Imaginarios urbanos en la novela "Angosta" de Héctor Abad Faciolince


Tesis, 2006

37 Páginas, Calificación: 9


Extracto

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

1. DESCRIBIR LA CIUDAD

2. TIERRA FRÍA: PARADISO DE LOS ELEGIDOS

3. TIERRA CALIENTE: ESCENARIO DE SEGREGACIÓN Y VIOLENCIA

4. TIERRA TEMPLADA: TERRITORIO DE LOS ESPACIOS ÍNTIMOS

5. LA IMAGEN DE ANGOSTA

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

Héctor Abad Faciolince, escritor y periodista, nació en Medellín en 1958. Estudió periodismo en la Universidad de Antioquia y literaturas modernas en la Universidad de Turín. Entre sus novelas se encuentran: Asuntos de un hidalgo disoluto (1994), Fragmentos de amor furtivo (1998) y Basura (2000), con la que obtuvo el primer premio de narrativa innovadora de la Casa América de Madrid. Ha publicado además un libro de cuentos, Malos pensamientos (1991); un libro de viajes, Oriente empieza en El Cairo (2001); un diccionario personal, Palabras sueltas (2002), y un libro de género incierto, Tratado de culinaria para mujeres tristes (1996); Angosta (2003) es su más reciente publicación, con las que ganó el premio a la mejor novela extranjera del año 2004.

Si bien es cierto, que no es posible concebir un relato sin un espacio, dentro del cual se desarrollen los acontecimientos fabulares y el accionar de los personajes, para el caso de la novela Angosta, la ciudad se representa como el objeto principal de la narración, dado que es el eje sobre el cual giran las acciones y convergen los valores simbólicos del mismo.

A partir de los blancos tipográficos, el relato se distribuye en cincuenta fragmentos no nominados dispuestos según el principio de yuxtaposición, con el fin de crear efectos de discontinuidad. La no coincidencia entre las secuencias textuales y el flujo espacio-temporal de la historia, la alternancia de estilos discursivos tales como narraciones, diarios y poemas, la combinación de voces narrativas y finalmente, la inclusión de citas directas e indirectas de autores y obras literarias, supone la utilización de diversas estrategias narrativas que convocan al lector a reconstruir no sólo la cronología sino también la topografía de la historia.

Así, la ciudad se configura desde tres grandes espacios: Paradiso o Tierra Fría, altiplano fértil, alberga la casta de los dones o elegidos, clase burguesa de la ciudad; Tierra Templada, territorio de los tibios o segundones quienes se debaten “entre el miedo a que los confundan con los tercerones y la ambición de merecer algún día el título de don”[1], se localiza en el valle estrecho y, por último, Tierra Caliente, espacio de los calentanos o tercerones, a los que por blancos que sean, se les considera negros o indios, está ubicado en el sector más bajo de la ciudad, en la “Boca del Infierno”.

Identificar la ciudad como espacio que posibilita la construcción de imaginarios, implica reconocer en ella un “escenario de lenguajes, de evocaciones, de sueños y de variadas escrituras”[2] y no sólo un espacio edificado y poblado.

Los imaginarios urbanos tienen una función semejante a la de los lentes o anteojos; la mecánica de su funcionamiento en la construcción de la realidad, procede a distinguir, mediante la observación, entre lo relevante y lo no relevante. De este modo, “observar no es, entonces, otra cosa que un señalar diferencias”[3].

Por lo anterior, la proyección e interiorización de la ciudad, por parte de los diversos grupos sociales que la habitan y que en sus relaciones de uso con la urbe “no sólo la recorren sino que también la interfieren ideológicamente”[4], construyen los imaginarios a partir de tres elementos: las condiciones físicas, los usos sociales y la identidad de los ciudadanos.

