Nacidos De La Luz

Síntesis teológica a partir del ideario iniciático cristiano


Trabajo de Seminario, 1999

41 Páginas, Calificación: 9.00


Extracto

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE: PRAENOTANDAS
1.- DEFINICIÓN
2.- DIMENSIONES DE LA I.C
3.- EL SUJETO QUE “VIVE” LA I.C

SEGUNDA PARTE: “EL FUNDAMENTO TEOLÓGICO DE LA I.C: LA PASCUA”
1.-La teología Pascual de la IC en las SSEE
2.- La teología pascual de la IC en la tradición catecumenal
de los cinco primeros siglos

TERCERA PARTE: EL ITINERARIO CATECUMENAL DESDE “LA PASCUA”
1.- Despuntando el alba
2.- Los primeros rayos
3.- Luz y calor
4.- El crepúsculo

CUARTA PARTE: CÚLMEN DEL ITINERARIO CATECUMENAL
1.- Los escrutinios
2.- Las entregas
3.- La preparación próxima y la celebración
4.- La mistagogia

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

Si alguien nos invitase a definir la vida cristiana, podríamos hacerlo diciendo que es el intento de acercarnos (y acercar a otros) al misterio de Cristo, a través de la Iglesia, por los sacramentos.

Es cierto que esta definición es muy parcial y está planteada ad intra, pues no se tiene en cuenta el matiz moral, pero sí que mantiene intacta las dimensiones trinitaria, cristológica, eclesial, litúrgica-sacramental, ecuménica, misionera…

Por esto mismo, si un cristiano se plantease vivir su fe desde estas categorías, como miembro activo de la Iglesia, debería sentirse corresponsable de la tarea evangelizadora de la misma, y por lo tanto, de los procesos de los que dispone para que en ella se “engendren” nuevos hijos.

Y aquí surgen las grandes cuestiones sobre este tema ¿Cómo es nuestro proceso de “Iniciación cristiana”? ¿Cómo se articula desde ahí toda la teología? ¿Cuáles son las dificultades pastorales que surgen cuando las llevamos a la práctica?

Responder a todas estas cuestiones es muy complejo y desbordaría los objetivos que se plantean en este trabajo, por lo tanto, aquí simplemente esbozaremos la problemática deteniéndonos más a fondo en los aspectos teológicos más que pastorales.

Nuestra intuición primera es la de que “todas las claves teológico-espirituales que configuran la vida del cristiano, se encuentran ya en embrión durante el itinerario iniciático”, y que más tarde tan solo se profundiza en todo ello, sin que haya elementos sustancialmente novedosos. No en vano, la iniciación cristiana es un entrenamiento de la vida cristiana. Para ello veremos los fundamentos bíblico-teológicos desde los que se parte en el itinerario iniciático.

Y en segundo lugar, descubrimos que su dimensión práctica es una realidad dispersa y “parcheada”, y por ello creemos que nos queda mucho camino por recorrer.

PARTE PRIMERA PRAENOTANDAS

En esta primera parte del trabajo intentaré poner las bases que posteriormente nos servirán para desarrollar nuestro tema. Comenzaré definiendo la realidad de la que partimos, descubriendo de este modo, elementos que nos permitan realizar un análisis más profundo en apartados posteriores. Un segundo momento será determinar los “cimientos” teológicos de nuestro tema. Y por último, dedicaremos un apartado al sujeto que “vive” esta realidad.

1.- DEFINICIÓN

Comenzamos con una definición primera y general de la mano de Dionisio Borobio. Nuestro recorrido comenzará determinando algunos elementos específicos de la iniciación cristiana, y posteriormente profundizaremos en ese itinerario iniciático desde el punto de vista teológico.

