Filosofía y ciencia en el pensamiento de René Descartes


Tesis, 2008
73 Páginas, Calificación: 95

Extracto

ÍNDICE

DEDICATORIA

INTRODUCCIÓN

CAPITULO I LA METAFISICA CARTESIANA
1.1 LA DUDA METODICA
1.2 EL METODO CARTESIANO
1.3LA CERTEZA DEL COGITO ERGO SUM
1.4 LAS IDEAS INNATAS
1.5LA SUSTANCIA.

CAPÍTULO II EL MECANICISMO CARTESIANO
2.1 LA EXPERIENCIA EN LA CIENCIA CARTESIANA
2.1.1LOS EXPERIMENTOS
2.1.2 LA EXPERIENCIA ORDINARIA
2.2 LAS EXPLICACIONES CAUSALES
2.3 LA CRÍTICA DE LAS CAUSAS FINALES
2.4 LAS HIPOTESIS
2.4.1 RESTRICCIONES IMPUESTAS A LAS HIPÓTESIS

CAPITULO III FILOSOFIA DE LA CIENCIA EN RENE DESCARTES
3.1 LA CERTEZA DE LAS EXPLICACIONES FISICAS
3.2LA MATEMATIZACIÓN DE LA FÍSICA
3.3 LA NOCIÓN DE “LEY”

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

DEDICATORIA

Quiero dedicar este trabajo:

Primeramente al Dios que me dio la vida,

A mis padres por transmitirme la vida,

A mis hermanos y amigos por compartir conmigo su ser,

De manera muy especial a mi comunidad de Hijos de Santa María de Jesús Sacramentado que me brindo un gran apoyo para que fuera posible realizar este trabajo.

Al Instituto Franciscano de Filosofía por darme la oportunidad de realizar mis estudios filosóficos,

A mis profesores , por su tiempo y generosidad, al compartir conmigo su sabiduría y la vida misma.

A mi Asesor,porsu ayuda incondicional, su tiempo y deseo de formarme en la dimensión académica profesional.

INTRODUCCIÓN

Durante mis estudios de filosofía en el Instituto Franciscano de Filosofía, me llamó la atención la noción de certeza, la cual consiste en la verdad que aparece con toda su claridad. Cuando el hombre alcanza la certeza, significa que el conocimiento que éste posee es absolutamente verdadero. Desde esta perspectiva, me interesé por comprender la forma en que los seres humanos pueden acercarse y alcanzar las verdades más grandes.

Por otra parte, en el curso de filosofía moderna, donde se estudia la obra de Descartes, me interesó el tratamiento que hace de la certeza. Mi deseo consistió en profundizar este tema y comprender de mejor manera su obra. Además, Descartes es conocido por haber hecho una revolución en el pensamiento filosófico, al considerar como punto privilegiado de la reflexión a la razón del hombre y ya no la naturaleza, rompiendo con la tradición escolástica de la Edad Media.

La razón por la cual realicé este trabajo de tesina consistió en conocer las consecuencias que se seguían de la primera certeza de Descartes, el cogito ergo sum, y realicé un recorrido por las etapas de la filosofía hasta llegar al conocimiento de los fenómenos de la naturaleza. También quise profundizar en la forma en queel filósofo francés forjó su manera de pensar, su sistema filosófico que es la base y el fundamento del todo conocimiento científico.

La importancia de comprender el conocimiento científico para la humanidad, hoy en día, es de gran interés, ya que nuestra sociedad considera a la ciencia y su aplicación tecnológica como el motor de su desarrollo. Si bien en Descartes existe todavía una unidad entre la metafísica y la ciencia, en nuestra sociedad actual los separan, restándole importancia a la metafísica. Comprender las relaciones que tienen la metafísica y la ciencia es uno los temas que más me interesa entender.

El desarrollo de este tema se orienta pues para determinar cada una de las etapas en que se va constituyendo la explicación de los fenómenos de la naturaleza. En cada una de éstas se discuten una gran variedad de temas y se presentan nuevos retos y nuevos problemas, que es lo que trataré en los tres capítulos de mi investigación.

En el primer capítulo desarrollo en términos generales la filosofía cartesiana. Por ello abordo los temas del método cartesiano, desde la duda metódica hasta llegar a la certeza del cogito. Luego me detengo en una aclaración de lo que Descartes entendió por ideas innatas. Este tema es importante porque para el filósofo francés todo conocimiento se hace por ideas, y en la razón del hombre existen ideas que están en su razón desde su nacimiento. Finalmente abordamos el tema de la sustancia, que es el esquema de pensamiento básico, es decir, es la forma como forma el discurso lógico de la realidad.

