Análisis multimodal de la campaña electoral del 2008 en los Estados Unidos


Tesis de Máster, 2011
116 Páginas

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Indice

1 Introducción

2 El material de análisis

3 Análisis del discurso. Teoría, conceptos y métodos
3.1 Del discurso a su análisis
3.2 Componentes del discurso. Definiciones
3.3. Sobre la historicidad del discurso y las ideologías
3.4 ¿Análisis crítico del discurso?
3.5 Método del análisis tradicional del discurso
3.6 El análisis del discurso aplicado a la imagen

4 Análisis multimodal del discurso
4.1 Multimodalidad y sus postulados
4.2 Los cinco conceptos centrales del análisis multimodal
4.3 Tres tendencias de análisis multimodal
4.4 La teoría de los frames
4.5 Método del análisis multimodal

5 Nuestra propuesta: análisis del discurso mediante fusión de métodos
5.1 El análisis paso a paso
5.2 Praxis
5.2.1 Microanálisis
5.2.1.1 Sintagmas nominales
5.2.1.2 Sintagmas verbales
5.2.1.3 Uso de pronombres y sustantivos propios
5.2.1.4 Figuras retóricas/estrategias argumentativas en el enunciado oral y escrito
5.2.1.5 Retórica de la imagen
5.2.1.6 Símbolos colectivos / default values / frames
5.2.2 Macroanálisis
5.2.2.1 Recurrencia de determinados temas políticos
5.2.2.2 Recurrencia de determinados temas no políticos
5.2.2.3 Los predicativos de futuro con connotación positiva vs. presente negativo
5.2.2.4 El uso de recursos retóricos de forma manipulativa/persuasiva
5.2.3 Resultado
5.2.3.1 El mensaje de cada anuncio
5.2.3.2 Los mensajes generales de cada campaña
5.2.3.3 Efectos buscados por los mensajes
5.2.3.4 Los receptores ideales de los mensajes
5.3 Evaluación

6 Conclusión

7 Apéndice

8 Bibliografía

1 Introducción

“El deseo dice: «No querría tener que entrar yo mismo en este orden azaroso del discurso; no querría tener relación con cuanto hay en él de tajante y decisivo; […]” (Foucault 1970:10)

Y sin embargo, ¿qué sería del deseo si no contara con los artilugios comedidos del discurso para poder ser expresado? Y ¿qué sería del discurso mismo sin un deseo que lo motive?

Este trabajo intenta vislumbrar el fondo de ambos, de los anhelos y las intenciones que se esconden bajo el discurso revelado y de los caminos retóricos elegidos para expresarlos.

Pero como nos explican Calsamiglia y Tusón (2002:17), para realizar un análisis de este tipo debemos partir del principio de que la comunión de intención y habla se realiza en un ámbito social, en un contexto lingüístico que es a la vez creado, modificado y confirmado por el discurso pronunciado. De ahí que el análisis del discurso, tarea que nos proponemos, implique no sólo el análisis de la expresión lingüística, sino también de su contexto. Debemos entonces visualizar el mismo en nuestro análisis, debemos hacerlo presente; concretamente, debemos elegir, delimitar y situar el tema al que nos queremos dedicar.

En el año 2008 se sentó un precedente en la historia política de los Estados Unidos de Norteamérica: un candidato demócrata perteneciente a una minoría étnica fue electo presidente por primera vez. Y contó para eso con el apoyo de otra minoría etnolingüística: la de los votantes latinos de ese mismo país.

Pero ese no fue el único precedente sentado en el 2008 en materia política: la página de Internet en español del Departamento de Estado de los Estados Unidos[1] publicó en agosto de ese año un artículo según el cual un informe de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore habría reportado en el mes de abril un presupuesto dedicado a las campañas electorales en español como no se había visto nunca antes en los Estados Unidos. Se habló de cifras que superarían los 20 millones de dólares por cada uno de los partidos con candidatura – republicano y demócrata – repartidos entre internet, organización y costos de mitines y producción y emisión de anuncios para la radio y la televisión. El voto latino ha sido decididamente uno de los protagonistas de los entretelones de las últimas elecciones norteamericanas.

Y los candidatos a la presidencia, Barack Obama y John McCain, han hecho todo lo posible para conseguirlo.

Posiblemente haya sido una de las claves en sus campañas la emisión de mensajes dirigidos especialmente a los habitantes hispanos de la región. Doce de esos mensajes – seis pertenecientes a la campaña de cada candidato – emitidos por televisión poco antes de las elecciones serán nuestro material de análisis. En el capítulo 2 expondremos las características de este material y ubicaremos a los receptores de estos mensajes, los hispanohablantes, dentro del contexto político estadounidense.

El objetivo principal de este trabajo es responder a algunas cuestiones sobre las ideologías presentes en el discurso etnopolítico de ambas campañas. Concretamente nos interesa averiguar cuál es el concepto de los hispanos sobre el que se han basado los candidatos para la construcción lingüística de sus mensajes, cuál es la idea de ellos mismos como futuros presidentes que intentan transmitir, sobre qué bases culturales se asientan sus campañas y qué ideologías lingüísticas sustentan su discurso político. Para esto utilizaremos como base la teoría y el método del análisis del discurso. En los apartados del capítulo 3 expondremos los componentes básicos de esta teoría y la forma en la que un análisis lingüístico puede llevarse a cabo dentro de ella.

Como apreciamos en el párrafo anterior, los aspectos netamente políticos y/o netamente socio-culturales no están comprendidos en nuestro marco de análisis. Esto se debe a nuestra intención de mantenernos dentro de un perfil predominantemente lingüístico. Por supuesto que tendremos en cuenta los aspectos mencionados a la hora de evaluar nuestros resultados dentro de un contexto social, pero no serán tratados de forma específica.

Para alcanzar los objetivos que nos proponemos no basta con analizar los mensajes en sí mismos, sino que debemos tener en cuenta también el medio por el cual fueron transmitidos a sus receptores. No estamos hablando con esto de poner a los medios de comunicación bajo la lupa, sino de considerar los mensajes como un conglomerado de signos transmitidos mediante más de un canal de comunicación.

Seguramente coincidiremos todos en afirmar que los medios masivos de comunicación – especialmente la televisión – se han convertido en las últimas tres décadas en el escenario principal sobre el que se despliega una gran parte de la comunicación social en general y de la política en particular. Como afirma Knauer (2008b:9), este tipo de medio impone una estética propia. Así también su tecnología: empezamos a acostumbrarnos a apreciar las cualidades artísticas de nuestros políticos en agitados talk shows o a vivir las emociones de un mitín en alta definición y con sonido envolvente. Se trata de eventos comunicativos que demandan un número cada vez mayor de nuestros cinco sentidos. La comunicación es cada vez más multicanal y multimodal.

Baldry y Thibault (2006:21) explican que el término “multimodal” implica la existencia de distintos recursos lingüísticos – palabras, imágenes, sonidos, texto, etc. – que se combinan y potencian en un todo que otorga significado al mensaje.