En general, la iniciación cristiana es aquel proceso por el que una persona es introducida al misterio de Cristo y a la vida de la Iglesia, a través de unas mediaciones sacramentales y extrasacramentales, que van acompañando el cambio de su actitud fundamental, de su ser y existir con los demás y en el mundo, de su nueva identidad como persona cristiana creyente.[1]

La primera palabra que hemos destacado en la definición es proceso, y es esa idea la que no debemos perder de vista durante todo nuestro trabajo. Pues bien, nos encontramos frente a una realidad procesual, gradual, que va tomando forma en la medida que vamos adentrándonos en ella, que supone un tránsito, y que transformará al individuo en sus múltiples facetas… Como bien dice Borobio, “supone un cambio de actitud, o sea, de voluntad, de deseo, de orientación fundamental, que responde a lo que llamamos conversión primera”.[2]

Después de ese cambio primero, que afecta a la dimensión externa de la persona, surge un cambio de nivel ontológico, nos referimos a un cambio en el ser. Esto es debido a que nos encontramos ante una realidad que afecta a los mismos cimientos de la persona, se trata de una transformación radical. Es ese encuentro personal[3] con el Resucitado el que da un nuevo sentido a la vida. Se trata de que la persona, siendo la misma, y asumiendo su propia y entera realidad, queda transformada.

Un tercer elemento es que se da un cambio existencial del individuo, en sus planteamientos éticos. Se trata de un cambio de vida y de comportamiento, “ya que lo anterior está reclamando una nueva forma de ser y de estar en el mundo, de afrontar las situaciones y de posicionarse ante la realidad”[4]. De todas formas, ya señalamos anteriormente que se trata de un proceso, y como tal, no se desarrolla en todas las dimensiones de la persona al mismo ritmo y de forma plena, de ahí que hablemos más de un estilo de vida que de un proceso finalizado de una vez para siempre. Se trata ante todo de aceptar el ideal del Evangelio como clave interpretativa de todo nuestro existir.

Por último, todo lo dicho nos lleva ineludiblemente a un cambio de identidad. “Es un cambio que, al aceptar y hacer propia la vida de Cristo en su Iglesia, crea una nueva identidad, da un nuevo nombre, exige una nueva calificación personal, que se expresa en la afirmación consciente y libre: SOY CRISTIANO”.[5]

Como conclusión a este análisis pormenorizado de la definición de Borobio, podemos señalar cuatro características básicas del proceso de iniciación cristiana, que señalamos a continuación:

* Se trata de un proceso totalizante, ya que este abarca todas las dimensiones del individuo.

* Es también un proceso relacionante, ya que es un proceso que afecta a todas las esferas de relación de la persona: con Dios, con los semejantes, consigo mismo, con el mundo…

* En tercer lugar, descubrimos que es un proceso dinámico, pues se desarrolla en un antes, un durante, y un después. “Y aunque hayamos realizado verdaderamente el itinerario iniciático[6], nunca podremos decir que hemos agotado el contenido y la verdad de la iniciación”[7].

* Otra característica es que debe tratarse de una iniciación coherente. “Entendemos por tal iniciación que no sólo proclama lo que significa, sino que propone los medios adecuados para su realización”[8]

* Y aunque quizá esta idea ha estado presente en las demás, también señalamos que se trata de un proceso embrionario. Destacamos este elemento porque es justamente lo que nos ayudará a diferenciar a un catecúmeno, o “cristiano no suficientemente iniciado”[9] de un “cristiano bautizado”[10], o “suficientemente iniciado”. El catecúmeno se va encontrando a lo largo del proceso con los “misterios” de Cristo (manifestados en su Iglesia) de y en forma embrionaria.

2.- DIMENSIONES DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

Después de analizar detenidamente la definición de Borobio, y de señalar las características básicas o elementos específicos que de ella se desprenden, hemos de delimitar nuestro campo de trabajo. En este segundo apartado determinaremos las dimensiones no ya antropológicas, sino fundamentalmente teológicas que integran la Iniciación Cristiana. Y estas son:

2.1.- En cuanto a la oferta de Dios.

2.1.1.- Dimensión trinitaria.

Nos encontramos ante la dimensión por antonomasia, pues es la que señala el principio y el fin de la Iniciación cristiana. Nos referimos a que el núcleo de la Iniciación cristiana es el Dios de Jesús, ya que somos iniciados por él, en él y a él. Es una dimensión que comienza siendo kerigmática para acabar siendo trinitaria.

Esta dimensión refleja la iniciativa, gratuidad, bondad, autodonación, incondicionalidad y trascendencia del amor que Dios nos tiene… Acogerle significa la transformación existencial del individuo, debido a la acción amorosa de Dios. Siendo esto así, la Iniciación cristiana no puede dejar de manifestar su estructura trinitaria. Por la acción bondadosa de Dios y por la fuerza del Espíritu Santo, nos iniciamos en reproducir la imagen de Cristo en nosotros.