En el segundo capítulo tratamos sobre el mecanicismo cartesiano. Este capítulo ya nos adentra de lleno en la noción científica que Descartes tenía. Por ello es importante distinguir cuál el papel que tiene la razón y la experiencia en el conocimiento de los fenómenos naturales. También en este lugar se aborda el tema de la experiencia y la experimentación, el tipo de explicaciones que forman parte de la justificación científica y por último el papel que juegan las hipótesis en la ciencia cartesiana.

Por último, en el capítulo tercero, hacemos una síntesis de la filosofía de la ciencia que Descartes puso en obra con su labor de científico, así como con las recomendaciones que hizo en sus tratados científicos. Los temas más sobresalientes consisten en la metodología científica que Descartes recomienda a los científicos, la forma como las teorías científicas son conformadas y, finalmente, el estatus de las explicaciones científicas.

Deseo por último agradecer primeramente a Dios, por haberme dado la vida y haberme otorgado los dones necesarios para lograr el trabajo realizado; al Instituto Franciscano de Filosofía, por la apertura que ha tenido al recibirme en esta casa de formación; a los profesores que con paciencia me ayudaron en esta etapa de mi formación; a mis compañeros que me apoyaron para crecer juntos en esta etapa de los estudios filosóficos;pero de manera muy especial a mi comunidad de Hijos de Santa María de Jesús Sacramentado, que me ha dado la oportunidad y me ha facilitado las herramientas necesarias para realizar este laborioso trabajo, que fueron parte importante para que se hiciera real este trabajo, y que si no fuera parte de ella, de esta comunidad naciente, no fuera posible realizar mis estudios de filosofía. Y también a todas las personas que con sus oraciones y muestras de cariño, me motivaron a esforzarme en la elaboración de este trabajo.

Fray Ricardo Javier Navarro Muñoz, H.M.J.S.

CAPITULO I LA METAFISICA CARTESIANA

En este primer capítulo lo que trataré de hacer es una exposición general de la filosofía cartesiana. Comenzaré por exponer la noción de la duda metódica, que es el primer paso para hacer filosofía, conforme a la opinión de Descartes, esto es, si deseamos alcanzar la verdad, debemos comenzar por cuestionar nuestras creencias y certezas. Sin este proceso crítico no podremos hacer filosofía, ya que consideramos que nuestras creencias y prejuicios son ciertos y, por ello, no tenemos necesidad de buscar otras certezas.

Es preciso pues cuestionar, criticar, o, si se prefiere, suspender nuestro juicio respecto de la certeza de nuestras creencias. Esta actitud básica para la investigación filosófica es denominada en filosofía como epojé. Por ello, demos inicio a nuestro discurso filosófico.

1.1 LA DUDA METODICA.

Este medio, la duda, en Descartes, va a ser el primer paso del método de su filosofía, por el cual él va a realizar y a desarrollar su pensamiento filosófico.En el inicio Descartes pretende buscarlos principios, pero advierte que hay innumerables hechos que se tienen por verdaderos; mas sin embargo cuántas de nuestras creencias pueden estar en el error, cuántos de nuestros principios pueden ser falsos.

El filósofo francés dice que no existe otro medio para librarse de los prejuicios y llegar a un conocimiento firme y seguro, más que dudar de todo cuanto se ofrezca y deje entrever la menor sospecha de incertidumbre y duda. Incluso, podemos dudar y someter a un juicio crítico, los principios matemáticos y sus demostraciones, que son tenidos por todos como verdades necesarias. También podemos cuestionar las creencias más arraigadas en nuestro ser, las “certezas” más fundamentales y decisivas para nuestra vida, como lo es la existencia de Dios o la suma bondad de Dios. Evidentemente si podemos dudar de la realidad de Dios, obviamente también podemos sospechar de la verdad del cielo y del infierno, de los ángeles y del conocimiento de los fenómenos que se desarrollan en la naturaleza.

El novedoso punto de partida para la filosofía que establece Descartes, es la duda, la cual se puede generalizar a todos los niveles de nuestras creencias, sin importar si se trata de los pensamientos que tenemos en la vida cotidiana, o si se trata de los conocimientos científicos y las pruebas rigurosas de las matemáticas, así como si se trata del contenido de las verdades de la fe. Si dudamos de todo, entonces ¿qué podemos admitir como cierto?, ¿qué actitud debe imponerse ante las opiniones que valen en la vida de cada día?

