"El arte del autoconocimiento" de Arthur Schopenhauer

Estudio introductorio, otas y versión al castellano


Clásico, 2011
69 Páginas, Calificación: 10

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Indice:

1. Contexto y finalidad de la obra

2. El hombre intelectual y el hombre común

3. La soledad y la misantropía

4. La triste angustia

5. Fuentes

I. El arte del autoconocimiento

II. Máximas y citas predilectas

1. Contexto y finalidad de la obra

El arte del autoconocimiento fue iniciado en 1821, dos años después de haber publicado El mundo como voluntad y representación. Pensado originalmente como un proyecto íntimo y personal que Schopenhauer pretendía entregar al mundo para su publicación después de su muerte, exclusivamente algunos amigos íntimos tenían noticias de su existencia. Su reconstrucción fue producto de innumerables polémicas.

A lo largo de dos décadas, el filósofo recopiló máximas, citas, reglas de conducta, reflexiones, recuerdos, proverbios y todo tipo de ensayos breves con la finalidad de formar un compendio en donde se concentrará un acervo personal de sabiduría práctica o sabiduría de vida.

Su texto parece rendir homenaje a la tradición de Baltasar Gracián en la que está inspirada parte de su obra, habiendo traducido algunos de sus textos al alemán. Al igual que el filósofo catalán, Schopenhauer trabajó en el conceptismo en compendios como El arte del honor, El arte de tener razón, El arte de tratar a las mujeres y El arte de ser feliz, dentro del que parece inscribirse la obra presentada en este volumen al lector. En esos textos, Schopenhauer pretende desarrollar en pequeñas pinceladas varios aspectos importantes de su pensamiento.

La mayor parte del texto que presentamos en esta edición puede analizarse a la luz de una dicotomía fundamental de la que, como veremos, se desplegarán otros temas mucho más íntimos. A través de la resolución de esa dicotomía seremos capaces de visualizar la forma en la que Schopenhauer se posicionó materialmente respecto a algunos problemas existenciales que se le presentaron a lo largo de su vida.

Su división teórica entre los hombres intelectuales o superiores y los hombres comunes o bípedos muestra la forma en la que justificó su existencia como una vida entregada completamente al pensamiento y al conocimiento. La soledad y la misantropía son dos tópicos comunes en los que se refleja la parte más humana de Schopenhauer. A pesar de resguardarse en su soledad como la ermita de su paz interior, sus continuas maldiciones a la especie humana parecen reclamar incomprensión, distanciamiento y aislamiento.

Schopenhauer se define a sí mismo como un hombre con un carácter enfermizo, víctima de continuos ataques de ansiedad. Por lo mismo, este texto nos presenta dos facetas complementarias de su personalidad: por una parte, el filósofo testarudo y prepotente que exige para sí mismo el máximo reconocimiento por su labor; por otra, el individuo débil, nostálgico e inseguro que busca racionalizar su modus vivendi para esquivar el sufrimiento que implica su existencia particular en un mundo que no le reconoce.

En el interior de Schopenhauer, como sucede con todos los seres humanos, parecen desarrollarse contradicciones se vuelven más profundas con el tiempo. A nuestro filósofo le parecía bastante problemática esta circunstancia, lo que le conduce a justificar y a contentarse con su soledad. El mismo expresa estas ideas al decir que:

«Como cada uno de nosotros, aun el mayor de los genios, es decididamente torpe en alguna de las esferas del conocimiento y prueba, merced a ello, su parentesco con ese género humano esencialmente pervertido y absurdo; cada cual porta dentro de sí algo moralmente malo, e incluso el mejor y más noble carácter no dejará de sorprendernos en ocasiones por albergar ciertos gestos absolutamente ruines, reconociéndose así en él su parentesco con ese género humano de donde son oriundas tanto la infamia como la crueldad. Pues precisamente por cuanto hay de maldad en él, en virtud de semejante principio, había de ser un hombre. Y por esa misma razón el mundo es tal como lo ha reflejado mi fiel espejo del mismo».[1]

2. El hombre intelectual y el hombre común

La dicotomía más sobresaliente en el Arte del autoconocimiento es la que el filósofo de Danzig construye para distinguir al hombre intelectual del hombre común. Por una parte, el hombre común manifiesta todos los aspectos negativos de la naturaleza humana. En su discurso llega a denominar a los hombres comunes como «parias y sudras», las dos clases estamentales que se encuentran en la parte inferior de las castas antiguas. Por otra parte, el hombre intelectual parece exaltar los rasgos, que según el entender de Schopenhauer, son más nobles de la naturaleza humana. A estos últimos los denomina como «brahmanes», refiriéndose, por su puesto, a la clase sacerdotal que ocupa el lugar más alto en el sistema de castas de la India.