2.1.2.- Dimensión eclesiológica:

Esta dimensión se manifiesta por la intervención de la propia Iglesia en la obra iniciatoria. La Iniciación es, en definitiva, un encuentro de la Iglesia con el iniciado, y de éste con la Iglesia. La Iniciación es eclesiológica porque es de, por, en y con la Iglesia. Ella, en la iniciación, es “Madre”, nos recibe y construye antes de que nosotros le aportemos algo a ella.

Pero la dimensión eclesiológica sólo puede darse en plenitud cuando el sujeto llega a sumir consciente, libre y responsablemente las tareas de edificación de la Iglesia. Una cosa es ser hecho miembro de la Iglesia, y otra es sentirse afectiva y efectivamente perteneciente a ella.

2.1.3.- Dimensión sacramental:

Y si seguimos en la línea que antes apuntábamos, no es suficiente con la gracia de Dios, ni con la mediación de la iglesia, ni con la aceptación libre del individuo, sino que es preciso que ese encuentro se realice, se celebre y se haga visible, concreto, histórico… sacramental.

2.2.- En cuanto a la respuesta del sujeto.

2.2.1.- Dimensión personal:

Esta dimensión enlaza con lo dicho anteriormente. No sólo es importante la gracia de Dios y la mediación de la Iglesia, sino que además es fundamental la respuesta personal, libre, consciente y responsable del individuo. El sujeto que se inicia toma conciencia de su vida y se hace “protagonista” de su historia desde la salvación que Dios le ofrece.

2.2.2.- Dimensión histórica:

Esta dimensión señala el elemento procesual de la iniciación, además de enmarcarla en una circunstancia histórica concreta. El individuo no puede prescindir de su ser (que marcará el ritmo a seguir), ni de su historia (que repercutirá en el proceso, y que será repercutida por ese mismo proceso). El individuo será un ser encarnado en su realidad, que ahora se verá afectada también por ese Jesús que ahora lo está transformando, y que se concretaría en un compromiso por la justicia…

3.- EL SUJETO QUE “VIVE” LA INICIACIÓN CRISTIANA

En este punto del trabajo, analizaremos la realidad subjetiva de la iniciación cristiana, nos situaremos en el proceso que va desde el individuo que se pregunta por las cuestiones vitales de la existencia humana, hasta aquel que da un salto de fe.

Pero uno de los problemas más preocupantes que tiene nuestra sociedad es el desinterés de muchos por los grandes interrogantes de la vida. Devolver al ser humano la capacidad de buscar y de preguntarse, es devolverle algo de su propia dignidad más profunda.

3.1.- El sujeto que se interroga[11]

En todo acto en el que el hombre se pregunta, piensa, toma decisiones, o ejecuta una acción… vive la experiencia de existir, y esta certeza lleva consigo ineludiblemente la pregunta ¿Qué soy yo?. Descubre y vive su existencia como recibida u originada[12], de ahí que la pregunta que viene a continuación sea ¿De dónde vengo?. Simultáneamente se experimenta como proyecto, como libertad orientada hacia lo porvenir desconocido, y esta experiencia implica la pregunta ¿A dónde voy?…

Pero ante esta serie de preguntas, no sirve sólo el responderlas, sino que debemos tener en cuenta que el hombre se realiza en la medida en que se traza metas, que al ser superadas implican nuevas metas… es un ser que tiende siempre más allá de lo logrado, es la experiencia de “inquietud radical”… Y en medio de esa sensación de eterna insatisfacción se le imponen las siguientes cuestiones: ¿Vale la pena vivir? ¿Merece la vida ser tomada en serio?, Vivir ¿Por qué?… ¿Para qué?…

Y las respuestas a estas preguntas sólo pueden darse en medio de la historia del mismo hombre, en la realidad total “mundo-humanidad-historia”. Si esta realidad se revelase como autónoma y autosuficiente no tendría sentido la pregunta por la realidad trascendente; si en la cuestión del hombre no aparecen indicios que apunten más allá de sí mismo, o más allá de sus relaciones con el mundo o con sus semejantes, la cuestión de la trascendencia se desvanecería…

Pero responder con seriedad a las preguntas que al principio planteábamos, y a las preguntas de corte similar que la misma realidad del mundo nos plantea, nos lleva queramos o no a introducir un elemento trascendente.[13]

De toda esta realidad tan compleja[14] concluimos que la cuestión de Dios no puede surgir, ni ser justificada sino como implícita en la cuestión del hombre, como impuesta por el “por qué” y “para qué” últimos de la cuestión del hombre.