Por otra parte, es un hecho que entre los hombres existen diferencias respecto de sus pensamientos, de sus formas de ver la vida, comportarse, sus valores, etc. Una persona que ha sido criada desde su infancia entre franceses o alemanes, es, en muchos aspectos, diferentes de lo que sería, si se hubiese formado entre chinos o caníbales. Si se acentúanlas diferencias entre los humanos, se pueden apreciar diferentes maneras de vestir, los gustos también cambian y en diez años las modas no vuelven a gustar al grado que parecen extravagantes y ridículas.

Desde esta perspectiva relativista, se corre el riesgo de reconocer que la costumbre, las modas y los ejemplos serían en última instancia lo que nos persuade, esto es, el criterio de justificación de lo que debemos aceptar sería eso, pero no así el conocimiento cierto. Si esto es verdad, entonces ¿las doctrinas de la filosofía correctas son las relativistas? Descartes respondería a esta pregunta con una negación rotunda.

El filósofo francés es un pensador ávido de encontrar un cimiento, un fundamento o una base racional. Se trata de una personalidad con una fuerte tendencia al fundacionalismo, es decir, Descartes supone la existencia de un fundamento seguro para la justificación racional de los principios filosóficos y científicos, incluso para las máximas morales, aunque nuestro autor no se haya destacado como un gran filósofo moral.

En la cuarta parte del Discurso del método y en la primera meditación de sus Meditaciones Metafísicas expone las fuentes del error y de la duda. El criterio con el cual juzga lo que es susceptible de duda es el siguiente: “Debo rechazar, no sólo lo que aparece manifiestamente erróneo, sino también todo lo que me ofrezca la más pequeña duda”1. Descartes reconoce que no es posible hacer un repaso para juzgar a todas las creencias. Por ello es mejor investigar las fuentes que dan origen a las creencias:

No tengo precisión de examinar una por una todas mis antiguas opiniones para ver si deben ser rechazadas; ya he dicho antes que así no acabaríamos nunca. La ruina de los cimientos causa el derrumbamiento del edificio. Examinemos, pues, los principios en que se apoyaban mis antiguas ideas2.

Existe otra condición para que la duda metódica pueda entrar en operación. Se trata de reflexionar sobre nuestras creencias en las mejores condiciones. No se trata de realizar el análisis de las opiniones en una situación extraordinaria donde estemos afectados por el medio ambiente y las inclemencias del tiempo, las pasiones que nos agobian, las preocupaciones cotidianas de la vida, la influencia de personas con autoridad sobre nuestras opiniones, etc. Por ello Descartes dice:

Pienso que estoy en las mejores condiciones para ello. He libertado mi espíritu de toda clase de preocupaciones; las pasiones no han dejado en mí su huella profunda y funesta; me he procurado un seguro reposo en esta apacible soledad. Puedo, pues, dedicarme a destruir mis antiguas opiniones, para que la verdad ocupe el puesto que merece3.

El filósofo pues debe estar exento de todas estas cuestiones, incluso de los trastornos mentales: “yo estoy aquí, sentado al lado del fuego, con un papel entre las manos, vestido de negro, es cosa indudable para mí ¿Cómo puedo negar que estas manos y este cuerpo son míos? Para negarlo tendría que ser un insensato o un perturbado, como esos que aseguran continuamente que son emperadores y van vestidos de andrajos, o creen que poseen trajes de oro y púrpura y van desnudos”4. En esta apacible soledad y tranquilidad del alma el filósofo es capaz de dudar y por medio de ella alcanzar la certeza tan anhelada.

Si organizamos las fuentes de la duda a partir de las dos obras de Descartes, esto es, Discurso del método y las Meditaciones Metafísicas, encontramos a los sentidos, el argumento del sueño y la vigilia, y el genio maligno. Veamos la primera: “Como a veces los sentidos nos engañan, supuse que ninguna cosa existía del mismo modo que nuestros sentidos nos la hacen imaginar”5. Esta afirmación es importante, no sólo porque los sentidos nos inducen a error, sino que, como lo dirá Descartes en otro lugar, el conocimiento sensible que obtenemos de las cosas naturales no representa el conocimiento científico y verdadero. Así que desde ahora podemos formular la pregunta, ¿qué rol juega la experiencia en el conocimiento de los fenómenos?

