Actitudes, expectativas y valoración paisajística de la precordillera Andina por la población de Santiago de Chile

Aplicación a la gestión y conservación de la diversidad paisajística


Estudio Científico, 2003
87 Páginas

Extracto

ÍNDICE

I. Introducción
1.1. Preferencias paisajísticas: fundamentos y factores explicativos
1.1.1. Preferencias paisajísticas: teorías de la adaptación afectiva al entorno
1.1.2. Preferencias paisajísticas, según visitantes, gestores y expertos
1.1.3. Paisaje y recreación: actividades e impactos
1.2. Diversidad paisajística: principio de la calidad del paisaje
1.3. Transformación del paisaje del valle central y precordillerana Andina
1.4. El desafío de la conservación del paisaje
1.5. Objetivo del trabajo

II. Materiales y métodos
2.1. Zona de estudio: Precordillera Andina de Santiago
2.2. Metodología de las entrevistas
2.1. Cuestionario de opinión
2.2. Formación del banco de imágenes de paisajes
2.3. Protocolo
2.4. Análisis de datos

III. Análisis e interpretación de los resultados
3.1. Visitantes: Cuestionario de opinión y preferencias paisajísticas
3.1.a. Opinión del entorno. Conocimiento y beneficios
3.1.b. Opinión del entorno. Presente y Futuro
3.1.c. Actividades recreativas y frecuentación
3.1.d. Comportamientos y actitudes
3.1.e. Preferencias paisajísticas
3.2. Gestores: Cuestionario de opinión y preferencias paisajísticas
3.2.a. Opinión del entorno. Beneficios, Presente y Futuro
3.2.b. Comportamientos y actitudes
3.2.c. Preferencias paisajísticas
3.3. Expertos: Cuestionario de opinión y Preferencias paisajísticas
3.3.a. Opinión del entorno. Beneficios, Presente y Futuro
3.3.b. Comportamientos y actitudes
3.3.c. Preferencias paisajísticas
3.4. Comparación de preferencias de paisaje entre grupos de entrevistados

IV. Síntesis de resultados: Consideraciones para la gestión del paisaje

V. Conclusiones

VI. Recomendaciones y propuestas

Agradecimientos

Referencias bibliográficas

Anejos
1. Formulario tipo de encuestas de opinión y de preferencias de paisaje
2. Fotografías del paisaje precordillerano utilizadas en el cuestionario de preferencias paisajísticas
3. Definición de los atributos visuales

I. INTRODUCCIÓN

Tanto antes como ahora, es imprescindible detenerse a repensar sobre las consecuencias de la transformación del paisaje mediterráneo de Chile central. El grave deterioro en que se encuentran sus recursos naturales es producto de la prolongada historia de perturbaciones antrópicas, relacionadas con el sobrepastoreo y sobreutilización de suelos agrícolas, tala indiscriminada y expansión urbanística. Lo que ha generado efectos negativos sobre el paisaje, como degradación de la cubierta vegetal natural, calidad del suelo y, en algunos casos, del comportamiento hidrológico (Aronson y col., 1993; Fuentes, 1994). De ahí que, el mantenimiento de la calidad del paisaje comienza a plantearse en la sociedad como una prioridad en todas sus dimensiones y funciones, considerando no sólo sus factores ecológicos, sociales, económicos como también culturales, escénicos y afectivos.

La belleza escénica ha representado un importante papel en el modo en que se ha protegido el paisaje históricamente y en la conservación de aquellos parajes que en un momento dado han sido considerados como belleza singular (Elizalde, 1970; Oltremari, 1995). Pero tal sensibilidad denotada en antaño fue desplazada con el paso del tiempo por criterios de distinto orden (políticos, económicos, urbanísticos, etc.). Pero en estos momentos, la preocupación social por la degradación del paisaje ha recobrado la importancia del valor escénico que se atribuye al aspecto personal de la percepción del paisaje en sentido amplio.

En este contexto es imprescindible considerar, no sólo, el conocimiento de los elementos y procesos que organizan e intervienen en los ecosistemas y paisajes sino también las percepciones, opiniones, valoraciones y actitudes de la población para implementar con éxito mecanismos de planificación y gestión (Mazzotti y Morgentstern, 1997; Kline y Wechelns, 1998). La implicación de la población es necesaria precisamente en aquellos sitios que en la actualidad se encuentran amenazados. Un territorio planificado, con una valoración positiva por parte de la población, consensuada en cuanto al estilo de desarrollo y con un mínimo nivel de implicación individual y colectiva en la gestión cotidiana del mismo, puede conseguir las cuotas de sostenibilidad suficientes y necesarias.

La compatibilidad entre la conservación de la biodiversidad y el desarrollo socioeconómico, es todo un reto en la precordillera Andina de Santiago. Su riqueza paisajística mayoritariamente en buen estado de conservación, se ve amenazada significativamente. Lo que ha llevado enfrentar nuevos desafíos de planificación y gestión. El proyecto de Bases para el Ordenamiento Territorial Ambientalmente Sustentable de la Región Metropolitana y el Plan Verde, que coordina el gobierno regional de Santiago, como el Proyecto PROTEGE patrocinado por la Asociación de Municipalidades de la zona oriente de Santiago, son un primer esfuerzo de integrar gestión y conservación de la naturaleza con ordenamiento territorial. Será preciso y conveniente para ello, desarrollar los mecanismos adecuados que aseguren la implicación positiva de la población a distintos niveles con el fin de hacer compatible uso y conservación de la naturaleza.

Por tal motivo, el presente trabajo trata de aportar nueva información que coadyuve al mejor entendimiento de los valores sociales por el paisaje precordillerano, permitiendo así conciliar uso racional y desarrollo sostenible y conservación de la integridad paisajística de la precordillera Andina de Santiago.

