Comprender el modo como el contexto social de las comunas Manrique y Popular ha mutado a partir de la creación de las Unidades de Vida Articulada (UVA)

Realizadas por la alianza entre la Alcaldía de Medellín, el INDER, EPM y la COMUNIDAD en abril del 2014


Ensayo, 2017
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Comprender el modo como el contexto social de las comunas Manrique y Popular ha mutado a partir de la creación de las Unidades de Vida Articulada (U.V.A) realizadas por la alianza entre la Alcaldía de Medellín, el INDER, EPM y la COMUNIDAD en abril del 2014.

Alejandro Echeverry Vélez

Introducción

Es importante el cambio que ha sufrido Medellín las últimas décadas, pasar de ser la ciudad más violenta a ser la más innovadora, a pesar del encabezar el listado de las ciudades más desiguales de Colombia. Este cambio no ha sucedido solo, se ha debido a múltiples acciones positivas que han ocurrido dentro y con las comunidades, generando redes entre el sector público, privado y las comunidades. En este ensayo se abordará uno de estos, las Unidades de Vida Articuladas (UVA) implementadas en las comunas 1 y 3 (Popular y Manrique), comprendiendo de qué forma ha mutado el contexto social desde su implementación.

Para esto se hace un rastreo histórico sobre el territorio y las distintas dinámicas presentes en él, entendiendo cuales son los actores y dinámicas que han posibilitado este cambio social, para más delante abordar desde distintas fuentes secundarias a las UVAS como elemento arquitectónico con gran importancia comunitaria que demarca el fin de un ciclo y proyecta el inicio de otro en las comunas Popular y Manrique.

Caso de estudio

La Comuna tres, Manrique, es una de las 16 comunas de la ciudad de Medellín localizada en la zona nororiental de la ciudad, donde se funde con la coima El Popular. El barrio Manrique fue ampliamente conocido y querido en Medellín, era barrio popular, obrero y apasionado por el tango, un lugar lleno de imaginarios y concepciones de ciudad únicas. Sin embargo, hoy día la percepción general del barrio es negativa, asociándolo con la inseguridad, y es que Manrique debió pasar por cambios socio culturales muy profundos y acelerados.

El barrio único durante el auge de la urbanización a principios de la década de 1920, acogiendo a cientos de personas en busca de mejores oportunidades en una ciudad que ofrecía grandes incentivos en forma de barrios obreros debido a la creciente industrialización, por la popularización del tranvía como principal medio de transporte; y a causa de los conflictos violentos partidistas, que desplazó a miles de personas del oriente antioqueño.

Aun así, Este Manrique Oriental parece haberse quedado al margen del gran desarrollo que ha vivido la ciudad, en muchos pates de la comuna, el barrio es un fiel reflejo de la secuela que dejó el narcotráfico en la ciudad. Durante años, los jóvenes, quienes, en la mayor parte de las sociedades, son los que impulsan los cambios más significativos, no les importaba sino meterse de sicarios y ganar dinero de forma fácil, es por esto que de este barrio surgieron muchas bandas que fueron protagonistas de la historia de violencia de Medellín. Durante los últimos años, la situación de violencia en Manrique ha menguado, sin embargo, es una tensa calma, los muchachos del sector siempre miran a todo extraño, inspeccionándolo y tratando de descubrir sus intenciones en el territorio.

Por otro lado, la historia de su vecino, El Popular es muy diferente, en la comuna uno distinta, las comunidades que allí habitan son relativamente nuevas, tanto así que, en 1950, cuando ya la ciudad contaba con barrios fuertemente consolidados, no era visible ningún tipo de desarrollo, solo años más tarde, como consecuencia de los denominados ‘Urbanizadores piratas’ que la comuna apareció al incorporarse de manera informal al trazado original de la ciudad, respetando la retícula entre calles y carreras, manteniendo secciones viales aceptables, reservando espacio para la plaza central.