Para el caso que nos ocupa, la novela Angosta manifiesta, a partir de una mirada crítica, cómo desde la proyección simbólica de una ciudad, se realiza una radiografía de la sociedad contemporánea[5] ; por lo tanto, el asunto general de esta monografía es determinar cómo se construyen los imaginarios urbanos y cuáles son los rasgos que los definen en una urbe homónima.

En la construcción de esta propuesta se utilizarán dos herramientas de análisis literario: la semiótica y la narratología. En primer lugar, la semiótica interpela al texto literario para facilitar su interpretación por parte del lector, de los signos lingüísticos y no lingüísticos, “cuyas unidades formales y de significación están dispuestos de modo tal que generan un proceso de semiosis”[6] ; en este sentido, se tomará la descripción como mecanismo fundamental para la generación del espacio, al involucrar el estudio de los recursos, técnicas y variedades del enunciado descriptivo[7].

En segundo lugar, la narratología al designar la focalización, como uno de sus objetos de estudio, diferencia al interior de una obra literaria dos aspectos: la voz y la mirada. Al establecer las diferencias entre quién habla y quién observa, esto es, entre quién narra y quién focaliza[8], se proporciona información acerca de la percepción subjetiva de los personajes y del narrador respecto de sí mismos, de los otros y de los acontecimientos; de tal forma que “se amplían las posibilidades de construcción del mundo posible relatado y por ende de su universo significativo”[9].

La monografía se dividirá en cinco partes. La primera de ellas se dedica al estudio de la descripción de la ciudad en la novela; la segunda, tercera y cuarta se ocupan del análisis de los imaginarios urbanos en los tres sectores de la urbe: Tierra Fría, Tierra Caliente y Tierra Templada; la parte final establece la construcción de la imagen de Angosta, la ciudad así nominada, como tal.

1. DESCRIBIR LA CIUDAD

La descripción como forma discursiva permite representar lingüísticamente los mundos real e imaginario. Desde una mirada sensible, la descripción por medio del lenguaje crea la imagen de algo o de alguien al referir sus partes, cualidades o propiedades; convoca a la palabra como el espejo de los espacios, objetos, acontecimientos y personajes y aspira a re-presentar y re-crear lo real ausente; describir es tal como lo define Roland Barthes: “Poner un objeto a la vista y darlo a conocer por medio de los detalles de todas las circunstancias más interesantes”[10].

Desde la dimensión analítica, la descripción se constituye como fenómeno de expansión textual que pone en equivalencia un nombre y una serie predicativa; es decir, a partir del inventario o catálogo se manifiestan las particularidades del objeto; describir una ciudad, por ejemplo, es enumerar con mayor o menor detalle sus calles, casas, parques, monumentos, entre otros espacios que configuran la urbe.

Al enumerar los atributos de un espacio se conforma un despliegue sintagmático que puede ofrecer innumerables detalles[11] de los objetos que hacen parte de él; sin embargo, para que esta tendencia no se haga ilimitada, el narrador – descriptor, debe recurrir a un modelo de organización que otorgue coherencia y cohesión léxico-semántica, aún en los casos en los que la descripción aparezca en forma diseminada o fragmentaria en el texto literario.

Estos modelos pueden ser de tipo lógico – lingüístico, como por ejemplo el asociado con las dimensiones (arriba, abajo, adentro, afuera, a la izquierda o a la derecha); científicos, al utilizar la taxonomía como forma de clasificación o culturales, cuando se hace referencia al arte o la música[12].

Para el caso de Angosta, la primera descripción de la ciudad se realiza según el modelo lógico lingüístico de las dimensiones, ya que enumera las particularidades de la urbe a partir de la estrategia narrativa de la inclusión de citas directas de un tratado de geografía:

Hay un territorio en el extremo noroeste de la América meridional que va desde del océano Pacífico hasta el río Orinoco, y desde el río Amazonas hasta el mar de las Antillas. Allí la cordillera de los Andes, agotada después de más de siete mil kilómetros de recorrido desde la Tierra del Fuego, se abre como una mano hasta que las puntas de sus dedos se sumergen en el Atlántico con una última rebeldía de casi seis mil metros de altura: La Sierra Nevada. (…) Este territorio, desde un par de siglos, es conocido con el nombre que, si la historia del mundo no fuera una cadena de absurdas casualidades, debiera llevar toda América: Colombia[13].