A Schopenhauer le resultaba sumamente importante distinguir la particularidad de su vida mediante la justificación de sus inclinaciones. Por la misma razón no duda en considerarse como un individuo extraordinario destinado a las más altas proezas intelectuales. El filósofo estuvo convencido, o tuvo que convencerse, de que su vida particular tenía un objetivo heroico: vencer al deseo mediante el conocimiento. Imitando el modelo de vida monacal, pensaba que el hombre intelectual era capaz de despojarse de los sufrimientos y dolores que acompañan a la vida humana.

En el Mundo como voluntad y representación había manifestado este tipo de ideas al contraponer la sabiduría de los eremitas Sanyasis con la concepción de la vida de los cínicos. En dicho texto, manifestó tácitamente que el camino de la renuncia es el más corto y sencillo para alcanzar la mayor felicidad posible en esta vida, condenando a los cínicos por su falta de humildad que, según sus palabras, está fundada en el orgullo y en el desdén hacia los demás. Es difícil no ver que el propio Schopenhauer peco de cinismo al intercalar en sus pensamientos ideas que dejan tanto sus etapas de odio como las de desprecio hacia los hombres comunes.

La existencia del hombre común, al parecer de Schopenhauer, se encuentra enteramente ligada al desarrollo y satisfacción de los instintos primordiales. La vida normal del individuo la hace consistir en la mera ocupación alternada de diversas contingencias. Por lo mismo, piensa que el hombre común vive su vida entre la oficina, la casa, la vida social, el matrimonio y el cuidado de los hijos.

Sus ideas sobre el hombre común, le llevaron a plantearse que al menos cinco sextas partes de la humanidad pueden considerarse bípedos estúpidos, bribones y locos. A la mayor parte de los varones los considera como seres débiles por sucumbir ante un rostro bello y por buscar, al final de todo, convertirse en bestias de carga de una mujer.

Por otra parte, su visión respecto a las mujeres nos resulta ajena para nuestros tiempos, pues parece partir de una animadversión radical hacia el sexo opuesto. Bien conocidas son sus tesis sobre la naturaleza de la mujer, siendo considerada en su obra como un ser incapaz para el trabajo intelectual y profundamente inclinada a la simulación. En su favor podríamos decir que sus tesis no procuraban discriminar conscientemente, sino más bien, enfatizar que la mayor parte de la humanidad parecía vacía e indigna ante sus ojos. Solamente unos cuantos seres predestinados con cualidades intelectuales y espirituales superiores podrían librarse de sus críticas mordaces.

A diferencia de los hombres comunes, Schopenhauer piensa que los hombres superiores o intelectuales son aquellos que buscan el autoconocimiento. En este sentido, su filosofía práctica se acerca a la filosofía clásica, argumentando que una vida similar es imposible si no se cuenta con tiempo libre e independencia. Considera que a diferencia de los hombres comunes, los hombres intelectuales poseen la capacidad de soportar la soledad. En su filosofía parece estar presente también una postura escatológica, según la cual su obra, como donación gratuita a la humanidad, justificaría su existencia personal. Este tipo de ideas evocan, en parte, la paradoja del santo, el profeta o el mesías, que alejándose de la humanidad regresa a ella tan solo para ofrecer un regalo invaluable.

3. Soledad y misantropía

En la obra de Schopenhauer, la plena realización del hombre intelectual requiere el alejamiento de los hombres y sus sociedades. En los fragmentos que presentamos al lector se encuentran bastantes referencias a este hecho concreto. Para el filósofo resulta evidente que el desarrollo intelectual y moral del hombre superior se forja desde el aislamiento y la plena independencia. En ciertas ocasiones, la soledad de una vida así parece ser la causa del desarrollo intelectual, pero en otras parece ser simplemente una consecuencia de su precariedad económica.

