La instrucción pública en los departamentos de Chilón, Simojovel, Pichucalco, La Libertad y Tonalá durante el Rabasismo en Chiapas, 1891-1911


Tesis, 2017

146 Páginas


Extracto

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

I. DE LA REFORMA AL PORFIRIATO: EDUCAR PARA PROGRESAR
1.1 El positivismo
1.2 El positivismo durante el juarismo y el porfiriato
1.3 La intelectualidad
1.4 El papel de los ministros: Joaquín Baranda y Justo Sierra
1.5 La escuela lancasteriana y porfiriana
1.6 Discursos oficiales y problemas educativos

II. EL RABASISMO EN CHIAPAS (1891-1911)
2.1 El proyecto de Emilio Rabasa y la integración al proyecto nacional
2.1.1 Los primeros gobiernos porfiristas en Chiapas
2.1.2 Cacicazgos regionales y el ciclo de los gobiernos débiles
2.1.3 El caciquismo ilustrado
2.2 La modernización
2.3 Gobiernos posteriores

III. INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN CHIAPAS DURANTE EL RABASISMO
3.1 La enseñanza implementada (siglo XIX)
3.2 Los maestros y los alumnos
3.3 Infraestructura escolar

IV. SITUACIÓN DE LOS DEPARTAMENTOS DE CHILÓN, SIMOJOVEL, PICHUCALCO, LA
LIBERTAD Y TONALÁ
4.1 La configuración política-territorial y demográfica del estado
4.2 Departamento de Chilón
4.2.1 Población y economía
4.2.2 Instrucción pública
4.3 Departamento de Simojovel
4.3.1 Población y economía
4.3.2 Instrucción pública
4.4 Departamento de Pichucalco
4.4.1 Población y economía
4.4.2 Instrucción pública
4.5 Departamento de La Libertad
4.5.1 Población y economía
4.5.2 Instrucción pública
4.6 Departamento de Tonalá
4.6.1 Población y economía
4.6.2 Instrucción pública
4.7 Análisis de los departamentos

CONCLUSIONES

ANEXOS

FUENTES

INTRODUCCIÓN

El tema de investigación surgió a partir de la poca información existente acerca de la historia de la educación en Chiapas a finales del siglo XIX y principios del XX, durante el periodo conocido como porfiriato en el ámbito nacional (1876-1911) y como rabasismo en el estado (1891-1911). Comúnmente la historia de Chiapas es la historia de Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de Las Casas, Comitán y Tapachula; por tal motivo se originó el interés de estudiar otras regiones, que con menor relevancia son importantes para comprender el desarrollo educativo estatal.

El presente trabajo abarca los departamentos de Chilón, Pichucalco, Simojovel, La Libertad y Tonalá, que con sus diferentes realidades buscaron sembrar la semilla del progreso en sus respectivas áreas geográficas. Las diversas cuestiones surgidas dieron como resultado que la educación elemental fuera el principal objeto de estudio, considerándola el motor de la correcta alfabetización que tanto necesitaba la sociedad chiapaneca.

El tema de la educación es uno de los ejes importantes para entender el desarrollo histórico de las sociedades. Es la base para el futuro -como muchos lo han entendido-, fundamental para hacer realidad el proyecto que se tiene como nación. En el caso de México existen pocos investigadores preocupados por el pasado de la educación y las fuentes bibliográficas son escasas.

Después de realizar un minucioso rastreo de información sobre el respectivo tema de investigación, se propuso encontrar las principales fuentes primarias y secundarias. Éstas fueron localizadas en archivos históricos y bibliotecas del gobierno y universidades públicas de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, es decir, el Archivo Histórico del Estado de Chiapas, perteneciente a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el Archivo General del Estado; así mismo las bibliotecas del Centro Cultural “Jaime Sabines”, Congreso del Estado de Chiapas, Escuela Normal de Licenciatura en Educación Primaria del Estado, Escuela Normal Rural “Mactumactzá”, Escuela Normal Superior de Chiapas, Universidad Autónoma de Chiapas y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

Para entender la historia de la educación de manera general, el libro La pedagog í a desde el siglo XVII hasta nuestros d í as, compilado por Guy Avanzini, explica sobre ella. La obra se compone en cuatro partes: la primera comienza con un análisis histórico de la educación y sus finalidades durante los últimos cuatro siglos. La segunda habla sobre las diversas representaciones de los sujetos en la educación. La tercera se desarrolla en las instituciones y la cuarta se centra en las didácticas utilizadas dentro de estos espacios.

Cabe señalar que este libro justifica su periodización un siglo después de las transformaciones políticas y económicas ocurridas en Europa durante la Reforma y Contrarreforma, que originó modificaciones profundas en los establecimientos de enseñanza de aquella época. La evolución del sistema educativo se vio influenciado por corrientes filosóficas y políticas que comenzaron a enraizarse en el viejo continente, -aunque esta obra no lo menciona- se diseminó a otras partes del mundo como Latinoamérica, y siendo de nuestro interés, México. Ejemplos importantes acerca de esto, son las importaciones ideológicas de Rousseau, Comte, Spencer, Lancaster, Pestalozzi, Froebel, etcétera, durante el porfiriato.

Dorothy Tanck de Estrada coordina la obra titulada Historia m í nima de la educaci ó n en M é xico, que en su capítulo “Fin de un siglo y un régimen” resume de manera interesante la educación mexicana durante el mandato de Porfirio Díaz. En esta etapa hace énfasis en que los propósitos de modernización impulsadas en el país beneficiaron en cierta medida a unos cuantos, principalmente una élite intelectual. Los individuos modernos de este periodo abrazaron el positivismo y el cientificismo, que a pesar del rezago educativo, México produjo hombres cultos, de grandes conocimientos que llegaron a conformar la cúpula del poder. La autora hace una comparación del sueldo bajísimo de los maestros con respecto a otros oficios y concluye diciendo que la modernización no entró a los pueblos y colonias alejadas de las ciudades principales; asimismo comenta sobre el desarrollo desigual, debido en gran medida a la poca infraestructura del gobierno de Díaz al ramo educativo.