Teniendo en cuesta esta realidad lingüística debemos buscar la forma de incluir esta multimodalidad del mensaje en nuestro análisis discursivo. Precisamente de esto tratan los apartados del cuarto capítulo: incursionan en la teoría de análisis multimodal del discurso, sus conceptos y sus métodos.

Finalmente, en el capítulo 5 llevaremos a la práctica nuestro análisis luego de haber explicado nuestro procedimiento e intentaremos llegar a una evaluación de los datos obtenidos que nos permita responder a las cuestiones que nos hemos planteado como objetivo.

2 El material de análisis

Como ya hemos mencionado en la introducción del trabajo, el material que nos proponemos analizar está formado por doce anuncios televisivos de las campañas electorales a la presidencia de los Estados Unidos del año 2008. De estos doce anuncios, seis corresponden al candidato demócrata, Barack Obama, y los otros seis, al republicano, John McCain.

Los anuncios han sido seleccionados teniendo en cuenta su temática y la cantidad de cambios de escena que contienen, intentando que sean lo más paralelos posible para evitar diferencias de análisis no objetivas entre los dos candidatos.

Los spots fueron emitidos por las cadenas americanas de televisión con transmisión en español Univisión y Telemundo, principal e intensivamente en el mes de octubre. Las elecciones tuvieron lugar en noviembre del 2008. Las grabaciones de los spots son privadas.

Podemos decir, entonces, que utilizaremos un material que conforma un corpus lingüístico delimitado. Disponer de un material de estas características es, como explica Baldry (2004:96), condición necesaria para identificar los fenómenos lingüísticos que nos proponemos estudiar, ya que para llevar a cabo su análisis necesitamos poder delimitar y fraccionar el material y comparar sus distintos componentes entre sí. Más detalles del método de análisis se verán en un apartado posterior.

Podemos decir también que utilizaremos un material que forma parte del discurso político. La definición de lo que es el discurso político es muy compleja, sobre todo en cuanto a las delimitaciones de lo que debe considerarse como discurso político y lo que no, pero para este trabajo alcanza el concepto de Van Dijk que propone interpretar como discurso político lo dicho por los actores y autores de la política en un contexto político o relacionado con él (1999:12ss).

Desde un punto de vista macroestructural existen distintos aspectos o características que podemos esperar encontrar en un material que forma parte del discurso político (Van Dijk 1999:19ss). De todas ellas nos interesan para este trabajo en particular las siguientes:

- la manifestación de valores culturales, los que variarán según la ideología política del autor del mensaje.
- la ideología política misma, interpretada como sistema de creencias y representaciones políticas compartidas por la comunidad en la que se expresa el mensaje.
- la recurrencia de temas políticos de interés específico según el contexto espacio-temporal del mensaje (en nuestro caso, la campaña presidencial 2008 en los Estados Unidos), entre ellos la figura del candidato, la del opositor, la propuestas del partido, las acciones del partido gobernante, etc.
- la recurrencia de temas no políticos en su estructura, pero que forman parte del interés del discurso político, tales como la educación, el empleo, la inmigración, la salud, etc.
- el uso de predicados positivos orientados al futuro junto con referencias negativas al presente.
- elecciones variadas de modo, manipulación del léxico y uso de recursos retóricos con función persuasiva, muchas veces “polarizada” (nosotros vs. ellos).

Habiendo tratado las generalidades del material a analizar – los detalles los veremos en la parte práctica de este trabajo –, dediquémosle ahora algunas líneas al contexto socio-político en el que surgió nuestro material en los Estados Unidos.

Según datos del U.S. Census Bureau [2] , la población de origen hispano en los Estados Unidos estaría alcanzando este año – 2010 – los 47,8 millones de individuos, o sea, un 15,5% de la población total, y se espera que esta alcance los 102, 6 millones en el año 2050, es decir, un 24,4%.

La tasa de crecimiento de la población hispana en los Estados Unidos es tres veces mayor que la de la población total, y los estados con mayor concentración de habitantes latinos son California, Texas y la Florida.

Teniendo estos datos en cuenta es fácil imaginar que el voto latino represente en la actualidad un potencial que los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos no pueden ignorar. Según Jorge Ramos (2005:1), en el 2004, el voto latino significó un 8% del total de los votos en las elecciones de ese año, lo que indica un incremento de 3 millones de votos latinos con respecto a las elecciones anteriores.

Del total de ese 8%, un 44% de los votos fue para el candidato republicano George Bush, 31% más que en su campaña anterior, y el mayor porcentaje de votos latinos que obtuvo un republicano en la historia de Norteamérica.

Sabiendo que los latinos histórica y tradicionalmente apoyan al candidato demócrata, este nuevo fenómeno de apoyo al candidato republicano descoloca el panorama político hispano de manera tal que ninguno de los dos partidos puede contar con un voto latino seguro solo a base de la tradición, o mejor visto desde otra perspectiva: el voto latino se convierte con esto en una carta importante del juego político para ambos partidos a la que vale la pena dedicarle mayor atención en las campañas. “[...] the importance of the Hispanic vote is defined by its ability to determine an election despite not representing a majority of the voting population […] They can represent the deciding vote” (Ramos 2005:58).

La decisión de los latinos de apoyar al candidato republicano en el 2004 habrá tenido seguramente mucho que ver con la plataforma electoral que presentó ese partido. Como la mayoría de los ciudadanos norteamericanos, los latinos esperan de sus presidentes mejoras en el área de la educación, del empleo, de la propiedad y del desarrollo personal. Teniendo en cuenta que la edad de muchos de los latinos en Norteamérica está por debajo de los 18 años y que otro tanto transita sus primeros años laborales, el candidato que presente las mejores perspectivas en el área de educación y empleo tendrá buenas posibilidades de obtener un voto hispano (Ramos 2005:156s.).

Pero como indica un estudio del Tomas Rivera Policy Institute [3] mencionado por Ramos (2005:48), la estrategia de dirigirse a los potenciales votantes latinos en el idioma español – estrategia desarrollada por Sonia Colin y aplicada por George Bush – ha sido decisiva para captar el voto de los hispanos bilingües.

A esto hay que sumarle que California, Texas y la Florida han sido estados clave en las elecciones presidenciales desde los años '60, ya que todo candidato que ha ganado en al menos dos de esos estados ha ganado también la presidencia. Como son, al mismo tiempo, aquellos con el porcentaje más alto de población latina, el voto hispano de esos estados es de importancia primordial para los candidatos; pudiendo este incluso llegar a decidir los resultados de una elección. Esto, sumado al hecho de que el 23% de los televidentes de origen latino ve programas en español y el 50% en ambos idiomas, hacen de los anuncios televisivos en español un arma poderosa para los candidatos (Ramos 2005:69ss).

Knauer (2008a:48s) nos recuerda que además de llegar a los votantes bilingües, los anuncios de una campaña electoral en español pueden tener una influencia decisiva en lo que es llamado el “voto indirecto”, entendido como la opinión de quienes no están en condiciones de votar o de las personas allegadas que no residen en los Estados Unidos pero que mantienen contacto y pueden influir en las decisiones de los votantes hispanos, tales como familiares y amigos.