El argumento en contra de los sentidos está dirigido precisamente a criticar uno de los fundamentos de la filosofía peripatética, la cual comprendía que todo conocimiento se inicia en los sentidos y culmina en el conocimiento de sus causas. Descartes crítica con fuerza la primera parte, pero no la segunda, es decir, considera que el conocimiento por causas es y sigue siendo el ideal de la ciencia (aunque el filósofo francés no acepte a las cuatro causas de Aristóteles). La crítica de los sentidos se base en que son fuentes de error y no juegan ningún rol privilegiado en el proceso del conocimiento.

Enseñan los filósofos una máxima que es de perniciosas consecuencias . Nada hay en el entendimiento que no haya impresionado antes a los sentidos. Las ideas de Dios y del alma nunca han pasado por los sentidos; y los que quieren usar la imaginación para comprenderlas obtendrán los mismos resultados que si se sirven de los ojos para oír o para oler.6

Este pasaje suscita la cuestión de saber qué papel juegan los sentidos en el conocimiento de los fenómenos naturales si son considerados una fuente de error. Pero este tema lo trataremos más abajo.

El argumento del sueño y la vigilia consiste en la dificultad de distinguir nuestras vivencias que tenemos en el sueño de las que tenemos cuando estamos despiertos. Esta dificultad se suscita por la falta de un criterio que permita distinguir entre estas dos formas de vivencia:

Sin embargo, no he de olvidar que soy hombre y, por consiguiente, que tengo la costumbre de dormir y de representarme en sueños las cosas reales y otras tan inverosímiles y descabelladas como las que se les ocurre a los insensatos. Cuántas veces he soñado que estaba como ahora, vestido, sentado ante la mesa, junto al fuego, con un papel entre las manos, y sin embargo, dormía en mi lecho7.

La inmediatez y la vivacidad de la representación que se da corrientemente como signo de auténtica percepción de la realidad, nos acaece tenerlas también ocasionalmente en el sueño, de modo de que se nos es imposible distinguir con señales ciertas la vigilia y el sueño, y debemos contar con que acaso todo el mundo de nuestras percepciones sea solo un mundo humano de ilusión.En el Discurso del Método, Descartes se refiere en los siguientes términos: “Y, finalmente, como los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos, podemos también tenerlos cuando soñamos, resolví creer que las verdades aprendidas en los libros y por la experiencia no eran más seguras que las ilusiones de mis sueños”8.

Por lo que respecta a la tercera fuente de error, es la suposición de un genio maligno que pone toda su arte en hacer que nos equivoquemos. Descartes parte de la hipótesis de que la bondad de Dios no es tal, sino que es lo contrario. Para no llamarle “Dios”, Descartes lo denomina “genio maligno”:

Supondré pues, que Dios-la Suprema Bondad y la Fuente soberana de la verdad- es un genio astuto y maligno que ha empleado su poder en engañarme; creeré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas exteriores, son ilusiones de que se sirve para tender lazos a mí credulidad; consideraré, hasta que no tengo manos, ni ojos, ni carne, ni sangre, ni sentidos y que a pesar de ello creo falsamente poseer todas esas cosas; me adheriré obstinadamente a estas ideas; y si por este medio no consigo llegar al conocimiento de alguna verdad, puedo por lo menos suspender mis juicios, cuidando de no aceptar ninguna falsedad9.

Dudar de que Dios es malo, es lo que se ha dado en llamar la “duda hiperbólica”.El creador de nuestra existencia nos ha dotado de una razón defectuosa, una razón que siempre se equivoca, una razón incapaz de alcanzar la verdad. Por la naturaleza misma de esta razón extralimitada, nunca será posible alcanzar la verdad. Pensemos lo que pensemos, todo lo profundo que queramos razonar, siempre estaremos equivocados o en el error. La duda hiperbólica es simplemente insuperable.

La duda metódica es pues una especie de mecanismo por el cual suspendemos nuestro asentimiento respecto de un conocimiento. Comienza por sospechar de la información de los sentidos, luego pasa a mostrar que no tenemos manera de distinguir el sueño de la vigilia, con lo cual la duda pasa al ámbito del pensamiento, y finalmente supone un genio maligno que pone su industria y esfuerzo en engañarnos de manera sistemática.

