Los giros del caleidoscopio. Dos versiones lezamianas de la escritura sobre artes plásticas


Tesis de Máster, 2015
157 Páginas, Calificación: approval (highest grade)

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AGRADECIMIENTOS
A mi orientadora, Prof. Dra. Adriana Kanzepolsky, por la oportunidad de elaborar esta
investigación y por todas las orientaciones e indicaciones a lo largo de todo este proceso.
A los profesores Julio Ramos, Jorge Romero, Pablo Gasparini por la contribución a esta
etapa de mi formación a través de las disciplinas que cursé con ellos. Sus opiniones y
consejos fueron importantes para el desarrollo de este trabajo.
A los profesores Jorge Schwartz e Idalia Morejón, quienes participaron en mi banca de
"cualificación" y me "dieron luces" a la hora de estructurar y reflexionar sobre esta
disertación.
A mi padre y a mis hermanos por su apoyo incondicional desde Colombia y Estados
Unidos. Sin ellos no hubiera podido concluir esta disertación.
A mis amigos, Rocío Pulgarín, Sandra Gazzoni, Afonso Lacerda, Jáder Muniz de Souza y
Thais Tchobnian por su amistad, cariño y comprensión.
A Felipe Restrepo David porque construimos una amistad de la cual aprendimos y
continuamos aprendiendo mucho.
A los amigos que dejé en mi país, en especial a Ana María Avellaneda por su presencia y
nuestros diálogos y risas inacabables.
A todos aquellos que conocí en San Pablo y en Campina Grande (Paraíba) porque sin sus
aportes no hubiera llegado hasta aquí.
3

RESUMEN
La crítica de arte escrita por el poeta, narrador y ensayista José Lezama Lima proporciona
una triple perspectiva. Observa ­tanto en los ensayos compilados en La visualidad infinita,
como en los artículos de la revista Orígenes­ el diálogo entre las corrientes artísticas
internacionales y una pintura vanguardista cubana, reflexiona sobre elementos propios de la
labor plástica y teje un continuo contrapunto entre la poesía y la pintura. Este encuentro entre
los dos quehaceres artísticos, donde la imagen juega un rol fundamental, desdoblándose en el
par imago visible-pictórica e imago invisible-poética, es el eje desde el cual pueden pensarse
los planteamientos críticos de este autor sobre ambas manifestaciones estéticas, el pintor René
Portocarrero y los procedimientos y técnicas de la composición pictórica. Si la crítica de arte
hace parte de una poética lezamiana, un análisis acerca del modo de esta continuidad se
constituye en el centro del presente proyecto de investigación. Nuestro propósito es analizar la
percepción de la historia en estas dos artes, la prolongación entre los elementos del sistema
poético y las propuestas acerca de la pintura en los dos ensayos extensos "Paralelos. La
pintura y la poesía en Cuba en los siglos XVIII y XIX" y "Homenaje a René Portocarrero".
Como se trata de un estudio que parte de la literatura hacia las artes visuales, nos interesa el
modo (o las operaciones) en los que desde el discurso de este escritor se asume el texto
pictórico, la obra plástica. De esta manera, incursionamos en los planteos de disciplinas como
la ecfrasis o en el desarrollo histórico de la frase horaciana "Ut pictura poesis", una reflexión
que evidencia la antigüedad del lazo entre ambas disciplinas estéticas e, igualmente,
demuestra su actualidad, ya que en las dos últimas décadas asistimos a la multiplicación de
estudios dedicados a este vínculo tanto en el ámbito anglosajón como en algunos sectores de
la crítica literaria en lengua española.
Palabras clave: crítica de arte, ensayo, ecfrasis, ut pictura poesis, poéticas visuales en
José Lezama Lima.
4

ABSTRACT
The writings about art criticism from the poet, narrator an essayist José Lezama Lima
provides a triple perspective. Observes ­in the essays collected in La visualidad infinita as
well as in the articles of the journal Orígenes­ the dialogue between the international artistic
movements and an avant-garde Cuban painting, reflects on elements pertaining to plastic
works and weaves a continuous counterpoint between poetry and painting. This encounter of
the two artistic endeavors, where image plays a fundamental role, unfolding in the pair imago
visible-pictorial and imago invisible-poetic, is the axis from which one can understand the
Lezama´s critical proposals about the history of both aesthetic manifestations, the painter
René Portocarrero and the methods and techniques of the pictorial composition. If art
criticism is part of a lezamian poetic, an analysis regarding the character of this continuity
constitutes the center of this research. Our objective is to analyze the historic perception in
these two arts, the continuation between the elements of the poetic system and the approaches
about painting in the two extensive essays "Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba en los
siglos XVIII y XIX" and "Homenaje a René Portocarrero". As it pertains to a study that
begins in literature and moves to visual arts, we have interest in the mode (or procedures) in
which from this writer's discourse, the pictorial text, plastic work is assumed. In this way, we
make an incursion into the disciplines posed, like ekphrasis or in the historic development of
the horatian sentence "Ut pictura poesis", a reflection that demonstrates equally the antiquity
of the tie between both disciplines as well as its topicality, since in the past two decades we
have seen the proliferation of studies dedicated to this bond not only in the English speaking
world, but also in some areas of the literary criticism in Spanish language.
Keywords: art criticism, essay, ekphrasis, ut pictura poesis, visual poetics of José
Lezama Lima.
5

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I - "PARALELOS. LA POESÍA Y LA PINTURA EN CUBA EN LOS
SIGLOS XVIII Y XIX": CAMINOS HISTÓRICOS Y DIÁLOGOS ENTRE LAS
ARTES
1.1
HACIA LA CRÍTICA DE ARTE: SITUACIONES Y PARADOJAS
14
1.1.1
Baudelaire, Lezama y Casal: las mediaciones
20
1.1.2
Los otros espectros de una crítica poética de arte:
René Wellek y Northrop Frye
25
1.2
"PARALELOS...": CONTRAPUNTO, ECFRASIS Y POIESIS UNIVERSAL
29
1.2.1
Los tropos de la historia
34
1.2.2
Metáfora
36
1.2.3
Carencia
40
1.2.4
La expresión americana y Las eras imaginarias: la ficción de la historia
42
1.3
UNA ERA IMAGINARIA Y DOS ESTÉTICAS
45
1.3.1
La estética de las resonancias
47
1.4
"PARALELOS...": UNA RELACIÓN DE INTERPRETACIÓN ENTRE LA
LITERATURA Y LA PINTURA
50
1.4.1
"Paralelos...": poetas, pintores, encuentros y desencuentros
52
1.4.2
El paisaje, Martí
58
1.5
ECFRASIS (EKPHRASIS) Y UT PICTURA POESIS
61
1.5.1
La pintura para Lezama: aproximaciones a la relación poesía-pintura desde el
Laokoon revisitado
63
Capítulo II - CRÍTICA DE ARTE Y CRÍTICA POÉTICA: UNA MIRADA AL
ENSAYO "HOMENAJE A RENÉ PORTOCARRERO"
68
2.1
ENSAYO Y CRÍTICA: EL NACIMIENTO EN EL ERROR
68
2.2
LOS DIÁLOGOS Y LOS LÍMITES: LA HISTORIA Y LA CRÍTICA DE ARTE
70
2.3
OTRA VUELTA DE TUERCA A LA ESCRITURA CRÍTICA LEZAMIANA
SOBRE ARTE
73
2.4
LA DIATRIBA ENTRE LO ALTO Y LO BAJO: EL ARTE DE ORIGEN BURGUÉS
Y LAS MASAS
78
6

2.5
UN ANÁLISIS EN FILIGRANA DEL ENSAYO "HOMENAJE A RENÉ
PORTOCARRERO"
82
2.5.1
La tradición: una historia artística en clave cubana
82
2.5.2
Un sistema poético en una crítica de arte
85
2.5.2.1 La dialéctica de la imago
85
2.5.2.2 La imagen y la ficción
87
2.5.2.3 ¿Un diálogo torcido? Reflexiones acerca de la imagen en José Lezama Lima y
Pierre Francastel y del aura en Walter Benjamin y Georges Didi-Huberman
90
2.6
LEZAMA, BAUDELAIRE Y DELACROIX
100
2.7
ENTRE LA CARNE Y EL ESPÍRITU: LAS DIMENSIONES DE LA IMAGEN 107
2.8
LOS TIPOS DE ECFRASIS EN "HOMENAJE..."
109
2.9
LA ESCISIÓN EN LA VISIÓN: LA COPIA, LA CRÍTICA Y EL ARTE
CONTEMPORÁNEO
115
2.10
ALGUNOS PASOS HACIA LAS CATEGORÍAS ESTÉTICAS
118
2.10.1 Aproximaciones al primitivismo, la visión táctil y las opciones de la pintura
contemporánea
119
2.10.2 Los otros principios: Van Gogh y Ucello; Klee y Kandinsky
125
2.11
DESDE LA OTRA ORILLA
129
CONCLUSIONES
133
ANEXOS
136
BIBLIOGRAFÍA
151
7

INTRODUCCIÓN
Al escritor sólo se le puede pedir cuenta de la fidelidad o no a una imagen: de
ello depende no sólo su destino sino también su ética.
José Lezama Lima
No es necesario referirse a la extrañeza que produce la lectura de los textos lezamianos.
Tampoco es necesario volver al lugar común que representa su obra en el imaginario de los
lectores y críticos con adjetivos como "difícil", "oscuro" y "hermético", pese a que esta
misma dificultad resulte en un estímulo, como rezan sus palabras de apertura a La expresión
americana: "Sólo lo difícil es estimulante". De cualquier manera, es esta misma complejidad
la que nos brinda motivos para investigar todavía acerca de la forma como este poeta,
ensayista y narrador se aproximó a la crítica de arte. Gracias a las ambigüedades, a la
dificultad que exhibe una escritura que oscila entre la imagen poética y el concepto, entre la
autonomía del género y la especificidad de los escritos sobre las manifestaciones plásticas,
podemos analizar el alcance de dos de sus textos: "Paralelos. La poesía y la pintura en Cuba
en los siglos XVIII y XIX" y "Homenaje a René Portocarrero". Dos ensayos de temáticas
diferentes cuyo desafío más importante fue el de no dejarnos absorber por la escritura del
cubano, un reto proveniente de la contundencia de sus términos y del modo como opera su
sistema conceptual.
Nuestro objetivo es, en realidad, tan solo un esbozo. Cada uno de los ensayos constituye
por sí solo una disertación o una tesis dada la amplitud de los temas y la apertura a nuevos
universos culturales. Quien lee a Lezama y se inquieta frente a sus textos explora otras
disciplinas, inquiere sobre otras propuestas teóricas y artísticas. Cada una de las flechas
lanzadas por el cubano deja una estela que no es rectilínea, por el contrario, es sinuosa, curva,
de vaivén o de espiral. Esa es la forma del conocer lezamiano: nunca discurre linealmente, no
se funda en la matriz causa-consecuencia o en el raciocinio lógico. De ahí que abordarlo
obligue a un recorte, a la observación de una porción de esa estela mediante una selección de
lo que a nuestro juicio pueden ser los temas centrales de acuerdo a la especificidad de cada
ensayo.
Las diferencias entre ambos ensayos son notorias y nos llevaron a privilegiar zonas
diversas. El primer texto, eje del primer capítulo, fue una conferencia leída en 1966 en el
Museo Nacional y que posteriormente recibe el título de "Paralelos" delante del título
8

original
1
. Su carácter es básicamente histórico-descriptivo y comprende el concepto de las
eras imaginarias junto con personajes históricos e inventados. Este lazo entre la historia y la
imagen o, en otras palabras, la capacidad de algunas culturas para crear símbolos
imperecederos, como el mundo tanático de los egipcios o el taoísmo de los chinos, y la
creación de figuras como el romano Rutilio Graco son dos de sus particularidades más
sobresalientes. No obstante, de este texto nos interesa la forma como se estructura el diálogo
entre ambas artes, la dimensión ficcional de la historia propuesta por nuestro autor, la
importancia de Baudelaire en la configuración de un concepto de crítica donde prima el
elemento subjetivo y las nociones de ecfrasis y ut pictura poesis.
En contraste, el segundo texto, "Homenaje a René Portocarrero", escrito en 1964, nos
permite un análisis centrado en el modo como el escritor estructura su visión de la crítica de
arte. Desde este punto de vista, elegimos la noción de imagen de Lezama y de críticos de arte
como Pierre Francastel y Georges Didi-Huberman, e incluimos al filósofo Walter Benjamin y
su teoría sobre el aura. La relación entre la imagen y el aura en la obra de arte nos autoriza a
establecer una hipótesis sobre el juicio estético del poeta, sobre su noción de valor en la pieza
estética. Así, las obras que elige pertenecen de preferencia a los pintores de la segunda
vanguardia cubana y ejemplifican el valor de la obra aurática, del objeto que tiene el poder de
devolvernos nuestra mirada, de llevarnos a un cuestionamiento. No obstante, existe un riesgo
en el privilegio de estos principios teóricos y es que dejamos de lado un análisis minucioso de
cada uno de los elementos mencionados en el texto dedicado a Portocarrero. Un sacrificio que
también nos permitió proyectar una posible caracterización de esa escritura crítica.
Otros conceptos que aparecen son la ecfrasis y la frase horaciana Ut pictura poesis. Estas
dos nociones provenientes de la teoría de los estudios interartes conforman el eje que nos
posibilita explicar la presencia de poéticas visuales en la obra lezamiana. Con poéticas
visuales entendemos las dos maneras con las que el autor configura las manifestaciones
pictóricas a lo largo de su obra y no solamente en sus ensayos de crítica de arte. Una de ellas,
la ecfrasis, es la manera en que un objeto plástico es vertido al discurso lingüístico; la otra, el
carácter óptico de las obras lezamianas, es la presencia de metáforas visuales en su obra y no
únicamente en su poesía o en sus ensayos de crítica de arte. Así, con la primera podemos
explicar las estrategias de recreación de las obras plásticas a las que se refiere Lezama en su
1
Su denominación era "La pintura y la poesía en Cuba". Posteriormente apareció en la revista Casa de las
Américas 7 (41), p. 46-65, marzo-abril de 1967, con la adición "Paralelos", añadido que se mantiene en el
volumen de ensayos La cantidad hechizada de 1970.
9

crítica; con la segunda, vemos el anhelo de omnipresencia visual existente en su obra. Tanto
en sus novelas, como en su poesía y en sus textos ensayísticos, asistimos a una puesta en
escena de elementos ópticos mediante la descripción con colores y texturas o mediante la
metáfora. Es en este punto que volvemos a la otra figura central de la disertación: Charles
Baudelaire. Presente de maneras distintas en ambos capítulos, el poeta francés es el modelo
del poeta-pintor, del escritor que busca crear en la poesía los efectos de la pintura. Un
paradigma poético y crítico que explica la potencia de la visualidad en la totalidad de la obra
literaria de nuestro autor y que también nos permitirá dilucidar sus ideales críticos en la obra
de arte.
Por último, nuestras aproximaciones a una historia y a una crítica de arte lezamianas,
explícitas en el primero y en el segundo capítulo, respectivamente, evidenciaron, una vez más,
nuestra sospecha acerca de la unidad de su obra. Una uniformidad en la que no hay rupturas o
quiebres en el pensamiento del autor y que nos permitió seguir sus planteamientos sobre el
sistema poético en sus textos sobre crítica de arte. En este sentido, debemos entender la
sentencia consignada en el epígrafe de esta presentación como el corolario de la fidelidad a
sus ideas, de la coherencia en la totalidad de sus reflexiones. De este modo, aspiramos a una
proximidad con la cohesión de su perspectiva desde las confluencias: la creación verbal y la
visual, el proceso metafórico y el creativo, la poesía y la pintura.
10

CAPÍTULO I - "PARALELOS. LA POESÍA Y LA PINTURA EN CUBA EN LOS
SIGLOS XVIII Y XIX": CAMINOS HISTÓRICOS Y DIÁLOGOS ENTRE LAS
ARTES
(La) risita cejijunta, violenta pero ahogada, que tiene la misma virulencia,
la misma energía de choteo y de impugnación que la carcajada, pero que
nunca llega al estallido, a la explosión, al grafismo caricatural y sincopado.
Severo Sarduy. "Un heredero"
José Lezama Lima parece ser un caso extraño dentro de la tradición ensayística
hispanoamericana. Ensayos como La expresión americana, Las eras imaginarias o aquellos
donde se desarrollan sus planteamientos sobre un "sistema poético del mundo" han recibido y
todavía reciben atención por parte de estudiosos y críticos, aunque no estén en algunas de las
antologías dedicadas al género exclusivamente. Este es el caso de autores como Jhon Skirius
(El ensayo hispanoamericano del siglo XX), Carlos Ripoll, (Conciencia intelectual de
América. Antología del ensayo hispanoamericano (1836-1959), Ernesto Mejía Sánchez (El
ensayo actual latinoamericano) o de la reciente compilación de Juan Escalera Ortiz
(Antología del ensayo español, hispanoamericano y puertorriqueño). Una situación diciente
de la no inclusión del cubano en una categoría donde aparecen Jorge Mañach, José Martí o
Alejo Carpentier como autores de textos ensayísticos, cuyos temas no se circunscriben
exclusivamente a la literatura sino también a la política e inclusive a la música
2
. Diferente es
el caso de José Miguel Oviedo, quien en su Breve historia del ensayo hispanoamericano
señala al poeta cubano como parte del eje del "pensamiento creador" junto con Borges y
Cortázar, y lo caracteriza como un ensayista cuya estética barroca hace de la imagen poética
el centro de su reflexión mediante un arte fundamentalmente digresivo (OVIEDO, 1991, p.
102-107). La notable erudición de Lezama es uno de los rasgos insoslayables para la crítica;
una característica que evita la linealidad, la profundidad en un tema e invita a la apertura a la
multiplicidad, a una escritura cuya imagen sería una espiral inacabable donde impera no el
ritmo de la prosa y sí el de la poesía. Sin embargo, la dificultad de la lectura lezamiana, la
preeminencia de un discurso donde el orden lógico es alterado a favor del orden sorprendente
2
No es que José Lezama Lima no sea mencionado en textos como The Borzoi Anthology (editada por Emir
Rodríguez Monegal) o la Historia y crítica de la literatura hispanoamericana (coordinada por Cedomil Goic), por
solamente citar dos ejemplos sino lo que observamos es que el autor cubano no aparece en las antologías
dedicadas al ensayo, como sí lo hacen otros autores ­Octavio Paz y Alfonso Reyes ­ que, como él, trabajaron
temas que excedían los asuntos literarios e incluían la valoración de las expresiones plásticas.
11

de la palabra poética y la presencia de un lenguaje desbordante de citas "falsas" provenientes
de autores de diversas tradiciones, convirtió al autor de Paradiso en el blanco de motes y
prejuicios que tendían a ridiculizarlo. Apodos como "boticario de provincia", "negrito
catedrático" o el "Buda de Trocadero" hacen parte de una tentativa de desdibujar su imagen
como intelectual (PALMER, 2006, p. 21); situación que se vio justificada con la gran
cantidad de erratas que aparecieron en las primeras ediciones de Paradiso y que también
reflejan un problema editorial. Aunque estas incorrecciones escriturarias y el uso de citas
"falsas" sean señalados, sobre todo, en el caso de la narrativa, desconcierta que sus ensayos
más sobresalientes y objeto de estudio por parte de numerosos académicos no aparezcan en
ninguna de las antologías del género antes mencionadas. Sin afirmar que este olvido tiene
algún vínculo con la labor de algunos por restarle méritos, quizás se trate, más bien, de la falta
de comprensión de ciertos planteamientos de un escritor cuya impronta ha sido notoria para
Severo Sarduy, entre otros. En este sentido, la caracterización de Margarita Mateo Palmer en
su texto sobre la relación de la escritura lezamiana con el choteo
3
proporciona claridad sobre
la forma de asunción del otro con sus citas "falsas" y el estilo particular del poeta.
Esta tendencia a la apropiación de los ajeno mediante la burla y la ironía
puede relacionarse también con el choteo, no en su sentido peyorativo, sino
en su violación jocunda de toda autoridad, su recusamiento de lo establecido,
su burla a las jerarquías, su carácter transgresor de lo normativo. El sutil
sentido del humor, la frecuente utilización de apodos para nombrar a los
personajes, la hiperbolización de algunos rasgos defectuosos, la acotación
irónica o burlona, realizada tangencialmente, de manera oblicua, de modo
que su descodificación presuponga la participación de un juego de ingenio,
son algunos de los rasgos de la prosa lezamiana que la vinculan al choteo
(PALMER, 2006, p. 25).
El lazo con el choteo, con el "juego de ingenio", presupone un lector que, siguiendo las
palabras de Cortázar en su "Carta a Lezama Lima", "merezca" al cubano en el sentido de ser
3
El vínculo con el choteo también lo enuncia Severo Sarduy cuando brevemente, en Escrito sobre un cuerpo,
menciona que en la superposición cubana presente en Paradiso "(...) se desliza, por el impacto mismo del
collage, un elemento de risa, de burla discreta, algo de "choteo"" (SARDUY, 1969, p. 69). Aunque el contexto de
esta nota sea diferente, ya que Sarduy alude a que Lezama lee lo cubano como superposición de culturas (la
española, la africana y la china) y no como síntesis, refuerza nuestro punto de vista sobre el juego y la risa en la
escritura lezamiana. No obstante, el verdadero punto de referencia es la "Indagación del choteo" de Jorge
Mañach, donde se dice que "es un prurito de independencia que se exterioriza en una burla de toda forma no
imperativa de autoridad" (MAÑACH, p. 108), vinculado con la anulación del respeto y la búsqueda de intimidad.
(Indagación del choteo. Calibán. Revista Cubana de Pensamiento e Historia. Disponible en:
http://www.revistacaliban.cu/articulos/9_indagacion_choteo.pdf?numero=9. Consultada en: 10 ago. 2012).Un
rasgo que no es exclusivamente cubano y que también podemos ver a través del trabajo de Bajtin sobre la
parodia y el carnaval en François Rabelais y la cultura popular en el Medioevo y en el Renacimiento (1965).
12

capaz de "bajar a aguas profundas" (CORTÁZAR, 1996, p. 719), de emprender una tarea de
decodificación que no es sencilla y que emula aquella frase citada innumerables veces y que
da inicio a La expresión americana: "sólo lo difícil es estimulante". Este descenso o rechazo a
permanecer en la superficie requiere un lector activo que quiera adentrarse en la dimensión de
la extrañeza, en el juego de su escritura. Un aspecto lúdico que tal vez ha pasado
desapercibido y que no es exclusivo de su narrativa. Sus ensayos también muestran esa
situación organizada alrededor de la imagen poética. De ahí que su expresión en este género
probablemente ofrezca resistencia a la inclusión en panoramas históricos o antologías. De
alguna forma, el lector espera encontrar una prosa de las ideas fluida, una exposición que
describa un problema y las reflexiones del ensayista en torno a él, sustentadas por argumentos,
pero, por el contrario, encuentra la paradoja de una manifestación de ideas llena de metáforas
que dificultan la lectura. Su famosa frase "una frase mía que he repetido: cuando estoy oscuro,
escribo poesía; cuando estoy claro, escribo prosa" (LEZAMA, 1996, p. 713) se convierte en
una demostración más de su espíritu lúdico. Una ironía sobre una claridad en la exposición
que no es un atributo de su "prosa" ensayística.
Quizás sean estos aspectos los que no le permiten un lugar ­en las antologías antes
mencionadas­ al lado de otro poeta reconocido también como ensayista: Octavio Paz. Pese a
las semejanzas en el pensamiento de ambos, la escritura del mejicano, incluso con imágenes
poéticas, es percibida de un modo totalmente diferente. Críticos dedicados al ensayo, como la
argentina Liliana Weinberg en su texto Pensar el ensayo, lo incluyen como ejemplo del lazo
entre el ensayo y la poesía. La hipótesis más convincente muestra que en los ensayos del
mexicano los préstamos de la poesía no desplazan a la prosa de ideas sino que le otorgan al
texto una velocidad diferente dada por la inmediatez de la imagen.
Otras posibilidades, al margen de la inclusión o exclusión de los ensayos lezamianos en
un canon hispanoamericano del género, son las que se refieren a la naturaleza misma del
género ensayístico y a la presencia de una crítica creativa. En este sentido es válido repensar el
ensayo desde la perspectiva de Alberto Giordano. En Modos del ensayo. De Borges a Piglia,
este crítico sitúa a la lectura como el eje de la estrategia ensayística. El ensayista, "lector-
bricoleur", mantiene una interrogación sobre lo leído y se sitúa en un lugar polémico e
incómodo de la tradición privilegiando de esta forma la emergencia de lo nuevo. Lector
impertinente, el ensayista también ­y esto es fundamental en relación a José Lezama Lima­
está "en una relación de intimidad con el azar", privilegia la forma sobre el contenido y aplica
13

una verdadera "literaturización" del saber (GIORDANO, 2005, p. 223-242). Estos últimos
rasgos, únicos en el ensayista literario, merecen una especial atención para el caso que nos
ocupa.
De todos modos, frente al género ensayístico (y pensamos estrictamente en el literario)
surgen varios interrogantes. Si la transdisciplinariedad propia de quien escribe con el espesor
literario ­y no como el especialista­ y la presencia del azar evidencian una heterogeneidad en
los materiales y un tratamiento dispar del tema, ¿es posible encontrar una formulación
metodológica del arte? ¿Son textos que realmente hacen del poeta crítico de arte un mediador
entre el artista y el público? Una hipótesis probable es pensar que la literaturización del saber
sobre artes plásticas que opera en estos escritos hace parte de su propia postura y de su
concepción frente a la relación entre ambas artes, una posibilidad que intentaremos demostrar
en las siguientes páginas.
1.1 HACIA LA CRÍTICA DE ARTE: SITUACIONES Y PARADOJAS
En uno de los ensayos presentes en la compilación Historia de las ideas estéticas y de las
teorías artísticas contemporáneas, Francisco Calvo Serraller señala el surgimiento de los
salones bajo el reinado de Luis XIV en Francia como la situación que potencia el mercado,
colabora con la difusión social del arte y, sobre todo, "[...] fundamenta el nacimiento de la
crítica de arte como profesión" (CALVO, 2004, p. 158). Con la exposición de las obras a un
público que no poseía ninguna orientación y que no podía recibir alguna ni de artistas (cuya
opinión podría ser parcial), ni de teóricos académicos, surge un intermediario que guía el
gusto estético. Eran periodistas o intelectuales surgidos al amparo de las publicaciones
periódicas, medios donde aparecían constantemente las crónicas de actualidad, incluida, claro
está, la artística. Más que periodistas en el sentido de cómo se comprende esta profesión hoy,
el crítico de arte es "un escritor, y, como tal, valorado en función de su capacidad retórica de
sugestión literaria, al margen de su capacitación técnica para emitir juicios artísticos
especializados" (p. 159). Como el crítico escribe para unos espectadores aficionados, su
habilidad reside en una escritura adecuada, sugerente, y no tanto en un conocimiento
profundo. De ahí que su obligación se restrinja casi exclusivamente a escribir bien, a adaptar
su estilo a sus lectores para influir en ellos, pero también debe ser un intérprete de la opinión
14

pública. Es una operación que se situaría en ambos campos, tanto el del conocimiento de la
perspectiva del espectador y de sus expectativas, como el de la autoridad otorgada por una
instrucción y por el pertenecer a algún medio de comunicación. Como señala Francisco Calvo
Serraller, en el naciente periodismo el crítico de arte era un "cazador de oportunidades" que, al
forjar el éxito de un artista, estaba al mismo tiempo creando una reputación que le
proporcionaba poder (p. 159).
Ahora bien, si los inicios de la crítica de arte deben situarse en la Francia de los salones,
con un reciente periodismo y una figura burguesa de provincia sin mucho dinero, que
generalmente simpatizaba con el ideario revolucionario, ¿cómo se va gestando en
Hispanoamérica esa figura del escritor de profesión (poeta, ensayista o novelista), quien
también se arroga la función de opinar y escribir sobre arte? Desde el comienzo, la situación
de la crítica de arte está sujeta a la escritura, pero no a la de cualquier tipo. Es la figura del
escritor la que emerge como guía, pues "escribe bien", posee sensibilidad y gusto estético. En
Francia la lista de escritores destacados que ejercieron la crítica de arte comienza con Diderot,
en el siglo XVIII, y continúa con Baudelaire, Balzac, los hermanos Goncourt, Zola y
Maupassant, en el XIX, pero también con Apollinaire, Breton, Eluard y Malraux, en el siglo
XX. En Hispanoamérica sobresale el caso de los modernistas a finales del siglo XIX y de
poetas reconocidos del siglo XX, como Luis Cardoza y Aragón, Octavio Paz y José Lezama
Lima, entre muchos otros.
Con el modernismo se conjugan las formas parnasianas, apegadas a una poesía de la
visión, de la pintura y la escultura, con las maneras simbolistas y su prevalencia de los
elementos sonoros y musicales. Esta observación, aplicada a la segunda generación
modernista, de acuerdo a la perspectiva de Octavio Paz en "El caracol y la sirena" (Rubén
Darío) (PAZ, 1991, p.11), nos recuerda la importancia que la creación de un cuadro, mediante
un lenguaje poético evocador del color, opera en el movimiento modernista. No obstante, será
desde otro género, el de la crónica, que escritores como José Martí elaboran crítica de arte
desde uno de los centros autorizados de la modernidad: Nueva York. Al respecto, cabe
recordar dos de sus textos más reconocidos: "Nueva exhibición de los pintores impresionistas"
y "La exhibición de pinturas del ruso Vereschagin", ambos publicados en el periódico La
Nación de Buenos Aires en los años de 1886 y 1889, respectivamente. Crónicas que informan
al público de ese país lo que sucede a nivel artístico en la capital neoyorquina, pero que
también evidencian a un Martí conocedor de las corrientes naturalista e impresionista. En ellas
15

caracteriza al impresionismo con sus efectos de luz y color, nos recuerda la impronta de los
españoles Diego Velásquez y Francisco de Goya en esta escuela francesa y resalta el vínculo
entre el arte y la libertad (sobre todo para el caso de la pintura del ruso) (MARTÍ, 1992, p. 23-
27; 254-262).
El comienzo de una crítica de arte, realizada en Hispanoamérica hacia finales del siglo
XIX con el modernismo, tendrá continuidad en el ejercicio crítico de poetas como Luis
Cardoza y Aragón, Octavio Paz y José Lezama Lima. Una crítica escrita en un lenguaje
poético, donde parece primar la idea de "obra de arte" como un producto diferente de los
elementos cotidianos y elaborado mediante una técnica o artesanía por parte del artista.
Aunque Paz escribe un libro sobre su amigo Marcel Duchamp
4
, su concepción acerca del
objeto estético está guiada por la visión, por el acto contemplativo que presupone una obra
para su interpretación. Los escritores mencionados desarrollan en sus percepciones una
conciencia crítica de la modernidad enmarcada, sobre todo, en un arte figurativo o abstracto
anterior a los años sesenta, pero no en un arte conceptual. No obstante, y pese a este
importante recorte, la labor de estos poetas como críticos de las expresiones visuales es
sobresaliente, inclusive porque algunos de ellos fueron directores de revistas, donde el debate
sobre el tema artístico sobrepasó fronteras geográficas, como es el caso de Orígenes,
publicación dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, que contó con la
participación directa de artistas de la isla y cuyos textos abarcaron el arte nacional y el
extranjero.
Frente a una crítica de arte ejercida por destacados escritores hispanoamericanos existe
también una paradoja: los textos sobre este tema no sobrepasan un puñado. Por ejemplo,
Rafael Acosta de Arriba en su artículo "Octavio Paz y la crítica de arte, un lugar de encuentro
para el pensamiento", menciona solamente a los críticos Ruy Sánchez, Mary Farakos, Antonio
Luque y Conrado Tostado como los únicos que se han aproximado al trabajo crítico en el
campo visual del poeta mejicano (ACOSTA DE ARRIBA, 2007, p. 26). Inclusive en el caso
de la celebración del centenario de nacimiento de José Lezama Lima en el año 2010 en La
Habana, los estudios sobre su crítica de arte fueron básicamente escritos por dos autores:
4
Es el libro titulado Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp (1973) y en el que Paz completa otro texto
de 1966 llamado Marcel Duchamp o el castillo de la pureza. El origen de esa ampliación es una exposición
retrospectiva del artista francés organizada por el Museo de Arte de Filadelfia y el Museo de Arte Moderno de
Nueva York en 1973.
16

Roberto Méndez y Reynier Espinosa
5
. En las otras ciudades donde también se celebró esta
conmemoración, como México D.F, no fue presentada ninguna ponencia sobre este tema, y en
el Congreso Internacional "El Caribe en sus literaturas y culturas", celebrado en Córdoba
(Argentina), tampoco hubo ninguna mención al asunto. En otras palabras, nos encontramos
ante un vacío que en realidad tiene más de cuatro años y que demuestra la escasez del análisis
en este ámbito.
No obstante, y a pesar de esta ausencia de estudios sobre el tema, no podemos dejar de
lado la importancia de este quehacer crítico, no solamente para orientar al público sino
también para mostrar la situación del campo artístico
6
. En esta dirección, es el escritor quien
asumió (y todavía asume) en Hispanoamérica la tarea de analizar algunas corrientes y la obra
producida por artistas (nacionales y extranjeros) representativos de su tiempo, de la misma
forma que los escritores franceses antes mencionados. Sin embargo, una diferencia notable
entre el contexto artístico francés y el medio cultural hispanoamericano es la voluntad en el
primero­ con los pintores Pisarro y Gauguin, en primer lugar­ de intentar liberarse de los
literatos con sus comentarios que se superponen (y, a veces, reemplazan) a la obra, mientras
que en Hispanoamérica no pareciese existir esta voluntad de separación
7
. Tal vez porque los
escritores realizan también una labor de divulgación
8
, crucial para la difusión del arte y de los
artistas.
5
El texto de Roberto Méndez se llama "La sonrisa acumulativa e indescifrable del cubano. José Lezama Lima y
las artes plásticas" y puede encontrarse en la página web de la Academia Cubana de la Lengua
(http://www.acul.ohc.cu/sonrisa_acumulativa.pdf.). En cuanto a Reynier Espinosa, su trabajo, "José Lezama
Lima ante la creación pictórica de su tiempo", está publicado directamente en la página web que recoge todas
las ponencias del Coloquio Internacional por el Centenario de José Lezama Lima "A partir de la Poesía: La era
Lezama" (http://www.cce.co.cu/coloquio_lezama/resum_ponen.htm).
6
Según Pierre Bourdieu, la idea de "campo" ­sea literario o propio del arte plástico­ corresponde a un sistema
artístico autónomo de las esferas social y política, y de instituciones como el Estado, la Academia, el
periodismo, con una marcada anomia, pues no existe una figura que pueda arrogarse la autoridad de dictar
normas (BOURDIEU, 2002).
7
Hemos querido extrapolar el concepto de "campo", que Bourdieu observa vinculado al contexto social,
económico y político de la Francia decimonónica, y observarlo brevemente en lo que creemos es el "caso
hispanoamericano". En cuanto a este último, hay claras diferencias con el contexto galo, donde, de acuerdo a
este sociólogo, los pintores buscaban la autonomía de la imagen pictórica (estamos todavía en un arte
figurativo) frente al discurso. Este anhelo de los artistas plásticos de separarse de los literatos comienza con
Manet y los impresionistas, para quienes la representación "fiel" de la realidad en la expresión artística pierde
importancia.
8
Es bastante compleja la tarea de analizar una "génesis del campo literario y artístico hispanoamericano". Más
bien, pensamos en la idea de campo como un sistema con sus dinámicas y tensiones propias, y relativamente
autónomo (como él mismo Bourdieu admite). Allí el rol del crítico proveniente del medio literario se
asemejaría, en el caso hispanoamericano, no solamente a alguien que emite un juicio de valor y describe lo
representado en un cuadro, sino que también ilustra las relaciones del artista con el capital colectivo, es decir,
con la tradición. De esta forma, no pretendemos profundizar en las tensiones entre las fuerzas política, social y
17

La brecha entre artistas plásticos y escritores parece tener su advenimiento en
Hispanoamérica con el arte conceptual. Esta es una hipótesis preponderante en un texto del
artista y curador Pablo Helguera sobre la crítica de arte de Octavio Paz. De acuerdo a
Helguera, este poeta manifiesta una gran curiosidad para entender el performance art, pero a
la vez se resiste a percibir en la obra de Duchamp una nueva forma artística que representa
una libertad frente al "asunto" susceptible de ser asumida por otros creadores. Para este artista,
la preferencia por un arte figurativo es una marca de los textos de Paz y de la mayoría de
escritores que al aproximarse a las expresiones visuales dejan de lado a artistas
contemporáneos que han tenido un impacto profundo como Lygia Clark, Hélio Oiticica, Ana
Mendieta, Cildo Meireles, Felix González-Torres, Doris Salcedo, Alfredo Jaar, y Gabriel
Orozco, entre otros (HELGUERA).
Con el borramiento de las fronteras de lo que normalmente se considera estético de
aquello que no lo es, parece hacerse necesario un conocimiento mayor de filosofía, historia,
sociología y algunas otras disciplinas que ayuden a la comprensión de este tipo de
manifestaciones. Pese a que Octavio Paz o José Lezama Lima posean una vasta erudición ­
solamente por tomar dos casos­ su crítica se centra en artistas específicos, gracias tal vez a
que como el primero reconoce "el arte moderno: es el arte de mi tiempo" (PAZ 1994, p. 23).
Manifestaciones de finales de los sesenta, o lo que los críticos denominan "arte
contemporáneo", no interesan especialmente a Paz, quien justifica su pasión crítica por la
pintura y la escultura al compararla con códigos más abstractos como la música o que
requieren un sistema conceptual como la arquitectura:
Tal vez porque el código de la pintura es más sensual, menos abstracto y
riguroso que el de la música. El lenguaje de la pintura ­líneas, colores,
volúmenes­ entra literalmente por los ojos; su código es primordialmente
sensible [...]. Los significados de la pintura están a la vista (PAZ 1994, p.
25).
El arte al que se refiere Paz presupone la contemplación atenta del espectador, es decir, es
un arte que no rompe con la representación. Con algunas variantes lo mismo sucede en la
crítica de arte de José Lezama Lima. El cubano no se centra en el arte conceptual y su mirada
sobre las vanguardias es problemática
9
.
económica y el medio artístico (siempre existentes de alguna manera) sino en enunciar el medio visual como
atravesado por un discurso que lo divulga y que es también una herramienta pedagógica.
9
De acuerdo a Helguera, la premisa kantiana en la que "la apreciación de la belleza de una obra de arte
requ[iere] una contemplación estética desinteresada"(HELGUERA) es reinterpretada por Ortega y Gasset, para
quien el artista realiza un acto de contemplación interno que conduce a la creación de una obra susceptible de
18

Una última realidad de la crítica de arte elaborada por escritores poetas es la relación con
los artistas, la asistencia a exposiciones o el contacto directo con la obra. Cabe destacar aquí
una notable diferencia entre Lezama Lima y Octavio Paz. El primero que no salió
verdaderamente de Cuba (solamente realizó viajes cortos a México y a Jamaica) y que debía
atenerse a las informaciones sobre arte que llegaban sesgadas a la isla desde los centros
culturales
10
; el segundo, que traba amistad con los artistas mexicanos y franceses (Duchamp,
por ejemplo) y que gracias a sus cargos diplomáticos puede viajar constantemente y
encontrarse frente a la obra, en museos y exposiciones. La forma a través de la cual llega la
información sobre las corrientes y los artistas del momento determina también la manera como
se asume la crítica de arte, al menos en el caso del poeta habanero. El acceso bastante
restringido a la información sobre los eventos artísticos que tienen lugar en el exterior ­y,
sobre todo, en centros como Nueva York o París­ causa el desconocimiento o el conocimiento
a medias de algunas zonas del arte. También es relevante señalar que es recién a mediados de
la década del ochenta (1984) cuando surge un proyecto de trascendencia internacional para
Cuba y para el Caribe: la Bienal de la Habana. Como advierte Yolanda Wood en "Arte del
Caribe, el decenio que terminó el siglo XX", las últimas tres décadas del siglo XX marcaron,
desde diversas perspectivas y enfoques, momentos de confrontación y diálogo entre artistas,
críticos y curadores del Caribe, Latinoamérica y "más allá". Entre estos eventos están, además
de la bienal en la capital cubana, la Bienal del Grabado Latinoamericano en San Juan de
Puerto Rico (1970) y la Bienal de Pintura del Caribe y Centroamérica de 1992 en Santo
Domingo (República Dominicana) (WOOD).
Puede ser que los artistas de la isla hayan sido más afortunados que los críticos. Al menos
dos de los plásticos con más renombre en el medio ­Amelia Peláez y Wifredo Lam­y que
ser interpretada y explicada mediante hipótesis. Esta visión orteguiana dará lugar a la gran libertad
interpretativa de los escritores frente al hecho estético; libertad en la que surgiría un género híbrido entre la
crítica y la poesía. Una reflexión que, siguiendo el texto de Pablo Helguera, inspira directa o indirectamente a
pensadores como Samuel Ramos o al grupo de los Contemporáneos conformado por Salvador Novo, Xavier
Villaurrutia y Gilberto Owen. Octavio Paz tampoco se sustrae de este influjo.
10
Luz Merino Acosta en su texto "Orígenes: otra cara de la modernidad" señala la forma de acceso a los
discursos producidos en los centros artísticos tradicionales. "Las fuentes de estas gramáticas serán diversas: las
revistas ya mencionadas [Proa, Forma y Avance], las exposiciones coyunturales, algún viaje a los Estados
Unidos y otro país que permitiera la confrontación con un universo de configuraciones formales" (ACOSTA,
2000, p. 26). En el caso de Lezama, la ausencia de viajes reduce las posibilidades de contacto directo con las
obras y los artistas, pero la mediación queda a cargo de Rodríguez Feo, quien, a partir de su estancia académica
en Estados Unidos, es el encargado de obtener las colaboraciones y traducir a los principales poetas de lengua
inglesa que interesaban a los miembros de una publicación como Orígenes: T.S Eliot y Wallace Stevens, entre
otros.
19

estuvieron vinculados al proyecto origenista de formas diferentes, recibieron una formación
artística en París que los puso en contacto con otros creadores y con otras formas de concebir
el arte. Además, el estudio en una academia en la capital francesa representaba una forma de
acreditación a la hora de exponer y presentar trabajos ya de regreso a La Habana. Un contacto
que revela la relación centro-periferia y el lugar de la mediación para los artistas plásticos y
para los escritores hispanoamericanos. Desde esta óptica, el pintor pretende un aval estudiando
y actuando en un ambiente extranjero considerado como uno de los ejes de la cultura
occidental, y el escritor ­sin acceso pleno y directo a las piezas estéticas­ reflexiona a partir de
la lectura e interpretación de otros acerca de las expresiones visuales, de la palabra de terceros
igualmente reputados. Una intervención sustancial que nos permitirá caracterizar el ejercicio
crítico de nuestro autor y sus arquetipos estéticos y teóricos.
1.1.1
Baudelaire, Lezama y Casal: las mediaciones
Dos poetas nos permiten una configuración inicial de la escritura lezamiana sobre arte.
Uno de ellos es Charles Baudelaire, el otro es Julián del Casal. La incorporación de ambos
aquí obedece a que el primero revoluciona y modifica la manera descriptiva y normativa de la
función del crítico que lo caracterizaba hasta ese momento hacia una concepción donde
intervienen la subjetividad y la creatividad, mientras que el segundo ­poeta modernista nacido
en La Habana­ desarrolla una expresión poética sobre el pintor Gustave Moreau que, al igual
que José Lezama Lima, depende de la intercesión de un tercero, ya que no tiene cómo ver las
obras originales y depende de las copias que le envía Joris-Karl Huysmans. De esta manera, y
a partir de estas circunstancias compartidas por los dos autores de la isla, nos interesa observar
los procedimientos mediante los cuales podemos hablar de la emergencia de una crítica-
poética al modo de Baudelaire, cuando en su famoso ensayo A quoi bon la critique? consigna
que el "mejor informe de un cuadro podría ser un soneto o una elegía" o un poema ecfrástico.
Igualmente nos interesa la forma como Lezama lee a Baudelaire a través de su ensayo sobre
Julián del Casal ("Julián del Casal"), una lectura acerca del modernista que orbita alrededor
del surgimiento de un sujeto crítico.
Esta misma noción baudeleriana acerca de que el mejor método de crítica es el poético
justifica, en gran medida, la comparación entre el poeta modernista y nuestro autor a partir de
la serie de sonetos publicados en Nieve ("Mi museo ideal" y "Marfiles viejos"), del primero, y
20

del conocido poema "Oda a Julián del Casal", del segundo
11
. De acuerdo a Oscar Montero, los
sonetos de "Mi museo ideal" "fueron el resultado de un intenso intercambio epistolar que
Casal inició con Huysmans y con Gustave Moreau", cuyas pinturas ­o mejor, copias­ obtenía
a través del autor de À rebours. Esta imposibilidad de gozar de los originales y la dependencia
de terceros para ver las obras plásticas son circunstancias similares a las del propio Lezama, y,
en otro sentido, los sonetos casalianos representan un modelo de crítica creativa con respecto
al arte plástico susceptible de ser equiparado con el poema de aquél.
Una interpretación que nos parece central alrededor de "Mi museo..." es la de Montero
cuando afirma que los versos del modernista no son una descripción o un calco de los
grabados y sí "una visión poética propia cuyo protagonista es el poeta" (MONTERO). Así, en
el soneto introductorio tenemos un retrato del artista, en los diez sonetos "una tensión entre un
principio creador y una energía benéfica y devoradora [la inspiración]" y en el poema final
hallamos una deificación de Moreau que, siguiendo a Montero, "destierra la figura del poeta,
[...] la coloca fuera del marco de los cuadros del museo" (MONTERO). La entidad
enunciativa en estos poemas, que no podemos confundir con la del bardo, emplea el intertexto
pictórico en la reflexión y en el compartir con el pintor ese estado alterado de fuerzas opuestas
que lo atraen. En consecuencia, hallamos mayormente una meditación apreciativa acerca del
acto de la creación pictórica y poética que se sustenta en los lienzos y, en menor medida, un
análisis que parte de la propia figura del creador plástico, descrita en "Vestíbulo" como
"rostro que desafía los crueles / rigores del destino; frente austera / aureolada de larga
cabellera" (CASAL, 1982, p.139).
En contraste, José Lezama Lima elabora en "Oda a Julián del Casal" una composición
lírica donde realza la figura del modernista a partir de varias estrategias, entre las que
sobresalen una notoria visualidad y el predominio del color verde como la tonalidad de los
ojos del poeta y como una referencia a la vida, a la naturaleza, pero también ­y gracias a la
presencia de personajes míticos y de la religión como Adonis/Adonai­ al orfismo.
Recordemos los versos:
[...] La misión que te fue encomendada,
descender a las profundidades con nuestra chispa verde [... ](v. 165-166)
11
Decimos que sustenta este cotejo porque sin la intervención de Baudelaire en la promulgación de esta nueva
crítica no podemos pensar en los poemas de Casal ni en la crítica de arte de Lezama. Un telón de fondo que
tendrá más desarrollo en las líneas siguientes, cuando nos dediquemos al autor de Las flores del mal a través
de las reflexiones de Bourdieu, de sus propios escritos y de la lectura lezamiana de Casal. Una mirada que no
será la única a lo largo de este escrito.
21

