflexiones Finales para un Marco Teórico y Conceptual

La economía política del saber: más allá de Bourdieu

El entramado teórico desplegado en las páginas anteriores permite formular una pregunta incómoda que la obra de Bourdieu, pese a su potencia analítica, no termina de responder: ¿qué ocurre cuando el campo científico deja de ser un espacio de relativa autonomía para convertirse en un apéndice del campo político? En contextos como el cubano, la noción misma de "campo" —ese espacio social con reglas propias, con formas específicas de capital y con agentes que compiten por su acumulación— parece desdibujarse hasta casi desaparecer. No hay campo científico, podría decirse, cuando la lealtad al partido pesa más que el número y calidad de las publicaciones o cuando tales textos se obtienen precisamente como efecto de la lealtad al partido, cuando la militancia decide el acceso a recursos y cuando el disenso epistemológico se trata como herejía política y es silenciado a cualquier precio.

Esta constatación lleva a una reflexión más profunda sobre la naturaleza del poder en contextos autoritarios. El régimen cubano no solo controla los medios de producción material —eso lo hace cualquier Estado, en mayor o menor medida— sino que aspira a controlar los medios de producción simbólica: la capacidad de definir qué cuenta como conocimiento válido, qué preguntas pueden formularse (y cuáles no), qué respuestas pueden publicarse (y cuáles serán silenciadas). El profesional que ha pasado años formándose en el rigor del pensamiento crítico descubre, al incorporarse al mundo laboral, que su principal herramienta —la capacidad de dudar, de contrastar, de cuestionar— se ha convertido en un obstáculo antes que en una ventaja.

La relación perversa del capital cultural y la plusvalía política

Resulta sugerente pensar, desde una perspectiva que dialogue con ciertas tradiciones del pensamiento crítico, que el régimen cubano ha desarrollado una forma peculiar de extracción de plusvalía que no opera sobre el trabajo físico —como en el capitalismo clásico— sino sobre el trabajo intelectual. El profesional formado con recursos del Estado (que a su vez provienen del trabajo de generaciones enteras) es luego insertado en un mercado laboral donde su salario no alcanza para reproducir su fuerza de trabajo, pero donde se espera que continúe produciendo conocimiento, formando nuevas generaciones, manteniendo los indicadores educativos y científicos que el régimen exhibe como logros.

Esta dinámica constituye una forma de expropiación del saber tan sistemática como silenciosa. El conocimiento producido por generaciones de profesionales cubanos —en universidades, centros de investigación, hospitales, escuelas— ha sido apropiado por un Estado que, a cambio, ofrece salarios de hambre, reconocimiento condicionado a la lealtad política y, para quienes disienten, el desempleo, la exclusión o el exilio. La pregunta que emerge es inevitable: ¿dónde está el beneficio de todo ese conocimiento acumulado? ¿Quién se ha enriquecido realmente con el tesoro que los profesionales cubanos llevan dentro?

La universidad como fábrica de súbditos

El marco teórico esbozado permite también una mirada crítica sobre el papel de la institución universitaria en la reproducción del orden establecido. Si seguimos a Bourdieu en su análisis de la educación como mecanismo de reproducción social, habría que preguntarse qué es exactamente lo que la universidad cubana reproduce hoy. La respuesta, quizás incómoda, apunta a la producción sistemática de sujetos formados en una contradicción insoluble: por un lado, se les enseña a pensar críticamente, a dominar métodos rigurosos, a valorar el conocimiento por sí mismo; por otro, se les inserta en un sistema donde esas habilidades resultan no solo inútiles sino potencialmente peligrosas para quien las ejerce con honestidad.

Esta contradicción genera lo que podría denominarse una "conciencia desgarrada": el profesional sabe que su saber vale, pero constata cada día que el sistema no se lo reconoce. Sabe que podría contribuir al desarrollo del país, pero descubre que las condiciones para esa contribución implican renuncias que atentan contra su integridad intelectual. Sabe que sus colegas en otros países viven de su trabajo, mientras él apenas sobrevive. Y esa conciencia desgarrada termina por manifestarse en formas de comunicación verbal intrincadamente codificadas, de comportamientos atípicos signados por la propia supervivencia, de relación con el mundo que, como el lenguaje de Ben Gunn, resultan extrañas para quienes no comparten su situación, para quienes ajenos a su realidad, para quienes no viven en su isla dentro de una isla.

La emigración como realización negativa del valor

Uno de los fenómenos que el marco teórico ayuda a iluminar es el de la emigración profesional masiva. Vista desde la perspectiva del capital cultural, la emigración constituye una forma de realización del valor del conocimiento, pero realizada negativamente: el profesional solo puede hacer que su tesoro empiece a “comprar queso” cuando abandona el territorio donde ese tesoro fue forjado. Es decir, el conocimiento acumulado durante años en Cuba solo adquiere capacidad de intercambio cuando cruza fronteras, cuando se ofrece en mercados laborales donde las reglas de conversión operan de manera muy diferente.

Esta dinámica tiene consecuencias devastadoras para el país, pero también para los propios profesionales. Quienes emigran descubren a menudo que su conocimiento, formado en condiciones muy específicas, requiere adaptaciones, reconversiones, a veces incluso devaluaciones. No todo el saber es transferible sin pérdidas. Y quienes se quedan deben construir explicaciones para su permanencia, justificaciones que a menudo adquieren la forma de una narrativa heroica —resistir a pesar de todo— o de una narrativa trágica —no tener más remedio que quedarse.

La plusvalía ideológica: el costo de la lealtad

Hay un aspecto adicional que merece ser destacado. El profesional que acepta el pacto de lealtad a cambio de acceso a recursos y posiciones no solo entrega su autonomía intelectual; entrega también algo que podría denominarse "plusvalía ideológica". Su mera presencia en instituciones oficiales, su participación en actos y ceremonias, su firma en documentos y publicaciones, todo eso contribuye a legitimar un sistema que, en rigor, lo está explotando. El profesional leal funciona como prueba viviente de que el régimen valora el conocimiento, de que es posible desarrollarse dentro de sus reglas, de que quienes critican desde fuera exageran o mienten.