Las dudas de Descartes le van a llevar a una verdad absolutamente cierta. Aun cuando sea posible el engaño y el error, existe la posibilidad de dar con una certeza. Esta verdad es la llamada “verdad del cogito”. Pero este tema lo abordaremos más abajo. Enseguida pasemos a desarrollar la cuestión del método.

1.2 EL METODO CARTESIANO

Descartes se preocupa por encontrar un camino seguro, es decir, procura desarrollar un método capaz de guiarnos a la certeza. ¿Cómo se puede llegar a la verdad del conocimiento? Responder a esta pregunta implica una fase previa de reflexión, esto es, un conocimiento sobre los recursos de la razón misma: “Con ellos se formula la idea de que una investigación sobre la razón humana debe preceder al conocimiento del mundo”10.

He aquí el fundamento de la filosofía moderna: la conciencia es un saber que pretende saber que sabe. Para nuestro filósofo francés, los principios racionales son los que han de normar todo el conocimiento, incluso el conocimiento de nuestra capacidad del pensar. De esta investigación preliminar sobre el conocimiento se han de derivar todas las nociones concernientes a nuestro conocimiento.

Los tres grandes temas de la filosofía, Dios, el hombre y el mundo físico, están condicionados a la posibilidad del conocimiento. Este énfasis sobre los límites del conocimiento constituye el rasgo de la filosofía moderna que perdurará hasta el filósofo alemán Inmanuel Kant.

El método que se propone aplicar, en un principio, se basa en la duda, de modo que considerará falso todo aquello en lo que se encuentre el menor motivo de duda. No se trata, pues, de que Descartes se convierta en un escéptico, sino más bien es una actitud que está dispuesta a enfrentar el problema del escepticismo, el cual niega que existan conocimientos verdaderos. Descartes acepta el reto del escepticismo y procura superarlo.

Sin embargo, Descartes comparte el malestar de sus contemporáneos por el uso de los silogismos como el método de la ciencia. En efecto, el empleo de los silogismos no es el instrumento del descubrimiento científico o filosófico, un medio que sea capaz de llegar a develar la verdad. Los silogismos son un instrumento para la enseñanza, pero no para alcanzar la verdad. Ellos sirven para imponer “el asentimiento, pero no aprehende la realidad”11.

Francis Bacon invierte el orden del proceso y hace hincapié en los métodos inductivos, esto es, mientras que el silogismo parte de lo general y desciende a lo particular, el razonamiento inductivo remonta de lo particular al general. Los casos particulares son la base del conocimiento. A partir de los casos particulares y con mucha cautela se asciende paso a paso a las verdades más generales. Sólo así se tendrá la seguridad de no cometer un error, de no hacer generalizaciones precipitadas.

Descartes se expresa de la misma manera que Bacon en relación a la silogística aristotélica. La considera como un método propia de la enseñanza y no como un método del descubrimiento de verdades. La lógica deductiva de Aristóteles es una disciplina filosófica que puede ser útil a condición de partir de principios verdaderos, ya que ella es capaz de extraer las consecuencias válidas que se derivan de los principios.

Pero el problema reside precisamente en determinar estos principios verdaderos. Ahí, los silogismos aristotélicos son incapaces de ofrecer una buena decisión. Veamos cómo Descartes se expresa de sus recuerdos de juventud cuando estudió los tratados aristotélicos de lógica.

En mi juventud había estudiado la lógica, como parte de la filosofía… La lógica con sus silogismos, más que para aprender las cosas, sirve para explicarlas al que las ignora o –como el arte de Raimundo Lulio- para hablar de ellas aunque no las conozcamos. Cierto es que contiene preceptos muy verdaderos y muy útiles, pero con éstos se mezclan otros que si no son perjudiciales, por lo menos son superfluos; y pretender separar uno de otros es tan difícil como sacar una minerva o una Diana de un bloque de mármol que no haya sido bosquejado siquiera12.

El método que nos propone Descartes parece haber sido sacado de su experiencia y considera que estas normas pueden prestar “un gran servicio a la causa de la verdad… quiero mostrar los caminos que he seguido y representar mi vida como en un cuadro, a fin de que cada cual juzgue”13. No se trata de reglas mecánicas, sino de guías generales para alcanzar la verdad. Las normas solo teniendo como modelo un tal criterio, pueden ser formuladas las etapas del método.