1.1. Preferencias paisajísticas: fundamentos y factores explicativos

Las preferencias paisajísticas son el resultado de un complejo sistema de factores innatos y adquiridos. Autores como Appleton (1975) y Kaplan y Kaplan (1982) señalan que la estética del paisaje y la base de las preferencias se encuentran en la estructura biológica del sujeto, así como en su base cultural y experiencia personal. López (1994) examino en un experimento transcultural de preferencias, las hipótesis que apoyan las tesis de lo que se han venido llamando pautas de elección universales, en donde encontraríamos el agrado que produce a la mayoría de los individuos la presencia de masas de vegetación en la escena (Fitofilia) y la atracción que ejerce la presencia de masas de agua (Hidrófilia), sobre todo si esta se halla en movimiento. También, la visibilidad y topografía son atributos del paisaje que aparecen asociados a las preferencias paisajísticas (Purcell y Lamb, 1998).

El método utilizado habitualmente para interpretar los juicios, preferencias y percepción de distintos grupos de observadores, es mediante encuestas, puntuando, ordenando o eligiendo imágenes de paisajes reales (Aoki 1999). El uso de imágenes como sustituto de la realidad, se ve refrendado por muchos trabajos que dan cuenta de su validez experimental. En un trabajo de metaanálisis desarrollado por Stamps (1990), que abarco la revisión de más de 100 trabajos, comprobó que las preferencias obtenidas in situó y, a través, de fotografías están estrechamente relacionados, con un coeficiente del 0.86 con un intervalo de confianza del 95%.

Shafer y Tooby (1973) destacan la ventaja del uso de imágenes para cubrir un amplio rango de paisajes, la posibilidad de exhibirse en forma sincrónica a un alto número de público como la facilidad de comparar los resultados con diferentes poblaciones. Las fotografías de paisajes reales constituyen un material válido para una multiplicidad de estudios e investigaciones orientadas a la valoración, preferencias y percepción del paisaje y, en general, a los más variados propósitos ambientales.

1.1.1. Preferencias paisajísticas: teorías de la adaptación afectiva al entorno

La relación entre las características informativas del paisaje y las preferencias paisajísticas puede fundamentarse en la teoría de la adaptación afectiva al entorno (Bernáldez, 1985). En este marco conceptual, los fundamentos de los gustos escénicos por el paisaje estarían en el carácter innato o adaptativos promotor de la supervivencia que tienen los sentimientos asociados con la percepción de ciertas características visuales y de contenido del medio ambiente. En este sentido se ha señalado que determinadas funciones de las sensaciones percibidas del medio promueven la adaptación al mundo exterior: función informadora, función hedónica o afectiva y función despertadora (Bernáldez, 1985).

Los primeros aspectos tratados en los trabajos de estética experimental fueron los aspectos de información. Cabe señalar aquí los trabajos pioneros de estética psicológica de Berlyne (1960). Berlyne (Wohlwill, 1976) se interesa por los efectos estéticos o afectivos de la incertidumbre contenida en un estímulo. Entre las causas de la incertidumbre están la diversidad, la complejidad estructural, la ambigüedad, la novedad o sorpresa.

Estos estímulos producen unas respuestas que Berlyne considera la suma de dos procesos simultáneos: una conducta que lleva a la búsqueda de esquemas desprovistos de propiedades desconcertantes o enigmáticas y otra conducta de curiosidad perceptiva, dirigida a exponerse a configuraciones nuevas, sorprendentes, ambiguas por el puro placer de responder al reto que presentan. Para Berlyne la apreciación estética o preferencia por un esquema de diferentes complejidades está en el término medio de una escala de incertidumbre. La respuesta de preferencias tiene la forma de U invertida donde los esquemas demasiado conocidos como los excesivamente complicados o incongruentes.

Posteriores avances, bajo los planteamientos de Berlyne, fueron seguidos por Wohlwill (1976). Este autor estudia la relación entre dos variables: complejidad de la escena y legibilidad. Cualquier variación en el estímulo, aumentando o disminuyendo, produce una respuesta positiva que dura hasta el momento en que la escena es demasiado monótona o demasiado complicada. Es decir, un paisaje debe ser comprensible (se debe poder identificar los elementos que lo componen) pero si no posee un cierto grado de complejidad se vuelve monótono. Del mismo modo, un paisaje puede ser complejo siempre que no traspase los umbrales de lo caótico e incomprensibles para el observador.

Abundando en esta teoría funcionalista, Kaplan y Kaplan fundamentan un modelo de preferencias ambiental (Kaplan y Kaplan, 1982). Este se basa que la organización espacial del paisaje es fuente de información para los individuos, y que permiten satisfacer dos necesidades psicológicas básicas, la comprensión (o actividad descriptiva) y la exploración (o actividad predictiva) del medio, subdivididas en dos categorías según su nivel de estimulación sea inmediato (o en las dos dimensiones de la imagen) o inferida (en el desenvolvimiento espacial en la escena). Proponen como variables relevantes la Coherencia (colocación lógica, orden), la Legibilidad (permeabilidad de la escena, accesibilidad y facilidad de orientación), la Complejidad (diversidad de elementos y riqueza visual) y el Misterio (ocultación de partes de la escena, promesa de más información e induce a la exploración) (ver esquema 1).

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En este esquema, los paisajes preferidos serian aquellos que permiten “exploración” y “comprensión”. La exploración se realza en los ambientes complejos y misteriosos, la compresión se ve potenciado por la coherencia y la legibilidad (características que permiten a uno interpretar inmediatamente lo que sucede y que nos facilitan ver lo que se encuentra más allá). Estos autores sugieren que la capacidad de procesar esta información es el resultado de nuestra historia evolutiva. Hubo un valor de supervivencia basado en la habilidad de valoración rápida y reacción a las situaciones. Como resultado, el hombre desarrolló la habilidad de construir mapas cognitivos que le permitiesen interpretar el medio. Estos mapas y nuestras habilidades de crearlos se han desarrollado a lo largo de los años y todavía están presentes, influenciando nuestras preferencias paisajísticas.

