Variación diacrónica: bimatizaciones vocálicas en los romances de la Península Ibérica


Trabajo Universitario, 2013
58 Páginas, Calificación: 9,5 SOBRESALIENTE

Extracto

Índice

1 Una cuestión no sólo castellana

2 Diptongos controvertidos y (mal) documentados

3 Del latín a los latines

4 La diptongación creciente en los romances peninsulares

5 Una mirada global a la diptongación en la Romania

6 Recapitulación: el cambio de ĕ y ŏ en la Península Ibérica antes del siglo X

7 A modo de conclusión

8 Referencias bibliográficas

9 Sobre el autor

1 Una cuestión no sólo castellana

El objetivo de este trabajo es estudiar desde un punto de vista diacrónico las alternancias vocálicas que presentan mayor sistematicidad en español, en concreto aquellas que afectan a la diptongación de las realizaciones correspondientes a los fonemas /e/ y /o/. Partimos para ello de las explicaciones que ofrece al respecto el primer tomo de la Nueva Gramática de la Lengua Española (en adelante, NGLE) de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, tomo que recoge lo relativo a la morfología y a una parte de la sintaxis. Lo que nos interesa de tales diptongaciones es su diacronía, aunque dado que ésta es una sucesión de estados de lengua, nos será imposible no hacer referencias sincrónicas a tales estados en los que las diptongaciones (o aun la vocal sin diptongar) se encuentren.

Partamos de cuatro párrafos al respecto extraídos del citado tomo de la RAE (2009: 33-34) (el subrayado es nuestro y corresponde a los fenómenos que vamos a examinar en este trabajo):

«1.7e Se llaman alternancias vocálicas las que distinguen dos bases léxicas en función de las diferencias que las vocales presentan en ellas. De todas las alternancias vocálicas del español, las que muestran mayor sistematicidad morfológica son las que afectan a la diptongación. Las dos alternancias fundamentales son /e/ ~ /ié/ y /o/ ~ /ué/. La ĕ y la ŏ breves latinas pasaron a ser abiertas en latín vulgar y diptongaron en español en posición tónica. La ausencia de diptogación tiene lugar muy frecuentemente en las sílabas átonas de las palabras derivadas en las que se observa un cambio acentual respecto de las voces de las que derivan (tierra > terrestre; huésped > hospedar). Las alternancias vocálicas en la flexión verbal se estudian en el capítulo 4; las relativas a la flexión nominal y adjetival se analizan en los capítulos 2 y 3.

«1.7f La alternancia /e/ ~ /ié/ se obtiene tanto en la morfología flexiva (cerrar ~ cierro; perder ~ pierdo; herir ~ hiero) como en la léxica, particularmente en la derivación: cierto > certeza; crecer > creciente; diente > dentista; estiércol > estercolero; fiesta > festivo; incienso > incensario; niebla > neblina; tienda > tendero. Existen, sin embargo, numerosas irregularidades en esta alternancia. Así, no diptongan los verbos arrendar, entregar, esperar, invernar, pretender (frente a entender) y muchos de los terminados en -entar (yo adecento, cumplimento, incremento, lamento...; pero yo acreciento, caliento, etc.), entre otros que se estudian en los § 4.10a-i- Estas irregularidades dan lugar a veces a diferencias dialectales o sociolectales, como apreta ~ aprieta; frega ~ friega; neva ~ nieva (§ 4.10d). La lengua culta prefiere las formas diptongadas en estos pares. Se encuentra muy a menudo el diptongo en sílabas no tónicas cuando se daba esta secuencia vocálica en las correspondientes voces latinas: ambientar, dietario, expedientar, orientar. Se perciben numerosas irregularidades en los derivados apreciativos y otros asimilados a ellos: viejito ~ viejecito (ambas con diptongo en la sílaba átona), junto a vejete ~ viejete o cieguito ~ cegato. También se observan irregularidades y alternancias en algunas voces derivadas (fiestero ~ festero; miedoso ~ medroso, etc.). Se retoman todas estas alternancias al considerar cada uno de los afijos o grupos de afijos mencionados.