Esta función legitimadora tiene un valor incalculable para el sostenimiento del orden establecido. Permite al régimen presentar indicadores educativos y científicos como evidencia de su preocupación por el desarrollo, mientras oculta las condiciones reales en que esos indicadores se producen. Permite decir "tenemos médicos, tenemos científicos, tenemos profesionales" sin añadir que esos mismos médicos ganan salarios que no les permiten alimentarse adecuadamente, que esos científicos carecen de recursos para investigar, que esos profesionales sobreviven gracias a estrategias informales que el sistema tolera, pero que no reconoce y que incluso castiga en determinadas circunstancias.

La pregunta por la agencia: ¿resistencia o supervivencia?

Frente a este panorama, el marco teórico obliga a formular preguntas que conducen al razonamiento y que no disponen de fáciles respuestas: ¿dónde situar la agencia de los profesionales cubanos? ¿En las estrategias informales de supervivencia, en la emigración, en la resistencia silenciosa que consiste en mantener viva la capacidad de pensar críticamente aunque no pueda ejercerse públicamente? ¿O acaso la noción misma de agencia, heredada de ciertas tradiciones sociológicas, resulta inadecuada para capturar la experiencia de quienes viven en contextos donde las posibilidades de acción están tan severamente restringidas y políticamente condicionadas?

Quizás lo que el caso cubano revela es la necesidad de pensar la agencia en términos más modestos, más cotidianos, más ligados a la supervivencia que a la transformación. El profesional que logra mantener su dignidad, que no traiciona lo aprendido, que transmite a sus estudiantes una mirada crítica aunque sea en privado, que aprovecha los intersticios del sistema para ejercer su oficio con honestidad, está haciendo algo más que sobrevivir: está preservando, en condiciones de franca adversidad, la posibilidad misma de un ejercicio profesional auténtico. No es poca cosa, aunque desde fuera pueda parecer insuficiente, probablemente sea esta la única posible respuesta, el único camino a seguir.

El tesoro como condena

Volviendo a la metáfora que ha guiado al presente ensayo, cabe preguntarse si el tesoro de Ben Gunn no era, en última instancia, una condena tanto como una posesión. El pirata pasó tres años en la isla porque no podía trasladar su oro ni gastarlo; si no hubiera tenido ese tesoro, quizás habría construido una balsa antes, quizás habría intentado sobrevivir de otra manera, quizás habría sido rescatado antes o habría muerto, pero al menos no habría vivido esa larga espera absurda, rodeado de riquezas que no podía usar de la forma más convencional y conveniente.

Algo de esa condena atraviesa la experiencia del profesional cubano contemporáneo. El conocimiento que posee no solo no le sirve para vivir dignamente, sino que lo ata a expectativas, a frustraciones, a una relación con el mundo marcada por la distancia entre lo que sabe y lo que puede hacer con lo que sabe. Hay profesionales que han optado por olvidar, por abandonar sus disciplinas, por dedicarse a oficios que nada tienen que ver con su formación, precisamente para liberarse de esa condena. Otros han decidido emigrar, llevándose el tesoro a tierras donde pueda gastarse. Otros, finalmente, permanecen, y en su permanencia encarnan la pregunta que este ensayo no puede responder pero sí formular con claridad: ¿cómo se vive con un tesoro que no puede gastarse, en una isla de la que no se puede salir sin pagar el precio de la propia dignidad, a menos que se reciba una poderosa ayuda externa?

Más allá del marco: lo que la teoría no puede nombrar

Finalmente, una reflexión sobre los límites de cualquier marco teórico. Los conceptos de Bourdieu, Kreimer, Campbell y Price ayudan a analizar, a descomponer, a comprender. Pero hay dimensiones de la experiencia que se resisten a la captura conceptual. El desgaste de vivir años con la misma ropa remendada, la humillación de no poder comprar un medicamento para un familiar que tanto lo necesita, la rabia contenida ante un discurso oficial que habla de logros mientras uno apenas puede llegar a fin de mes, el miedo a expresar lo que se piensa, la soledad de quien disiente en un entorno donde la disidencia se paga cara: todo eso excede lo que cualquier teoría puede nombrar.

La literatura, en cambio, puede nombrarlo. Por eso la metáfora de Ben Gunn resulta tan poderosa: porque captura no solo la estructura de la situación —el tesoro inútil— sino su textura existencial —la soledad, el deterioro, la obsesión con el queso, el lenguaje extraño, la espera interminable. El profesional cubano que lee esa historia reconoce algo más que un paralelismo sociológico; reconoce una experiencia, un sentir, una forma de estar en el mundo que las estadísticas y los conceptos apenas pueden insinuar.

Y quizás esa sea la contribución más valiosa del presente esfuerzo teórico: no tanto explicar la realidad como crear las condiciones para que pueda ser nombrada con honestidad. Porque nombrar lo que duele, lo que humilla, lo que desgarra, es ya una forma de resistencia. Es negarse a aceptar que el silencio sea la única respuesta posible. Es decir, contra todo pronóstico, que el tesoro existe, que vale, que merecía mejor suerte que la de pudrirse en una isla bajo el infame dominio de un gobierno incapaz de distinguir el oro del plomo.

La brecha estructural entre formación y condiciones materiales

El punto de partida para comprender la situación del profesional cubano contemporáneo exige situar la magnitud de la disociación entre el capital académico acumulado y las condiciones materiales en que ese capital debe ejercerse. Los indicadores educativos cubanos, ciertamente, han sido durante décadas motivo de reconocimiento internacional. Un estudio de la UNESCO realizado en 2006 ya situaba a los niños cubanos en las posiciones más destacadas de la región en matemáticas y ciencias (Physics Today, 2018). Esta tradición formativa, sostenida a lo largo de los años, ha producido una masa crítica de profesionales que, en términos puramente cuantitativos, sitúa a Cuba en una posición privilegiada dentro de América Latina.