[...] Pues todo poeta se apresura sin saberlo
para cumplir las órdenes indescifrables de Adonai [...] (v. 169-170)
[...] quisiste llevar el verde de tus ojos verdes
A la terraza de los dormidos invisibles (v. 172-173) (LEZAMA 1994B, p.
368)
En líneas generales, con la "Oda..." Lezama se inscribe y continúa en la estela de una
crítica-poética que proviene del siglo XIX y que, desde esta visión, no se instala
necesariamente en el ensayo
12
. Una política de continuidad que busca plasmar un ideal crítico
donde se muestran varias intenciones. Entre ellas, la voluntad de alejamiento de un discurso en
prosa que, por poseer un lenguaje mayormente denotativo, permite la presencia de conceptos y
teorías; la búsqueda de una verdadera libertad expresiva en la poesía; y, en tercer lugar, el
anhelo de una escritura crítica que pueda ser un espejo de la expresión artística plástica, esto
es, que cree imagen.
Ahora bien, es imperativo retornar a Baudelaire y a la configuración de este nuevo "juez"
estético. Uno de los rasgos que favorece un cambio radical es el momento en que él altera la
noción vaga de ideal en favor de las "correspondencias". De acuerdo a Bourdieu en As regras
da arte, esta innovación provoca que la tarea del crítico como juez, que se apoya en reglas
"formales y universales", sea reemplazada por la de un analista e intérprete que se somete a la
obra para buscar en ella la intención profunda del autor (BOURDIEU, 2002, p. 85). Una
nueva actividad que tiene dos consecuencias: el uso de la creatividad, y no de una paráfrasis
explicativa, y el surgimiento del artista nomóteta o creador que puede dictar las propias
normas de su labor creativa; dos resultados directamente relacionados con la formación de un
campo ajeno a normas dictadas por los estamentos político, académico, religioso, etc.
No obstante, Baudelaire también escribe sobre el lugar de promulgación de este nuevo
examinador, que se alejaría de la adecuación de una obra de arte a unas reglas dadas a priori.
Un abandono que, en sus palabras, aparece gracias a la intervención de un juicio subjetivo
siempre "apasionado". En A quoi bon la critique?, leemos:
Yo creo, sinceramente, que la mejor crítica es la que resulta entretenida y
poética; no esa otra fría y algebraica que, bajo pretexto de explicarlo todo, no
tiene ni odio ni amor y se despoja voluntariamente de toda especie de
temperamento; pero como un hermoso cuadro es la naturaleza reflejada por
12
Otro tipo de situación de crítica-poética se revela en los poemas lezamianos "Pequeña oda a Víctor Manuel
García", "Nuevo encuentro con Víctor Manuel", "Ronda sin fanal" (para Mariano Rodríguez), "De la primera
glorieta de la amistad" (para René Portocarrero) y de las "Décimas de la querencia" (para Luis Martínez Pedro).
En ellos la perspectiva crítica está mediada por la amistad.
22

un artista, la mejor crítica será ese mismo cuadro, reflejado por un espíritu
inteligente y sensible. De modo que el mejor informe de un cuadro podría
ser un soneto o una elegía.
Pero ese género de crítica está destinado a los volúmenes de poesía y a los
lectores poéticos. En cuanto a la crítica propiamente dicha, espero que los
filósofos comprenderán lo que voy a decir: para ser justa, es decir, para tener
razón de ser, la crítica debe ser parcial, apasionada, política, esto es,
realizada desde un punto de vista exclusivo, pero que sea el punto de vista
que abra el mayor número de horizontes.
13
La persistencia de un gesto valorativo por parte del crítico, de un punto de vista que
motive en el lector una apertura a nuevas interpretaciones, será el gran legado de este poeta y
una especie de "carta blanca" para los escritores que, con el surgimiento de la prensa, trabajan
como cronistas y críticos de arte. La otra herencia, aquella que nos interesa más, es posible
medirla en el ensayo de Lezama dedicado a Julián del Casal y publicado en Analecta del reloj
en 1941. En él traza un paralelo entre el modernista y Charles Baudelaire que merece nuestra
atención por el perfil de este último.
Dos elementos sobresalientes son su extensión y la presencia de una primera parte que se
convierte en el marco del texto entero. En ésta, el poeta cubano expone su concepción sobre la
crítica, su noción de un razonamiento reminiscente y su postura frente al análisis literario en
la isla. De esta forma, la idea de un raciocinio que opere por el recuerdo, y los nexos entre los
detalles rememorados y el texto, evita una noción de influencia sin matices, al mismo tiempo
en que justifica la recuperación hecha por Lezama Lima de Casal; una justificación que se
sustenta en el ataque al dispositivo crítico del XIX en "manos de profesores mansuetos y de
pasivos archiveros" (LEZAMA, 1977, p. 82) que solamente percibe su afrancesamiento.
Por otra parte, las seis partes en las que se divide el ensayo pueden ser resumidas en tres,
de acuerdo a nuestro interés en Baudelaire, y no en Julián del Casal. Así, esta tríada estaría
conformada por el término "reducción-reducciones" y la percepción de Baudelaire como
13
Je crois sincèrement que la meilleure critique est celle qui est amusante et poétique; non pas celle-ci froide et
algebrique, qui, sous prétexte de tout expliquer, n´a ni haine ni amour, et se dépouille volontairement de tout
espéce de tempérament; mais -un beau tableau étant la nature réfléchie par un artiste, celle que será ce
tableau réfléchi par un esprit inteligente et sensible. Ainsi le meilleur compte rendu d´un tableau pourra être un
sonnet ou une élégie.
Mais ce genre de critique est destine aux recueils de poésie et aux lecteurs poétiques. Quant à la critique
proprement dite, je espère que les philosophes comprendront ce que je vais dire: pour être juste, c´est-à-dire,
pour avoir sa raison d´être, la critique doit être partiale, passionnée, politique, c´est-à-dire, faite un point de
vue exclusif, mais un point de vue qui ouvre le plus d´horizons. (BAUDELAIRE, 1992, p. 78) (La traducción es
mía).
23

crítico; las nociones de esteticismo y dandismo; y el lazo entre el dandismo y el catolicismo
con su reflexión sobre la sobrenaturaleza.
Un primer encuentro con el autor europeo exhibe su vocación crítica: "Baudelaire ofrecía
una reducción, en la que alternaban las indirectas delicias de los olores con su devoción a la
máquina pensante" (p. 73). Una habilidad y un uso del pensamiento en relación a las
sensaciones que le permite detenerse en ellas y buscar también un sentido más profundo. Una
"reducción" o "reducciones" (Lezama parece usar indistintamente el singular y el plural de
este vocablo) como selección de una parte de la experiencia ­en este caso sensorial­ que le
permitirá construir una noción de trascendencia y de una unidad donde existen las
correspondencias; logro que no alcanzará Casal, aun cuando esté dotado de la "madurez
poética" suficiente que le permite recibir y comprender la tentativa del francés.
Las reflexiones en torno al esteticismo y al dandismo son centrales en el ensayo. Con
respecto a ellas, ambos asumen posiciones extremas, no sin algunas contaminaciones. Así,
Casal asume la posición de esteticista y Baudelaire la del dandy, aunque el primero se acerque
a la postura estética opuesta por su percepción sobre la mujer. En cuanto a Lezama, es clara su
preferencia hacia el dandy, "en realidad el último de los artesanos de gran estilo que, carente
de fe, termina convirtiéndose a sí mismo en piedra y se labra constantemente", pues "en la
repulsa el dandismo se muestra más decidido que el esteticismo" (p. 86). Mientras que éste no
se solaza en el mundo exterior y prefiere su mundo interior, su soledad, su hastío, el seguidor
del esteticismo siente gusto por la belleza de las cosas, por la evocación simple que no ahonda
en la subjetividad, aunque sí en el nombrar de objetos "burgueses" y en las experiencias
sensoriales que producen.
La importancia del dandismo en el ensayo sobre Julián del Casal se manifiesta claramente
en su coincidencia con el "antropocentrismo católico" y lo "natural excesivo". Para el escritor
neobarroco, en el esteticismo existiría un regodeo en el mundo exterior, en las pompas y en el
snobismo, mientras que el dandismo "termina en Charles Baudelaire, [acaba] buscando el
paraíso revelado y las reducciones del pecado original" (p.88). El gran tema de la poesía
baudeleriana es precisamente ese clamor, esa tensión entre la gracia y la caída, entre el pecado
original y la salvación; una propuesta que no desarrolla Casal, a pesar de ser católico, y
porque el esteticismo, que tanto critica Lezama, se lo impide. En esa línea argumentativa, lo
"natural excesivo" está también del lado del dandismo como producto de una conciencia de
esas tensiones que se manifiestan en la metáfora. Como afirma Lezama Lima: "lo natural que
24

se excede, que impulsa al globo de fuego, reducido después a vellón o a paloma" (p. 89). Una
creación de la metáfora que parte de la conciencia y no del sueño de los surrealistas
mencionados también por él. De alguna forma, la presencia de un "natural excesivo" en este
ensayo de 1941parece prefigurar la noción posterior de "sobrenaturaleza", que no es otra cosa
que la intervención de la metáfora en la recreación de la realidad objetiva, del mundo físico.
En el retrato que Lezama hace de Baudelaire, así como en la importante perspectiva que
ofrece Bourdieu, vemos un rasgo fundamental: la presencia de un sujeto crítico. Esta
emergencia de la crítica como un ejercicio que parte del sujeto y no de una instancia validada
por los estamentos social o educativo (la academia, por ejemplo) es necesario comprenderla
como el marco de nuestra reflexión. Es desde esta mirada que el aporte de Baudelaire resulta
tan importante, ya que como poeta (tal cual lo observa Lezama) y como crítico (en Bourdieu)
el rasgo central es la persona, la subjetividad, y no una mera observación del mundo exterior.
1.1.2
Los otros espectros de una crítica poética de arte: René Wellek y Northrop Frye
14
En "The poet, the Critic, the Poet-Critic", René Wellek se refiere al poeta que escribe
crítica sobre poesía y juzga su verdadero alcance analítico. Comienza con el "Brief Treatise
on the Criticism of Poetry" de T.S Eliot ­autor al que volverá varias veces­ y continúa con
W.H Auden, Wilde y Valéry, entre otros, para mostrarnos que la unión entre la facultad
creativa y la crítica no siempre tiene resultados felices. Según él, "el poeta [...] no ha dicho
mucho sobre el proceso creativo, así él sea Valéry (M. Teste, que es "cabeza") o el surrealista
que confía en su subconsciente y en su escritura automática"
15
. Una falencia que asigna a los
poetas-críticos que no es la única: Wellek también mencionará las que, a su juicio, son propias
de aquellos que, desde la crítica, van hacia la poesía (Horacio, Boileau, Pope, Verlaine y
14
El texto de René Wellek aparece originalmente en Discriminations: further concepts of criticism. Con
Northrop Frye, nos hemos
centrado en su trabajo The critical path: An Essay on the Social Context of Literary
Criticism. El primero de estos libros fue publicado originalmente en 1970 y el segundo en 1971. Nos ha llamado
la atención el trabajo de estos dos críticos en lengua inglesa porque permite, por una parte, una aproximación
a una crítica escrita por poetas y, por otra, a la noción de literatura como pilar de los constructos social,
cultural, religioso y político en cualquier sociedad. De acuerdo a este último planteamiento, un estudio sobre el
alcance de la crítica de arte escrita por un poeta, ensayista y narrador como José Lezama Lima, recibe una
mayor justificación.
15
En el original encontramos: "The poet, it seems to me, has told us little about the creative process, whether
he is Valéry (M.Teste, that is, "Head") or the surrealistic relying on his subconcious and on automatic writing"
(WELLEK, 1970, p. 260).
25

Shapiro), e incluye también comentarios sobre una meta-poesía con ejemplos de Holderlin,
Rilke, Mallarmé y Wallace Stevens.
No nos detendremos minuciosamente en el análisis de Wellek sobre la unión poesía-
crítica, pero sí lo haremos en uno de sus comentarios acerca de la crítica creativa. Según él:
La autoexpresión, incluso la autobiografía, tiene un propósito que por lo
menos en las formulaciones teóricas podría estar totalmente separado del
objeto "como realmente es", por lo tanto podemos concluir que esta forma
de crítica podría aplicarse a obras de arte, pero en realidad tendría su punto
de partida en cualquier objeto bajo el sol. Si realmente nos interesa la crítica
como un conocimiento organizado, como interpretación y juicio de objetos
públicamente verificables, debemos descartar la crítica poética como una
irrelevancia. Hoy el pasaje de la Mona Lisa en Pater, la ostentación en la
elocuencia de Swinburne, e inclusive las encantadoras reflexiones de
Anatole France han perdido su atractivo y no representan ahora un peligro
16
.
El juicio de Wellek sobre la ausencia de actualidad de una crítica poética representa una
objeción a esta labor por parte de los escritores. Una apreciación que no compartimos y que
debe ser matizada, en el sentido que se refiere al medio artístico europeo con poetas y autores
ingleses y franceses, y no al caso hispanoamericano. Como hemos señalado, aún hoy un
puñado de escritores escriben crítica de arte (libros, textos para catálogos, artículos). Ahora
bien, vale la pena preguntarse sobre el espesor literario de la crítica de arte lezamiana, su
vigencia y su verdadero carácter teórico. Con un ensayista como él, parece imposible afirmar
que su percepción del lazo entre la poesía y la pintura en su expresión crítica sobre los
pintores de la vanguardia cubana haya caído en una especie de desactualidad. Sobre todo,
cuando, como afirma Helguera, la relación entre el mundo literario y el visual en
Latinoamerica "es vital siendo que los escritores fueron una fuerza primordial en la
construcción de los modelos de soporte de la cultura" (HELGUERA).
Ahora bien, un elemento sobresaliente en el texto de Wellek es el de una crítica poética
capaz de hablar de cualquier tema. El interrogante surge cuando la intromisión de la poesía
altera la densidad de la reflexión y de un contenido teórico posible, y ocasiona desconfianza o,
al menos, cuestionamientos sobre si realmente estamos frente a un contenido de este tipo. Aún
16
"Self-expression, even autobiography, is the aim, which, at least in the theoretical formulations, would be
entirely divorced from the object "as it really is", and thus criticism, we may conclude, need to be concerned
with works of art, but could have its starting point in almost everything under the sun. If we are concerned with
criticism as organized knowledge, as interpretation and judgment of publicly verifiable objects, we must dismiss
poetic criticism as an irrelevancy. Today the Mona Lisa passage in Pater, the ostentatious fireworks of
Swinburne´s eloquence, and even the charming reflections of Anatole France have lost their appeal and are no
present danger". (WELLEK, 1970, p. 256) (La traducción es mía).
26

así, también podemos plantearnos otras preguntas sobre qué sucede cuando la crítica se acerca
a un sistema ficcional. Si nos cuestionamos sobre estas posiciones, es porque intentamos
observar y analizar la forma en que crítica y poesía se relacionan, un telón de fondo que
colaborará posteriormente para el análisis de la dimensión ficcional y poética de los ensayos
sobre arte de Lezama.
Dos críticos han reflexionado sobre la crítica ficcional de Northrop Frye: René Wellek y
Tzvetan Todorov. Para el primero, la crítica ficcional es actual, aunque la tilde como "una
elaborada ficción que pierde toda relación con el conocimiento, la ciencia y el concepto"
17
(WELLEK, 1970, p. 257). Su juicio, bastante severo, lo lleva a proponer que este tipo de
crítica puede ser pensada como un nuevo género literario, que se distingue totalmente de
aquella labor basada en un ideal de corrección interpretativa y en las leyes de la evidencia (p.
257). En cambio, Todorov parece más benevolente en su análisis sobre la propuesta del crítico
canadiense. En uno de los capítulos de Crítica de la crítica ("Conocimiento y compromiso".
Northrop Frye), este crítico literario rescata la voluntad de acercar aproximaciones internas y
externas a la literatura y se detiene en dos ejes: la concepción de la autonomía del discurso
literario y la ausencia de separación entre la literatura y los demás discursos de una sociedad
(TODOROV, 1991, p. 92). Es en esta última idea donde entra en juego el concepto de mito de
Frye y de que "todo lo que pertenece a la cultura es pertinente para la comprensión de la
literatura" (p. 94). Un planteamiento importante para el tema que nos atañe porque abre el
campo literario a todas las expresiones culturales. En este sentido, la crítica de arte puede ser
pensada desde lo literario y no como un campo relativamente autónomo que, ligado al
fenómeno estético ­sea la expresión pictórica o la escultórica­, desarrolla su propia armazón
teórica y es ejercido por un grupo selecto de especialistas.
En El camino crítico, Frye comienza a estudiar el concepto de "mito" en su etapa de
cristalización, (el comienzo equivaldría a los relatos de dioses y héroes). De este modo, "un
mito completamente desarrollado, o enciclopédico, encierra todo el conocimiento que es de
mayor incumbencia [...]" para una sociedad, es decir, "desarrolla distintas ramas que cubren
los aspectos de lo social, lo político, lo legal y lo literario" (FRYE, 1986, p. 32-33). El mito,
un concepto de difícil definición, se convierte así en el armazón que contendría todos los
discursos y todo el sistema de creencias de una colectividad determinada, y la literatura
corresponde a su instrumento, pues "expone las posibilidades imaginativas de ésta, es decir, la
17
En el original leemos: "his criticism is an elaborate fiction which loses all relation to knowledge, science and
concept".
27

gama total de ficciones, modelos, imágenes y metáforas verbales con que se elaboran todos los
mitos de la incumbencia" (p. 86-87).
La percepción de Frye acerca de la crítica conduce a dos conclusiones importantes. Una
donde la literatura es el sustrato de todas las construcciones sociales, culturales, religiosas y
políticas (entre otras) que una colectividad puede desarrollar y, la que más nos interesa, la idea
de ficción. La primera nos dice acerca de la presencia del discurso literario en todas las esferas
de una cultura y justifica un estudio de la crítica de arte escrita por un poeta; la segunda, ya no
a partir directamente de Frye, pero sí de los críticos que han comentado su obra, aporta un
elemento clave en nuestra discusión: la presencia de la ficción como ordenadora del discurso.
Esta sugerencia no aparece exclusivamente en la apreciación de Wellek sino en la misma
forma de la Anatomía de la crítica de Frye, texto que a nivel discursivo incorpora el
mecanismo de la fábula mediante su taxonomía a nivel de géneros, temáticas, imágenes, etc.
Quizá al evitar un análisis concienzudo de una obra en su totalidad y aislar "creativamente"
situaciones o elementos para elaborar una gran sinopsis, esta obra obtuvo la denominación de
"ficcional". Sin embargo, el asunto va un poco más allá y se aproxima más que a una
"anatomía" a una "autonomía" de la crítica. El mismo Frye, en su "Introducción polémica" a
este libro, afirma:
Por consiguiente, defender el derecho de la crítica a existir a secas significa
suponer que la crítica es una estructura del pensamiento y del conocimiento
que existe por derecho propio, con cierta medida de independencia respecto
al arte del cual se ocupa [...]. Una vez admitido el hecho de que el crítico
tiene su propio campo de actividad y que dentro de ese campo tiene
autonomía, debemos conceder que la crítica trata de literatura en un marco
conceptual específico" (FRYE, 1991, p. 18-19).
Si Frye aboga por despojar al crítico de un papel subsidiario o esclavo con respecto al arte
o al artista objeto de su trabajo y reclama autonomía, no podemos dejar de pensar en el ensayo
sobre crítica de arte de Lezama. A la desconfianza de Wellek hacia la labor crítica del poeta y
hacia la intromisión de la ficción en la crítica, debemos sumarle la posibilidad, tras la lectura
de Frye (y de Todorov), de una exigencia lezamiana de autonomía en los ensayos que se
sustenta en su misma densidad poética. Así, ¿es posible que los ensayos sobre arte de este
poeta sean realmente un discurso literario autónomo sin ninguna funcionalidad para la teoría o
la crítica de arte? Esta pregunta es polémica porque, al reclamar una autonomía desde el
género ensayístico, corremos el riesgo de perder la funcionalidad de estos textos para la teoría
28

o la crítica de arte. De todos modos, no se puede perder de vista que José Lezama Lima es
esencialmente un escritor y no un crítico de arte.
1.2 "PARALELOS...": CONTRAPUNTO, ECFRASIS Y POIESIS UNIVERSAL
Poetry is speaking painting.
Frank Rogers. Painting and poetry.
Un título como "Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (en los siglos XVIII y XIX)"
deja entrever una estructura de contrapunto. El diálogo entre las dos artes, el "paralelo" entre
ellas, las aproxima y las pone en relación. La forma como Lezama construye su ensayo invoca
un vínculo, una poiesis universal donde la noción de creación es el eje que reúne a la poesía
con la pintura y con la música (aunque este último lazo no esté muy desarrollado). Para el
cubano, la pintura como arte del espacio no es ajena a la poesía como arte que se desarrolla en
el tiempo. Así, desde las primeras líneas del texto encontramos una ecfrasis, una descripción
de imágenes pictóricas cuyo protagonista es Cristóbal Colón:
Antes de saltar embebido las clavijeras amarras, el misterioso surcador
Cristóbal Colón se aposenta demorado frente a unos tapices. Ha cruzado una
poderosa llanura, lo que debe haberle producido la sensación de una
navegación inmóvil, está en un extremo de Castilla la Vieja y entra para oír
misa de domingo en la Catedral de Zamora [...]. Uno de los tapices
entreabre las guerras de Troya, con el rapto de Elena. En el centro, una barca
medieval de gran tamaño, los mástiles ganan la altura del tapiz, aparece un
marinero de extraña catadura, muy barbado, soltando el ancla, otro marinero
recoge las amarras. Rimas provenzales limitan el panel, en torno del mástil,
como palomas. [...]. En los otros tapices las muertes de Aquiles, Troilo y
Paris. Los caballos se recubren de unas gualdrapas tan guarnecidas como el
manto que cubre el elefante de un rajá. Aparecen curvados barcos, como
góndolas de la Serenísima. Debajo de los muros y las ruinas estallan las
flores como llamas torneadas. Un caballero pisotea las rosas de más
sonriente amanecer. Las interminables llanuras de flores se confunden con
las más presuntuosas alfombras persas con motivos de venatoria. Cuando el
Almirante va recogiendo su mirada de esos combates de flores, de esas
escaleras que aíslan sus blancos como aves emblemáticas, el arquero negro
cerca de la blancura que jinetea Tanequilda, y las va dejando caer sobre las
tierras que van surgiendo de sus ensoñaciones, se ha verificado la primera
gran transposición de arte en el mundo moderno. De esos tapices ha saltado
a tierra, y los blancos fantasmales, las cabelleras de las doncellas y los
arqueros sombríos han comenzado a perseguirlo y arañarlo (LEZAMA,
1994, p. 66-67).
29

Sin embargo, no es la primera vez que se menciona al Almirante descubridor. Subyace en
este fragmento una noción del origen y de lo americano, que se remonta al Diario de Colón
mencionado por Lezama en el "Prólogo a una antología"
18
. En él, el navegante consigna:
[...] que vio caer, al acercarse a nuestras costas, un gran ramo de fuego en el
mar. Ya comenzaban las seducciones de nuestra luz. Insistiendo en el
misterio de sus visiones, el Almirante ve un gran perro cuya boca sostiene
como una columna de madera, donde cree ver letras. Ve la esbeltez de las
indias que caminan para saludarlo y anota la expresión muy esclarecedora al
fijarse en su pelo: seda de caballo (LEZAMA, 1977, p. 995).
Pero no solamente un origen y una idea de americanidad están presentes en ese primer
encuentro de Colón con la Isla. Se trata también de la fundación de un carácter nacional (y de
lo americano) mediante el relato ficcional, gracias a la transposición de imágenes donde
priman una imaginación o un delirio europeos. El propio ensayista, unas páginas más
adelante, señala que "la imaginación europea, tanto la grecolatina, como la medieval, pasa en
su totalidad a una nueva circunstancia" (p. 997). Esa nueva circunstancia, la realidad
americana, es fundada gracias a la "imagen, la fábula y los prodigios" de un imaginario
europeo que es personificado en las mujeres aborígenes, el chamán o sumo sacerdote indígena
y los manatíes-sirenas. No se pueden olvidar las palabras que abren este prólogo: "nuestra Isla
comienza su historia dentro de la poesía" (p. 995). Un origen poético que tendría como centro
a la imagen y a la metáfora. Esta última representada en la "seda de caballo" como figura
asociada al cabello de las mujeres indígenas, pero que Lezama convierte en la imagen de lo
cubano y del mismo Martí, cuando al final de este texto el prócer es caracterizado como el
poseedor de la "más honda fineza y la más invencible resistencia" (p. 1037).
Ahora bien, la descripción de imágenes pictóricas presente en "Paralelos..." es el inicio
del diálogo entre la poesía y la pintura. Un relato donde las imágenes se suceden creando una
acción, donde las flores aparecen para luego ser pisoteadas por un caballero, y una primera
aproximación de la expresión visual a la poesía como creación de imágenes en el tiempo o en
una sucesión temporal. Así, la imaginación del Almirante reconstruye una imagen que de
estática se ha convertido en dinámica y que plantea una continuidad entre la representación del
tapiz y la realidad: el desembarco de Colón en América. Una conexión entre las dos
manifestaciones artísticas que enfrenta la distinción tajante elaborada por Lessing en su libro
18
Este prólogo aparece originalmente en Antología de La poesía cubana (La Habana: Consejo Nacional de
Cultura, 1965). Nosotros hemos tomado la versión de las Obras completas de José Lezama Lima en la Editorial
Aguilar (Tomo II: ensayos y cuentos). México D.F.: 1977, p. 995-1038.
30

Laocoonte ou sobre as fronteiras da pintura e da poesia, quien declara, en la traducción de
Márcio Seligmann-Silva:
Se, portanto, a pintura, devido aos seus signos ou ao meio da sua imitação
que ela só pode conectar no espaço, deve renunciar totalmente ao tempo:
então ações progressivas não podem, enquanto progressivas, fazer parte dos
seus objetos, mas antes ela tem que se contentar com ações uma ao lado da
outra ou com meros corpos que sugerem uma ação através das suas posições
(LESSING, 1998, p. 190).
Si bien la primera forma de vincular poesía y pintura es una ecfrasis, unas líneas más
adelante en "Paralelos...", Lezama apela a figuras como Baudelaire y Mallarmé. Estos poetas
buscan integrar la poesía, la pintura y la música, y representan una justificación acerca del por
qué este texto conjuga dos artes ­la poesía y la pintura­ en apariencia tan disímiles.
¿Qué brújula adoptar para la navegación de poesía y pintura cubana en siglos
anteriores? [...]. Ni siquiera seguir a Ybrovac, en la Transposition d'art,
dedicado a Les trophés, siguiendo a Theophile Gautier, que fue el verdadero
maestro de esta manera, pero para lograr esas correspondencias entre los
colores, las insinuaciones y los perfumes, es necesario una plenitud que
nuestra expresión aún no ha alcanzado. Le parfum, la couleur et le son se
répondent. Son incuestionables, pues, las relaciones de Baudelaire con la
pintura de su época, como lo es también la poesía de Mallarmé, haciendo
saltar el fauno en el contorno de la siesta, como lo haría también Debussy
(LEZAMA, 1994, p. 67).
La importancia de Baudelaire es notoria por varias razones. La primera, por la presencia
de una correspondencia entre las artes; la segunda, presente en la mención del vínculo de la
poesía del francés con la obra de Ingres o Delacroix; y, la tercera, por la existencia de una
noción de poiesis universal. En cuanto a la idea de crítica, ésta aparece como una operación
que "aísla y separa" (p. 68) en contra del júbilo del sympathos que origina los paralelos,
paralelos en los que Lezama resalta la no obviedad del vínculo entre ambas artes.
Otro aspecto que vale la pena resaltar en este fragmento es el de una carencia en "nuestra
expresión" que impide plasmar la plenitud de las correspondencias. Aquí Lezama parece
ignorar la perspectiva del modernismo y de uno de sus iniciadores: Rubén Darío
19
. En "El
19
No es un ignorar "a secas". En 1967, Lezama escribe un ensayo sobre este poeta en el que señala que,
aunque su generación es "anti-Darío", existe un reconocimiento y una acción comprensiva hacia la obra del
nicaragüense. Una comprensión cuyo contrapeso es la figura de Martí como verdadero simbolista: "Quizás
Darío no lograse hacer del simbolismo su mansión, como en el caso de Martí, que sin ser simbolista parte de los
secretos de una totalidad"
(LEZAMA, 1981, p. 53).
No es que Lezama no reconozca la importancia del
modernismo hispanoamericano y su relación con el simbolismo, pero, con respecto a Darío, se trata de una
comprensión totalmente diferente a la de Paz. En ella, Lezama solamente percibe una calidad formal y un
contenido meloso o "azucarado" en la poesía dariana.
31

caracol y la sirena", Octavio Paz señala que, para los modernistas hispanoamericanos, "el
universo es un sistema de correspondencias, regido por el ritmo; todo está cifrado, todo rima
[...] ser poeta no es ser el dueño sino el agente de transmisión del ritmo; la imaginación más
alta es la analogía" (PAZ, 1991, p. 18-19). La gran innovación del modernismo es
precisamente la observación de la poesía parnasiana y simbolista, y la transformación de la
lengua a partir de la introducción de nuevos metros (y la recuperación de otros), de arcaísmos
y de neologismos, como señala este ensayista (p. 16-17). Los modernistas creen en una unidad
cósmica y también en una pluralidad, en una dispersión del ser en "formas, colores,
vibraciones" (p. 19) que plasman en su poesía.
En otras palabras, en la poesía modernista hispanoamericana son incorporados temas
musicales e imágenes plásticas de acuerdo a la idea de un universo donde los sonidos y los
colores se corresponden. Desde esa mirada, su escritura crítica, analítica o descriptiva sobre
las expresiones artísticas plásticas, está más orientada a la información y difusión de los
artistas o al comentario sobre sus cualidades. No podemos perder de vista, que, como
menciona Lily Litvak, los poetas modernistas eran básicamente cronistas
20
.
Más allá del modernismo como inicio de una literatura en lengua hispanoamericana,
conviene retomar la noción de poiesis universal de Baudelaire, base y sustento del ensayo
"Paralelos...". Este concepto mostraría que la idea de creación misma subyace a todas las
artes y la imaginación es su motor fundamental. Pero no una imaginación que se origina en la
nada e intenta crear una realidad. Marcel Raymond, en De Baudelaire al surrealismo, señala
que la facultad imaginativa parte del mundo físico y lo organiza: "Ve en ella [la naturaleza
exterior], no una realidad existente por ella misma [...], sino un inmenso depósito de
analogías y también una especie de excitante para la imaginación" (RAYMOND, 1960, p.17).
En las palabras del mismo Baudelaire, que Raymond cita a renglón seguido, "la imaginación
dará un lugar y un valor relativos" a ese "almacén de imágenes y de signos", que es el
universo visible (p. 17). Bajo esa perspectiva, cabe repensar la pintura paisajística ­la más
inmediata a esa physis­ desde la percepción del artista. Ya no hay una pintura mimética de la
naturaleza sino una idea del paisaje moderno donde interviene la imaginación como principio
20
La crónica sobre exposiciones de arte es un género practicado por Martí. En cambio, "la valoración de la
crítica artística de Rubén Darío hay que entenderla a través de filones diversos entre los que se incluye su
propia obra poética". ("Rubén Darío y la obra de arte". Disponible en
www.amadonervo.net/transmigraciones/pdf/dario.pdf. Consultada en: ago. 2012).
Esta importante afirmación
es sustentada por Litvak mediante el análisis de poemas como "Aguafuerte", "La ninfa" y "La isla de los
muertos", o los comentarios sobre obras y pintores consignados en los Diarios, lo cual refuerza nuestra revisión
de la concepción lezamiana sobre una ausencia americana del diálogo entre las artes.
32

ordenador. Como lo formulara Baudelaire, la expresión pictórica no debería reducirse
simplemente a ser una copia.
Confesaré, como todo el mundo, que la escuela moderna de paisajistas es
singularmente fuerte y hábil; pero en ese triunfo y en esa preponderancia de
un género inferior, en ese culto ingenuo de la naturaleza, no depurada, no
explicada por la imaginación, veo una señal evidente de rebajamiento
general [...]. Aún así es necesario hacerle justicia al Sr. Daubigny, ya que sus
obras son generalmente poéticas, y yo las prefiero con sus defectos a muchas
otras más perfectas, pero privadas de la calidad que lo distingue
21
.
Según Baudelaire, el valor de la imaginación es supremo a la hora de pensar en una
pintura de paisaje que produzca una emoción en el espectador. El mismo artista es un
traductor, pues debe traducir "un séntiment par un ensemble de matière végétal ou minéral"
(BAUDELAIRE, 1992, p.320-321). Imaginación y sentimiento cumplen la función de instigar
a la creación de una verdadera obra de arte y no de una copia del material natural, una entidad
que existe per se y que no requiere de una imitación en el lienzo. Pero para no cometer esta
mímesis también existe otro factor: la composición, que Baudelaire examina con respecto a la
pintura y a la poesía.
La mayoría cae en el defecto que señalé al comienzo de este estudio: toman
el diccionario de arte por el arte mismo; copian una palabra del diccionario,
creyendo copiar un poema; pero un poema no se copia nunca: desea ser
compuesto. Así, abren una ventana, y todo el espacio comprendido en el
cuadrado, árboles, cielo y casa, asume para ellos el valor de un poema
completo
22
.
La composición no implica copiar cada uno de los elementos de ese paisaje observado y
pintarlos en el cuadro o copiar una palabra del diccionario. Se trata, más bien, de un trabajo
arduo de elaboración de una obra de arte en la que para cada elemento intervienen el
sentimiento y la imaginación. Aunque parezcan demasiado obvias estas afirmaciones con
21
"J´avouerai, avec tout Le monde, que l´école moderne dês paysagistes est singulièrement forte et habile;
mais dans ce triomphe et cette prédominance d´un genre inférieur, dans ce culte niais de la nature, non
épurée, non expliquée par l´imagination, je vois un signe evident d´abaissement general (...) Avant tout,
cependant, il faut render à M. Daubigny cette justice que ses oeuvres sont généralement poétiques, et je les
préfère avec leurs defaults à beaucoup d´autres plus parfaits, mais privées de la qualité qui le distingue"
("Salon de 1859: le paysage" en Critique d´art suivi de critique musicale. Paris: Gallimard, 1992, p. 320-321) (La
traducción es mía).
22
"La plupart tombent dans le défaut que je signalais au commencement de cette étude: ils prennent le
dictionnaire de l´art pour l´art lui-même; ils copient um mot du dictionnaire, croyant copier um poème. Or un
poème ne se copie jamais: Il veut être composé. Ainsi ils ouvrent une fenêtre, et tout l´espace compris dans le
carré de la fenêtre,arbres, ciel et Maison, prend pour eux la valeur d´um poème tout fait" (BAUDELAIRE, 1992,
p. 320-321).
33

respecto a ambas disciplinas (en la poesía su obviedad es casi hiriente), en la pintura definen
una posición frente a un lugar común. No se puede olvidar la postura de Baudelaire con
respecto a la pintura mimética. Para el poeta francés este tipo de expresión no tendría ningún
sentido porque ya la fotografía sería una expresión mejor. De modo que, la verdadera labor de
los pintores presupone la creación a partir de la imaginación y no una copia de la realidad.
1.2.1
Los tropos de la historia
La justificación sobre el vínculo entre la poesía y la pintura continúa unas páginas más
adelante en el ensayo con una reserva. Al mismo tiempo en que su autor afirma la
aproximación de Baudelaire a la obra de Ingres o Delacroix [figura 21], también dice que esa
proximidad "nos llevaría a rastrear y a negar la presencia de esos pintores en Las flores del
mal" (LEZAMA, 1994, P. 68). Una restricción extraña en los paralelos lezamianos, ya que los
ejemplos se extienden y las conexiones entrevistas con Delacroix y Daumier se trasladan a la
mención de los impresionistas y a la modernidad. En palabras de Lezama:
No obstante, ningún pintor como Delacroix exaltaba en Baudelaire sus
potencias de admiración. En su cuarteto "Lalo de Valence", sobre el retrato
de Manet, donde el verso final, le charme inattendu d´un bijou rose et noir,
está lleno de todo el encanto de Baudelaire, pero Manet será siempre el más
maestro de los impresionistas y Baudelaire el más apasionado enemigo de la
fugacidad de las sensaciones y del relativismo impuesto por las variantes de
lo temporal en la apreciación de la belleza (LEZAMA, 1994, p. 69).
Aparece en esta parte una curiosa contraposición. Unas líneas antes, Lezama menciona la
forma como Delacroix "exaltaba" la admiración de Baudelaire y a renglón seguido ­cuando
se espera otra observación sobre este pintor­ nombra el cuarteto "Lola de Valence" (hay una
errata en el texto de Paralelos: "Lalo" es "Lola") del poeta francés sobre una pintura de
Manet. Las diferencias son claras: Delacroix realizaría una obra que resiste al tiempo porque
representaría de alguna forma un ideal (eterno) de belleza, mientras que el impresionismo
representa "la fugacidad" en la forma de apreciar lo que se convertirá en una obra de arte. Con
respecto a esta última idea, pensamos en el impresionismo con su "adanismo visual" resaltado
por Guillermo Solana en "Crítica y modernidad" (SOLANA, 2004, p. 333-345). Este crítico
observa que el postulado del "ojo inocente", promulgado por Jhon Ruskin en sus Elementos
del dibujo (1857), es la teoría precursora de la sensación visual de esta escuela pictórica.
Según Ruskin, el "poder técnico de la pintura" se desprendería de una visión infantil que
destierra conceptos y asociaciones táctiles. Habría así una inmediatez en la visión que
34

buscaría el olvido de las obras vistas en museos o de la asociación de la imagen con un
significado. Esa rapidez en la percepción que acaba resaltando el color y no necesariamente la
adecuación del objeto pintado a la realidad es la que, de acuerdo al texto de Lezama,
aparecería asociada a los rápidos cambios temporales. Posteriormente a los impresionistas
habrá otra propuesta en la percepción de lo estético y así sucesivamente.
Ahora bien, también es necesario matizar la afirmación de Lezama sobre Baudelaire,
pues, como él señala, éste no es necesariamente "el más apasionado enemigo de la fugacidad
de las sensaciones y del relativismo impuesto por las variantes de lo temporal" (69) y su
concepción sobre la modernidad es más compleja. Por una parte, se detiene en la ciudad y en
su ritmo agitado, es decir, el culto a la naturaleza propio del romanticismo cede ante la
vivencia en la urbe moderna; por otra, no pueden olvidarse sus citadas palabras sobre el
carácter doble de la belleza moderna:
Lo bello está hecho de un elemento eterno, invariable, cuya cantidad es
excesivamente difícil de determinar, y de un elemento relativo,
circunstancial, que será, si se quiere, por turno o conjuntamente, la época, la
moda, la moral, la pasión. Sin este segundo elemento, que es como el
envoltorio entretenido, titilante, aperitivo, del divino pastel, el primer
elemento será indigerible, inapreciable, no adaptado y no apropiado a la
naturaleza humana. Desafío a que se descubra una muestra cualquiera de
belleza que no contenga estos dos elementos
23
.
Un vínculo entre la pintura y la poesía que comienza con la ecfrasis, continúa con la
enunciación de los vínculos entre pintores y poetas en el siglo XIX, y se detiene ahora en la
imagen poética:
De esa manera hierve un color, se exalta o predomina una franja, un hilillo
tiembla en la vibración del sonido, ¿cómo entresacarlo y subrayarlo? Aletea
sin contorno con la brusquedad de una aparición, pero después aparece como
un pie de estalactitas en las mismas profundidades del infierno" (LEZAMA,
1994, p. 69).
La idea de las correspondencias de Baudelaire subyace en este fragmento donde "les
parfums, les couleurs et les sons se répondent", junto con una imagen donde se contraponen el
incesante movimiento y cambio ("aletea sin contorno") y lo inmóvil ("un pie de estalactitas").
23
"Le beau est fait d´un élément éternel, invariable, dont la quantité est excessivement difficile à determiner,
et d´un élément relatif, circonstanciel, qui será, si l´on veut, tour à tour ou tout ensemble, l´époque, la mode, la
morale, la passion. Sans ce second élément, qui est comme l´enveloppe amusante, titillante, apéritive, du divin
gâteau, le premier élément serait indigestible, inappréciable, non adapté et non approprié à la nature humane.
Je défie qu´on découvre un échantillon quelconque de beauté qui ne contienne pas ces deux éléments"
(BAUDELAIRE, 1992, p. 345)
.
35