«1.7g La alternancia /o/ ~ /ué/ obedece a pautas similares. Se percibe en contar ~ cuento; dormir ~ duermo; rodar ~ ruedo; soñar ~ sueño; tostar ~ tuesto, y en otros muchos verbos que se examinan en los § 4.10j-ñ. No diptongan, en cambio, los verbos ahogar, conformar, derrocar, morar, sorber, entre otros. No obstante, en el habla coloquial de algunas regiones, alternan cozo ~ cuezo; forzo ~ fuerzo y soldo ~ sueldo, como se explica en el § 4.10k. También aquí se prefieren las variantes diptongadas en la lengua culta. Se observa asimismo la alternancia /o/ ~ /ué/ en gran numero de voces derivadas: bueno > bondad; Cuenca > conquense; fuego > fogoso; nueve > noveno; pueblo > popular; Venezuela > venezolano; vergüenza > vergonzoso, avergonzar. También se atestigua la elección de la variante diptongada en muchos compuestos (cuelgaplatos, cuentakilómetros, vuelapluma).

«1.7h En la derivación apreciativa se observa mayor resistencia a la ausencia de diptongación en las sílabas átonas, y también mayores irregularidades y alternancias entre variantes diptongadas y no diptongadas. Se obtiene así formas como cuerdita o cuerdecita, pero cordón, cordada; cuerpito o cuerpecito, pero corporal, corpiño; huequito o huequecito, pero oquedad; huerfanito, pero orfandad, orfanato; pueblito o pueblecito, pero poblacho; tiernito o tiernecito, pero ternura. Aunque existe portorriqueño, se prefiere puertorriqueño, con diptongo en sílaba átona, a diferencia de porteño. Alternan novísimo y nuevísimo, pero solo se registran nuevito, nuevecito. También se percibe cierta irregularidad en otras clases de derivados: huevera y amueblar (aunque existe amoblar), con diptongo en sílabas átonas, frente a ovular y mobiliario, sin él, entre otra muchas voces. Las alternancias /e/ ~ /i/ (medir ~ mido), /i/ ~ /ié/ (adquirir ~ adquiero), /o/ ~ /u/ (dormir ~ durmió) y /u/ ~ /ué/ (jugar ~ juego) se examinan en los § 4.10o-w ».

Como hemos visto, a pesar de ser una obra eminentemente sincrónica, es de obligada referencia para la NGLE referirse a los hechos históricos que explican los estados actuales de lengua en algunos de los niveles de indagación y formalización lingüísticas, muy especialmente en el morfológico, con repercusiones alomórficas muy acusadas morfonológicamente [1], y en el léxico. De ahí que se explique en el tomo académico que la alternancia /e/ ~ /ié/ (y mediante «pautas similares» el otro par, /o/ ~ /ué) «se obtiene tanto en la morfología flexiva (...) como en la léxica, particularmente en la derivación» (ibíd.), uno de los mecanismos de formación de palabras que constituye parte del objeto de estudio de la Morfología como disciplina lingüística (cf. Díaz Hormigo 2003: 17).

El presente estudio persigue la explicación diacrónica a través de diversos estados de lengua, aunque con especial atención en torno al siglo X, partiendo desde el actual, que, al decir de E. Coseriu (1999: 95), es «un modo más razonable de hacer la historia de una lengua románica», es decir,

«hacerla en el sentido contrario al habitual, o sea: hacerla, no a partir del latín y siguiendo las vicisitudes de éste (muchas de las cuales no han dejado huella ninguna en la lengua cuya historia se pretende hacer), sino partiendo de la lengua en cuestión en su forma actual y mostrando cómo han surgido, o de dónde proceden, y cómo se han venido integrando en ella los elementos que hoy la constituyen».

Coseriu recoge la tesis de V. Pisani (1959[2]).

Como vemos, se nos impone la necesidad de considerar metodológicamente por un lado los hechos sincrónicos y, por otro, los diacrónicos, modo de proceder recogido en F. de Saussure (1916: 118-121), que éste a su vez toma de G. von der Gabelentz, aunque ya estaba implícito en F. Thurot (1796 [3]) o Andrés Bello (1847 [4]) y explícitamente después de Gabelentz en 1903 en O. Dittrich (Coseriu 1999: 22-23). No obstante, en buena parte del trabajo mantendremos una línea cronológica cuando tratemos del latín vulgar y de los romances.