En cuanto a las características de una campaña electoral en español, Knauer señala que si el grado de aculturación de la comunidad hispana se considera alto, la campaña tenderá entonces a la estandarización. Si el grado de aculturación se considera bajo, la campaña intentará incorporar los conceptos culturales de la minoría a la que se dirija, en este caso, de los latinos. “Las bases culturales para establecer un eficiente mercado hispano en los Estados Unidos son: la familia, la religión, la lengua y la ética laboral” ( Knauer 2008a:43).

Teniendo en cuenta todo lo que hemos visto hasta ahora resulta interesante entonces investigar si los puntos característicos del discurso político que menciona Van Dijk aparecen en nuestro material, pero con el objetivo de evaluar, siguiendo así la línea de Knauer, cómo son reflejadas en las campañas de ambos candidatos a la presidencia en el 2008 dichas bases culturales y cuáles son los conceptos sobre las instituciones latinas que se expresan en los anuncios. Así mismo resulta un foco de interés el analizar qué aspectos de la cultura norteamericana son destacados, cuál es el perfil de sí mismos que los candidatos intentan transmitir y cuál es la ideología lingüística en la que se sustenta cada una de las campañas.

Proponemos llevar a cabo un análisis del discurso político de ambas campañas para intentar encontrar respuestas a estas cuestiones. Adentrémonos entonces en la exploración de las bases teóricas sobre las que puede asentarse ese análisis.

3 Análisis del discurso. Teoría, conceptos y métodos

Como ya hemos dicho antes, una de las bases teóricas en las que se sustenta este trabajo es el análisis del discurso. De ahí que resulte relevante dedicarle un capítulo a esta rama de la lingüística. Pero no podemos adentrarnos en esta teoría sin preguntarnos primero sobre el significado de la palabra “discurso”. Intentaremos responder a esta pregunta.

3.1 Del discurso a su análisis

Ingo Warnke (2007: 3) aclara, y no sin razón, que la definición del concepto “discurso” está lejos de ser clara y concisa. Distintas disciplinas –tales como la lingüística, la sociología, la antropología, etc.– y distintos autores adjudican al concepto significados y asociaciones distintas. Sin embargo, la importancia de este concepto para las disciplinas científicas no parece verse afectada por este desacuerdo definitorio. Esto se debe, según Meier (s/a: 2), a que todos los conceptos de “discurso” tienen un denominador común: Michel Foucault. Este filósofo francés interpreta el discurso como una práctica regulada del uso de los signos en la que los actores participantes construyen e interpretan su propia realidad física, histórica y social a través de la práctica discursiva en sí misma. Jäger (1993:152) destaca en esta definición la característica de “regulación” adjudicada al discurso, afirmando que la práctica discursiva siempre se produce de forma estructurada, es decir, reglamentada. Estas reglas, sin embargo, varían de un discurso a otro según las condiciones sociales e históricas en las que el evento discursivo se lleve a cabo.

De forma más precisa podemos imaginarnos el desarrollo de un evento discursivo[4] como una combinación de elementos lingüísticos disponibles a los sujetos de una sociedad determinada con el fin de comunicarse. La elección de estos elementos no será plenamente libre, sino que estará condicionada por el contexto personal, cultural, histórico y social de los sujetos participantes en la producción e interpretación de este evento (Calsamiglia/Tusón 2002:15). Este condicionamiento, no obstante, no deja de ser de algún modo flexible: tal y como afirma Van Dijk (2003:10), determinadas características sujetas a la elección individual tales como la entonación, la selección del léxico, de los recursos retóricos, de las formas verbales, etc., pueden manifestar o movilizar distintas estructuras sociales subyacentes. Siempre que exista la posibilidad de elegir, existirá también un cierto grado de flexibilidad.

Dándole a esta última explicación una mirada inversa, podemos deducir entonces que las diversas estructuras subyacentes que sustentan las relaciones y conflictos de una sociedad pueden ser puestas al descubierto mediante el análisis de sus manifestaciones discursivas. Continuando con la idea de Van Dijk llegamos de esta forma a la teoría lingüística que nos ocupa: el análisis del discurso.

El análisis del discurso persigue el objetivo de desentramar la red tejida por las distintas ramas discursivas que conforman en su conjunto el discurso de una sociedad determinada. Siguiendo la afirmación de Jäger (1993:184) podemos decir que estas ramas discursivas se entrelazan a lo largo de la historia mediante la repetición de determinadas rutinas lingüísticas que tienen la contextura de una regla y que son aceptadas, trabajadas y aplicadas por los sujetos como normas en forma de conocimiento colectivo sin que estos sujetos sean, en su mayoría, conscientes de ello. El análisis del discurso facilita el reconocimiento y el estudio de estas normas. Esto último hace de esta teoría un anclaje interesante para este trabajo.

Pero, visto de esta manera, el análisis del discurso en general parece una tarea de titanes. La realidad es que, como individuos sociales y como lingüistas, nos enfrentamos a casos particulares de realizaciones discursivas o, a lo sumo, a un grupo de ellas, en caso de hacer el análisis de un corpus lingüístico como sucede en este trabajo. Con esto surge una duda sobre el procedimiento, la efectividad y las posibilidades de generalización del resultado con los que el análisis del discurso puede llevarse a cabo.

Jäger aporta una primera solución a esta crítica (1993:205) afirmando que lo particular en el discurso es ni más ni menos que una porción de lo general, es decir, que lo específico manifestado en un plano lingüístico es una muestra que contiene las mismas características que el todo discursivo de ese mismo plano lingüístico. De esta manera, el análisis de una muestra nos permitirá sacar algunas conclusiones sobre el discurso de una sociedad en general. Este es el fin que se persigue en las próximas páginas.

3.2 Componentes del discurso. Definiciones

Retomando el hilo sobre el discurso como objeto de análisis resulta conveniente para la lectura del resto del trabajo aclarar y definir algunos términos relacionados con el tema que irán apareciendo próximamente. Para esto hemos seleccionado solo los conceptos que, a nuestro parecer, resultan importantes para nuestra tarea.

Comencemos con “evento discursivo”, un concepto que optamos utilizar según la definición aportada por Jäger ( 1993:157) en la que se determina que no se trata de un evento real en sí mismo, sino del discurso que se genera en torno a él. Calsamiglia y Tusón (2002:18) completan esta definición agregando que para que un evento discursivo se realice es necesario un medio de comunicación tal como la palabra, ya sea oral, visual o auditiva. Esta es la principal distinción entre el evento real y el discursivo.

Sobre la existencia de normas que condicionan la realización del evento ya hemos hablado antes.

El evento discursivo da lugar al surgimiento de un “fragmento discursivo”, que es un acto comunicativo en el que se trata un tema determinado. Es importante distinguir que el fragmento discursivo no tiene por qué coincidir con el comienzo y el fin de ese acto comunicativo concreto. Un texto, por ejemplo, puede contener más de un fragmento discursivo cuando trata más de un tema.