Otro libro sumamente importante es Nacionalismo y Educaci ó n en M é xico, de Josefina Zoraida Vázquez. En su capítulo “La conciliación política en busca de la unidad nacional” explica sobre el tema referido. Menciona que durante el porfiriato se pretendió unificar a todo el país por medio de la instrucción pública en todos los estados mexicanos. Fue entre los años 1889-1891 que se llevaron a cabo Congresos Pedagógicos por el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Joaquín Baranda y dirigidos por Justo Sierra para proponer, dialogar, establecer y difundir diversos métodos de enseñanza a la población que en gran parte era analfabeta. Asimismo se expusieron casos sobre los grandes problemas en los espacios educativos de los diferentes puntos del país. ¿El fin último? Zoraida Vázquez le llama “centralización de la enseñanza”, la anhelada unificación nacional. Se promulgaron leyes y estrategias para una idónea enseñanza, modificación de los planes de estudio, nuevas escuelas, modernas materias de las ciencias exactas y así como la importancia de la historia para dicha unidad.

Mílada Bazant en Historia de la Educaci ó n en M é xico durante el Porfiriato, ayuda a comprender profundamente el contexto histórico del México porfirista y el sistema educativo del momento. En todo el libro hay información importante y completa. Introduce en el momento que el nuevo régimen gobernó al país, que estaba harto de guerras, luchas y divisiones. Las leyes educativas fueron muchas veces solo letras, porque en la práctica no se implementó totalmente, ya que la autora recalca que la educación tuvo sus triunfos en la calidad, no en la cantidad. Se esforzó mucho el gobierno por implementar una educación digna, pero esta modernización de instrucción pública no llegó a todos los mexicanos. Se pensó que la anhelada unidad nacional se lograría si a todos se les enseñara lo mismo. Díaz aseguraba que de esta manera todos actuarían igual, con orden y progreso. Los grandes retos eran alfabetizar a la población altamente rural, e implementar una moderna escuela para todo el país; se actualizaron los planes de estudio y muchos lograron ser profesionistas destacados. Mientras la industrialización y el progreso del centro del país avanzaban, en el resto eran lentas y deficientes. Girando instrucciones y leyes en torno a los cuatro congresos pedagógicos realizados, cada estado las adaptó a su propio interés y necesidad.

La Educaci ó n en la Historia de M é xico contiene un capítulo titulado “La educación elemental en el porfiriato” elaborado por Alejandro Martínez Jiménez, el cual habla sobre los antecedentes educativos del porfiriato, -escuelas lancasterianas y su intento de instruir a toda la población-. El hecho más relevante en cuanto a educación porfirista, dice el autor, fue con la llegada del Ministro de Justicia e Instrucción en 1882, Joaquín Baranda. Su intento de diseñar un verdadero sistema nacional de educación solamente fue para el Distrito Federal, pero no se enfocó en los demás territorios y estados mexicanos. Así mismo se crearon importantes leyes para los congresos estatales, donde aparentemente controlarían regiones y pueblos apartados. Martínez le llama la “federalización de la enseñanza”. Sin embargo, durante todo el porfiriato no se logró como tal porque el problema radicaba que la educación estaba a cargo primeramente de los ayuntamientos y posteriormente de los gobiernos estatales.

El libro La Educaci ó n en el desarrollo hist ó rico de M é xico I y II, coordinado por Esteban Manteca Aguirre, en el bloque titulado “La educación en el periodo 18671910” aparecen trabajos múltiples entre los cuales se hallan algunos escritos por Ignacio Manuel Altamirano, enfocándose en la vida del maestro dentro del aula y sus retos a superar durante el porfiriato. Explica brevemente los congresos pedagógicos llevados a cabo, la situación de los alumnos indígenas y mestizos, además realiza una comparación de las escuelas rurales y urbanas y se centra en la influencia del catolicismo en los ámbitos educativos y los conflictos surgidos en torno al Estado laico.

Ernesto Meneses Morales en su obra Tendencias educativas oficiales en M é xico: 1821-1911, realiza una investigación exhaustiva de la historia de la educación en el país, a partir de los modelos y proyectos educativos oficiales que fueron implementados desde los comienzos del México Independiente hasta la caída de Porfirio Díaz. El impacto y la influencia que tuvieron las tendencias educativas europeas en los siglos XVII y XVIII fueron considerables, ya que Meneses afirma que no se puede hablar de educación en México sin tomarlas en cuenta. A partir de ello, la visión de la educación mexicana fue transformándose a lo largo del siglo XIX: primero como eje para la democracia, segundo para establecer el orden y el progreso y tercero para darle una identidad al ciudadano mexicano.

Como se ha dicho, algunas investigaciones acerca de la historia de la educación en Chiapas en el período porfirista son muy escasas, pero podemos encontrar algunas referencias como la de Emilio Rabasa y la supervivencia del liberalismo porfiriano: El hombre, su carrera y sus ideas, 1856-1930, de Charles A. Hale. Esta obra nos muestra el pensamiento político y jurídico de Rabasa, que vivió en medio de una discusión entre el liberalismo mexicano y sus vertientes constitucionales, así como sus diferentes facetas: novelista, gobernador, senador, representante huertista en Canadá y maestro de derecho mexicano. Su llegada al poder significó un parteaguas para el inicio de la historia moderna en Chiapas, así como la centralización del poder en su persona. El tema educativo se aborda poco, pero sí es importante para entender el contexto político y social en el que Rabasa llevó a cabo las tareas gubernamentales. El autor menciona también que impulsó la política científica y educativa en el estado más atrasado de la nación.

El normalismo rural en Chiapas. Origen, desarrollo y crisis de Gregorio Hernández Grajales, en su parte introductoria traza un esbozo del desarrollo educativo chiapaneco, desde el porfiriato hasta la segunda mitad del siglo XX. El autor hace mención de un Chiapas moderno dentro de una modernidad nacional que sólo pudo ser real a partir del gobierno de Emilio Rabasa. Las políticas educativas rabasistas tuvieron una tendencia de crecimiento y a la vez de retroceso en la atención social, lo que provocó un lento avance de los gobiernos locales y jefes políticos en la aplicación del ramo de instrucción.