Son cuatro las reglas que precisa seguir en la captura de la verdad:

- Regla de la evidencia. No aceptar nunca como verdadero lo que con toda evidencia no reconociese como tal; es decir, se evitara cuidadosamente la precipitación y los prejuicios, no dando cabida en los juicios sino aquellos que se presentan al espíritu en forma tan clara y distinta que no sea admisible la más mínima duda.
- Regla delanálisis. Dividir cada una de las dificultades que hallase a mi paso en tantas partes como fuere posible y requiriera su más fácil solución.
- Regla de la síntesis. Ordenar los conocimientos, empezando por los más sencillos y fáciles, para elevarme poco a poco y como por grados hasta los más complejos, estableciendo también cierto orden en los que naturalmente no lo tienen .
- Regla de la enumeraciónexhaustiva. Hacer siempre enumeraciones tan completas y revistas tan generales que se pueda tener la seguridad de no haber omitido nada14.

1.3LA CERTEZA DEL COGITO ERGO SUM

La primera verdad por excelencia en Descartes es la del cogito.Al mencionar que lo único en lo cual no puedo dudar es que cuando pienso existo, porque al momento de dudar estoy pensando, por lo tanto estoy siendo, entonces mientras dudo pienso y mientras pienso seguramente existo: cogito ergo sum. Algunos filósofos han lamentado que Descartes haya agregado el término de “ergo”, pues esta expresión parece indicar un razonamiento. Pero conforme a la opinión de su autor, no es una inferencia, sino una intuición. Así pues, lo que quiso expresar el filósofo francés es: cuando pienso seguramente soy.

En el cogito descubrimos efectivamenteel punto de partida en tanto que se ha reconocido la existencia de una certeza. Pero, al mismo tiempo el cogito es la culminación de su método en cuanto que al partir de la duda, se llega a una idea fundamental.Descartes se ilusiona con esta idea y considera que puede dar a la filosofía un camino y una construcción a cubierta de toda inseguridad, de toda duda.

El filósofo francés considera que un sistema de filosofía desarrollado tan claro y tan distinto, era similar a las verdades matemáticas y geométricas. A Descartes le había atormentado ya, sino preocupado, desde su juventud, la incertidumbre de muchos conocimientos tenidos por ciertos. Por ello se propuso asentar su filosofía sobre cimientos enteramente nuevos.Pero como un hombre que marcha sólo y en tinieblas, se resuelve andar lentamente y a poner tanta circunspección en todas las cosasque hace, aunque avance muy poco,se cuidaría de no caer.

La duda metódica se detiene ante esta certeza del cogito, ya que no es posible dudar de esta primera verdad. Descartes piensa que por más que dudemos, es un hecho que pensamos, es decir, el acto de dudar implica el acto de pensar, y, además, si pensamos es necesario que debamos existir.

Pero en seguida noté que si yo pensaba que todo era falso, yo, pensaba, debía ser alguna cosa, debía tener alguna realidad; y viendo que esta verdad: pienso, luego existo era tan firme y tan segura que nadie podría quebrantar su evidencia, la recibí sin escrúpulo alguno como el primer principio de la filosofía que buscaba15.

Podré dudar de alguna otra cosa hasta de los sentidos pero nunca de que si pienso existo. Podré hasta titubear de la vida que estoy viviendo ya sea en la vigilia o en el sueño, pero incluso dormido o despierto no debo dudar de que si pienso existo.Incluso hasta llegaré a pensar que existe un ser que se empeñe por manejar o manipular mi vida, pero jamás dudaré de que si pienso existo.

En las Meditaciones Metafísicas, Descartes modifica su estrategia, pues en la cita anterior el filósofo francés intuye al mismo tiempo la existencia y la realidad de que es una cosa pensante, mientras que ahora su argumento se divide en dos partes: en la primera prueba su existencia y en la segunda su realidad pensante. Veamos la siguiente cita donde la expone, a saber:

Sin duda, yo era, puesto que me he persuadido o he pensado algo. Pero hay un no sé qué muy poderoso y astuto que emplea toda su industria en engañarme siempre. No hay duda de que soy, si él [genio maligno] me engaña; y me engañe todo lo que quiera, no podrá hacer que yo no sea en tanto piense ser alguna cosa. De suerte, que después de pensar mucho y examinar cuidadosamente todas las cosas, es preciso concluir que esta proposición: yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera, siempre que la pronuncio o la concibo en mi espíritu16.

