El Sistema Político de los EEUU


Trabajo, 2004

31 Páginas, Calificación: 9 of 10


Extracto

Índice

1. Introducción

2. Ideología política y los trasfondos históricos

3. La fase constitucional y el federalismo

4. Las Instituciones
4.1. El parlamentarismo y el presidencialismo
4.2. El Congreso
4.3. El Presidente
4.4. El Congreso y el Presidente
4.5. El Tribunal Supremo

5. Los actores políticos
5.1. Los partidos
5.2. Los grupos de interés
5.3. El sistema electoral
5.4. La articulación y la representatividad política
5.5. La opinión pública y los medios de comunicación

6. Conclusiones

7. Bibliografía

1. Introducción

La campaña electoral de las próximas presidenciales en noviembre de este año ya está en marcha y el demócrata John Kerry ha podido convencer en las primarias por lo tanto será el candidato de su partido. No ha pasado apenas un día en los últimos tres años en el que los Estados Unidos no hayan salido en los periódicos grandes de todas las partes del mundo. Su papel importante en las relaciones internacionales es indiscutible, aunque parece que se ha alejado mucho el tiempo cuando un Presidente de los EEUU, John F. Kennedy, admitía: “Debemos afrontar el hecho de que Estados Unidos no es omnipresente ni omnisciente, que sólo sumamos el 6% de la población del mundo, que no podemos imponer nuestra voluntad al otro 84% de la humanidad, y que, por consiguiente, no puede haber una solución estadounidense para cada problema del mundo.”[1] De todas maneras la cuestión de la organización política de los EEUU siempre ha sido y permanece hoy en día como algo importante. No se pueden comprender las gestiones políticas de todas las naciones sin conocimiento de su sistema político.

La organización política de los Estados Unidos, desde sus raíces ideológicas hasta sus estructuras institucionales, representa un sistema político armónico y equilibrado, respecto a la distribución del poder, e integrado, en cuanto a la absorción de la heterogeneidad de sus habitantes y la diversidad territorial, que en su conjunto da por resultado su estabilidad política. El sistema norteamericano fue construido con el fin de evitar lugares de poder excesivo y con la intención de garantizar el control de los poderes existentes. Elementos sistemáticos como el federalismo, el bicameralismo y la separación de poderes políticos son entre otros una expresión de este punto de partir. Analizaremos aquí como funciona el sistema americano, que se creó hace más de dos siglos, y en qué estado se encuentran los poderes que afectan al sistema.

Así que observamos en un primer paso en el capítulo 2 las raíces del pensamiento ideológico que dio lugar a la fundación de la Constitución, y en el capítulo 3 el proceso histórico constitucional del cual resultó el federalismo. Estos dos aspectos los considero importantes para comprender dos elementos destacables: por un lado la creencia americana en los valores del liberalismo y la individualidad y por otro lado la capacidad de los estadounidenses para encontrar un consenso básico y un compromiso, pese a sus intereses divergentes y sus diferencias. En la parte 4 con un enfoque más institucionalista veremos como se tradujo esto en las instituciones políticas del país. En la clásica búsqueda de los lugares del poder institucional examinaremos sobre todo el Congreso y el Presidente, dejando por su propia complejidad el poder judicial al margen. La separación del legislativo en dos cámaras consigue un equilibrio de la representación reduciendo las desigualdades demográficas y territoriales; a la vez favorece el sistema norteamericano de “checks and balances”. Mirando las funciones del Presidente intentaremos distanciarnos un poco de los supuestos frecuentes de la omnipotencia presidencialista. El capítulo 5 tratará, desde una perspectiva conductista, de los actores políticos, su influencia y su papel en el sistema político. Un aspecto central será la cultura política de los EEUU, máxime la problemática cuestión de la escasa participación electoral. Finalizaremos el análisis del sistema político estadounidense con unas breves conclusiones.

Antes de empezar, unas anotaciones sobre el método de hacer el trabajo o más bien un intento de situar el trabajo siguiente. La complejidad de este tipo de análisis nos impide realizar un estudio detallado de todos los elementos del sistema. Por ello la intención fue poner énfasis en ciertos aspectos significativos y cruciales y ubicarlos el conjunto del sistema. En cuanto a la literatura, sobre todo respecto a los fuentes del internet, ésta esta elegida bajo del aspecto de las exigencias científicas.

2. Ideología política y los trasfondos históricos

La comprensión del sistema político estadounidense está relacionada con sus raíces ideológicas y su contexto histórico. La experiencia de la separación colonial de Inglaterra y el pensamiento liberal receloso de una acumulación excesiva del poder representan dos factores políticos que son imprescindibles para acercarse a los años fundadores de los EEUU. Así pues los principios del repulso de la determinación política sin el consentimiento del pueblo y la protección de los derechos naturales de los individuos se encuentra en la nueva organización política una vez conseguida la independencia.