Sin embargo, la distancia entre ese capital humano y las condiciones imprescindibles para su ejercicio efectivo no ha dejado de ensancharse. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) citados por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (2025), el salario medio en el sector estatal durante el primer semestre de 2025 alcanzó los 6,649 pesos cubanos, una cifra que, al tipo de cambio informal, resulta dramáticamente insuficiente para cubrir necesidades básicas. El mismo informe señala que una pareja necesita aproximadamente 42,000 pesos mensuales para acceder a una dieta "mínimamente saludable", lo que significa que el 76% de las familias cubanas percibe ingresos inferiores a ese umbral. La precariedad, en este contexto, no es una experiencia marginal sino la condición mayoritaria de existencia en la Isla.

La doctora María Luisa Zamora Rodríguez, directora de Potencial Científico y Tecnológico del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), reconocía en una entrevista de 2024 la existencia de "una dinámica decreciente en lo referido a la categorización científica por organismos y sectores", así como "algunas condiciones desfavorables prevalecientes, como, por ejemplo, la migración externa y hacia otros sectores del personal joven, que han condicionado que se cuente con un recurso humano envejecido en su generalidad" (Zamora Rodríguez, 2024). Lo relevante de esta declaración, publicada en el órgano oficial del Partido Comunista, es que admite institucionalmente lo que las cifras independientes confirman: el sistema científico cubano enfrenta una crisis de reproducción que amenaza su sostenibilidad.

Esta crisis no afecta por igual a todos los sectores. Como señala Lage (2020), la biotecnología cubana ha logrado mantener estándares internacionales y generar ingresos por exportaciones, constituyendo un enclave de excelencia en medio de la precariedad generalizada. Sin embargo, para la mayoría de los profesionales —educadores, investigadores en ciencias sociales, ingenieros no vinculados a polos exportadores, médicos de atención primaria— la realidad cotidiana está marcada por lo que Domínguez (2022) denomina "economía moral de la precariedad": un entramado de significados y estrategias que se teje en torno a la experiencia de poseer un saber que el sistema no recompensa.

Las estrategias de supervivencia: entre la emigración, la informalidad y la doble jornada

Ante esta disociación estructural, los profesionales cubanos han desplegado un repertorio diverso de estrategias que la investigación reciente ha comenzado a documentar. La más visible, sin duda, es la emigración. Entre 2018 y 2023, se estima que más de 300,000 cubanos con educación superior abandonaron el país (Aja Díaz et al., 2023). Un informe de 2025 del Observatorio Cubano de Derechos Humanos eleva la cifra de manera indirecta al señalar que el 79% de las familias cubanas desea emigrar o conoce a alguien que lo desea, siendo los jóvenes de 18 a 30 años (76%) y de 31 a 45 años (61%) los grupos con mayor intención migratoria. El 34% de los encuestados manifestó disposición a ir a "cualquier sitio adonde pueda salir" (Observatorio Cubano de Derechos Humanos, 2025), dato que revela hasta qué punto la salida del país se ha convertido en una prioridad existencial antes que en un proyecto profesional meditado.

Quienes permanecen, sin embargo, no permanecen inactivos. La combinación de empleo estatal con actividades informales se ha generalizado hasta convertirse en la norma más que en la excepción. Según la Encuesta Nacional de Ocupación realizada por la ONEI en 2024 y divulgada en julio de 2025, el 20.1% de los ocupados en Cuba se encontraba en situación de informalidad laboral (Oficina Nacional de Estadística e Información, 2025). El vicejefe de la ONEI, Juan Carlos Alfonso, calificó esta cifra como preocupante: "En un país como el nuestro, eso no debe ser, pero sucede" (citado en IPS Cuba, 2025). La declaración es reveladora porque admite que la informalidad contradice el modelo teórico, pero también porque sitúa el fenómeno como algo "que sucede" sin que el Estado haya logrado evitarlo.

Las motivaciones para ingresar en la economía informal son complejas. Una estudiante universitaria de La Habana entrevistada por IPS Cuba relataba que trabajaba como gestora de redes sociales sin contrato, habiendo pasado antes por un empleo de productora en un negocio de eventos donde sufrió "explotación laboral y situaciones de abuso de poder" (citada en IPS Cuba, 2025). Su testimonio revela una dimensión frecuentemente omitida en los análisis macroeconómicos: la precariedad tiene rostro, tiene género y tiene costos psicológicos. "Tenía una carga mental bastante fuerte. Me desmayaba constantemente", confesaba la joven, visibilizando el impacto subjetivo de condiciones laborales que el sistema no regula ni protege.

Las contradicciones del sistema de incentivos

El Estado cubano ha mostrado, al menos en el plano discursivo (narrativa oficialista), cierta inquietud por esta situación. La implementación del Sistema de Gestión de Gobierno basado en Ciencia e Innovación, impulsado personalmente por el Presidente Miguel Díaz-Canel, busca revertir la dinámica decreciente y conectar más eficazmente la ciencia con la economía (Zamora Rodríguez, 2024). También se ha trabajado en el diseño de un Sistema Nacional de Investigadores y Tecnólogos, cuyo objetivo declarado es "estimular la conversión intensiva y acelerada de los resultados de la ciencia, la tecnología y la innovación en productos, procesos y servicios de alto impacto económico y social" (Zamora Rodríguez, 2024).

Sin embargo, la distancia entre estos diseños institucionales y su aplicación efectiva revela contradicciones profundas. El Decreto Ley 34 de 2021 estableció, en su Capítulo I, la posibilidad de pagos por alto desempeño para trabajadores que realizaran contribuciones excepcionales. No obstante, un análisis realizado en la Provincia de Matanzas a mediados de 2025 constató que este concepto solo se había aplicado en tres entidades de las 57 que distribuyeron utilidades, perdiendo así la oportunidad de reconocer económicamente a quienes lo merecían (Trabajadores, 2025). El director de una empresa importante, consultado sobre esta omisión, insistió en que "nadie puede obligarlo a recurrir a esa opción" (citado en Trabajadores, 2025), revelando hasta qué punto la discrecionalidad gerencial puede bloquear mecanismos diseñados para incentivar la productividad.