De reciente publicación y que sin duda alguna abrirá nuevos caminos hacia la comprensión de la historia de la educación en Chiapas, es el libro Aproximaciones a la historia de la educaci ó n en Chiapas. Iniciativas de ense ñ anza en el siglo XIX de Morelos Torres Aguilar. El autor pretende analizar, comprender e interpretar la importancia de las iniciativas de enseñanza en el siglo XIX, en lugar de una historia general durante ese periodo. Así mismo parte de una perspectiva pedagógica, institucional y social, más que de una visión económica y política.

Como último, existen pocas tesis referentes al tema de nuestro interés. Por mencionar algunas: La modernizaci ó n educativa en Chiapas, 1889-1910: Un estudio sobre la ense ñ anza primaria p ú blica de Fernando Gordillo Ballinas (UNACH); Las maestras normalistas y la educaci ó n primaria en Chiapas. 1908- 1930 de Aracely Aguilar López (UNICACH) y La formaci ó n docente en la Escuela Normal para Profesoras y en la Escuela Normal Militar para Profesores de Chiapas: 1902-1914, de Lleni Morales Agustín y María Luisa Vaca Vargas (UNICACH).

Dentro de los objetivos que se plantearon, en lo general se pretende analizar los alcances y límites que tuvieron las políticas y proyectos de la educación elemental del porfiriato y que se gestaron en Chiapas, tomando como referencia los departamentos de Chilón, Pichucalco, La Libertad, Simojovel y Tonalá, durante el periodo conocido como rabasismo (1891-1911); en los específicos es explicar las leyes federales y los métodos de enseñanza emitidas desde la capital del país y algunos locales, así como su aplicación; comprender el aspecto político y social de Chiapas para contrastar la realidad nacional y estatal; identificar el número de escuelas elementales establecidas en los departamentos bajo estudio, su organización y funcionamiento interno; analizar la situación que vivían los maestros en las regiones que llevaron a cabo las políticas educativas de ese entonces y la respuesta de la sociedad ante tales programas; mostrar hasta qué punto la infraestructura invertida fue determinante en el desarrollo educativo en el estado y los departamentos respectivos y finalmente comparar los resultados de la educación elemental, sus éxitos y fracasos, así como los sectores que resultaron más beneficiados a partir de ella. El término educación ha sido abordado desde diferentes aristas. Hernández-León la clasifica como una de las instituciones sociales que:

Consiste en el proceso sistematizado de socialización que se lleva a cabo informalmente en el hogar y en el ámbito cultural general y formalmente en la organización docente de la sociedad. Incluye subinstituciones como el sistema de exámenes, calificaciones y grados, etc.[1]

Por su parte Aguirre Beltrán define el proceso educativo como:

Todo agregado humano, organizado en sociedad o en comunidad, posee un complejo patrón de creencias y prácticas, conocimientos y habilidades, ideas y valores, hábitos y costumbres distintamente estructurados que les son propios y constituyen lo que llamamos su cultura. Para afirmar la identidad como grupo, la comunidad o la sociedad, requiere poner en marcha un proceso de transmisión de esa cultura y lo hacen por medio del condicionamiento de sus miembros de reemplazo. Este proceso de transmisión cultural es mejor conocido con el término de educación y, en su connotación amplia, comprende todas aquellas experiencias que el individuo sufre desde el momento mismo de su nacimiento y que lo transforma de un ser desvalido e inmaduro en un hombre equipado con la suma mínima de patrones de comportamiento que su grupo ideó para sobrevivir y satisfacer las necesidades biológicas y sociales.[2]

Usátegui Basozabal realiza un análisis sobre este tema en la perspectiva de Émile Durkheim, considerando que:

Educación es sinónimo de humanización. El hombre no nace, se hace, pero no en un sentido ahistórico e individualista, sino solo en la medida en que es producto de una sociedad concreta, en un espacio y tiempo concreto. Es decir, en la medida en que reprime sus instintos animales egoístas y se abre a los demás asimilando la cultura, o, lo que es mismo, los sistemas de reglas en los que se apoyan las distintas sociedades. De esta forma adquiere un pensamiento y un ethos, un determinado sistema de hábitos mentales y prácticos, una concepción del mundo y de la realidad, una forma de vida y una moral concreta. La educación no es creación espontánea del individuo, sino producción del mismo. Pero producción cultural y no meramente natural.3

Dicho lo anterior, el proceso educativo se origina básicamente en el hogar y posteriormente de manera especializada en las instituciones creadas por las sociedades, con el propósito de formar al hombre idóneo. Se reconoce que la educación ha estado presente desde los tiempos más remotos, conjuntamente con el trabajo para la organización y desarrollo mutuo. Es ahí donde la escuela toma el papel de transmisor de conocimientos y el Estado, por medio de la instrucción pública, la utiliza para el control social y cultural.

John Dewey se cuestiona:

¿Es posible que un sistema de educación sea dirigido por un estado nacional y que, sin embargo, los fines sociales del proceso educativo no sean restringidos, constreñidos y corrompidos? Internamente, la cuestión ha de afrontar las tendencias que, debido a las presentes circunstancias económicas, divide a la sociedad en clases, algunas de las cuales son convertidas meramente en instrumentos para la cultura superior de las demás. Externamente, la cuestión afecta a la reconciliación de la lealtad nacional, del patriotismo, con la devoción superior a las cosas que unen a los hombres en fines comunes, independientemente de las fronteras políticas nacionales. Ninguna de estas fases del problema puede resolverse por medios puramente negativos. No basta procurar que la educación no se emplee activamente como un instrumento para facilitar la explotación de una clase por otra. Debe afrontar facilidades escolares de tal amplitud y eficacia que, de hecho y no simplemente de nombre, supriman los efectos de las desigualdades económicas y aseguren a todos los sectores de la nación una igualdad de condiciones para sus carreras futuras […] El ideal puede parecer de ejecución remota, pero el ideal democrático de educación será una ilusión y hasta una farsa trágica a menos que el ideal domine cada vez más a nuestro sistema de educación pública.4

Estas palabras fueron una crítica hacia el sistema educativo público a finales del siglo XIX y principios del XX. Con este concepto de educación, Dewey nos presenta la realidad de los gobiernos capitalistas y su respectiva aplicación del sistema pedagógico. Además, puede ser vista desde dos perspectivas: la explotación de una clase por otra y la exaltación patriótica de una sociedad leal a sus gobernantes. Como punto principal, hace la invitación para que el sistema educativo ayude a desaparecer las desigualdades sociales, y así, todos sean partícipes del progreso conjunto de las naciones.