La revolución americana se fundaba en la proclamación del derecho natural sobre la propiedad, que provenía sobre todo de la filosofía inglesa encabezada por John Locke, Tratado del gobierno civil, y que se reflejaba más tarde notablemente en la Declaración de Independencia de 1776. “La revolución americana, que estalla en 1775, tiene unas motivaciones estrictamente materiales: el rechazo de las colonias de América a pagar al rey de Inglaterra unas tasas que ellos no aprobaron, ya que no tenían representación en el Parlamento de Westminster.”[2]

Las colonias americanas, abandonadas por sus gobernadores anteriores, se constituyeron después de la guerra de la Independencia como regímenes republicanos, la forma del estado más adecuada para evitar una “determinación exterior” y más cercana a la creencia en la libertad. Siguiendo el pensamiento de Locke, separaban los poderes políticos y proponían el legislativo, como expresión de la soberanía del pueblo, el poder preponderado sobre los demás. Debido a la experiencia vivida con Inglaterra, entendida ésta como una intromisión de un poder exterior, se decidió separar el legislativo en dos cámaras equilibradas y controladas mutuamente.

Según Sigmund fue más bien Montesquieu quien inspiró la separación de poderes y la filosofía de Locke se dirigiría más al individualismo político.[3]

El liberalismo político de los EEUU tiene sus raíces en el pensamiento de Locke, que ha influido significantemente la Constitución americana a través de la proclamación no solo de los derechos naturales del pueblo sino también de la libertad de religión. El gobierno de un estado debe constituirse con el consentimiento de los ciudadanos y con el fin de la protección de sus derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad. Respecto a la diversidad cultural y religiosa de las colonias, establecida en la Constitución, los fundadores se distanciaron de imponer una religión nacional.

El convencimiento sobre la importancia de la libertad individual del pueblo se reflejaba además en la aspiración de crear una constitución escrita que limitara los poderes del gobierno y que supusiera una institución superior del cuerpo legislativo y ejecutivo. Inspirado por la filosofía de Montesquieu la separación del poder político se reencuentra en la Constitución con la meta de proteger los derechos individuales. Por razones políticas esta separación de los poderes institucionales fue complementada por el sistema federal.

Estos elementos constitucionales encontrados en las constituciones de los Estados, se tradujeron luego al nivel federal, teniendo en consideración también ahí la reservación y protección de los derechos particulares y una cierta independencia de los Estados, previniendo una acumulación excesiva del poder político.

3. La fase constitucional y el federalismo

Al declarar la independencia, las colonias se convirtieron en Estados y necesitaban una coordinación central al menos para sus agitaciones bélicas. Pese a la existente desconfianza de los Estados hacia un poder político central, al final encontraron un acuerdo de organización junta. Los Artículos de la Confederación representaban “la ¢constitución¢ de los Estados Unidos entre 1781 y 1789”[4]. Aunque aprobado por los trece Estados, los Artículos de la Confederación no fueron más que un compromiso básico y reducido a lo más necesario. Después de la victoria norteamericana en 1783 surgía la necesidad de reformar los Artículos de la Confederación, dado que la institución del Congreso, formada por trece miembros de los Estados, no fue capaz de funcionar como un gobierno, teniendo en consideración también la insuficiencia de competencia otorgada a ella por la “constitución” de la guerra. “(…) Los obstáculos no eran despreciables: aparte el requisito de la unanimidad para esa reforma, la oposición a un poder político centralizado era general; además, las diferencias, entre los Estados eran notables: procedencia u orígenes de la respectivas poblaciones, modo de vida, recursos económicos, religión, actitudes ante la expansión territorial hacia el oeste, etc.”[5]

En el año 1787 se reunieron los delegados de los Estados y en vez de la reforma de dichos Artículos, construyeron a pesar de todas las dificultades la Constitución de los EEUU. Con la intención de aunar el conjunto complejo de intereses el resultado fue un compromiso entre los Estados, que tenía que estar ratificado por nueve de los trece Estados. En el Convento de Philadelphia los Estados acordaron en construir una organización política de una doble soberanía del poder federal y estatal, el federalismo. Los ámbitos políticos del Estado central se concentraron en los de asuntos exteriores y del comercio interior y exterior. La separación de poderes en los dos independientes niveles estatales, ha sido otro mecanismo de “checks and balances” que prometía evitar la acumulación de poder. Con el motivo de conseguir el apoyo público, en 1787 y 1788 los ensayos que conocemos hoy en día como “The Federalist Papers” de Alexander Hamilton, James Madison y John Jay fueron publicados en un periódico de New York. Estas publicaciones dieron la fundación ideológica del nuevo sistema político. Según Madison, solo una constitución, que separe el poder entre el Estado federal y los Estados individuales, puede evitar la omnipotencia estatal y a la vez puede dar lugar a la expresión a la diversidad de la vida cultural y social de los Estados Unidos.[6] El federalismo fue la manifestación de los intereses divergentes hacia un Estado central más o menos fuerte y “(…) fue un feliz hallazgo, una característica digna de los más encendidos elogios, que hace de la Constitución estadounidense un hito en la búsqueda de soluciones a la organización político-territorial de las sociedades humanas acentuadamente plurales”[7].