1.1.2. Preferencias paisajísticas según visitantes, gestores y expertos

El paisaje como complejo recurso escénico, es a su vez un complejo de valores percibidos y actitudes personales con el entorno. Por ejemplo, Múgica (1993) encontró que el comportamiento de los individuos en cuatro parques nacionales de España, está fuertemente asociado con sus preferencias paisajísticas. Para autores como Zube (1976) y Dearden (1987) la calidad escénica es uno de los principales objetivos de los visitantes, en el momento de elegir un área natural. Dentro de una misma área recreativa pueden existir diferentes en la forma de percibir y preferir el paisaje. La mayoría de las veces puede estar supeditada a la actividad de ocio, expectativas, intenciones o requerimientos de los visitantes (Múgica y de Lucio, 1996). En otros casos, cuando el paisaje no se ajusta al canon de preferencias de los visitantes genera un desajuste entre las expectativas y la realidad percibida, debido algunas veces a la falta de familiaridad con el entorno y de los recursos naturales que ofrece (Hammitt, 1987).

Zube y Sheehan (1994) y Requena (1998) han observado que el público que acude a los espacios naturales muestra una divergencia en la forma de apreciar y valorar el paisaje frente a los gestores públicos y expertos ambientales. Karjalainen (1996) en un estudio sobre temas de manejo forestal, observó como las propuestas de intervención del medio consideradas por los gestores, eran muy distintas a las opiniones más puristas de conservación del medio natural y no-agresión, expresadas por la población consultada.

Según Harmon (1994) los gestores de los espacios naturales, orientan su trabajo fundamentalmente hacia la aplicación de conocimientos en el marco de la dinámica ambiental y las posibles alteraciones que el uso público genera, en lugar de analizar cuáles son las connotaciones sociales que desembocan en dichas situaciones. Para Peterson (1974) los gestores pueden en ocasiones poner en funcionamiento medidas que la población considere indeseables.

Los trabajos de Requena (1998), Pittevil (1998) y Perdomo (1997), llevados a cabo en áreas naturales protegidas, evidencian que la opinión del experto no siempre es coincidente con la del público, sino que preguntado sobre cual creen que son las preferencias de este, no son capaces de conocer las necesidades de las personas sobre las que quieren que repercuta positivamente.

La necesidad de participación e información de la población en la gestión el medio, se ha señalado como un elemento muy importante en el momento de decidir cuáles son las alternativas más viables desde el punto de vista ecológico, económico y social. Por ejemplo, a nivel internacional el Convenio de Diversidad Biológica contempla como principios la participación pública y el acceso a la información ambiental, en donde se “… promoverán y fomentarán la comprensión de la importancia de la conservación de la diversidad biológica y de las medidas necesarias a esos efectos, así como su propagación a través de los medios de información y … la elaboración de programas de educación y sensibilización del público en lo que respecta a la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica …”.

1.1.3. Paisaje y recreación: actividades e impactos

El contacto con la naturaleza es una necesidad que no hemos perdido a pesar de nuestros hábitos cada vez más urbanos, que nos alejan y desligan de los procesos que en ellas tienen lugar. La recreación tiene su cruz en la cantidad de impactos que las diferentes actividades realizadas pueden ocasionar sobre el medio. Sin embargo, es prolija la lista de trabajos que demuestran lo positivo del contacto del individuo con los paisajes de las áreas naturales. Diferentes estudios han puesto de manifiesto los beneficios psicológicos y para la salud que proporciona el contacto con la naturaleza. La conclusión general de la mayoría de dichos trabajos pone de manifiesto que la exhibición de escenas naturales con vegetación, agua ejerce una influencia beneficiosa sobre el estado psicológico del individuo, en comparación con las urbanas.

De entre los principales objetivos que señala De Lucio (1995), para la correcta gestión de las áreas naturales, se encuentran la necesidad de conocer el tipo de actividades que practican los visitantes y percepción que sobre las perturbaciones producidas sobre el medio tienen.

Los estudios sobre impacto ocasionado por la actividad recreativa, son escasos o nulos en nuestro país. Prado (1997) en un estudio realizado en el piedmonte de Santiago, observó que actividades recreativas no reguladas como excursiones, cabalgatas, motociclismo y andinismo, pueden ser muy destructivas para el ecosistema andino, por aumentar el peligro de incendios, daños a la vegetación y contaminación de las aguas. En la época estival, las pistas de esquí ofrecen un medio adecuado para realizar senderismo por la cordillera, pero se ha visto que pueden producir serios daños a la vegetación producto del pisoteo (Fuentes y col., 1988).

Para autores como Dearden (1987), Sidaway (1990) y Gülez (1996), la calidad escénica es uno de los principales objetivos de los visitantes, en el momento de elegir un área natural donde desarrollar sus actividades recreativas. Esto se traduce que zonas de especial interés paisajísticos, se ven a menudo visitadas por un número de personas superior a la capacidad de acogida del territorio. Para Escribano (1987), cuando se produce este tipo de situaciones, es muy difícil proteger o conservar el paisaje. Esta capacidad del territorio está directamente relacionada con la fragilidad del medio. Se sabe empíricamente que no todos los ecosistemas responden de igual manera ante la presión de los visitantes.

Independientemente de la fragibilidad de un área natural, se señala además, que esta puede verse afectada de diferente forma dependiendo de la distribución de los visitantes en la misma, de su número y de las actividades que en ella desarrollan. Otro aspecto relevante dice sobre la frecuentación, en la dependencia entre la afluencia y distribución de los visitantes, con las características del recurso. Un río de montaña, puede ser un elemento aglutinador de individuos en un mismo punto, mientras que un área de matorral o bosque puede favorecer la dispersión.

Si consideramos válida la definición de recurso natural recreativo como todo aquel elemento del medio natural susceptible de generar interés en los visitantes, se ha tener en cuenta diferentes aspectos. Se hace necesario la identificación, catalogación y valoración de los recursos recreativos para atraer la atención de los visitantes sobre aquellos que por sus características permitan transmitir los mensajes educativos considerados a tal fin, respetando otras áreas que por su interés de conservación, merezcan otros usos distintos a los recreativos. En este aspecto, el paisaje aparece como un elemento de mayor importancia, por su carácter sintético de todos los procesos ecológicos.