Siguiendo esta sintonía a nuestra temporalidad, Mílada Bazant afirma que:

A lo largo del siglo XIX la educación en Europa alcanzó nuevos horizontes. Después de la revolución francesa estuvo claro que la igualdad política debía empezar por otorgar una educación básica a todos los ciudadanos. El Estado tomó como una de sus principales metas la democracia educativa y a partir de entonces se empezó a sistematizar la educación, anteriormente reservada a los pedagogos teóricos. Por otra parte, la revolución industrial inglesa sembró la necesidad de preparar hombres instruidos en los diversos oficios para que participaran en las sociedades que rápidamente se industrializaban. Estas ideas cobraron vida propia en el México porfirista cuando la paz permitió que el Estado pudiera llevar a cabo un programa general de educación pública.5

Nótese que ambos autores utilizan la palabra democracia al hacer énfasis en la educación. Durante el siglo XIX la educación democrática fue considerada pilar para el desarrollo industrial del sistema capitalista, con el objetivo de llevar la enseñanza igualitaria a todos los miembros de la sociedad para homogeneizarla y hacerla leal al régimen. Este ideal mencionado por Bazant fue aplicado como programa nacional en el México porfirista bajo la bandera del orden y el progreso.

Immanuel Wallerstein, inspirado en los trabajos de Braudel, afirma que todo análisis e investigación histórica, si pretende tener validez, debe ser holístico con todos sus factores tanto económicos, políticos y socio-culturales.6 Para ello también consideramos necesario retomar la historia regional, con el objetivo de poder estudiar regiones que la historia oficial, es decir, la élite, ha menospreciado. ¿Para qué? Para que la historia nacional se pueda enriquecer, ampliar y reinterpretar, así como llenar esos vacíos que a la historiografía mexicana le hace falta se retomarán elementos como geografía, territorio, caminos, pensamiento político y clases sociales.7

Lilian Vizcaíno González reconoce el problema al momento de definir región, interpretada desde las diferentes ciencias sociales. Siendo objeto de la historia regional la define como:

Una forma de ordenamiento del espacio social con características históricas comunes que tiene su origen en la acción de una colectividad humana sobre el espacio, en el que está asentada, y en las relaciones económicas, políticas, sociales e ideológicas que establecen sus miembros entre sí en un tiempo determinado, los cuales le confieren una unidad que la identifica y la distingue de otras regiones y del conjunto o sistema del cual forma parte y con los que está estrechamente relacionada.8

Ante tal situación, las preguntas hicieron acto de presencia. Entre algunas se ha seleccionado y enlistado las siguientes con el fin de tener respuestas:

1. ¿Qué motivó al gobierno del general Díaz impulsar la educación como uno de los ejes fundamentales para alcanzar el progreso?

2. ¿Cómo influyeron los modelos pedagógicos extranjeros en el desarrollo educativo de México?

3. ¿De qué manera las iniciativas y leyes del centro del país se aplicaron en Chiapas?

4. ¿Cuál fue la visión del proyecto educativo de los gobiernos rabasistas para llevarla a cabo?

5. ¿Qué métodos educativos locales y foráneos fueron retomados para su inserción en la dinámica escolar?

6. ¿Quiénes jugaron un papel importante en el impulso de la enseñanza elemental del estado?

Y como principal interrogante…

7. ¿Qué sucedió con la modernizadora educación y su realidad en los

departamentos chiapanecos bajo estudio?

Durante el régimen de Porfirio Díaz, junto a su camarilla científica llevaron las riendas del país. Pero la educación en el sureste tomó un rumbo diferente al centro y norte de los estados de la república mexicana, quienes buscaron en la instrucción pública el medio para la prosperidad y el progreso de la nación, así como la cohesión anhelada de la modernidad. Los proyectos educativos que llevaron a cabo los mandatarios chiapanecos encontraron como antítesis a sus propuestas un horizonte distinto y particular ante una sociedad llena de conflictos políticos y sociales, muy fragmentada y dispersa, con un alto índice de analfabetismo que abatir.

Esta hipótesis manifiesta que, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por llevar a Chiapas de la mano en el camino del progreso, la realidad superó en gran medida los resultados esperados para el ramo de instrucción pública, que débil ante las malas condiciones económicas y sociales, fueron factores para que no toda la población tuviera la posibilidad de alcanzar una educación digna a través de la alfabetización. La geografía accidentada, la incomunicación, el alto índice de población indígena -obstáculo para la élite-, el escaso y desigual número de escuelas elementales, la falta de maestros preparados y el desinterés del aparato gubernamental son algunas de las causas que impidieron a la entidad y sus departamentos alcanzar mejores logros a final del siglo XIX y principio del XX, arrastrando ignorancia y pobreza hasta hoy en día.

De tal manera la estructura del trabajo consta de cuatro capítulos. El primero se titula De la Reforma al porfiriato: educar para progresar donde se abordarán las iniciativas y aportaciones educativas importadas durante el siglo XIX. Es por esto que tratamos sobre la corriente filosófica positivista de Augusto Comte, introducida y aplicada a la educación mexicana por Gabino Barreda durante la República Restaurada bajo la dirección de Benito Juárez. El positivismo en México permearía posteriormente gran parte del porfiriato y conformaría una élite intelectual y política en el gabinete de Porfirio Díaz. Se retoman a su vez las figuras importantes de los secretarios de Justicia e Instrucción Pública -como Joaquín Baranda y Justo Sierra- y su papel en el desarrollo educativo de finales del siglo tratado.