El sindicalista independiente Iván Hernández Carrillo ofrece una perspectiva complementaria al señalar que "los incrementos salariales y de pensiones fueron insuficientes frente a la inflación galopante, además de la pérdida de poder adquisitivo" (citado en Martí Noticias, 2026). Un indicador particularmente revelador, en su opinión, es "el deseo de emigrar y los bajos salarios que no alcanzan para vivir", que estarían configurando "un proceso sostenido de desincentivo laboral" (citado en Martí Noticias, 2026). Cuando trabajar más o trabajar mejor no se traduce en mejoras significativas en la calidad de vida, la motivación para el desempeño excelente se erosiona inevitablemente.

Esta erosión tiene consecuencias que trascienden lo individual. La III Encuesta Nacional de Innovación, cuyos resultados fueron comentados por Zamora Rodríguez (2024), identificó como principales obstáculos para el desempeño innovador "la insuficiente capacitación y entrenamiento tecnológico de la fuerza laboral, la falta de personal calificado, la limitada infraestructura para la innovación —identificado como el más importante por el 46% de los consultados— y la poca vinculación tecnológica con otras entidades". Las tres encuestas realizadas entre 1997 y 2017 coinciden en que las innovaciones empresariales obedecen mayoritariamente a iniciativa propia de las empresas, mientras que las provenientes de centros de investigación y universidades mantienen niveles "considerablemente bajos" (Zamora Rodríguez, 2024). La desconexión entre generación de conocimiento y producción de bienes y servicios, lejos de corregirse, parece haberse cronificado.

El impacto subjetivo: la ciencia como cultura en peligro

Más allá de los indicadores cuantitativos, la crisis afecta dimensiones subjetivas que las estadísticas no capturan. La física teórica Aurora Pérez Martínez, del Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF) de La Habana, planteaba en 2018 una reflexión inquietante: "La ciencia es una parte importante de la cultura, como la ópera, como el ballet. Pero las autoridades preguntan por qué trabajamos en algo si no se aplica. Quieren neutrinos en un plato. Pero el ballet no necesita aplicaciones" (citada en Physics Today, 2018). La comparación es reveladora porque sitúa al conocimiento como valor cultural antes que como mero insumo productivo, y porque denuncia la miopía de una concepción puramente instrumental de la ciencia.

Pérez añadía un diagnóstico aún más sombrío: "Cuba tiene un capital humano tremendo, pero el país se está echando a perder. La gente se va buscando mejores oportunidades" (citada en Physics Today, 2018). Sus palabras, pronunciadas hace casi una década, adquieren hoy una actualidad dramática. En los últimos veinte años, según datos recogidos por la misma publicación, ochenta graduados de física abandonaron el país para cursar maestrías o doctorados en el extranjero. "Casi ninguno ha regresado" (Physics Today, 2018). La tendencia, lejos de revertirse, se ha intensificado con el agravamiento de la crisis.

María Sánchez Colina, física de la Universidad de La Habana y presidenta de la Sociedad Cubana de Física, ofrecía una perspectiva estoica pero no por ello menos reveladora: "A pesar de todas las dificultades, la gente encuentra formas de hacer su investigación, sobre todo siendo muy creativa" (citada en Physics Today, 2018). Esta creatividad, sin embargo, tiene límites. La física teórica puede practicarse con lápiz y papel, pero otras disciplinas requieren equipamiento, reactivos, acceso a literatura actualizada. Y el bloqueo estadounidense, unido a las restricciones financieras internas, dificulta severamente ese acceso. Como señala un reporte de la Agencia Cubana de Noticias (2022), "las limitaciones para acceder a bases de datos en línea registradas en Estados Unidos relacionadas con innovación tecnológica, biotecnología, oncología y nanotecnología" obstaculizan la consulta de literatura actualizada y el intercambio con entidades de otros países.

Owen Fernández Piedra, teórico especializado en supergravedad y único investigador en física de la Universidad de Cienfuegos, relataba una experiencia cotidiana de frustración: cuando se agota la cuota semanal de internet, "ya no tenemos acceso". "Buscar información, intercambiar con colegas de otras partes del mundo, acceder a páginas web, descargar artículos y libros de algunos megabytes y subir trabajos" se convierte en una odisea (citado en Physics Today, 2018). En estas condiciones, mantenerse al día en la frontera del conocimiento resulta hercúleo.

La dimensión política: lealtad, exclusión y disidencia

El marco teórico de Bourdieu, desarrollado en el apartado anterior, encuentra aquí su aplicación más concreta. Si el campo científico cubano opera con reglas donde la lealtad política constituye un criterio determinante para el acceso a recursos y posiciones, entonces quienes no suscriben ese pacto enfrentan una exclusión que no es meramente económica sino estructural. La investigación de Urrutia (2023) documenta cómo la militancia en organizaciones designadas —Partido Comunista de Cuba, FAR, CTC— se convierte en requisito implícito o explícito para acceder a posiciones de responsabilidad, cursos de superación, oportunidades de publicación o participación en eventos internacionales. Aunque tal requisito se torna necesario en la Cuba actual, tan solo para ser tenido en cuenta, tan solo para tener una voz que se escuche hacia el interior de las empresas, entidades o instituciones cubanas radicadas en el territorio.

Esta dinámica genera una paradoja adicional: el profesional que se niega a la sumisión política no solo ve bloqueado su acceso a recursos materiales, sino que experimenta una forma de aislamiento que la metáfora de Ben Gunn ayuda a comprender. Como el pirata de Stevenson, desarrolla un lenguaje propio, una forma de estar en el mundo moldeada por la exclusión. Aprende a medir sus palabras, a detectar micrófonos, a identificar a quién puede hablar con honestidad y qué es lo que, en cada escenario, resulta prudente callar, para sobrevivir. Su discurso, para quien no comparte su situación, puede resultar extraño, desconcertante, incluso paranoico. Pero esa extrañeza es precisamente la marca de una subjetividad forjada en la resistencia cotidiana.