Jackson (1986), en relación con la forma de gestión del medio natural, apoya la importancia del establecimiento de tipologías, manifestando que el conocimiento de las demandas y diferentes estrategias de uso del territorio, ofrece una información muy valiosa para la gestión de las áreas naturales. Siendo muy importantes, a la hora de decidir, que hacer con cada uno de los espacios naturales demandados por la población, que medidas proponer para conjugar conservación y disfrute y que posibilidades reales existen de desviar la demanda de aquellos parajes de mayor valor ecológico.

1.2. Diversidad paisajística: principio de la calidad del paisaje

El principio de conservación de la diversidad ha adquirido carácter universal a partir del Convenio sobre Diversidad Biológica, de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992) firmado por numerosos países, entre ellos, Chile. Uno de los principios básicos del desarrollo sostenible, es la consideración de la biodiversidad como patrimonio común de la humanidad y en el concepto de responsabilidad compartida para su conservación, como partes de la integridad y la estabilidad de los sistemas ecológicos y por su valor intrínseco (Schlesinger y col., 1994).

En este documento se introduce especial atención e importancia a la diversidad paisajística como expresión de los procesos ecológicos y culturales que acontecen en áreas heterogéneas compuestas por un conjunto de hábitats naturales, seminaturales o artificiales. Como expresa Díaz Pineda (1998) la conservación de la naturaleza bajo la idea de la diversidad biológica debe hacerse extensiva a la de paisaje, a su heterogeneidad espacial y a su complejidad de usos y, muy explícitamente, a la acción humana como elemento fundamental de su transformación y de la orientación de su dinámica de cambio.

Fuentes (1994), Bastian (1998) y Gulinck y col. (2001) concuerdan en que todos los paisajes poseen y manifiestan valores intrínsecos. La protección de la diversidad paisajística no puede basarse sólo en la calificación de unos singulares y específicos paisajes sino debe corresponder a buscar un desarrollo más complejo integrando todo el territorio, donde los espacios naturales protegidos sólo sean otro uso del suelo. En palabras de Noss (1998) en referencia a los programas de conservación de los bosques nativos de Chile “… no sólo hay que salvar las joyas de la corona sino que hay que mantener el paisaje con todo su ecosistema funcionando saludablemente …”.

De Lucio (1999) destaca cuatro principios atribuibles a la diversidad paisajística, merecedores de contemplarse de forma positiva en planificación y gestión, como son:

El principio de producción, ciertas actividades productivas agrícolas e industriales influyen de una forma coherente y armoniosa en el paisaje, dando lugar a una mayor riqueza y diversificación del mosaico paisajístico de un territorio.

Los paisajes son reservorios de un importante número de hábitats para muchas especies silvestres, que están vinculadas imprescindiblemente a la existencia de muchos paisajes naturales y heterogéneos. En los paisajes mediterráneos el factor explicativo de la riqueza de aves es la heterogeneidad espacial de usos (Atauri y de Lucio, 2001).

La calidad visual del paisaje es un indicador de calidad del sistema ambiental como una expresión de su estado de salud ecológica, permitiendo a través de la riqueza y diversidad paisajística el interés y atracción por parte del público (Nassauer, 1995).

Los paisajes son una manifestación cultural. El conocimiento popular, los usos y prácticas agrarias tradicionales son un sello de identidad y patrimonio natural que permite proporcionar además de los valores socioculturales, aportar juicios de gestión para actuar coherentemente de cara al futuro.

1.3. Transformación del paisaje del valle central y precordillerana Andina

Según análisis arqueológicos, la ocupación humana en estos paisajes precordilleranos data desde tiempos tempranos entre los 9.000 - 5.000 años. En general, las actividades económicas de las poblaciones indígenas locales fue en torno a la caza y recolección estacional de frutos y plantas silvestres, pastoreo de camélidos y a una agricultura de baja intensidad. Los asentamientos indígenas, se organizaron en torno a los sistemas hídricos del Mapocho a los 2.500 m de altitud y del Maipo a los 1.800 m de altitud, que conforman la red hídrica de la cuenca andina (Stehberg, 1980). Todavía no queda claro cuales fueron las alteraciones ambientales de los indígenas sobre el ecosistema. Las pocas evidencias disponibles apuntan a que las transformaciones fueron relativamente escasas y de poca envergadura en el valle central y la cordillera Andina (Fuentes, 1988). Desde el punto de vista del paisaje, los policultivos indígenas se caracterizaban por ser miméticos, complejos e integrativos, imitando a los ecosistemas naturales (Cunill citado en Torrejon y Cisternas2002 ).

El proceso de transformación de carácter drástico de los bosques, y en general, del sistema del valle central y de la precordillera Andina se inicia con la llegada hacia el año 1550 de los españoles a Chile (Torrejon y Cisternas, 2002). En palabras de Cunill (Donoso, 1983) el efecto de la colonización significó un grave deterioro del paisaje efectivamente ocupado por los españoles, que correspondió al norte y centro del país, considerando como centro a la región de clima mediterráneo hasta aproximadamente la cuenca del Bío-Bío o quizás el río Malleco.

En las primeras etapas de la colonización - y especialmente desde la independencia (1810) - comenzó una ganadería y agricultura intensiva en los sectores planos cercanas a los ríos. En tanto que se inició la irrigación a una escala mayor y la extracción de leña, carbón y madera, y otros productos vegetales en los sectores cordilleranos. La expansión de las áreas usadas para fines agrícolas y el aumento en la intensidad del uso del suelo fueron consecuencia del gradual aumento de la población con el consecuente aumento de las necesidades de alimentación, vivienda y combustible. Enlazado a la demanda de sembrar trigo por parte del Virreinato de Perú, se incrementó el uso de los cerros, ya no sólo para el suministro de leña y otros productos complementarios, sino también para la agricultura de secano y abriendo el terreno para el pastoreo de animales (Fuentes, 1988).