Una cantidad determinada, es decir, un conjunto de fragmentos discursivos del mismo tema conforman a su vez una “rama discursiva”, la que se desarrolla en un “plano discursivo” concreto. Los distintos planos discursivos tienen una relación simbiótica, y por esto se influyen los unos a los otros.

Hasta aquí las definiciones simples que provienen de los conceptos explicados por Jäger (1993:181ss)

Ahora bien, existen aún algunas nociones un poco más complejas para cuya explicación este autor (1993:157ss) toma los conceptos de Jürgen Link. Se trata del “interdiscurso” y de los “símbolos colectivos”.

El interdiscurso es el nivel en el que los fragmentos, las ramas y los planos discursivos se entremezclan y conectan entre sí y que debe ser interpretado como una red en la que se entretejen todos los componentes del discurso mencionados recientemente y que se mantiene unida por medio de un sistema de “símbolos colectivos” comunes a todos los miembros de una sociedad determinada, llamado por Link “Sysykoll”. Link afirma que:

“das Sysykoll […] suggeriert eine imaginäre gesellschaftliche und subjektive totalität für die Phantasie, während wir in der realen Gesellschaft und bei unserem realen Subjekt nur sehr beschränkten Durchblick haben, fühlen wir uns dank der symbolischen Sinnbildungsgitter in unserer Kultur stets zuhause, wir wissen nichts über Krebs, aber wir verstehen sofort, inwiefern der Terror Krebs der Gesellschaft ist“ (Link citado por Jäger 1993:162).

Este último concepto es particularmente importante para este trabajo porque precisamente de esto nos ocuparemos, entre otras cosas, en las próximas páginas: de analizar alguno de esos símbolos colectivos que sustentan el discurso político dirigido a los hispanos en los Estados Unidos.

3.3 Sobre la historicidad del discurso y las ideologías

Habiendo definido el discurso y algunos de sus componentes podemos ahora adentrarnos en algunas reflexiones acerca del mismo como formador, portador y medio de expresión de las ideologías de una sociedad.

Siguiendo nuevamente a Jäger (1993:168ss) dejamos claro que el discurso sirve a los sujetos como herramienta que les permite formar y transformar la realidad que los rodea. De esta manera, el discurso posee una realidad propia “en potencia” cuyo desarrollo depende en cierto punto de sus actores pero que también está condicionado por la historia del discurso mismo. El discurso cuenta entonces con un pasado, un presente y, lógicamente, con un futuro. Esto último representa una idea de continuidad basada en el hecho de que, en la medida en que el discurso acuña la realidad actual, está dejando huellas que marcarán en mayor o menor medida el trascurso de los discursos venideros.

En este carácter de continuidad podemos fundamentar la afirmación de que el discurso no solo es portador de ideologías, sino que de alguna manera es definitorio para la continuidad o no de las mismas.

Por otra parte, la existencia de normas y reglas que regulan la producción del discurso en la medida que sirven como puntos de orientación para los actores de una sociedad implica un proceso comunicativo en el que estos actores no solo deberán interpretar el mensaje de su interlocutor, sino también comprender esas reglas que regulan de forma implícita esa comunicación para poder atenerse a ellas. Esto presupone una interpretación también de las intenciones de nuestros hablantes y, para retomar el tema, de sus ideologías, ya que estas, definidas por el diccionario de la Real Academia Española[5] como un “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” condicionan su mensaje. Y la interpretación del mismo por parte del receptor también. A esto debe agregarse que los sujetos que intervienen en la realización de un acto comunicativo no solo son individuos, sino también sujetos sociales y que, como miembros de una sociedad, forman parte de las relaciones ideológicas de la sociedad en sí, las que a su vez influyen las ideologías personales (Calsamiglia/Tusón 2002:16).

Con esto podemos dejar claro que el análisis del discurso implica una confrontación con la identidad, los conflictos, la relaciones y las ideologías de los sujetos participantes en el discurso y de la sociedad en la que este se desarrolla. La cuestión es ahora decidir si el análisis deberá concentrarse solo en la descripción del carácter lingüístico, social e ideológico del discurso o ir más allá y, en este último caso, hasta dónde.

3.4 ¿Análisis crítico del discurso?

Como respuesta alternativa a esta pregunta surge a comienzos de los años '90 una corriente dentro del estudio del discurso llamada “Análisis Crítico del Discurso” (en adelante ACD) que propone ir más allá de la mera descripción y comprometerse de forma activa en la denuncia y la lucha contra los abusos, las desigualdades y la injusticia existentes en las distintas sociedades.

Unos de los principales exponentes de esta corriente, Teun Van Dijk (2003:10ss), explica que el ACD no solo se caracteriza por su compromiso y su carácter crítico, sino porque incorpora más especificidad en sus métodos, los sistematiza y recurre al trabajo multidisciplinario, ya que además de analizar aspectos lingüísticos se toman en cuenta aspectos cognitivos y sociales del discurso.

Para Wodak y Meyer (2009:2), el trabajo interdisciplinario es una de las principales distinciones del ACD. La otra es la falta de interés por los aspectos lingüísticos en tanto estos no conduzcan al estudio de fenómenos sociales. Concretamente se puede definir como centro de interés del ACD no la producción del discurso en sí, sino la forma en la que esta expresa y reproduce las relaciones de dominación y poder de una sociedad y de qué forma manifiestan resistencia los grupo dominados dentro de esas relaciones, de ahí que “poder” aparezca como término central en esta corriente de análisis ( ver Wodak/Meyer 2009; Van Dijk 1999, 2003).

La parte “crítica” de esta corriente “zielt [...] auf die Offenlegung diskreter Geltungsansprüche, auf die Identifizierung von kommunikativen Widersprüchen und die Kennzeichnung von suggestiven Haltungen” (Warnke 2007:7).

Para decirlo de otra manera, el ACD se presenta a sí mismo como la teoría y el método ideal para el análisis de las ideologías de las que hablábamos en el apartado anterior.

Sin embargo, no todos los lingüistas celebran esta corriente como generadora genuina de métodos y teorías. Warnke (2007:7) y Ziem (2005:1) dejan claro que distintas posturas científicas se muestran reticentes al respecto y que la razón para esto reposa en la pérdida de vista o empañamiento del objetivo lingüístico que se produce en los resultados de las investigaciones basadas en el ACD cuando existe un exceso emocional provocado por las intenciones generativas de esta corriente.

Entendemos la fundamentación de estas críticas, pero consideramos que el grado de subjetividad con el que se lleva a cabo una investigación científica está más bien ligado a la ética y la competitividad del investigador, quien debe mantener de manera consciente la claridad de los objetivos de su trabajo.

Esto nos lleva a no rechazar de pleno la propuesta del ACD. Más bien concordamos con Jäger (1993:220ss) en la idea de llevar a cabo un análisis del discurso que sea útil para una posible posterior evaluación crítica de los resultados obtenidos, ya sea esta el fin último de nuestro trabajo o no. De esta manera, nuestro análisis, de corte mayormente lingüístico, también podrá ser provechoso para los investigadores de cualquier disciplina relacionada con el ACD, tales como la sociología, la antropología, etc., además de la lingüística.