La Asociación Sindical Independiente de Cuba, en su informe sobre la situación laboral de 2025, documentaba cómo "los continuos cortes de electricidad afectaron gravemente la productividad, obligaron a jornadas extendidas y acrecentaron los riesgos en centros laborales, a la vez que impusieron el cierre de servicios esenciales como escuelas y transporte y de negocios privados" (citado en Martí Noticias, 2026). La interrupción del funcionamiento de iniciativas privadas, añade el informe, "dejó a cientos de trabajadores sin ingresos en un escenario donde los salarios estatales están deprimidos y hay pocas alternativas laborales". La medida, concluye, "evidenció el carácter condicionado y reversible de la tolerancia estatal hacia el sector privado" (citado en Martí Noticias, 2026).

Este carácter condicionado y reversible es, quizás, la clave para entender la especificidad del caso cubano. No se trata únicamente de que el Estado no pueda —por restricciones objetivas— remunerar adecuadamente a sus profesionales. Se trata, más profundamente, de que el conocimiento, por su propia naturaleza, tiende a generar pensamiento autónomo, capacidad crítica, discernimiento e incluso (en algunos casos) tendencias contestatarias muy incómodas. Y un régimen que exige lealtad incondicional no puede tolerar esa autonomía sin domesticarla. De ahí que la exigencia de sumisión política opere como filtro: quienes aceptan el pacto obtienen un reconocimiento limitado pero real; quienes lo rechazan son relegados a los márgenes, donde su tesoro de saberes se vuelve, como el de Ben Gunn, funcionalmente inútil.

Reflexiones al filo de la navaja

Llegados a este punto, conviene ensayar una reflexión que, sin abandonar el rigor analítico, se atreva a formular preguntas incómodas. La primera de ellas atañe a la naturaleza misma del conocimiento en contextos autoritarios. ¿Puede hablarse de ciencia —en el sentido fuerte del término, como búsqueda desinteresada de verdad— cuando las condiciones de su producción están tan severamente condicionadas por el poder político? La respuesta no es obvia. Por un lado, los científicos cubanos han demostrado capacidad para producir investigación de calidad, incluso en condiciones extremas. El desarrollo de vacunas, la creatividad para sortear carencias, la perseverancia de quienes continúan investigando a pesar de todo, merecen reconocimiento. Pero por otro lado, la ciencia que no puede publicar libremente, que no puede debatir sin cortapisas, que no puede formar discípulos sin someterlos a filtros ideológicos, es una ciencia mutilada.

La segunda pregunta se refiere a la responsabilidad del Estado. Cuando un médico gana lo mismo que un trabajador no calificado, cuando un investigador debe sobrevivir gracias a actividades informales, o a donaciones de sus familiares (o amigos) en el exterior, cuando un profesor universitario ve cómo sus estudiantes abandonan la carrera porque la vocación no paga el “queso”, ¿no está el Estado incurriendo en una forma de expropiación del saber tan sistemática como silenciosa? El conocimiento de esos profesionales fue formado con recursos públicos, con el trabajo de generaciones enteras. Luego, cuando está listo para ser ejercido, el mismo Estado que lo formó le niega las condiciones para su ejercicio digno. El resultado es una paradoja trágica: el tesoro más valioso que posee el país —su capital humano— se convierte en una carga para quienes lo portan y en una pérdida para la nación cuando emigran.

La tercera pregunta apunta al futuro. Los datos sobre intención migratoria juvenil, sobre informalidad laboral, sobre envejecimiento de la comunidad científica, dibujan un panorama sombrío. Si las tendencias actuales se mantienen, ¿qué quedará del sistema científico cubano en una década? ¿Quién enseñará en las universidades? ¿Quién investigará en los centros? ¿Quién mantendrá viva la tradición de excelencia que tanto costó construir? Las autoridades reconocen el problema, diseñan políticas, crean sistemas de incentivos. Pero mientras el salario no alcance para vivir, mientras la lealtad política pese más que el mérito académico, mientras la emigración siga siendo la principal estrategia de realización profesional, cualquier política será papel mojado.

Quizás, como sugiere la metáfora de Ben Gunn, el problema no sea solo económico sino existencial. El profesional cubano contemporáneo, como el pirata de Stevenson, ha pasado años en una isla donde su tesoro no sirve para nada. Ha visto cómo su ropa se desgasta, cómo su lenguaje se vuelve extraño, cómo su obsesión por el queso —por lo más elemental— ocupa un espacio desproporcionado en su conciencia. Ha aprendido a sobrevivir, a ingeniárselas, a resistir. Pero la pregunta que late en el fondo de su experiencia es la misma que atormentaba a Ben Gunn: ¿llegará algún día el barco? ¿Habrá rescate posible? ¿O el tesoro está condenado a pudrirse en la isla, junto con quien lo posee?

No hay respuesta fácil. Pero formular la pregunta con honestidad es ya un paso. Porque nombrar lo que duele, lo que humilla, lo que desgarra, es negarse a aceptar que el silencio sea la única respuesta posible. Y en un contexto donde el silencio se ha convertido en condición de supervivencia, nombrar es ya una forma de resistencia.