Los argumentos que desarrolla Schopenhauer para sustentar la apología de la soledad obedecen a dos razones. En primer lugar, la imposibilidad económica de sostener una familia con sus precarios recursos económicos (la herencia de su padre con la que se sostuvo toda su vida). Por otra parte, en la imposibilidad de desarrollar el autoconocimiento a falta de tiempo. Estaba firmemente convencido que su misión como hombre intelectual solamente podría ser cumplida viviendo una existencia solitaria en la que pudiera disponer absolutamente de su tiempo y sus recursos económicos. Recordando las palabras de Giordano Bruno llega a plantear que buscar la verdad requiere este alejamiento. En su texto más conocido, dice:

«Una gran superioridad intelectual aísla más que cualquier otra cosa y granjea un odio encubierto. Lo contrario es lo que hace tan universalmente amados a los tontos; además algunos sólo pueden encontrar entre ellos lo que han de buscar según la ley de su naturaleza. Más nadie se confiesa a sí mismo, y mucho menos a los demás, la verdadera razón de tal simpatía y por eso achacan, como pretexto plausible para ello, una particular bondad de corazón a sus predilectos, la cual es sumamente rara y sólo se da alguna vez casualmente entre la escasez de inteligencia».[2]

En los fragmentos recogidos en el Arte del autoconocimiento, Schopenhauer nos deja algunas anécdotas de vida para entender cómo fue la transición de la sociabilidad a la soledad en su vida particular. Relata con gran exactitud que en su juventud tenía cierta propensión a la comunicación con otras personas, mientras que en la madurez desarrolló una especie de ruptura que le conduce inevitablemente al aislamiento y la soledad. Finalmente, se convence que tanto por su destino como por sus necesidades intelectuales es preferible vivir en soledad. En sus propias palabras:

«Todo gran resultado teórico, sea cual sea, tiene lugar porque su autor dirige todas sus fuerzas intelectuales hacia un punto, en el que se concentra tan fuerte, firme y exclusivamente que el resto del mundo desaparece ahora para él y su objeto le colma toda la realidad».[3]

En este contexto, el filósofo es presa de un cierto ensimismamiento. Por una parte, considera que su aislamiento es necesario para crear su obra. Por otra, su obra parece justificar su aislamiento. No queda claro, pues, dónde acaba el Schopenhauer orgulloso y testarudo, y dónde empieza el filósofo débil que se conmueve con sus propios pesares. En sus fragmentos parecen convivir estas dos facetas. Su conmoción por la existencia de un mundo donde predomina la precariedad moral y su desprecio hacia los hombres comunes parecen ser las dos caras de la misma moneda.

En uno de sus fragmentos, Schopenhauer narra con detalle las razones de su aislamiento. Explica que el jamás alejo voluntariamente a aquellos que consideraba sus similares. Sin embargo, la fatalidad del destino parece empujarlo a una vida solitaria. Gradualmente pierde el interés por relacionarse con otros. Esta falta de interés produce, a su vez, un profundo estremecimiento interior. Parece darse cuenta, en algún momento de lucidez, que su aislamiento y la necesidad de justificar su vida le conducen gradualmente a la misantropía.

La misantropía de Schopenhauer parece fundarse en su concepción de la naturaleza humana, pero también en su experiencia cotidiana. A lo largo de su madurez adquiere la convicción de que, al ser un hombre intelectual, no puede tener nada en común con la mayoría de los hombres. Mientras que los que denomina como buenos hombres son pensadores viejos que le aventajan por más de veinticinco años. No queda muy claro si su misantropía es causa de su soledad, o si su soledad es causa de su misantropía. Sin embargo, algunos elementos pueden llevarnos a pensar que es más plausible esta segunda tesis.

Existen un conjunto de fragmentos en donde aborda el problema del odio a los hombres desde un punto de vista filosófico. Apoyado en la máxima de Plauto, acerca de que el hombre es el lobo del hombre, justifica dicho sentimiento. En otro lado expresa estar convencido de que solamente en la vejez fue capaz de comprender con exactitud toda la bajeza y la miseria humanas. Apoyado a veces en Chamfort, otras veces en el pesimista italiano Leopardi, parece racionalizar su odio para poder comprenderlo.