El diálogo con Baudelaire aparece nuevamente como uno de los pilares del ensayo, tanto de
forma explícita, como de forma implícita, aunque unas frases más adelante se perciba un
movimiento más allá del realizado por el poeta francés a la hora de relacionar la poesía con la
pintura.
Para Lezama es "la palabra poética la que ordena las condensaciones que diferencian la
igual sutileza de un aire semejante" (p. 69). La metáfora y, en consecuencia, la imagen poética
con su poder de hablar de una cosa en términos de otra se convierten en el verdadero vínculo
entre dos artes en apariencia diferentes. A partir de esas líneas del ensayo la argumentación y
la forma de construir la historia de ambas manifestaciones pasa necesariamente por estas dos
figuras. Inclusive, todavía en el preámbulo, Lezama compara unos versos de "Los faros" de
Baudelaire, a propósito de Goya, con la analogía de la poesía de Keats con un melocotón
hecha por Charles de Bos. La comparación es curiosa, pero deja entrever el peso y la
omnipresencia que él le concederá a esta figura retórica a lo largo del ensayo. En este sentido,
Lezama Lima es coherente y mantiene su percepción acerca del conocimiento (si lo hay) y su
modo de formularlo. Para él no existe como tal una labor de definición o la elaboración de
una teoría en términos de pura objetividad sino el oscilar de un péndulo entre una idea y una
imagen proveniente de su lenguaje poético o de un cuerpo de ideas como Las eras
imaginarias. Vale la pena recordar que su escritura ensayística evita ese segundo modo de
esta forma textual que la aproxima al conocimiento científico y que sus famosas frases "toda
definición es un conjuro negativo" o "definir es cenizar" (Interrogando a Lezama Lima, 1971,
p. 47) son caracterizaciones importantes no exentas de inconvenientes. Si este autor tan sólo
sugiere, la aparente ausencia de una argumentación que apunte a una conceptualización sólida
evidencia una dificultad si se pretende saber quiénes eran los personajes y las corrientes
estéticas en las cuales se insertan. Por esta razón, en las próximas páginas deslindaremos
algunas de las temáticas que permiten una aproximación a su modo de escritura y a su
concepción de la historia.
1.2.2
Metáfora
Dos elementos fundamentales se ofrecen a la hora de establecer una estructura del ensayo
"Paralelos...": la metáfora y las eras imaginarias. La originalidad de la propuesta lezamiana
reside en una concepción múltiple de esta figura literaria y en un pensamiento donde la
imaginación vence una forma causal de razonamiento. Estas ideas se perciben claramente en
36

su ensayo histórico "Paralelos..." con la misma fuerza que en aquellos sobre poesía o donde
postula su "sistema poético del mundo". Es la metáfora como elemento "vivo", creador de
nuevos sentidos, la que podrá vincularse con la memoria, con la Mnemósine mencionada por
Lezama y que permite la escritura de la historia. Otro será el caso de las eras imaginarias,
donde los planteamientos de ciertas culturas antiguas se cristalizan creando imágenes
imperecederas.
Entre las perspectivas sobre la metáfora, queremos destacar tres: la de Paul Ricoeur en La
metáfora viva, la de Sarduy en Escrito sobre un cuerpo y la de Cynthia Ozyck presente en un
breve ensayo titulado "Metáfora y memoria". Cabe destacar que de los tres, Sarduy es el
único que se refiere directamente a la escritura lezamiana, mientras que Ricoeur y Ozyck
observan las características determinantes de esta figura. Por lo tanto, un seguimiento
adecuado a estas tres perspectivas nos permitirá entender desde diversos ángulos la estrategia
poética de "Paralelos...".
Cuatro ideas de La metáfora viva son fundamentales para entender el carácter de este
tropo. La primera se relaciona con el romanticismo y la afirmación de Shelley sobre el
lenguaje en general como "vitalmente metafórico" (RICOEUR, 1980, p. 90); la segunda es la
idea de transacción contextual, en la cual se daría una relación entre pensamientos (p. 116); la
tercera refiere el carácter cognoscitivo de la metáfora "que informa y aclara como ninguna
paráfrasis podría hacerlo" (p. 125); y, la última, la "metáfora viva", pues como palabra no está
limitada al diccionario y crea una nueva connotación o sentido (p. 139).
Más allá del anterior listado, existe también una noción acerca de la "otredad" que
representa esta figura y es la unión entre un elemento que se mantiene en la "isotopía" del
"contexto y uno ajeno a él, creador de imagen" (p. 249). Este componente "otro" instaura un
sentido no contemplado anteriormente y simboliza el poder cognoscitivo asignado al lenguaje
metafórico de índole poética. Una "otredad" propia de la metáfora, que muestra la principal
diferencia con la mera analogía o comparación. Esta última preservada en el terreno isotópico.
El carácter de la metáfora creadora que genera imagen y que posee una facultad de
conocimiento remite a la poesía como forma de pensamiento primitivo que se resiste a un
lenguaje conceptual y abstracto propio de las ciencias. Como señala Frye, "la poesía habla el
lenguaje del mito, y no el de la razón o el dato; es más, representa un aspecto primitivo de la
sociedad y no algo que vaya mejorando o refinándose de modo progresivo" (FRYE, 1986,
p.75). Un aspecto inherente al pensamiento lezamiano y que se vincula con lo que podríamos
37

denominar un "causalismo mágico" o una nueva forma de conocimiento basada en la
imaginación, cuyo instrumento, la metáfora-imagen, se contrapone al causalismo de matriz
aristotélica. La ruptura con este último se evidencia, por ejemplo, en textos como "Sobre
poesía" de Imagen y posibilidad (escrito en 1968), donde se indica la "eliminación de todo
dualismo, de la causalidad, de las diecisiete categorías kantianas y de lo condicionado
kantiano" (LEZAMA, 1981, p. 130).
Las relaciones insospechadas, el diálogo entre un elemento que pertenece al contexto y
otro que no, la noción de un causalismo mágico fundante de una segunda realidad que
confunde porque no tiene relación con la primera, son las características de la escritura
lezamiana. Se trata de la dispersión, como reza el título del ensayo de Sarduy sobre Lezama,
de "la voraz captación de la imagen [que] opera por duplicación, por espejeo" (SARDUY,
1969, p.62). Adjetivos como "devorador" y "voraz"
24
, que aluden a la continua capacidad de
la metáfora lezamiana de ingerir la realidad, la presencia dialógica entre planos diferentes
mediante el espejeo, la alusión a ese doble como el que toma el primer plano y lo mina con su
imitación y parodia hasta reemplazarlo, la importancia de la forma que subyuga al contenido
mediante el peso de la fonética y, por último, una curiosa idea de fijación: el mundo verbal de
estalactita del cubano. Una reflexión pendular sobre Lezama que nos llama la atención por la
acumulación, por el doble que devora al original en una imagen de continuidad (en la marcha
metafórica los otros dobles siguen devorando), pero también por la inmovilidad, "la
petrificación", la "geología verbal" (p. 66). La metáfora ha avanzado, ha devorado, ha ido más
allá del original y se ha detenido: ha creado una imagen estática.
Ahora bien, puede establecerse otra concepción sobre la metáfora a partir de su relación
con la memoria. Para Cynthia Ozyck, en su corto ensayo "Metáfora y memoria", la primera
interpreta a la segunda, pues esta última representa en sí ya algo conocido o experimentado
que sugiere o que permite el tránsito hacia lo desconocido. El ejemplo de esta ensayista y
novelista es el pueblo judío, que usa su memoria y su experiencia común en la esclavitud para
crear algo nuevo: el precepto moral de amar al extranjero. Una memoria que, de acuerdo a
24
Varios críticos han señalado la importancia del "comer" o, en palabras de Lezama, el acto de "incorporar".
Uno de ellos es Roberto González Echevarría, quien percibe en la comida ofrecida por Doña Augusta en
Paradiso una metáfora del "proceso metabólico de absorción de la patria". Una escena que en la novela resulta
representativa porque augura la muerte del tío Alberto. ("La fiesta en Lezama". Disponible en
http://www.letraslibres.com/revista/libros/la-fiesta-en-lezama). En el caso del texto de Sarduy, nos llama la
atención la idea misma de "devorar" la realidad porque excede la simple idea de ingesta llevándola al terreno
del ansia, del tragar apresuradamente, de la avidez. Así, la metáfora "engulle" un pedazo o un trozo
determinado de la realidad y devuelve algo nuevo.
38

esta escritora, no pudo crear el mundo griego con la inmediatez y la espontaneidad de la
inspiración, o los romanos con su abierta hostilidad al extranjero. Memoria contra inspiración,
en la que la primera puede crear un legado, mientras la segunda permanece en lo inmediato.
En suma, una reflexión sobre la "alteridad", sobre la "extranjería", en la que el "otro" pierde
su extrañeza y se vuelve familiar, lo que haría cualquier metáfora.
Podemos pensar ahora cómo la reflexión de Ozyck se relaciona con "Paralelos..." o con
otros textos de Lezama. Más allá del vínculo evidente con una noción de comunidad ­los
judíos, el pueblo cubano­, resulta claro que este autor busca convertir o reducir esas otras
culturas extranjeras y sus características más notables y perdurables en elementos que
construyan una imagen de lo cubano. Sobresale así en "Paralelos..." la mención frecuente a la
era imaginaria china con su alquimia y sus metamorfosis: "se trata siempre de reemplazar en
la cinta de las metamorfosis, de los cinco colores derivados del pájaro escarlata, que ondulan
y gimen al fuego, por una visión placentera" (LEZAMA, 1994, p.100). Las metamorfosis a la
que se refiere Lezama en otra ocasión (al comienzo del ensayo) son las de un pájaro escarlata,
cuyas mutaciones producen los distintos colores que se fragmentan en estalactitas.
Nuevamente vemos los opuestos, mutación e inmovilidad, que se resuelven esta vez en la
imagen de Julián del Casal, quien debe reunir la imagen de las estampas asiáticas que quiere
coleccionar con elementos de la cultura autóctona: la pintura de Manuel Justo de Rubalcava y
los poemas de Joaquín Lorenzo Luaces.
Una última perspectiva de la relación metáfora-memoria aparece en la novela inconclusa
Oppiano Licario. De la mano del diccionario de Iván González Cruz, recordamos que es en
esta obra donde realmente se menciona la Súmula, nunca infusa, de excepciones
morfológicas, una obra insinuada en el capítulo final de Paradiso y que representa la herencia
de Licario para José Cemí. Este hallazgo resulta llamativo por varias razones. La primera
porque se trata de un texto que nunca aparece publicado en la obra lezamiana, ya que es el
mismo González Cruz quien lo recupera en su versión manuscrita y lo publica en el libro
Archivo de José Lezama Lima. Miscélanea; la segunda por su carácter poético, pues es una
variante que incluye versos de dos poemas diferentes ya editados por Lezama; y la tercera, la
más importante, por su carácter simbólico como metáfora de la historia de Cuba. Con respecto
a este último rasgo, resulta fundamental señalar que en Oppiano Licario, la Súmula se pierde
gracias a un ras de mar o inundación, de la misma forma que en el ensayo "Paralelos..." se
menciona la pérdida de un baúl con los escritos de Martí.
39

Lo mismo perdemos un anillo hecho por Darío Romano, nuestro primer
platero en el siglo XVI, que se inutiliza por la humedad un baúl lleno de la
letra de José Martí en el anteayer que viene sobre nosotros como una
avalancha. Pero quien poseía ese baúl olvidó una primera regla de conducta,
es decir, que el poseedor de un baúl lleno de los escritos de Martí, entre las
furias de un huracán o de un terremoto, está en la obligación de salvarlo
antes que salvar su vida"
(LEZAMA, 1994. p. 78).
Es verdad que la metáfora como ese diálogo con la otredad, con la extrañeza, se
construye sobre un fundamento conocido, sobre la memoria, como diría Ozyck. Ahora, si esa
memoria no existe, si muchos elementos de la tradición se han perdido, resta la creación
mediante la ficción y la inclusión, como en toda metáfora, de un elemento otro, las eras
imaginarias, para crear un sentido nuevo: una historia artística y poética cubana. Para ello,
Lezama Lima recurrirá a estrategias como la yuxtaposición y el juego con un espesor literario
que pone en jaque una noción de verosimilitud exigida en el discurso histórico. No se puede
perder de vista que en la escritura de Lezama la presencia constante de la metáfora
desproporciona lo ya conocido con nuevas significaciones. En cuanto a la yuxtaposición,
estamos de acuerdo con Sarduy cuando señala en Escrito sobre un cuerpo que lo cubano no se
construye por asimilación o síntesis y sí por una superposición (SARDUY, 1969, p. 68-69),
donde los diferentes planos incluyen también otras culturas.
1.2.3
Carencia
Una situación presente en el comienzo del ensayo es la de la carencia como marca de lo
cubano. Así:
Entre nosotros es casi imposible configurar una tesis o un punto de vista
aproximativo sobre nuestro pasado, ya de poesía, ya de pintura, porque los
diversos elementos larvales aún no se han escudriñado, ni siquiera señalado
su regirar ectoplasmático [...]. Pero aún hay más, en esos dos siglos tan sólo
no existe lo configurativo operante, ni siquiera lo larval llega a su etapa
formal, en el sentido escolástico de etapa última de la materia, a la materia
que se remansa por una extensión de su materia
(LEZAMA, 1994, p.71).
La carencia, la falta que se hace visible en las primeras líneas del ensayo, señala la
incapacidad americana para elaborar correspondencias entre las artes porque no hemos llegado
a una plenitud en nuestra expresión (p.67), pero también justifica una escritura particular de la
historia. Una escritura que, como se verá, involucra una mayor cantidad de referencias al
imaginario y a otras culturas que a una cantidad considerable de pintores, escultores o poetas.
Una falta que fundamenta una apetencia y una asimilación nunca inocente de la cultura
40

universal y con ella una tentativa de fuga frente a la condición periférica del subcontinente
hispanoamericano y de Cuba.
Ahora, si la ausencia de una forma artística "acabada" en los siglos "XVII" y "XVIII" es
un rasgo cubano y latinoamericano que lleva a la expresión, en el caso de Lezama, de una
vasta erudición y de una cultura desbordante que no solamente incluye la tradición occidental,
quizás merezca atención la forma como el autor concibe la práctica del consumo cultural. Más
allá de la idea de vacío que debe llenarse y la tradición con la cual debería realizarse esta
operación, el interrogante puede dirigirse, más bien, a cómo Lezama concibe la naturaleza y la
cultura.
Gustavo Pellón, en su libro La visión jubilosa de José Lezama Lima, señala que la actitud
de Lezama frente a la naturaleza no incluye una percepción de antagonismo ­como en La
vorágine­ o una concepción como "lo real maravilloso" de Carpentier. Se trata, más bien, de
una entidad que, como la cultura, puede traducirse en imágenes. De hecho, la naturaleza debe
ser creada o transformarse mediante el arte, gracias a la intervención de la imagen poética
(PELLÓN, 2005, p. 64-66). La obra lezamiana ilustra estas observaciones con un fragmento
de La expresión americana ("Mitos y cansancio clásico"), citado por este crítico.
Determinada masa de entidades naturales o culturales adquieren en un
súbito, inmensas resonancias. Entidades como las expresiones, fábulas
milesias o ruinas de Pérgamo, adquieren en un espacio contrapunteado por la
imago y el sujeto metafórico, nueva vida, como la planta o el espacio
dominado. De ese espacio contrapunteado depende la metamorfosis de una
entidad natural en cultural imaginaria. Si digo piedra, estamos en los
dominios de una entidad natural, pero si digo piedra donde lloró Mario en las
ruinas de Cartago, constituimos una entidad cultural de sólida gravitación
(LEZAMA, 2001, p. 66).
El pensamiento de este autor está orientado también por el catolicismo y la idea de caída
por el pecado original. Por eso, podemos leer en su ensayo "Pascal y la poesía" que "hay
inclusive como la obligación de devolver la naturaleza perdida. De fabricar naturaleza, no de
recibirla como algo dado" (LEZAMA, 1977, p. 564). La naturaleza es fabricada por la labor
creativa del hombre (del poeta) convirtiéndola en una entidad cultural, pero si la naturaleza no
existe realmente per se y todo puede ser cultura, ¿cómo se concibe esta última desde el
pensamiento lezamiano? Entra en perspectiva una idea de Pellón que continúa un
planteamiento formulado anteriormente sobre la causalidad lógica a la que se opone Lezama.
Escribe Pellón:
41

[...]
la cultura para Lezama es tanto algo dado como lo es la naturaleza para
la mayoría de nosotros, y esta actitud explica justamente tanto su concepción
de la influencia literaria como lo que aparenta ser su absoluta falta de
angustia en lo que respecta a la influencia (PELLÓN, 2005, p. 67).
Si la cultura está dada, se comprende con mayor claridad la perspectiva de Cortázar
cuando menciona el júbilo con el cual Lezama asume una tradición universal sin ninguna
preocupación, sin asumirse él mismo como deudor. La famosa frase de su texto "Entre tanto
Lezama en su isla amanece con una alegría de preadamita [...] y no se siente culpable de
ninguna tradición directa" (CORTÁZAR, 1970, p. 152) se contrapone al peso de la herencia
literaria con el que los escritores europeos se enfrentan. El peso de un fardo caracterizado por
algunos "pesimistas" como Eliot, a quien Lezama en "Mitos y cansancio clásico" lanza una
crítica que consideramos injusta: "Por eso, su crítica es esencialmente pesimista o crepuscular,
pues él cree que los maestros antiguos no pueden ser sobrepasados, quedando tan sólo la
fruición de repetir, tal vez con nuevo acento" (LEZAMA, 2001, p. 58). El "cansancio clásico"
como parte del título se refiere a este tipo de autores desmoralizados que consideran que no es
posible realizar ya ninguna innovación. Frente a esta negatividad, Lezama opone la
renovación: "Todo tendrá que ser reconstruido, invencionado de nuevo, y los viejos mitos, al
reaparecer de nuevo, nos ofrecerán sus conjuros y sus enigmas con un rostro desconocido" (p.
58). Esta es una de las caras de ese júbilo, una de las facetas en las que se apoya Gustavo
Pellón para pensar su "visión jubilosa". Una alegría del pensamiento lezamiano en la que la
carencia no es necesariamente negativa: es solamente el vacío que permite la creación por la
ficción.
1.2.4
La expresión americana y Las eras imaginarias: la ficción de la historia
En "Paralelos..." Lezama hace alusión en repetidas ocasiones a una original concepción
de la historia que tiene como matriz generadora a la imagen. Esta novedosa forma de
concebirla, en la que no se obedece a una concepción lineal marcada por la existencia de un
material empírico, descrito en términos de escuelas, corrientes y artistas, tiene su origen en los
ensayos sobre Las eras imaginarias (publicado en 1971) y en La expresión americana (1957).
En este último texto, Lezama afirma:
Nuestro método quisiera más acercarse a esa técnica de la ficción,
preconizada por Curtius, que al método mítico-crítico de Eliot. [...]. La
ficción de los mitos son nuevos mitos, con nuevos cansancios y terrores.
42

Para ello hay que desviar el énfasis puesto por la historiografía
contemporánea en las culturas para ponerlo en las eras imaginarias. Así
como se han establecido por Toynbee veinte y un tipos de culturas,
establecer las diversas eras donde la imago se impuso como historia. Es
decir, la imaginación etrusca, la carolingia, la bretona, etc., donde el hecho,
al surgir sobre el tapiz de una era imaginaria, cobró su realidad y su
gravitación. Si una cultura no logra crear un tipo de imaginación, si eso fuera
posible, en cuanto sufriese el acarreo cuantitativo de los milenios sería
toscamente indescifrable.
Sobre ese hilado que le presta la imagen a la historia, depende la verdadera
realidad de un hecho o su indiferencia e inexistencia (LEZAMA, 2001, p.
58-59).
En "Paralelos..." esta imago que se impone a la historia aparece sobre todo con las
menciones a los chinos. Sobresale, sobre todo, la referencia al esoterismo de esta cultura: la
alquimia. En un pasaje donde claramente se aprecia esta transformación de una "entidad
natural" a una "entidad cultural", Lezama menciona el pájaro escarlata de los cinco colores
como la metáfora del cinabrio o de la sangre. Con Hernando de la Parra y Juan Maldonado la
metáfora se acerca a la pintura, a los dos hombres como los donceles de un tapiz de Zamora
[figura 1].
No obstante, la columna vertebral para comprender esta visión de la historia se relaciona
con la ficción. No por el hecho mismo de la carencia como punto de partida sino porque, como
el mismo autor admite, no hay vestigios ni poéticos ni pictóricos de muchas obras que se
supone fueron creadas u oídas, ya que "casi todo lo hemos perdido, los crucifijos tallados y el
cuadro de la Santísima Trinidad, de Manuel del Socorro Rodríguez" (LEZAMA, 1994, p. 78).
Y repite todavía con mayor énfasis, a partir de la alabanza a Juana Borrero y sus "Negritos"
[figura 5]: "Todo lo hemos perdido, desconocemos qué es lo esencial cubano y vemos lo
pasado como quien posee un diente" (p. 79).
La carencia de una tradición ya formada o de obras de artistas representativos de los
siglos XVIII y XIX impulsa con más fuerza una escritura de la historia que debe llenar con la
imaginación los vacíos dejados por la ausencia. De ahí que Lezama Lima realice la práctica de
las falsas citas tan denostada por algunos críticos y comprendida en su dimensión lúdica por
sus amigos. Una distorsión que consiste en atribuir citas a personas que no corresponden, a la
escritura errada de los nombres, y a la misma creación de las situaciones, de las frases o de los
personajes que las inventaron. Nuevamente Margarita Mateo Palmer señala esas situaciones
donde el cubano "juega" e "inventa", pues no existe una ausencia de respuesta o una negación
43

sino un juego, una continua fabulación, que inclusive está presente desde la conversación
cotidiana con el autor cubano
25
.
La invención vista aquí se relaciona con el método de ficción que Lezama Lima preconiza
en el fragmento citado de Las eras imaginarias. Para él no se trata de crear un método mítico
crítico exactamente como el que propone Eliot en su artículo "Order and myth" (al cual
Lezama se refiere) y sí de exceder ese "pesimismo" que restringe el carácter creativo del mito
a fórmulas que estructuran las obras literarias consideradas modernas. Para él, el mito
respondería a la invención y continuaría configurando las obras, pero sin convertirse en la
clave de su comprensión. De ahí que en La expresión americana aquella frase de "nuestro
método quisiera más acercarse a esa técnica de la ficción" (LEZAMA, 2001, p.58) sea,
posiblemente, la antesala de la reflexión que realizará en los sesenta sobre Las eras
imaginarias.
De todas maneras, la presencia de las eras imaginarias en "Paralelos..." permite percibir
cómo Lezama realiza una revisión de la historia. La forma como retoma civilizaciones
antiguas para destacar la fuerza en que su imaginación crearía metáforas perdurables aumenta
la presencia de una escritura poética en el ensayo y, si se quiere, de elementos esotéricos. La
idea de crear nuevos mitos o, más bien, de "reconstruirlos", como afirma unas líneas más
adelante, informa su propia visión histórica. Una perspectiva muy personal y, como se ha
señalado, en pugna con el "estatismo" del código de una literatura "pesimista". Como
indicamos cuando mencionamos un "causalismo mágico" en la escritura lezamiana, la
resistencia a la definición presente en su famosa frase "definir es cenizar" (Interrogando a
Lezama Lima 1971, p. 47) invita a pensar la obra lezamiana desde múltiples miradas.
Si Lezama reinventa mitos y los incorpora a la escritura histórica, ésta agrega una
dimensión más a la característica que Hayden White observa como propia de los anales. La
historia no incluye únicamente datos, fechas y eventos de forma aislada y como contenido sino
que la forma en que es escrita configura un estilo y también obedece a la noción de género
literario como convención. Así lo señala el crítico estadounidense en su Trópicos do discurso,
cuando afirma que la constitución de una situación histórica es esencialmente una "operación
25
Un ejemplo es la presencia en "Paralelos..." de dos figuras cuya verdadera existencia no ha podido
establecerse: Rutilio Graco e Ybrovac. Esta práctica de citar personajes y situaciones reales e inventadas en un
mismo nivel es señalada por Margarita Mateo Palmer a partir de su lectura de textos de Eliseo Diego y José
Agustín Goytisolo. Según esta crítica, Lezama hablaba de todos los temas y "nunca se sabía cuándo terminaba
su erudición y cuándo comenzaba a inventar" (PALMER, 2006, p. 24).
44

literaria", es decir, "creadora de ficción", donde las "estructuras del argumento" equivalen a
"una de las maneras de que la cultura dispone para tornar inteligibles tanto el pasado personal
como el pasado público"
26
(WHITE, 2001, p.102). En el caso de Lezama la ficción como
técnica y estructura inherente al texto histórico es superada y llevada al contenido, de modo
que ocasiona que la historia relatada parezca avanzar en forma de espiral y nunca en forma
lineal. Avances, retrocesos, repeticiones y saltos existentes gracias a "las eras imaginarias"
que propician las volutas, como cuando habla de una obra literaria cubana específica del siglo
XIX y a renglón seguido realiza una asociación con los colores de la pintura cubana, con
Goethe y con Humboldt. En este sentido, la expresión metafórica gobierna la escritura y una
"entidad natural" o una "cultural" se convierte en una fuente para la imagen. De ahí que
cualquier persona o cosa pueda ser el emblema que le permite expresar sus creencias poéticas
y éticas.
1.3
UNA ERA IMAGINARIA Y DOS ESTÉTICAS
Roberto Méndez señala a "Paralelos..." como una propuesta de configuración de una "era
imaginaria":
El título del texto hace pensar en una especie de juego exquisito en el que se
registran convergencias en el desarrollo del discurso poético y el plástico de
la Isla. En realidad, se trata de algo más trascendente: la propuesta de un
método para configurar la cultura cubana, desde sus orígenes, como la "era
imaginaria" que da cima a su sistema y explica el ser íntimo nacional. En
este sentido, el trabajo dialoga con otras obras que Lezama prepara por esa
época, en que está empeñado en reinterpretar la cultura cubana,
especialmente la del período colonial: su monumental Antología de la poesía
cubana (1963), así como la compilación de textos de El Regañón, la poesía
de Zenea y las conferencias que lee en el Instituto de Literatura y Lingüística
sobre Zequeira, Rubalcava, Heredia, la Avellaneda y otros románticos.
(MÉNDEZ)
Una hipótesis bastante interesante y sugestiva, sobre todo, cuando su autor señala que los
argumentos son el uso del "`método mítico' por el que abogara en La expresión americana" y
la concepción (más allá de las correspondencias baudelerianas) del vínculo entre la poesía y
las artes plásticas como vehículos de una "invención" que permite estructurar una "era
26
A continuación citamos la versión en portugués que hemos consultado con el fin de aclarar un poco más esta
tesis central acerca de la narrativa histórica. "Trata-se esencialmente de uma operação literária, vale dizer,
criadora de ficção. E chama-lá assim não deprecia de forma alguma o status das narrativas históricas como
fornecedoras de um tipo de conhecimento" (...) así "estruturas de enredo é uma das maneiras de que a cultura
dispõe para tornar inteligíveis tanto o passado pessoal quanto o passado público" (WHITE, 2001, p. 102).
45

imaginaria". El ejemplo de este último argumento es la creación del Nuevo Mundo por parte
de Colón antes de llegar a él:
Cuando el Almirante va recogiendo su mirada de esos combates de flores, de
esas escaleras que aíslan sus blancos como aves emblemáticas, el arquero
negro cerca de la blancura que jinetea Tanequilda, y las va dejando caer
sobre las tierras que van surgiendo de sus ensoñaciones, se ha verificado la
primera gran transposición de arte en el mundo moderno (LEZAMA, 1994,
p. 66-67).
La hipótesis de Méndez resulta muy atractiva porque permite recoger algunas
observaciones sobre la importancia de la reconstrucción y la invención de nuevos mitos desde
la ficción, y a la vez permite instaurar a la imaginación y a la imagen poética en el centro de la
reflexión sobre la forma de configuración de "Paralelos...". La idea de poiesis, la creación de
nuevos mitos, se convierte en la base de un ensayo que apela a las eras imaginarias como parte
de su contenido y que ambiciona constituirse como una de ellas, si se sigue la idea de este
crítico. Una manifestación mítica de la cultura de la isla que, perdurable en el tiempo, surge a
partir del fragmento, del vacío, y no de una expresión cultural acabada. Si recordamos las
palabras del autor de Paradiso, vemos la magnitud de la carencia como una condición sine
qua non de esta memoria metafórica, de esta de construcción histórica que describe el
desplazamiento de la elipsis, de forma que:
Paradójicamente, con mucha abundancia de luz tendemos a la pérdida de lo
esencial. La sacralidad de lo que es verdaderamente importante se nos
escapa en vida, se desconoce después de la muerte y cuando abrimos los ojos
ya nos vemos obligados a reconstruir, pero de la misma manera que la
intuición no puede actuar sobre los jardines de Saturno, la imagen se
atemoriza ante lo perdido, porque comienza a describir enloquecidos
movimientos elípticos, no sobre el vacío engendrado por la pérdida, sino
sobre el encuentro, pues actúa pensando no sobre el tesoro perdido en
Esmirna, sino sobre lo perdido en Esmirna que se encontró en Damasco
(LEZAMA, 1994, p. 77-78).
A partir de los vacíos en la configuración de la tradición artística y literaria cubana surge
otra importante característica en la estructura de "Paralelos...": una estética de la resonancia y
una de la sustitución. La primera se observa constantemente en toda la obra lezamiana y
responde a la percepción del escritor cubano sobre la tradición; la segunda no es una constante
en todo el ensayo objeto de nuestro estudio, pero representa sus dos momentos culminantes: el
lienzo "La siesta" de Guillermo Collazo [figura 4], visto a través de Julián del Casal, y la
46

relación entre el cuadro "Los negritos"
27
[figura 5] de Juana Borrero con Martí
28
. Como la
frase citada sobre lo perdido en Damasco, pero encontrado en Esmirna, la sustitución es un
paso más allá de la retórica sobre las correspondencias y figura también en la ecfrasis o la
sugerencia de imágenes plásticas a través de la descripción literaria.
1.3.1
La estética de las resonancias
En el ensayo "Julián del Casal", publicado en Analecta del reloj, Lezama señala el
carácter del "razonamiento reminiscente", una propuesta de práctica crítica mostrada por el
cubano que se centraría en la labor de la "memoria" y en los "ecos" que un autor tiene al
respecto de la obra de otro. Una característica de la labor del poeta-crítico que, como señala
Enrico Mario Santí, no "es ningún descubrimiento espectacular para nosotros pero, en su
momento, es una declaración lo suficientemente revolucionaria para que sea ignorada por
completo" y que "supone precisar la función del enlace intertextual" (SANTÍ, 1975, p. 539).
En palabras del poeta:
Ese razonamiento reminiscente, puede evitarnos que la crítica se acoja a un
desteñido complejo inferior, que se derivaría de meras derivaciones,
influencias o prioridades, convirtiendo miserablemente a los epígonos
americanos, en meros testimonios de ajenos nacimientos. Ese procedimiento
puede habitar un detalle, convirtiéndolo por la fuerza de su mismo
aislamiento, en una esencia vigorosa y extraña; no detenerse en los groseros
razonamientos engendrados por un texto ligado a un texto anterior, sino
aproximándose al instrumento verbal en su forma más contrapuntística,
encontrar la huella de su diferenciación, dándole más importancia que a la
influencia enviada por el texto anterior al punto de apoyo, rápido y
momentáneo, en el que se descargaba plenamente. Así por ese olvido de
estampas esenciales, hemos caído en lo cuantitativo de las influencias,
superficial delicia de nuestros críticos, que prescinden del misterio del eco
(LEZAMA, 1977, p. 70).
27
Según Roberto Méndez, el lienzo "La siesta" de Guillermo Collazo (1850-1896) es una de las imágenes
paradigmáticas de la Isla. En él aparece una mujer recostada en un sillón con el jardín y el paisaje insular de
fondo (Collazo, el pintor de la siesta. Disponible en:
http://www.habanaradio.cu/singlefile/?secc=13subsecc=117id_art=20091106170202. Consultada en: 9
nov. 2012). En cuanto a "Los negritos", de la pintora y poetisa Juana Borrero (1877-1896), se trata de un cuadro
expuesto en el Museo de Bellas Artes de Cuba, cuyo título original es "Pilluelos". Fue pintado en 1896 en Cayo
Hueso y es el último lienzo de la pintora.
28
La sustitución es una de las características que Sarduy percibe dentro del artificio barroco, aunque la restrinja
más que todo a objetos y no a referencias culturales. Es lo que sucede, por ejemplo, en el ensayo "El barroco y
el neobarroco" de América Latina en su literatura cuando, al enunciar este aspecto, menciona el cambio en
Paradiso del miembro viril por "el aguijón del leptosomático macrogenitoma". Otro aspecto que también
aparece en este mismo texto es la densidad de la intertextualidad, una dimensión relacionada con la estética
de la resonancia (SARDUY, 1972, p. 169-170).
47

Lezama aboga por una forma de lectura crítica de la tradición que se detenga en una
intertextualidad vista desde el "eco", desde la frase "entreoída" (PELLÓN, 2005, p.70) y no
tanto en la determinación de fuentes concretas en una obra determinada. Este trabajo, propio
de la forma tradicional de la crítica, lleva a un inventario que reforzaría una idea de copia.
Frente a ella, Lezama opone una concepción del poeta-crítico, donde esta crisis de lectura o de
práctica tradicional de la misma se resuelve mediante un ejercicio de "reminiscencia
creadora", en la que el diálogo con la tradición se da en la memoria del lector-autor. Más que
ver relaciones causales, el poeta-crítico lee un texto desde una relación de intertextualidad que
no se asemeja de ningún modo a una relación causa-efecto sino a una complicada red de
vínculos. A partir de estas ideas, comprendemos a Gustavo Pellón cuando, al leer a Lezama,
insiste en la inversión de la relación "causa-efecto" como la "respuesta iconoclasta preferida
de Lezama" (p. 71) y la predilección del poeta cubano por otros métodos más vinculados a las
"resonancias" o, mejor aún, a las "iluminaciones". Así lo argumenta cuando recurre a un texto
del poeta publicado en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas.
Las influencias no son de causas que engendran efectos, sino de efectos que
iluminan causas. Proust hace que se lean las memorias de Saint-Simon o que
se vuelva al sentido del relato de Las mil y una noches, como una
consecuencia de una acto excepcional, pero desgraciadamente los
profesores, que son los gendarmes obligados de estos temas, gustan más de
las cadenas causales que de las iluminaciones. La impregnación, la
conjugación, la genminaridad son formas de creación más sutiles que los
desarrollos causales
29
(PELLÓN, 2005, p. 71).
La "impregnación, "la conjugación", "la genminaridad" son formas relacionadas con las
"iluminaciones", con las "resonancias" que el poeta cubano propone como formas de
comprensión y lectura de los textos literarios, pero también hacen parte de su propia práctica y
concepción del lazo con la tradición literaria. De ahí que pueda pensarse con Gustavo Pellón
en otra práctica: la de la yuxtaposición.
Como lector, escritor y ensayista, Lezama emplea la misma técnica básica: la
yuxtaposición (quizá lo que él llamaría "conjugación", activando el sentido
etimológico de la palabra: juntados por el yugo). Con la yuxtaposición de
elementos inesperados (la imaginería en su poesía, las obras literarias en sus
ensayos y novelas) Lezama espera provocar la chispa de la revelación. [...]
29
Habría una clara convergencia entre esta idea de Lezama y el ensayo "Kafka y sus precursores" (1952) de
Borges, un texto influenciado por Tradición y talento individual de T. S. Eliot (1920). En este escrito, el autor
argentino propone que cada autor al escribir crea sus propios antecesores dentro de la tradición literaria.
Como en la propuesta de Lezama, no se trata de una relación directa de causa-efecto, sino un vínculo
absolutamente variable y dinámico como lo muestra el hecho de que entre esos precursores kafkianos esté
Zenón, Han Yu, Kierkegaard, Browning, Leon Bloy y Lord Dunsany.
48

Lezama, anticipándose a la resistencia, defiende su método del cargo de ser
caprichoso en su ensayo "A partir de la poesía" (PELLÓN, 2005, p. 73).
Las frecuentes asociaciones, los aparentes saltos donde Lezama invoca un dato, a una
figura que no parece directamente involucrada con la argumentación, señalan su reticencia
hacia una forma exhaustiva en la investigación, hacia una argumentación que busca
aproximarse a una verdad, a la postulación de una teoría. Su práctica escrituraria ejemplifica
esa "razón reminiscente" en la que el recuerdo es el centro estructurador, el lugar del diálogo
entre las infinitas lecturas y sus relaciones intertextuales. De ahí que sean su memoria y su
vasta erudición las que se plasmen continuamente en sus ensayos mediante citas, personajes y
situaciones que muchas veces se alejan del tema planteado originalmente y llegan a rozar
temáticas dispares
30
.
Otra situación mencionada anteriormente y que acompaña su escritura es la expresión
metafórica. Así, por ejemplo, en "Paralelos...", al referirse a la obra de Joaquín José García,
afirma: "En sus páginas, más hundidas que sencillas, agrandadas por la imago actuante con
bigotes de lince, se atreve con el corralón para comicuchos, entreabriendo una barraca cerca
del castillo de la Fuerza" (LEZAMA, 1994, p. 72). Una primera caracterización que no está
expresada en un lenguaje sencillo, pero sí con la fuerza asociativa de la metáfora. No
obstante, otras asociaciones o resonancias aparecen a lo largo del texto y en repetidas
ocasiones. Es el caso de Rutilio Graco "propietario de la pobreza, del gusto, de los delirios
poéticos y del cientificismo. Sus biógrafos afirman que lo que escribía tenía la locura que
excita la risa y el genio que doblega la admiración" (p. 75); un romano que en apariencia no
tiene relación alguna con la imagen que dibuja para su lector sobre la obra de García.
30
Esta práctica escrituraria sería propia del ensayo literario. Al respecto nos gustaría mencionar un texto de
Eduardo Grüner sobre este género como lectura de un "acto fallido", del error al que todo escritor está atado.
En palabras de este crítico argentino, la diferencia entre la ciencia literaria y el ensayo radica en "que no se
propone, al menos a priori, restituir ningún origen ­ni el Autor, ni el Código, ni el Sentido­ ni tampoco anticipar
ningún Destino, sino constituirse como testimonio de ese acontecimiento por medio de la escritura" (GRÜNER,
E. "El ensayo, un género culpable". Revista Sitio, Buenos Aires, No. 4/5, p. 53, 1985). No habría así una
obligación metódica ni una voluntad de explicación sobre el autor, la forma o el contenido de una obra, sino un
desvelamiento acerca de la particularidad (caracterizada como "error") de un texto. Desde esta perspectiva, la
escritura ensayística sería libre en la forma como lee esa falla originaria, es decir, no está sujeta a un orden
estricto en la exposición y en la argumentación. Recordemos también a Giordano cuando subraya que el
ensayista literario favorece la forma sobre el contenido.
49

1.4
"PARALELOS...": UNA RELACIÓN DE INTERPRETACIÓN ENTRE LA
LITERATURA Y LA PINTURA
Una característica fundamental del ensayo "Paralelos..." es la relación entre los sistemas
plástico y literario, y la forma como uno interpreta al otro y viceversa. Una particularidad que
es percibida desde su inicio con la ecfrasis ya señalada, pero que continúa y se repite varias
veces. Es lo que sucede cuando al terminar la introducción (donde han sido incluidas las eras
imaginarias y se advierte la situación de carencia), Lezama introduce una imagen plástica
estática que es reinterpretada y transformada, por la intervención de lo literario, en una
imagen dinámica:
Como los donceles que exornan las tapicerías de Zamora, sale de noche
Hernando de la Parra, de la servidumbre del gobernador Juan Maldonado.
Sale a sus correrías por barracas de cómicos, por extravagancias de bailetes
nocherniegos, donde el crótalo y el calabazo arañado sincopan la sangre.
Pero ese Hernandillo es tan sólo un títere aleteante, con pausas ahogadas,
movido por un vejete burlón que sopla el polvo y estornuda por la galería de
la Sociedad Económica de Amigos del País (LEZAMA, 1994, p. 71-72).
A la luz de "Mitos y cansancio clásico", esta imagen pictórica y su posterior
metamorfosis en una imagen con movimiento se produce por la intervención de un sujeto
metafórico:
Lo que ha impulsado esas entidades, ya naturales o imaginarias, es la
intervención del sujeto metafórico, que por su fuerza revulsiva, puso todo el
lienzo en marcha, pues, en realidad, el sujeto metafórico actúa para producir
la metamorfosis hacia la nueva visión [...]. Pudiéramos tal vez decir que ese
sujeto metafórico actúa como el factor temporal, que impide que las
entidades naturales o culturales imaginarias se queden gelée en su estéril
llanura (LEZAMA, 2001, p. 53-54).
Así, no se trata simplemente de ver los tapices de Zamora [figura 1] de forma aislada con
respecto a la historia de Hernando de la Parra (contenida en la obra de Joaquín José García,
Protocolo de antigüedades) sino en percibir cómo la narración sobre el conquistador presente
en Cuba aspira en la escritura lezamiana a asemejarse o a ser interpretada como una era
imaginaria a través de la comparación con los tapices. Esta posible hipótesis surge en la
medida en que son comparadas una era imaginaria existente en los tapices de Zamora con una
50

reconstrucción histórica que apela más a la imaginación que al documento histórico
31
. Vale la
pena recordar que una era imaginaria no es necesariamente una cultura y, que, por lo tanto, la
tesis de Méndez sobre "Paralelos..." como la ambición lezamiana de crear una era imaginaria,
recibe con este argumento un mayor soporte.
No basta que la imagen actúe sobre lo temporal histórico, para que se
engendre una era imaginaria, es decir, para que el reino poético se instaure.
Ni es tan sólo que la causalidad metafórica llegue a hacerse viviente, por
personas donde la fabulación unió lo real con lo invisible como los reyes
pastores o sagrados, el Monarca como encarnación viviente del Uno (que en
la cultura china arcaica es el agua, el norte y el color negro), o un Julio
César, un Eduardo el Confesor, un San Luis, o un Alfonso X el Sabio, sino
que esas eras imaginarias tienen que surgir en grandes fondos temporales, ya
milenios, ya situaciones excepcionales, que se hacen arquetípicas, que se
congelan, donde la imagen las puede apresar al repetirse. En los milenios,
dirigidos por una cultura, donde la imagen actúa sobre determinadas
circunstancias excepcionales, al convertirse el hecho en una viviente
causalidad metafórica, es donde se sitúan esas eras imaginarias (LEZAMA,
1982, p. 44).
En el caso de una cultura que cristaliza como era imaginaria puede hablarse
temporalmente de milenios, pero cuando no se trata de espacios temporales tan grandes, una
situación "excepcional" o "arquetípica" es suficiente. Las situaciones "arquetípicas" o los
personajes "excepcionales" serían los que posibilitan una era imaginaria cubana. La figura de
Martí ejemplifica esta última aseveración. Después de describir eras como la filogeneratriz
(idumeos, escitas, chichimecas), la egipcia (en su elemento tanático), la órfica y la etrusca, la
de los "reyes como metáfora" y la china, toma al "Apóstol" como el modelo de la "posibilidad
infinita". Una figura "modelo" o "arquetípica" de la pobreza sobreabundante, del hombre de
armas y letras que ilustra al verdadero ser cubano (LEZAMA, 1982, p. 33-53).
El siguiente y último momento donde se apela a la figura de Hernando de la Parra
antecede a la aparición de un personaje romano, del cual no se sabe si fue una invención del
poeta cubano o existió en la realidad con otro nombre. Se trata de Rutilio Graco, un personaje
extravagante que "siendo flacucho y débil, tuvo la peregrina ocurrencia de disfrazarse de
Hércules" (p. 75); y luego de ser liberado de un encierro en la cárcel, crea un triple sombrero.
La aparición de este personaje dentro de la órbita de Hernando de la Parra reafirmaría la
31
La "Crónica apócrifa de Hernando de la Parra", mencionada por García en su Protocolo, ejemplificaría el
comienzo de una era imaginaria cubana al ser comparada con los tapices de Zamora, imágenes de los siglos XV
y XVI sobre Alejandro, Aníbal y la Guerra de Troya. Para muchos, también esta crónica explica el origen del son
cubano, un género musical que comenzaría con la canción de Ma Teodora de las hermanas Ginés. Lezama en
"Paralelos..." se refiere a esta canción.
51

estética de las resonancias, la importancia de la idea de era imaginaria y el peso de una
imaginación abarcadora e inclusiva.
1.4.1
"Paralelos...": poetas, pintores, encuentros y desencuentros
La primera obra a la que Lezama se refiere en "Paralelos..." es al Protocolo de
antigüedades (1845). Su autor, Joaquín José García, es imaginado por el poeta como un
"viejecito" que "tiene que ser querido y reverenciado, pues si no lo hacemos parece que nos
daría un pellizco en las mejillas" (p. 72). Este primer autor, vinculado con las Crónicas de
Indias, surge como alguien que "no se atreve a invencionar un juego poético" (p. 72), pero que
"se atreve con el color" ayudado por los cronistas. Este atrevimiento se relacionaría con la
descripción misma, un elemento que en García sería errático pues compara cosas que no se
pueden comparar. Así, desde la perspectiva del ensayista:
Es casi lo mismo, pero la comparación demostrativa enseña la diferencia,
pero para nuestro ingenuo burlón es lo mismo cosas que ni siquiera se
pueden comparar por semejanza para encontrar la desemejanza. El cronista
capta una nueva naturaleza, pero se confunde en la semejanza de las formas,
igual tamaño pero distinto peso, como si con nuevos ojos fabulosos pudiera
pesar la fruta contorneada en el nuevo cristal de la brisa que comienza
(LEZAMA, 1994, p. 73).
La crítica de Lezama apunta a las falencias en la descripción de la realidad cubana por
parte de García. Mientras que un cronista de Indias logra captar la esencia del color del paisaje
y de las frutas por comparación con los de Europa, García compara elementos que no se
pueden comparar. Perdemos así la cualidad plástica de la descripción, el color, para el caso
cubano, pero también se gana un espacio que contribuye a la configuración de una era
imaginaria: Ma Teodora y las hermanas Ginés. Una construcción analógica que recuerda a la
del mismo poeta, quien compara la serpiente del Ouroboros con la concurrida fiesta de San
Juan:
Es un día de San Juan, que el calendario ecuménico señala para que la sangre
salte sus dos círculos. Sorpresiva una paradoja muy nuestra: hay alboroto,
pero al final los verbeneros quieren que la comedieta vuelva a empezar. En
esa suma de gritones, como dentro de la serpiente con la cabeza en la cola,
como en el Ouroboros de los egipcios, se señalan con más precisión los
cuatro músicos que están rajando la leña de Ma Teodora. La gritería fiestera
le ha dado entrada al ritmo. Y aquí el viejito dice verdad, pues lo popular
santiaguero lo apuntala y recuerda las dos hermanas negras dominicanas,
colocando sus grillos rociados en el traste (LEZAMA, 1994, p. 72).
52