La Constitución entró en vigor en enero de 1789, ratificado por once de trece Estados, y significó como documento escrito y legitimado la garantía del Estado de derecho, la protección de los derechos y libertades individuales, asegurado en un sistema de poderes separados y limitados. Visto en su contexto temporal por una parte fue un paso grande distanciándose del absolutismo estatal. Sin embargo por otra parte hay que considerar que “dicha Constitución estuvo absolutamente condicionada por razones de clase, sexo y raza. Que fue un texto de y para las élites económicas (…).”[8] Es decir, en un principio y hasta primeras modificaciones en el siglo XIX, solamente pertenecían los hombres con propiedad material a los privilegiados con derecho de voto.

4. Las Instituciones

La forma del gobierno presidencial, que encontramos en los EEUU, difiere en ciertos modos del sistema parlamentario, que domina los estados europeos. Uno de los supuestos más frecuentes escuchados aquí es que el Presidente estadounidense dispone de un poder político superior al del legislativo. En contra de esta opinión polémica se hayan los resultados de los estudios de Lijphart: “En Estados Unidos, la separación de poderes también comporta un equilibrio entre presidente y Congreso.”[9]

De hecho la relación entre el Congreso y el Presidente se representa muy compleja. Es la cuestión del equilibrio interinstitucional a la que hemos de acercarnos. Después de mostrar unas diferencias generales de los dos modelos políticos, nos centraremos sobre todo en estas dos instituciones, en sus características y en el modo de interacción de los “dos socios antagónicos”, con el fin de localizar el poder político institucional. Asimismo nos dedicaremos al Tribunal Supremo, como tercer poder institucional, sin embargo, por su complejidad propia y por la falta de espacio, este análisis estará más bien limitado.

4.1. El parlamentarismo y el presidencialismo

En su examen de varios modelos de democracia Lijphart construye un esquema de tres hechos diferenciales entre los dos modelos de gobierno de que se trata aquí: la dependencia y la responsabilidad del ejecutivo ante el legislativo, el modo de elección del ejecutivo y el procedimiento de la toma de decisiones del ejecutivo.[10]

En primer lugar, el sistema parlamentario permite la destitución del ejecutivo por un voto de desconfianza de parte de la asamblea general, mientras que en el modelo presidencial el ejecutivo puede contar con el ser establecido constitucionalmente, con posibilidades inferiores de destitución, salvo casos particulares, y por lo tanto resulta menos dependiente del legislativo.

Luego, los presidentes son elegidos por un voto popular, directo o indirecto, y el ejecutivo del gobierno parlamentario se constituye a través de la elección por el parlamento.

La tercera diferencia se encuentra en la estructura de los gabinetes ejecutivos. En los sistemas parlamentarios el ejecutivo es “colectivo o colegiado”, es decir el papel de los ministros alcanza mayor importancia que en un gobierno presidencial, dónde “los miembros de los gabinetes (…) son meros consejeros y subordinados del presidente”.[11]

[...]


[1] Schlesinger, Arthur Jr., John F. Kennedy, 40 años después. El Pais. Domingo. 16.11.2003. p.9.

[2] Berstein, Serge. Los regímenes políticos del siglo XX. Barcelona. Ariel. 1996. p.25.

[3] Sigmund, Paul E., Pensamiento político e ideología. En: Sigmund Paul E. / Roiz, Javier (eds.). Poder, sociedad y estado en USA. Madrid. 1985. p.19/ 20.

[4] Sánchez González, Santiago. El Sistema Político Norteamericano. En: Sánchez González, S. / Mellado, P., Sistemas políticos actuales. Madrid. Centro de Estudios Ramón Areces. 1995. p.62.

[5] Vid., Sánchez González, op.cit., p.63.

[6] Wasser, Hartmut (a). Institutionen im politischen System. Bundesanstalt fuer politische Bildung. Informationen 199. Politisches System der USA. Internet: http://www.bpb.de/info-franzis/html/body_1_199_2.html. 12.03.2004, p.29.

[7] Vid., Sánchez González. op.cit. p.66, 67.

[8] Ibid., p.67.

[9] Lijphart, Arendt. Modelos de democracia. Barcelona. Ariel. 2000. p.127.

[10] Vid., Lijphart, op.cit., p.118/ 119.

[11] Ibid., p.119.

Final del extracto de 31 páginas

Detalles

Título
El Sistema Político de los EEUU
Universidad
University Cardenal Herrera  (Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas)
Curso
Sistemas Políticos Comparados
Calificación
9 of 10
Autor
Año
2004
Páginas
31
No. de catálogo
V29089
ISBN (Ebook)
9783638307055
Tamaño de fichero
566 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Sistema, Político, EEUU, Sistemas, Políticos, Comparados
Citar trabajo
Elfi Victoria Siebert (Autor), 2004, El Sistema Político de los EEUU, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/29089

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