Tal y como menciona Jäger, el análisis y la descripción de los componentes del discurso descritos en el apartado 3.2 es un paso previo y necesario para efectuar un ACD. Esta es la tarea principal que nos ocupa y que asumimos con pretensión de validez científica. No obstante, intentaremos dar un paso más

y evaluar de la forma más crítica posible los resultados obtenidos, aproximándonos así a un ACD en sentido “Jägeriano”, pero evitando perder de vista nuestro objetivo lingüístico.

A continuación haremos una primera incursión en la metodología que el análisis del discurso pone a nuestra disposición para el desarrollo de la tarea que nos hemos propuesto.

3.5 Método del análisis tradicional del discurso

Parte del método que utilizaremos en este trabajo proviene de Jäger (1993:187ss), quien propone unos pasos de análisis del discurso bien definidos. Según este autor, lo primero que el analista de un discurso debe hacer es determinar un área temática concreta, es decir, la rama discursiva con la que quiere trabajar.

Teniendo definida el área temática se procederá a realizar el análisis en cinco pasos:

1. Análisis de la macroestructura (del texto): En este paso se realizará una descripción global del contenido general del fragmento discursivo, prestando especial atención para distinguir si se trata de un solo fragmento o de varios y si hay conexiones con otras ramas discursivas.
2. Análisis del contexto no lingüístico: Aquí se tendrán en cuenta factores externos tales como el autor, la tematización de eventos discursivos, etc.
3. Análisis del contexto lingüístico: No se trata del análisis de las expresiones lingüísticas en sí, sino del medio lingüístico en el que aparece el material de análisis, ya que ningún fragmento discursivo existe aislado, sino que forma parte de una rama y ésta, a su vez, se entrelaza con otras en el interdiscurso, como ya hemos visto.
4. Microanálisis lingüístico: En este paso se hacen visibles las reglas que determinan el fragmento discursivo a analizar, por eso es importante prestar atención a la existencia de símbolos colectivos. También se tendrán en cuenta el léxico, el estilo, la estructura gramatical, la retórica y las estrategias de argumentación. En este caso es importante señalar que es el investigador quien decide cuán profundo debe ser el análisis a realizar. No se pretende ni es necesario hacer un análisis de cada detalle lingüístico.
5. Representación sistemática del fragmento discursivo: En este último paso se buscará relacionar los resultados obtenidos en los pasos anteriores. Se trata de la conclusión del trabajo, que dará lugar a la interpretación por parte del investigador y, si éste lo desea, a la evaluación y la crítica.

Es conveniente destacar que el orden de los pasos sugeridos por el autor no tiene por qué respetarse y que los distintos pasos pueden ser adaptados según las necesidades de cada caso en particular (Gardt 2007:30).

También nos parece necesario señalar que a partir de la lectura de la obra de Jäger se entiende que este método de análisis propuesto está dirigido a textos escritos.

Calsamiglia y Tusón (2002:17s) hablan, refiriéndose a los aspectos concretos del análisis del discurso, de la necesidad de establecer unidades de estudio que servirían para sistematizar el procedimiento. Para esto proponen el enunciado, ya sea oral o escrito, como unidad básica, ya que se trata del producto concreto del acto comunicativo. Este enunciado recibe de estos autores también el nombre de “texto”.

Para nuestro trabajo es importante notar que los elementos tales como imágenes, música, anotaciones adicionales, etc., son considerados en el análisis tradicional del discurso como parte del contexto lingüístico, social y/o cognitivo (Norris 2004:65) y que de esta manera quedan relegados a un segundo plano de interpretación, prácticamente como complemento al servicio de la palabra:

“Los elementos gramaticales se contemplan como marcadores e indicadores que, en su presencia o en su ausencia, orientan el discurso en sus múltiples facetas […] Los elementos del contexto, tanto si pertenecen a otros códigos semióticos como si pertenecen a sobreentendidos e implícitos, constituyen el fondo de interpretación de los elementos verbales a través de las pistas e indicios aportados por los propios hablantes que contribuyen a construir el contexto adecuado” (Calsamiglia/Tusón 2002:18).

El problema que se presenta para nuestro análisis es que nuestro material no se concentra en un modo de comunicación único sino que ofrece distintas alternativas conjuntas para la transmisión de la información. Una de esas alternativas, y no precisamente una alternativa subordinada a la palabra, es la imagen.

3.6 El análisis del discurso aplicado a la imagen

En este momento nos enfrentamos a la cuestión de qué es lo que tenemos que tener en cuenta cuando la imagen juega uno de los papeles centrales en el material que queremos analizar.

Empecemos por el principio.

Según Stöckl podemos interpretar las imágenes como

“...komplexe Zeichenobjekte, die im kommunikativen Gebrauch – meist in Kombination mit sprachlichen Textteilen – illokutive Intentionen verfolgen. [Sie] sind hauptsächlich aufgrund ihrer ikonischen Natur kommunikationsfähig. Dies bedeutet, dass die graphische Markierungen auf Bildoberflächen in der Wahrnehmung ganzheitliche Gestalten bilden, die auf von Umweltsehen bekannten Entitäten zurückgeführt werden können” (2004:380).

El mismo autor explica que las estructuras cognitivas con las que procesamos las imágenes que percibimos son las mismas que utilizamos para procesar nuestras experiencias visuales, motrices y sensoriales en general y convertirlas en expresiones lingüísticas capaces de generar acciones y reacciones. Debido a esto entendemos las imágenes también como términos, de manera similar que como entendemos los símbolos (Stöckl 2004:380).

Meier (s/a:6) agrega a la definición que las imágenes son icónicas, polisémicas y de efecto simultáneo, por lo que su interpretación estaría más ligada al contexto que en el caso de la palabra, lo que impediría analizarlas como simples textos. Además, el procesamiento del contenido de una imagen no sucede de forma aislada, sino que es un proceso de interpretación e integración dentro de un marco de conocimientos ya existentes.

Como la interpretación de la imagen se realiza generalmente en ausencia del creador de la misma, observador y creador deben imaginarse el uno al otro en el proceso de transmisión de sentido. Para Kress y Van Leeuwen (2006:114), las personas, los espacios y los objetos representados en una imagen son sus “participantes representados” y las personas que se comunican mediante la misma, es decir, creador y observador, sus “participantes interactivos”. Para estos autores, todos estos participantes se conectan entre sí mediante significación, lo que sucede gracias a tres características interrelacionadas:

- La importancia de la información: según donde se coloquen los elementos de la imagen (a la izquierda o a la derecha, en el centro o al margen, etc.) podrán resultar más o menos relevantes debido a la importancia específica que estos lugares asignados poseen para la transmisión de información.
- La prominencia: Determinados recursos como el color, el emplazamiento delante o detrás o el tamaño relativo de los elementos les permite llamar la atención del observador o permanecer más o menos desapercibidos.
- La demarcación o “framing[6]: La demarcación mediante elementos delimitantes, tales como líneas, zonas, etc.) o la ausencia de ella forman grupos de distribución de significado, asociando elementos unos con otros, o disociándolos.