La referencia a las hermanas Ginés se relaciona, como se ha mencionado, con el origen
del son cubano. Oriundas de Santo Domingo, estas hermanas dominicanas habrían compuesto
en 1562 la canción de "Ma Teodora", una pieza que se convertirá en la primera muestra del
son. Aunque según algunos autores su existencia es dudosa, otros estudian la posibilidad de
que el son no sea cubano sino de origen dominicano. Más allá de la polémica musical sobre la
verdadera nacionalidad del popular ritmo, lo que interesa ver aquí es el énfasis lezamiano en la
noción de lo cubano y sobre todo en la conformación de una "situación excepcional". En este
sentido, y a pesar de que la obra de García no sea vista totalmente de forma positiva por
Lezama, este episodio recibe una confirmación en la que no solamente aparece que el
"ingenuo burlón" dice una verdad sino que ésta tiene el carácter de una era imaginaria. No es
casual, en el fragmento destacado por nosotros, la aparición del Ouroboros, ni mucho menos la
comparación: un "como" que vincula la escena de la fiesta y de los músicos tocando "Ma
Teodora" con la serpiente propia de la era imaginaria egipcia. Con las hermanas aparece así
un primer indicio que busca convertir a los protagonistas de la historia poética y artística
cubana de los siglos XVIII y XIX en una era imaginaria.
La descripción del espacio de la isla continúa en términos de color. A propósito de la
obra de Joaquín José García, Lezama retoma la incapacidad de este autor para mostrar los
verdaderos colores del paisaje cubano.
Habla de un rosado bajo, olvidando que nuestro mejor rosado sale del
caracol y de las agallas, viene de la nutrición soterrada y de los reflejos
marinos. Nuestro amarillo no es el hepático e hispánico, sino da en el escudo
de la refracción y del chisporroteo, y a veces nos recuerda los versos de
Goethe [...]. Nuestro blanco no es una túnica penitencial de Zurbarán [figura
2], sino es el halo contrastado por el color amarillo, es también el cono de
luz en el centro de la ley del torbellino y del dios que huye [...]. El verde
matizado de las hojas se estabiliza en una casaca de Escobar [figura 3] o en
la fronda que rodea una hamaca de Collazo, pero se pierde inutilizado en el
paisaje de cañaverales (LEZAMA, 1994, p. 76-77).
Para Lezama la incompetencia de García para definir el paisaje cubano se relaciona con su
falta de imaginación, con que no se atreva a "invencionar un juego poético" (p. 72). Si para el
ensayista situaciones o personajes pueden convertirse en una metáfora, en una nueva
asociación, García no es capaz de crear metáforas e imágenes que den cuenta del paisaje de la
isla. La imaginación como imperativo que Baudelaire reclama para la pintura paisajística,
Lezama la solicita para la escritura y la descripción de la realidad cubana. El paisaje debe
interpretarse mediante la descripción, mediante el uso de la imaginación y de las metáforas
adecuadas. Por ello, al hablar del amarillo apela a las imágenes del chisporroteo y la refracción
53

o al poema de Goethe. En suma, así como Baudelaire critica la pintura de paisaje francesa de
pintores como Millet o Théodore Rousseau, porque es una copia de la realidad, una fotografía
del paisaje que no tiene un ápice de imaginación, Lezama aplica el mismo criterio pero a la
escritura que da cuenta del color, del cuadro imaginario de lo que es el paisaje cubano. La
relación de interpretación entre ambas artes aparece aquí de modo especular.
Luego de pensar en el paisaje, en su pintura desde la descripción y el empleo de la
metáfora, el poeta pasa a otra asociación: la del periodista y poeta Manuel de Socorro
Rodríguez (1758-1819) con la artesanía de la época.
Trabaja el artesano una jarra de barro, sopla para pronunciarle el tronco,
sumerge en el azar sus dedos para afinarle un cuello de florentina, curva
como una congelada cascada la boca silenciosa, pero espera la gravia a que
los dones caigan sobre la vigilia y que un día señalado desde lo invisible la
boca de la jarra comience a cantar. En ese júbilo Manuel del Socorro
Rodríguez escribe sus octavas de Las delicias de España (LEZAMA, 1994,
p. 79).
La asociación entre ambas artes es señalada por Lezama también desde las palabras de
Rodríguez con respecto a su poema en octavas, Las delicias de España. "Toda la idea del
poema, nos dice [Rodríguez], es dar al buril español asunto para una lámina" (p. 79). El buril,
instrumento que usan los grabadores, se convierte en la herramienta que grabará una imagen a
semejanza de la palabra poética creadora de imagen (o de imágenes). La conciencia del poeta,
que desarrolló una intensa actividad periodística en Colombia, es crear una obra-poema que
ojalá se convierta en el motivo de una pintura. Su búsqueda no representa una novedad para la
época, dada la relación entre la pintura y la poesía, y la existencia misma de poemas
ecfrásticos
32
. No obstante, la opinión del ensayista sobre la calidad de Rodríguez deja entrever
dudas, pues es un poeta que no ha alcanzado una forma acabada: "la jarra del artesano canta,
pero su imposta es todavía demasiado insegura" (p. 79).
Otro de los personajes que desfila por la historia planteada en "Paralelos..." es José Surí y
Águila (1696), médico empírico y poeta. "José Surí, en su cazuela de sanguijuelista, que
desprecia al protomedicato y prefiere sus oraciones para sacarle los demonios a los cuerpos,
32
La poesía ecfrástica no solamente obedece al precepto horaciano de "ut pictura poiesis" ("como la pintura, la
poesía"), sino que, como señala David Huerta, comienza mucho antes de Horacio y su práctica se extiende
hasta la actualidad. De este modo, este tipo de poesía, con su habilidad para representar mediante el lenguaje
verbal una expresión visual (un cuadro), aparece primero en los versos homéricos dedicados al escudo de
Aquiles y continúa con innumerables ejemplos, entre los que Huerta destaca el poema "Este que ves, engaño
colorido" de Sor Juana, "A las ruinas de Itálica" de Rodrigo Caro, la égloga III de Garcilaso, "Al triunfo de Judith"
de Lope de Vega y, más recientemente, Nadja (la novela surrealista de Bréton), Estampas, Museo, Apolo
(teatro pictórico), del poeta Manuel Machado y los poemas de Rafael Alberti. ("La poesía de las imágenes".
Revista de la Universidad de México, México D.F., No. 46, p. 103-105, dic.2007).
54

hierve piedras preciosas extraídas del estuche del lapidario de San Isidoro" (p. 80). El galeno
aparece descrito como un alquimista, ya que "su deleite" "son las piedras preciosas para
derivar de ellas el calor que la humana combustión necesita" (p. 80). Pero no cualquier piedra
se destaca entre toda la enumeración de las gemas de Surí. El jaspe es la piedra que sobresale
porque es el color "acariciado por las nudosas manos de Góngora". El color se vuelve aquí el
motivo principal que, más allá de lo esotérico, enlaza tanto la efusión colorida de un Surí
alquimista, la imagen poética de Góngora con una piedra de color verde asociada a culturas
antiguas y la pintura de una mano descomunal con una gran cantidad de anillos de muchos
destellos (p. 81).
Otros autores que el poeta menciona son Manuel de Zequeira y Arango y Manuel Justo de
Rubalcava. Del primero, poeta, periodista y militar, Lezama señala la primacía del verde y la
ausencia de colores intermedios en su poesía; del segundo, poeta y pintor, observará la
conjugación de colores (el verde y el morado) que lo aproximan a una idea de voluptuosidad
33
.
Pese a que el autor no se demora mucho en el análisis de estos dos poetas, sobresale la idea de
que Rubalcava "iguala de forma sorpresiva al artesano con la naturaleza" (p. 84). De alguna
forma, Lezama percibe en Rubalcava a alguien que intenta hacer de un producto cultural ­el
poema­ un elemento natural, despojado de artificio.
Otro de los personajes esenciales en la historia cubana es José María Heredia. En las
páginas dedicadas a este poeta, el creador de Paradiso menciona la forma como refleja el
paisaje, sus poemas amorosos y la fatalidad que marcó su destino. Ha sido un "niño mimado",
como lo señala Martí, de acuerdo a Lezama, que vislumbra el paisaje en términos occidentales
y que, tras la muerte de su padre, "toca el espíritu de las ruinas" (p. 90). Sin embargo, es este
mismo poeta quien permite la comparación con la pintura, al ser también el poeta mayor del
romanticismo.
En esos grandes momentos, el romanticismo poético americano, que Heredia
representa por entero, nuestra pintura no gana el paisaje todavía, está
enredada en mitologías desconchadas, en símbolos de cementerio, en torpes
destrezas académicas, sólo logra atraernos a la pintura de una familia
33
Es llamativa la aparición recurrente de los colores a la hora de evaluar la poesía cubana de estos dos siglos. Al
respecto podemos pensar en dos situaciones. La primera es la mencionada relación con el modernismo, en la
medida en que este movimiento se preocupa, de la mano de Darío, por los aspectos visuales y de color en el
poema (una característica plástica que también destaca Leonel Capote en la introducción a la compilación de
La visualidad infinita); la segunda, se manifiesta en poemas de Lezama como "Me hace propenso" de su libro
Fragmentos a su imán. En este poema, el cubano destaca los colores blanco y verde, junto con la idea de que
cualquier objeto puede evocar otro por el color: "La túnica del dominico de verba derramada / se pinta con el
barniz innato / del blanco del espárrago. / En la mañana tropezando con la blancura del pan, / se mira una
túnica / y se pinta un espárrago". (Poesía completa, 1994b, p. 413-414)
55

cubana, que parece constituida en la plenitud del siglo XVIII, el grupo
familiar Manrique de Lara pintado por Vermay [figura 6] (LEZAMA, 1994,
p. 92).
La pintura de Jean Baptiste Vermay (1786-1833) es una muestra de pintura académica
que no evidencia elementos propios de la cubanidad. Como fundador de la Academia de San
Alejandro en La Habana, el retrato de la familia Manrique de Lara continúa la técnica
neoclásica [figura 6]. Luego será Escobar (su nombre completo es Vicente Escobar y Flórez)
quien rechazará la inclusión del paisaje cubano, ya que "viaja por academias, suspira ante la
clásica campiña toscana, pero jamás cala una piña ni ve trepar una palmera" (p. 92). Lezama
en sus juicios sobre la pintura (Escobar vivió entre 1757 y 1834) de ambos siglos evidencia
una mayor preocupación en cómo es percibido y plasmado el paisaje que en la naturaleza
social. Así, no se preocupa en enunciar en su ensayo otros temas de la pintura como el retrato.
Por ejemplo, un pintor como Escobar [figura 3] recibe la atención de la crítica e historiadora
del arte Adelaida de Juan como retratista de los "personajes de alcurnia oficial y económica"
(JUAN, 1980, p. 8) y sus alabanzas por su "mayor gracia y fidelidad realista, [que] dejó una
colección de retratos de los gobernadores y de las principales familias de la isla" (p. 8). La
característica más notoria que Juan también observa en este pintor es el uso del recurso
renacentista, poco usual en la pintura cubana, de abrir una ventana al lado de la figura para
dejar entrar una breve visión de la bahía de La Habana (p. 8).
Otro elemento que el ensayista sitúa fuera de su historia de la pintura y la poesía se
relaciona con la forma misma de representación de la población cubana, sobre todo del negro.
En este sentido, no menciona que Escobar, mulato de nacimiento, rechaza el retrato de los
rostros más oscuros con la única excepción de un músico de Matanzas pintado por él
(BOLÍVAR), ni nombra al pintor Nicolás de la Escalera como el primer artista que incluye a
un esclavo negro en su pintura sobre el primer conde de la Casa Bayona (JUAN, 1980, p. 23).
Cuando menciona a Escalera lo hace estrictamente en el contexto de la pintura religiosa (las
pinturas en la Iglesia de Santa María del Rosario): "Ese morado, más que en la frutilla
entresacada por Rubalcava, me gusta recorrerlo en los mantos y pliegues que Escalera deja
caer suavemente sobre sus santos pintados" (LEZAMA, 1994, p. 83).
El elemento racial no recibe una atención detenida por parte de Lezama Lima. Arnaldo
Cruz- Malavé en El primitivo implorante señala que el cubano combate la idea de una
expresión producto del negrismo y de la idea de lo sincrético mulato. Basándose en el
"Coloquio con Juan Ramón Jiménez", Cruz-Malavé destaca que la "sensibilidad negra"
56

asumiría los aspectos negativos del "insularismo" cubano": "el desarraigo, el descentramiento,
el exceso, la superficialidad" (CRUZ-MALAVÉ, 1994, p. 37-39); aunque, y en nota de pie de
página, aclare que afirmar con certeza la impugnación lezamiana contra el elemento
"folclorista" del negrismo sería inexacto. En todo caso, con respecto a la pintura, Lezama
parece no detenerse en las expresiones de índole afrocubana de artistas de talla internacional
como Wifredo Lam, cuya obra aparece en las portadas de Orígenes, pero no en las páginas de
crítica de arte del poeta.
Las figuras menos importantes mencionadas por José Lezama Lima sin mucho
detenimiento, incluyen a los poetas menores del romanticismo (Ildefonso Estrada y Zenea,
Federico Milanés, Gonzalo Roldán y Tristán de Jesús Medina), y a los grabadores [figura 7]
extranjeros Garneray y Mialhe. Sobresale en el ensayo el enlace entre los poetas y los pintores,
pues, según Lezama, estos poetas "le preparan un buen recibimiento al paisajismo de la
pintura cubana en la segunda mitad del siglo XIX" (p. 95). Un paisajismo donde aparece el
verdor del paisaje cubano, las palmeras y el bohío gracias a las manos de Esteban Chartrand y
Dubois (1840-1883) [figura 8]. No obstante, el autor caribeño no se detiene mucho en la
calidad del trabajo plástico del pintor de origen francés nacido en Matanzas, ya que para él aún
la pintura es balbuceante con respecto al paisaje:
En esa segunda mitad del siglo XIX mientras la pintura muestra rasguños y
balbuceos paisajistas, la poesía logra su plenitud al acercarse a la naturaleza,
al esquivarla después, y por último en José Martí, donde ya la relación
poesía-naturaleza alcanza su plenitud al ascender la poesía a propia
naturaleza (LEZAMA, 1994, p. 96).
Cuando introduce a José Martí luego se disculpa asumiéndose como Ulises. "Pero antes
de llegar a esa plenitud, tenemos, oh Telémaco, que dar un rodeo donde hay muchas cosas
sabrosas que contar" (p. 96). En ese retorno, el escritor se detiene en Julián del Casal, Luisa
Pérez Zambrana, Juana Borrero y Cecilia Valdés. Sobresale aquí la reiterada presencia de la
pintora Juana Borrero, cuya obra los Negritos [figura 5] aparece comparada con la Gioconda
de Leonardo Da Vinci [figura 9]. Una analogía que nos hace pensar en la peculiaridad de la
lectura lezamiana del cuadro de la artista, una exégesis que busca una integración de la obra a
una tradición estética reconocida, pero con una curiosidad: la extrapolación del trabajo de
Juana Borrero y su conversión en otro. No se trata de una sustitución (no es explícito cuál es la
nueva obra que sustituye a la original) sino de una conversión de ese original. En el fondo a
esta operación subyace una conciencia inventiva, un proceso ficcionalizante que rompe con el
57

pacto entre ícono-cosa, entre el objeto "Los negritos" y su representación pictórica. Al final, el
cuadro puede ser leído como y bajo la figura de cualquier otro:
Las vivencias profundas que produce la contemplación de los Negritos, son
semejantes a las que produce La Gioconda. No creáis que deliro. Lo que en
un sitio cualquiera puede intentarse con el enigma de una dama renacentista
aislada en un coro de rocas, puede intentarse también en otro con
enigmáticos negritos sonrientes [...]. Yo no hablo de la falsa categoría de lo
cualitativo alcanzado en un arte, sino de las vivencias profundas que produce
en el espectador el reto de las instantáneas aglomeraciones de lo que es
verdaderamente configurador en el hombre (LEZAMA, 1994, p. 99-100).
Esta equiparación es fundamental en el ensayo como antesala a la gran sustitución que
Roberto Méndez percibe como el "culmen" de "Paralelos...", pero no es la única. En la lectura
del crítico la afirmación arriesgada de Lezama sobre la obra los Negritos, como "la única
pintura genial del siglo XIX nuestro" (LEZAMA, 1994, p. 79) "apunta hacia una cadena de
significados que se ilumina" por un "súbito":
La relación de Casal y Juana Borrero en la casa de Puentes Grandes, vista
como arquetipo de la época perdida del modernismo en Cuba, la genialidad
de la joven que no llega a rendir sus mejores frutos por su temprana muerte,
su experiencia final del exilio donde pinta ese último cuadro, y la lejanía de
Cuba, donde mueren en la manigua, su novio, Carlos Pío Uhrbach y el
mayor de nuestros modernistas: José Martí (MÉNDEZ).
La relación de Borrero con Martí se hace evidente en la interpretación de Méndez y
posibilita la estética de la sustitución nombrada anteriormente. Una "sustitución" que aparece
claramente en las últimas palabras del ensayo.
De pronto se oyen las reyertas de los reyes en la tienda maldita de
Agamenón. Hay una página arrancada. Me detengo absorto ante ese vacío.
Pero mi perplejo se puebla, allí están, uno tras otro, los tres negritos de Juana
Borrero. La página arrancada ha servido de fondo a la sonrisa acumulativa e
indescifrable del cubano (LEZAMA, 1994, p. 106).
1.4.2
El paisaje, Martí
El paisaje es uno de los temas de "Paralelos..." que aparece, tal vez, con una importancia
menor relacionada, sobre todo, con los pintores románticos y grabadores como Mialhe y
Garneray. Aunque se trata de una manifestación "balbuceante" en el caso cubano, la pintura
de paisaje se convierte en el centro de la expresión visual moderna en la Isla. La intuición de
críticos como Ruskin a este respecto es certera:
58

Desprovido também de beleza, o homem moderno passa a "roubar" a beleza
da natureza, e a pintura de paisagem se torna, assim, a repositória dessa
"beleza roubada". Ruskin, consciente dos principios evanescentes da época
moderna e de sua acrescente rejeição à figura no território da arte, prevê,
bem antes do surgimento dos Impressionistas na França, que os maiores
pintores irão se dedicar à paisagem, e que irão superar em importancia os
poetas (KERN, 2010, p. 19).
El impresionismo, con su mirada renovadora sobre la naturaleza, se convertirá en el
primer paso hacia una verdadera modernidad en la pintura. Pero como en Cuba no existía una
corriente tan innovadora sino un paisajismo que, en términos lezamianos, es "menor, gracioso
y reiterado", y cuyo mejor exponente es Chartrand [figura 8] (LEZAMA, 1994, p. 95), habría
que realizar otra nueva sustitución donde la poesía cumple el destino que cabría a la pintura.
Frente a un paisajismo de tipo realista que busca una mayor verosimilitud con respecto al
objeto representado, la poesía se convierte en naturaleza misma:
En esa segunda mitad del siglo XIX, mientras la pintura muestra rasguños y
balbuceos paisajistas, la poesía logra su plenitud al acercarse a la naturaleza,
al esquivarla después, y por último en José Martí, donde ya la relación
poesía-naturaleza alcanza su plenitud al ascender la poesía a propia
naturaleza (LEZAMA, 1994, p. 96).
La organicidad propia de la naturaleza parece existir en la poesía de Martí, pero también
ese otro aspecto que Lezama le asigna, según la interpretación de Gustavo Pellón. Ese
segundo aspecto hace de lo natural una entidad susceptible de ser creada por el hombre
mediante la imagen poética (PELLÓN, 2005, p. 64-66) y no una ajena y antagónica con
respecto a éste. De este modo, la poesía de Martí es una expresión poética "orgánica" que
convierte a la naturaleza en un elemento cultural mediante la imagen. Quizás de este modo
pueda entenderse la metáfora del hombre natural empleada por Martí en Nuestra América,
donde escribe:
Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre
natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El
mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la
civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El
hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras
ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él,
que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la
fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés
(MARTÍ, 1985, p. 34).
El hombre natural se convierte así en un hombre autóctono, que no sigue las enseñanzas
"artificiales" e inaplicables del extranjero a una América que posee unas circunstancias
59

especiales y específicas. Igualmente, equivale a un buen salvaje, gracias a su sumisión y a una
bondad inherente que lo colocan en un grado inferior respecto a una inteligencia superior
gobernante. No obstante, es el hombre propio, espontáneo, que fiel a sus raíces es capaz de
hacerse valer y derrocar al tirano cuando es desdeñado. Un individuo que recuerda la metáfora
martiana del árbol señalada por Arnaldo Cruz-Malavé en El primitivo implorante. Según esta
figura, la raíz-tronco representa el ser natural americano y su copa, la cultura. El eje de la
autoctonía en Martí es más importante que la copa cultural, pues ésta depende de la primera.
Así, Martí, según Cruz-Malavé, realiza una propuesta antagónica a Lezama, para quien la
"raíz-tronco de la autoctonía [está] en función de la copa cultural"
(
CRUZ-MALAVÉ,
1994, p.
44)
.
La mirada de Martí hacia la naturaleza y su propuesta de un hombre natural como
metáfora cultural americana es equiparable a la concepción moderna de paisaje operada por
los impresionistas. La observación de Martí no es inocente como la pintura de los paisajistas
que Lezama critica.
Como se sabe, "el Apóstol" es una figura histórica de dimensiones universales que
conjugó el ejercicio literario, como narrador y poeta, con el periodismo e, inclusive, las armas.
Sus ideas, sus obras y su muerte en el campo de batalla lo convierten en un héroe nacional en
la isla y en un personaje que ciertamente tiene un gran peso en el pensamiento de Lezama. Su
presencia en "Paralelos..." representa el elemento que,
junto con los otros personajes y
situaciones, cohesiona la noción de una era imaginaria cubana y posibilita el contrapunto con
la dimensión pictórica. En este diálogo, la pintura decimonónica de paisaje resulta inferior a la
expresión poética, pero no es la única posibilidad de lectura. Esta misma expresión plástica
permite un contexto más amplio que remite a la modernidad pictórica y al impresionismo y, en
este sentido, es el origen de varias reflexiones acerca de la pintura cubana. Inclusive en la
parte dedicada al autor del Protocolo de antigüedades, José Joaquín García, se refiere a los
colores "cubanos", de acuerdo a un trasfondo paisajístico (LEZAMA, 1994, p. 77). Otras
reflexiones, no necesariamente de José Lezama Lima, indican lazos entre el impresionismo, la
idea de un ojo inocente y las prácticas primitivistas en la pintura. Son vínculos propios de la
modernidad que sitúan al poeta y ensayista frente a este problemático periodo temporal. Lo
curioso es que a pesar de su meditación acerca del primitivismo, por ejemplo, surjan otras
vetas interpretativas sobre sus obras que lo acercan más a la posmodernidad y no tanto a la
modernidad. Una situación que recuerda la reticencia del autor hacia la unilateralidad de las
definiciones.
60

1.5
ECFRASIS (EKPHRASIS) Y UT PICTURA POESIS
Antes de continuar con el análisis de las relaciones entre la pintura y la poesía,
explicaremos los dos conceptos que enlazan estas manifestaciones artísticas. Ambos han
sufrido reinterpretaciones y modificaciones a lo largo del tiempo, que nos permiten, por
ejemplo, ubicar a José Lezama Lima en la estela de poetas-críticos como Baudelaire. Aunque
no tratemos minuciosamente cada una de estas "nuevas lecturas", nos detendremos lo
suficiente como para percibir los cambios más significativos y la forma como estos posibilitan
otra mirada acerca del vínculo entre las artes hermanas.
La ekphrasis o ecfrasis es un procedimiento retórico-discursivo desarrollado por los
rétores de los siglos III y IV d.C y explicado por Hermógenes en su Ecphrasis.
Progymnasmata, como una descripción extendida, minuciosa y expresiva, que permitía
"presentar el objeto ante los ojos" gracias a la virtud de la energeia (KRIEGER, 1992, p. 7).
La misma palabra "progymnasmata" aludía a "los ejercicios retóricos para ejercitar a los
alumnos en la práctica de la escritura", operación que incluía a la ecfrasis como una de las de
mayor complejidad. De acuerdo a Isabel Lozano-Renieblas, esta capacidad de crear una
imagen visual posibilitaba para los antiguos la distinción entre la ecfrasis y la diégesis o
narración, mientras que la energeia o enárgeia era considerada como "la posibilidad de
generar la potencia visual", que no es tanto un rasgo del lenguaje como del enunciador, quien
tendrá que hacer vívido al auditorio lo que describe. Esta crítica agrega, además, que la
enárgeia posee una estrecha relación con la fantasía, ya que ésta era entendida como la
"capacidad para reproducir imágenes, como representación mental susceptible de expresarse
mediante el discurso verbal y como objeto representado" (LOZANO-RENIEBLAS, 2005, p.
31-32). De este modo, la fantasía de convierte en un recurso indispensable para crear la
intensidad visual de la enárgeia.
Con el paso del tiempo la ecfrasis perdió su función como creación de imagen visual de
cualquier objeto mediante el discurso verbal y se articuló únicamente como la descripción
vívida en torno a un objeto plástico. Desde esta dimensión se han desarrollado y se continúan
estudiando las relaciones entre los lenguajes verbal y visual. Ya a comienzos de los años
sesenta críticos como Jean Hagstrum o Leo Spitzer retoman el concepto en sus textos The
Sister arts: the tradition of Literary pictorialism and English Poetry from Dryden to Gray
61

(1958) y The ode on a Grecian Urn, or content vs metagrammar (1962), respectivamente.
Ahora bien, en la actualidad son numerosos los estudiosos que se dedican a explorar estas
relaciones interartísticas. Así, encontramos en la producción crítica de los años noventa a
W.J.T Mitchell (Ekphrasis and the Other, 1994), James Heffernan (Museum of Words. The
poetics of Ekphrasis from Homer to Ashbery, 1993), Claus Clüver ("Ekphrasis reconsidered.
On verbal representations of Non-verbal texts", 1997), Peter Wagner (Icons, Texts, Iconotexts:
Essays on Ekphrasis and Intermediality, 1996), Murray Krieger (Ekphrasis. The Illusion of the
Natural Sign, 1992), Michael Riffaterre ("L´illusion d´ekphrasis", 1994) y Valerie Robillard
(Pictures into words: Theoretical and Descriptive Approaches to Ekphrasis, 1998), entre
otros. En el ámbito de la lengua española hallamos a Luz Aurora Pimentel (El espacio en la
ficción. Ficciones espaciales, 2001), Danilo Albero (La ecfrasis como mímesis, 2007),
Antonio Monegal (En los límites de la diferencia. Poesía e imagen en las vanguardias
hispánicas, 1998) y Victoria Pineda (La invención de la ecfrasis, 2000). Para nuestro análisis
nos enfocaremos principalmente en la noción de ecfrasis presentada por Pimentel.
En su artículo "Ecfrasis y lecturas iconotextuales" (2003), publicado originalmente en
Poligrafías: Revista de literatura comparada de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), esta crítica recoge las nociones de ecfrasis de Leo Spitzer, James
Heffernan, Claus Clüver y resume la suya propia ­consignada en su libro El espacio en la
ficción. Ficciones espaciales. Para nuestros fines nos interesan sobremanera la concepción de
Cluver mencionada en este artículo y la de la propia autora. Así, para Clüver, la ecfrasis es "la
representación verbal de un texto real o ficticio compuesto de un sistema sígnico no verbal"
(CLÜVER, 1997, p. 26). Es interesante destacar que, como señala Pimentel unas líneas más
adelante, a partir de este carácter relacional del texto verbal con respecto al objeto plástico
habría también una relación intersemiótica e intertextual. Siguiendo a esta autora, este último
fenómeno es evidente en Clüver al otorgar el énfasis en la textualidad: el objeto plástico es un
"texto" no verbal representado en uno verbal.
Ahora bien, para Pimentel la ecfrasis puede ser descrita a partir de los siguientes tipos:
referencial, nocional y referencial genérica. En la ecfrasis referencial el objeto plástico tiene
una existencia material autónoma; en la nocional, el objeto "representado" "solamente existe
en y por el lenguaje"; y, en la referencial genérica no hay un objeto plástico preciso sino
"configuraciones descriptivas que remiten a un estilo o a una síntesis imaginaria de varios
objetos plásticos de un artista" (PIMENTEL). Los ejemplos más claros son, de acuerdo a ella,
62

los cuadros descriptivos en En busca del tiempo perdido que evocan a Manet sin mencionar
una obra específica.
Para finalizar, queremos aproximarnos al concepto de ut pictura poesis con el objetivo de
trazar una divisoria de aguas entre la idea horaciana y la ecfrasis. De modo muy general, la
diferencia entre ambas es la amplitud de la ecfrasis al analizar la forma como la obra plástica
se recrea en cualquier tipo de texto verbal (y no solamente poético). Históricamente la noción
de ut pictura poesis tendría como antecesora la definición de la pintura como "poesía muda" y
la poesía como "pintura que habla" de Simónides de Ceos, un poeta del siglo VI a.C. Luego
con la Ars poética horaciana tendríamos la ya conocida fórmula que ha sido interpretada y
reinterpretada en términos de los límites entre las artes. Aunque no vamos a centrarnos
específicamente en la definición de estas fronteras, sí queremos destacar que el Laocoonte de
Lessing se enmarca en esta discusión, y que textos como el de Aguinaldo José Gonçalves,
Laokoon revisitado. Relações homológicas entre texto e imagem (1994), parten de esta
reflexión. En él podemos leer los diálogos entre la poesía y la pintura gracias a poetas y
pintores como Baudelaire, Cézanne, Corot Ingres y Mallarmé, entre muchos más. Desde su
punto de vista, no hay una división rotunda entre ambas expresiones estéticas, ya que el símil
("como la pintura la poesía") presupone una relación doble: de independencia y aproximación.
En las próximas páginas trabajaremos algunos de los planteamientos de Gonçalves a la luz de
lo que consideramos una posible historia y crítica de arte lezamiana.
1.5.1
La pintura para Lezama: aproximaciones a la relación poesía-pintura desde
el Laokoon revisitado
En Laokoon revisitado. Relações homológicas entre texto e imagem (1994), Aguinaldo
José Gonçalves comienza con un análisis acerca de la distinción tajante de Lessing entre las
artes temporales (la música y la poesía) y las artes espaciales (la pintura) como el sustento de
una reflexión que más que una diferenciación posibilita un encuentro, una aproximación entre
un repertorio variado de poetas y de pintores decimonónicos y del siglo XX. Entre estos
últimos vale la pena destacar a las parejas João Cabral de Melo Neto/Joan Miró, Oswald de
Andrade/Piet Mondrian y Manuel Bandeira/René Magritte. No obstante, vamos a centrarnos
en la proyectada pareja del siglo XIX Baudelaire/Cézanne e intentaremos una hipótesis o
63

esbozo de lo que consideramos los cimientos de la concepción dialógica lezamiana entre las
artes y, más aún, de su propia concepción de crítica de arte.
Son varios los elementos que nos permiten retomar a Baudelaire y elaborar un cierre de la
reflexión desarrollada hasta aquí sobre el carácter relacional de las dos expresiones artísticas y
el cariz de la crítica de arte vista a través del ensayo literario lezamiano. Así, queremos
destacar los siguientes rasgos presentes en la lectura de Gonçalves: la música como paradigma
formal para las artes desde el romanticismo, la noción de la pintura como lenguaje, el sistema
de "las correspondencias" como un lazo entre las artes dentro de los medios de cada una, la
preferencia plástica de Baudelaire por el color frente al dibujo, la poesis como un común
denominador, la búsqueda de la expresión del dinamismo en la pintura y la existencia de una
conciliación entre la razón y la sensibilidad como los ideales baudelerianos que aparecen en la
pintura de Cézanne.
A primera vista, varios de estos elementos han sido mencionados a lo largo del capítulo.
Ideas como la poiesis o el rasgo creativo común a las artes se relaciona con el acercamiento de
cada una de estas expresiones desde su posición autónoma, sin jerarquización o rivalidad. No
obstante, hay algunas ideas que por su novedad merecen un desarrollo aparte en las siguientes
líneas.
Uno de los acentos que nos interesan es el énfasis en la música como arte que se aparta de
la mímesis. De acuerdo a Gonçalves, con el romanticismo la expresión Ut pictura poesis
debería reemplazarse por Ut musica poesis. Este giro, que el crítico lee en El espejo y la
lámpara de M.H. Abrams, presupone que la música asume un lugar sobresaliente dentro de las
artes por la ausencia de un referente externo y que los poetas comienzan a privilegiar sus
efectos inmediatos en el receptor. De ahí que comiencen a favorecer la sonoridad y la melodía
del verso por encima del sentido de las palabras. Una intención que apunta al alcance de la
gran expresividad propia de la música, y en la que, en palabras de Gonçalves, tanto los
pintores como los autores líricos "passaram a experimentar formas sonoras, a fragrância
musical e a harmonia das cores, que, [...] Baudelaire apreende e analisa nas pinturas de
Delacroix [figura 21] y de outros pintores no `Salon de 1846'" (GONÇALVES, 1994, p. 101).
Una alianza entre los efectos musicales y el uso de imágenes a semejanza de cuadros que no es
desconocida en la literatura hispanoamericana. Como ya hemos mencionado, el modernismo
hace uso del lenguaje pictórico por medio de la referencia a colores y el empleo de .metáforas
que evocan obras plásticas. También el mismo Lezama usaría un lenguaje lleno de sugerencias
64

plásticas en sus poemas (vimos ya como ejemplo el poema "Me hace propenso" de
Fragmentos a su imán). Sin embargo, el tema de la música parece ir más allá. Textos como el
de Sarduy nos recuerdan el énfasis de Lezama en el elemento fonético. En sus palabras, para
el poeta y novelista "la prioridad formal es tal que se trata de la fonética propiamente dicha"
(SARDUY, 1969, p. 65), y completa con una anécdota sobre la importancia de la disposición
de los sonidos: tras un encuentro donde comentan un espectáculo de ballet, Sarduy recuerda en
la voz, la entonación, las "largas vocales abiertas", la "respiración arrítmica" y en las "rupturas
de bajo albanbergiano" (SARDUY, 1969, p.62), el particular compañero musical de la
metáfora lezamiana. Una imagen de la peculiaridad del lenguaje del autor de Paradiso
presente en la vida cotidiana y que continúa en la voz de sus ensayos.
Otra situación que nos permite leer un parentesco entre Baudelaire y Lezama a nivel de la
crítica de arte podemos encontrarla en la propensión del primero hacia aquellos pintores que
recurren al color como su elemento expresivo particular. Es lo que sucede con Delacroix que,
como artista admirado por Baudelaire, lo emplea "na busca de uma subversão desse conceito
clásico de beleza, para a recuperação do sentido dinâmico da superficie plana bidimensional"
(GONÇALVES, 1994, p. 120). De acuerdo a este crítico, la posición incómoda de un pintor
como Dominique Ingres proviene de su inclinación hacia la herencia clásica recibida, lo que
convierte su arte en una paradoja en tiempos del romanticismo, ya que su medio de indagación
estético es el dibujo. En las convenciones pictóricas, éste se emparenta con la línea y el límite,
con el estatismo, mientras que el color obedece más a la viveza, al movimiento.
En Lezama la preferencia por el trazo colorista es notable. La observamos en los pintores
aludidos en "Paralelos..." y también en otros ensayos donde la pintura no aparece únicamente
como una referencia sino como un eje desde el cual puede explicarse el proceso metafórico de
las artes. Textos como La expresión americana u "Homenaje a René Portocarrero" evidencian
la predilección del autor cubano hacia obras y artistas cuyo rasgo distintivo es el empleo de la
tonalidad y no tanto la perspectiva o el dibujo. De este modo, y al igual que Baudelaire, el
poeta caribeño no privilegia la concepción clásica o neoclásica, ya que artistas como Rafael,
David, Ingres o Poussin no son mencionados, mientras que pintores como Uccello, Brueghel,
Jan Van Eyck, Roger Van der Weiden, Simone Martini, los hermanos Limbourg (autores del
Libro de horas del Duque de Berry), Monet, Utrillo, Cézanne, Van Gogh, Picasso, Kandinsky,
Klee, entre otros, hacen parte de su canon de pintores, un catálogo que orbita alrededor de los
siglos XIV y XVI con los pintores del estilo gótico internacional, de la escuela flamenca y del
65

primer renacimientos italiano, y que también incluye a los impresionistas, post-impresionistas,
los primitivos
34
y los vanguardistas. Cabe destacar que desde esta mirada, también la
perspectiva, como se concibe en el Renacimiento, colabora con la rigidez y, en consecuencia,
sería una característica pictórica poco tenida en cuenta en el recorte del poeta. En palabras de
Gonçalves:
Como se sabe o nascimento, o nascimento da pintura, como hoje a
reconhecemos, deve-se ao Renascimento, à descoberta da perspectiva a ao
seu aprimoramento, graças aos inúmeros tratados sobre tal conquista técnica.
Esse fato, de importância determinante para a história da pintura, tornou-se
uma das barreiras más sólidas para a evolução da própria pintura. Uma vez
entendida e dominada pelas formas de representação naturalistas da arte
clássica, passou a ser dominadora e doutrinária, dificultando sobremaneira a
conquista do outro espaço, aquele das relações internas do sistema pictórico,
que promove o dinâmico (GONÇALVES, 1994, p.69).
Una última idea llama nuestra atención sobre este entronque entre Baudelaire y Lezama
como críticos de arte: la postulación, por parte de Gonçalves, de Cézanne como el pintor que
proyecta, a posteriori, los ideales críticos del poeta francés. Como decíamos, es una idea que
nos resulta interesante porque encierra una matriz conciliadora entre un arte de la sensación
visual donde predomina el color y un proceso racional, de dominio de ese primer impulso
visual. Según este autor:
É assim que para ele existem duas necessidades imprescindíveis: dominar a
visão através das sensações de cor e dominar a emoção através de "um bom
método de construção". É por esses fundamentos de Cézanne que se lhe
confere a obstinada tentativa de ver o mundo "objetivamente", e que é o
ponto básico que o distingue dos impressionistas que viam o mundo como se
apresentava aos seus sentidos em várias luzes ou de diferentes pontos de
vista (GONÇALVES, 1994, p. 180).
En este sentido vale la pena preguntarse si en Lezama se evidencia este carácter
conciliador entre técnica e intuición, entre procesos racionales y sensoriales. Intentaremos
alcanzar alguna respuesta en el próximo capítulo cuando trabajemos su ensayo de crítica
"Homenaje a René Portocarrero". Así, tal vez sea posible o no percibir si Portocarrero
34
En cuanto a los primitivos, pensamos en los dos momentos de su aparición en la historia del arte. Una
primera con artistas italianos como Simone Martini [figura 23] (Escuela sienesa) o con los pintores flamencos
de los siglos XV y XVI como Jan van Eyck, Roger van der Weiden, El Bosco o Pieter Brueguel el Viejo[figura 22];
una segunda, en el siglo XIX, con el Aduanero Rousseau [figura 14] (pintor que recibe gran atención por parte
del escritor cubano en su novela Oppiano Licario). En el primer caso, la noción de primitivismo se debe a la
permanencia en su expresión plástica de estilos medievales como el gótico o, como sucede especialmente con
los flamencos, por su aislamiento de la revolución del Renacimiento y su carácter intelectual evidente en el
estudio de la perspectiva a partir del desarrollo matemático u óptico (el arribo de los holandeses a este
elemento pictórico será empírico e intuitivo). En el segundo, el arte primitivo podemos verlo, grosso modo,
como un arte ingenuo, natural o sin artificios técnicos.
66

representa para la propuesta ensayística de crítica de arte de Lezama lo mismo que Cézanne
representaría para Baudelaire.
Por último, nos gustaría reflexionar sobre la obra plástica como "potencia de lenguaje"
(GONÇALVES, 1994, p.115). Para Lezama, esta es una de las peculiaridades de la pintura, es
un universo de imágenes que dialoga, en contrapunto, con la poesía. De modo que la reflexión
presente en "Paralelos..." sobre las relaciones entre las artes hermanas, no concibe cada
manifestación estética por separado sino como parte de un todo, de una poesis que, como
creación, parte de un proceso de metaforización, de la invención de una obra de arte, pictórica
o poética, que es un otro. Una otredad en el proceso creador en la que el nuevo objeto no
guarda la misma relación de ícono-cosa o símbolo-concepto. Es ahí, a partir de esta
perspectiva, que debemos entender la importancia de la creación de imágenes en
"Paralelos..." o, dicho de otro modo, en su ficcionalización como historia artística cubana. De
la misma manera que Hayden White proyecta la configuración histórica como "una operación
literaria" "creadora de ficción" (WHITE, 2001, p.102), Lezama lee el devenir estético cubano
como una gran fábula en donde caben las digresiones y el oscilar entre las eras imaginarias,
los pasajes ecfrásticos, la descripción de la obras de pintores y poetas y también los juicios
sobre ellas. Nada parece quedar exento de esta "potencia de ficcionalización". Inclusive los
fragmentos donde una pintura es descrita sucede una recreación absoluta, y de un cuadro como
"Los negritos" obtenemos una analogía con La Gioconda de Da Vinci [figura 9]. Así,
debemos entender a "Paralelos...", como un modelo de ensayo lezamiano que procede como
una gran lectura de la cultura, pero nunca como una lectura literal y sí como una desde la orilla
ficcionalizante.
67

Capítulo II - CRÍTICA DE ARTE Y CRÍTICA POÉTICA: UNA MIRADA AL
ENSAYO "HOMENAJE A RENÉ PORTOCARRERO"
Tiene los ojos para la luz y los ojos del ciego que reconocen en la súmula
de los instantes, entregados por los dedos. Visión y visión en lo oscuro y
las matizaciones de los dedos.
José Lezama Lima. "Homenaje a René Portocarrero"
El extenso ensayo "Homenaje a René Portocarrero" aparece por primera vez en la
publicación Cuba en la UNESCO del año 1964. Desde varios puntos de vista, este texto es
representativo no solamente del estilo ensayístico lezamiano, el cual ya caracterizamos
anteriormente mediante la presencia constante de la imagen poética y la alusión a culturas
que perviven en el tiempo por su carácter imaginativo sino de su concepción acerca de lo que
es la crítica de arte y su ejercicio. En este sentido, es, tal vez, el mejor ejemplo de la
combinación de juicios críticos que resaltan el perfil de la obra plástica de este artista ­no se
puede perder de vista que se trata de un "homenaje"­ con sus conocimientos sobre historia del
arte, los cuales le permiten contextualizar, situar e insertar a Portocarrero dentro de una
tradición pictórica amplia e internacional. También es paradigmático en tanto evidencia las
características que, según el poeta, debería poseer una pieza artística, sin llegar a constituirse
nunca en una preceptiva, ya que es una observación panorámica y un elogio de la trayectoria
del pintor escrita en un momento en que éste ya ha alcanzado importantes logros, como la
exposición de sus obras en 1944 en la Julian Levy Gallery y en el Museo de Arte Moderno de
Nueva York, o su participación en la Bienal de Venecia de 1952 y en las Bienales de São
Paulo de 1957 y 1963. En suma, un texto extenso para su género (41 páginas) que nos
permitirá el análisis de una visión particular de la crítica de arte en Hispanoamérica;
particularidad que se inscribe en el carácter de sus juicios y en la continuación de su propia
poética mediante la presencia de conceptos como imagen, naturaleza y sobrenaturaleza.
2.1
ENSAYO Y CRÍTICA: EL NACIMIENTO EN EL ERROR
En un apartado de "Homenaje", Lezama señala que la creación parte de una falla, de una
"frustración", que la crítica de arte debe leer como su trazo novedoso y originario. Un nuevo
giro en su interpretación frente a la carencia o el vacío como motor creativo que nos lleva a
68

pensar en una poética conformada por dos marcas de lectura distintas: una para la escritura de
la historia y otra para la crítica. Veamos cómo esta última se configura:
Una crítica que sea creadora, es decir, que engendre en el espectador un acto
naciente, un centro de simpatía irradiante, tiene que partir del animismo de lo
cohesivo. En esos islotes de lo temporal expresivo, buscar la nueva especie
que surge de lo logrado, pero no como una entelequia, sino con sus mismas
razones oscuras, aun con sus frustraciones. Tiene así la crítica, logrado ese
nuevo espíritu de lo cohesivo, que volverse hacia ese oscuro creador, hacia
esa frustración que engendró un nuevo conocimiento, partiendo del error de
lo no logrado (LEZAMA, 1994a, p. 242).
En este fragmento, el escritor cubano postula las características de la crítica en los
siguientes términos. En primer lugar, deberá ser generadora de una afinidad entre el
espectador y la obra de arte (debemos subrayar que el acto primordial es la observación del
elemento plástico, no la lectura en sí de la crítica); pero también su nacimiento radica en la
conciencia de que la obra no es una realidad finita, acabada, completa y perfecta sino que se
genera a partir de una oscuridad, de un error o de una desviación con respecto a la trayectoria
del artista y a otros exponentes, corrientes, movimientos y escuelas. Desde esa perspectiva, la
crítica se instaura como una fuerza que conecta, cohesiona o vincula a la obra con el contexto
artístico de su momento, pero también con la tradición. De ahí la colaboración estrecha entre
ambas disciplinas, la historia y la crítica, para lograr una fuerza cohesiva entre la obra y esos
"islotes de lo temporal expresivo", como Lezama denomina ese impulso de rótulo y
clasificación que origina escuelas y movimientos.
Desde otra perspectiva, la idea del nacimiento de la crítica de arte gracias al error,
recuerda al ensayo de Eduardo Grüner, mencionado en el capítulo anterior, y titulado, muy a
propósito, "El ensayo, un género culpable". La culpabilidad del ensayo reside en que su
propósito es el señalamiento del error, su develamiento y su destaque como fundador de la
particularidad de la obra (literaria y no artística en el ensayo del crítico argentino). Una
perspectiva que no es nueva y que proviene de la frase de Blanchot citada por Grüner: "todo
escritor está atado a un error con el cual tiene un vínculo particular de intimidad" (GRÜNER,
1985, p. 52).
Ahora bien, en las siguientes páginas proponemos un acercamiento a las reflexiones de
José Lezama Lima acerca de la tradición pictórica, los juicios sobre las pinturas de
Portocarrero y la forma como éstas se insertan en la historia del arte.
69