Por sencilla que parezca la manera en que Descartes encuentra algo en lo cual no puede dudar, no es así. Se requieren hacer tres precisiones. La primera es que su exposición revela una intuición de una verdad evidente en sí misma. Por lo cual no puede resultar de razonamiento alguno. Podemos decir entonces, que el cogito en una intuición intelectual, no un silogismo ni un razonamiento, ya que el cogito se reconoce, por un acto simple del sujeto que conoce y no mediante un razonamiento previo o implícito.

Si el cogito es una verdad, ¿qué características tiene?, ¿cuáles son sus propiedades? Estas preguntas son importantes responderlas porque la primera verdad debe de tener ciertas marcas o características que nos permitan reconocer el resto de las verdades. Estas propiedades que caracterizan a la verdad, según Descartes, son la claridad y la distinción y estos van a ser su criterio de verdad.

Después de esto reflexioné en las condiciones que deben requerirse en una proposición para afirmarla como verdadera y cierta; acababa de encontrar una así y quería saber en qué consistía su certeza. Y viendo que en el yo pienso, luego existo, nada hay que me dé la seguridad de que digo la verdad, pero en cambio comprendo con toda claridad que para pensar es preciso existir juzgue que podía adoptar como regla general que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; la única dificultad estriba en determinar bien qué cosas son las que concebimos clara y distintamente17.

Precisamente preguntémonos junto con Descartes, ¿en qué consiste la claridad y distinción que toda verdad debe de tener? Descartes señala que todo conocimiento debe ser distinto y claro. La claridad consiste en que lo que está presente y manifiesto a un espíritu atento, y por distinto aquello que es tan preciso y tan diferente de todo lo demás, por ello sólo se comprende lo que manifiestamente aparece al que considera como es debido.

La segunda observación es más complicada. El autor de la Geometría Analítica conocía precisamente el método analítico o de resolución, y éste es el que utiliza en sus libros matemáticos y filosóficos. Recordemos que el método analítico o de resolución, empleado por los filósofos griegos como Platón y Aristóteles, así como los geómetras griegos, permite encontrar los elementos necesarios de la solución a un problema. Por ello los medievales lo denominaron resolutio o reductio. Ambos términos corresponden a la traducción de la palabra griega analysis. Frente a un problema es preciso encontrar una solución o los elementos que se emplearan en dicha solución. Con base en este conocimiento Descartes comienza planteando el triple problema de la duda y en la segunda meditación encuentra el elemento que permite su solución: la certeza del cogito. Debemos leer a Descartes desde esta perspectiva, de lo contrario no se entenderá su obra.

Además debemos señalar que el método analítico tiene una limitación; opera en el ámbito del conocimiento, en el orden de las ideas o, si se prefiere, instituye las condiciones del discurso filosófico. Es a partir de la contraparte o el complemento del método analítico, es decir, el método sintético, que se puede iniciar la construcción (formular una síntesis) de un sistema filosófico que recuperé todas las verdades. Así pues, existe un círculo virtuoso o complementario entre el método analítico y el método sintético. Se inicia con una dificultad o problema (las tres dudas) que el método analítico nos proporcionará los elementos con los cuales se solucionará.Pero es por el método sintético que con la dicha solución (la verdad del cogito) se da paso al resto de verdades que la filosofía debe aprender o sintetizar en su sistema.

La verdad del cogito ergo sum es el elemento fundamental con el cual Descartes superará las tres dudas que enunció y que al mismo tiempo será la piedra angular de su filosofía. El cogito es una especie de puente que vincula la duda metódica con el conocimiento de Dios y del mundo (los fenómenos de la naturaleza). La aplicación del método sintético aparecerá con la prueba de la existencia de Dios. Ya que en la verdad del cogito, se reconoció el criterio de verdad: la claridad y distinción. Con este criterio, podemos reconocer que la existencia de un ser infinito y perfecto debe existir y eso es verdad.

Esta idea de un Ser soberanamente perfecto e infinito es verdadera porque, aun en el caso de que pudiéramos imaginar que tal ser no existe, no podemos hacer que su idea no nos represente nada real. Es tan clara y distinta, que todo lo que mi espíritu concibe distinta y claramente de real y verdadero y encierre alguna perfección, está contenido en la idea de Dios18.