Reflexiones finales de un autor atrapado: La voz del naufrago

La paradoja de la formación como condena: Recorrer el cuerpo central del presente ensayo deja una impresión que los datos y las cifras, por sí mismos, no logran transmitir del todo y que consiste en la sensación de que la formación profesional, en el contexto cubano contemporáneo, ha devenido para muchos una forma de condena antes que de liberación. Los jóvenes que ingresan a la universidad lo hacen, en la mayoría de los casos, con la expectativa legítima de que el conocimiento abrirá puertas, garantizará un futuro, permitirá una vida digna, o tan solo lo hacen para colgar sus títulos en una pared de sus casas como “motivo de orgullo para mamá y papá”. Lo que encuentran al egresar es un mundo donde ese conocimiento, lejos de ser la llave que algunos esperaban, se convierte en un obstáculo para acceder a los circuitos donde las cosas realmente funcionan. El taxista que estudió ingeniería, la camarera que fue profesora hasta que ya no lo soportó más, el albañil que tiene un doctorado, el ingeniero hidráulico que abandonó incluso cargos de dirección para trabajar en una MiPyMe: no son casos extremos ni excepciones anecdóticas. Son la manifestación creciente y visible de una dinámica estructural que ha invertido por completo la relación entre saber y bienestar.

Esta inversión tiene algo de perverso que conviene nombrar con claridad. En cualquier sociedad medianamente organizada, la adquisición de conocimientos especializados constituye una inversión de futuro: se sacrifican años de esfuerzo, se renuncia a ingresos inmediatos, se acumula deuda —familiar, social, consigo mismo— con la esperanza de que, una vez obtenido el título, el retorno compense lo invertido. En Cuba, ese cálculo se ha roto. Los años de estudio no solo no garantizan un retorno, sino que a menudo significan haber desperdiciado tiempo que podría haberse dedicado a aprender oficios más lucrativos, a establecer contactos en el sector informal, a emigrar antes de quedar atrapado por compromisos familiares o profesionales. La universidad, vista desde esta perspectiva, se convierte en una trampa: cuanto más se estudia, más se profundiza en una especialización que el mercado —si es que puede hablarse de mercado en estas condiciones— no recompensa.

El silencio como síntoma y como estrategia

Hay un aspecto que los informes técnicos y las estadísticas oficiales rara vez capturan, y que sin embargo atraviesa como un fantasma cada una de las entrevistas, cada uno de los testimonios citados en estas páginas. Me refiero al silencio. No al silencio como ausencia de palabra, sino al silencio como forma de lenguaje, como estrategia de supervivencia, como marca indeleble de una subjetividad forjada en la desconfianza. El profesional cubano aprende, muy pronto, que hay cosas que no pueden decirse en voz alta.

Este silencio tiene consecuencias que van más allá de lo individual. Cuando una comunidad entera de profesionales aprende a callar lo que piensa, cuando la conversación pública se vacía de contenido crítico, cuando las aulas se convierten en espacios donde se repite solo lo que debe reiterarse mientras lo que realmente importa se discute en voz baja en las casas, entonces la propia noción de comunidad científica se erosiona. Porque una comunidad científica no es solo un conjunto de personas que poseen conocimientos especializados; es también un espacio de intercambio, de debate, de confrontación de ideas. Cuando ese intercambio se vuelve imposible —o posible solo en los márgenes, solo entre quienes se ha establecido una confianza que puede tardar años en construirse—, la ciencia misma se mutila. No es casual que tantos investigadores cubanos citados en estas páginas hablen de aislamiento, de soledad, de isla dentro de la isla y de dificultades para mantenerse al día. El aislamiento no es solo geográfico o tecnológico; es, fundamentalmente, político.

La emigración como crítica silenciosa

Hay otro fenómeno que conviene examinar con detenimiento, porque sus implicaciones van mucho más allá de lo que los análisis superficiales suelen reconocer. Me refiero a la emigración profesional masiva. Vista desde cierta perspectiva, la emigración es una tragedia nacional: representa la pérdida de capital humano formado durante años con recursos públicos, la desinversión más absurda que pueda imaginarse. Pero vista desde otra perspectiva, la emigración es también una forma de crítica, acaso la más elocuente de todas. Cuando cientos de miles de profesionales —los mejor formados, los más jóvenes, los más emprendedores— deciden abandonar el país, están emitiendo un juicio sobre la realidad que los rodea. No lo hacen mediante manifiestos, ni mediante declaraciones públicas, ni mediante actos de protesta. Lo hacen con los pies. Y ese voto silencioso, ese plebiscito cotidiano que se consuma cada vez que un profesional hace las maletas y se marcha, es quizás la condena más dura que pueda formularse contra un sistema.

Los datos sobre intención migratoria recogidos en estas páginas son elocuentes: tres de cada cuatro jóvenes desea emigrar; uno de cada tres está dispuesto a ir a cualquier sitio, sin importar dónde. Detrás de esas cifras hay algo más que deseo de mejorar ingresos o acceder a mejores condiciones laborales. Hay un diagnóstico sobre el presente y una renuncia al futuro. El joven profesional que quiere irse a cualquier parte está diciendo, en el fondo, que no hay nada en su país que lo rete, que lo motive, que le ofrezca un horizonte. Está diciendo que el tesoro que lleva dentro solo podrá gastarse en otra parte. Y esa constatación, generalizada hasta convertirse en sentido común de toda una generación, es quizás el síntoma más alarmante de la crisis que este ensayo ha intentado describir.

La doble vida del profesional que se queda

Quienes no emigran —por las razones que sean: compromisos familiares, miedo, falta de oportunidades, esperanza en que algo cambie o una rara amalgama de todos estos factores— desarrollan formas de existencia que merecen un análisis detenido. El profesional que permanece en Cuba aprende a llevar una doble vida. Por un lado, está su vida oficial: el empleo en la universidad, en el centro de investigación, en el hospital, donde se le paga un salario que no alcanza y se le exige una lealtad que no siente. Por otro lado, está su vida real: las clases particulares, los trabajos informales, las asesorías a pequeñas empresas privadas, las actividades que realmente le permiten llegar a fin de mes. Esta doble vida no es solo una estrategia económica; es también una estrategia psicológica, una forma de mantener viva la propia identidad frente a un sistema que sistemáticamente la niega.