Estos patrones de uso del paisaje se extendieron a lo largo del siglo XIX y gran parte del XX. En este último, se produce una intensificación en el uso del piedemonte cordillerano, por desmonte, aradura y sembrado de trigo sobre sus pendientes, que llevo a una transformación y degradación severa del paisaje (Donoso, 1983). A partir de 1960, en la ciudad de Santiago se produce una notable expansión hacia el oriente y sur del territorio. Los municipios localizados en el sector oriente, producto de políticas de desarrollo y habitacionales ineficaces han facilitado la expansión del área urbana y cambios de uso del suelo en los sectores situados por sobre los 700 m de altitud de los faldeos cordilleranos (Gross, 1982; Marchant, 1997). Por ejemplo, la comparación de fotos áreas entre 1955 y 1981, es decir, con un lapso de tiempo de algo más de 25 años entre ellas, refleja que la expansión urbana en las laderas al este de Santiago ha sido intensa y creciente e indicando que el bosque esclerófilo remanente ha retrocedido (Fuentes y col., 1993). Estas nuevas construcciones también han afectado directamente al sistema de drenaje natural, debido a que los cursos de escurrimiento han sido eliminado producto del pavimento, potenciando las posibilidades de inundación. Asimismo, el aumento de la población se ha orientado en gran parte sobre conos de deyección de cuencas hidrográficas, que presentan características torrenciales en épocas invernales, lo que ha generado una problemática social (Miethke, 1993). Como pudo verse en el invierno de 1994, con el aluvión que se produjo en la quebrada de Macul de consecuencias muy dramáticas.

En el último tiempo, producto de la cualidades paisajísticas que presenta la precordillera, se aprecia un incipiente incremento de afluencia de público como espacio de ocio y recreación (Marchant, 1997). El incremento de la movilidad de los habitantes, la cada vez mayor inhabitabilidad de la ciudad y la falta de espacios adecuados para el esparcimiento, donde el paisaje se ha artificializado, someten a este espacio natural a grandes presiones derivadas de la frecuentación y uso inadecuado del espacio (Prado, 1997). La alta frecuentación y una baja regulación de las actividades recreativas ha hecho aumentar el peligro de incendios, daño a la vegetación y contaminación de las aguas (Prado, 1997). Las estadísticas de la precordillera, señalan que la afluencia a los tres espacios naturales protegidos es cercana anualmente a las 100.000 visitas (CONAF, 1996), y tenderá aumentar significativamente en el futuro a éstos y a otros sectores del entorno (CONAF, 2002), como ya se puede apreciar en ciertas áreas colindantes a la Reserva Nacional Río Clarillo y en la Reina Alta, por ejemplo.

1.4. El desafío de la conservación del paisaje

Los paisajes montañosos manifiestan con vigor, incluso en áreas culturales de fuerte humanización “el imperio de lo natural” (Martínez de Pisón, 1998) donde sus cualidades naturalísticas, así como la heterogeneidad y complejidad de sus ecosistemas asociados, constituyen en la actualidad un bien social sin precedentes, no sólo por su enorme valor ambiental y científico sino también por su importancia cultural y escénico.

Sin embargo, las consecuencias ambientales y sociales de las transformaciones del paisaje precordillerano, ponen de manifiesto el conflicto entre la conservación y usos del territorio. No cabe duda que el actual desarrollo urbano en el piedemonte y el uso recreativo extensivo por parte de la población, ponen en jaque la supervivencia de la montaña y, por ende, de sus recursos naturales y paisajísticos, haciéndose necesario proteger y conservar adecuadamente para asegurar, la conservación y supervivencia de poblaciones viables de flora y fauna silvestre (Fahrig y Grez, 1996; Simonetti, 1999).

Evidentemente, esto pasa por recrear o crear nuevas formas de relaciones de uso de conservación entre la montaña y su entorno. La ciudad de Santiago no puede seguir su estrepitoso desarrollo urbanístico a espaldas de la precordillera Andina. Santiago es una realidad compleja, donde confluye un dinámico e intensivo proceso de concentración demográfico y actividad económica e industrial, concentrando una población de casi cinco millones y medio de habitantes que representa casi el 29 por ciento del total del país.

La sustentabilidad ambiental y económica de esta ciudad es inherente a la conservación de sus espacios naturales. De modo que, debe apostar por un buen funcionamiento de la naturaleza, por la calidad y cantidad de servicios que los ecosistemas y paisajes precordilleranos proveen a la sociedad. La carta Aalborg sobre ciudades sostenibles (1994) destaca que “… la sostenibilidad ambiental de las ciudades significa preservar el capital natural … el mantenimiento de la diversidad biológica, la salud pública y la calidad del aire, el agua y el suelo a niveles suficientes para preservar la vida y el bienestar humano …”.

Todo esto sugiere, planificar el territorio con instrumentos de gestión de índole legal, técnico y, sobre todo, con un presupuesto y personal explícitamente dedicado a las actividades consignadas, para dar respuestas eficaces y sustentables en cuanto a compatibilizar uso, desarrollo y conservación. Pero, a su vez, es clave comprender el papel que juega la población de Santiago en la dinámica y funcionamiento del paisaje. A través del tiempo, ha quedado demostrado que nuestra sociedad urbana, posee una escasa percepción de la riqueza del entorno natural, y con un brazo largo en cuanto a nuestra capacidad de transformar paisajes y ecosistemas alejados de nuestro sitio de residencia habitual (Fuentes, 1998). Desde el punto de vista de la conservación, es necesario la participación e integración de todos sectores sociales en entender el paisaje en un sentido más amplio, más que el soporte de actividades recreativas, económicas, urbanísticas, etcétera. sino como la trama clave del desarrollo humano como un hecho que merece aprecio, valor y conservación.

1.5. Objetivo del trabajo

El propósito de este trabajo es conocer la opinión y preferencias de la población de Santiago acerca de los paisajes de la precordillera Andina. En la línea que nos permita un mejor entendimiento de los gustos y necesidades de los individuos para su incorporación en las decisiones relacionadas con la gestión y conservación del paisaje mediterráneo de Chile central.