2.2
LOS DIÁLOGOS Y LOS LÍMITES: LA HISTORIA Y LA CRÍTICA DE ARTE
Con respecto a la relación entre la historia y la crítica de arte son posibles varias
percepciones. No deja de ser llamativo que en un texto clásico como História da crítica de
arte de Lionello Venturi aparezcan, desde las primeras líneas, críticas a la concepción acerca
de la historia del arte, a su forma de enseñanza o a su desvinculación del mundo del juicio.
Una de ellas es la reducción a la crónica en el siglo XIX, gracias también al positivismo, y
que ocasionó que de forma improvisada surgiese la crítica. Un origen que el italiano cuestiona
en la medida en que no hay una meditación y una discusión sobre el mundo del juicio y si una
apelación a elementos extraños al arte como "la verdad científica, la ley moral y la historia de
la costumbres" (VENTURI, 2007, p. 18). Pese a este comienzo, el argumento central del
estudioso italiano girará en torno a la necesidad mutua entre la historia y la crítica. No existe
comprensión de la obra de arte que no esté mediada por la historia, ya que la imaginación del
mismo artista trabaja a partir de un modo histórico concreto de la tradición
35
. De este modo,
el juicio del crítico estaría formado siempre por estos dos elementos: una percepción, una
preferencia estética que informa el juicio y un horizonte temporal, que representa el contexto
de génesis y desarrollo de la obra de arte.
Aunque parezca lógica la existencia de un contexto histórico que permite clasificar o
relacionar una obra con una determinada corriente, autor o escuela, no siempre ha existido un
total acuerdo entre la expresión artística y la historia. Con posterioridad a la Segunda Guerra
Mundial aparece una crisis que vale la pena mencionar si se piensa en el contexto de
producción de la crítica de arte lezamiana
36
. El origen de esta fractura es la destrucción de la
idea de historia como progreso gracias al desastre de la guerra y a la presencia de regímenes
totalitarios. De esta forma lo percibe Giulio Carlo Argan en el ensayo clásico antes
mencionado, y que destaca cómo las corrientes informalistas, tanto europeas como
americanas, se afirman como "el arte de la crisis y repelen cualquier lazo comprometedor con
la historia: si la historia es violencia y terror, el arte no puede ser arte, a no ser colocándose
35
Para Cézanne, por ejemplo, la historia y la tradición están directamente relacionadas con el quehacer
pictórico. Según Giulio Carlo Argan en Arte y crítica de arte, este pintor francés pasaba horas en el Louvre
estudiando los problemas técnicos de las pinturas de los grandes maestros. La finalidad de sus observaciones
no era la copia sino la comprensión de la operación pictórica para su propia creación artística (ARGAN, 1993, p.
80-81).
36
En La visualidad infinita, compilación de textos lezamianos sobre arte elaborada por Leonel Capote, se
encuentra una relación cronológica donde los ensayos más tempranos de Lezama aparecen datados en 1935 y
los últimos en 1972.
70

fuera de la historia" (ARGAN, 1983, p. 88). Intentar posicionarse fuera de la corriente
histórica abocaba, de acuerdo a este mismo crítico, a un dilema: o se insistía en el arte como
valor y patrimonio de la humanidad que puede ser reconocido a través de la observación, la
interpretación y el juicio, o se asumía una concepción artística del "mero fenómeno" sujeto a
la descripción científica. Esta segunda posición surge con el informalismo y con el arte
conceptual en general. La obra, desprovista de una acción intencional y sometida a la
aplicación de un concepto que la convierte en un fenómeno como cualquier otro, no puede,
según Argan, ser juzgada y sometida al flujo histórico
37
.
La aparente imposibilidad de vínculo entre el informalismo y las corrientes de arte
conceptual con la historia se evidencian en la técnica. Para los artistas informalistas, por
ejemplo, el trabajo con el material (color, piedra, metal) es fundamental. De ahí que en 1946,
Jackson Pollock adopte la técnica del dripping [figura 10] y el resultado sean imágenes
casuales donde sobresalen en la superficie filamentos, manchas y distintas gradaciones de
color. Aunque el énfasis es en el material y no en la producción de una obra "acabada", el
papel de este tipo de experimentación, que cuestiona la historicidad de las obras de arte
realizadas bajo una acción consciente, con una técnica y una artesanía, nos permite lanzar una
hipótesis de lectura sobre la crítica de arte lezamiana.
La crítica del poeta y novelista sobre uno de los pintores que se vincula con la corriente
informalista puede brindarnos algunas orientaciones acerca de sus modos de lectura pictórica.
Pensamos en estas formas de lectura como maneras que informan el juicio, la valoración de
las obras artísticas y las propias preferencias estéticas del crítico. En este caso, queremos
analizar brevemente cómo nuestro autor concibe la obra artística de Fayad Jamís, un pintor
cuyos trabajos se emparentan con la corriente arriba mencionada. Si realizamos esta inclusión
es porque queremos entender el carácter de los pareceres lezamianos y observar si, aún con
artistas considerados como representantes de una expresión no figurativa, los criterios se
mantienen iguales a los utilizados en relación a René Portocarrero. En todo caso, se trata aquí
de un esbozo que tendrá resolución hacia el final de este capítulo.
"Ver a Fayad Jamís" [figura 11] es la presentación de una muestra del artista cubano de
origen mexicano, escrita en 1971 y publicada en México en 1980, introducción ésta que no
37
A nuestro juicio, esta afirmación es bastante discutible porque creemos que no existe una manera de negar
la historicidad de una obra de arte. Lo que pensamos es que con el advenimiento de la modernidad los artistas
plásticos comienzan a interrogarse por los medios de su expresión. Una situación que es llevada al límite en
corrientes como el informalismo.
71

es la única dedicada a un creador plástico asociado al arte no figurativo
38
. En ella, Lezama
recurre constantemente a la imagen poética, a la descripción y a la comparación: "Fragmentos
de árboles posibles que buscan otra unidad, impulsados por otro mundo que los tienta, como
si gozaran de una poderosa emigración de las formas que saltan de sus rúbricas habituales"
(LEZAMA, 1980, p. 8). Es un texto diferente con respecto a los escritos sobre Víctor Manuel,
Amelia Peláez, Arístides Fernández, Mariano Rodríguez [figura 12] o sobre el mismo
Portocarrero. El contraste quizás reside en que Jamís hizo parte del grupo de "Los Once",
jóvenes artistas que influidos por la corriente informalista norteamericana participan en una
exposición colectiva del 18 al 28 de abril de 1953 en La Rampa. En palabras de uno de sus
integrantes, Antonio Vidal:
[En el grupo] teníamos ideas parecidas sobre la creación porque en el fondo
lo que queríamos era hacer otro arte, diferente al que hacían Portocarrero,
Mariano [...], de quienes éramos amigos. Estábamos influidos por la pintura
norteamericana que algunos conocíamos por las revistas Goya y Art News.
(PINO)
Así como en páginas anteriores mencionábamos que la crítica de arte de Octavio Paz se
centraba en la idea de una obra de arte dada a la contemplación y no en las corrientes que
prescinden de la figuración o que presuponen una transgresión a la valoración tradicional
sobre el fenómeno estético, el caso de Lezama no parece ser muy distante. Pese a que
seguramente conoce el trabajo abstracto de este grupo, solamente publica un texto sobre uno
de los artistas, un pintor que también es poeta y que en 1962 gana el concurso Casa de las
Américas de poesía. Una de las posibles razones para su elección es la amistad surgida entre
ambos luego de la publicación de los poemas del pintor en Orígenes. Relación que nos
recuerda esa versión de crítica-poética en los poemas dedicados a algunos plásticos y que
interviene de manera substancial en su mirada analítica con respecto a las manifestaciones
visuales en la isla. No podemos perder de vista que, en gran medida, es esta relación particular
la que guía su selección. Un lazo de proximidad que se conjuga con un repertorio artístico que
se inscribe, en su mayoría, en el arte "retiniano", preferencia estética que lo emparenta con
Paz y que nos hace pensar si tuvo realmente contacto con expresiones contemporáneas que
incluyesen performances o instalaciones. Desafortunadamente no encontramos documentos
38
El otro artista es Luis Martínez Pedro (1910-1989), quien al lado de Salvador Corratgé [figura 20], Pedro de
Oraá, Dolores (Loló) Soldevilla [figura 19], Wifredo Arcay, Sandú Darié, José Mijares, Rafael Soriano, Pedro
Álvarez, Alberto Menocal hace parte del grupo "Diez pintores concretos" compuesto entre 1958-1961.
72

que atestigüen un posible encuentro de este tipo hacia finales de los años sesenta y debemos
restringirnos a nuestra curiosidad.
2.3 OTRA VUELTA DE TUERCA A LA ESCRITURA LEZAMIANA SOBRE ARTE
En el capítulo anterior mencionábamos la posibilidad de que los ensayos lezamianos
sobre expresiones artísticas plásticas reclamasen autonomía. Una propuesta cuyo soporte era
su propia densidad poética, pero que también conduce a su consideración como escritos que
no pertenecen al terreno específico de la crítica de arte. Aunque no tomemos partido por una u
otra posición, debemos resaltar la importancia de esta ambigüedad como eje de varias
reflexiones. Entre ellas, la existencia de una tradición de escritura poética sobre temas
pictóricos o escultóricos que data de 1850 e incluye a Théophile Gautier, Jules Laforgue,
Walter Pater o Bernard Berenson. Un tipo de expresión escrita desarrollada por poetas, pero
también por reconocidos críticos de arte como Pater o Berenson.
El surgimiento de esta crítica poética aparece de forma implícita con "La filosofía de la
composición" de Edgar Allan Poe. Esta es la hipótesis de Joshua C. Taylor en su texto "Two
visual excursions". Según él:
La alianza de poesía y pintura, más que de la narrativa y la pintura, fue
importante para ambas. La poesía misma estaba cambiando, y había poco
que extraer de su narrativa que interesara a los pintores. Al menos en
Francia, y eventualmente en Inglaterra y a lo largo de Europa, a mediados
del siglo el principio de evocación en la poesía tomó la primacía sobre la
descripción, y los recursos y el alcance de la evocación obsesionaron a
muchos escritores importantes. La estructura, tal como aparece descrita en el
muy admirado ensayo de Poe, "La filosofía de la composición", es medida
por la intensidad del impacto, no por su forma. Los círculos concéntricos en
Flaubert, que se despliegan en asociaciones, hacen del poema una fuente y
no un registro de la experiencia
39
(TAYLOR, 1980, p. 33).
39
En el original en inglés encontramos: "The alliance of poetry and painting, rather than narrative and painting,
was important for both. Poetry itself was changing, and there was little in it in the way of narrative for painters
to mind. At least in France and eventually in England and throughout Europe, by mid-century the principle of
evocation took precedence over description in poetry, and the means and extent of evocation preoccupied
many serious writers. Structure, such as that described in Poe´s much admired essay, "The Philosophy of
Composition" was measured by the intensity of the impact, not shape. Flaubert´s concentric circles of
expanding association made the poem a source, not a record of experience" (TAYLOR, 1980, p. 33).
73

De acuerdo a este planteamiento, el origen de una escritura poética y crítica sobre arte
surge de una nueva concepción donde prima el poder de evocación de la poesía y no tanto la
presencia de la descripción. Dicho de otro modo, donde el lenguaje es verdaderamente
expresivo y connota, en oposición a un lenguaje descriptivo "meramente" denotativo. Ahora
bien, revisemos el pensamiento del mismo Poe y examinemos más de cerca dos de los rasgos
que él prescribe para la expresión poética a partir de su análisis sobre "El cuervo".
En algunos fragmentos de "La filosofía de la composición" se evidencia la importancia
del impacto que un poema debe causar para que sea considerado de mérito. Leemos, por
ejemplo, que "la extensión de un poema debe hallarse en relación matemática con el mérito
del mismo, esto es, con la elevación o la excitación que comporta; dicho de otro modo, con la
cantidad de auténtico efecto poético con que pueda impresionar las almas" (POE). Sin
embargo, la centralidad de este "impacto" o "impresión" también apunta a otras direcciones
como las ideas de belleza y placer. Con respecto a estas dos nociones, nos llama la atención
que sea la capacidad de causar impacto o impresión la que las subordina. De este modo, el
placer más intenso se deriva de la contemplación de lo bello y, a su vez, lo bello posee la
capacidad de producir una impresión, "una violenta y pura elevación del alma" (POE).
Según Poe, esta propiedad de producir un "arrobamiento" auténtico del alma es propia de
la poesía y no de la prosa. De ahí que pueda pensarse que la importancia concedida a un
lenguaje poético capaz de dejar una huella en el lector, se convierta en una especie de
imperativo también para la creación pictórica. En este caso, la poiesis ­entendida como
creación pictórica o verbal­ es valorada de acuerdo a su habilidad para dejar una impronta,
evocación y sugerencia, y artistas como Corot o Ingres (en su última etapa) comienzan a ser
vistos como "poéticos". Sobresale, por ejemplo, en el caso de este último sus "arabescos
femeninos", los que, según Taylor, son percibidos por Gautier como "propios de un nuevo
mundo poético del sentido y el símbolo"
40
(TAYLOR, 1980, p. 33). Así, los artistas
comienzan a ser evaluados de la misma forma que lo son los poetas, y en esta igualdad en los
preceptos para ambas artes comienza el surgimiento de una crítica de arte que prefiere el
lenguaje poético con su poder de sugerencia y evocación en el lector.
A partir de esta nueva concepción de lo poético, surge una nueva visión sobre la escritura
de la crítica de arte en la que los poetas compiten con aquellos que apelan a un rigor
científico. Y en esta pugna, la escritura crítica de los bardos aparece bajo la forma de la voz
40
En el original leemos "as inhabitants of a new poetic world of sense and symbol" (TAYLOR, 1980, p. 33).
74

poética, como la manera más válida de acercamiento al "aura" de una pintura. En palabras de
Taylor:
Por supuesto que los poetas tuvieron que competir con los especialistas de
los métodos convencionales como Champfleury y posteriormente Zola en su
formulación de valores, pero los poetas ganaron, y hacia el final de siglo la
mayoría de la escritura crítica sobre arte representaba una forma de poesía.
Para describir la pintura uno debía dejarse llevar por su hechizo y escribir
dentro de su aura poética especial. Una prosa dimensionada y simple no era
suficiente para este trabajo. Un nuevo lenguaje expresivo tuvo que ser
concebido para hablar convincentemente sobre valores plásticos, ya fuese
con los intereses de Pater, Berenson o Laforgue. La manera como se
aprendió a hablar sobre pintura tuvo un efecto sobre lo que los pintores
fueron inspirados a hacer. El lenguaje ayudó a crear un mundo de arte,
completamente separado y casi opuesto a la actividad rutinaria que la
mayoría de la población consideraba como la realidad. Es una cuestión
polémica si el lenguaje vino primero o la conciencia de aquellas cualidades
que el lenguaje estaba tratando de describir. Ambas formas estuvieron
entrelazadas y dependiendo la una de la otra. De hecho, nacieron juntas
41
(TAYLOR, 1980, p. 33).
La proposición del crítico estadounidense permite observar dos cosas. La primera es la
idea de una escritura de crítica de arte que esté acorde con las expresiones estéticas plásticas,
es decir, que se asemeje también a una escritura artística; la otra, es la separación que esta
crítica poética, junto con el arte que evalúa, ayuda a crear frente al mundo objetivo y a la
existencia cotidiana de la mayoría de las personas. Esta escisión entre un arte al que se le
atribuye valor y el mundo de las masas señala una problemática entre un "arte burgués" y un
"arte popular" que será estudiado por Andreas Huyssen, entre otros críticos, desde la
perspectiva literaria. Un tema que en el caso de Lezama apunta a otra ambigüedad que
trabajaremos en el próximo apartado.
Ahora bien, otra mirada al texto de Taylor y a su concepción sobre el origen de una
crítica poética, nos lleva de nuevo a la noción de placer que se deriva de la observación de lo
bello. No obstante, vamos a aislar este rasgo de lo placentero y lo vamos a aproximar al
41
"Of course the poets had to compete with the clinicians like Champfleury and later Zola in their formulation
of values, but the poets won out, and by the end of the century even much critical writing on art was a form of
poetizing. To describe a
painting one had to be taken into its spell and write within its special poetic aura.
Simple, dimensioned prose was not enough for such a taste. A new expressive language had to be devised in
order to talk convincingly about plastic values, whether with the concerns of Pater, Berenson or Laforgue. [...]
The way one learned to talk about painting had its effect on what painters were encouraged to do. The
language helped to create a world of art, quite separate and often opposed to the humdrum activity that the
larger population considered reality. It is a moot point as to whether the language came first or an awareness
of those qualities the language was trying to describe. They were intertwined and depended upon each other.
In fact, they were born together (TAYLOR, 1980, p. 33).
75

concepto de texto en críticos como Roland Barthes
42
. Así, desde esta mirada intentaremos
nuevamente otra aproximación al ensayo de crítica de arte del poeta cubano.
En "De la obra al texto" (1971), Roland Barthes opone el concepto de texto al de obra y
propone siete formas de percepción sobre el hecho textual. Entre ellas sobresalen, por
ejemplo, la idea de una continuidad en la que el texto no se detiene en el estante de una
librería; su carácter resistente a las meras clasificaciones de género, su dilación con respecto
al significado ­o su oposición a la relación arbitraria entre el significante y el significado­, su
irreductibilidad a un significado unívoco, su lectura sin la presencia de un padre-autor que le
otorgue una garantía, su exigencia de una colaboración práctica del lector y, por último, la
ausencia de una primacía de un lenguaje sobre otro (BARTHES).
Pese a que no es necesario decir que el ensayo de crítica de arte del cubano, como texto,
cumple varias de las características enunciadas anteriormente, sí nos parece importante
mencionar su carácter dinámico y metamórfico. No solamente porque no es posible
encasillarlo como "ensayo científico" o "ensayo puramente literario" sino porque también se
relaciona con la idea de disfrute o placer. En las palabras del crítico francés:
El Texto está ligado al goce, es decir, al placer sin separación. Orden del
significante, el Texto participa, a su manera, de una utopía social; antes que
la Historia (suponiendo que ésta no escoja la barbarie), el Texto lleva a cabo,
si no la transparencia de las relaciones sociales, al menos las de las
relaciones de lenguaje: es el espacio en el que ningún lenguaje corta el
camino a otro, en el que circulan los lenguajes (manteniendo el sentido
circular del vocablo) (BARTHES).
El "Texto" lezamiano se constituye como un modelo de libertad en el que no hay
primacía de un tipo de lenguaje específico y sí una circulación sin ataduras del lenguaje; en
otras palabras, una "sujeción" a la reescritura, a la reinterpretación y a la intervención activa
por parte del lector. Frente a las "Obras" de Flaubert, Proust, Balzac y Dumas, congeladas en
el canon, el texto sugiere el movimiento hacia los límites de los géneros, un dinamismo que
lo aproxima al placer, al disfrute, y no al mero consumo.
42
Nos hemos basado fundamentalmente en dos escritos del crítico francés: "De la obra al texto" y en O prazer
do texto. La razón de esta escogencia es la centralidad del carácter "placentero" del hecho textual, un rasgo
que nos interesa observar y resaltar en el caso de la escritura lezamiana. No obstante, y desde esta perspectiva,
hemos dejado por fuera la noción de escritura, una idea central que, según Barthes, se define por una "cierta
conciencia de la palabra". Así, "É escritor aquele para quem a linguagem constitui problema, que experimenta
sua profundidade, não sua instrumentalidade ou sua beleza" (BARTHES, 2009, p. 210). Desde este punto de
vista, este autor sostiene la idea de que en la nueva crítica ­de la que él es un representante­ no hay unidad en
sus métodos, pero sí "un acto de plena escritura". De este modo, el escritor y el crítico ya no se definen como
"el creador y el servidor", respectivamente, sino que ambos se hallan en la misma condición difícil de
enfrentamiento con el lenguaje (BARTHES, 2009, p. 210).
76

La misma idea de no pertenencia de nuestro autor al canon de ensayistas sobre el
fenómeno estético también resulta diciente. Gracias a los trazos antes mencionados, el ensayo
sobre crítica de arte del cubano es renuente al "estatismo" propio de este catálogo arquetípico
de obras literarias. La cerrazón de las obras canónicas, su permanencia preservada e intacta a
pesar del transcurso del tiempo y de los distintos lectores, se opone a las peculiaridades de la
escritura lezamiana. Ensayo en todo el sentido del término, los textos sobre arte del cubano
exploran las fronteras entre los géneros e indagan también acerca de las múltiples
posibilidades que le ofrecen la historia y la crítica de arte. Una polifonía o contrapunto en su
tejido que se opone a la caracterización de este género como "prosa de ideas". Por el
contrario, en lugar de un discurso razonado, metódico, nos encontramos con un escrito de
ecos poéticos donde se presenta un gran concierto de la cultura cuyo motivo es el pintor
Portocarrero. Decimos motivo cuando deberíamos decir "excusa", ya que en realidad este
artista a veces aparece desplazado del centro del ensayo. Probablemente una de las
particularidades que no ha permitido de manera unánime entre los críticos la inclusión de
Lezama en un corpus de ensayistas hispanoamericanos, del mismo lado de Octavio Paz o
Alfonso Reyes, es, precisamente, este carácter acumulativo o heteróclito donde caben un
sinnúmero de digresiones y no la preeminencia de un lenguaje organizado alrededor de una
estructura expositivo-argumentativa. En este sentido, esta forma textual es otra manifestación
de la poiesis, de la misma manera que lo pueden ser la lírica, las artes plásticas o la música;
una obra estética que desde su tipología se mueve en una gran ambigüedad: la de la creación
y las imágenes, y la de las nociones de la historia y la crítica de arte; imprecisión que el autor
lleva al límite.
En cuanto a la noción de placer que se deriva del texto, queremos mencionar otra
ambigüedad. Se trata de un punto medio entre éste y la fruición en el ensayo de crítica de arte
del poeta. Decimos que existe una intersección entre ambos porque al mismo tiempo en que
el primero proviene de la cultura y representa una práctica cómoda de lectura, la segunda
causa incomodidad y coloca en estado de pérdida porque hace vacilar "as bases históricas,
culturais, psicológicas do leitor, a consistência de seus gostos, de seus valores e de suas
lembranças, faz entrar em crise sua relação com a linguagem" (BARTHES, 2004, p. 20-21).
Ambos elementos están presentes sin ninguna preeminencia entre ellos, ya que la notable
erudición del escritor cubano posibilita la alusión a un sinnúmero de referencias artísticas e
históricas que ejemplifican su "devolver acrecido", pero, y de forma simultánea, también
77

sitúan al lector en una posición que dista del "lugar común" al presentarle un lenguaje poético
que dificulta su comprensión. Un obstáculo que no es inherente a los rasgos formales de los
textos y que también orbita alrededor de estos dislocamientos a nivel de contenido que operan
en el tejido ensayístico.
2.4
LA DIATRIBA ENTRE LO ALTO Y LO BAJO: EL ARTE DE ORIGEN BURGUÉS
Y LAS MASAS
La inscripción del proyecto crítico y creativo de Lezama en lo que Leyla Perrone-Moisés
denomina "altas literaturas" resulta fundamental para comprender su escritura y su posición
ideológica. De esta forma, lo que hemos venido trabajando en las páginas anteriores, en
términos del origen de una crítica poética de arte y de la inserción del ensayo lezamiano en la
noción de "Texto" de Barthes, recibe una mayor claridad y posibilita enmarcar la tentativa
del poeta y ensayista dentro del contexto de la modernidad.
En su libro, Altas literaturas, Leyla Perrone-Moisés se centra en la escritura crítica de
autores modernos como Ezra Pound, T.S Eliot, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Italo
Calvino, Michel Butor, Haroldo de Campos y Phillippe Sollers, y analiza, a partir de las
posturas de cada uno, cómo perciben la historia literaria, cuáles son sus autores canónicos y
los valores literarios que les permiten tal elección. Desde ese punto de vista, es posible
resaltar dos de las conclusiones principales a las que ella llega: una concepción no lineal de la
historia literaria, común a los escritores antes mencionados, y la noción de lectura de esos
escritores-críticos como espacio que les permite situarse dentro de la historia literaria y
reescribirla mediante la enunciación de juicios de valor; apreciaciones que, según Perrone-
Moisés, serían positivas ­y no negativas como las de la crítica especializada. Un carácter
positivo que "repousa sobre um conjunto de valores, que ora são comuns (os da tradição ou
os do seu tempo), ora pessoais, ligados aos projetos de suas próprias obras de criação"
(PERRONE-MOISÉS, 2003, p. 144).
Podemos percibir varios nexos entre la perspectiva ofrecida por Perrone-Moisés sobre
los autores antes mencionados y la propuesta ensayística de Lezama. El primero es la
percepción sobre el tiempo y la tradición, en la que no existe una confianza depositada en un
recorrido lineal que conduce al progreso; y, el segundo, en el reconocimiento y formulación
de valores por parte de estos escritores críticos que posibilitaron la escogencia de sus
78

precursores dentro de la historia literaria. En cuanto a estos principios, vale la pena destacar
algunos como la maestría técnica, la visualidad y sonoridad, la intensidad, la completud (y la
fragmentación), la intransitividad, la impersonalidad, la universalidad y la novedad
43
.
La construcción de un proyecto literario que se cimenta en estos valores muestra una de
las caras de la modernidad con la cual es posible identificar plenamente a un escritor como
José Lezama Lima. El otro rostro, incluido más dentro de un plano ideológico, es posible
verlo a partir de su postura frente a las vanguardias. En este último aspecto, vale la pena
revisar su posición y también algunos estudios sobre la oposición entre una "alta cultura" y
"una cultura de masas", o, como lo anunciamos en el título de este capítulo, la diatriba entre
lo "alto" y lo "bajo". Una antítesis en la que, en apariencia, "una alta cultura" defendida por
el modernismo se opone a una "cultura masificada" de extracción popular, que se vincula a la
vida cotidiana
44
.
Un antagonismo entre lo "alto" y lo "bajo" forma parte de la propuesta cultural de lo que
críticos como Andreas Huyssen llaman la "Gran División", es decir, un fraccionamiento que
"no es sino el tipo de discurso que insiste en una distinción categórica entre arte elevado y
cultura de masas" (HUYSSEN, 2002, p. 7). Una antinomia que no es una total oposición
entre un arte bajo ­asociado a las expresiones artísticas populares­ y un arte elevado ­
vinculado a la sociedad burguesa­ sino que es, por el contrario, una lucha por parte de esa
postura cultural elitizada contra las expresiones artísticas culturales que, paradójicamente, la
permean y de las cuales busca autonomizarse. Una contradicción que Huyssen lee y revisa a
partir de la teoría de Adorno, entre otras, y que también le posibilita el análisis de los
planteamientos de Benjamin acerca de la dialéctica oculta entre el arte vanguardista y la
confianza utópica en una cultura de masas.
43
Estas características representan los valores comunes que destacan los escritores analizados por Perrone-
Moisés. Aunque hay algunos más, nos hemos detenido solamente en los que consideramos que habría en
común con José Lezama Lima, autor que no menciona la ensayista. (PERRONE-MOISÉS, 2003, p. 143-173)
44
En su Teoría de la vanguardia, Peter Bürger señala, por ejemplo, que "con los movimientos de vanguardia el
subsistema artístico alcanza el estadio de la autocrítica" (BÜRGER, 1987, p. 62). Esta afirmación es importante
en la medida en que, para él, la vanguardia lleva al límite procesos iniciados, ya desde finales del siglo XIX, por
el esteticismo. Así, "La intención de los vanguardistas se puede definir como el intento de devolver a la práctica
la experiencia estética (opuesta a la praxis vital) que creó el esteticismo. Aquello que más incomoda a la
sociedad burguesa, ordenada por la racionalidad de los fines, debe convertirse en principio organizativo de la
existencia" (BÜRGER, 1987, p. 81). A partir de esa ruptura con la sociedad iniciada por lo esteticistas ­con
quienes el arte se despliega en su "pureza" al desligarse de la vida práctica­, los vanguardistas desarrollarán un
movimiento contrario. En lugar de estetizar la praxis vital (recordemos el dandismo), los movimientos
vanguardistas se ocuparán de convertir el contexto de la vida cotidiana en el tema de sus obras.
79

La idea de un arte vinculado a la realidad es una noción característica del proyecto
vanguardista que, según Huyssen, lo diferencia notablemente del proyecto modernista. Lejos
de afirmar una "institución arte" consagrada desde el esteticismo del siglo XIX y reafirmada
en las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con su
periodización, la vanguardia se ocuparía de minar esa institución a partir de una actitud
iconoclasta y anárquica que, en suma, "pretend[ía] transformar el aislamiento de la sociedad
de l´art pour l´art ­que reflejaba tanto la oposición a la sociedad burguesa como el j´accuse
de Zola­ en una rebelión activa que haría del arte una fuerza productiva para el cambio
social" (HUYSSEN, 2002, p.26)
45
.
Con este marco, la propuesta de Lezama se inscribe en el proyecto moderno por su
acercamiento a los valores que Perrone-Moisés señala como comunes a autores como Ezra
Pound, T.S Eliot o Italo Calvino, y también porque su propia concepción de la escritura, su
poética del barroco, su erudición y sus incontables referencias a diversas tradiciones
culturales y filosóficas
46
, hacen de él un autor que, desde las formulaciones de esta autora, no
posee vínculos con un universo cotidiano, de la vida común, cuyas referencias culturales
serían trabajadas desde otra perspectiva y donde el lenguaje no es trabajado como una
artesanía "en filigrana".
Por otra parte, y a partir de la mirada de Huyssen, la postura de Lezama muestra el
alejamiento típicamente modernista entre el arte y la praxis vital propia de las masas. Una
distancia que no es insalvable en la medida en que la colectividad aparece privilegiada en su
horizonte de pensamiento. Pero no cualquier idea de sociedad sino el de una comunidad
cubana concebida desde el imaginario del poeta. Un lugar privilegiado donde confluyen la
memoria y la erudición del autor para configurar mediante la escritura poética el carácter
45
El punto de partida de Huyssen sobre esa "aparente" brecha entre el modernismo y la estética vanguardista
es una de las tesis centrales de Bürger. Para este último, "los vanguardistas intentaron, pues, una superación
del arte en el sentido hegeliano del término, porque el arte no había de ser destruido sin más, sino reconducido
a la praxis vital, donde sería transformado y conservado" (BÜRGER, 1987, p. 103). De acuerdo a esta
proposición, Huyssen no solamente sigue el planteamiento de Bürger sobre el vínculo vanguardista con una
esfera vital, sino que también propone implícitamente un cambio en la terminología. Mientras que Bürger
piensa en "el arte en la sociedad burguesa", Huyssen usa directamente la palabra "modernismo".
46
Los otros dos perfiles trazados por Leyla Perrone-Moisés, y que se asemejan mucho al del cubano, son los de
Octavio Paz, quien se caracteriza por "uma ambição de atualização enciclopédica", y el de Borges, cuyo
enciclopedismo es "pessoal e caprichoso". Rasgos que, de acuerdo a ella, propician una divergencia entre
ambos autores, pero que en Lezama pueden verse en conjunto, en combinación. Otra similitud entre el
escritor caribeño y el mexicano
es su visión sincrónica de la historia. En palabras de Perrone-Moisés, "o haicai
japonês é visto por ele como uma forma muito moderna de poesia ocidental; o arcebispo de Hita (século XIV)
pode ser lido à luz de Joyce, e Sor Juana Inés de La Cruz (século XVII), à luz de Lezama Lima" (PERRONE-MOISÉS,
1998, p. 34).
80

cubano. No tanto una idiosincrasia sino una tradición y una historia cubanas, en las que la
imaginación es el centro de irradiación
47
.
Ahora bien, nuestra reflexión acerca de la diatriba entre lo "alto" y lo "bajo" nos brinda
un contexto ideológico importante para el análisis del ensayo lezamiano de crítica de arte.
Como moderno, José Lezama Lima emplea las estrategias mencionadas anteriormente por
Perrone-Moisés e incluso desarrolla una crítica de arte que busca la autonomía del género
ensayístico gracias a sus recursos poéticos y a su trabajo con la forma y la sonoridad. Esta
búsqueda, que no necesariamente presupone la ausencia de conceptos, como ya hemos
señalado, proporciona de entrada un obstáculo para el lector común, poco acostumbrado al
giro metafórico, a las palabras cultas o a las referencias a tradiciones o a culturas que, en
apariencia, no tienen ningún vínculo con el tema que se está tratando. Estamos así frente a
una muestra de una forma "alta" de la literatura de crítica de arte que se caracteriza por su
total separación de la esfera de la cultura de masas y de la vida cotidiana
48
. No en vano los
pintores seleccionados por el autor cubano le permiten circunscribir su análisis a las
corrientes modernas y a los artistas de la llamada "vanguardia cubana", y un poco menos a
los primeros síntomas de la no figuración, tal como sucede con Fayad Jamís [figura 11], entre
otros. No es que no escriba sobre estos plásticos sino que, tal vez, su disposición y sus
herramientas de comprensión conducen a una forma distinta de crítica de arte, una
concepción diferente a la que observamos con Portocarrero o, inclusive, con Mariano
Rodríguez [figura 12]
49
.
47
Nuevamente debemos citar el "Coloquio con Juan Ramón Jiménez". En este texto hallamos la alusión al mito
como una proyección futura de la poiesis que permitiría entablar las bases de una sensibilidad insular cubana.
La intervención de Lezama en el diálogo con el poeta español ejemplifica este propósito, pues afirma: "Yo
desearía nada más que la introducción al estudio de las islas sirviese para integrar el mito que nos falta. Por eso
he planteado el problema en su esencia poética, en el reino de la eterna sorpresa, donde, sin ir directamente a
tropezarnos con el mito, es posible que éste se nos aparezca como sobrante inesperado" (LEZAMA, 1977, p.
51).
48
Este distanciamiento en Lezama podemos leerlo también a través de la impronta dejada por Ortega y Gasset
en el poeta cubano, ya que el pensamiento de aquél con sus textos y la Revista de Occidente marcó a toda una
generación de intelectuales en Latinoamérica. Así lo señala también Pablo Helguera cuando afirma que este
filósofo indicó las bases para la reflexión sobre la expresión visual, una "visión que permaneció prácticamente
inescrutable hasta la década de los sesenta" (HELGUERA, Pablo. Las guerras de la contemplación. Los caminos
de la crítica poética en Latinoamérica. Disponible en: http://universes-in-
universe.de/columna/col49/col49.htm. Consultada en: 8 ago. 2012). Al parecer el texto orteguiano más
sobresaliente es La deshumanización del arte (1925), donde
afirma que el carácter del arte nuevo es
puramente intelectual y deshumanizado en cuanto a pasiones y emociones, ya que "sería un arte para artistas,
y no para la masa de los hombres; será un arte de casa y no demótico" (ORTEGA Y GASSET, 1964, p.11).
49
Pensamos que los textos de nuestro autor sobre las obras plásticas de ambos artistas ­Jamís y Martínez
Pedro­ son diferentes con respecto al grueso de autores de la vanguardia cubana, como Arístides Fernández,
Víctor Manuel, Alfredo Lozano, Amelia Peláez, Mariano Rodríguez y René Portocarrero. Las dos peculiaridades
81

2.5
UN ANÁLISIS EN FILIGRANA DEL ENSAYO "HOMENAJE A RENÉ
PORTOCARRERO"
Un ensayo tan extenso como el dedicado al pintor René Portocarrero requiere un análisis
dividido en varias secciones. Este fraccionamiento obedece básicamente al examen sobre la
manera en que Lezama Lima apela a la tradición o a la historia artística internacional (y
también cubana), al análisis acerca de la continuidad en su crítica de arte de sus
planteamientos sobre el sistema poético y, por último, a una revisión del concepto de
primitivismo desde la expresión plástica. En cuanto a este último aspecto, cabe aclarar que no
nos enfocaremos en un estudio desde el aspecto antropológico o filosófico, cuyo estudioso
más destacado es Lucien Lévy-Bruhl, y sí en la comprensión de esta categoría del
pensamiento a partir de su formulación en la pintura moderna y exclusivamente en el texto
sobre Portocarrero
50
.
2.5.1
La tradición: una historia artística en clave cubana
En un apartado de "Homenaje...", Lezama destaca una falencia en la enseñanza de la
historia del arte: la concepción lineal de la historia, una visión ausente de relieves y que
avanza hacia una noción de progreso. Según él:
que nos permiten esta hipótesis son el uso de la descripción y la
analogía como mecanismos formales y la
ausencia de elementos de la historia del arte. De alguna manera, esta forma "distinta" de crítica sobre el objeto
estético nos hace pensar que el análisis del cubano se halla todavía en manifestaciones figurativas o dadas al
placer de ojo ­arte retiniano, en palabras de Marcel Duchamp­ y no en una "diferenciación" con respecto a
temas como la imagen, centro de su sistema poético y soporte temático y formal de la totalidad de su obra.
50
Pese a que la elección de otro artista como el Aduanero Rousseau resultaría muy interesante, corremos el
riesgo de incurrir en la escritura de otra disertación. No obstante, es imperativo que mencionemos que este
pintor primitivo le sirve a Lezama para exponer su concepción personal acerca de la poiesis, de la misma forma
que lo hace con Portocarrero. De este modo, leemos en un fragmento de Oppiano Licario acerca del cuadro de
Rousseau "La musa inspira al poeta" de 1909 [figura 14] que: "Aquí la vegetación indica la proximidad de
los
enlaces y lo germinativo, mientras que las figuras esbozan sus risueños arquetipos. La vegetación se orquesta
en una sangre verdeante, los tonos de lo estelar son un azul rodado, gritando casi su movilidad, pero una
secuencia de tonos bermejos, que tiene algo de arborescencia coralina, se fija como el remolino dentro del
caos para comenzar el confiado origen de los mundos. En sus cuadros como primitivo no podemos dejar de
contemplar los castillos, la escarcha y los árboles esquematizados, [...] que desfilan por El libro de horas del
Duque de Berry" [figura 15] (LEZAMA, 1997, p. 33-34). Resulta curioso que Lezama lea el lienzo del Aduanero
en el marco de una pintura gótica como El libro de horas. En este sentido, él desarrolla un desplazamiento que
relaciona a una obra pictórica moderna con una medieval, gracias al ejercicio de una crítica basada en la "razón
reminiscente". Recordemos que en el ensayo sobre Julián del Casal, el poeta aboga por un tipo de lectura
intertextual basada en el "eco", en una memoria de la "frase entreoída", en una evocación del detalle, y no en
una práctica de inventario que busca prescribir las fuentes a partir de una noción de la totalidad.
82

He aquí un error muy difundido por la crítica de elementales solfeos de las
habituales cátedras de historia del arte. Producto del facilismo, de muy
escasas e inservibles intuiciones acerca de las obras cuya sola mecánica
brinda, comienzan por aceptar un desarrollo sucesivo, como si en la obra de
un creador no hubiese rectificaciones creadoras, vueltas a los comienzos,
balbuceos aún en sus momentos de mayor madurez y cosas ganadas de un
súbito (LEZAMA, 1994a, p. 241).
A partir de este fragmento es posible observar varios rasgos en su postura frente a la
historia del arte. Por una parte, la asociación con el elemento musical brinda un marco en el
que se plantea una clara oposición hacia un carácter secuencial o "sucesivo", ya que "los
elementales solfeos" sugieren una lectura simple de notas que se suceden. Por otra parte,
postula la existencia de una especie de movimiento circular y no rectilíneo de "avance" o
"evolución" dentro de un mismo autor, es decir, un flujo que se asemeja más a un
movimiento continuo de avance y retroceso. Así, da continuidad a los planteamientos sobre
la historia que mencionábamos anteriormente en el análisis de "Paralelos...", pues, desde su
perspectiva, siempre hay una especie de contrapunto o de diálogo entre dos o más instancias
y no un simple transcurrir en línea recta como ocurre con una melodía monofónica. Es así
como la monofonía es comparada con la enseñanza errónea en la historia del arte, y el avance
sucesivo en línea recta, sin desvíos, sin retrocesos y sin giros inesperados, comúnmente
asociado a la concepción histórica heredada de la Ilustración, se convierte en la imagen
opuesta que el poeta erige de la cultura. Una imagen ­la suya­ más vinculada a la polifonía o
a una fuga barroca, que al canto llano propio de la Edad Media
51
.
Un rasgo sobresaliente en el ensayo es la relación que Lezama establece entre
Portocarrero y la tradición. En lugar de un procedimiento de clasificación y de inserción
dentro de las llamadas escuelas o corrientes, el poeta vincula al pintor cubano con una
constelación diversa de pintores. Así, cuando caracteriza el paisaje ­o la ciudad, en el caso
del artista de la Isla­ como el resultado del movimiento de la imaginación hacia lo alejado ­lo
cercano será la casa­, afirma que en "Portocarrero es frecuente la fijación de esas ciudades en
un espacio de lejanía y en un tiempo reconstruido" [figura 16] (LEZAMA, 1994a, p. 227).
51
Julio Ramos en un seminario titulado "La escucha barroca" (clase-taller dictado en la Pontificia Universidad
Católica de Chile) propone la idea de la sonoridad como una percepción sensorial que estaría en la base de la
formación de las culturas. Este es un planteamiento muy interesante que podríamos transponer al caso
lezamiano y a su lectura del barroco. Desde este enfoque, vemos una preocupación constante en el elemento
sonoro y musical como modelo de interpretación, en este caso de la historia del arte. ("La escucha barroca".
Disponible en http://www.letraspuc.cl/index.php?option=com_contentview=articleid=1176:seminario-de-
julio-ramos-la-escucha-barrocacatid=55:videosItemid=412. Consultado en jun. 2013).
83

Una afirmación que sitúa a este pintor en la estela de artistas que han trabajado en los
términos de lo distante que "la imaginación logr[a] atrapar como un signo" (LEZAMA,
1994a, p. 226). Entre estos pintores encontramos a Iacopo Bellini (1400-1470), Andrea
Mantegna (1431-1506) y J.M.W Turner (1775-1851), y, curiosamente, a un poeta, Percy
Bysshe Shelley (1792-1822).
El modo como Lezama argumenta y coloca en relación a un artista cubano del siglo XX
con artistas pertenecientes a corrientes diferentes nos llama bastante la atención. No tanto por
esa operación contraria a la linealidad, a la jerarquización y clasificación esperada, ya que,
como señalamos anteriormente, el poeta se opone al estatismo de las definiciones y a la
concepción de la historia ­incluso la artística­ como un proceso rectilíneo donde, a la manera
de un organismo vivo, existe un nacimiento y un desarrollo. Por el contrario, nos llama la
atención porque su forma de argumentar se subordina a los conceptos de su sistema poético.
Así, cuando leemos una afirmación como en "Portocarrero es frecuente la fijación de esas
ciudades en un espacio de lejanía y en un tiempo reconstruido" [figura 16] (LEZAMA,
1994a, p. 227), tenemos una tesis sobre la obra de este pintor y un planteamiento propio del
sistema poético lezamiano, es decir, la imagen. Una subordinación en la que estas
formulaciones organizan un constante contrapunto o diálogo entre el carácter de la obra
artística de René Portocarrero con los plásticos antes mencionados y con otros como
Cézanne, el Greco [figura 25], Goya
52
, Uccello, Van Gogh, Monet y Utrillo.
En suma, para comprender la organización del ensayo "Homenaje..." es necesario revisar
los conceptos del sistema poético lezamiano, sobre todo, la idea de imagen. En consecuencia,
buscamos un acercamiento entre esta noción y las manifestaciones críticas que la consideran
como una representación emparentada con el aura como fenómeno de lo sagrado y cultual.
Posteriormente, y a partir de la sentencia horaciana de ut pictura poesis, analizaremos el nexo
entre estas dos artes a partir de la pareja Baudelaire-Delacroix, con el fin de establecer una
posible poética visual lezamiana presente en "Homenaje..."; poética en la que retomaremos
el concepto de ecfrasis.
52
Por ejemplo, con Cézanne, el Greco y Goya, Lezama organiza la argumentación de modo que la metáfora y la
sobrenaturaleza aparezcan como el eje de la comparación entre Portocarrero y los tres artistas. De esta
manera, leemos en Lezama que en la obra del pintor caribeño "Tanto sus árboles como sus flores, dentro de la
tradición cezanniana del no modelar, modular, están apoyadas en esas sustituciones, que forman su continuo
entre el hálito y la energía cosmológica"(LEZAMA, 1994a, p. 230); o que en dos cuadros, "uno del Greco, otro
de Goya, [se] explican mejor el crecimiento orgánico de la ciudad en la sobrenaturaleza, que es la manera
también de Portocarrero" (LEZAMA, 1994a, p. 255).
84

2.5.2
Un sistema poético en una crítica de arte
2.5.2.1
La dialéctica de la imago
Qualquer imagem mental tem a mobilidade do movimento do espírito.
Pierre Francastel. Imagem, visão e imaginação
Son numerosos los apartados de "Homenaje..." donde se menciona a la imagen. Desde el
comienzo del ensayo hallamos un lazo entre la imago y la distancia, en la caracterización de
la idea misma de paisaje y en el carácter de las obras de Iacopo Bellini. Con respecto al pintor
italiano, Lezama señala que:
No es necesario que el pintor enlace esa región en sus cercanías, por el
contrario, se expresa como un punto en la lejanía. Se ve que esas ruinas no
nacieron en un dictado de la cercanía, sino en un movimiento de la
imaginación que se detuvo en esas ruinas traídas por la mano alargada de la
imagen (LEZAMA, 1994a, p. 226).
La imagen es enlazada así a una idea de lejanía que, a su vez, se relaciona con la pintura
paisajística. En este sentido, la oposición a la cercanía, a lo conocido ya de antemano ­la
casa
53
­, parece uno de los rasgos de la imago, pero no el único. Una distancia que posibilita
la aparición de categorías como landscape e inscape, las cuales se vinculan a movimientos de
alejamiento y cercanía, respectivamente. Así, en palabras del poeta, leemos que:
En alguna página anterior sobre Portocarrero, habíamos hecho referencia a
ese landscape, a ese paisaje establecido en la distancia para circulizar la
tierra ganada por la imagen. Desde entonces, Portocarrero no sólo ha
fortalecido esa presencia de la lejanía, sino que ha ganado una nueva
dimensión, el inscape. Esa palabra, traída a la poesía inglesa por Manley
Hopkins, expresa el secreto ontológico, la forma interna, en el extremo de
toda configuración, es como la melodía que lleva el hecho realizado a volver
sobre el sujeto para provocarle una epifanía (LEZAMA, 1994a, p. 228).
53
La casa como lo conocido, y donde no es necesario el distanciamiento operado por la imagen, aparece en
repetidas ocasiones en el ensayo. La primera vez en función de la idea misma de cercanía; posteriormente
asociada a la idea de cubanía. En cuanto a esta última, Lezama escribe: "He ahí la manera esencial de su
esclarecedora cubanía en la fortaleza de la casa como imagen" (LEZAMA, 1994a, p. 229). Además de la casa,
hay otra imagen que remite tanto a una proximidad como a un estatismo: el árbol. Ambos, la casa y el árbol, se
convierten en imágenes intercambiables de una estructura, de una fijeza e inmovilidad que se relacionan con el
movimiento interno del inscape. De esta forma, "toda casa tiene su raíz en la forma interna, en el inscape, en la
melodía que devuelve la penetración. En el centro de toda casa hay una estructura, un árbol, que convierte lo
real en sacramental, lo sacramental en germinativo. El árbol en el centro de la casa logra un tiempo sin
antecedentes ni consecuentes, un tiempo resguardado de su fragmentación en los anillos de la serpiente"
(LEZAMA, 1994, p. 228).
85

Más allá de las ideas de distancia y proximidad como opuestas dentro del surgimiento de
la imagen, conviene pensar más bien en una relación dialéctica. En este sentido, vale la pena
recordar que para la creación de una imagen, a partir de la metáfora, por ejemplo, existe un
elemento conocido, próximo a nosotros, del cual se parte para crear un aspecto nuevo,
distante, por la novedad. Así, más que oposiciones, encontramos diálogos, encuentros entre
los pares lejanía-cercanía, casa-ciudad, landscape-inscape e interno-externo. Quizás, y con
respecto a este carácter dialéctico, sea pertinente observar otras parejas de conceptos que
reafirman este carácter dialógico de la imagen. De este modo, Pierre Francastel en Imagem,
visão e imaginação asevera que:
Qualquer captação de imagem pela nossa visão, acarreta o desenvolvimento
de uma actividade mental, orientada simultaneamente numa dupla direcção.
Formada por elementos, a imagem toma um sentido logo que estabelecemos
uma relação combinada entre os signos materiais: quando presupomos que
esses elementos reflectem conjuntos vulgarmente interpretados, enquanto
objectos por um determinado grupo de indivíduos, estamos no domínio das
configurações, ou seja, do espaço. Por outro lado, a imagem também toma
um sentido, quando consideramos que os elementos espaciais assim
constituidos, só possuem realidade na medida em que reflectem
conhecimentos e valores que a aprendizagem imediata dos sentidos é
insuficiente para criar; estamos então no domínio da memória ou do
imaginário, isto é, do tempo. Desta forma, o espaço-tempo não poderá ser
reduzido a uma apreensão única, nem a uma oposição. Não há nenhuma
forma de pensamento que seja divisível, e também não é, nunca, por
acumulação, que os elementos fornecem os princípios da intelecção. As
categorias de espaço e de tempo estão apoiadas, não em diferentes séries de
factos exteriores, mas nas modalidades em que se manifesta a atividade
global do espírito (FRANCASTEL, 1987, p.97).
Categorías como espacio y tiempo, o composición imagética y memoria, no se oponen
sino que se conjugan. En la situación enunciada por Francastel, el elemento espacial, donde la
imagen es vista desde lo material, se une con un componente inmaterial e intangible, como lo
es la memoria o el imaginario. Lo mismo sucede, desde otro punto de vista, cuando se piensa
en la imagen poética. De acuerdo con Marcel Raymond, en su texto De Baudelaire al
surrealismo, la imagen combina un componente espiritual con uno proveniente del mundo
físico. Así, encontramos que:
Esas imágenes, cuyos elementos se han tomado del polvo de lo sensible, no
tienen la función de describir objetos exteriores; su papel consiste en
prolongar, en restituir movimientos interiores. `En ese estado de Ilusión ­
dice Novalis­ no es tanto el sujeto quien percibe los objetos, sino que, a la
inversa, los objetos vienen a percibirse en el sujeto. Toda imagen se organiza
secretamente en símbolo, las palabras dejan de ser signos para participar en
las cosas mismas, en las realidades psíquicas que evocan' (RAYMOND,
1960, p. 12).
86