El profesor que dicta sus clases con el manual oficial mientras por las tardes enseña lo que realmente piensa a unos pocos alumnos de confianza. El investigador que publica en revistas locales lo que debe publicar mientras guarda en un cajón sus verdaderos trabajos, a la espera de poder enviarlos al extranjero. El médico que atiende en la consulta estatal mientras por las noches visita pacientes privados que le pagan en divisas o con viandas, o con un frasco de aceite de comer. Todos ellos habitan una realidad escindida, y esa escisión tiene un costo. El desgaste de vivir permanentemente en dos mundos, de calcular constantemente qué puede decirse y qué debe ocultarse, de mantener una fachada que contradice lo que se piensa, termina por moldear el carácter, por agrietar la identidad, por producir esa sensación de extrañeza que tantos testimonios reflejan.

La responsabilidad del Estado y la pregunta por el futuro

Llegados a este punto, resulta inevitable formular una pregunta que los análisis académicos suelen eludir por temor a parecer panfletarios, pero que la evidencia empírica obliga a plantear: ¿no es el Estado cubano, con sus políticas salariales, con sus exigencias de lealtad política, con su control sobre los espacios de producción y circulación del conocimiento, el principal responsable de esta situación? Los datos son tozudos. Cuando un médico gana lo mismo que un trabajador no calificado, cuando un investigador debe sobrevivir gracias a actividades informales, cuando un profesor universitario ve cómo sus estudiantes abandonan la carrera porque la vocación no paga el “queso”, hay una responsabilidad que no puede diluirse en factores externos —el bloqueo, la crisis internacional, la herencia colonial— por muy reales que estos sean. El profesor se pregunta cuál será su propia cuota de responsabilidad y hasta qué punto lo que hace y dice en la esfera pública contribuye a que este actual estado de cosas se sostenga (de forma agónica y dolorosa) por aún más tiempo; solo quien ha sufrido en carne propia el dolor que la respuesta a esta pregunta puede causar podrá aquilatar el daño psicológico que hierve en las venas y en la piel de quien se autointerroga.

El Estado cubano ha hecho, históricamente, una apuesta muy clara por la educación y por la ciencia. Esa apuesta ha dado frutos reconocidos internacionalmente. Pero una política educativa no puede limitarse a formar profesionales; tiene que crear también las condiciones para que esos profesionales puedan ejercer su oficio con dignidad. Cuando esas condiciones no existen, la política educativa se convierte en una fábrica de frustrados, en una máquina de producir candidatos a la emigración. Y en ese punto, la responsabilidad del Estado es directa e ineludible.

El tesoro, la isla y el queso: una última vuelta a la metáfora

El autor del presente ensayo ruega encarecidamente que le permitan terminar con una última vuelta a la metáfora que ha guiado este ensayo. Ben Gunn, recordémoslo, pasó tres años en la isla. Tres años viendo cómo su tesoro no podía comprarle ni un pedazo de queso. Tres años viendo cómo su ropa se desgastaba, cómo su lenguaje se volvía extraño, cómo su humanidad misma se deterioraba en la soledad y la privación. Cuando finalmente es rescatado, cuando puede gastar su oro, lo hace de manera impulsiva, desordenada, casi patológica. En diecinueve días dilapida mil libras. El aislamiento había distorsionado su capacidad para relacionarse con la abundancia.

Algo de esa distorsión asoma en los profesionales cubanos que logran emigrar y se enfrentan a mercados laborales donde su conocimiento sí puede intercambiarse (“comprar queso” para él y su familia aún en la isla). Algunos se adaptan, revalidan títulos, aprenden nuevos idiomas, reconstruyen sus carreras. Otros, sin embargo, muestran secuelas de la larga espera: dificultades para administrar ingresos que antes eran impensables, relaciones complicadas con el consumo, una cierta extrañeza ante mundos donde el mérito académico realmente abre puertas. La isla deja marcas que no siempre se borran al abandonarla. Para solo ilustrarlo con un ejemplo: algunos cubanos prorrumpen en llanto cuando se ven rodeados de productos, otrora inalcanzables, en medio de un supermercado en otro país cualquiera.

Y quienes se quedan, quienes continúan en la isla con su tesoro inútil, enfrentan la pregunta más dura: ¿cómo preservar el conocimiento sin venderse, y sin que se pudra por falta de uso? Algunos encuentran formas de ejercer su profesión en los márgenes, en espacios no oficiales, en la economía subterránea del saber. Otros simplemente sobreviven, viendo cómo su conocimiento se vuelve arqueológico, un fósil de lo que pudieron haber sido. Otros, finalmente, deciden olvidar, abandonar sus disciplinas, dedicarse a oficios que nada tienen que ver con su formación, precisamente para liberarse de esa condena.

No hay final feliz en ninguna de estas historias. El autor del presente ensayo es el primero en reconocer su imposibilidad para ofrecer consuelo ante un escenario tan Dantesco, sino en nombrar lo que duele con la mayor honestidad posible, en medio de sus propias lágrimas. Porque nombrarlo, a veces, es el primer paso para no aceptarlo como destino. Y en un contexto donde el silencio se ha convertido en condición de supervivencia, nombrar es ya una forma de resistencia. El tesoro existe, vale, merecía mejor suerte que la de pudrirse en una isla donde muchos “poderosos” han demostrado su incapacidad para distinguir el oro del plomo. Pero mientras haya quien lo nombre, quien lo recuerde , el tesoro seguirá vivo. Y mientras el tesoro siga con vida, quizás —solo quizás— el barco salvador tenga tiempo para llegar todavía.