Aquí cabe aclarar que estos principios son aplicables tanto a imágenes simples como a composiciones que contengan otros recursos semióticos, tales como texto, diagramas, etc. y que, como indica Meier, pueden ser manipulados para dirigir la atención del observador con el objetivo de persuadirlo (s/a:6).

Según Barthes (s/a:1), esto es lo que sucede sin duda en el ámbito publicitario, ya que en ese contexto los atributos del producto deben ser clara y efectivamente transmitidos. Para esto se llenan los signos con la mejor selección posible de significados.

Como las imágenes son polisémicas, es decir que ofrecen para sus significantes una serie de significados posibles a elegir, conllevan siempre una cierta esencia de incógnita en torno a su sentido. Pero esta incógnita puede limitarse mediante la incorporación del texto en la imagen. Barthes afirma que la “imagen literal”, de naturaleza denotativa, puede cumplir dos funciones sobre la “imagen simbólica” (s/a:6), de naturaleza connotativa: la de “anclaje” del mensaje simbólico, relacionando el significante gráfico con un significado específico, y la de “relevo” (s/a:3), en la que complementa la imagen de manera que la interpretación de imagen y texto suceda de forma conjunta en un plano superior o más complejo.

De estas dos funciones, la de anclaje es la más recurrente y aparece típicamente, según Barthes, en la fotografía y en la publicidad. Un ejemplo de relevo se ve, en cambio, en las historietas. Será interesante comprobar en qué medida se revalidan estas afirmaciones en nuestro material de análisis.

Con respecto a la fotografía, que, como veremos, será un recurso utilizado con frecuencia en los anuncios políticos que queremos analizar, Barthes la presenta como la contracara del dibujo, ya que la primera no está codificada, mientras que el segundo sí. Esto es así porque, en primer lugar, el dibujo, por más neutro o imparcial que se lo pretenda hacer, es una representación condicionada por “códigos de transposición históricos” (s/a:4) que regulan los elementos de la interpretación del objeto tales como la perspectiva. En segundo lugar, porque en el dibujo está implícito un proceso de selección que deja fuera de la representación determinados objetos al tiempo que condensa información en lo representado. En la fotografía, por el contrario, no se puede intervenir en la representación del objeto

– al menos que se la retoque – y las posibilidades de selección son mucho más limitadas. Podemos decir entonces que la fotografía tiende hacia la denotación y el dibujo, hacia la connotación.

Sin embargo, la fotografía posee también elementos connotativos: los que dependen de la elección de su autor, tales como la luz, el encuadre, la distancia, la perspectiva, etc. Lo interesante de esto es que, por tratarse de una fotografía, el observador interpreta la imagen tendencialmente de forma denotativa, es decir que la fotografía “naturaliza el mensaje simbólico, vuelve inocente el artificio semántico, muy denso (principalmente en publicidad) de la connotación” (Barthes s/a:5). El camino que debemos seguir quienes pretendamos desenmascarar esta naturalización de lo simbólico en la imagen sería, entonces, el analizar su retórica.

Definiendo la connotación como paradigma ideológico y la denotación como sintagma contingente que fija los elementos de ese paradigma, el mismo autor nos explica que la retórica de la imagen es el conjunto de sus significantes de connotación, es decir, de sus “connotadores”, lo que la convierte en la expresión específica de la ideología subyacente a la imagen (s/a:7).

El análisis de la retórica de las imágenes de nuestros anuncios contribuiría así con el descubrimiento de esas ideologías que, como ya hemos dejado claro, nos interesa investigar.

Pero si, luego de todo lo que hemos visto hasta ahora, utilizamos en nuestro trabajo solo los métodos del análisis tradicional del discurso o del análisis clásico de la retórica teniendo como material de análisis anuncios televisivos de propaganda política compuestos por una combinación estratégica de distintos modos[7] de comunicación que pueden ser equivalentes entre sí, alcanzaríamos un resultado extremadamente parcial, ya que estaríamos concentrándonos o en la imagen o en la palabra y relegando el potencial comunicativo de otros recursos e ignorando el efecto de la combinación de los mismos. Por este motivo debemos complementar la propuesta de nuestro análisis con tendencias que hagan justicia a las condiciones de nuestro material y nos conduzcan a un resultado más completo y seguro: necesitamos hacer un análisis multimodal.

4 Análisis multimodal del discurso

En concordancia con esta última aclaración, Meier (s/a:4) afirma que la función de los elementos visuales en la comunicación no ha gozado de la atención que se merece en la lingüística hasta hace relativamente poco, lo que se manifiesta a través de la preponderancia de una metodología que se concentra en la palabra como medio de comunicación principal. Esto representa entonces una limitación para el trabajo de hoy en día, ya que la gran mayoría de los comunicados actuales están compuestos por más de un código y varios modos comunicativos. Tanto la televisión como las telecomunicaciones e Internet, nuestros principales portadores de información, son un conglomerado de mensajes netamente multimodal, debido a que el destinatario recibe la información por medio de la palabra oral y/o escrita, de música y sonidos, imágenes estáticas y dinámicas, gestos y posturas, etc., es decir, a través de distintos recursos semióticos combinados entre sí (Baldry/Thibault 2006:18).

Empezamos a preguntarnos sobre las posibilidades de análisis de este tipo de material.

4.1 Multimodalidad y sus postulados

Como explican Baldry y Thibault (2006:18ss), podemos analizar material complejo partiendo de un “principio integrador de recursos”, definiendo antes estos últimos como sistemas de modalidades o recursos semióticos que persiguen el propósito de construir sentido y pueden tener distintos usos y cumplir distintas funciones dentro de un evento comunicativo.

Siguiendo a estos autores (2006) sabemos que los usos y las funciones de los recursos semióticos no están prefijados, sino que son seleccionados de entre todos los recursos disponibles en cada sociedad en particular por cada unos de los participantes del evento, es decir, de forma individual. Claro que no debemos olvidar las reglas del discurso subyacentes de las que hemos hablado antes y que influyen en las elecciones que harán los individuos.

En un evento comunicativo, la combinación de los recursos seleccionados formará un todo semiótico que no será equivalente a la suma de sus partes, lo que implica un significado agregado o totalizador que surge a partir del momento de la combinación de los recursos semióticos.

Lo que establece el principio integrador de recursos es que, debido a las relaciones y la influencia mutua que ejercen los distintos recursos en un evento comunicativo actual y debido también a la complejidad que alcanzan al ser combinados en un todo significativo, no podemos pensar en analizar un material de forma monomodal. Podemos separar los recursos y describirlos uno a uno, pero nuestra conclusión se quedará suspendida en un plano abstracto si no realizamos una evaluación del evento como totalidad integradora de sus recursos semióticos.

Para llevar acabo un análisis de este tipo necesitamos entonces una teoría y un método que nos ofrezcan procedimientos y resultados integrales, tal como lo hace el análisis multimodal del discurso:

“Multimodality describes approaches that understand communication and representation to be more than about language, and which attend to the full range of communicational forms people use – image, gesture, gaze, posture, and so on – and the relationship between them” (Jewitt 2009a:14).