Debemos resaltar aquí una situación que destacan tanto Raymond como Francastel: la
idea de que la imagen no cuenta con un referente exacto en la realidad. Esta observación es
importante porque nos libera de un realismo achatado en el que la imagen, tanto la pictórica
como la poética, representan una copia o un duplicado del mundo físico. En este sentido,
trataremos siempre a las imágenes de arte ­y estamos incluyendo a las de poesía­ como
entidades sin ninguna relación de identidad con objetos naturales existentes. Con las palabras
de Francastel, las veremos como formas "dotadas de ciertas cualidades orgánicas que las
transforman en objetos de imaginario, complejos, estructurados y capaces de fijar nuestra
atención" (FRANCASTEL, 1987, p. 30).
2.5.2.2 La imagen y la ficción
La primera operación que Lezama realiza en el ensayo "Homenaje..." es la
caracterización de la pintura de Portocarrero a partir de la imagen como un elemento que
dialécticamente vincula lo "interno" o "cercano" ­la casa­ y lo "externo" o "lejano" ­la
ciudad. Este par de adjetivos le sirven para desarrollar una noción de procedimiento estético
donde la imagen también comienza a asociarse a una idea de vacío creador o a una creación a
partir de la ausencia y la lejanía
54
. No obstante, este no es el único proceso alrededor del cual
se articula sino que se manifiestan otras maneras directamente relacionadas con las ideas
expresadas en su concepción acerca del sistema poético. Una de ellas es el vínculo con las
eras imaginarias, la otra es el lazo con conceptos del sistema poético como "naturaleza" y
"sobrenaturaleza".
Antes de cualquier referencia a los elementos del sistema poético, Lezama Lima recurre a
una imagen para mostrar su teoría sobre la creación pictórica. La escena incluye un episodio
de caza donde se conjugan la memoria de una imagen con recreaciones de ésta a partir de
sentidos como el oído y el tacto. Leemos:
54
Otra percepción acerca de la cubanidad incluye no solamente la imagen estática y fija de la casa sino también
el juego dialéctico con la ausencia o lejanía. En palabras de Lezama, este sería uno de los logros estéticos de
Portocarrero con respecto a la inscripción en la tela de un carácter cubano. Al respecto señala: "He ahí la
manera esencial de su esclarecedora cubanía en la fortaleza de la casa como imagen y en la dispersión por la
muerte de los padres" (LEZAMA, 1994a, p. 229). Si por un lado existe una exaltación de las imágenes de la casa
o el árbol en relación a lo próximo y lo inmutable, también es necesaria la inclusión de la distancia o
"dispersión" a partir de la ausencia que genera siempre una posibilidad. De esta forma, no es gratuita la
referencia en los ensayos sobre el sistema poético a un potens, a una posibilidad que surge a partir de una
forma vacía.
87

Entre el objeto y el pintor se establece una relación que de pronto oscila, se
rompe y termina por desaparecer. El pintor tendrá que soldarlas con un
grupo de imágenes que penetran en esa suspensión. Supongamos una
venatoria medieval, el pintor ha fijado un cervatillo, y ya prepara la trampa
de sus carbones. Sin correr el cervato hacia el bosque, el pintor siente que ya
no está. Una relación de simpatía entre su visión y el fino animal ha
desaparecido. Se ha establecido una suspensión. [...]. Pero en ese vacío el
pintor oye la melodía, la serie de puntos en vibración que sigue a una
desaparición; acaricia la forma de la ausencia de un animalejo cuyo cuerpo
en su totalidad está hecho para responder al acecho con un alerta perpetuo,
dictado por una red nerviosa, hecha para defenderse de lo furtivo, la
serpiente que silba y salta, que diabólicamente lo persigue (LEZAMA, 1997,
p. 229-230).
Hemos transcrito casi en su integridad este pasaje porque nos permite realizar dos
operaciones. Por un lado, nos sirve para mostrar cómo procede la crítica de arte lezamiana, es
decir, el modo proliferante de su escritura y su forma de acudir a las imágenes. Por otro, nos
sirve para caracterizar el ensayo lezamiano a partir de un juego en el que no solamente se dan
cita la erudición del autor sino, como ya lo hemos mencionado, la imagen poética
55
.
Quizá lo más importante es subrayar el carácter de ficción que encierra esta propuesta.
Los datos sensibles que propone Lezama como acariciar (la cursiva es suya) una forma
ausente solamente pueden existir desde la imagen, desde esa progresión metafórica hacia una
Forma ideal, en suma, una invención (¿acaso es posible acariciar la forma de la ausencia?).
De ahí que el rasgo más sobresaliente de la imago resida en esa facultad inventiva o ficcional
pero no representa el único. Otro elemento que colabora en la creación es la memoria o el
imaginario, como señalamos anteriormente con Francastel. Pero en el fragmento de Lezama
percibimos que en la reconstrucción mnemónica de la imagen del cervatillo intervienen
elementos musicales y no exclusivamente la visión y el tacto. Una imagen que de algún modo
puede enlazarse con el soneto "Las correspondencias" de Baudelaire. Así, en el procedimiento
de creación de ésta intervienen una visión interna y sensaciones táctiles y auditivas que, a
nivel sensorial, serían completadas por los otros dos sentidos faltantes: el gusto y el olfato.
El carácter de ficción que atribuimos al concepto de imagen a partir de la participación de
la lejanía, la ausencia o la suspensión en el fragmento sobre el episodio de caza del ciervo, nos
55
Otro ejemplo de esa escritura que teoriza sobre el quehacer del pintor se encuentra unas páginas más
adelante cuando nuevamente Lezama elabora una correlación entre la visión y el tacto. La gran diferencia entre
este fragmento y el otro que citábamos arriba es una mayor presencia de la imagen poética. Así, "La mano
penetra en lo oscuro y los dedos matizan los instantes diversos en la urdimbre de la tela. Aún dueño de su
visión, el pintor tiene en los dedos la conciencia palpatoria. Tiene los ojos para la luz y los ojos del ciego que
reconocen en la súmula de los instantes, entregados por los dedos. Visión y visión en lo oscuro y las
matizaciones de los dedos" (LEZAMA, 1994a, p. 232).
88

proporciona también un posible diálogo con Francastel. Aunque se trate de enlazar la
propuesta del ensayista con un crítico y teórico del arte, la caracterización de la imagen a
partir de la fictio resulta importante para la comprensión de la crítica de arte lezamiana como
un ejercicio entretejido con su concepción acerca del sistema poético. En palabras de
Francastel:
Qualquer imagem é uma ficção, o que significa que associa obrigatoriamente
elementos colhidos do real, com outros, retirados da memória, através da
qual, em última análise, elementos afastados ou antigos ­conhecidos através
da experiência pessoal ou da experiência de outros homens­ se tornam
presentes e utilizáveis. Torna-se claro, assim, que uma das características
fundamentais da imagem plástica consiste no fato de ela unificar elementos
de origem diferentes, e que não possuem o mesmo caráter de realidade
(FRANCASTEL, 1987, p.133-134).
Vemos que retorna el tema de la memoria
56
para la elaboración de una imagen pictórica.
La diferencia es que mientras Pierre Francastel, con un lenguaje claro que no apela a
imágenes poéticas, especifica los dos elementos que intervienen en la creación de una imagen
­
la memoria y elementos del mundo real
­
, el poeta apela al relato para caracterizar la imagen
desde la ficción
57
. No deja de ser curioso que en su explicación acerca del proceso de crear
imágenes por parte del pintor intervenga una especie de narración, una escena ficticia de
cacería que explica cómo la imago procede a partir del vacío. Pero no cualquier vacío, porque
es uno que se sutura con el ejercicio de la memoria, una Mnemósine (sic.) que involucra
recuerdos de sus sentidos y que le permite reconstruir ese ciervo, ese animal del mundo
objetivo que no representa una mera copia de aquél del mundo real e inmediato.
56
La memoria es un tema clave en la elaboración teórica lezamiana. En el primer capítulo la mencionamos en
relación a la crítica y a la práctica de la lectura a partir del ensayo "Julián del Casal". Ahora, en este apartado, la
convertimos en el motor creativo de la imago a partir del ejemplo dado por el poeta cubano. No obstante,
debemos aclarar que la remembranza no es el único eje. También habría un importante componente de azar
evidente en el momento en que el pintor "oye la melodía [...] y acaricia la forma de la ausencia". Una
coincidencia que nos recuerda el famoso episodio de la magdalena en En busca del tiempo perdido de Proust.
Una hipótesis que enlaza la idea de imagen a la de aura benjaminiana.
57
Otra forma de ver la relación de la imagen con la ficción la encontramos en el poeta francés Yves Bonnefoy.
Según él, "La Imagen es ciertamente la mentira, por más sincero que sea su artífice" o "Es un infinito soñado
dentro de la misma finitud de las cosas" (BONNEFOY, 2007, p.29). De este modo, su posición parece
diametralmente opuesta a la de Lezama, en la medida en que valora positivamente la idea de presencia en
detrimento del mundo-imagen. Para él, no es que este último posea únicamente un valor negativo sino que es
necesaria la presencia, es decir, "una vivencia real en la imagen" (SÁNCHEZ-RAMÓN, 2005, p. 47). A pesar de
esta diferencia, entre otras, nos llamó bastante la atención este autor porque escribe crítica de arte sobre
pintores y escultores europeos como Alberto Giacometti, Aníbal Carracci o Caravaggio.
89

2.5.2.3 ¿Un diálogo torcido? Reflexiones acerca de la imagen en José Lezama Lima y
Pierre Francastel y del aura en Walter Benjamin y Georges Didi-Huberman
Aunque el poeta y ensayista cubano no abre su corpus de obras plásticas hacia las obras
artísticas internacionales, ni busque "instaurar una teoría abarcadora acerca de la obra
estética"
58
, no por ello es menos cierto que sus planteamientos pueden integrarse a otras
corrientes del pensamiento sobre la expresión artística. Así, en las siguientes páginas
entablaremos un diálogo entre él y dos teóricos y críticos de arte como Pierre Francastel y
Georges Didi-Huberman. El propósito de este encuentro es una lectura abarcadora acerca de
la reflexión sobre la imagen plástica, que nos permita observar las continuidades y las
rupturas entre una propuesta de crítica de arte cuyo punto inicial es la poética del escritor
cubano, y los planteamientos de dos críticos de profesión que también se aproximaron a
manifestaciones como la literatura o el cine.
Con Francastel y su texto Imagem, visão e imaginação (publicado en 1983 con el título
L´image, la vision et l´imagination), queremos destacar la propuesta ya señalada de la imagen
como ficción y la conciencia de que, a partir de la obra de Cézanne y de Gauguin
59
, la pintura
se desliga de la idea de producir objetos cuyo valor reside en la semejanza con los del mundo
físico y se centra en la producción de piezas estéticas. En palabras de este crítico, "através de
Cézanne ­e de Gauguin­, a pintura tornou-se capaz de construir sistematicamente objectos
análogos, e já não parecidos, aos da experiência sensível" (FRANCASTEL, 1987, p. 70). No
podemos olvidar que lo que se destaca aquí es la idea de la autonomía del objeto artístico
frente a la mera representación del mundo físico. Una rasgo de la creación plástica que
Francastel defenderá a lo largo de su texto.
Con respecto a Georges Didi-Huberman, haremos dos operaciones. Por un lado
entablaremos contacto con su idea sobre la imagen en relación al vacío y a la pérdida; por
otro, trabajaremos la idea de imagen y aura, un planteamiento que Didi-Huberman desarrolla
58
Decimos que no "abre su corpus a obras artísticas internacionales" porque no constituyen el centro de sus
textos, aunque las mencione. Por otra parte, colocamos el "instaurar una teoría abarcadora acerca de la obra
estética" entre comillas porque, como veremos posteriormente, nuestra tesis principal es que el José Lezama
Lima propone, de forma implícita, una teoría sobre el objeto estético a partir de su concepción de la imagen.
Así, subrayamos ese carácter "implícito", en la medida en que él nunca escribió un libro enteramente dedicado
a este tema. De ahí que las compilaciones realizadas por Leonel Capote y Roberto Prats Sariol resulten tan
valiosas para nosotros.
59
No queremos decir que Lezama haya leído a Francastel o que siga a ciegas su planteamiento estético. Lo que
está en juego aquí es la idea de la autonomía de la obra de arte, en el sentido que ésta no hace referencia a
nada en el mundo real.
90

a partir de Walter Benjamin, y en el que nos aproximaremos directamente tanto a su
propuesta, como a los textos del filósofo alemán.
Uno de los rasgos más destacados de este crítico es su noción de que la imagen se vincula
a una escisión, a una ruptura donde la noción de pérdida es "ineluctable". Una idea cuya
negatividad no se presenta de forma absoluta o total sino bajo una forma oscilante: la del
juego marino en la que el movimiento del agua, con sus avances y retrocesos, representa una
figura fluctuante, cara también a la escritura lezamiana que, en el ensayo sobre Portocarrero,
aparecía definida mediante la "suspensión", en el juego aparición-desaparición del ciervo.
La "ineluctable escisión de lo visible" resulta así el título más apropiado, no solamente
para su primer capítulo sino para las dos operaciones que Didi-Huberman realiza en su texto
O que vemos, o que nos olha. En primer lugar, destaca una imagen literaria como la summa de
su concepción crítica, ya que se trata de una expresión que proviene del Ulises de Joyce, más
exactamente del momento en el que Stephen Dedalus observa el mar y recuerda a su madre
difunta. Una escena que, en sus palabras, ofrece "em sua precisão, todos os componentes
teóricos que fazem de um simples plano ótico, que vemos, uma potência visual que nos olha
na medida mesmo em que põe em ação o jogo anadiômeno, rítmico, da superfície e do fundo,
do fluxo e do refluxo" (DIDI-HUBERMAN, 1998, p. 33). En segundo lugar, le permite
caracterizar el fenómeno de la imagen visible, como una situación donde resulta inevitable un
proceso de ruptura, de pérdida, un evento de angustia y un encuentro con el ser-ahí
heideggeriano. De lo que se deriva que esa "modalidad" de lo visible, como inevitable o
"ineluctable", comporte un encuentro con el "aura" de una obra y con el poder de "su"
mirada. Es claro que la idea que rige el texto de Didi-Huberman es la de la obra de arte como
objeto aurático que nos interpela porque nos mira, pero más que una mirada directa sobre
nosotros, es la contemplación que la obra permite sobre nosotros mismos, sobre nuestra
experiencia y nuestra memoria. De este modo, el mejor ejemplo proporcionado es la
contemplación de una tumba. Según afirma:
Assim, diante da tumba, eu mesmo tombo, caio na angústia ­ a saber, esse
"modo fundamental do sentimento de toda situação" ­, essa "revelação
privilegiada do ser-aí", de que falava Heidegger [...]. É a angústia de olhar o
fundo ­o lugar­ do que me olha, a angústia de ser lançado à questão de saber
(na verdade de não saber) o que vem a ser meu próprio corpo, entre sua
capacidade de fazer volume e sua capacidade de se oferecer ao vazio, de se
abrir (
DIDI-HUBERMAN, 1998, p.
38).
91

El poder de la imagen aparece en esta capacidad, la de una mirada en la que la obra ­en
este caso, tumba­ obliga al espectador a mirar el fondo, a mirarse a sí mismo en una
operación que lo disloca, que lo lleva a una reflexión y a una sensación de angustia frente a la
muerte. También es una característica de algo que une en una misma figura lo lleno y lo
vacío, es decir, la tumba como obra artística susceptible de observación simboliza, al mismo
tiempo, un elemento que simplemente es (la piedra tallada sobre una lápida con la figura de
alguien importante) y una situación o un concepto subyacente que, aunque implícito, no por
ello deja de ser inquietante: la muerte, como vacío, como ausencia de vida en esa forma
corporal. Sobresale en la argumentación de Didi-Huberman que no todas las piezas estéticas
conjugan esta duplicidad, esta cualidad de trascender la forma hacia un concepto que puede
resultar perturbador, y entre ellas destaca algunas producciones minimalistas
60
. Igualmente, y
como se trata de una perspectiva no centrada exclusivamente en la obra estética, su mirada
también incluye la posibilidad de que ésta no sea aurática o que el mismo espectador se
rehúse a percibir este carácter y se convierta en lo que él denomina "el hombre de la
tautología". Un tipo de espectador que solamente ve el objeto en su pura materialidad, sin
percibir su aura.
No obstante, la idea de aura en un objeto de arte no se vincula únicamente a su capacidad
de invocar una pérdida, de señalar un vacío sino que involucra una "dupla distância
pictórica". Para Didi-Huberman, el aura es la relación de esas dos distancias que rodean una
obra artística: por un lado, tenemos un objeto que en apariencia podemos "manipular", en el
sentido en el que nos apropiamos de él para clasificarlo y hacerlo entrar dentro de una
tradición con otros objetos ya conocidos, y por otro, no tenemos su lugar original, el contexto
de su nacimiento. Al respecto sus palabras son esclarecedoras:
[...] é claro que fomos obrigados para "ter" o objeto, a virar pelo avesso o
solo originário desse objeto, seu lugar agora aberto, visível, mas desfigurado
60
Autores canónicos de la historia y de la crítica de arte como Giulio Carlo Argan señalan que corrientes como
el arte conceptual o el hiperrealismo "assinalam o ponto limite da redução da arte a pura fenomenalidade".
Estas corrientes, vistas en un ensayo escrito en 1984 como las más recientes, representan para este crítico y
teórico italiano los dos extremos de un arte que, reducido a la mera objetualidad, propugna "a teoria sem
prática" (el conceptualismo) y "a prática sem teoria" (el hiperrealismo) (ARGAN, 1988, p. 88-89). En ambos
casos, el autor destaca la idea de que estas expresiones no representan el concepto de arte como valor y, en
consecuencia, de acuerdo a nuestra argumentación, no constituyen en absoluto un arte aurático. En cambio, la
posición de Didi-Huberman, en su ensayo de 1999, es más matizada cuando afirma que en la obra de algunos
minimalistas existe la presencia de un aura o imagen. Así parece señalarlo cuando dice, en una nota de pie de
página, "repetimos que nada disto constitui uma prerrogativa específica do minimalismo [su ausencia de
imagen-aura]: ele é apenas uma forma exemplar. A dupla distancia verifica-se tanto nos mais sutis desenhos
murais de Sol LeWitt quanto nas esculturas de Richard Serra" (DIDI-HUBERMAN, 1998, p. 168).
92

pelo fato mesmo de pôr-se a descoberto: temos de fato o objeto, o
documento ­mas seu contexto, seu lugar de existência e possibilidade, não o
temos como tal. Jamais o tivemos, jamais o teremos (DIDI-HUBERMAN,
1998, p. 176).
Vemos nuevamente este carácter de pérdida enlazado a la idea de imagen y de aura. De
este modo, y para este crítico, la imagen auténtica es una representación mental o la imagen
de un cuadro y una noción dialéctica y crítica que se alía a un discurso estético, crítico e
histórico. Como discurso estético, Didi-Huberman piensa en el carácter de la imagen pictórica
o escultórica, en su capacidad de remitir a otras realidades más allá de su materialidad; como
discurso crítico reflexiona sobre la propuesta de Baudelaire, quien crea una forma poética
imbuida de un trazo crítico que "transforma e inquieta os campos discursivos circundantes"
(DIDI-HUBERMAN, 1998, p. 168); como discurso histórico, analiza el encuentro entre una
imagen del pasado y el presente para observar cómo es la lectura y representación de ese
pasado.
Es obvia la deuda de Georges Didi-Huberman con Walter Benjamin. Así lo reconoce en
varias oportunidades y, sobre todo, cuando teoriza acerca de los rasgos de la imagen auténtica
como una imagen dialéctica y crítica. Al igual que Benjamin, Didi-Huberman propone
ampliar la noción de imagen más allá de la expresión plástica y hacia otros constructos donde
intervienen la lengua y el discurso. Es la operación que realiza, por ejemplo, cuando habla de
la crítica de arte como una imagen dialéctica, y cita las palabras del filósofo sobre el quehacer
del crítico como el encuentro de palabras que martillen lo real "com pequenas marteladas até
que nele [o real] tenham gravado a imagen como numa chapa de cobre" (DIDI-HUBERMAN,
1998, p. 184), o cuando piensa y comparte el anhelo benjaminiano de un discurso histórico
sobre las obras de arte como una conjunción del discurso histórico-objetivo sobre los objetos
estéticos con un discurso subjetivo sobre los mismos (DIDI-HUBERMAN, 1998, p. 187). En
todo caso, posteriormente retomaremos el pensamiento de Benjamin para reflexionar más
detenidamente sobre su concepción de aura, ya sin el filtro de Didi-Huberman, al igual que
volveremos a la reflexión de Lezama sobre la imagen.
Un primer acercamiento a la idea de la imagen para José Lezama Lima puede ser hallado
en el Diccionario Vida y obra de José Lezama Lima de Iván González Cruz. En una de las
entradas correspondientes leemos: "Y como la semejanza a una Forma esencial es infinita,
paradojalmente, es la imagen el único testimonio de esa semejanza que así justifica su
voracidad de Forma, su penetración, la única posible, en el reverso que se fija" (GONZÁLEZ
93

CRUZ, 2000, p. 207). Una definición con ecos platónicos y católicos donde hallamos una
"Forma esencial" que corresponde a una Imagen ideal ­y también a Dios­, de la cual el
mundo objetivo resulta en una mera derivación o un reflejo, y una imagen que, en el sentido
lezamiano, funciona como testimonio de esa otra realidad superior e invisible. Desde este
panorama, y en palabras de Irlemar Chiampi, la imagen resulta "la única realidad y la
interposición que cubre la distancia entre esa Forma y la irrealidad de los objetos"
(CHIAMPI, 1982, p. 30). Pese a la clara identificación entre la imagen y la realidad, que
podemos corroborar con Lezama en otros fragmentos, resulta confusa la imprecisión entre los
términos "imagen" y "metáfora", ya que ambos son definidos en relación a la semejanza. Un
obstáculo para la comprensión que esta crítica resuelve de manera afortunada en su texto
"Lezama Lima: la imagen posible". Desde su punto de vista:
La indistinción en el uso del término ´imagen´ (ora significa ´metáfora´ ­el
procedimiento de semejar­, ora la finalidad de las metáforas ­constituir la
Imago) es aquí a propósito. No es difícil deducir que Lezama alinea sus
conceptos de poética por la doctrina platónica de las ideas, repasada por el
discurso teológico de los filósofos cristianos medievales. La suprema meta
del camino recorrido por las imágenes es Dios, que en este ensayo está
referido por metáforas (el "anterior", la "Forma", el "reverso" [...]. De este
modo, la imagen contiene el dibujo de la progresión de la semejanza en
busca de la Forma esencial (CHIAMPI, 1982, p. 30).
La imagen es, entonces, un concepto de orden metafísico o "sobrenatural" en el que se
conjugan los avances metafóricos que representan la semejanza con la "Forma", el "anterior"
o el "reverso", vocablos que la autora resalta como referencias a Dios. Es importante destacar
también que la imagen no debe ser confundida con la imaginación, un giro común debido a la
proximidad entre ambas locuciones. De acuerdo con Lezama en su ensayo "La imagen
histórica" de Las eras imaginarias:
Por una fácil paradoja en la aceptación que le damos a la imagen, es ésta
totalmente opuesta a la imaginación. La imagen extrae del enigma una
vislumbre, con cuyo rayo podemos penetrar, o al menos vivir en la espera de
la resurrección. La imagen, en esta aceptación nuestra, pretende así reducir
lo sobrenatural a los sentidos transfigurados del hombre. Lo natural
potenciado hasta alcanzar más cercanía con lo irreal, devolver acrecidos los
carismas recibidos en el verbo, por medio de una semejanza que entrañe un
desmesurado acto de caridad (LEZAMA, 1971, p. 61).
Como podemos ver, el concepto de imagen resulta definitivo en lo que concierne al
sistema poético y a nuestra tesis de una continuidad entre los planteamientos sobre la poesía y
la crítica de arte. Asimismo presupone el fondo sobre el que se recorta constantemente la
interpretación y los juicios del poeta y ensayista acerca de los artistas a los cuales se refiere.
94

No solamente una vez sino muchas veces y en relación a diferentes piezas y creadores
plásticos aparece este término que no debe confundirse con la obra o con el elemento
puramente visual. De hecho, como veremos en las siguientes páginas, Lezama no concibe la
imagen dentro de lo pictórico sino dentro de este horizonte que, aunque se emparente con la
realidad
61
, tiene ese trasfondo "sobrenatural", de creación donde la metáfora avanza hacia la
semejanza con la "Forma". Una similitud construida mediante la analogía metafórica y nunca
gracias a un concepto de mímesis. Así, siguiendo al propio autor en su ensayo "Las imágenes
posibles", hallamos que:
Pero siempre en la imitación o semejanza habrá la raíz de una progresión
imposible, pues en la semejanza se sabe que ni siquiera podemos parejar dos
objetos analogados. Y que su ansia de seguir, de penetrar y destruir al objeto,
marcha solo acompañada de la horrible vanidad de reproducir (LEZAMA,
1977, p. 156).
La importancia concedida al carácter de una analogía basada no en comparar objetos
semejantes sino en lanzar puentes entre elementos disímiles, es fundamental para vislumbrar
los rasgos que el escritor valora en los artistas cuya obra analiza y sobre los que construye su
poesía. En ningún caso, encontraremos a un Lezama que pondere un naturalismo mimético en
términos positivos. De hecho, el primer juicio sobre Portocarrero valora una idea de distancia,
donde no interviene una idea de copia sino de analogía de elementos heterogéneos alejados
temporal y espacialmente. Así:
En Portocarrero es frecuente la fijación de esas ciudades en un espacio de
lejanía y en un tiempo reconstruido. Lo mismo lo encontramos en Ouro
Preto en las encaladas iglesias hechas por el Aleijadinho; en el ala de San
Luis, entre medievales techos arcillosos y chimeneas cuyo humo revela la
sobremesa dilatada: en la Bagdad de Harum Al Raschid, recibiendo
incesantemente a los mercaderes que traen los prodigios. El barroco
americano, la iglesia bizantina, la liturgia cismática griega, el castillo
medieval, está siempre en la lejanía de su visión (LEZAMA, 1994a, p. 227).
Es verdad que en "Homenaje..." Lezama no se refiere puntualmente a la reproducción.
No obstante, la misma caracterización de las metrópolis de Portocarrero, en términos de
confluencia de diferentes elementos, difiere de lo que consideramos como los rasgos de la
copia. Entre las características de esta última encontramos, de acuerdo a Benjamin, un ansia
61
En una de las entradas del diccionario de Iván González Cruz encontramos las siguientes palabras de Lezama:
"Yo no creo que haya que establecer un dualismo entre imagen y realidad. La imagen es la misma realidad y lo
que alcanzamos de la realidad es la imagen. Si no fuera por eso, el mundo sería intocable e indefinible y una
especie de ceguera tenebrosa rodearía la naturaleza, haciéndola imposible a su penetración al hombre"
(GONZÁLEZ CRUZ, 2000, p. 210).
95

de posesión y una marcada inmediatez
62
que no tendrían ninguna relación con la manera en
que este pintor construye sus ciudades. A pesar de que este no es un ejemplo específico sobre
la mímesis o la copia en la obra del artista, sirve a modo de paradigma de lo que Lezama
considera como uno de los valores en la obra de los plásticos que examina. En este caso, se
trata del valor de la "lejanía" o de la creación de la urbe desde la imagen.
Una tentativa de aproximación entre la noción lezamiana de imagen y la noción de aura
de acuerdo a los postulados de Benjamin a esta altura puede ser cuestionable. Primero, porque
no hay una relación directa o explícita entre ambas y, segundo, porque la forma como Lezama
enlaza el término "imagen" con la constelación de ideas y conceptos que conforman su
"sistema poético" no guarda relación con el contexto de generación del término "aura"
63
en
los textos que vamos a analizar. Pese a estas diferencias, queremos señalar la existencia de
una posible convergencia entre el poeta y el filósofo alemán, a partir de dos textos del
segundo ­"Sobre alguns temas em Baudelaire" y "A obra de arte na era da sua
reprodutibilidade técnica"­ y según la conceptualización sobre la imagen lezamiana que
desarrollamos en las páginas y párrafos anteriores. Vale la pena señalar desde ya que
aprovecharemos este vínculo inicial para desarrollar un poco más el punto de vista de Didi-
Huberman sobre la imagen. Esta última mirada resulta muy importante para entender el eje de
una crítica de arte que parece detenerse específicamente en un tipo de obras de artes visuales.
Los dos primeros rasgos que nos llaman la atención son la lejanía y la invisibilidad. En
cuanto a la distancia, Benjamin afirma en "Sobre alguns temas em Baudelaire", ensayo
publicado en 1939, que:
Perceber a aura de uma coisa significa investi-la do poder de revidar o olhar.
Os achados da mémoire involontaire confirmam isso (e não se repetem, de
resto: escapam da lembrança, que procura incorporá-los. Com isto elas
corroboram um conceito de aura, que a concebe como "o fenômeno
irrepetível de uma distância" (BENJAMIN, 2000, p. 140).
A partir de su análisis sobre Baudelaire, Benjamin percibe la distancia de acuerdo a la
idea de experiencia y de memoria involuntaria que el mismo autor observa en relación a la
62
Pensamos en el ensayo "A obra de arte na era de sua reprodutibilidade técnica", donde Benjamin señala la
pérdida del aura gracias al fenómeno de masas, ya que "cada dia fica mais irresistível a necessidade de possuir
o objeto, de tão perto quanto possível, na imagem, ou antes, na sua cópia, na sua reprodução" (BENJAMIN,
1996, p.170). Una inmediatez que colabora con la destrucción de la unicidad de la obra de arte.
63
Benjamin al acuñar el concepto de "aura" está pensando en el contexto de la modernidad con su
"experiencia vivida" (erlebnis), que es inauténtica. La inautenticidad de la experiencia se debe a varias razones
además de las citadas arriba. Entre ellas, la inmersión del hombre en la vida anónima y desarraigada de las
grandes ciudades.
96

obra de Proust. De acuerdo a esto, es la memoria involuntaria la que fijaría una experiencia
auténtica o erfahrung que realmente resulta irrepetible, contraria a lo que los mecanismos de
la modernidad ­de acuerdo a Benjamin­ realizan con la reproducción, la repetición y la
fragmentación, situaciones que se vinculan con la memoria voluntaria. Desde esta
perspectiva, el significado del aura de una cosa resulta un poder que nos mira, que nos
devuelve nuestra mirada y nos brinda una experiencia auténtica, única, que no se repite y que
no está mediada por la conciencia, por la voluntad. En este sentido, el apartamiento parece
hacer referencia a dos situaciones: la irrepetibilidad y el carácter cultual del fenómeno
aurático, trazo que Benjamin otorga a la imagen de devoción, la cual es "inacessível em sua
esencia" (BENJAMIN, 2000, p. 140).
Este carácter ritual de la obra de arte aurática recibe una mayor profundización por parte
de este autor en su texto "A obra de arte na era da sua reprodutibilidade técnica", publicado
inicialmente y de forma abreviada en 1936. Según él:
As mais antigas obras de arte, como sabemos, surgiram a serviço de um
ritual, inicialmente mágico e depois religioso. O que é de importância
decisiva é que esse modo de ser aurático da obra de arte nunca se destaca
completamente de sua função ritual. Em outras palavras: o valor único da
obra de arte "autêntica" tem sempre um fundamento teológico, por mais
remoto que seja: ele pode ser reconhecido, como ritual secularizado, mesmo
nas formas mais profanas do culto do Belo (BENJAMIN, 1996, p. 171).
Queda claro que para Benjamin la obra de arte aurática posee este carácter religioso
asociado al culto presente desde las sociedades primitivas, lo cual permite una asociación con
el carácter divino que Lezama algunas veces lee en la imagen. Quizás sea éste el único rasgo
en común a ambos y que, en consecuencia, conduce al carácter de inaccesibilidad antes
mencionado, que el poeta, ensayista y narrador interpreta de otra forma. Para el cubano la
imagen a veces se identifica con Dios o puede leerse en ocasiones como el verdadero ser de
las cosas, de la cual recibimos una imagen-reflejo. Una posibilidad que, como hemos
mencionado, se enlaza con la teoría platónica. En todo caso, si volvemos a Benjamin,
debemos pensar que su idea de aura se asocia a la memoria involuntaria, a la experiencia
auténtica, a la distancia, a la irrepetibilidad y a una "función ritual". Rasgos, todos ellos, que
se conectan con la experiencia producto de la visión de una obra artística aurática y que no se
relacionan en absoluto con la idea de imagen de Lezama sino, más bien, con los
planteamientos de Didi-Huberman que veremos a continuación.
97

El trabajo con estos dos autores ­con Benjamin y con Didi-Huberman­
se justifica
porque ambos nos permiten configurar una convergencia: una noción de "valor" de la obra de
arte que sirve como marco de la crítica lezamiana. Con esta idea pensamos en lo que Lezama
pondera positivamente en la obra de arte, mediante sus juicios en los que siempre involucra su
concepción personal sobre la poesía, su particular mirada acerca de la historia y de la
tradición en el arte y hasta de sus digresiones. Pero también esta idea de "valor" nos hace
pensar en lo que el poeta cubano rechaza, en lo que queda por fuera de sus preferencias y de
su atención. De todas formas, debemos tener como horizonte que la mayoría de artistas
plásticos que son considerados en sus textos son cubanos y pertenecen a su círculo de amigos.
En uno de los capítulos de O que vemos, o que nos olha, Georges Didi-Huberman trabaja
el concepto de imagen dialéctica y crítica benjaminiana como el marco conceptual que le
permite el análisis del trabajo artístico de Tony Smith y de Ad Reinhardt. Según sus palabras,
este tipo de imagen (dialéctica y crítica son sinónimos) se caracteriza así:
Falar de imagens dialéticas é no mínimo lançar uma ponte entre a dupla
distância dos sentidos (os sentidos sensoriais, o ótico e o tátil, no caso) e a
dos sentidos (os sentidos semióticos, com seus equívocos, seus
espaçamentos próprios) (DIDI-HUBERMAN, 2005, p. 169).
Esa doble distancia entre la comprensión sensorial y la semiótica presenta una relación de
carácter originario que Didi-Huberman llama "aura". Un origen que puede explicarse de la
siguiente manera:
A origem surge diante de nós como um sintoma. Ou seja, uma espécie de
formação crítica que, por um lado, perturba o curso normal do rio (eis aí seu
aspecto de catástrofe, no sentido morfológico do termo) e, por outro lado, faz
ressurgir corpos esquecidos pelo rio ou pela geleira mais acima, corpos que
ela "restitui", faz aparecer, torna visíveis de repente, mas momentaneamente:
eis aí seu aspecto de choque e de formação, seu poder de morfogênese e de
"novidade" sempre inacabada, sempre aberta, como diz tão bem Walter
Benjamin. E nesse conjunto de imagens "em via de nascer", Benjamin não
vê ainda senão ritmos e conflitos: ou seja, uma verdadeira dialética em
obra
64
(DIDI-HUBERMAN, 2005, p. 171).
Este rasgo originario y de síntoma del "aura" es central porque es esa formación crítica,
ese resurgir de un elemento que interrumpe el curso natural del acontecimiento y que nos
lleva a cuestionarnos, lo que une este pasaje con lo que se había comentado anteriormente
acerca de la imagen como una pérdida en el caso de la escena joyciana de Stephen Dedalus.
64
En "Sobre alguns temas em Baudelaire", Benjamin se refiere también al aura como "as imagens que,
sediadas na mémoire involontaire, tendem a se agrupar em torno de um objeto de percepção" (BENJAMIN,
2000, p. 137).
98

Pero la semejanza no se detiene ahí. Recordemos que en el primer fragmento citado de
Benjamin, "Perceber a aura de uma coisa significa investi-la do poder de revidar o olhar"
(
BENJAMIN, 2000, p.140), se halla el enunciado que resume toda la propuesta de Didi-
Huberman sobre la contemplación de las obras de arte y, a su vez, la noción de aura como un
encuentro con una experiencia que nos desafía (como en el caso de la visión de la tumba) y
que es auténtica. De esta manera, una imagen dialéctica o crítica, además de poseer el
elemento aurático, también conduce a una elaboración mental. El objeto estético observado no
es mera materia sino que suscita una actitud crítica. En las palabras de Didi-Huberman:
Assim teremos talvez uma chance de compreender melhor o que Benjamin
queria dizer ao escrever que "somente as imagens dialéticas são imagens
autênticas", e por que, nesse sentido, uma imagem autêntica deveria se
apresentar como imagem crítica: uma imagem em crise, uma imagem que
critica a imagem ­capaz portanto de um efeito, de uma eficácia teóricos­ e
por isso uma imagem que critica nossas maneira de vê-la, na medida em que,
ao nos olhar, ela nos obriga a olha-lá verdadeiramente" (DIDI-
HUBERMAN, 2005, p. 172).
La imagen aquí no se presenta como un engaño ni como ficción, a semejanza del famoso
soneto de Sor Juana "Este que ves, engaño colorido" sino que conlleva una idea de valor
asociada a su componente crítico. Si pensamos en la crítica de arte lezamiana, el trabajo de los
artistas que el poeta analiza se enmarca justamente en esta noción. Así un René Portocarrero o
un Mariano Rodríguez ­por mencionar sólo un par­ crean una obra artística que le permite a
Lezama todo un aparato crítico relacionado con su visión de la poiesis, y también el elogio
por sus cualidades plásticas. Ya que las obras de estos dos artistas se enmarcan en una
visualidad donde la obra estética es concebida como una expresión única, sus creaciones
pueden sujetarse a la noción de aura benjamiana. El encuentro visual con ellas no es con su
materialidad pero sí con lo que ellas esconden y que conduce a la reflexión. En suma, su
crítica sobre artes visuales no suele tomar en cuenta obras que no se encuadren dentro de esta
perspectiva aurática, lo cual también la reduce, en su gran mayoría, a una crítica de obras
modernas pero no asociadas al arte no representativo. Claro, el pensar en obras plásticas
vinculadas a esta clase de corrientes admite la presencia de cubanos como Antonia Eiriz
(1929-1995), Dolores Soldevilla (1901-1971)y Salvador Corratgé (1928); o los representantes
del arte neoconcreto de los años 60: los brasileños Lygia Clark (1920-1988) y Hélio Oiticica
(1937-180)
65
. Un análisis que involucra herramientas distintas a las empleadas en su crítica
65
Escogimos estos cinco artistas porque su obra se enmarca en los años sesenta, época en que el poeta y
narrador cubano debió tener alguna noticia de ellos (por lo menos de los tres cubanos). De este modo
99

poética y que acarrearía un análisis de una fracción de obras artísticas muy diferente de las
obras del siglo XX escogidas por él. No obstante, si pensamos en la importancia de la crítica
de arte realizada por poetas, esta segmentación y esta atención dada solamente a una pequeña
porción de obras y de autores puede realmente representar una dificultad y una falencia. Un
aspecto que analizaremos con más detenimiento en el apartado titulado "La escisión en la
visión: la copia, la crítica y el arte contemporáneo"
2.6
LEZAMA, BAUDELAIRE Y DELACROIX
Que retornemos a Baudelaire tiene una función estratégica, ya que nos permite una mayor
comprensión de la crítica de arte de José Lezama Lima y posibilita una hipótesis de lectura
más abarcadora de su escritura y, tal vez, de la literatura moderna en general. El hecho de ser
un poeta que escribió crítica no solamente sobre la poesía sino sobre la música y la pintura de
su tiempo, lo coloca en una posición privilegiada para nuestro caso de estudio porque nos
autoriza a comprender los comienzos de una crítica poética y el carácter de una modernidad
cambiante que entronizaba a la burguesía y al individualismo. En nuestra opinión, Baudelaire
no es exclusivamente la figura capital de la poesía moderna ­posición determinada ya por la
crítica­ sino que su poesía y sus escritos críticos manifiestan una voluntad de acercamiento y
hasta de ejecución de los principios pictóricos. Este empeño suyo es el que nos interesa
analizar ahora con el fin de observar las marcas dejadas en herederos suyos como Lezama.
En el prefacio a Las flores del mal, Baudelaire señala el vínculo entre la poesía y la
pintura de la siguiente manera:
Que la frase poética pueda imitar (y por lo tanto rozar el arte musical y las
ciencias matemáticas) la línea horizontal, la fuerte línea ascendente, la fuerte
línea descendente; que pueda escalar una pendiente hacia el cielo, sin perder
el aliento, o descender perpendicularmente hacia el infierno con la misma
rapidez de su peso, que puede seguir la espiral, describir la parábola, o el
zigzag en una serie de ángulos sobrepuestos.
Esta poesía está conectada a las artes de la pintura, la cocina y la cosmética
por la posibilidad de expresar cualquier sensación de dulzura o amargura, de
beatitud o horror, por el emparejamiento de tal o cual sustantivo con tal o
cual adjetivo, análogo o contrario (BAUDELAIRE, 1961, p. 86).
encontramos a creadores como Antonia Eiriz (quien en 1968 realiza la obra "Una tribuna para la paz
democrática" [figura 18], la cual resulta la primera instalación hecha en Cuba), Dolores Soldevilla [figura 19] y
Salvador Corratgé [figura 20] (artistas vinculados al abstraccionismo geométrico y al cinetismo). En cuanto a los
brasileños, a pesar de su importancia como pioneros de expresiones artísticas que no obedecen exactamente a
un rótulo, no podemos saber si Lezama supo acerca de ellos.
100

Sobresalen en este fragmento las características espaciales y hasta geométricas que la
poesía puede imitar pero se destaca, sobre todo, la afirmación de un vínculo del arte poético
con la pintura, la cocina y los cosméticos. Un lazo que recuerda sobremanera a El pintor de la
vida moderna y al planteamiento sobre el carácter artificial del maquillaje; un rasgo que, lejos
de ser negativo, se asocia a la virtud, al verdadero poder creativo y constructivo del ser
humano, que recurre al artificio para reformar a la naturaleza, así como las mujeres usan el
maquillaje para resaltar sus cualidades femeninas. Recordemos las palabras de Baudelaire:
La virtud, al contrario, es artificial, sobrenatural, desde que necesitó, en
todos los tiempos y en todas las naciones, de los dioses y de los profetas para
enseñarle a la humanidad animalizada, lo que el hombre, solo, había sido
impotente para descubrir [...]. La mujer está en su derecho, e inclusive ella
lleva a cabo una especie de deber dedicándose a aparecer mágica y
sobrenatural; es necesario que ella asombre, que ella encante, ídolo, ella
debe adorarse para ser adorada (BAUDELAIRE, 1992, 375-376)
66
.
El carácter artificial como un elemento mediato, fabricado y positivo contrario a la
naturaleza con su expresión inmediata de instinto y apetito, es uno de los valores que el poeta
francés resalta como adecuado para definir lo que, desde su concepción, debe ser el arte
moderno. En suma, una expresión estética que se apoya en lo actual, en lo cambiante y en lo
mudable, y que acentúa a las figuras que se distinguen de la multitud como el flâneur o el
dandy, ambas dotadas de una artificialidad que las hace diferenciarse y nunca parecer
hombres "vulgares", gracias a la "superioridad aristocrática de su espíritu" (BAUDELAIRE,
1992, p. 370). No podemos dejar de lado esta peculiaridad espiritual del dandy destacada por
él mismo. Aunque es verdad que este personaje se presenta bajo el artificio de su elegancia
material (la ropa y el cuidado con su cuerpo), no por ello abandona una especie de
"espiritualismo y de estoicismo"
67
(BAUDELAIRE, 1992, p. 370).
66
En el original en francés tenemos: "La vertu, au contraire, est artificielle, surnaturelle, puisqu´il a fallu, dans
tous les temps et chez toutes les nations, des dieux et des prophètes pour l´enseigner à l´humanité animalisée,
et que l´homme, seul, eût été impuissant à la découvrir [...]. La femme est bien dans son droit, et même elle
accomplit une espèce de devoir en s´appliquant à paraître magique et surnaturelle; il faut qu´elle étonne,
qu´elle charme; idole, elle doit se dorer pour être adorée" (BAUDELAIRE, 1992, p. 375-376).
67
Recordemos el ensayo de Lezama sobre Julián del Casal, donde precisamente aparece la misma valoración de
Baudelaire sobre la insensibilidad del dandy, junto con la apreciación positiva de su desdén hacia las cosas
materiales, lo cual le proporciona un aura antropocéntrica. Lo importante aquí es ver cómo a partir de ese
dandismo, que el poeta cubano rodea de valoraciones positivas, se revela la noción de lo "natural excesivo".
Nosotros entendemos esta idea desde el artificio, es decir, de la reforma a la naturaleza a partir del arte, de la
construcción metafórica, lo que representa un exceso en sí, una "sobrenaturaleza". El mismo Lezama reconoce
que es ese "natural excesivo" el rasgo fundador de la poesía contemporánea.
101