Estamos ante elementos lingüísticos que vamos a revisar en su historia, estudiando su variación y cambio hasta la consolidación que se materializa desde la perspectiva sincrónica actual en la alternancia de las formas descritas por la NGLE, que es una obra sobre la lengua castellana, por lo que en principio parece que podemos retrotraernos a las formas más primitivas del romance castellano sin más consideraciones.

Pero eso valdría si esta lengua hubiera estado aislada de otras y su cambio a lo largo del tiempo en un mismo territorio hubiera estado sometido a las vicisitudes extralingüísticas y lingüísticas propias de una lengua en situación de aislamiento. No es este el caso.

Precisamente, son los romances peninsulares, especialmente los no periféricos, los que nos van a ofrecer todo un panorama de fenómenos lingüísticos, relacionados con motivaciones no lingüísticas como los derivados del contacto de lenguas, la sustitución de lenguas, la diglosia o el bilingüismo (incluso el multilingüismo), entre otros; y hechos extralingüísticos, de carácter histórico y sociopolítico que van a dibujar un escenario ciertamente complejo, pero interesante, por otra parte.

Tal escenario, la propia Península Ibérica, nos llevará desde una situación lingüística más o menos uniforme, la de la Hispania romana de época imperial, hasta un complejo panorama de lenguas romances, que, por otra parte, no van a presentar discontinuidades acusadas en el continuum dialectal en general, aunque sí en nuestros diptongos, especialmente en los romances periféricos occidentales y orientales (gallego y portugués, y catalán, respectivamente). Tal situación corresponderá a la Alta Edad Media. En la considerada unidad lingüística latina a la que hemos hecho referencia no faltarán las variedades diatópicas, diastráticas y diafásicas –diamésicas también, pero será en otra dimensión, la cultural y no la del lenguaje propiamente dicho [5] ­– de cualquier lengua, así como las diferencias de carácter diacrónico que presentará el latín por motivo de una temprana y honda conquista romana de los territorios sureños y levantinos frente a otra zona menos romanizada y más tardíamente conquistada por Roma (el centro y noroeste peninsulares), con la repercusión lingüística correspondiente [6], a lo que habría que añadir además las lenguas precedentes, sus huellas en la lengua impuesta por los romanos, y la única prerromana que sobrevivió y que pervive: el vasco.

Escalando en el tiempo por los sucesivos estados de lengua (obsérvese que esto no es más que una abstracción propia de la labor lingüística) y llegando hasta el momento en que describir el español implica lo que hemos leído en los párrafos de la NGLE y que hemos reproducido en este trabajo (es decir, la actualidad), tenemos que, sin saber latín, el hispanohablante conoce puerta y portazo pero sin relacionarlo con pŏrtam. A esto es a lo que se refiere J. Lyons (1968: 48) cuando nos dice que «son relativamente pocos los hablantes de una lengua que conozcan a fondo las vicisitudes históricas de su evolución». Nuestra labor aquí será hacer precisamente lo que no hace el hablante convencional y que será tarea del lingüista y del filólogo, relacionando diacrónicamente las palabras que en lo sincrónico nos son propias de nuestro acervo lingüístico y que, por tanto, tenemos por palabras de la lengua española. Pero no lo haremos desde la perspectiva del nivel léxico, como podría deducirse de lo expuesto, sino del cambio acaecido en el nivel fonético-fonológico.

Como vemos en el subrayado que le hemos hecho al texto de la NGLE, esta obra va a explicar ciertas alternancias e irregularidades como propias de la variación dialectal y de la diastrática. Si ahondamos en esto, yendo más allá de lo que el texto nos señala, comprobaremos cómo el escenario actual respecto de los diptongos que ocupan nuestro estudio derivados de las vocales latinas e y o breves en posición tónica nos presenta diferentes soluciones de diptongación a partir de esas vocales que trascienden lo que es tenido por lengua española o castellana.

Es, por ello, que en este estudio, teniendo en cuenta que nuestro objeto son tales diptongaciones crecientes, nos será imposible omitir un romance peninsular y centrarnos exclusivamente en el de Castilla. Y es precisamente aquél el modo de proceder de los filólogos y lingüistas que se acercan y adentrar a escudriñar los entresijos de nuestra(s) lengua(s) en la Edad Media. Véase, como ejemplo más destacado, la labor de Ramón Menéndez Pidal, que no puede (y no era su intención) dejar fuera del estudio de la historia de la lengua española al resto de romances que son “compañeros” de viaje del de Castilla.