Multimodalidad es un concepto relativamente nuevo que se está utilizando en distintas ramas científicas con referencia a prácticas lingüísticas concretas tanto como a eventos cognitivos, psicológicos y especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial y que se ocupa principalmente del método a aplicar cuando se intenta transcribir y analizar los datos de eventos comunicativos multimodales (ver Jewitt 2009a).

Dentro de esta nueva corriente existen tres tendencias dominantes: el análisis multimodal socio-semiótico, representado por Kress y Van Leeuwen, el enfoque sistémico-funcional, cuyo exponente principal es O'Halloran y el análisis multimodal interaccional, con Sigrid Norris a la cabeza. Hablaremos de esto con más profundidad en uno de los apartados siguientes.

Apoyándonos en Jewitt (2009a:14ss) podemos perfilar mejor la corriente de análisis multimodal destacando sus postulados principales

El primero de estos postulados es el de la equivalencia general de la importancia entre los distintos modos semióticos, equivalencia que no necesariamente prevalece en cada evento comunicativo, sino que puede variar de uno a otro y destacarse así a veces la palabra escrita, mientras que otras veces la imagen es la contribuidora principal para generar el significado del mensaje, o el sonido, etc.

Otro de sus postulados coincide con el principio integrador de recursos en afirmar que toda comunicación es parte de un complejo multimodal, y que cada modo tiene la oportunidad potencial de convertirse en el portador de sentido principal en un mensaje.

En concordancia con esto, el siguiente postulado afirma que cada modo presente en un evento comunicativo realiza una tarea diferente, es decir, tiene una función, pero que esta será cumplida en la medida en que el modo en particular haya sido acuñado por las características sociales, culturales e históricas de su contexto. Esto quiere decir que un modo determinado no puede cumplir funciones por igual independientemente del contexto en el que se lo aplique. Hay mensajes que en algunas sociedades se comunican con palabras, mientras que en otras con gestos, etc. Las funciones de los modos no son fijas, sino contextuales y situacionales.

Otro postulado recuerda que los individuos son quienes dirigen la composición de sentidos mediante sus elecciones y, muy importante, mediante la combinación de los recursos elegidos.

Y por último, la corriente multimodal asume que la significación mediante la combinación multimodal de signos elegidos del repertorio de recursos semióticos es un fenómeno social, tal como el lenguaje. Esto implica la existencia de normas y reglas que lo regulan, de la influencia de los intereses sociales e individuales de sus participantes, y, por consiguiente, de un potencial como portador de ideologías en el sentido como ha sido aclarado en el apartado 3.3 de este trabajo, lo que hace de la corriente multimodal una teoría sobre la que podemos sostener el trabajo a realizar en estas páginas, tal como el análisis tradicional del discurso.

Adentrémonos un poco más en los conceptos y la terminología de los que hace uso el análisis multimodal del discurso.

4.2 Los cinco conceptos centrales del análisis multimodal

Siguiendo nuevamente a Jewitt (2009a:21ss) podemos profundizar un poco más los conceptos teóricos básicos que componen la corriente de análisis multimodal del discurso.

Tal y como aclara el autor, existen cinco ideas centrales en esta corriente que aparecen en las tres tendencias mencionadas en el apartado anterior, o, mejor dicho, cinco marcos conceptuales, ya que los detalles de estos marcos varían de un autor a otro:

a) Modo

Modo es un concepto principalmente utilizado en la tendencia impuesta por Kress y Van Leeuwen y es, a grandes rasgos, entendido como el resultado de la formación cultural de material comunicativo. La forma en la que un modo es usado por los individuos de una sociedad manifiesta la presencia de regularidades en sus principios organizativos y en sus recursos. Esto quiere decir que, en un contexto determinado, los modos son formados por la interacción social cotidiana, ya que los individuos modelan los recursos semióticos disponibles como respuesta a sus necesidades comunicativas y a las de sus instituciones y su sociedad, transformando los modos existentes y creando nuevos (Jewitt 2009a: 21).

Más específicamente, Kress (2009:54ss) define el modo como un recurso formado y tratado social y culturalmente para crear significado y lo ejemplifica mediante imagen, escritura, diseño, música, habla, gestos, sonidos, etc. siempre y cuando éstos sean utilizados para representar y comunicar.

En realidad, todos los fenómenos considerados como un producto sociocultural tienen un significado en su contexto. En otras palabras, artefactos tales como los muebles, la ropa y la comida también poseen un potencial de significación, pero estaríamos todos de acuerdo en afirmar que la función principal de estos objetos en la sociedad no es ni la representación ni la comunicación. Ante esta situación, Kress deja claro que es necesario preguntarse concretamente qué debe ser considerado como un “modo” y qué no.

Kress afirma a continuación que, desde un punto de vista social, un modo es lo que una comunidad define como tal y lo demuestra a través de sus prácticas, es decir que un modo se define, en parte, según las necesidades de representación de una comunidad específica.

Para la tendencia socio-semiótica, todo recurso comunicativo que cumpla tres metafunciones determinadas[8] puede ser considerado como modo, ya sea éste la música, el color o el diseño de un texto. Estas tres funciones son la función imaginativa, representado lo que sucede en el mundo, la función interpersonal, representando las relaciones sociales de quienes están involucrados en la comunicación y la función textual, en la que las dos funciones anteriores se convierten en un mensaje con coherencia interna y externa, es decir, al que podemos interpretar debido a su contenido y a su relación con su contexto.

Kress (2009:55) continúa explicando que los modos cuentan con distintos potenciales para crear significado y que estos potenciales influyen en las decisiones de elección tomadas por los individuos en la comunicación. Las acciones sociales concretas y el potencial que ofrece el material comunicativo producen en conjunto los recursos semióticos que conforman los eventos comunicativos. Esto quiere decir que los recursos semióticos son el producto de su propio potencial, de la selección hecha por el individuo según ese potencial y las necesidades sociales y de la formación mediante el uso que la sociedad le dará a ese recurso a lo largo del tiempo[9].

Si bien, como hemos visto, los modos están estrechamente vinculados a las culturas en las cuales estos se convierten en recursos comunicativos expresados, el potencial de representación de los distintos modos tiene algunas cosas en común de una cultura a otra. Estas cosas en común son, generalmente, los planos temporales y espaciales en los que se desarrollan el habla y la imagen. Para explicarlo de otra manera: el habla está sujeta a una lógica o secuencia temporal, ya que un sonido o una palabra se sucede a la otra en el tiempo y esta secuencia temporal es indispensable para generar y entender el significado de un mensaje formado por la palabra. Esto es así en todas las culturas.

Por otra parte, la imagen se representa en una superficie y con una organización espacial determinada, lo que detenta una lógica espacial. Los elementos de una imagen están presentes de forma simultánea y la relación entre ellos será lo que conformará el significado para el espectador. Esto también es así en todas las culturas.