Así pues, hay dos pasos metodológicos en la filosofía cartesiana. El primero, el analítico comenzó con la duda metódica y terminó con el descubrimiento del cogito o la solución a los problemas planteados por la duda metódica. El segundo, el sintético, se aplicará reiteradamente, iniciando en un primer momento con el cogito, con el cualse estará en condiciones de demostrar la existencia de Dios, y luego teniendo a Dios como la máxima garantía proseguirá a demostrar que el hombre es capaz de conocer el mundo o los fenómenos naturales. Por ello es importante considerar, como dice R. Frondizi, que “el uso de tal verdad, es lo que da tal originalidad y valor al pensamiento de Descartes”19.

La tercera precisión que hay que señalar es que la certeza del cogito da pie al dualismo cartesiano, es decir, a la distinción que hará Descartes del cuerpo y del pensamiento: “La función del cogito es doble: señala el tipo ejemplar de proposición verdadera y prepara la radical distinción entre el alma y el cuerpo”20.

Cabe destacar que la verdad del cogito ha dejado a Descartes solo, encerrado en su propio pensamiento. Por lo que es preciso ahora salir del pensamiento, saber si además de la existencia del pensamiento existen otras cosas en la realidad. Es por ello que una vez descubierta esta primera verdad, Descartes se propondrá reconstruir sobre ella el edificio del saber y de una saber objetivo que nos informe de la verdades del mundo. Su forma de proceder será similar al de los matemáticos, por deducción tratará de extraer todas las consecuencias que se siguen de su primera verdad21.

[...]


1 R. DESCARTES, Discurso del Método, Meditaciones Metafísicas, Reglas para Dirección del Espíritu, Principios de la Filosofía, (primera meditación) Porrúa, México, 1995, p. 55.

2 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (primera meditación) p. 55.

3 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (primera meditación) p. 55.

4 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (primera meditación) p. 55 y 56.

5 R. DESCARTES, Discurso del Método, Meditaciones Metafísicas, Reglas para Dirección del Espíritu, Principios de la Filosofía (cuarta parte), Porrúa, México, 1995, p. 21.

6 R. DESCARTES, Discurso del Método, (cuarta parte), p 23. [El subrayado es nuestro.]

7 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (primera meditación) p. 56.

8 R. DESCARTES, Discurso del Método, (cuarta parte), p 21.

9 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (primera meditación) p. 58.

10 F. LARROYO, “Estudio introductorio”. En R. DESCARTES ,Discurso del Método, Meditaciones Metafísicas, Reglas para Dirección del Espíritu, Principios de la Filosofía, Porrúa, México, 1995, p. XIII.

11 F. BACON, NovumOrganum, Buenos Aires, Losada, 1949, p. 75. En R. FRONDIZI, “La Filosofía Cartesiana y el Discurso del Método. Estudio Preliminar”, p. XVII.

12 R. DESCARTES, Discurso del Método, (segunda parte) p. 15.

13 R. DESCARTES, Discurso del Método, (primera parte) p. 9.

14 Cfr. R. DESCARTES, Discurso del Método, (segunda parte) p. 16.

15 R. DESCARTES, Discurso del Método, (cuarta parte) p. 21.

16 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (segunda meditación) p. 65. [El subrayado es nuestro.]

17 R. DESCARTES, Discurso del Método, (cuarta parte) p. 21 y 22.

18 R. DESCARTES, Meditaciones Metafísicas, (tercera meditación) p. 69. [El subrayado es nuestro.]

19 R. FRONDIZI, “La Filosofía Cartesiana y el Discurso del Método. Estudio preliminar”, p. XXXVI.

20 F. LARROYO, “Estudio introductorio”. En R. DESCARTES, Discurso del Método, Meditaciones Metafísicas, Reglas para la dirección del Espíritu, Principios de la Filosofía, p. XIII.

21 R. FRONDIZI, “La Filosofía Cartesiana y el Discurso del Método. Estudio preliminar”, p. XXXVI.

Final del extracto de 73 páginas

Detalles

Título
Filosofía y ciencia en el pensamiento de René Descartes
Curso
Licenciatura en Filosofía
Calificación
95
Autor
Año
2008
Páginas
73
No. de catálogo
V310430
ISBN (Ebook)
9783668113121
ISBN (Libro)
9783668113138
Tamaño de fichero
767 KB
Idioma
Español
Etiqueta
filosofía, rené, descartes
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Ricardo Navarro Muñoz (Autor), 2008, Filosofía y ciencia en el pensamiento de René Descartes, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/310430

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Título: Filosofía y ciencia en el pensamiento de René Descartes


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