3.2.- El sujeto que se abre a la perspectiva de la fe[15]

Hemos intentado mostrar el proceso por el que el hombre se pregunta sobre la cuestión de Dios. El hecho de que la pregunta se formule no quiere decir que la respuesta sea afirmativa, pues el verdadero acceso a la revelación sólo se da en la fe, que es don de Dios y respuesta del hombre a un tiempo. Debido a ese carácter teándrico de la fe es inútil por nuestra parte demostrarla (pues no es fruto de la razón), sino que intentaremos ver que se trata de una opción que tiene razones, y por tanto, no es irracional.

Intentaremos adentrarnos en este proceso con la ayuda que nos marca Salvador Pié i Ninot. Él nos plantea el recorrido mediante dos pasos lógicos, no cronológicos. El primero es la “revelación conocida por la razón” o ”los signos o motivos de la credibilidad”. El segundo es “la revelación creída por la fe”.

* La revelación conocida por la razón:

El hombre de hoy, al igual que los contemporáneos de Jesús plantean “¿Qué signo prodigioso nos das para que nosotros te creamos?[16]

El papel de los signos de la Revelación no es el de probar irrefutablemente, sino que son ayudas de Dios para facilitar al hombre su adhesión, para que sea libre y responsable al mismo tiempo.[17]

* La revelación creída por la fe:

Los signos de la credibilidad conocidos por la razón no constituyen el motivo de la fe, ya que siendo la fe una opción libre, no puede surgir de la conclusión de un raciocinio.

Además de lo dicho, los cristianos afirmamos que Cristo es el fundamento formal, último, de nuestra fe, porque sólo Él es el Hijo de Dios hecho hombre, el Revelador del Padre… Es por tanto Cristo el revelador y el revelado… Creerlo es aceptarlo; es inseparable creerlo a Él y creer en Él, creer que Él es el Hijo de Dios, el revelador, y creerlo como Hijo de Dios y revelador.[18]

3.3.- El sujeto arropado por la comunidad cristiana[19]

La Palabra de Dios, revelada en Jesucristo, habita en la Iglesia[20]. La Iglesia es depositaria del Evangelio del Reino para ser su transmisora. Dios ha dispuesto que este Evangelio “permanecerá íntegro para siempre y se transmitiera a todas las generaciones”[21]. Mediante la iniciación cristiana, de la que los sacramentos de iniciación y la catequesis son elementos esenciales, la Iglesia transmite su propia vida.[22]

La Iglesia, fecundada por el Espíritu, se realiza igual que una madre: concibiendo, gestando, alumbrando a nuevos hijos de Dios.

Y es esta misma Iglesia la que tiene la misión de transmitir el Evangelio y de engendrar nuevos hijos de la fe. Por tanto, la iniciación es una exigencia nuclear de la tarea evangelizadora de la Iglesia, además de un deber, y de un derecho de los fieles:

“… es sin duda un deber (la catequesis) que tiene su origen en el mandato del Señor… Por otra parte, puede hablarse igualmente de un derecho: desde el punto de vista teológico, todo bautizado por el hecho mismo del bautismo, tiene derecho a recibir de la Iglesia una enseñanza y una formación que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana ”.[23]

SEGUNDA PARTE EL FUNDAMENTO TEOLÓGICO

DE LA INICIACIÓN CRISTIANA: LA PASCUA

Hasta este momento hemos abordado nuestro tema desde un punto de vista cuasi fenomenológico. Nos hemos limitado a definirlo, a determinar sus elementos fundamentales, a señalar algunas de sus dimensiones más importantes… y finalmente, como un apéndice necesario a nuestro estudio introductorio, nos hemos acercado al sujeto que “vive” ese itinerario iniciático. Pero hasta este momento no nos hemos preguntado por el fundamento teológico último del iter iniciático cristiano. En este momento del estudio nos encontramos, y afirmamos (e intentaremos mostrar) que ese fundamento último es la misma PASCUA de Cristo.