Ese tipo de pensamientos le llevaron a concluir, posteriormente, que la misantropía empequeñecía al hombre intelectual, mientras que el desprecio le elevaba. Por la misma razón, encuentra una posible salida en el estado de Kataphronanhtropia. A diferencia de la misantropía, este sentimiento no se basa en el odio sino en un absoluto distanciamiento que conduce al desprecio, y con ello, al rechazo a toda conducta movida por la maldad y la crueldad.

4. La triste angustia

El distanciamiento y la soledad elogiados por Schopenhauer no siempre parecen ser el efecto de sus razonamientos teóricos, sino más bien el resultado de su enfermizo carácter. El filósofo confiesa, de hecho, el dolor y las tristezas producidas por su carácter propenso a la angustia. Esta faceta es capaz de mostrarnos la complejidad de los sentimientos que invadían al pensador. A pesar de obstinarse gradualmente hasta llegar a pensar que debía aceptar con heroísmo las ventajas y desventajas de su carácter, en algún momento confesó el enorme peso que significaba sobrellevar sus cambiantes estados de ánimo.

No obstante, Schopenhauer fue un individuo internamente fuerte que soportó con firmeza los dolores y las trágicas fantasías producidas por su carácter. Su filosofía es de hecho inflexible en este punto, pues jamás legitima la búsqueda de la paz interior mediante las relaciones interpersonales. Aunque su estado de ánimo frágil y voluble le atormentaba, persiguiéndole como su sombra, decidió erigir una filosofía del autoconocimiento.

Schopenhauer ha sido considerado un pensador controvertido. Su obra, en este sentido, es fiel expresión de su compleja personalidad, plagada de contradicciones, emociones y pensamientos profundos. El texto que se presenta a continuación es una clara prueba de que el camino del autoconocimiento está lleno de obstáculos y dificultades. Pero también demuestra la imposibilidad de que el ser humano pueda renunciar a su propia naturaleza. La primera regla del autoconocimiento, en este sentido, podría ser expresada en una fórmula simple creada por Pausanias y erigida en lema del oráculo de Delfos: conócete a ti mismo (gnóthi seautón)

FUENTES:

Grisebach, Eduard, Edita und Inedita Schopenhaueriana, Brockhaus, Leipzig, 1888.

Gespräche und Selbstegespräche, Ernst Hoffmann and Company, Berlin,1902.

Hübscher, Arthur, Scritti postumi. Arthur Schopenhauer, Adelphi, Milano, 1996-2004.

Schopenhauer, Arthur, El mundo como voluntad y representación (2 tomos), Alianza, Traducción de Roberto Amarayo, Madrid, 2010.

L´ arte di conoscere se stessi, edición de Franco Volpi, Adelphi, Milán, 2003.

Los designios del destino, Traducción de Roberto Rodríguez Aramayo, Técnos, Madrid, 1999.

Manuscript Remains in Four Volumes: Early manuscripts (1804-1818), Smithsonian Inst Pr, Michigan, 1987.

Sobre el dolor del mundo, el suicidio y la voluntad de vivir, Técnos, Madrid, 2002.

Sobre la libertad de la voluntad, Alianza, Madrid, 2000.

[...]


[1] Schopenhauer, Arthur, Los designios del destino, Técnos, Madrid, 1999, p. 63.

[2] Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Tomo II, pp. 300-301.

[3] Ibid, p. 512.

69 de 69 páginas

Detalles

Título
"El arte del autoconocimiento" de Arthur Schopenhauer
Subtítulo
Estudio introductorio, otas y versión al castellano
Universidad
Complutense University of Madrid
Calificación
10
Autor
Año
2011
Páginas
69
No. de catálogo
V215211
ISBN (Libro)
9783656442493
Tamaño de fichero
583 KB
Idioma
Español
Etiqueta
"autoconocimiento", "Schopenhauer", "misantropía", "soledad", matrimonio
Citar trabajo
Dr. Diego Alfredo Pérez Rivas (Autor), 2011, "El arte del autoconocimiento" de Arthur Schopenhauer, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/215211

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