2 Diptongos controvertidos y (mal) documentados

Este asunto, el de los diptongos, «es uno de los más controvertidos en el devenir de las vocales latinas» y, específicamente, «las más afectadas, aunque no en toda la Romania, fueron la /ě,/ y la /ŏ,/» (Lapesa 1942 [7]: §181). Presentes ya en la lengua hablada contemporánea de los primeros escritos en lengua romance, van a presentar diversos problemas desde el punto de vista de la investigación filológica y lingüística, porque el escriba o copista alterará de algún modo el hablar de sus coetáneos y lo “malversará” con cultismos o arcaísmos creyendo que las formas más arromanzadas eran vulgares y, por tanto, no dignas de ser reflejadas en la escritura.

Ramón Menéndez Pidal va a ver con perfecta habilidad este hecho. Aunque centra su estudio Orígenes del español en «lo que podemos llamar orígenes tardíos del idioma [de Castilla] (no los orígenes remotos) en cuanto nos pueden ser conocidos documentalmente», dejando «aquellas cuestiones de orígenes que los datos documentalmente no ilustran (…) completamente de lado, reservándolas para la referida historia del español» (M. Pidal 1926 [8]: IX), no dudará en indicarnos una y otra vez que aquello que está en los documentos ya pululaba en el habla desde mucho tiempo atrás.

Estas ideas ora implícitas, ora explícitas que M. Pidal tuvo desde temprano (cf. 1926: VII-VIII; el mismo comenta como desde 1915 despertaron su interés documentos de los siglos IX a XI que hasta ese momento eran repudiados por la investigación filológica, pero que mostraban lo que Pidal llamó «arcaísmos romances muy anteriores al siglo X») las vemos en décadas posteriores en la propia lingüística que diferenciará la manifestación del lenguaje per se de la escritura:

«Mientras la lengua hablada continúa cambiando de modo imparable y a veces con mucha rapidez, la lengua escrita puede continuar sin cambio alguno o con cambios mínimos durante decenios y hasta siglos» (Moreno Cabrera 2000a: 177).

J. Lyons (1968: 38) observó que «el lenguaje hablado está en primer lugar y (…) la escritura en esencia no es más que un recurso para representar el habla por otro medio», es decir, una variedad «diamésica» (terminología acuñada por A. M. Mioni 1983: 508-512), que «es muy insuficiente como representación de la lengua hablada» y supone, pues, «un empobrecimiento manifiesto de la riqueza del habla que intenta reflejar» (Moreno Cabrera 2000a: 173). El propio Menéndez Pidal explica que

«cuando […] surgió la necesidad de escribir las lenguas modernas, que hasta entonces nunca habían pasado de la boca a la pluma, la seria dificultad con que tropezaron los escribas fue la de cómo representarían esos sonidos extraños a la escritura de la lengua latina, única entonces usada»,

sonidos que Pidal explica como rasgos en que más se desviaron las lenguas romances respecto de la latina: «1º, formación de diptongos nuevos, sobre todo debidos al desdoblamiento de ĕ y ŏ; 2º, creación de toda una serie de consonantes palatales ajenas al latín clásico y nacidas por la activa influencia de yod [9], ora latina, ora románica» (1926: §11), hecho, el primero, que también apunta F. Abad Nebot:

«Las lenguas románicas se contraponen al latín sobre todo por las tendencias a la formación de diptongos (y triptongos), por la presencia de sonidos palatales y africados (…). Casos de diptongación resultan it. pietra, ruota, esp. Piedra, rueda, etc.» (2008: 98).

Cuestión también estudiada por otros investigadores: «El carácter innovador del primitivo dialecto castellano lo ilustra Américo Castro con los hechos de la diptongación de o y e latinas, y de la conversión en ch de la ct del latín» (Abad Nebot 2001: 740).

Así, pues, estamos ante estudios, los de Menéndez Pidal, basados en documentos de los siglos X y XI en adelante, que no pierden de vista cómo lo que en la lengua escrita se va a estudiar ya estaba presente en el hablar de los habitantes de la Península. Y decimos península en general porque aunque los trabajos pidalinos tienen por objeto primordialmente el castellano no son ajenos a los otros romances peninsulares: gallego-portugués, asturiano-leonés, riojano, aragonés, catalán, mozárabe. Incluso, la única lengua prerromana y no indoeuropea que ha pervivido a lo largo de los siglos: el euskera.