La primera pista nos la ha dado el Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos[24] cuando nos dice:

Por los sacramentos de la iniciación cristiana, los hombres, “libres del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de los hijos de adopción y celebran con todo el pueblo de Dios el memorial de la muerte y resurrección del Señor ”. [25]

La iniciación de los catecúmenos se hace gradualmente, en conexión con la comunidad de fieles que juntamente con los catecúmenos consideran el precio del misterio pascual y renovando su propia conversión, inducen con su ejemplo a los catecúmenos a seguir al Espíritu Santo con toda generosidad . [26]

Como ya hemos podido apreciar, el RICA se apoya en la teología conciliar, veamos pues, algún texto más del Concilio:

(…) el neoconverso inicia un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la muerte y resurrección, pasa del hombre viejo al hombre nuevo y perfecto en Cristo. Este paso, que lleva consigo un cambio progresivo de sentimientos y costumbres, debe ponerse de manifiesto en sus consecuencias sociales y desarrollarse en el tiempo del catecumenado. [27]

Nuestro Sínodo Diocesano también nos da pistas sobre la realidad sacramental:

Los Sacramentos son expresión del amor de Dios a los hombres. Cuando celebramos los sacramentos nos encontramos con la persona de Cristo que nos santifica en y por ellos. Por medio de ellos Cristo actúa, habla y realiza hoy, en su Iglesia, los mismos gestos salvadores de otros tiempos.[28]

Y el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que son precisamente los sacramentos de la iniciación cristiana los que ponen el fundamento a toda la vida del cristiano:

Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el bautismo, la confirmación y la eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana. “La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el bautismo se fortalecen con el sacramento de la confirmación y finalmente, son alimentados en la eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de los sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad” (Pablo VI, constitución apostólica “Divinae consortium naturae”; Cfr. RICA, prenotanda 1-2)[29]

[...]


[1] BOROBIO, D., La iniciación cristiana, Sígueme, Salamanca, 1996, p.33.
A continuación señalamos algunas otras definiciones de “Iniciación cristiana” que hemos encontrado:
a)“Proceso de formación o crecimiento, suficientemente largo y debidamente articulado, constituido por elementos catequéticos, litúrgico-sacramentales, comunitarios y de comportamiento que es indispensable para que una persona pueda participar con libertad de opción y madurez en la fe y en la vida cristiana” (La Iniciación Cristiana Hoy: Liturgia y catequesis, Jornadas Nacionales de Liturgia 1988, PPC, Madrid, 1989)
b)“La Iniciación Cristiana se refiere a las etapas indispensables para entrar en la comunidad eclesial y en su culto en espíritu y verdad. (…) Iniciación significa también comienzo, entrada en una vida nueva, justamente la del hombre nuevo en el seno de la Iglesia. (…) también aquí se tiene un proceso con etapas, que en este caso están representadas por los sacramentos de iniciación” (Iniciación Cristiana, A. Nocent, en Nuevo Diccionario de Liturgia, Paulinas, Madrid, 1997)

[2] Idem, p. 34

[3] Encuentro personal, pero desde la comunidad. Sólo a través de la mediación eclesial, es posible ese encuentro con el Resucitado.

[4] BOROBIO, D., op. cit., p.35

[5] Idem, p. 35

[6] Debemos tener bien claro que en el itinerario de la iniciación cristiana (como cualquier otro itinerario iniciático) deben quedar bien definidas estas tres etapas.

[7] BOROBIO, D., op. cit. , p. 36

[8] Idem, Proyecto de Iniciación Cristiana, Descleé de Brouwer, Bilbao, 1980, p. 136

[9] Aunque el catecumenado, en el estricto rigor del término, es un proceso de iniciación cristiana con adultos no bautizados, la realidad es que nos encontramos con bautizados no creyentes (no se han iniciado en la fe cristiana y no han optado personalmente por el seguimiento de Jesús).

[10] Nos tomamos la libertad de señalar este término ya que nos ayuda a expresar y diferenciar la realidad de aquel que está bautizado (o mejor dicho, “iniciado”, ya que de hecho existen muchísimos bautizados sin experiencia de iniciados), de aquel otro que está en proceso de ir descubriendo a Jesús en su vida.