Los barrios que se encuentran allí no fueron obreros o populares como los de Manrique, fueron invasiones y ocupamientos informales, poblados por personas que salieron del campo desplazados, con miedo y esperanza de encontrar en la ciudad, un lugar en el cual rehacer la vida. Sin embargo, esto no ocurrió, la ciudad no ofreció ni iguales ni mejores oportunidades que las que habían tenido antes; sólo sus laderas, desprovistas de todo, fue un rincón para que, a regañadientes y marginados, se ubicaran por fuera de la ciudad.

La conquista de las laderas de la de Medellín se hizo incluso contra el Estado en luchas populares llevadas a cabo por líderes comunitarios y religiosos, quienes empeñaron y ofrecieron la vida para garantizar a su gente un espacio para vivir y rehacer sus vidas. Sin importarles si este era en una loma ni que no tuviera las mínimas condiciones habitacionales, ese era su hogar ahora y no se dejaría sacar.

En 1993 Medellín autorizó la primera ‘defensa civil’, donde la policía autorizó el porte de armas de los habitantes para patrullar el territorio, sin embargo, antes los excesos de defensa civil los jóvenes del barrio igualmente se armaron y organizaron en bandas criminales, siendo la primera, “Los Nachos”. Ya para los años 80’ había varias bandas criminales que, entre el punk y la ilegalidad, vivían su barrio.

Esto continuó así hasta que, en 1993, la alcaldía de Medellín bajo el decreto 997 de 1993, expande el perímetro urbano, lo que permite a estas comunidades normalizar su situación de ilegalidad.

Para cuando esto ocurre, ya el daño estaba hecho. El abandono y desinterés del Estado por reconocer a estas comunidades como ciudadanos de Medellín dio pie para que, en el momento más grave de la ciudad, allí se asentaran grupos delincuenciales y la zona donde habitaban comunidades resilientes, sobrevivientes a la guerra del campo, sufrieran la guerra interurbana causada por el narcoterrorismo del cartel de Medellín.

Entendiendo este contexto histórico de los territorios, es comprensible por qué las dos primeras UVAS entregadas en Medellín se ubicaron allí. Estas son intervenciones urbanas pensadas para ser espacios de encuentro ciudadano en torno a prácticas deportivas, recreativas y culturales. Además de esto, buscan ser un espacio incluyente para promover la participación ciudadana en territorios donde la violencia e intimidación ha representado una barrera para esto, recuperando el espacio público a través del cuidado, la promoción y paz promoción de la cultura cívica.

Estas primeras UVAS fueron la Esperanza y los sueños, nombradas así por las comunidades, luego de participar en espacios de consenso y acuerdos en temas fundamentales como el nombre o la personalidad de la UVA. Estas se entregaron en desarrollo del Foro Urbano Mundial 7, en el que se muestra al mundo la transformación de Medellín.

“La uva de los sueños cuenta con 4.200 metros cuadrados construidos estratégicamente en la parte alta de Manrique, cuentan con salones de uso múltiple, plazoleta para eventos, café – internet de UNE, plaza del agua (espejos de agua y chorros), senderos peatonales, terraza miradora, juegos infantiles y deslizaderos.” (INDER, 2014)

“La UVA de La Esperanza, ubicada en el sector del Barrio San Pablo de la Comuna 1- Popular, contará en su “personalidad” con 3.600 metros cuadrados construidos y el privilegio de un teatro al aire libre, salones de uso múltiple, café internet de UNE, cascada de agua interactiva, plaza del agua (espejos de agua y chorros), sendero peatonal, terraza - dock – mirador, juegos infantiles y asaderos – picnic.” (INDER, 2014)