Más allá de la idea de artificio vista anteriormente, conviene ahora subrayar otro
elemento fundamental de la estética del poeta: las correspondencias y la búsqueda de una
totalidad. Aunque parezca un tema trabajado hasta la saciedad por la crítica, resulta
conveniente reflexionar nuevamente sobre él porque es una noción que subyace a la crítica de
arte de Lezama. El fragmento del cervatillo ilustra esta idea de proceso artístico donde
intervienen las sensaciones, sin una prevalencia del que suponemos es el sentido primordial a
la hora de elaborar un cuadro: la vista. Recordémoslo:
Entre el objeto y el pintor se establece una relación que de pronto oscila,
se rompe y termina por desaparecer. El pintor tendrá que soldarlas con un
grupo de imágenes que penetran en esa suspensión. Supongamos una
venatoria medieval, el pintor ha fijado un cervatillo, y ya prepara la trampa
de sus carbones. Sin correr el cervato hacia el bosque, el pintor siente que ya
no está. Una relación de simpatía entre su visión y el fino animal ha
desaparecido. Se ha establecido una suspensión. [...]. Pero en ese vacío el
pintor oye la melodía, la serie de puntos en vibración que sigue a una
desaparición; acaricia la forma de la ausencia de un animalejo cuyo cuerpo
en su totalidad está hecho para responder al acecho con un alerta perpetuo,
dictado por una red nerviosa, hecha para defenderse de lo furtivo, la
serpiente que silba y salta, que diabólicamente lo persigue (LEZAMA, 1997,
p. 229-230).
El concepto de las correspondencias aparece vinculado a la idea de la obra de arte como
símbolo que aspira a una totalidad, donde no habría fronteras entre la poesía y sus artes
hermanas como la pintura y la música. No obstante, y de acuerdo a The metaphor of painting.
Essays on Baudelaire, Ruskin, Proust and Pater de Lee McKay Jhonson, cabe un destacado
papel a la búsqueda y a la realización de efectos gráficos en la poesía. Un énfasis que, según
él, es poco estudiado por la mayor parte de los críticos, quienes otorgan un mayor énfasis al
elemento musical en el poema simbolista
68
.
De acuerdo a Jhonson:
El segundo aspecto está relacionado con los valores simbolistas de
multiplicidad, relatividad y reciprocidad: si el significado de uma obra de
arte como símbolo debe ser percibida como una totalidad, entonces la
literatura debe de alguna manera poder aproximarse al efecto de
simultaneidad de la pintura, en el que todas las partes del óleo son vistas
juntas y en relación de una sola vez [...]. Pero durante el periodo Simbolista,
los escritores desafiaron a los pintores, y crearon una variedad de
equivalentes literarios para la estructura de la pintura, formas organizadas
68
"Symbolist writers often underline their interest in the relationships between the arts, but most critics who
write about Symbolism as a movement tend to single out the analogy to music as predominant" (JHONSON,
1980, p. 21).
102

alrededor del ideal de totalidad y diseñadas para operar con una
simultaneidad teórica (JHONSON, 1980, p. 2).
69
Nuevamente volvemos al inicio de nuestro texto cuando, al referirnos a la "Filosofía de la
composición" de Poe y al texto "Two visual excursions" de Joshua Taylor, encontrábamos la
exigencia de un lenguaje que impactara al lector, que fuese poético y sugerente. Una
impresión que junto a las correspondencias como simultaneidad en busca de una expresión
total nos hace volver al pasaje lezamiano del ciervo y en su índole evocadora de múltiples
sentidos. Uno de ellos, y el más obvio, es el componente sensorial que deja de lado,
precisamente, el sentido de la visión; una omisión intencional que favorece una visualidad
interna, invisible e intangible, construida a partir de otras sensaciones, supresión ésta que nos
lleva a pensar en el discurso católico, más exactamente en el de San Pablo, cuando afirma que
"no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles sino en las invisibles; pues las cosas visibles
son pasajeras, mas la invisibles son eternas (San Pablo, Corintios 4:18). El otro es la
continuidad entre el objeto del cuadro y el pintor mediante la imagen de la forja como el
instrumento que permite "soldar" un conjunto de imágenes. No obstante, se trata de una
fragua subordinada a la configuración de imágenes mentales y no ópticas, porque ¿cómo se
retrata la sensación de ausencia del cervatillo? ¿Cómo se dibuja la suspensión en la que el
artista oye la melodía? La aseveración de Jhonson acerca del desafío de los poetas simbolistas
a los pintores es absolutamente aplicable a Lezama, en la medida en que éste explota la
carnalidad del lenguaje sin invocar lo pictórico. Una dimensión que excede la mirada y
explora la sensorialidad a través de la imaginación.
Ahora bien, a partir de la lectura de Painting and Poetry: Form, Metaphor, and the
Language of Literature de Franklin Rogers comenzamos a reflexionar en la idea de un
pensamiento visual puro como parte estructural de la obra lezamiana
70
. Una visualidad que
permite la comprensión de sus metáforas y que atraviesa la totalidad de su escritura (cuento,
69
En el texto en inglés hallamos: "The second aspect is related to the Symbolist values of multiplicity, relativity
and reciprocity: if the meaning of a work of art as Symbol must be perceived as a totality, then literature must
somehow manage to approximate the simultaneous effect of painting, in which all parts of the canvas are seen
in relation together all at once [...]. But during the Symbolist period, writers challenged the painters, and
created a variety of literary equivalents for the structure of a painting, forms which are organized around the
ideal of totality and designed to operate with theoretical simultaneity" (JHONSON, 1980, p. 2).
70
La razón de esta probabilidad fue la contundencia de la frase: "La metáfora verbal solamente es
comprensible a través de la metáfora visual" (ROGERS, 1985, p. 120). Una aserción que, siguiendo a este
escritor, se sustenta en una anécdota: en una discusión sobre la metáfora, Picasso es interrogado sobre la idea
de la conversión de un cisne en escorpión y su respuesta no deja lugar a dudas cuando bosqueja detrás de un
sobre la imagen unificada de ambos animales.
103

novela, ensayo y poesía). En otras palabras, una hipótesis que nos permitirá incluir al autor en
una estela de poetas-pintores como Baudelaire y que nos concederá la oportunidad de
observarlo también en relación al vínculo entre el autor de Las flores del mal y Delacroix.
Si asumimos que el poder visual de la imagen es el primer paso hacia la comprensión de
esa nueva realidad propuesta por la metáfora, no nos deben extrañar textos críticos como el de
Elizabeth Abel. En él, esta autora propone una análisis minucioso del poema "L´invitation au
voyage" de Baudelaire en términos de su valor pictórico. Así, esta crítica señala que su autor
es un poeta-pintor que intenta en la poesía una visión pura y singular, un efecto propio de la
pintura. Sin embargo, su proposición va más allá cuando se detiene también en las tentativas
de Delacroix, ya que:
Ambos artistas están intentando sintetizar el movimiento con la forma, pero
esta síntesis debe ser lograda en la poesía mediante el trabajo de subsumir las
secuencias del lenguaje a una visión única, y en la pintura mediante el
avivamiento de la forma espacial con el movimiento. Las dos artes son
similares como conjunto y no en sus características individuales (ABEL,
1980, p. 52).
71
Nos llama la atención este intercambio entre ambas artes y entre ambos artistas. Aunque
el foco está en los dos creadores, el pintor busca la vitalidad del conjunto con una idea de
movimiento donde intervienen los colores. No olvidemos que uno de los elementos que
destacaba y admiraba Baudelaire con respecto a la pintura de Delacroix [figura 21], era el
color y, precisamente, este es uno de los factores que observa Abel como puente entre las dos
actividades y figuras
72
. En palabras de Abel sobre "L´invitation au voyage": "Estas relaciones
de luces, olores, y sonidos que se expanden más allá de los objetos específicos combinadas en
una armonía general, sugieren la analogía del uso del color de Delacroix para evadir las
fronteras de los objetos y crear la armonía evocadora de la música" (ABEL, 1980, p. 57)
73
.
Habría un diálogo completo entre ambos y no solamente un movimiento unidireccional, lo
71
Both artists are attempting to synthesize movement with form, but this synthesis must be achieved in poetry
by working to subsume sequential language to a single vision and in painting by enlivening the spatial form
with movement. The two arts are alike as wholes and not in their individual features (ABEL, 1980, p. 52).
72
Curiosamente estas mismas características de luz y color son bastante ponderadas por José Lezama Lima en
las obras pictóricas que analiza. Así lo asevera Leonel Capote en su introducción a la compilación La visualidad
infinita. De acuerdo con él, "en el plano formal el color y la luz fueron los dos elementos visuales que más
llamaron su atención al estructurar una opinión sobre cualquier pintor" (CAPOTE, 1994, p. 37-38). Pero aquí
también aparece la reciprocidad: la obra novelística y poética lezamiana estaría influencia por esos mismos
elementos pictóricos. Siguiendo a Capote, "Esa unión del color y la luz, tan frecuente en sus versos, le
identifican aún más con los motivos de los pintores del grupo" (CAPOTE, 1994, p. 41).
73
"These relationships of lights, smells, and sounds that expand beyond specific things to blend in a general
harmony suggest the analogy to Delacroix´s use of color to evade the boundaries of objects and create a
harmony evocative of music" (ABEL, 1980, p. 57).
104

cual nos hace pensar cómo Lezama construye también una poética de lo visual dentro de su
propia crítica de arte. No buscamos exactamente un diálogo a la manera de Baudelaire y
Delacroix, porque la aproximación crítica del escritor de la isla hacia la pintura de la segunda
generación de artistas de la vanguardia cubana obedece más a sus propias concepciones
acerca de la poesía. De ahí que encontremos, por ejemplo, algunas divergencias que
trabajaremos en las próximas líneas.
A partir de esta etapa observaremos algunos obstáculos entre nuestros planteamientos y la
forma como Lezama concibe la relación entre la poesía y la pintura, la imagen y su
visualidad. Sin embargo, no serán los únicos caminos para analizar las perspectivas puestas en
juego a la hora de abordar un tema como su crítica de arte a nivel formal y de contenido.
También revisaremos nuevamente las ecfrasis que aparecen en "Homenaje..." porque nos
interesa desmontar este mecanismo en la escritura crítica del cubano. No podemos olvidar que
este concepto involucra las distintas formas en que una obra proveniente del mundo plástico
es vertida en el lenguaje verbal,
y resulta un dispositivo fundamental para entender un
entramado crítico rico en asociaciones que sobrepasan las meras equivalencias y crean
situaciones nuevas o metafóricas.
Una objeción importante a nuestra reflexión sobre el lazo entre las artes hermanas es la
negación que ofrece Lezama a este vínculo. Así, en "Paralelos..." afirma que "el hecho de
que Baudelaire se acercase a la obra de Ingres o de Delacroix, nos llevaría a rastrear y a negar
la presencia de esos pintores en Las flores del mal" (LEZAMA, 1994, p. 68). Una negativa al
nexo entre el pintor y el poeta que, en apariencia, parece rechazar la presencia de elementos
pictóricos en los poemas. No obstante, pensamos que no es una refutación concluyente y sí un
ejemplo de su dialéctica de aceptación-negación. Dada la dinámica del raciocinio lezamiano,
consideramos que en este pasaje hay un reconocimiento de la presencia de esos artistas
plásticos pero no en un nombrar directo y sí en uno implícito, velado. De ahí que podamos dar
un paso más dentro del mismo ensayo y observar una subordinación en vez de una repulsa, ya
que la poesía organiza la experiencia visual. De esta manera, "es la palabra poética la que
ordena las condensaciones que diferencian la igual sutileza de un aire semejante" (LEZAMA,
1994, p. 69).
El restablecimiento de la relación entre la lírica y la pintura, a pesar del reparo de
Lezama, favorece el atisbo de otro vínculo: la aparición de una rica visualidad en su palabra,
un hecho que se sustenta en su escritura acerca de obras pictóricas o escultóricas y cuando en
105

su poesía asoma una fuerza visual donde imperan el color y la luz. Nos referimos así a dos
circunstancias: una signada por la ecfrasis y otra por la visualidad propia de la palabra
poética. Para la primera, los ejemplos incluyen a La expresión americana con sus alusiones al
Libro de horas [figura 15], a Brueghel y a Simone Martini o al inicio de "Paralelos..." con la
descripción ecfrástica de los tapices de Zamora [figura 1], obras que el almirante Colón
observa y que, en función del imaginario y la memoria, son transpuestos a la nueva realidad
americana
74
, entre muchos otros. En cuanto a la segunda, una pequeña muestra puede ser el
poema "La prueba del jade"
75
, en el cual la sensación del frío de la piedra semipreciosa en el
rostro de un "yo" protagonista se hace evidente mediante el uso de imágenes que incluyen el
blanco, la escarcha, la transparencia del agua y del espejo, pero también gracias a elementos
opuestos como el fuego. Una escena que conjuga también una escritura poética desbordante
que no condesciende a una única imagen visual y sí a la acumulación. Parece como si su
construcción obedeciese a un deslizamiento metonímico, a la proliferación de las imágenes
por contigüidad; un cuadro que bien podría ser cubista
76
. Veamos la parte final de este poema:
Qué comienzos, qué oros, qué trifolias,
el conejo, la reina del jade, el frío que interrumpe.
Pero el jade es también un carbunclo entre el río y el espejo,
una prisión del agua donde despereza
el pájaro hoguera, deshaciendo el fuego en gotas.
Las gotas como peras, inmensas máscaras
a las que el fuego les dictó las escamas de su soberanía.
Las máscaras hechas realezas por las entrañas
que les enseñaron como el caracol
extraer el color de la tierra.
Y la frialdad del jade sobre las mejillas,
74
En los textos que nos ocupan tenemos dos situaciones constantes: una noción de ecfrasis con respecto a la
forma como una obra plástica es incorporada al discurso verbal y una expresión visual rica donde abundan
elementos pictóricos que exploran el anhelo de Baudelaire, es decir, el estatismo, la simultaneidad, la idea de
conjunto que, con una sola mirada, proporciona la contemplación de una obra pictórica.
75
La selección de este poema resultó una tarea difícil, ya que Lezama en libros como Dador presenta muchos
donde el elemento pictórico resulta fundamental. Si no los escogimos es porque aparecen como secuencias,
como partes separadas de un mismo cuadro o como varios cuadros. En cambio, este poema presenta
solamente una escena pictórica que se bifurca a partir de una sensación; una bifurcación que en términos
plásticos presenta elementos e imágenes con color, pero que también articula lo que ya hemos afirmado sobre
la escritura lezamiana, esto es, la capacidad dialógica de la palabra, su capacidad de entablar relaciones donde
no impera
n
el sentido o el contenido, sino, como afirma Sarduy, un "espejeo" (SARDUY, 1969, p. 68).
Precisamente no es una casualidad que en este poema aparezca un espejo en el momento exacto en que se
plantea un vínculo inesperado con el fuego, un elemento opuesto a aquel frío que Lezama busca retratar.
76
Indicamos que el poema de Lezama podría resultar en un cuadro cubista gracias a las palabras de Francis
Frascina al analizar el texto "Metaphoric and metonymic poles" de Roman Jacobson. Según Frascina, el
romanticismo, el simbolismo y el surrealismo se asocian a un proceso metafórico, mientras que el cubismo
presenta una orientación metonímica, en donde el objeto es transformando en un conjunto de sinécdoques.
(FRASCINA, 1998, p. 146)
106

para proclamar su realeza, el peso verdadero,
su huella congelada entre el río y el espejo.
Probar su realidad por el frío,
la gracia de su ventana por su ausencia,
y la reina verdadera, la prueba del jade,
por la fuga de la escarcha
en un breve trineo que traza letras
sobre el nido de las mejillas.
Cerramos los ojos, la nieve vuela. (LEZAMA, 1994b, p. 378-379)
Es realmente difícil establecer una jerarquización, debido a que los teóricos sobre esta
relación interartes coinciden en que no es posible llegar a una definición que incluya todas las
posibilidades de la ecfrasis. Aunque quisimos sostener esa diferencia entre lo que sería un uso
"no ecfrástico" de recursos pictóricos como el color y la luz en el poema antes mencionado,
frente a un fragmento ecfrástico que menciona e intenta recrear por diversos medios
77
un
referente extratextual que no es otra cosa sino una obra pictórica, no podemos decir que
realmente esta distinción sea totalmente válida. Simplemente es una discriminación que
acentúa dos posibles intenciones distintas del poeta y ensayista cubano con respecto a la
relación entre la literatura y las artes visuales
78
.
2.7
ENTRE LA CARNE Y EL ESPÍRITU: LAS DIMENSIONES DE LA IMAGEN
José Lezama Lima no teoriza sobre el aspecto visual como tal, pero es innegable la
presencia constante de esta visualidad a lo largo de su obra narrativa, ensayística y poética. De
esta manera, constatamos la fuerza del fenómeno óptico en la descripción de los tapices, en la
imagen del ciervo que huye de la paleta del pintor, en el pájaro escarlata de los cinco colores
de la alquimia china, en la fiesta del son de Ma Teodora, en los colores de la cazuela
alquímica de José Surí, en "La prueba del jade", en las imágenes del árbol, la casa y la ciudad
77
En el caso de Lezama existen al parecer varias formas de ecfrasis. En algunas situaciones realiza una
descripción de cuadros o de imágenes, pero en otras realiza operaciones de superposición entre varias obras
de un mismo autor o de varios autores donde una obra, sin ser descrita enteramente, sirve como motivo para
una serie de digresiones sobre artistas, obras, estilos, épocas históricas en una muestra de la vertiginosa
escritura lezamiana; otros casos evidencian la creación de imágenes mentales difusas, como sucede con Fayad
Jamís o con el texto "Pintura preferida" sobre el cuadro "L´Atelier" de Maria Helena Vieira da Silva [figura 24].
Posteriormente nos detendremos más específicamente en este punto.
78
La separación entre lo que es ecfrástico y lo que no lo es tiene un inconveniente: la teoría de la "ecfrasis
nocional" de Heffernan y Pimentel como una variante donde no hay un referente extratextual cuya existencia
pueda ser verificada. Esto quiere decir que las cualidades plásticas que atribuimos a los poemas de Lezama
Lima harían parte de esa ecfrasis, posibilidad con la que no estamos de acuerdo.
107

de Portocarrero [figura 16] o en los innumerables lienzos verbales de Paradiso y Oppiano
Licario. Contemplemos, por ejemplo, el episodio del fibroma en la matriz de Rialta, la madre
de José Cemí y encontraremos los detalles físicos del tumor, las analogías o símiles que
colaboran en la configuración de una imago óptica plena. De acuerdo con el narrador de
Paradiso:
Dentro de una vasija transparente, como una olla de cristal, se encontraba el
fibroma del tamaño de un jamón grande. En las partes de la vasija donde se
apoyaba, el tejido se amorataba por la más pronta detención de la sangre. El
resto del fibroma mostraba todavía tejidos bermejos, debilitados hasta el rosa
o crecidos a un rojo de horno [...]. El fibroma tenía que existir como una
monstruosidad que lograba en el organismo nuevos medios de asimilación
de aquella sorpresa, buscando un equilibrio más alto y más tenso. El aceite
de rábano (como en las destilaciones alquimistas, un líquido oro pálido), iba
predominando en aquellos tejidos sobre el color agua de lluvia, más amarillo
potencial que el agua de la lámina fluyente. Tanto el aceite de rábano como
el agua de lluvia, parecía que le iban dando a esos desprendidos tejidos una
coloración amarillenta, como una lámina de oro conservada prodigiosamente
en un Libro de Horas [...]. El amarillo de los iluministas abrillantado por el
theion hudor, comenzaba a encuadrar los azules, los violetas, los rosados,
con los que aquellas fibras en su frasco para una secularidad, disimulaban su
monstruosidad con los colores con que se van desprendiendo de la noche las
botacillas del alba (LEZAMA, 1996, p. 319-320).
Frente a esta evidencia palmaria del poder visual en la totalidad de la obra lezamiana, de
la cual tomamos algunos ejemplos, no hay ninguna probabilidad de negar esta "visualidad
infinita", a pesar de la no enunciación de esta particularidad en sus ensayos sobre crítica de
arte. En cambio, lo que sí encontramos es esa marca característica de su pensamiento: el
juego, la dialéctica entre la "carnalidad" o sensualidad de la imagen y su significado
"espiritual" o abstracto. Un diálogo entre estas dos dimensiones que no está presente
exclusivamente en la lengua lezamiana sino también en las imágenes de la religión católica y
en la expresión barroca. No debemos omitir obras artísticas pertenecientes a este periodo que
encarnan en sí mismas esa dualidad como la Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini.
Ahora bien, una transposición a la conceptualización sobre la imagen en la escritura
crítica del poeta sobre las manifestaciones visuales nos encaminaría hacia el diálogo entre dos
percepciones: una, donde la imagen se vincula con la ausencia y el aura ­tal como la presenta
Lezama y Didi-Huberman­, y que se despliega como tema en los escritos sobre el sistema
poético o en su obra narrativa y lírica; otra, con la aparición en su escritura de recursos
pictóricos como la luz y el color, y con la ecfrasis como la recreación de una obra artística por
medio de la palabra. Sin embargo, aquí radica una singularidad en la postura del autor: una
108

preferencia por la disquisición sobre el carácter no iconográfico de la imago que se
manifiesta en el siguiente fragmento:
Si dependiese del ojo griego la visión del pintor contemporáneo al llegar a
circularizarse la persecución del hecho formal, se refractaría en
innumerables ruedecillas. Pero sabemos que al llegar la visión del pintor al
muro, no comienza el réquiem de su fracaso, por el contrario, su visión nace
ya armonizada con la pululación de la otra ciudad que comienza al saltarse la
empalizada del logos optikos. [...]. Ya el mundo del pintor no puede surgir
de la visión creada por el ojo, sino de la ciudad que está del otro lado de la
empalizada. [...]. Su imagen más allá del límite, de la línea del horizonte, del
tabique subterráneo, lo lleva a considerar el mundo de todos los días como
maravilloso, eternamente naciente y renovado. Situada la imagen del otro
lado, el objeto por el análogo del doble, gana la unidad de los dos órdenes, es
forma formante y es imagen dentro de un círculo que vuela (LEZAMA,
1996, p. 235).
La renuencia de Lezama a discurrir sobre el rasgo pictórico de la imagen nos hace
reflexionar nuevamente acerca de ese carácter metafísico que no obedece al ejercicio del
sentido de la visión y que, por el contrario, presupone un salto de la empalizada, un ejercicio
de la imaginación por parte del pintor. Una circunstancia que nos recuerda nuevamente el
episodio del cervatillo ausente que el pintor debe reconstruir en su memoria y gracias a la
facultad imaginativa de ésta. De esta forma, podemos recurrir a las diferentes concepciones
sobre la imagen desde ensayos como "Las imágenes posibles" o desde aquellos textos que
abordan exclusivamente el sistema poético, y encontraremos ese carácter que involucra ir más
allá de la mirada del ojo sobre la physis que le rodea. Una predilección del autor que no debe
ir en detrimento de nuestra ya comprobada omnipresencia de la imagen visual en su obra y sí
conjugarse con la apreciación de sus textos críticos sobre las expresiones plásticas. Como
veremos en páginas posteriores, este factor no directamente icónico y relacionado con el aura
resulta primordial en la comprensión del modo como el poeta y ensayista valora las piezas de
arte.
2.8
LOS TIPOS DE ECFRASIS EN "HOMENAJE..."
"Homenaje...", como ensayo dedicado a René Portocarrero, presenta descripciones de
pinturas y de obras de otros artistas, que le sirven a Lezama para caracterizar el arte del pintor
cubano, pero también para hablar de sus planteamientos sobre la poesía y el sistema poético.
Conceptos como inscape, imagen y lejanía ejemplifican este nexo y permiten un diálogo con
109

una tradición pictórica diversa, en el que las obras mencionadas se inscriben en una forma de
la ecfrasis referencial. Este tipo de ecfrasis presupone la existencia autónoma del objeto y,
como descripción, remite al objeto estético como referente, soporte y punto de partida. No
obstante, en el caso de su crítica de arte nos encontramos frente a dos peculiaridades: no
existe un pacto de citación
79
y la obra descrita es recreada. Observemos una primera ecfrasis
en el ensayo sobre Portocarrero.
En algún paisaje de Mantegna [figura 17], la dicha de las colinas se
entreabre al lado de una mágica ciudad enmudecida en la total ausencia de
sus moradores. Coliseos, minaretas, campanarios y puertas de entrada en la
ciudad, se ofrecen en un procesional de tierra quemada, rodeada de mogotes
habitables. Aquí el espíritu de las ruinas se muestra en la lejanía, pero en una
lejanía abandonada. En ese abandono de la ciudad ha entrado la muerte, un
vultúrido se aquieta en el extremo de un ramaje de un árbol repelado. En el
centro del árbol, algunas hojillas se untan de un betún inconmovible de
imaginación penetrando en la lejanía antes de extinguirse y esa posesión que
el hombre recaba en ese abandono para la ausencia mortal o para las
romerías flameantes, elaboran la presencia de un paisaje (LEZAMA, 1994a,
p. 226-227).
Esta primera descripción de una obra de arte representa un argumento para la tesis
lezamiana acerca de la importancia de la lejanía, de una distancia necesaria donde "la visión
tiene que ser llevada al último rincón del mundo" (LEZAMA, 1994a, p.226). Unos párrafos
atrás, también se ha referido al paisaje como "el testimonio del recorrido de la imaginación de
un pintor" (LEZAMA, 1994a, p. 226), un trayecto marcado por una extensión y no por una
cercanía: la pintura paisajística es un ejercicio imaginativo del pintor que recrea un evento
distante. Encontramos aquí un lazo con lo que mencionábamos antes sobre la no-visualidad de
la imagen pictórica para Lezama Lima, con ese crear lo que no está presente y visible, ese ver
"la ciudad que está del otro lado de la empalizada" (LEZAMA, 1996, p. 235). No obstante,
esta función de argumento dentro del texto hace que la imagen descrita pierda relevancia
como objeto estético, ya que puede ser cualquier paisaje (la ecfrasis comienza con "algún
paisaje") de Mantegna, lo cual colabora explícitamente con esa ruptura del pacto de citación
explícito. El lector entenderá que la obra de este pintor es solamente un ejemplo de la
79
Luz Aurora Pimentel señala que la ecfrasis es un "pacto de citación explícito", pues "el texto nos invita a
buscar el objeto referido para leerlo junto con su descripción" (PIMENTEL, 2001, p. 113). En el ejemplo citado
arriba, Lezama contradice este presupuesto.
110

importancia de una creación pictórica donde opera la imaginación. En este caso, la obra ha
sido subsumida por la organización discursiva del ensayo lezamiano
80
.
Otras situaciones de ecfrasis destacadas en este texto aparecen en relación a las obras de
El Greco [figura 25] y de Goya. Debe notarse una clara diferencia con la obra de Mantegna
antes descrita: estas dos obras tienen nombre y aparecen gracias a una comparación con la
obra de Portocarrero en la que Lezama se refiere a la forma en que la ciudad es creada en la
"sobrenaturaleza"[figura 16]. De este modo, tanto en las obras de El Greco, Goya y el cubano,
la ciudad sería vista desde lo que hemos señalado anteriormente como una idea de artificio, de
recreación y reinvención de la naturaleza dada mediante la acción del hombre. De hecho, la
noción misma de polis obedece a un orden simbólico y material creado por el ser humano.
Así, en las obras descritas tenemos:
En el Monte Sinaí, del Greco [figura 25], la pequeña ciudad parece situarse
en el centro de un castillo fortaleza. Llegan las caravanas y los más extraños
viajeros, los montes vecinos muestran como cosas humanas en relieve. Los
montes rocosos ofrecen escalinatas para llegar a la vaciedad de su
culminación. El color gira como una espiral lanzada a lo estelar receptivo.
Es la tierra requemada, la ciudad oprimida por la piedra, los montes
indiferentes y las escalas para el hombre. Es un lugar propicio a las
transfiguraciones. Alcanzar esa altura, esa manera de vivir, es ya
transfigurarse. La naturaleza que rodea al hombre en esa dimensión, es ya
sobrenaturaleza.
Vemos ahora el prodigioso La Grotte, de Goya, donde lo estelar gravita en
tal forma sobre el fragmento de edificación que se muestra, obligándonos a
la reconstrucción de una totalidad invencionada, que nos lleva a la inicial de
ese momento que va a transformarse. La arquitectura destruida ha sido
sustituida por lo estelar, con tal fuerza para el nuevo acoplamiento, que
parece una pintura para la complacencia de un demiurgo. Las bromas, las
solemnidades, las sorpresas, agrupadas en torno de la mesa, en un lateral
del cuadro, mezclan la alegría inocente del escondido debajo del mantel
para que lo busquen las palomas, con la figura enfática del hombre báquico,
un poco Rembrandt, un poco del Velásquez que se burla de los guerreros,
para formar un agrupamiento que transcurre con sorprendida sencillez en
sus transportes a una circunstancia no interpretada, pero que, no obstante,
parece ofrecerle una tregua (LEZAMA, 1994a, p.255-256). (Los subrayados
son nuestros)
Queremos llamar la atención sobre dos procedimientos existentes en estas recreaciones
escritas de las obras de los dos afamados artistas. Por una parte, la presencia de juicios sobre
80
Podemos pensar que la obra a la que se refiere Lezama hace parte del Retablo para la Iglesia de San Zenón
de Verona. Una de las escenas tiene como trasfondo una ciudad: es la oración de Jesucristo en el huerto. Es
extrema la asunción por parte del poeta de esta imagen, ya que la descripción del cuadro está presente
solamente en cuatro líneas y el resto está dedicado a sus propios planteamientos, no exentos de ficción, sobre
el árbol y la lejanía.
111

las obras (
El color gira como una espiral lanzada a lo estelar receptivo),
donde concurren
vocablos asociados al sistema poético, como lo estelar y lo telúrico; por otra, la
ficcionalización. Este es un rasgo central en la escritura lezamiana de crítica de arte, ya que
procesos como la comparación o la transposición tienen como fin no reproducir
miméticamente en la escritura la obra plástica sino reinventarla. Una disposición que se
acentúa si tenemos en cuenta que no existe un cuadro de Goya con el nombre exacto de "La
grotte". De esta forma, la obra plástica al pasar por el tamiz del escritor ya no es la misma
obra, es transformada y llevada a un decir que excede lo perceptible por la vista. Así operan
las transposiciones donde una escena marginal en el cuadro de Goya es comparada
sucesivamente con un hombre que se esconde tras un mantel y con el hombre báquico de
Rembrandt y Velásquez
81
.
No obstante, todavía es posible ver una mayor ficcionalización en pasajes donde
intervienen conceptos como las eras imaginarias. De esta manera, encontramos que:
En algún grabado chino Fou Hi [figura 26], fundador del bastón sagrado,
empuña la escuadra, su hermana Niu Kua, el compás, ambos se entrelazan
por las dos colas unidas. [...]. Entre los chinos, la escuadra sigue siempre el
Dosel Celestial, logrando medirlo. Las ciudades de Portocarrero parecen
hechas siguiendo esa orientación [figura 16]. La escuadra avanza sobre una
curva del compás. La fundamentación casi siempre en colores terrosos,
violetas, los arcos, los fragmentos del compás, se resuelven en azules
espesos, de profundidad, surcados por el amarillo metálico de la noche
estelar. Un amarillo interrogante en un azul cerrado, el azul inconmovible de
las crecidas nocturnas, mientras el gnomon rojo, gris, negro, como un
procesional va avanzando al seguir la paradojal constelación terrestre del
Carro del Templo, es decir, la techumbre, los ejes, las ruedas, la galga,
perseguidos por el cuadrado mágico que se descompone en escuadras
(LEZAMA, 1994a, p. 257-258).
La alusión a una de las eras imaginarias, "la biblioteca como dragón", le sirve a Lezama
para realizar una comparación entre el procedimiento artístico de Portocarrero y un método de
medición con connotaciones míticas, esotéricas y hasta masónicas. Fou Hi ­héroe civilizador
chino que crea y enseña la escritura, la pesca y la caza con trampas­ delimita y traza las
formas posibles del mundo material, mientras que Niu Koua, su esposa, delinea la forma
esencial del mundo celestial y espiritual, el círculo
82
. Sin embargo, la asociación va más allá.
81
Como no encontramos una obra de Goya con el nombre de "La Grotte", podemos pensar que el cubano está
proponiendo una obra plástica ficticia que posibilita alusiones a Rembrandt y a Velásquez.
82
Nos preguntamos si esta alusión al simbolismo de la escuadra y el compás es otra referencia al platonismo o
a los elementos estelar y telúrico que aparecen constantemente en los ensayos acerca del sistema poético y,
más exactamente, en relación a la imagen. Preferimos esta interpretación a una que contenga elementos de
masonería, ya que uno de sus símbolos representa la unión de la escuadra y el compás.
112

En este fragmento tenemos la hipótesis de que las ciudades de Portocarrero están trazadas de
acuerdo a una geometría "celestial", junto con una caracterización de los colores en términos
que los desmaterializan, que les hacen perder sus cualidades físicas en beneficio de ideas
como el "amarillo metálico de la noche estelar". Otro elemento importantísimo es la
configuración de una escena mítica que podría dividirse en dos partes: los dos hermanos de la
mitología china entrelazados por la cola y el esbozo de la constelación. Es curioso que como
lectores de esta escena pensemos en una superposición, donde los colores que este autor ve
como propios de la pintura de Portocarrero para la ciudad puedan ser los mismos para el
"Carro del Templo". Vemos nuevamente una escena pictórica ficcionalizada en la que
confluyen una imagen proveniente de las eras imaginarias, una descripción de "todos los
colores de Portocarrero", y la figura de una constelación.
Por último, señalaremos los momentos en que las obras de este artista sirven como
motivos ecfrásticos. En estas descripciones, su obra no es detallada únicamente de forma
general o mediante figuras como los ángeles, las máscaras o las mariposas sino que
nuevamente aparece una escritura semejante a la que trata sobre el sistema poético y que, en
términos generales, resulta oscura o hermética para el lector. Leemos que "en su dibujo
Primavera, el ángel sólo repercute por su ausencia, pero en la lejanía, en el espíritu que
agudiza las figuras, ya el ángel era una divinidad escondida" (LEZAMA, 1994a, p. 237), o
En su óleo El ángel dormido, rechaza las virtudes intermedias, o el arquetipo
del ángel ascendente, para recuperar una totalidad. [...]. El arquetipo [...] se
disuelve en unas pastas envolventes, a las que ha logrado transmitir un
absoluto inteligible, una materia interpretada, angélica por su docilidad al
eco y a la respuesta del color (LEZAMA, 1994a, p. 237-238)
83
.
Además, no son muchas las obras suyas que aparecen referidas desde el título
84
. Los
procedimientos más destacados por el poeta suelen resaltar partes, figuras o temas. Él mismo
reconoce este procedimiento, ya que "Un repaso crítico de la plástica de Portocarrero se
podría cumplimentar en torno a los agrupamientos por temas, ya ángeles, mariposas, casas del
Cerro, crucifixiones, catedrales, plazas, ciudades, juglares" (LEZAMA, 1994a, p. 241). Un
método que se relaciona con su propia concepción de la historia, la cual muestra una especie
de circularidad o repetición. De ahí su rechazo al estudio y análisis de las obras del artista de
83
No encontramos las obras "Primavera" o "El Angel dormido". Sin embargo, incluimos "Ángeles" [figura 28],
pieza a la que Lezama Lima se refiere en otros ensayos como "Máscaras de Portocarrero" ( LEZAMA, 1994,
p.221-224).
84
Aparte de las que ya mencionamos, encontramos también en el ensayo una "Crucifixión en la iglesia de
Bauta" [figura 27], el Cristo de Trinidad y Palemón el estilita (las cursivas son del autor). Desafortunadamente
no hallamos las dos últimas.
113

acuerdo a lienzos y piezas determinadas. Un estudio cerrado que no permite el encuentro de
motivos que se repiten y están en constante cambio.
En suma, nos encontramos frente a una crítica de arte que procede mediante la
observación del fragmento para llegar a una totalidad. Así, el análisis del ensayista parte de
figuras aisladas como ángeles, mariposas, flores, crucifixiones, carnavales y máscaras, y
aspira a dar cuenta de la obra plástica del plástico, gracias a la observación de estos
elementos, de su interacción entre ellos y de su relación con obras de la tradición pictórica
universal. Pero no lo hace desde la exclusividad de unas categorías artísticas o desde la
trayectoria de Portocarrero: la crítica lezamiana toma como punto de partida esta obra
pictórica para continuar los planteamientos sobre la imagen ­centro del sistema poético­, la
naturaleza y la sobrenaturaleza, y hacia otras digresiones donde encontramos diseminado su
pensamiento. Así, un detalle en la pintura se convierte en un pretexto para el examen de la
poesía o la presencia de colores vivos conduce a las tonalidades de la alquimia china, una de
las grandes culturas que aparecen en Las eras imaginarias. En este sentido, analizamos
"Homenaje..." desde una de las premisas que se desarrollan en el ensayo sobre Julián del
Casal. En un fragmento de este texto, hallamos que la crítica "tiene que reincorporar un
accidente presentándolo en su aislamiento y salvación" (LEZAMA, 1977, p. 66). Desde esta
mirada, una de las particularidades que representa para nosotros un punto neurálgico es la
exclusión de José Lezama Lima en algunas de las historias del ensayo hispanoamericano
gracias a su aparente falta de conceptos y no tanto por su lenguaje. Quizás habría una línea
imaginaria, una frontera no cuantificable entre el ensayo y los otros géneros, que permite su
omisión y la inclusión de Octavio Paz como representante de esa forma híbrida entre el
ensayo y la poesía. Tal vez sea la propia impertinencia de un Lezama que lee la cultura en los
términos de sus propias concepciones, de sus propias preferencias y de su particular
concepción de la creación estética como una operación de duplicación por la metáfora, y de la
historia como una construcción de arquetipos míticos perdurables en el tiempo. "Lector
impertinente" ­calificación del ensayista que esgrime Alberto Giordano­, la imprudencia de
Lezama reside en el grado extremo de "literaturización" del saber que realiza en sus ensayos
(GIORDANO, 2005, p. 223-242). Todo es susceptible de ser recreado desde la ficción, o
reinventado de nuevo, y frente a la anhelada objetividad de alguien que discurre con
conceptos, que describe un objeto artístico en relación a una tradición, a una acumulación de
114

saberes, el poeta trabaja con los "ecos", los que oye en la pintura de Portocarrero y en la
historia artística y cultural universal.
2.9
LA ESCISIÓN EN LA VISIÓN: LA COPIA, LA CRÍTICA Y EL ARTE
CONTEMPORÁNEO
En Portocarrero, como todo artista que habita su destino, depende de la
noche placentaria que lo rebasa, su icneumon, su fuerza destructiva para
lograr una medida lo acompaña con terrible ternura. La aceptación y el
rechazo hacen ondular sus flores, el éxtasis de la forma tocada se prolonga
en aquella terateia de los griegos, lo maravilloso que tiene tanto de extensión
como de costumbre
(LEZAMA, 1994a, p. 248).
El pasaje anterior es uno de los mejores ejemplos acerca de la forma de la crítica de arte
lezamiana. En él encontramos formalmente dos elementos que nos llaman la atención: la
adjetivación y el uso de vocablos provenientes del griego. Enlaces como "noche placentaria"
o "terrible ternura" representan una calificación llamativa que no es otra cosa que las figuras
literarias de la metáfora y el oxímoron. La primera, presente en una alusión al origen, a la
gestación en el vientre materno, y la segunda, en una unión de términos opuestos que generan
un nuevo sentido: "terrible ternura". Como podemos ver, este fragmento reúne a nivel formal
un fuerte carácter poético con una ficción, a nivel de contenido. En este punto no nos
encontramos con un llamado a la recreación de una figura ausente sino con la intención
deliberada de constituir el ejercicio crítico como un acto imaginativo. Una premeditación que
podemos percibir mediante la presencia de los dos vocablos de origen griego, icneumon y
terateia que, incluso explicados por el diccionario de Iván González Cruz, y por el mismo
Lezama en otros textos, como la rata del faraón (la mangosta egipcia enemiga de las
serpientes) o el adversario del dragón en la literatura medieval y "maravilla o portento"
(GONZÁLEZ CRUZ, 2000, p. 167), respectivamente, resultan insuficientes para la
comprensión del fragmento antes citado. La única tentativa posible de entendimiento tal vez
sea percibiéndolo como un texto autorreferencial cuyo carácter se asemeja más a la
elaboración de una máscara o a un disfraz. Un lenguaje poético con metáforas y figuras que
dislocan la relación habitual entre significante y significado y constituyen, a su vez, un disfraz
de múltiples capas que se superponen.
Más allá de un "disfraz" o de un "artificio", también queremos destacar aquí otro rasgo
de la escritura lezamiana que ya habíamos mencionado: la idea de valor. Gracias a que en los
115

ensayos sobre crítica de arte existe una continuidad con sus principales nociones acerca del
sistema poético, Lezama también teje una red donde pocos artistas caben. No todos los
artistas representativos de la vanguardia cubana tienen espacio en su escritura y en su
particular concepción de la labor crítica acerca de las manifestaciones plásticas
85
. Igualmente,
dentro de su proyecto crítico tampoco hay espacio para artistas plásticos cuya propuesta se
encuadre en corrientes más contemporáneas que demanden otros espacios y otras situaciones
diferentes a la meramente contemplativa. Un rasgo que lleva a pensar que estos críticos-
poetas trabajan desde el encuentro visual con la obra, sea un cuadro o una escultura y no
desde otros aspectos como la interacción con el público o la salida del espacio consagrado
institucionalmente: el museo; situaciones que en alguna medida estaban comenzando a
producirse en la isla hacia finales de los años sesenta y comienzos de los setenta.
La idea de valor en Lezama también presupone dos posibilidades: la selección de artistas
que presentan algún grado de correspondencia con su sistema poético o que se inscriben en el
círculo de la amistad. Un recorte que se relaciona con la imposibilidad del encuentro con
piezas realizadas y mostradas en el exterior. Así, temas como las copias de las obras artísticas
cobran una importancia inusitada, al no tener acceso directo a las producciones originales. De
esta manera, en una de las crónicas
86
presentes en "Tratados en La Habana", Lezama se
refiere a una exposición de arte inglés "presentada en copias de excelente factura"
(LEZAMA, 1977, p. 677) y realiza una distinción sobre el arte que puede o no ser
reproducido. Así, la gracia o verdadero propósito reside en atrapar el rasgo característico que
convierte a la obra en una manifestación única. En sus palabras:
85
Jorge Mañach y la revista de avance fueron blancos de la actitud despreciativa de Lezama. Con respecto a
esta postura, Reynier Espinosa, en su texto "José Lezama Lima ante la creación pictórica de su tiempo", señala
que el poeta cubano muestra desdén hacia la primera generación de artistas vanguardistas, a pesar de sus
aportes para la expresión artística de la isla. En palabras de Espinosa, "De este modo, Lezama, al referirse a esa
primera generación lo hace con cierto desdeño, ve sus postulados agotados de `puro hastío de un interregno
humoso o en prolongaciones indecisas [...] la técnica infiel y las formas yuxtapuestas, ambas desacordes.' Este
juicio lezamiano no se basa en un enfoque objetivo sobre el arte nuevo, sino que juzga esa generación por los
aspectos que difieren de su grupo, ante el grito de cambio y avance que proponía buscar, redescubrir. Esta es
una de las razones por lo que no escribió mucho acerca de los creadores de la primera promoción y lo poco que
escribió va a estar acentuado por esa posición despectiva, como en los casos de sus aproximaciones a los
artistas Fidelio Ponce de León, Carlos Enríquez entre otros; sólo escapan de estos juicios Arístides Fernández y
Víctor Manuel, tal vez porque ambos, poseían relaciones de amistad con el poeta, quien verá en sus obras una
correspondencia con su sistema poético" (ESPINOSA, Reinier. "José Lezama Lima ante la creación pictórica de
su tiempo". Disponible en http://www.lajiribilla.cu/2010/n500_12/500_09.html).
86
El texto que seleccionamos aparece en una sección de "Tratados..." que se llama "Sucesivas o coordenadas
habaneras". Son escritos o "estampas habaneras" que Lezama publicó en el Diario de la Marina entre 1949 y
1950.
116

Ésa es una de las delicias de las copias, precisar en su juego de
aproximaciones el fragmento insalvable, el color que al reproducirse en la
copia desmaya y se despide. Un verde que se puede reproducir en algunos
venecianos y un verde inalcanzable e irreproducible en El Greco (LEZAMA,
1977, p. 678).
No obstante, de acuerdo al poeta no toda obra es susceptible de ser reproducida, lo cual
destaca nuevamente una idea de valor, y de aura, inherente a una obra de arte considerada de
calidad. De ahí que, por ejemplo, el color verde de El Greco sea irreproducible. Unas líneas
más adelante el mismo Lezama concluirá de forma general que el arte no es susceptible de ser
copiado. Un planteamiento que nos recuerda la tesis de Benjamin sobre el arte aurático y la
pérdida de esa aura gracias a la reproducción. En el texto lezamiano leemos con humor que:
el original aborrece tanto parecerse a alguien, como un alguien desdichado
se parezca a él. Su tibiedad y su gloria radican en su bufanda. Su orgullo
pregona: nadie, nadie tiene una bufanda dominó. Y el eco jugando sus
sílabas le regala un nadie, nadie, nadie (LEZAMA, 1977, p. 679).
Como podemos ver, Lezama desarrolla en su crítica de arte una noción de valor que
orbita alrededor de la afinidad de los pintores con sus planteamientos acerca del sistema
poético, la amistad y un arte verdaderamente aurático, que no cuestione los cimientos que
separan al arte de la esfera cotidiana de acción. Desde este punto de vista asistimos a una
operación de selección en varios frentes: escogencia de obras de arte emparentadas con la
visualidad y no con las corrientes no figurativas, elección de artistas cubanos pertenecientes a
la segunda generación vanguardista y análisis de obras consideradas auráticas, tanto a nivel
nacional como internacional. En cuanto a este último asunto, debemos destacar las
circunstancias de la Isla y su alejamiento con respecto a lo que sucede en los principales
escenarios artísticos mundiales. Este último punto es crucial en la medida en que el
acercamiento se produce mediante copias o mediante noticias de lo que sucede afuera, lo cual,
de entrada, ya produce una segmentación de la información.
Por último, mostraremos un reparo importante para la crítica de arte realizada por
escritores y poetas hispanoamericanos. Es una crítica basada precisamente en el
reconocimiento de la importancia de la actividad de difusión, comprensión, descripción y
valoración realizada por los escritores. No podemos soslayar el peso de los escritos sobre arte
de poetas como Octavio Paz o José Lezama Lima en el ambiente cultural hispanoamericano,
pero tampoco debemos pasar por alto sus falencias. Algunas de ellas han sido mencionadas en
párrafos anteriores y otras aparecen en textos como Hacia una teoría americana del arte de
117