[11] Cfr. ALFARO, J., Reflexión cristiana, fe y teología, Sígueme, Salamanca, 1994², p. 13-14

[12] Cabe la respuesta de que su existencia se debe al puro azar, pero este tipo de respuesta no elude a la sucesión de preguntas que viene a continuación, tan solo marca una pauta de respuesta.

[13] No me refiero a un elemento exclusivamente religioso, sino también a todos esos elementos que el mundo científico nos ofrece, que por quedar en hipótesis trascienden a la propia ciencia.

[14] Tan compleja como que ese mismo hombre permanecerá siempre misterio y cuestión para sí mismo, que no podrá recibir una respuesta definitiva, lograda de una vez para siempre

[15] Cfr. PIÉ I NINOT, S., Tratado de Teología Fundamental, Secretariado Trinitario, Salamanca, 1991², p. 110ss

[16] Jn 6,30

[17] Podemos comparar lo que el Concilio Vaticano I y el Concilio Vaticano II plantean respecto a este tema:

- C. Vaticano I: en la Constitución dogmática Dei Filius plantea la fe como “una total sumisión de entendimiento y voluntad”, y añade que, por motivo de los signos de la revelación, este “homenaje de nuestra fe es conforme a la razón” (DS 3009/ FIC 46)
- C. Vaticano II: ha querido marcar los signos de la revelación desde una perspectiva personalista, dejando muy claro el papel de la libertad humana. “Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados por su conciencia, pero no coaccionados. Pues Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana, creada por él, que debe guiarse por su propio criterio y disfrutar de libertad” (DH 11).

[18] Cfr. Jn 5, 16-18.38.40-43; 6, 29-30; 7, 25-31; 8, 14-20.25.28.30 s.45; 10, 24-39; 11, 25-27; 14, 2.20ss

[19] Cfr. Catequesis de adultos, Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, Madrid, 1991, p. 103ss

[20] ”La Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza” (Col 3, 16)

[21] DV 7

[22] “La Iglesia se hace Madre por la Palabra de Dios, fielmente recibida. En efecto, por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal de los hijos recibidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios” (LG 64)

“La Iglesia es Madre de los hijos que engendra en las aguas del bautismo” (S. Agustín, De Symbolo: sermo ad catechumenos, 212)

[23] CATECHESI TRADENDAE, Exhortación apostólica de Juan Pablo II, PPC, Madrid, 1979, n. 14, p. 23

[24] A partir de ahora se le denominará RICA.

[25] Ritual de Iniciación cristiana de Adultos, Comisión Episcopal de Liturgia, Madrid, 1986², Observaciones Generales nº1, p. 9. Cfr. AG 14

[26] Idem. Observaciones Previas nº4, p. 18.

[27] AG 13

[28] Constituciones Sinodales, Obispado de Canarias, 1992, n. 522

[29] Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Juan Pablo II, Santo Domingo (República Dominicana), 1994, n. 1212

Final del extracto de 41 páginas

Detalles

Título
Nacidos De La Luz
Subtítulo
Síntesis teológica a partir del ideario iniciático cristiano
Universidad
University Pontificia Comillas Madrid  (Centro Teológico de Las Palmas)
Curso
6º Curso Institucional
Calificación
9.00
Autor
Año
1999
Páginas
41
No. de catálogo
V176660
ISBN (Ebook)
9783640980284
ISBN (Libro)
9783640980451
Tamaño de fichero
607 KB
Idioma
Español
Notas
El autor obtuvo la licenciatura en Estudios Eclesiásticos en el Centro Teológico de Las Palmas (Centro afiliado a la Universidad Pontificia Comillas - Madrid) en 1999. Y la licenciatura en Teología Dogmática en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (Centro agregado a la Facultad de Teología del Norte de España - Sede Burgos) en el año 2010.Actualmente se encuentra preparando su doctorado. Es profesor de Enseñanza Secundaria y Bachillerato desde el año 1999, y además, colabora como profesor invitado en el ISTIC impartiendo diversos curso de teología y biblia para seglares.
Etiqueta
Teología, Sacramentos, Iniciación Cristiana, Pastoral
Citar trabajo
Francisco Javier López Armas (Autor), 1999, Nacidos De La Luz, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/176660

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