Al principio de la gestión de las UVAS, la comunidad se mostraba incrédula acerca del impacto que podría tener un proyecto en torno a unos tanques de agua, sin embargo, el diseñar con la comunidad, permitió un empoderamiento hacia el proyecto incluso antes de que este empezara. Al tomar modelos como el de Frans Geilfus, que ilustra el tipo de participación que se debe tener con las comunidades si se pretende tener un impacto duradero y replicable en estas, puede entenderse como esta decisión, el darle participación activa y constante a la comunidad durante la pre construcción del proyecto, la construcción del proyecto y la post construcción del proyecto fue el factor que permitió a la comunidad en general percibir la propuesta de valor que las distintas instituciones proponen para el espacio, derribando así las grandes barreras socio culturales de ignorancia, pobreza, violencia y marginalidad que han azotado al territorio y que hubieran tenido el potencial para que estas unidades de vida no se articularan con nada en su contexto.

Así, EPM cumplió con su objetivo y eslogan del proyecto: “tumbar la cerca para estar más cerca”. Involucrando a la comunidad más allá de la ideación, empleando a cientos de hombres y mujeres en la construcción de los espacios y aunque cada UVA es distinta formal y materialmente ya que es resultado de unas carencias particulares de cada comuna, todas parecen haber sido acogidas del mismo modo y aunque deberán esperarse varios años para visualizar el impacto real de estas intervenciones, el panorama es positivo de lado de las comunidades que ahora empiezan a armarse con herramientas y de lado de quienes esperamos a ver y ser artífices de la descentralización de la innovación presente en la ciudad; Superando el estigma de la ciudad más desigual al igual como se superó su antecesora, la ciudad más violenta.

Ya en los barrios se habla de las UVAS, Luis Muñoz, un joven habitante del Popular, menciona que antes no tenía un espacio donde la gente se pudiera integrar ni donde el pudiera hacer ejercicio, asistir a eventos como conciertos o pertenecer a grupos como clubes culturales. Esto denota un impacto del cual hasta ahora ya se ha hablado, sin embargo, se hace necesario hacer un ejercicio de reflexión sobre este impacto social en este punto.

Como se expuso anteriormente, las UVAS tienen los nombres dados por sus comunidades y allí se desarrollan las actividades acordes a estas, me causa algo de asombro que la UVA de Los Sueños cuenta con un servicio de lavandería comunitaria, donde por $9.500 peso se puede lavar y secar hasta 35 libras de ropa; lo cual, según las fuentes, ha significado la real realización de un sueño para las familias.

“Me parece excelente porque tienen muchos servicios que el barrio no tenía. En la lavandería ahorro tiempo y plata y mi hija separa los cursos de dibujo”, comenta mientras saca la ropa de una de las lavadoras (Rodríguez, D,)

El impacto de estos espacios podría ser entendido, por quienes no habitamos en ellos, a través de la realización de un ejercicio muy conocido y no por eso fácil de hacer: ponerse en los zapatos del otro. El hecho que esta iniciativa haya logrado tanto empoderamiento y demanda hacia la lavandería, no deja si no ver que, entre las grandes carencias del territorio, se encontraba el poder lavar la ropa que los habitantes vestían. A lo mejor lavar ropa era una jornada larga y desgastante para la de muchas personas, lavando a mano sobre pocetas de cemento o incluso llegando a salir con ropa sucia a la calle.

Este testimonio no está en ningún sitio, es parte del ejercicio. Creo que todos podemos identificarnos con portar ropa sucia alguna vez y como eso ha condicionado nuestra conducta bajo determinadas circunstancias, llegando incluso a tener repercusiones sobre nuestra autoestima. Ahora, continuemos con el ejercicio e imaginemos esta situación todos los días. ¿Dónde queda la dignidad en estos casos? ¿Dónde queda el ciudadano y su honra teniendo que salir de sus hogares con sus prendas sucias?