El segundo apartado lleva por nombre El rabasismo en Chiapas (1891-1911), el cual desarrolla el gobierno de Emilio Rabasa en Chiapas y sus sucesores, en quienes mantuvo su influencia política hasta la caída de la dictadura porfirista. Durante esos años, trataron de centralizar el poder de los Valles Centrales y cumplir los decretos del centro del país; sin embargo, en Chiapas la existencia de caciques locales y grupos de poder impedirían cumplir muchos de los objetivos propuestos, dando como resultado un retroceso en materia económica y educativa.

El tercer capítulo se denomina La instrucci ó n p ú blica en Chiapas durante el rabasismo, en ella se explican las tendencias y los métodos educativos que acaecieron en el estado desde el final de la época colonial y los primeros años de vida independiente, donde ilustres pedagogos locales como fray Matías de Córdova y fray Víctor María Flores establecieron bases que aportarían al sistema de enseñanza para alfabetizar a la población. Posteriormente se verá el método objetivo partiendo del método de enseñanza intuitiva de Pestalozzi, que a nivel nacional tuvo aceptación por los intelectuales y el mismo positivismo, el cual será retomado por los gobiernos locales para su implementación. Así mismo en este capítulo se aborda la cuestión económica, material didáctico e infraestructura, determinantes para el desarrollo del ramo de instrucción pública de la entidad. Elementos constitutivos como son los maestros y alumnos, no pueden quedar fuera del contexto, ya que como sujetos educativos se materializó en ellos toda la cuestión pedagógica e ideológica del sistema.

Situaci ó n de los departamentos de Chil ó n, Simojovel, Pichucalco, La Libertad y Tonal á es el cuarto y último capítulo de este trabajo. En éste se abordan de manera general, la población y economía, y principalmente la instrucción pública en los departamentos sujetos a estudio, que comprenden las regiones del Norte de Chiapas, Valles Centrales y la franja costera del Pacífico. Se analizará la situación de la educación elemental, a través de los documentos provenientes de las memorias e informes de los gobernadores y jefes políticos del periodo; así también las fuentes hemerográficas, halladas en los archivos consultados. A partir de ellas, se podrá interpretar la realidad educativa que experimentaron estos departamentos, sus problemas, limitaciones y avances en este ramo, si es que existieron.

I. DE LA REFORMA AL PORFIRIATO: EDUCAR PARA PROGRESAR

El siglo XIX se puede considerar como un siglo de cambios, de transformaciones políticas y económicas, sociales, culturales e ideológicas de las sociedades que se establecieron bajo los parámetros del progreso con base en la ciencia. La industrialización en boga dio pie a cambios que impactarían de manera decisiva al siglo siguiente. Con los nuevos inventos se dio una revolución tecnológica, aunado a luchas sociales que también tienen sustento en una nueva división de clases, producto de las formas de producción y distribución entre grupos antagónicos: la burguesía y la clase trabajadora. Las nuevas corrientes de pensamiento como lo serán el positivismo, el marxismo, el nihilismo, entre otros, surgieron como respuesta a estos cambios donde el paso del Antiguo Régimen (antes de 1789) al Nuevo Régimen llevó al cambio de actitud frente a las antiguas bases, buscando un camino hacia el pensamiento y conocimiento contemporáneo, donde el empirismo tendría auge en esta revolución científica.

De tal modo el auge del modelo capitalista en conjunto con las revoluciones burguesas a finales del siglo XVIII instaura por primera vez un sistema de “libertades individuales y democráticas, configuran un nuevo modelo de ciudadano y de estado-nación e impulsan las primeras reformas escolares y los primeros servicios estatales de protección a la infancia desvalida.”9 Esto se verá reflejado no sólo en Europa, sino también en América Latina y México durante los siglos XIX y XX.

1.1 El positivismo

Importante es para comenzar, hacer una conceptualización de este sistema, que el porfiriato legitimó como parte de su misión modernizadora, intelectual y educativa en el país. Como pensamiento filosófico, el positivismo fue un sistema que afirmaba la autenticidad del conocimiento y se basaba en la experiencia del método científico. Comte10, autor del término, con esta tendencia constructiva de la sociedad lo utilizó por primera vez al inaugurar el Curso, aunque no hay que descartar además de su maestro Saint-Simon, a otros filósofos y pensadores; entre ellos, Kant con el idealismo, creadora de la conciencia, como antecedentes en influencias de él en sus obras. Pronto esta corriente de pensamiento surgida en Francia en la primera mitad del siglo XIX se desarrollaría por todos los países europeos y del mundo durante el resto del siglo.

El interés por la reorganización de la vida social del hombre y su realidad, hizo a Comte señalar que a través del conocimiento científico y objetivo se obtendría el progreso y la paz para el bien de la humanidad. Es así como establece la sociología en que el orden que intenta llevar a cabo el espíritu positivo mediante una autoridad que rige a la sociedad de manera mental y social. Desórdenes como problemas sociales del momento, la búsqueda de un remedio a través de una autoridad donde el progreso social sólo será entendido funcionalmente para su aplicación.

La reforma social tiene como condición estricta la reforma intelectual. Por ello se ve Comte como llevado de la mano de estudio de la ciencia. El saber verdadero es el que proviene de los hechos, de la realidad objetiva. Ciencia de lo dado, ciencia positiva.11

A partir de esta idea, Comte analiza a la humanidad como objeto de culto en la cual tanto la filosofía como el gobierno serán dos elementos importantes para crear una religión de la humanidad. La educación tiene aquí un papel predominante; será el recurso para asegurar el progreso teórico y práctico a la vez.12 Es la religión positivista que desplaza a Dios del centro y pone al hombre en su lugar, en un periodo de revoluciones donde el individuo en sociedad será visto por primera vez como su objeto de estudio.