CONCLUSIONES

El recorrido analítico desplegado a lo largo de estas páginas permite formular una conclusión que, lejos de ofrecer respuestas simples, aspira a nombrar con la mayor precisión posible la complejidad del fenómeno abordado. La situación del profesional cubano contemporáneo, tal como ha sido examinada a la luz de la metáfora de Ben Gunn y de los desarrollos teóricos de los estudios sociales de la ciencia, revela una paradoja estructural que no admite resoluciones sencillas: el conocimiento acumulado mediante años de formación especializada, ese tesoro que debería constituir la principal garantía de bienestar y realización personal, se ha convertido para muchos en una carga, en un obstáculo, en una condena a habitar los márgenes de un sistema que sistemáticamente desvaloriza lo que ellos más valoran. La disociación entre el mérito académico y la capacidad de intercambio de ese mérito por condiciones dignas de existencia no es un fenómeno coyuntural ni una desviación corregible mediante ajustes menores; constituye, por el contrario, un rasgo estructural del modelo cubano, donde la lealtad política opera como filtro indispensable para acceder a los circuitos de reconocimiento y promoción, y donde quienes no suscriben ese pacto son relegados a una condición de invisibilidad social que termina por moldear su propia subjetividad. Las estrategias desplegadas por los profesionales para sobrevivir en este contexto —la emigración masiva, la combinación de empleo estatal con actividades informales, el refugio en una doble vida que separa lo público de lo privado, el silencio como forma de lenguaje— no son meras respuestas adaptativas a condiciones adversas, sino manifestaciones de una agencia que, pese a todo, se niega a aceptar la inutilidad de su tesoro. Y sin embargo, el costo de esa resistencia es elevado: el desgaste de vivir permanentemente en dos mundos, la erosión de la identidad profesional, la sensación de extrañeza que acompaña a quienes han visto cómo su saber se vuelve arqueológico por falta de ejercicio auténtico. La pregunta por el futuro, inevitable en este punto, admite pocos optimismos: si las tendencias actuales se mantienen —si los salarios siguen sin alcanzar, si la emigración continúa, si el envejecimiento de la comunidad científica no se revierte—, el sistema cubano de ciencia y tecnología enfrenta un riesgo de colapso cuyas consecuencias trascenderán largamente el ámbito académico para afectar el tejido mismo de la sociedad. Pero quizás, y con esto se cierra el círculo abierto por la metáfora de Stevenson, el valor último de este análisis no resida en su capacidad para predecir el futuro ni para ofrecer recetas de solución, sino en su contribución a nombrar lo que duele con honestidad, a visibilizar lo que el discurso oficial silencia, a recordar que el tesoro existe, que vale, que merecía mejor suerte que la de pudrirse en una isla donde pocos parecen ya capaces de distinguir el oro del plomo. Nombrar, en estas condiciones, es ya una forma de resistencia. Y mientras haya quien nombre, quien recuerde, quien se niegue a aceptar que el queso es más importante que el saber, el tesoro seguirá vivo.

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CONCLUSIONS

The analytical journey undertaken throughout these pages allows for a conclusion that, rather than offering simple answers, seeks to articulate with the greatest possible precision the complexity of the phenomenon under examination. The situation of the contemporary Cuban professional, as scrutinized through the lens of the Ben Gunn metaphor and the theoretical developments within science and technology studies, reveals a structural paradox that admits no straightforward resolutions: the knowledge accumulated through years of specialized training—that treasure that should constitute the primary guarantee of well-being and personal fulfillment—has for many become a burden, an obstacle, a sentence to inhabit the margins of a system that systematically devalues what they hold most dear. The disjunction between academic merit and the capacity to exchange that merit for dignified living conditions is not a conjunctural phenomenon nor a deviation correctable through minor adjustments; it constitutes, on the contrary, a structural feature of the Cuban model, where political loyalty operates as an indispensable filter for accessing the circuits of recognition and advancement, and where those who refuse to subscribe to this pact find themselves relegated to a condition of social invisibility that ultimately molds their very subjectivity. The strategies that professionals deploy to survive in this context—mass emigration, the combination of state employment with informal activities, the refuge in a double life that separates the public from the private, silence as a form of language—are not mere adaptive responses to adverse conditions but manifestations of an agency that, despite everything, refuses to accept the uselessness of its treasure. Yet the cost of this resistance runs high: the exhaustion of living permanently in two worlds, the erosion of professional identity, the sense of estrangement that accompanies those who have witnessed their knowledge become archaeological for lack of authentic exercise. The question of the future, inevitable at this juncture, admits little room for optimism: if current trends persist—if salaries continue to fall short, if emigration continues unabated, if the aging of the scientific community remains unaddressed—the Cuban system of science and technology faces a risk of collapse whose consequences will extend far beyond the academic sphere to affect the very fabric of society. But perhaps, and with this the circle opened by Stevenson's metaphor closes, the ultimate value of this analysis lies not in its capacity to predict the future nor to offer ready-made solutions, but in its contribution to naming what hurts with honesty, to rendering visible what official discourse silences, to remembering that the treasure exists, that it has value, that it deserved a better fate than to rot on an island where few seem capable any longer of distinguishing gold from lead. To name, under these conditions, constitutes a form of resistance. And as long as there are those who name, who remember, who refuse to accept that cheese matters more than knowledge, the treasure remains alive.

Vea página anterior para las conclusiones en Español.

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Title: El tesoro que no puede comprar queso

Essay , 2026 , 44 Pages , Grade: "-"

Autor:in: Civiano Vinctini Clamantius (Author)

Social Studies (General)
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Details

Title
El tesoro que no puede comprar queso
Subtitle
profesionales cubanos entre el conocimiento, las restricciones estructurales y la lealtad política. Una aproximación desde los estudios CTS
Course
Estudio independiente de Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología en el Contexto Cuba
Grade
"-"
Author
Civiano Vinctini Clamantius (Author)
Publication Year
2026
Pages
44
Catalog Number
V1704250
ISBN (PDF)
9783389181669
ISBN (Book)
9783389181676
Language
Spanish; Castilian
Tags
Profesionales cubanos estudios CTS conocimiento lealtad política emigración precariedad laboral capital cultural Ben Gunn metáfora literaria campo científico configuraciones periféricas ONEI
Product Safety
GRIN Publishing GmbH
Quote paper
Civiano Vinctini Clamantius (Author), 2026, El tesoro que no puede comprar queso, Munich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/1704250
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