Los objetivos específicos se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

- Conocer las expectativas de conservación, uso e intervención de visitantes.
- Conocer las expectativas de conservación, uso e intervención de expertos y expertos ambientales.
- Identificar patrones de preferencias paisajísticas en visitantes, gestores y expertos ambientales desde el punto de vista naturalístico.
- Identificar si la densidad percibida de la vegetación influye en las preferencias paisajísticas.
- Identificar dimensiones de preferencias paisajísticas en términos variables de información.
- Relacionar variables perceptivas de belleza escénica en términos de la teoría de proceso de información.

II. MATERIALES Y MÉTODOS

2.1. Zona de estudio: Precordillera Andina de Santiago

El área de estudio comprende una sección longitudinal de la precordillera Andina de Santiago, que representa un paisaje tradicional de Chile central. Caracterizado por altas y escarpadas montañas con profundos barrancos. En el piedemonte, en las vertientes y laderas medias se encuentran cubiertas por un matorral esclerófilo siempre verde. En las laderas de exposición norte, poseen una cubierta de matorral xerófito con plantas espinosas y cactáceas. Los fondos de barrancos y sectores de umbría tienden a conservar bosque esclerófilo. En la zona altoandina se caracteriza por una gran dispersión y escasa representatividad, principalmente de estepa andina. La presencia humana se extiende por todo el piedemonte, a partir de los 1.200 m empieza a decrecer (Figura 1).

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Figura 1: Area geográfica de estudio en la precordillera Andina de Santiago (Chile)

2.2. Metodología de las entrevistas

El estudio se ha desarrollado mediante entrevistas a grupos de visitantes, de carácter urbano que frecuentan la naturaleza como medio de expansión y ocio, como también profesionales de entidades públicas y expertos medioambientales del sector privado de la ciudad de Santiago de Chile, personas con alta vinculación por su cualificación profesional con el área de estudio. En total se realizaron 132 encuestas a personas mayores de 18 años, durante la época invernal de 2003.

Con respecto a los visitantes, se recogió una cuota indicativa por punto de muestreo, sin restricción en cuanto a sexo, nivel socioeconómico y cultural. La elección se realizó de forma aleatoria simple. Dentro de cada punto se consideró las zonas de mayor concentración de público. En los casos, de encontrarse con grupos de personas, sólo se procedía a encuestar a 2 personas del mismo, para así evitar redundancias en las respuestas (Múgica y de Lucio, 1996). En total se realizaron un número de 106 entrevistas.

Los puntos de muestreo fueron seleccionados siguiendo dos criterios: por su alto nivel de frecuentación y por estar distribuidos homogéneamente por el territorio en estudio. Para tal efecto, se considero como punto de muestreo: el cerro San Cristóbal, el cerro Santa Lucía, y los accesos al sendero I, II y III del Proyecto PROTEGE.

El procedimiento seguido para seleccionar la muestra de profesionales de entidades públicas (en adelante gestores) y expertos medioambientales correspondió al método causal (Bisquerra, 1989). En el caso de los gestores, se fijo como criterio que fuesen profesionales pertenecientes a organismos públicos preocupados de la conservación y gestión del paisaje precordillerano. En total se realizaron 10 entrevistas. La muestra de expertos esta compuesta por 16 personas, entre profesores universitarios y profesionales y técnicos de consultoras ambientales. En ambos casos la entrevista se realizo en la oficina y en el transcurso de la hora de trabajo.

2.1. Cuestionario de opinión

El cuestionario de opinión, se compone de una serie de preguntas cerradas y abiertas. En ambos casos relativas a la percepción del estado actual y futuro del paisaje precordillerano, selección de alternativas de intervención y/o conservación del paisaje, e información descriptiva del perfil de los entrevistados (lugar de residencia, edad, género y nivel de estudios) (Anejo 1). A efectos del presente trabajo, no se pretende cuantificar el grado de deterioro que sufre el medio natural, sino obtener información acerca de la percepción que los individuos tienen de la existencia de los mismos.

Para el caso de los visitantes, se recogió además un grupo de preguntas relacionadas con actividades de ocio, frecuentación y grado de satisfacción obtenido al visitar la precordillera Andina.

2.2. Formación del banco de imágenes de paisajes

El estudio se ha complementado con un cuestionario de preferencias paisajísticas a través de fotografías. Para ello, se realizó un muestreo fotográfico en las cuatro comunidades vegetales dominantes en la zona de estudio: Estepa de espino, Laderas de exposición norte, Matorral esclerófilo siempre verde y Fondo de quebradas.

Para determinar la influencia de la estructura de la vegetación en las preferencias paisajísticas, se considero fotografiar en cada comunidad cuatro categorías de densidad de la vegetación. De tal modo se fotografío una categoría de vegetación densa (75-100%), semidensa (50-75%), abierta (25- 50%) y muy abierta (0-25%). En general, esta muestra fotográfica representa todas las posibles combinaciones paisajísticas que pueden darse en la zona de estudio. Por último, la densidad de la vegetación en cada comunidad, se estimo visualmente en el campo. A modo de ejemplo, en la figura 2 se muestra las fotos de la comunidad vegetal de Laderas de exposición norte según las cuatro categorías de densidad de vegetación establecidas. En el anejo 2 se muestran todas las imágenes de paisaje utilizadas.

El muestreo se efectuó durante el invierno de 2003. El registro fotográfico se realizó mediante una serie de recorridos con el apoyo de mapas topográficos 1:50.000 y de un receptor GPS (Global Position System), que permitió ubicar la posición de cada foto en el territorio. Las fotos fueron tomadas con una cámara digital de alta resolución y con un campo visual panorámico del paisaje. Las fotos fueron dirigidas hacia toda la panorámica observable desde el lugar, y en todas ellas se procuró que el cielo ocupase una extensión similar, y los primeros planos que pudiesen ocultar perspectivas más lejanas fueron evitados.