El humano llega a ser el sujeto de la historia que conforma, así, para Comte, este individuo es el Grand Ê tre (Gran Ser) como el Conjunto de los seres pasados, futuros y presentes que concurren voluntariamente a perfeccionar el orden universal. Los seres pasados y futuros son la “población subjetiva”. El Gran Ser implica la subordinación de la población objetiva a la población subjetiva.13

Comte y su “ley de los tres estadios” explica que la humanidad ya había pasado por dos etapas; el estado teológico y el estado metafísico, entrando al último y definitivo, el científico. En la etapa teológica, los fenómenos naturales se explican por causas sobrenaturales como la creencia de que provenían de los dioses o de seres ocultos y mitológicos. En la etapa metafísica, estos fenómenos se explican a través de las esencias de éstas y sus causas por entidades abstractas donde la idea de la sustancia y esencia se buscan a través del porqué de las cosas en el que Dios es sustituido por la naturaleza. Por último el científico, la explicación de que las cosas se basan en la existencia de leyes universales establecidas por el método científico. El conocimiento se basa en la observación y la experimentación para obtener el espíritu positivo. “La marcha de la civilización sigue una progresión continua: cada etapa de la evolución desarrolla intrínsecamente las condiciones de posibilidad del paso del espíritu”,14 es decir el espíritu positivo como idea del progreso de las sociedades establecidas.

Es con estas leyes que, se entienden esos cambios sociales ocurridos en la época, estableciendo un sistema jerárquico de las ciencias que van de las más abstractas a las más concretas, como lo van a ser en ese orden, las matemáticas, la astronomía (la observación de los cuerpos celestes), la física, la química, la biología y por último, su gran aporte, la ciencia más concreta y perfecta, la sociología o física social que también va a estudiar un mundo regido por leyes como ocurren con las anteriores y las ciencias naturales. Las leyes que rigen comportamientos sociales y donde la sociología funge como ciencia natural, conformó un método científico de observación, experimentación y comparación de las sociedades.

Esta nueva ciencia exige la existencia de las cinco anteriores y establece la idea en el cual el sistema político está sumamente relacionado con la intelectualidad y las creencias de la época. Superar la etapa de desorden sólo se logra a través del espíritu positivo. Reconocerá que el conocimiento verdadero se encuentra en las ciencias, desarrolladas de manera autónoma a la filosofía como regulador de las leyes científicas en cada saber. La sociología funge entonces como el estudio de la evolución humana vista desde la dinámica social de los pueblos donde un estado pasa a otro siendo anunciado desde antes y quedando este con rasgos del pasado.

La filosofía en Comte llega a ser el motor y la interpretación de cada ciencia del conocimiento empírico y científico, estableciendo el principio a éstas hasta llegar al sentido positivo, así la filosofía es una teoría de la ciencia que para muchos es la parte sustancial de su pensamiento. La ley dentro de su doctrina llega a ser de importancia para lograr dicho conocimiento. Las leyes naturales son las regularidades en la constitución y en el curso de los fenómenos; relaciones relativamente constantes de los hechos establecidos mediante la observación y el experimento.15

Esta es la filosofía de Comte, que rechaza a todo ser teológico y ente metafísico, puesto que todo absolutismo y causa a priori son negativos e inaccesibles para la sapiencia y la razón, por ello hay que excluir toda intervención de estas y así reconocer los fenómenos y hechos por la observación y la experimentación; así es la filosofía positiva, que “establece una posición ante la existencia y el universo, basada en la contemplación de una y otro sólo a través de las realidades comprobadas científicamente.”16

1.2 El positivismo durante el juarismo y el porfiriato

Durante la segunda mitad de siglo XIX, México se encontraba en una crisis sociopolítica. Los grandes problemas que se vivían en ese entonces se debían al desorden y los conflictos internos así como externos. Las deudas financieras y los problemas territoriales hacían del país un Estado débil; sin embargo, con las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857 se trató de reorganizar y reestructurar las bases políticas y jurídicas que necesitaba el país. Thomas N. Osborn II refiere este contexto de la siguiente manera:

En 1858 se realizó un cambio fundamental en la dirección educativa de México. […] En 1857 se expidió una nueva Constitución, a la que se dio el nombre de La Reforma. Entre otras reformas esa Constitución exigía la abolición de los tribunales eclesiásticos, la nacionalización de los bienes de la Iglesia y el establecimiento de la educación laica. Juárez y los liberales creían que sólo sustrayéndola de las manos de la Iglesia, podría garantizarse la educación de las masas y la democracia mexicana. […] de ese momento en adelante la educación en México sería “obligatoria, gratuita y laica”.17

Éstas fueron factor primordial para que el país encontrara un nuevo horizonte en el quehacer de la enseñanza, por lo que se crearon leyes de instrucción pública a partir de 1861 para reformar la educación de los niveles primarios, secundarios y medio superior, quedando la instrucción primaria bajo la inspección del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública en 1867. De esta manera, los gobiernos liberales llevaron como una de las tareas fundamentales la educación para la transformación económica y social de México. Es en esos momentos de dificultades cuando surge la figura de Gabino Barreda y su influencia en la vida política y educativa de México.

Durante su vida universitaria, Gabino Barreda18 viajó a Francia entre los años 1847 a 1851, donde transformó su pensamiento al entrar en contacto con los intelectuales franceses más importantes del momento; sin embargo, lo que marcó su vida a partir de ese entonces fue el escuchar las cátedras del filósofo Augusto Comte.

En palabras de Elssié Núñez Carpizo, el regreso de Barreda al país en 1851, “orientó el pensamiento y la educación mexicana”.19 Por motivos de la sede imperial de Maximiliano, Barreda abandonó la Ciudad de México y se trasladó a Guanajuato entre 1863 y 1867 y perfeccionó sus conocimientos en la filosofía de Comte.20 A partir de 1867,21 regresó a la Ciudad de México y pronunció la famosa Oraci ó n C í vica. Tal pronunciamiento se ha interpretado como la introducción del positivismo al país. Laura Ibarra García menciona que Barreda “hizo una adecuación de la doctrina positiva para interpretar la historia de México y darle un sentido a la lucha de los independentistas y posteriormente a los liberales […]”22 Mientras que para Edmundo Escobar el “documento cobra importancia para la educación por exponer las bases sociológicas y políticas donde se desarrollaría el hecho educativo y la política pedagógica”.23