Hay un concepto que creo que es el que garantizará el impacto del proyecto sobre la comunidad y del cual no se menciona en as fuentes consultadas: DIGNIDAD. Los seres humanos somos sociables, hechos para vivir en comunidades donde nos sintamos protegidos y amados; donde tengamos un lugar. Por lo tanto, excluir a una persona no puede ser otra cosa sino deshumanizarla, quitarle su carácter de ser digno para pertenecer a algo. Como se mencionó anteriormente, comunidades como la del popular se fundaron bajo el menosprecio de las diferentes administraciones, quiñes veían en las comunidades, hombres y mujeres indignos, merecedores solo de tener un lugar en los tugurios, una loma o una tumba porque si bien, antes de ser desplazados fueron padres, madres, hermanos, el amigo de alguien, el vecino de alguien, ahora solo son el pobre, el invasor, el limosnero, incluso, a diferencia de hoy, cuando aún esta brecha es demasiado evidente, ni siquiera eran víctimas.

Crear un espacio para generar tejido social en un contexto y con unos actores que aunque cercanos, han estado aislados entre ellos y de los centros de influencia de la ciudad, para escuchar sus realidades y construir a partir de estas, de forma que ambas partes derriben la demagogia generada del sentimiento de comparecencia, incluyéndolos activamente en los programas de innovación, ciencia, y cultura desde los cuales se consoliden como actores positivos de cambio en espacios socialmente complejos, ya que en estos contextos, la forma más asertiva de proponer es desde adentro.

Este quizá sea uno de tantos cambios de paradigma que necesita un país donde la cantidad de víctimas que ha dejado el conflicto armado están dispuestas a modelar un nuevo futuro apoyados en la resiliencia y virtudes que han salido a flote en los momentos de mayor adversidad.

Las UVAS tendrán un papel importante en las páginas de la historia de un país que logre producir el desarrollo de las comunidades a través de la autogestión en los territorios. Es ahora un referente a tener en cuenta a la hora de pensar como diseñadores sobre la realidad del alcance de cualquier materialidad que se pueda proponer, por fuera de todo pajazo mental que pueda originarse en medio del proceso creativo y el pensamiento divergente.

Es necesario hacer pedagogía entre los diseñadores, recordando el papel del de estos como profesionales con gran incidencia en la realidad de las múltiples comunidades, ya sea por su trabajo o por la ausencia de este y hacer conciencia, así como lo hace la alianza estratégica de la Alcaldía, EPM y el INDER, que el proyecto no termina, sino que al igual que las UVAS, se retroalimenta y mejora continuamente de mano de quienes en él se ven identificados y dignificados como ciudadanos.

Bibliografía

INDER. S.f. Llegan las primeras UVA a las comunas 1, Popular y 3, Manrique; para el disfrute de toda la ciudadanía. INDER. Recuperado de: http://www.inder.gov.co/index.php/Noticias/llegan-las-primeras-uva-a-las-comunas-1-popular-y-3-manrique-para-el-disfrute-de-toda-la-ciudadania.html

Historia de Manrique. 2008. Recuperado de: http://comunatresmedellin.blogspot.com.co/2008/07/historia-manrique.html

Un barrio lleno de historias. 2009. Recuperado de: http://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=132804

Arcos, A. S.f. El barrio Popular. Recuperado de: http://peifedericocarrasquilla.webnode.es/nuestra-historia/el-barrio-popular

Riaño, P. Jóvenes memoria y violencia: una antropología del recuerdo y el olvido. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. 2006.

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Título
Comprender el modo como el contexto social de las comunas Manrique y Popular ha mutado a partir de la creación de las Unidades de Vida Articulada (UVA)
Subtítulo
Realizadas por la alianza entre la Alcaldía de Medellín, el INDER, EPM y la COMUNIDAD en abril del 2014
Autor
Año
2017
Páginas
5
No. de catálogo
V351951
Tamaño de fichero
491 KB
Idioma
Español
Etiqueta
comprender, manrique, popular, unidades, vida, articulada, realizadas, alcaldía, medellín, inder, comunidad
Citar trabajo
Alejandro Echeverry Vélez (Autor), 2017, Comprender el modo como el contexto social de las comunas Manrique y Popular ha mutado a partir de la creación de las Unidades de Vida Articulada (UVA), Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/351951

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