Juan Acha, Adolfo Colombres y Ticio Escobar (1991). De acuerdo a estos autores, en nuestro
subcontinente no existe un pensamiento visual desarrollado, gracias a una multiplicidad de
circunstancias, entre las que se destacan el énfasis propio del ser humano hacia la palabra
escrita ­y no enteramente hacia los fenómenos visuales­, y la presencia de un discurso
literario sobre las obras plásticas que tiende a destacar el elemento narrativo de la obra de arte.
Según ellos:
El crítico y el teórico, mientras tanto, se explayan en consideraciones de lo
narrado o representado, sin poner atención en el modo artístico si lo hubiera.
Porque la crítica literaria hace esto hasta con las obras artístico-visuales de
primera magnitud. Y es que para ello lo narrable constituye uno de los
valores estéticos de la pintura (ACHA; COLOMBRES; ESCOBAR, 1991, p.
44).
Esta es una objeción significativa que no solamente atribuye a la aproximación del
pensamiento literario al visual un marcado interés en el elemento narrativo sino que critica la
inexistencia de una verdadera valoración o juicio sobre el carácter artístico de la obra. Una
aseveración que nos conduce al cuestionamiento de la crítica de arte lezamiana, en el sentido
que es el mismo juego del lenguaje que pone en escena (o en el papel), el que dificulta un
verdadero entendimiento del carácter artístico de las obras plásticas analizadas, sin contar las
múltiples digresiones que llevan al lector a un campo que excede al pintor analizado y lo
introduce en otros terrenos. A partir de estas circunstancias, es válido cuestionar el alcance
teórico y analítico de una crítica de arte que carece de especificidad y preguntarse cómo fue
su recepción: ¿realmente realizó una difusión del arte de la isla, pese a su selección? o
¿Alimentó debates o propuestas que llevarían al desarrollo de un pensamiento visual?
87
2.10
ALGUNOS PASOS HACIA LAS CATEGORÍAS ESTÉTICAS
Como hemos visto, la escritura lezamiana acerca de la crítica de arte ofrece dificultades
para quien busca en ella la comprensión de la obra de un pintor determinado o el
conocimiento de corrientes o escuelas artísticas. No porque este ensayista no realice una
descripción y una valoración de las obras presentadas, ni porque no mencione artistas o
corrientes. Quizá una hipótesis plausible es que en la concepción de su escritura sobre las
manifestaciones plásticas coexisten cuatro formas que cumplen una función de
87
Un pensamiento visual en los términos de Juan Acha, Adolfo Colombres y Ticio Escobar equivale a una
reflexión sobre el arte mismo y sus medios, que condujese a nuevas y originales expresiones artísticas.
118

enmascaramiento: la primera, vinculada con el reclamo de autonomía del ensayo, es el
reconocimiento del carácter estético de este género, más allá de la postulación o la expresión
de tesis sustentadas por argumentos; la segunda, relacionada con la anterior, donde esas
mismas operaciones literarias presentan una ficción o la transformación de la obra plástica al
pasar por el tamiz de la literatura; la tercera, el carácter digresivo y acumulativo de la escritura
del cubano que no atiende a una esperada "linealidad" o "continuidad" en los planteamientos
de la historia del arte, y que superpone planos diferentes como la inclusión de una teoría del
poeta Gerard Manley Hopkins (inscape y landscape); y, finalmente, la subordinación de
cualquier propuesta acerca de la expresión plástica a su sistema poético, con su consecuente
selección o recorte con respecto a los artistas cubanos, sea por la adecuación de sus obras o
por los lazos de amistad.
En todo caso, y aun frente a estas características, no es posible ignorar la existencia de
unas categorías estéticas en el ensayo "Homenaje a René Portocarrero". Con "categorías",
pensamos en los conceptos que sirven de base para sus planteamientos sobre la obra de este
creador. Así, algunos de los que revisaremos son el primitivismo, la noción de barroco y la
presencia de pintores como Van Gogh y Ucello o Paul Klee y Wassily Kandinsky.
2.10.1 Aproximaciones al primitivismo, la visión táctil y las opciones de la pintura
contemporánea
Los acercamientos teóricos clásicos al primitivismo suelen incluir los textos Cultura
primitiva, los orígenes de la cultura (1871) de Edward Tylor, La rama dorada de James
George Frazer (1890) y La mentalidad primitiva (1922) de Lucien Lévy-Bruhl, escritos desde
una perspectiva antropológica y cultural que incluye, entre otros, rasgos fundantes como la
religión. Sin embargo, y pese a la importancia de estos textos, hemos escogido un enfoque
que resalta el elemento estético o de la historia del arte. Desde esta mirada nuestra exposición
se centrará principalmente en el modo como aparece este concepto en "Homenaje..." y de
acuerdo a las propuestas del crítico e historiador de arte Charles Harrison y del poeta y
ensayista Octavio Paz. La elección del mexicano obedece a que también escribe crítica
119

poética y a que ciertas zonas de su pensamiento representan un lugar de encuentro con el
poeta cubano, además de que ambos se sitúan en un mismo horizonte temporal
88
.
Ahora bien, en una primera aproximación, y de acuerdo a las palabras del crítico e
historiador de arte Charles Harrison, encontramos que
De maneira geral, a palavra "primitivo" foi usada desde pelo menos o século
XIX para distinguir as sociedades européias contemporâneas e suas culturas
de outras sociedades e culturas que eram então consideradas menos
civilizadas. Até meados do século XIX, o termo era também usado para
descrever obras italianas e flamencas dos séculos XIV y XV. Mas na virada
do século seu alcance foi ampliado para referir-se às antigas culturas egípcia,
persa, indiana, javanesa, peruana e japonesa, aos produtos de sociedades
vistas como "mais próximas da natureza" e ao que muitos historiadores da
arte chamaram a "arte tribal" da África e da Oceania (as ilhas do Oceano
Pacífico) (HARRISON, 1998, p.5).
El concepto de primitivo se asocia así a culturas y sociedades "menos civilizadas" o más
próximas a un estado "más natural" o "tribal", y, en el caso de la pintura, a obras que no
presentan perspectiva, aunque este rasgo técnico ya esté en sus comienzos. Entre los pintores
primitivos italianos encontramos a Giotto di Bandone (1266-1337) y a Simone Martini (1288-
1344), representantes de la Escuela de Florencia y de la Escuela de Siena, respectivamente, y
a Jan van Eyck (1390-1441) como representante de la pintura flamenca. Ahora bien, si
continuamos con un desarrollo artístico donde el primitivismo se vincula con la modernidad,
encontramos también las ideas de Gauguin al respecto de lo que podría llamarse una "técnica
primitiva". De acuerdo al análisis de Harrison:
Gauguin define seu primitivismo, portanto, em termos da "simplicidade", da
austeridade e da falta de escala naturalística que caracterizam seu estilo de
pintura na Visão. Ele indica que as próprias simplificações formais
simbolizam a cultura "primitiva" que representam. Nesse sentido, ele estava
seguindo uma tradição primitivista que ligava pessoas "simples" a
pensamentos ou modos de expressão "mais puros". Mas também fazia uma
associação implícita entre um modo de expressão artística "sem artifícios" e
a criatividade ­ou potencial criativo- do artista moderno (HARRISON, 1998,
p.19)
De acuerdo a la concepción de Paul Gauguin (1848-1903), el carácter más natural
atribuido a la pintura primitiva se alía a la inmediatez de la visión, a la simplicidad en los
88
En el primer capítulo habíamos reflexionado sobre el carácter de la crítica de arte de Octavio Paz. Ahora, nos
apoyamos en las semejanzas entre ambos poetas y ensayistas para analizar el despliegue del concepto de
primitivismo. Entre las razones que nos permiten reunir a estos dos autores encontramos un pensamiento
basado en la universalidad del lenguaje poético, en la recuperación de un imaginario mítico y en una ambición
enciclopédica acerca de la cultura y la historia. Por otra parte, ambos se hallaban en un mismo contexto
generacional y compartían un diálogo en el sentido de que publicaron en Orígenes.
120

temas (campesinos o personas simples) y a la pureza. Estas tres particularidades: naturaleza,
inmediatez y pureza resultan así características de una noción de arte alejada del artificio,
entendido como una operación consciente y artesanal que busca retratar la realidad con más
fidelidad. De ahí que unas líneas más adelante, Harrison se refiera a los elementos de la
pintura de Gauguin y Émile Bernard (1868-1941) en términos de distorsión, simplificación y
"abstracción" de la naturaleza, atributos que él relaciona con la herencia simbolista y que
pueden resumirse así: áreas aplanadas de colores intensos, distorsiones o simplificaciones
como el uso de contornos oscuros por parte de Bernard para circundar y separar áreas de color
intenso (recurso que también aprovecha Gauguin).
Ya en nuestro ámbito, podemos pensar el primitivismo como lo hace Ana Cecilia Olmos
en su disertación de maestría cuando observa que se trata de una reacción contra el
academicismo, el naturalismo y el racionalismo de la estética europea (ARIAS, 1994, 10).
Desde este enfoque, la finalidad de autores como Mário de Andrade o José Lezama Lima al
trabajar con este concepto distintivo de la modernidad representa una práctica contra-
hegemónica. En sus palabras, "re-semantizar uma arte primitiva significa, portanto, reabilitá-
la como uma prática contra-hegemônica que opera estrategicamente na configuração de
identidades culturais diferenciadas" (ARIAS, 1994, 13). De este modo, cuando el poeta
cubano postula el primitivismo como una parte del proceso y del método propios del pintor
está reclamando una postura antiacadémica para la pintura y realizando un llamado a
procedimientos estéticos innovadores alejados del "naturalismo" y del "racionalismo". Ésa es
su posición en "Homenaje" cuando anhela un pensamiento mágico aplicado a la creación
pictórica. Según él, "anteriores a toda abstracción y a la geometría de la ornamentación, el
pintor siente las imágenes hápticas de los primitivos y los místicos" (LEZAMA, 1994a, p.
229). Nuevamente encontramos ese halo pre-lógico alrededor de la creación pictórica que no
se conforma con la observación o la imaginación. Aquí, a semejanza del fragmento sobre la
caza del ciervo, existe nuevamente una conjugación de los sentidos o una metáfora en las
palabras "imágenes hápticas", ya que "háptico" designa la ciencia del tacto.
Ahora bien, el hilo argumentativo del texto lezamiano nos permite unir la reflexión sobre
el primitivismo presente en "Homenaje..." con la noción del logos optikos griego. El enlace
que uniría ambas ideas es la mirada. Aunque es verdad que cuando el poeta y ensayista se
refiere al primitivismo, como en las líneas anteriores, lo hace pensando más en la sensación
táctil, las imágenes en sí suelen referirse al ejercicio de la visión. La salvedad es que no se
121

trata de cualquier percepción visual, ya que se refiere a los primitivos y los místicos, es decir,
a una experiencia más relacionada con la unión del alma con un elemento sagrado. Sin
embargo, preferimos no apegarnos a una crítica vinculada a estos elementos místicos y
religiosos, ya explorados en una de sus vertientes
89
y destacar únicamente el elemento visual.
El logos optikos lezamiano es el principio que rige el arte griego y que representa un
cambio en el método con respecto al pensamiento chino. En palabras del poeta:
¿Quiere lo anterior decir que la tradición del wu wei, del vacío de los
taoístas, se opone a la tradición griega del logos optikos? De ninguna
manera. Se trata sólo de un cambio de operaciones, de otro sitio donde el
pintor libra sus batallas. No era en la fijeza lograda por la imagen dentro de
ese círculo de vaciedad, donde se cumplimentaba la detención antes de
perderse en la indistinción del bosque. El griego daba su batalla plástica en
el peligro del contorno. El límite y la infinitud luchaban hasta que la zona
oscura retiraba sus naves. El contorno, en el visible simbolismo de las
figuras y en el cuerpo humano, quedaba siempre por encima del devenir, del
lado del devenir como logos.
Cézanne se estremecía al observar que el contorno le huía. Allí están ya
señalados los dos peligros que han sido poderosamente creadores en la
pintura contemporánea. Uno es un peligro ancestral: lograr un vacío creador,
engendrar y fijar dentro de esa suspensión. El otro es las ondulaciones o las
serpientes del contorno (LEZAMA, 1994a, p. 231).
A partir de la visión se configura en la crítica de arte lezamiana toda una reflexión
alrededor de las características del arte chino, el griego y el moderno. Pese a que no
explicaremos las peculiaridades del arte oriental y su carácter dialéctico, observaremos la
manera divergente como se configuran las otras dos formas estéticas. De este modo, la
mirada atenta y con un valor espiritual, la idealización, se convierte en el principio generador
del arte griego. Pese a que no podemos hablar de ellos en términos de primitivos debido a que
la filosofía desde Sócrates estaba centrada en el hombre y percibía a la naturaleza como un
otro que lentamente va alejándose del mito para convertirse en objeto de estudio (Aristóteles
disecaba animales, por ejemplo), es esta primera concepción del arte occidental la que es
contrapuesta por José Lezama Lima al arte moderno representado en su más grande artífice:
89
Preferimos alejarnos de la corriente mística y esotérica, presente en textos críticos sobre Lezama como el de
Margarita Junco Fazzolari, y aproximarnos a otros enfoques, inclusive no literarios. Por ejemplo, el cineasta
español Val del Omar (1904-1982) presenta en 1955 ante la UNESCO su "Teoría de la visión táctil" (publicada
en 1959 en la revista Espectáculo de Madrid). En ella consigna que "Hay que convertir a las distintas luces que
inciden en una escena en distintos pinceles palpitantes, en dedos sensibles a las superficies que palpan, hay
que saber expresar esa sensibilidad reactiva"(http://www.valdelomar.com/pdf/text_es/text_5.pdf. Consultada
en 5 jun. 2013). Esta teoría hace de la iluminación el elemento que enlaza nuestras percepciones visuales a las
táctiles por medio de las ideas de temperatura y sustancia o relieve. Es una proposición interesante de la que
no sabemos si Lezama tuvo noticia por medio de los autores españoles que visitaron Cuba como María
Zambrano.
122

Paul Cézanne. Así, la noción de lo acabado, del límite que, según Lionello Venturi, hace parte
de la idea de belleza platónica y aristotélica junto con el orden y la simetría, (VENTURI,
2007, 51) se convierte en una de las dos opciones a las que se enfrenta el artista
"contemporáneo". La otra posibilidad es la creación a partir del vacío, de lo abierto, de lo que
no tiene límite, que es la situación de un artista moderno como Cézanne. Mientras que los
griegos trabajaban en los estrechos límites de una imitación de la naturaleza ya dada (el
cuerpo humano) idealizándola (estamos pensando en los grandes escultores como Fidias y
Praxíteles), los modernos no pueden apelar a la mímesis porque no existirían unos moldes
previos, una naturaleza a imitar. De esta forma, Cézanne, considerado el gran moderno,
desafiaba así los principios que la Academia todavía dictaba y que seguían artistas como
Bouguereau, preocupados más en un arte naturalista que todavía cumplía un pacto de
verosimilitud con la "realidad".
De una forma u otra, encontramos el carácter "abierto", plural y antiacadémico de la
modernidad, en contraposición a las formas cerradas y delimitadas del mundo artístico griego.
Debemos notar que esta particularidad de lo "abierto" también presupone los diversos tipos y
grados de "resemantización" que señalaba Ana Cecilia Olmos con respecto al primitivismo.
De este modo, asistimos a una primera versión del significado de primitivismo reclamado por
Lezama para el procedimiento en la pintura, posteriormente una propuesta de visión táctil ­
también vinculada a este concepto en "Homenaje..."­ y luego la constitución de dos maneras
diferentes de concebir el arte a partir de la visión del contorno y de lo abierto. A pesar de que
esta última no se relacione directamente con las peculiaridades de una expresión primitiva, es
un elemento que orbita alrededor de la teorización lezamiana sobre las posibilidades o
"peligros" a los que se enfrenta el pintor moderno.
Por último, observaremos una versión poética de la noción de primitivismo. En
"Homenaje..." hallamos que:
Entre el envío de la penetración y la imagen y la melodía de la forma interna
proliferante, el artista cuida una semilla, es un homo humus. Es decir,
devuelve una forma viviente y una posibilidad germinativa. En cualquiera de
los trabajos de Portocarrero, aparece siempre la lentitud, el ceremonial, el
sacramento de la semilla en el homo humus. Su ceremonial calmoso le
permite prolongar la vía contemplativa en la terraza donde la luna alcanza el
signo de las fiestas de la recolección, donde el sol alancea lo germinativo.
Un artista tan ricamente dotado como Portocarrero, en esa dimensión del
guardador de la semilla, tiene que conllevar un tiempo de espera paralelo a
ese germen configurado en hecho concurrente, imagen, penetración, melodía
y forma interna en devenir (LEZAMA, 1994a, p. 228-229).
123

Un tropo, "la semilla", que también se desarrolla en un ensayo de Octavio Paz que
precisamente lleva este mismo nombre, y que se refiere al tiempo representado en la obra del
primitivo mediante la imagen del germen y la máscara. Así:
La obra del primitivo revela el tiempo de antes. ¿Cuál es ese tiempo? Es casi
imposible describirlo con palabras y conceptos. Yo diría: es la metáfora
original. La semilla primera en la que todo lo que será más tarde la planta ­
raíces, tallos, hojas, frutos y la final pudrición- vive ya con una vida no por
futura menos presente [...]. El presente se revela y se oculta en la obra del
primitivo como en la semilla o en la máscara: es lo que es y lo que no es, la
presencia que está y que no está ante nosotros (PAZ, 1984a, p. 26).
En el texto de Lezama encontramos esa idea del ser que todavía no es, observamos la idea
de la simiente y también la imagen de su guardador, la cual no se restringe únicamente a
Portocarrero sino también a algunos vocablos que se convierten en metonimias del pintor
como homo humus. Esta imagen del artista como la tierra donde la semilla crece y pasa de ser
una "potencia" a un "acto", también aparece en el apartado donde
"
la luna alcanza el signo de
las fiestas de la recolección, donde el sol alancea lo germinativo", una clara referencia a las
celebraciones o ritos de fertilidad. Ahora bien, en el fragmento de Paz, la semilla que también
es la máscara, es un elemento que esconde un futuro y un ser desconocido. Este misterio junto
con la idea de un tiempo que no es ni histórico (lineal) ni religioso (cíclico) es lo que nos
abisma frente a la contemplación del arte primitivo.
Las similitudes entre la manera como ambos poetas desarrollan esta imagen de la semilla
es muy fuerte, pero no así en lo que concierne a la elaboración teórica. La propuesta de
Lezama presenta una idea general del pintor como aquel que posibilita el tránsito hacia la
imagen, mientras que Paz se ciñe estrictamente a la idea de primitivismo. La continuidad con
el sistema poético es clara y ensayos del cubano como "Preludio a las eras imaginarias" nos
recuerdan claramente esa conexión. Para nuestro escritor el poeta, al igual que el pintor,
representa la figura del posibiliter, el guardián del potens, de la poesía como posibilidad
infinita. Una idea de poiesis como creación que se extiende también al pintor, en la medida en
que ambos han de crear un cuerpo ­el poema, una pintura­ que en el devenir metafórico
cristalice en imagen. De este modo, la presencia de los elementos del sistema poético es
deliberada y estructura la crítica de arte lezamiana.
124

2.10.2 Los otros principios: Van Gogh y Ucello; Klee y Kandinsky
A arte não reproduz o visível, mas torna visível
Paul Klee. Confissão criadora
Cuatro artistas de corrientes pictóricas diferentes son mencionados en "Homenaje...". No
solamente presentan posiciones disímiles con respecto al tema estético sino que también se
encuadran en momentos históricos que llegan a una distancia notable. El primero, Paolo
Ucello (1397-1495), es un pintor del Renacimiento italiano que se destaca por el uso de la
perspectiva para crear efectos de profundidad, y no tanto para realizar secuencias narrativas
dentro de la pintura. Entre sus cuadros más famosos se encuentran "La batalla de San
Romano" (1438-1440) y "San Jorge y el dragón" (1470). El segundo, Van Gogh (1853-1890),
reconocido pintor del post-impresionismo. El tercero, Wassily Kandinsky (1866-1944), artista
abanderado del arte abstracto. Y, finalmente, Paul Klee (1879-1940), músico y artista plástico
suizo-alemán, cuyo arte no es de fácil definición, ya que suele ser asociado al expresionismo,
a la Bauhaus y al surrealismo.
Es curiosa la manera como Lezama Lima entabla el diálogo entre estos pintores.
Nuevamente, y de acuerdo con lo que señalábamos acerca de su concepción sobre la crítica, el
poeta no privilegia una relación causal sino un vínculo donde impera el "eco" o la "frase
entreoída". Así, aplica una idea de Paul Klee como el "hecho formal" a pintores como Uccello
y Van Gogh, y relaciona el "principio de contacto eficaz" de Kandinsky con la propuesta del
pintor suizo-alemán. De esta manera, observaremos primero la forma como el ensayista
presenta el planteamiento de Klee y luego veremos esta teoría desde su propio autor.
Así podía hablar Klee de la sinfonía formal, del arte como génesis no como
producto. En breves líneas nos ha señalado lo que para él era el camino de la
expresión artística. El fuego en su devenir, en la energía humana de su
propagación, traspasado a la mano que lo lleva al cuadro donde brota una
chispa que lo lleva otra vez al ojo. Existe para Klee una fuerza formante, que
liberada de todos los demás elementos, logra constituirse. Pero para que el
pintor obedezca a la totalidad de su fuerza formante, había ya que romper
con el logos optikos de los griegos. [...]. La sinfonía formal de Klee se logra
en la interacción de lo vertical de la esfera lejana con la horizontal de "en
alguna parte". Ya el mundo del pintor no puede surgir de la visión creada por
el ojo, sino de la ciudad que está del otro lado de la empalizada. Allí
encuentra amigos, familiares muertos, cabañas a la orilla del mar, habitadas
por pescadores silenciosos de inmensas redes. Su imagen más allá del límite,
de la línea del horizonte, del tabique subterráneo, lo lleva a considerar el
mundo de todos los días como maravilloso, eternamente naciente y
125

renovado. Situada la imagen del otro lado, el objeto por el análogo del doble,
gana la unidad de los dos órdenes, es forma formante y es imagen dentro de
un círculo que vuela (LEZAMA, 1994a, p. 250-251).
Esta cita extensa nos permite percibir en su propuesta una conciencia sobre el carácter
musical de la búsqueda artística de Klee y a la vez una manifestación unívoca sobre lo que
considera debe ser el proceso creativo de la plástica. Desde este punto de vista, dividiremos el
análisis del apartado anterior en tres partes: una primera dedicada al elemento musical en la
teoría de Klee; una segunda volcada en el procedimiento estético y una última destinada a la
manera y al lenguaje como Lezama despliega sus planteamientos a partir de la teoría del
artista suizo-alemán.
Desde las primeras líneas del ensayo percibimos la conjunción de lo pictórico con lo
musical en el arte de Klee. Tal comunión se explica por el hecho biográfico de que el pintor
fue violinista y de su constante preocupación por los lazos entre ambas artes, que él considera
temporales
90
. Un vínculo que podemos percibir al comienzo del ensayo del pintor titulado
"Confissão criadora" (escrito en 1918 y publicado en 1920) cuando, junto con la aseveración
del arte pictórico como expresión temporal, encontramos una reflexión sobre los elementos
plásticos que incluye términos exclusivamente musicales como "unisonancia" o "polifonía"
(KLEE, 2001, p. 44). En el prólogo de Günther Regel a Sobre arte moderna e outros ensaios
(libro que contiene el texto "Confissão criadora"), él relaciona este lazo entre la música y la
pintura a la preocupación con la "forma". Desde su punto de vista:
Klee procurava, por assim dizer, um equivalente visual para aquilo que a
música era capaz de tornar audível. Isso se evidencia na conexão inegável
entre A arte da fuga de Bach e o modo como Klee pensava a composição de
seus quadros. Como na forma artística da música polifônica contrapontística,
em seu trabalho ele estava empenhado em desenvolver um tema da forma e
elaborá-lo, diversificado em vários aspectos, segundo princípios
relativamente vigorosos, relacionados à organização formal, mas assumidos
em cada caso de maneira própria (REGEL, 2001, p. 19).
Resulta comprensible que un poeta como Lezama Lima, cuya poesía, como vimos
anteriormente, busca crear una visualidad plástica dentro de un marco musical y fonético
propio del poema, muestre afinidad con un pintor como Paul Klee, quien también intentaba
90
En el Laocoonte de Lessing se señala que la principal diferencia entre la pintura y la música es que la primera
representa un arte espacial y la segunda un arte temporal. El pensamiento de Klee al respecto no deja lugar a
dudas, ya que para él este planteamiento "não passa de uma divagação erudita" (KLEE, 2001, p. 46) porque en
el movimiento, y, por ende, en el tiempo, un punto se convierte en línea. Además, el espectador necesita
tiempo para comprender un cuadro en su conjunto.
126

reflexionar sobre la conjunción de las artes. Sin embargo, a nivel teórico la proximidad
aumenta cuando el cubano asume la noción de "hecho formal" como un principio fundador de
lo que él asume que debe ser el ejercicio pictórico. Unas líneas más adelante en la cita ya
reproducida ("El fuego en su devenir, en la energía humana de su propagación, traspasado a la
mano que lo lleva al cuadro donde brota una chispa que lo lleva otra vez al ojo") encontramos
una paráfrasis de un párrafo de "Confissão criadora", pero con una omisión: la comparación
del movimiento del fuego con la génesis de las Escrituras. Una exclusión reveladora que
puede interpretarse como una voluntad del poeta por alejarse de cualquier alusión al elemento
religioso, a Dios. A diferencia de sus escritos sobre el sistema poético, en este texto sobre
Portocarrero el autor explora una vertiente exenta de cualquier referencia a la divinidad como
fin último o como inspiración.
El centro de la relación de Klee con los otros pintores, el hecho formal, aparece
dilucidado hacia la mitad de la cita extensa que transcribimos. Aquel "Existe para Klee una
fuerza formante, que liberada de todos los demás elementos, logra constituirse", pero liberada
del logos optikos griego, constituye el comienzo de la definición en palabras lezamianas del
"hecho formal". De acuerdo al poeta, y en fragmento que no incluimos, esa "fuerza formante"
representa "el sentirse invadido por las fuerzas que ascienden, por la energía cosmológica, por
las invisibles pero respirantes interrelaciones entre el devenir y el acto que expira"
(LEZAMA, 1994a, p. 250), un pasaje que a simple vista parecería aludir a las fuerzas
desconocidas, intangibles e invisibles que gobiernan el acto creativo; en otras palabras a la
inspiración. Una impresión que queda desmentida unas líneas después cuando su autor,
apartándose del concepto del artista europeo, retoma su reflexión acerca de la imagen.
Ahora bien, la propuesta de Klee acerca del "hecho formal" podemos verla a través del
crítico Günter Riegel, autor del prefacio a la edición brasileña de sus textos. Según él, la
forma debe entenderse:
no sentido do caráter da forma, isto é, o sinal característico essencial da
forma que determina o todo, que abrange em sua combinação de efeitos a
característica de uma forma e o seu significado geral. Esse caráter é
preservado no processo de configuração como um tema ­que não chega a ser
o enunciado, mas o objeto sobre o qual e com ajuda do qual algo deve ser
enunciado (RIEGEL, 2001, p. 19).
El "hecho formal" tal vez podemos entenderlo como la combinación en el cuadro de
todos los elementos que forman la composición (término musical que le gustaba a Klee) y
127

cuyo referente no necesariamente remite al mundo exterior sino que es un objeto que enuncia
un "algo", un elemento que va más allá del "objeto" plasmado en la obra. En palabras de
Klee, en otras secciones de su texto "Sobre a arte moderna", la obra al plasmar solamente una
parte de la forma, de ese todo, lo hace de manera que no es enteramente naturalista (una
mímesis) sino que incluye una deformación. En sus palabras:
Gostaria agora de considerar a dimensão dos objetos em um novo sentido,
procurando mostrar como o artista costuma chegar a uma "tal" deformação,
aparentemente voluntária, das formas naturais.
Em primeiro lugar, ele não atribui a essas formas naturais de manifestação o
significado coercitivo que elas têm para os muitos críticos realistas. Ele não
estabelece um vínculo tão forte com uma tal realidade, porque não vê nas
formas finais a essência do processo da criação natural. Pois, para ele,
importam mais as forças formadoras do que as formas finais (KLEE, 2001,
p. 64).
La noción de "fuerza formante" o "hecho formal" puede leerse así como la
transformación o deformación realizada por el pintor con respecto a las formas ya existentes
del mundo exterior. Así también lo lee Lezama al final de la extensa cita cuando se refiere a
que "Ya el mundo del pintor no puede surgir de la visión creada por el ojo, sino de la ciudad
que está del otro lado de la empalizada". El afán de copia sustentado en la visión aguda sobre
los objetos es superado por una dación de forma en la que interviene la imago, el doble
metafórico, como diría el poeta y ensayista. Los elementos del mundo físico deben ser
reemplazados por la visión interna del pintor y por cada uno de los elementos pictóricos para
formar una composición. Así lo reconoce Klee con el concepto de "forma" y con la idea de
"deformación", y Lezama reúne esta digresión aparente con la argumentación sobre el mismo
Portocarrero.
En torno a Kandinsky, José Lezama Lima afirma que el "principio de contacto eficaz" y
el de "necesidad interior" del pintor ruso se relacionan con el "hecho formal" de Klee. En De
lo espiritual en el arte, el artista ruso afirma: "A harmonia das cores baseia-se exclusivamente
no princípio do contacto eficaz. A alma humana, tocada no seu ponto mais sensível, responde.
A este fundamento, chamaremos o Princípio da Necessidade Interior" (KANDINSKY, 1912,
p. 60). Ambas teorías, la de Kandinsky y la de Klee, representan un estudio sobre la
trasmisión de forma en la obra de arte, sobre el modo como debe realizarse un cuadro de
acuerdo a sus componentes (líneas, punto, plano, color, figuras geométricas). Mientras que
Kandinsky atribuye a cada color un efecto en el alma humana, Klee reflexiona sobre ese
128

elemento interior, sobre ese elemento que informa el contenido del objeto plástico y que no
tiene una clara referencia en el mundo físico. De ahí que no haya "oposición", siguiendo a
Lezama, entre el "en alguna parte" (de Klee) con el "este" de Kandinsky. Ambos pintores
están relacionados por su búsqueda y su estudio sobre la composición artística, sobre los
componentes de la expresión estética, de una manera que nunca se desliga de la música
(Kandinsky toca el piano y el violonchelo y se interesa por Wagner y Schönberg).
Por último, nos llama la atención la presencia de pintores como Van Gogh y Ucello
girando alrededor de los conceptos de "hecho formal" y "principio de contacto eficaz". La
razón para el lazo es el análisis acerca de Portocarrero. El mismo Lezama nos dice:
Pero hay una precisión, una nitidez, donde el pintor se libera de la
condenación de los sucesivo, para lograr el "hecho formal" fuera de lo
temporal, un "éste" cuya polarización es el espíritu universal. [...]. El
sumergimiento del "éste" trae como consecuencia el surgimiento del hecho
liberado de las secuencias. Hay un hecho puro que el artista siente ascender.
Van Gogh pinta unos zapatos viejos, parecen usados por todos los hombres y
por un solo hombre. Uccello dibuja una copa de cristales talismánicos, queda
como el arquetipo del cuenco de la mano que refracta la cascada (LEZAMA,
1994a, p. 252).
Lezama al destacar el "hecho formal", como una situación que rompe con la sucesión
temporal, reivindica una poética de la libertad para el arte plástico. Una poética que se
sustenta en la investigación por parte del propio artista de sus medios de expresión y en la
manifestación de un arte plástico que, al igual que la poesía, constituye una imagen, o un
doble metafórico de esa Imagen ideal platónica que él propone como centro de su sistema
poético. No es gratuita esa última representación pictórica: Uccello no dibuja una copa de
cristales y sí el espejo cóncavo de una cascada.
2.11
DESDE LA OTRA ORILLA
La complejidad y la gran variedad de motivos en el ensayo "Homenaje a René
Portocarrero" favorece un estudio amplio sobre un gran abanico de temáticas pictóricas,
históricas y culturales, del cual nosotros hemos realizado un recorte que privilegia, en mayor
medida, el carácter ambiguo y oscilante del ensayo de crítica poética, su inserción en una
tradición cuya raíz se remonta al siglo XIX y a la idea de un lenguaje sugerente en "La
filosofía de la composición" de Edgar Allan Poe, las nociones de imagen y aura, el ejercicio
de poeta-pintor en Baudelaire y el examen de las poéticas visuales y de algunas categorías
129

estéticas presentes en este escrito como el primitivismo, el "hecho formal" de Paul Klee y el
"principio de contacto eficaz" de Wassily Kandinsky.
El carácter oscilante de la propia escritura lezamiana nos permitió la salida del marco
principal del texto hacia el análisis de algunos temas, sin los cuales no es posible la
comprensión de los propósitos de un ensayo cuya máxima ambigüedad ­y también mayor
riqueza­ se instala entre los trazos de una especificidad propia de la teoría y la crítica artística
y la autonomía del género ensayístico, donde emergen una "literaturización del saber" y
"[una] autoconstrucción de la figura del autor en su relación con el mundo", como aseveran
los críticos Alberto Giordano y Liliana Weinberg. En este sentido, pareciese que nosotros
ejecutamos también una operación similar a la de la misma escritura lezamiana al salir de las
fronteras del texto y trasegar por la senda de la historia de una escritura poética sobre los
fenómenos estéticos, las posibilidades entre "Texto" y "Obra" o las categorías de "placer" y
"fruición", los límites de la crítica de arte en relación a la historia, o al regresar a la poesía y a
una escena de Paradiso con apartados de una visualidad innegable. Así, a lo largo de este
capítulo nuestro movimiento fue pendular: una fluctuación entre el "homenaje" al artista y la
reflexión sobre los conceptos centrales del universo lezamiano desde una perspectiva que
intentó evitar el lugar común.
No realizaremos aquí una síntesis del trabajo desplegado en las páginas anteriores, pero sí
queremos retornar a una problemática que nos parece central: la existencia de dos
orientaciones en su expresión crítica sobre los objetos plásticos. Esta alternativa podemos
leerla a través de los escritos acerca de Fayad Jamís y Luis Martínez Pedro [figura 13] y de la
propuesta que hemos venido desarrollando alrededor de la manera como Lezama evita la
referencia a artistas que trabajen en un arte no representativo. En otras palabras, en la
elaboración de textos críticos sobre un arte que aún posee referentes externos y la presencia de
otro tipo de evaluaciones y comentarios basados en artistas que se aproximan a
manifestaciones no figurativas.
En contraste con las valoraciones sobre un arte de veta más "realista", el procedimiento
crítico acerca de las expresiones que se aproximan al arte abstracto se caracteriza por el
acento en la descripción y en la ecfrasis, y no tanto en el discurrir narrativo. Así, Tintas
[figura 11], la presentación que escribe Lezama en 1971 para la muestra de Jamís en México,
es una descripción que aspira a captar detalles de la totalidad de la obra, percepción de los
130

"ecos", de "las máquinas", de "los fragmentos de árboles", que como práctica crítica nos
recuerda la predilección de Lezama por el detalle. Así:
Parece en estos dibujos y aguadas de Fayad Jamís, como si se tratase a veces
de interpretar un trabajo anterior, como si hubieran llegado a su lejanía
familias secretas, flagelos amiboideos o simples crujimientos de la materia
ansiosa de respirar [...]. Un trabajo gobernado y dirigido sobre otro trabajo
invisible que raspa, añora, rectifica. Máquinas irreales, diseñadas por la
imagen, lúdicas, como dólmenes sin finalidad, en espera tal vez de que un
cataclismo les dé su función propia o su costumbre adivinatoria [...]. El ojo
sigue dominando, trazando las secretas escalas de un imperio que se deshace
y reconstruye por instantes, mientras cada color en su recuerdo de variante
parece desplazarse movido por la brisa [...]. Fragmentos de árboles posibles
que buscan otra unidad, impulsados por otro mundo que los tienta, como si
gozaran de una poderosa emigración de las formas. [...]. La forma jugando
las dos esferas comunicantes: círculos sobre dólmenes, tortugas emigrantes
en un trozo de hielo, sosteniendo con sus cuatro patas, como en las fábulas
chinas, lo estelar.
[...].
De pronto, las embarcaciones se detienen en el ojo
de la imagen, entonces podemos entrever la nueva ciudad. [...]. En esos
toneles que estallan en el sueño, Fayad ha extraído sus rojos entrelazados
con sus negros, sus sienas quemados, sus azules alusivos a lo inmediato, sus
amarillos que interrogan o enfurecen en la luz. Y todos los colores que
maneja con mágica alternancia, removidos, avanzando, penetrando
vorazmente en la nueva ciudad. [...]. Su materia acariciada y recorrida sin
cansancio, es ya la espera que proclama y decide con las comprobaciones del
minero y el despertar del niño con su esfera de incesante rotación
(LEZAMA, 1971, p. 7-10).
La diferencia que hemos leído, en realidad, es simplemente una alteración en el énfasis.
Como un microcosmos de los textos más representativos y extensos de nuestro autor sobre
artistas como Mariano Rodríguez [figura 12], René Portocarrero a Amelia Peláez, el escrito
sobre Jamís (uno de los últimos de Lezama de acuerdo a la cronología de Capote) es una
continuación de los mismos planteos sobre la imagen, las eras imaginarias, el elemento
háptico, la importancia del color y la lejanía-imago ciudad, con un única diferencia: el realce
de la descripción, la valoración del fragmento. De modo que solamente hay una desemejanza
formal entre aquellos nombres centrales en la valoración plástica del poeta y aquellos que
demuestran una veta más "abstracta".
En suma, hemos visto en esta acercamiento crítico al ensayo "Homenaje a René
Portocarrero" un análisis cuyo centro de irradiación son las ambigüedades presentes en la
escritura de la crítica de arte de Lezama; imprecisiones que nos permiten un movimiento de
vaivén entre una imagen visual y otra de cuño metafísico, entre la autonomía estética del
ensayo y la cientificidad de la crítica, entre la poesía con su capacidad evocadora y una
escritura denotativa, entre la ecfrasis como recreación e reinvención en palabras de un objeto
131

plástico y una escritura visual al modo de Baudelaire. Un eje que nos permitió un movimiento
en varias direcciones a partir de un único texto crítico, pero que también nos mostró la
cohesión de la totalidad de la obra lezamiana. Con el poeta, ensayista y novelista cubano no
hablamos tanto de fases, etapas o cambios en su pensamiento, y sí de una gran unidad donde
los ensayos se integran con las reflexiones y el lenguaje de su poesía y de sus novelas.
132

CONCLUSIONES
Los dos ensayos trabajados, "Paralelos. La poesía y la pintura en Cuba en los siglos
XVIII y XIX", más centrado en el discurso histórico de las dos artes en la isla, y "Homenaje a
René Portocarrero", orientado al ejercicio de la crítica, fueron los dos escritos que nos
posibilitaron un encuentro con la idea de una visualidad inherente a toda la obra lezamiana.
Pese a que este escritor rechaza la asunción del carácter puramente óptico de la imagen y
prefiere una concepción abstracta y también platónica, vimos que en estos dos textos abunda
uno de los recursos pictóricos más importantes: el color. Con José Lezama Lima hallamos un
lenguaje rico en tonalidades, en descripciones, en metáforas y en imágenes que provienen de
una "sobreabundancia" de la palabra ­como diría el autor­ y nunca de su brevedad o
concisión. En vez de una escritura lacónica, descubrimos una desbordante que oscila entre
comparaciones y metáforas inusuales y cuyo resultado es una imago original, única y
contundentemente visual, óptica.
De ahí que encontremos textos verdaderamente
iconográficos que no se restringen a una mera descripción de objetos o de cuadros de
Portocarrero o de otros artistas, sino que también están presentes en sus novelas y poemas.
Así, más allá de un relato descriptivo que recurre a las gamas tonales para resaltar las
cualidades físicas y visuales de los objetos, sean lienzos o cuerpos ­como el tejido-fribroma
de Rialta en Paradiso­, nos enfrentamos con cuadros verbales cuyo eje es la creación por la
imagen, una imago óptica sugerente y evocadora.
La comprobación de esta "visualidad infinita" en la obra lezamiana nos condujo a la
reflexión acerca de la relación entre la pintura y la poesía y la figura del poeta-pintor. Con
estos dos temas como pilares de nuestro análisis anduvimos algunos caminos de los estudios
interartes, como las recientes reflexiones sobre la ecfrasis y el desarrollo histórico de la frase
horaciana Ut pictura poesis, y también recorrimos los senderos de una poética visual de
acuerdo a este escritor, una poética en la que analizamos los criterios que conforman su
historia y crítica de arte.
En el caso de la estampa del poeta-pintor, pensamos en Charles Baudelaire y en la lectura
particular de Lezama Lima sobre este autor. Gracias a él y a su pensamiento sobre la
expresión visual, pudimos entender el alcance y las características de la poética del cubano en
torno al fenómeno plástico. La relación de aquél con Delacroix, su tentativa de crear cuadros
verbales en su poesía, su reflexión sobre el artista moderno se convierten en los ejes sobre los
133

que se funda toda la concepción lezamiana acerca de las manifestaciones pictóricas. Cuando
pensamos, por ejemplo, en el colorido de los poemas baudelerianos, en su ambición de
subordinar la secuencia propia del lenguaje discursivo a una escena pictórica, o en el
dinamismo involucrado en el sistema de las correspondencias con sus analogías entre los
diferentes planos sensoriales, estamos leyendo también las pretensiones de José Lezama
Lima. Para él los rasgos más importantes de lo visible también son el color y el movimiento,
particularidades, éstas, que reúne su escritura poética, narrativa y ensayística y que son
ponderadas en los pintores y en obras como "El libro de horas del Duque de Berry" de los
hermanos Limbourg o el "Caballero Da Fogliano" de Simone Martini, entre muchas otras, y
que aparecen también en otros ensayos como La expresión americana.
En cuanto a una poiesis presente en la crítica de arte del cubano, descubrimos un
imperativo creativo que quizás también proviene de la lectura del autor de Las flores del mal
hecha por el cubano. Cuando Baudelaire en Le peintre de la vie moderne afirma, con respecto
al arte de Constantin Guys, que "es difícil para la simple pluma traducir un poema semejante,
hecho de mil croquis, tan vasto y tan complicado" parece que estamos frente a la noción de
una interpretación creativa. En este sentido, el término "traducir" se convierte en un vocablo
que le permite a este poeta-crítico sobrepasar la dualidad entre la imitación y la imaginación a
favor de esta última, y se transforma en el correlato de la interpretación creativa. Si pensamos,
por ejemplo, en un ensayo como "Homenaje...", la traducción o ecfrasis lezamiana de las
obras plásticas no es una descripción que nos permita encontrar la obra fácilmente. Por el
contrario, algunas de las pinturas descritas no corresponden con el nombre indicado o
únicamente aparecen señalados fragmentos que se colocan en diálogo con cuadros de otros
artistas, sin contar los casos en los que la obra pictórica es una excusa para discurrir sobre el
sistema poético o acerca del concepto de las eras imaginarias. De esta forma, Lezama re-crea
la pieza estética dentro del lenguaje, opera sobre ella una metamorfosis que presupone un
lector dispuesto a interpretar de modo creativo, y ambos, escritor y lector, se convierten en
autores de una nueva obra pictórica dentro del discurso.
Ahora bien, si existe un imperativo creativo a la hora de re-inventar las obras plásticas en
el ensayo, podemos pensar que hay también unas categorías críticas propias. Desde esta
perspectiva, la lectura y los juicios de José Lezama Lima sobre los pintores incluyen analogías
entre obras que, a simple vista, no guardan ninguna relación. Así, la forma como René
Portocarrero pinta la ciudad de La Habana es susceptible de ser comparada con cuadros de
134

Mantegna y Bellini, entre otros, mediante una poética del fragmento. En ésta un segmento de
una pintura o una impresión o recuerdo de ella es suficiente y susceptible de comparación con
otra obra o una porción de la misma. El modelo más claro es la equiparación del cuadro "Los
negritos" (o "Los pilluelos", su verdadero nombre) de Juana Borrero con "La Gioconda" de
Da Vinci. En este cotejo impera la reminiscencia o la "vivencia profunda" que ambos textos
visuales dejan en su lector.
En conclusión, hemos visto algunas de las estrategias que emplea José Lezama Lima en
sus ensayos sobre artes plásticas. Entre ellas destacamos la preponderancia del elemento
óptico gracias a la palabra que busca desplegar los atributos del lenguaje pictórico y la
presencia de una constante ficcionalización en la historia y en la crítica de las expresiones
visuales. Justamente es la centralidad de este elemento ficcional, la que unida a un lenguaje
poético rico en metáforas e imágenes, conduce a una marcada ambigüedad, una
indeterminación a la que nos aproximamos desde múltiples miradas y que representó el eje de
nuestra investigación.
135

Anexo
Galería de imágenes
La galería, como empalizada del bambú aporético de las
imágenes, representa una raíz de cultura, cuyas vicisitudes y
rectificaciones pertenecen al espíritu secreto pero dueño de sus
operaciones. Una galería antes de ser cultura es naturaleza, es
decir, representa los avances de una vivienda tan sumergida
como hierática, que avanza con pasos inaudibles y con inefables
preferencias, hasta alcanzar un crujimiento de la tierra
favorablemente signada y una luz que se decide. El fiel de una
galería es así como una mágica ambivalencia entre el secreto
potencial, la mañana sin espejos historiados, y la ciudad que
entreabre sus cien puertas para establecer el contorno de
resguardo frente a la Gorgona oprimida melodiosamente por el
dios del río.
José Lezama Lima
136

Figura 1. Tapiz de Zamora. Escena de Aquiles (tapiz tejido em Tournay hacia 1470)
Figura 2. San Serapio (1628). Francisco de Zurbarán
137

Figura 3. Don Agustín de las Heras (1828). Vicente Escobar
Figura 4. La siesta (1888). Guillermo Collazo
138

Figura 5. Los pilluelos (1896). Juana Borrero
Figura 6. La familia Manrique Lara (1812). Jean Baptiste Vermay
139

Figura 7. Vista General del Puerto de la Habana (hacia 1858). Barañano
Figura. 8. Paisaje con campesinos (1882). Esteban Chartrand Dubois
140

Figura 9. Gioconda (1503-1506). Leonardo Da Vinci
Figura 10. Sin título (1948-1949). Jackson Pollock
141

Figura 11. En esta tierra, 1, (1959). Fayad Jamís.
Figura 12. Guajiro con gallo (1943). Mariano Rodríguez
142

Figura 13. Figuraciones (1946). Luis Martínez Pedro
Figura 14. La musa inspira al poeta (1909). Aduanero Rousseau
143

Figura 15. Libro de horas del Duque de Berry (1410). Anónimo
Figura 16. La ciudad (1950). René Portocarrero
144

Figura 17. Escena del retablo para la Iglesia de San Zenón de Verona (1459). Andrea
Mantegna
Figura 18. Una tribuna para la paz democrática (1968). Antonia Eiriz
145

Figura 19. Untitled (1954). Dolores Soldevilla ("Loló")
Figura 20. Letra A (1961). Salvador Corratgé
146

Figura 21. El mar desde las alturas del Dieppe (1852). Delacroix
Figura 22. Paisaje con la caída de Ícaro (1560). Pieter Brueguel
147

Figura 23. Guidoriccio da Fogliano (1328). Simone Martini
Figura 24. L´Atelier (1940). Maria Helena Vieira da Silva
148

Figura 25. Monte Sinaí (1570). El Greco
Figura 26. Fou Hi y Niu Kua.
149

Figura 27. Crucifixión en la Iglesia de Bauta (1942). Portocarrero
Figura 28. Ángeles (1941). Portocarrero
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158
157 de 157 páginas

Detalles

Título
Los giros del caleidoscopio. Dos versiones lezamianas de la escritura sobre artes plásticas
Universidad
University of Sao Paulo; Department of philosophy
Calificación
approval (highest grade)
Autor
Año
2015
Páginas
157
No. de catálogo
V358918
ISBN (Libro)
9783668443136
Tamaño de fichero
2887 KB
Idioma
Español
Etiqueta
art criticism, essay, ekphrasis, ut pictura poesis, visual poetics of José Lezama Lima
Citar trabajo
Mariana Sierra (Autor), 2015, Los giros del caleidoscopio. Dos versiones lezamianas de la escritura sobre artes plásticas, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/358918

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