El discurso de Barreda revela la preocupación por el rumbo del país, ya que la nación debía superar cada uno de los problemas, que no eran pocas, por las que atravesaba. Barreda concluyó su discurso que bien puede considerarse apoteótica: “Conciudadanos, que de aquí en adelante sea nuestra divisa: LIBERTAD, ORDEN y PROGRESO; la libertad, como medio; el orden como base, y el progreso como fin…”24 La invitación de Barreda a todos los mexicanos fue establecer las bases para una ideología concreta, alcanzando los mejores ideales de manera libertaria, ordenada y progresista. No solamente perduró el lema positivista durante el gobierno de Juárez, sino que hasta el mismo Porfirio Díaz lo utilizó en su dictadura, quitando la libertad como medio. Weinberg plantea que:

La libertad había sido un instrumento formidable en las luchas contra la opresión colonial o la ingerencia extranjera […] pero ahora se planteaba una nueva interrogante: ¿esa libertad podría ser de alguna utilidad para crear las condiciones de un reordenamiento político-constitucional, una recuperación económico-social, una reestructuración educativa y cultural?25

La realidad mexicana necesitaba de una transformación profunda, y en el ideal de Barreda, sólo se conseguiría mediante la educación.26 Tales ideas fueron admirables para el presidente Benito Juárez, es por ello que nombró a Barreda a formar parte de la comisión para redactar un plan de reorganización educativa.27

Durante el período presidencial de Juárez (1867-1871) se creó la Escuela Preparatoria fundada con base a la Ley de Instrucción Pública de 1867, dirigido a dos niveles de instituciones educativas: la escuela primaria y la escuela secundaria. A pesar que esta Ley fue redactada por una comisión positivista, el plan de estudios propuesto no fue positivista comtiana. El programa de 1867 es muy semejante a las ideas liberales y conservadoras de otras leyes anteriores, como las de 1824, 1833 y 1861.28 Lo que más bien se expresó fue la ideología liberal moderna, “necesarias en ese tiempo para ayudar al desarrollo social, económico y cultural del país”.29

Muchos investigadores han tratado de dar explicaciones respecto al positivismo iniciado por Barreda en México, tomando en cuenta que América es la gran importadora de ideologías liberales del momento. Leopoldo Zea escribiría las siguientes líneas: “doctrina importada a México para servir a un determinado grupo social en pugna con otros grupos”.30 La legitimación de un sector en el poder para dominar de manera ideológica a las masas, se encuentra entre las razones por el cual se introdujo el sometimiento de las clases bajas por una élite. Mientras que Mílada Bazant asegura que se “pretendió unificar a todos los mexicanos mediante las ideas comtianas, el sistema educativo y de esta manera desaparecer la anarquía mental”.31 Es decir, romper las barreras que impedían el desarrollo intelectual y el progreso del país. De manera similar Josefina Zoraida Vázquez sostiene que “los restauradores de la república le dieron prioridad a la integración nacional mediante la educación y la cultura, como medio para evitar que una nueva contienda dividiera a los mexicanos.”32

Y es que todos los proyectos y reformas iniciados a partir de 1867 pretendieron establecer un Estado laico, fortalecer la propiedad privada y consolidar la economía basada en el liberalismo,33 asegura Fernando Gordillo. Esto originó una serie de conflictos entre la Iglesia y el Estado en el ámbito educativo. Durante los primeros años del México independiente, la enseñanza religiosa se impartió en todos los niveles. Los liberales a partir de 1867 eliminaron de manera tajante este modo de instruir a la población. Es por eso que se estableció “la desaparición de los planes el estudio de la religión, quedando solamente la escuela de sordomudos con la enseñanza del catecismo y principios religiosos.”34

Aunado a esto, en 1868 el papel de la Escuela Nacional Preparatoria fue de “combatir la educación tradicional al sustituir las explicaciones religiosas y metafísicas por las lógicas y las científicas…”35 muy influenciado, evidentemente, por la filosofía comtiana. Es importante señalar que “el positivismo encarnó más en la instrucción media y superior que en la instrucción primaria.”36

La siguiente cita explica con claridad el papel que jugó el sistema positivista en la vida de México y el propósito del mismo durante la segunda mitad del siglo XX.

El sistema filosófico de Comte se convirtió en México en la pauta educativa de un Estado que después de décadas de pugnas internas anhelaba establecer la paz y el orden. Una vez que el partido de la Reforma alcanzó el poder era necesario fundar estructuras duraderas que garantizaran el desarrollo a corto y mediano plazo. Ya no se trataba de construir la legitimación del orden social y político a través de la deliberación pública, sino de buscar que los mexicanos voluntariamente se adhirieran al orden establecido, es decir, fortalecer la cohesión nacional.37

El país buscó legitimar su título de nación republicana, y no quiso que se limitara a las clases más altas sino que toda la sociedad fuere partícipe de este modelo de gobierno. ¿Cómo hacer que todos los mexicanos tuvieran la libertad de creer y de pensar, pero sin alterar el orden? A través de leyes y reformas constitucionales, se pretendió mejorar las condiciones críticas que vivía el país a través de la educación, clave en la unidad de la identidad mexicana. La educación, menciona Avanzini, “está constituida por su sistema de finalidades, es decir, por la cultura, la filosofía, la moral, la religión y el tipo de sociedad cuya interiorización se propone provocar”,38 y Juárez buscaría en ella el detonante para transformar a los ciudadanos mexicanos. En este sentido Barbosa Helt reconoce lo siguiente:

La pedagogía mexicana se puede ufanar de aportaciones al mundo, especialmente en el aspecto social, es decir, en el de la lucha por hacer llegar la enseñanza hasta las capas de la población más olvidadas y desamparadas […] Pero también ha imitado, copiado o trasplantado ideas, métodos, sistemas, etc., del extranjero que no siempre se han adaptado a nuestro ambiente idiosincrático y han propiciado tropiezos lamentables cuyas consecuencias no se han querido o podido valorar con la oportunidad debida, como experiencias valiosas o fallidas, pero de todas suertes útiles en la educación.39

Sin duda alguna, los retos eran muy grandes para los gobiernos de la Reforma. Además, se necesitaba una generación selecta, para decidir y tomar la dirección del país años más tarde.