La descripción jerarquiza de mayor a menor los elementos descriptivos. Esta organización de carácter topográfico comienza por la ubicación del continente, seguida por la localización del país, para situarse, en última instancia, en el dominio territorial de la ciudad; esto es, primero se emplaza a América, luego a Colombia y finalmente a Angosta; el narrador para localizar geográficamente a la ciudad, utiliza referentes extra-textuales como América y Colombia que relacionan a la ciudad en el contexto de las ciudades latinoamericanas.

De acuerdo con lo expresado por el narrador, esta descripción de Angosta se relaciona con el paraíso perdido. La ciudad se denota como el lugar que conjuga en perfecto equilibrio la tierra, el agua, el fuego y el aire, para remontarse al pasado; así, la tierra iluminada por una intensidad de luz incomparable es fértil; el agua representada por la lluvia se manifiesta para refrescar y regenerar; el fuego en forma de calor es doblegado por las montañas y por último, el viento hace que la temperatura sea agradable. El hombre y su espacio viven en perfecta unidad:

Allí la zona tórrida, atenuada por la altitud, produce una temperatura monótona pero agradable; no hay largas sequías ni llueve demasiado, no padece el azote de los huracanes o explosiones volcánicas, la tierra es fértil, la vegetación rica y exuberante, la intensidad de la luz incomparable, las especies de animales numerosas y mansas con el hombre[14].

Al continuar con el despliegue sintagmático de los atributos y partes constitutivas de la ciudad, el aquí y ahora de la metrópoli se caracteriza por la segmentación de la ciudad en tres espacios (Tierra Fría, Tierra Templada, Tierra Caliente) y el tono del mismo presenta una variación con respecto al tono inicial de la descripción, tal como lo afirma el narrador:

Salvo el clima, que es perfecto, todo en Angosta está mal. Podría ser el paraíso, pero se ha convertido en un infierno. Sus habitantes viven en un lugar único y privilegiado, pero no se dan cuenta, ni lo cuidan. El sitio fue un pueblo aburrido y casi arcádico durante tres siglos; luego, de repente, en menos de cincuenta años, creció tanto que ya no cupo en la batea de las vegas y de las primeras estribaciones de la cordillera. En el valle templado y fértil donde se fundó ya no queda ni rastro de bosque natural, de pastos o cafetos. (…) La ciudad, por falta de espacio, ahora tiene tres pisos, con una azotea en Tierra Fría y un sótano húmedo en Tierra Caliente[15].

A pesar de la discontinuidad del espacio urbano a lo largo de la novela, la ciudad se re-crea principalmente desde dos fuentes de descripción: la focal, es asumida por el narrador desde la perspectiva de uno de los personajes secundarios (Andrés Zuleta) y la vocal caracteriza al narrador como hetero-intradiegético[16], dado que posee una visión total de las acciones exteriores, pero además se introduce en la conciencia y estados de ánimo de los personajes.

Por consiguiente, en Tierra Fría las descripciones se obtienen desde dos perspectivas antagónicas; por un lado, Andrés Zuleta, quien a partir del registro de sus pensamientos, sentimientos y vivencias en un cuaderno de notas evoca el espacio idealizado de Tierra Fría; por otro, el narrador, ofrece una mirada segregadora de los habitantes del sector más exclusivo de la ciudad.

En Tierra Caliente, el narrador desde la perspectiva del personaje principal (Jacobo Lince), describe las desigualdades sociales a las que se ven sometidos los habitantes de este sector y de igual forma, en Tierra Templada, por medio de la observación tanto de Andrés Zuleta, como de el mismo Jacobo Lince, da a conocer las características de los espacios íntimos de este territorio.