Nuestro interés en examinar la evolución de las vocales ĕ y ŏ está basado en ese apunte de Menéndez Pidal sobre los rasgos en los que más difieren el latín y los romances. Y es precisamente en el castellano donde, desde el siglo X, el diptongo ŏ «se ha fijado ya en , mucho más decididamente que en ninguna de las otras regiones» (Menéndez Pidal 1926: §245). No obstante, «la diptongación de ĕ tónica (siempre con una solución ie, aunque parece probable que existiera un tratamiento ia) [es] anterior al parecer a la diptogación de ŏ tónica» (Gil, J.: “Notas sobre fonética del latín visigodo”, Habis, 1, pp. 45-86, apud Abad Nebot 2008: 113). Se trata, según J. Gil (ibidem) de fenómenos éstos que se dan en latín hispano «de carácter panrománico». Lo que nos interesa es que «en el hablar, los castellanos (…) usaban ya las formas diptongadas ue y ie » (Abad Nebot 2008: 155). Estamos en el siglo X.

[...]


[1] Las siguientes palabras, extraídas del primer párrafo del fragmento que hemos copiado de la NGLE, son muy reveladoras e interesantes al respecto: «La ĕ y la ŏ breves latinas pasaron a ser abiertas en latín vulgar y diptongaron en español en posición tónica. La ausencia de diptongación tiene lugar muy frecuentemente en las sílabas átonas de las palabras derivadas en las que se observa un cambio acentual respecto de las voces de las que derivan».

[2] La referencia bibliográfica de Pisani figura en Coseriu 1999. Recogemos aquí el año de una de las publicaciones del historiador de la lengua italiano no como referencia bibliográfica en sí, sino para situarnos en el tiempo sobre lo expuesto por éste.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] M. Casas (2003: 568) lo trata como un aspecto diafásico.

[6] R. Penny (1993: 19 y 24) nos dirá que, por motivos históricos, el latín no era uniforme.

[7] Sigo la edición novena de 1981, reimpresa por décima ocasión en 1999 en la editorial Gredos. No obstante, en la citación bibliográfica haré notar el año de la edición original.

[8] La primera edición de Orígenes del español de Ramón Menéndez Pidal es de 1926, la segunda de 1929 y la tercera y definitiva es de 1950. Nosotros usamos una reimpresión de esa última edición, realizada por Planeta DeAgostini en 2010. No obstante, señalamos en la citas bibliográficas la fecha de 1926, pues casi todo el texto es producto (editado) de esa fecha y nos sitúa cronológicamente en el tiempo del autor; lo mismo cabría decir en la anterior nota.

[9] Según M. Pidal, «la diptongación general es una matización expresiva o enfática; la diptongación ante yod es un fenómeno de fonética mecánica: la yod se refleja en la vocal precedente y la cierra en su primer momento articulatorio, produciendo el diptongo en algún dialecto que no tiene diptongación general, a saber, provenzal y catalán, así como en el francés del Norte, en el aragonés y en el leonés. En castellano la yod cierra toda la vocal e impide la diptongación» (2005: 230-231).

Final del extracto de 58 páginas

Detalles

Título
Variación diacrónica: bimatizaciones vocálicas en los romances de la Península Ibérica
Universidad
UNED Universidad Nacional de Educación a Distancia
Curso
2012/2013
Calificación
9,5 SOBRESALIENTE
Autor
Año
2013
Páginas
58
No. de catálogo
V267672
ISBN (Ebook)
9783656591818
ISBN (Libro)
9783656591771
Tamaño de fichero
770 KB
Idioma
Español
Notas
Este trabajo recibió la calificación de SOBRESALIENTE (9,5) en el Máster Oficial en Ciencia del Lenguaje y Lingüística Hispánica de la UNED (España).
Etiqueta
Lingüística, Lingüística histórica, Romanística, Dialectología
Citar trabajo
Ígor Rodríguez Iglesias (Autor), 2013, Variación diacrónica: bimatizaciones vocálicas en los romances de la Península Ibérica, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/267672

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