Pero lo que difiere de una cultura a otra en cuanto a las lógicas espaciales y temporales es el potencial que tanto el habla como la imagen ofrecen como modo (Kress 2009:56). A modo de ejemplo, el orden de los elementos y la perspectiva de un cuadro pintado por un artista holandés del Renacimiento son completamente distintos a los de un artista japonés de la misma época, habiendo estado ambos sujetos a la lógica espacial de sus cuadros. Esto es así gracias a la disponibilidad de elección de potenciales que han tenido ambos artistas.

Este hecho da cuenta de que no todas las potencias inherentes a la materialidad de un modo se convierten en sus características en una cultura en particular. Para esto es necesaria la práctica social que haga uso de esas características. Como recursos semióticos en sí, los modos en una cultura no son idénticos a esos mismos modos en otra cultura, incluso cuando estas sean próximas entre sí.

Habiendo incursionado en la lógica del tiempo y del espacio, podemos preguntarnos ahora qué sucede en el caso de la palabra escrita, ya que mientras que la relación de los elementos en una imagen puede ser interpretada a voluntad del espectador, la lectura de la palabra escrita tiene una linealidad y un orden sintáctico obligados. Kress (2009:58) da respuesta a esta pregunta aclarando que, a su modo de ver, lengua escrita y lengua hablada son dos modos distintos. Para él, justamente de esto se trata la multimodalidad, de ofrecer elección de modos.

Jewitt (2009a:22) nos recuerda que el propósito del análisis multimodal se concentra más en entender los principios de uso de los recursos y modos disponibles en una representación multimodal, más que en establecer un inventario universal de modos.

b) Recursos semióticos

Jewitt (2009a:22) explica este concepto usando la idea de Van Leeuwen, quien define los recursos semióticos como las acciones, materiales y artefactos, ya sean éstos físicos o tecnológicos, que utilizamos con propósitos comunicativos junto con la forma en la que estos recursos pueden ser organizados. El potencial significativo de estos recursos está basado en el uso que la sociedad les ha venido dando, así como también en sus cualidades y características, las que condicionan otros usos posibles.

Las reglas y condiciones de la selección de recursos son de condición social y por lo tanto pueden modificarse por medio de la interacción. Esto se contrapone a los conceptos de la semiótica tradicional de Saussure y Barthes, quienes presentan esas reglas como fijas y constantes.

En un evento comunicativo multimodal, los individuos expresan significado mediante sus elecciones de recursos semióticos disponibles en un momento particular, pero esta elección sucede siempre con un contexto social y de forma regulada por medio de los distintos discursos: de género, de raza, de clase social, de normas institucionales, etc. (Jewitt 2009a:23).

c) Metafunción

Dentro de las tendencias del análisis multimodal se extiende y aplica el concepto de metafunción del signo[10] a todos los modos o recursos semióticos. Las tres metafunciones son entonces vistas como funciones más allá de la función de transmitir significado, y de ahí el prefijo “meta”.

Además de esto, también existe un concepto de metafunción en la idea del “potencial de significado”, ya que “potencial” en sí implica un orden superior al orden que alcanzará un recurso semiótico concreto en una situación comunicativa en particular (Jewitt 2009a:24).

d) Características de modo y potencial de significado

Existen dentro del análisis multimodal distintas formas de uso de estos conceptos. Contrariamente a lo que la lógica indica, a veces aparece “potencial de significado” como el aspecto material y cultural de un modo, mientras que “características” es utilizado para expresar las posibilidades de expresión y representación que un modo ofrece. De todas maneras, lo que dos conceptos tienen en común es que ambos se refieren al modelaje que padece el modo mediante el uso, a la reiteración de un mismo uso para un modo y a las convenciones sociales que dan cuenta de ese uso en un contexto determinado ( Jewitt 2009a:25).

e) Relación intersemiótica

Tanto las características de un modo como su potencial de significado nos llevan a pensar sobre la aptitud de un modo o de otro para transmitir determinado significado y cuál es la mejor manera de situarlos en contexto. Cuando hay más de un modo involucrado en un evento comunicativo, el mensaje se trasmite a través de la combinación de todos ellos, ocupándose cada modo de transmitir de distintas maneras diferentes aspectos del significado. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta combinación no sucede siempre de la misma forma; a veces hay modos principales y otros complementarios, a veces hay una alineación de modos y otras veces, incluso, pueden aparecer modos que actúen de forma contradictoria entre sí. Es tarea de quien realice un análisis multimodal el interpretar la función de cada modo y la forma en la que se relacionan entre sí en cada evento comunicativo (Jewitt 2009a: 25).

Conociendo ahora los conceptos sobre los que se basa el análisis multimodal del discurso, incursionaremos en las tres tendencias principales de esta corriente en búsqueda de puntos de apoyo concretos para nuestro análisis.

4.3 Tres tendencias de análisis multimodal

Como hemos mencionado en el apartado anterior, existen tres interpretaciones o aplicaciones principales del análisis multimodal, cuya distinción entre sí radica en su desarrollo histórico y las influencias que han recibido, así como en la importancia que cada una otorga al contexto de la comunicación, a las relaciones entre los distintos modos en un evento discursivo y al rol del individuo como creador y/o selector de signos semióticos.

[...]


[1] www.america.gov/st/elections08-spanish

[2] www.census.gov

[3] Instituto latino de planeamiento y desarrollo perteneciente a la Universidad de California del Sur.

[4] Conceptos tales como “evento” o “ramas” del discurso serán especificados en el próximo apartado.

[5] www.rae.es

[6] El concepto de “framing” será tratado en un apartado exclusivo.

[7] Sobre la aplicación del término “modo” se hablará más adelante.

[8] Basado en las metafunciones del signo según Halliday, ver apartado 4.3

[9] Aquí cabe destacar que para Kress (2009:55) un modo, o bien puede hacer uso de distintos recursos semióticos tales como imágenes, escritura, gestos, etc., o bien puede ser considerado como recurso semiótico en sí mismo. No existe una delimitación clara en el concepto, ni en este autor ni en ningún otro de los consultados, por lo que optamos por usar modo como sinónimo de recurso semiótico siempre y cuando este cumpla las tres metafunciones mencionadas anteriormente.

[10] Nos referimos a las metafunciones mencionadas por Kress en el apartado anterior.

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Detalles

Título
Análisis multimodal de la campaña electoral del 2008 en los Estados Unidos
Universidad
Humboldt-University of Berlin  (Romanística)
Curso
Español/Lingüística
Autor
Año
2011
Páginas
116
No. de catálogo
V204394
ISBN (Libro)
9783656329206
Tamaño de fichero
1023 KB
Idioma
Español
Notas
Análisis de Discurso. Incluye material completo y explicación paso a paso.
Etiqueta
Obama, McCain, Voto latino, Análisis del Discurso, Multimodalidad, Campaña electoral 2008 en USA
Citar trabajo
Mg. Yanina Beatriz Roman (Autor), 2011, Análisis multimodal de la campaña electoral del 2008 en los Estados Unidos, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/204394

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