A partir de la re-construcción textual de cada uno de los territorios de Angosta, se procederá al análisis de los elementos que configuran los imaginarios urbanos, de manera que se establezca, el hilo conductor que permita observar la continuidad temática y simbólica del relato.

[...]


[1] ABAD FACIOLINCE, Héctor Abad. Angosta. Bogotá: Seix Barral, 2003.

[2] SILVA, Armando. Imaginarios urbanos. Cultura y comunicación. Bogotá: Tercer Mundo, 1992, p. 32.

[3] GÓMEZ, Pedro Arturo. Imaginarios sociales y análisis semiótico. Una aproximación a la construcción narrativa de la sociedad. Argentina: Red Cuadernos, 2005, p. 199.

[4] SILVA, Op. Cit., p. 33.

[5] De acuerdo a la clasificación realizada por Luz Mery Giraldo de las ciudades escritas, la literatura al exponer los imaginarios urbanos, se fundamenta en la relación entre sujeto literario y espacio; de esta forma, diversas ciudades literarias se han creado y recreado en la novela colombiana. Se encuentran las que evocan el pasado, ya sea desde la añoranza y el mito o desde la narración de acontecimientos; otras son producto de la fantasía y en oposición a éstas, las ciudades paródicas de hechos reales o ficticios, seguidas por las urbes, presentadas como retratos de la sociedad. GIRALDO, Luz Mery. Ciudades escritas. Bogotá: Convenio Andrés Bello, 2001, p. 15

[6] ARDILA, Clemencia. Casas de ficción. Medellín: Universidad EAFIT, 2000, p. 20.

[7] SLAWINSKI, Janusz. El espacio en la literatura: Distinciones elementales y evidencias introductorias. En: Textos y contextos. Una ojeada a la literatura mundial. Selección y traducción de Desidero Navarro. La Habana: Arte y Cultura, 1989, p. 278.

[8] No siempre es un único sujeto quien desempeña estos roles, pues en ocasiones “el narrador relata lo que un personaje observa, y por lo tanto, la perspectiva no es la suya”; y en otras, narra aquello que es producto de su observación directa. ARDILA, Clemencia. Seminario de análisis [diapositivas]. Medellín: Universidad EAFIT. Especialización en hermenéutica literaria, 2005.

[9] Ibid.

[10] Citado por: PIMENTEL, Luz Aurora. El espacio en la ficción. Ficciones espaciales, representación del espacio en los textos narrativos. México: Siglo XXI, 2001, p. 15-19.

[11] Los detalles de una descripción se pueden establecer bien sea a través de la dominante sinecdóquica, al designar el todo con el nombre de sus partes o viceversa, o a partir de la dominante sinonímica, al establecer relaciones de analogías. Ibid., p. 20-21.

[12] Ibid., p. 22-25.

[13] ABAD FACIOLINCE, Op. Cit., p. 12.

[14] Ibid, p. 14.

[15] ABAD FACIOLINCE, Op. Cit., p. 14-15.

[16] El narrador plenamente omnisciente corresponde al hetero-intradiegético (Pineda, 1995, p. 122)

Final del extracto de 37 páginas

Detalles

Título
Imaginarios urbanos en la novela "Angosta" de Héctor Abad Faciolince
Universidad
University EAFIT
Curso
Hermenéutica literaria
Calificación
9
Autor
Año
2006
Páginas
37
No. de catálogo
V204436
ISBN (Ebook)
9783656328520
ISBN (Libro)
9783656329282
Tamaño de fichero
522 KB
Idioma
Español
Etiqueta
literatura, hermenéutica literaria, literatura colombiana, Héctor Abad Faciolince, Angosta, crítica literaria, imaginarios urbanos
Citar trabajo
Carolina Moreno Echeverry (Autor), 2006, Imaginarios urbanos en la novela "Angosta" de Héctor Abad Faciolince, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/204436

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