En cada lugar en que se tomo una fotografía se registro el tipo de paisaje que corresponde, tipo densidad (denso, semidenso, abierto y muy abierto), posición geográfica en coordenadas (UTM), altitud y orientación del punto a donde se tomo la fotografía, nombre del lugar o del punto más cercano, fecha, hora y observaciones como si es lugar es muy frecuentado por personas, impactos evidentes sobre la vegetación por incendio, pisoteo, vandalismo, etc.

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Denso

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Semidenso

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Abierto

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Muy abierto

Figura 2: Ejemplo en fotos de un paisaje de Laderas de exposición norte según las cuatro categorías de densidad de vegetación.

Para confeccionar la colección de fotos se escogió al azar una fotografía por categoría de densidad de vegetación según tipo de paisaje. Esto llevó a la generación de una colección de 16 fotos de la precordillera Andina. Luego, se construyo 3 cuadernillos. Donde, cada foto fue fijada en una hoja de color negro y encuadernadas para permitir al pasar las hojas en la entrevista con mayor facilidad.

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Figura 3: Lugares donde se tomaron fotografías del paisaje de la precordillera Andina de Santiago y municipalidades del ámbito de estudio (Imagen SPOT, 1996).

2.3. Protocolo

El protocolo de encuesta seguido se inicia informando al entrevistado que la escuela de Ecología y Paisaje de la Universidad Central de Chile en colaboración con el Grupo de Ecología del Paisaje del Departamento Interuniversitario de Ecología de la Universidad de Alcalá de Madrid, viene desarrollando una investigación sobre la interacción de la población de Santiago con el paisaje precordillerano Andino. Para tal efecto, se pide su colaboración y dedicación de unos minutos de su tiempo para conocer su opinión y preferencias acerca de los paisajes que le resulten más atractivos e interesantes.

Dicho esto, el encuestador va leyendo las preguntas del cuestionario de opinión y va rellenando según las respuestas del entrevistado. Terminada la primera parte del cuestionario, el encuestador entrega el cuadernillo de fotos al entrevistado, para que vea primero todas las fotos. Luego, se pide que frente a cada foto de paisaje, las puntúe en una escala de 1 a 7 (en función de menos1 a más 7 ), por su Belleza Escénica, Coherencia, Complejidad, Legibilidad y Misterio (Anejo 3). Para obtener la máxima de independencia en la evaluación de las escenas, los atributos fueron evaluados separadamente.

Terminado de evaluar las fotos por cada atributo visual, y habiendo revisado que ninguna foto del álbum quede sin valorar, como preguntas del cuestionario sin contestar, se agradece al entrevistado su colaboración e interés en participar en nuestra investigación.

Consideraciones Generales

- Se debe instar a que las valoraciones sean totalmente personales y espontáneas alegando que solo se trata de evaluar preferencias y que no hay paisajes estéticamente mejores a priori.
- El encuestador no debe emitir ningún juicio de valor o comentarios a las fotos, mientras sé esta realizando el test, que pueda influir en la decisión de elección del encuestado.
- En el cuestionario se les pide a los encuestados completar toda la hoja y sobre todo se alienta a no dejar ninguna casilla en blanco, insistiéndoles que necesitamos esta información para relacionarlas con las elecciones de paisajes que han efectuado en el test.
- Se debe insistir al encuestado que posee como máximo unos 10 segundos para emitir, en cada foto, su valoración. Lo que nos interesa es recoger su primera impresión de valor.
- Se debe insistir al encuestado que en las preguntas abiertas del cuestionario de opinión, estas deben ser muy breves y precisas.

2.4. Análisis de datos

El cuestionario de opinión fue analizado aplicando técnicas monovariantes. Se efectuó una descripción de la información descriptiva del perfil de los individuos, así como cada una de las preguntas en frecuencias, convertidas en porcentaje y mostrados en diferentes gráficas. Esta técnica ha sido usada en previos estudios que envuelven entrevistas de opinión (ver por ejemplo: Leal Filho, 1992; Bori-Sanz y Niskanen, 2002).

En las preferencias paisajísticas se tomó la puntuación media obtenida por cada una de las 16 fotografías de paisaje según atributo visual evaluado. Para determinar la influencia de la estructura de la vegetación en la belleza escénica se utilizó el test de ANOVA.

Con el fin de reconocer tendencias de variación de los atributos visuales por el conjunto de las valoraciones efectuadas por cada grupo de entrevistados, se realizó un análisis multivariantes de ordenación de Componentes Principales (Legendre y Legendre, 1984).

Para el cálculo de estas pruebas estadísticas se utilizó el paquete estadístico Statistica for Windows versión 5.1 (StatSoft, 1997). El nivel de significación fijado fue p < 0,05.

III. ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS

Primero, se presentan los resultados producidos en la encuesta de opinión. En los subsiguientes apartados se presentan las preferencias paisajísticas de los distintos colectivos abordados.

Posteriormente, desde la perspectiva de una gestión activa del paisaje se desarrolla una discusión general entorno a las tendencias generales del cuestionario de opinión y de preferencias. Para finalizar, con la exposición de las conclusiones del trabajo y un conjunto de recomendaciones y propuestas para mejor la conservación de la diversidad paisajística y la calidad del paisaje precordillerano.

3.1. Visitantes: Cuestionario de opinión y preferencias paisajísticas

En nuestro estudio, de la muestra de 106 individuos obtenida en distintos puntos de la ciudad de Santiago, únicamente un 5,77% presentan un nivel de estudios primarios y medio. Casi un 9,62% afirma tener estudios técnicos, siendo el número de individuos con estudios superiores o universitarios el 84,62% del total.

La edad de la muestra, se distribuye en la forma de un 39,42% de encuestados con edades iguales o inferiores a los 24 años, (la edad mínima de la muestra ha sido de 19 años), 27,88% de edades comprendida entre los 25 y 35 años y un 32,69% con edades superiores a los 35 años. En relación al sexo, el 36,54% de la muestra son hombres y el resto mujeres (63,46%).

Con respecto a la procedencia, los entrevistados pertenecen a 21 municipios del gran Santiago, donde el 19,23% vive en la comuna de Ñuñoa, el 15,38% en la comuna de Las Condes y un 10,58% vive en el municipio de Providencia. Cabes decir, que dichas comunas se ubican en el sector oriente de la ciudad, colindantes con el sector del piedemonte de la precordillera Andina.

3.1.a. Opinión del entorno. Conocimiento y beneficios

Al ser consultados sobre que plantas y animales silvestres conocen de la precordillera Andina de Santiago, los encuestados han nombrado un total de 48 especies de plantas, de las cuales 29 son nativas (60%) y el resto a exóticas. Es interesante hacer notar, que de las 29 plantas nativas citadas, sólo 24 de las especies nombradas se distribuye en la zona de la precordillera Andina. Las plantas nativas más nombradas han correspondido a Espino (Acacia caven) (17,52%), seguido de Litre (Litraea caustica) (14,96%) y Quillay (Quillaja saponaria) (8,12%). Todas ellas corresponden a especies arbóreas del bosque esclerófilo.

En relación a la fauna silvestre, se han señalado un total de 54 especies. De las cuales 37 son nativas y el resto alóctonas. De las 37 especies nativas nombradas sólo 10 especies corresponden a la zona de la precordillera Andina. Las especies más nombradas han sido Conejo silvestre (13,25%) seguido de Zorro (11,11%) y Ratón (8,97%).

En general, destaca un cierto conocimiento de los recursos florísticos y, algo menor, de los faunísticos de la precordillera. Por un lado, se aprecia un conocimiento especialista de la flora del lugar, nombrando mayoritariamente especies típicas del ecosistema precordillerano. Por otro, en relación a los recursos faunísticos observamos un conocimiento más bien escaso o de tipo generalista. Es decir, la percepción es más bien vaga de las especies que habitan en este ecosistema. Por ejemplo, especies como el cóndor y puma fueron escasamente citados, a expensas de especies, como los caballos, que fue más nombrada por los visitantes.

En estas respuestas, se percibe que una baja interacción con el medio natural, produce una escasa percepción del entorno y sus relaciones faunísticas. El conocimiento se va generando a través del contacto, de la interacción con el medio y las personas que viven en la ciudad, como la mayoría de los encuestados, por lo general tienen una relación muy esporádica y también distante de la naturaleza. Un riesgo de una aptitud así, puede estar en que si comenzaran a desaparecer ciertas especies claves de la cadena trófica del ecosistema precordillerano, como el cóndor o cualquier otra especie; difícilmente lo valoraríamos y no tomaríamos las acciones públicas necesarias a fin de prevenir estas extinciones.

En general, al ser consultados sobre los beneficios que el paisaje precordillero Andino otorga a la ciudad de Santiago, los encuestados evalúan como importantes el aire limpio destaca con el 27,85% seguido de la calidad visual con el 22,78% y con un 15,19% la descontaminación. Nuevamente aparece como un elemento destacado la calidad visual y se incorpora la conservación de la naturaleza y la recreación con el 19,48% y 18,18% respectivamente. Como beneficios menos importantes aparece la recreación con el 29,73% seguido por la calidad visual y conservación de la naturaleza con el 28,3% y 8,11% respectivamente (tabla 1).

Tabla 1: Beneficios de la precordillera Andina por grado de importancia según visitantes consultados (%) (N=106).

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En estas respuestas, el hecho de que aparezcan algunas de las variables valoradas de muy distinta manera, da la idea de la falta de consenso que existe a nivel general acerca de la importancia de los beneficios que el paisaje precordillero Andino ofrece a la ciudad de Santiago. Tal es el caso, de la calidad visual y conservación de la naturaleza, ambas muy valoradas como muy importante, importante y poco importante. Problamente, la opinión sobre estos beneficios por parte de la población no es muy clara, debido a la falta de información. Si atendemos el aire limpio, toma valores altos (27,85%), por lo que a priori y teniendo en cuenta que no fue calificado como poco importante, presupone que puede ser uno de los beneficios más tenidos en cuenta por los visitantes.

3.1.b. Opinión del entorno. Presente y Futuro

Preguntados su opinión sobre al estado actual de conservación del paisaje precordillero Andino de Santiago, más del 63 % de los entrevistados valora como un paisaje muy poco conservado o deteriorado. Mientras que otro grupo, tiene un percepción más favorable, es decir, el 37% opina que esta conservada o muy conservada (figura 4).

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Figura 4: Distribución de frecuencias sobre el estado de conservación del paisaje precordillerano según visitantes consultados (N=106).

En directa relación con la opinión sobre al estado de conservación del paisaje precordillero Andino está la percepción de los visitantes en cuanto a la satisfacción ambiental. Al respecto, en general los encuestados señalan que es muy satisfactoria. Es decir, más del 90% de los individuos considera que su experiencia ha sido como satisfecha o muy satisfecha en la precordillera (figura 5).

En estas respuestas, se aprecia que a pesar de ser un lugar poco conservado o deteriorado, para una parte de los visitantes, sigue siendo un espacio natural, donde el disfrute y contacto con la naturaleza, todavía reporta una alta satisfacción emocional y ambiental en las personas.

[...]

Final del extracto de 87 páginas

Detalles

Título
Actitudes, expectativas y valoración paisajística de la precordillera Andina por la población de Santiago de Chile
Subtítulo
Aplicación a la gestión y conservación de la diversidad paisajística
Universidad
Universidad de Alcalá
Autor
Año
2003
Páginas
87
No. de catálogo
V187236
ISBN (Ebook)
9783656112280
ISBN (Libro)
9783656112365
Tamaño de fichero
1148 KB
Idioma
Español
Notas
Etiqueta
actitudes, andina, santiago, chile, aplicación
Citar trabajo
Gonzalo de la Fuente de Val (Autor), 2003, Actitudes, expectativas y valoración paisajística de la precordillera Andina por la población de Santiago de Chile, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/187236

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