1.3 La intelectualidad

Gabino Barreda fue director de la Escuela Nacional Preparatoria entre los años 1867 y 1878. Entre sus preocupaciones fue desarrollar a un grupo intelectual, capaz de demostrar que el positivismo podría resolver los principales problemas que México atravesaba. Emilio Zuñiga Solís hace mención sobre el interés de Barreda de aplicar rigurosamente el método científico, y en ese empeño creó el 4 de febrero de 1877 la Sociedad Metodófila Gabino Barreda.40 Fue en ese espacio donde hombres preparados de diversas áreas, intercambiaron ideas, escudriñaron las diferentes ramas de las ciencias y discutieron acerca de grandes hombres que contribuyeron al engrandecimiento de la humanidad.41

En un principio los discípulos de Barreda42 se sintieron decepcionados de su pasado y como individuos sin rumbo ni dirección en medio de la crisis y sin un futuro cierto.43 Con la aplicación del método científico, este grupo de hombres pretendió resolver las crisis sociales a través de la ciencia. Más adelante, algunas ideas de los discípulos de Barreda fueron retomadas por el grupo político conocido como cient í ficos.

Durante la reelección de Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz se opuso a éste con el Plan de Tuxtepec, que lo llevó a la presidencia de México en 1876. Las reformas educativas a partir de ese año hicieron que el positivismo declinara, “para luego renacer durante el porfiriato.”44 A inicios de su primer periodo de gobierno, el presidente Díaz nombró a Barreda como embajador en Alemania (1878); a su regreso al país falleció en 1881 en la Ciudad de México. Muchos discípulos positivistas a partir de 1880 “se incorporaron en la política nacional”.45

Cabe señalar que Barreda utilizó el positivismo como orden social logrado por la educación, además que necesitó de “los liberales, porque sin su alianza el positivismo no habría pasado de ser una doctrina más y éstos necesitaban una doctrina al servicio del orden material…”46, estando unos a favor y otros en contra llegándolo a considerar otra forma de sistema doctrinal impuesto del extranjero. Además, “todo esfuerzo en favor de la instrucción pública fue aprovechado por Díaz, quien basó su política educativa en el positivismo.”47 Sin embargo, el único problema de estos grupos de intelectuales era que:

Los científicos -los ideólogos positivistas del régimen de Díaz- carecían del sentido del nacionalismo cohesivo. Estos señores se negaban a compartir, de manera equitativa, el poder político y riqueza nacional con las masas de indios. Los hombres que rodeaban a Díaz se servían del nacionalismo como de un cómodo y útil pretexto para su ejercicio de la dictadura y para la conservación de sus privilegios.48

1.4 El papel de los ministros: Joaquín Baranda y Justo Sierra

La instrucción pública que se impartió en el último cuarto del siglo XIX fue el parteaguas de la educación en México, existiendo un antes y un después de Barreda. Con el positivismo se estableció las bases para las futuras políticas de instrucción que alcanzaría un alto desarrollo durante el porfiriato, expresamente durante la dirección de Justo Sierra al frente de la educación nacional.

Para comprender las acciones educativas del porfiriato hay que considerar la gestión de los secretarios de Justicia e Instrucción Pública que durante esta etapa fueron de gran importancia debido a que en este tiempo la educación en México progresó notablemente (ver anexos). Desde 1882, año en que fue nombrado por el presidente Manuel González, se convirtió en el funcionario que por mayor tiempo permaneció al frente de su ministerio en la delicada e importante misión de atender la educación en el país, hasta 1901, cuando por problemas suscitados dentro del gobierno porfirista, en especial con el secretario de Hacienda, José Yves Limantour.

Durante su gestión se implementaron varios avances en el ámbito educativo como leyes e infraestructura escolar, siendo controlados por el mismo gobierno, lo que propició la realización varios congresos de instrucción pública que trazaron las líneas pedagógicas; así como una mejor calidad educativa y docentes capacitados para las materias emprendidas en pro del progreso de la sociedad.

El presidente Díaz, partidario del positivismo, vio en Baranda al hombre ideal para llevar a cabo dichas acciones, el ideal de “nación liberal” para crear una sociedad de ciudadanos libres de toda dominación conservadora. Protegió la enseñanza basada en la ciencia a la vez que facilitó la realización de actividades inspiradas en la versatilidad del espíritu humano, de tal modo que la educación en México tuvo un impulso considerable.49 Para ello tuvo también la fortuna de contar con un notable equipo de grandes colaboradores y pedagogos de la época como Manuel Flores, Enrique C. Rébsamen, Carlos A. Carrillo, entre otros.

La necesidad de formar maestros para llevar a cabo el arte de la enseñanza, hizo que se crearan instituciones educativas para la formación de los maestros de escuelas, lo que para Rébsamen fue un propósito central, establecer las normas de enseñanza, de aquí el nombre y la justificación de Baranda para crear la Escuela Normal de México, educar al pueblo y desarrollar en él los sentimientos y el amor a su patria, las bases y el camino hacia la modernidad.

Establecidas las bases y entendida la situación educativa del país, fue necesario la participación de hombres tan convencidos en el tema de la educación y forjadores del México moderno como lo fue Justo Sierra Méndez, oriundo de Campeche, nacido en 1848 en plena Guerra de Castas, eminente hombre de letras, el reconocido “Maestro de América”, por su incansable defensa de la educación, científico leal al régimen porfirista, del que profesó un profundo afecto por el viejo dictador.

De ideas liberales, sus planteamientos positivos al triunfo del liberalismo fueron de gran importancia para el fortalecimiento del general Díaz en el poder. Es por ello que al triunfo de la República muestra la síntesis más clara y cabal que poseemos, hasta hoy, de la época reformista y restauración de la República; el enunciado más real y definitivo de aquel momento dramático que inició en nuestro suelo la conquista decisiva de la libertad; es decir el pleno afianzamiento de la patria.50

Sin embargo, durante todo el régimen existieron dos principales tendencias: el liberalismo y el positivismo. Durante años existieron pugnas entre ambas y perduraron hasta la caída de la dictadura; Ernesto Meneses desarrolla la siguiente comparación:

El liberalismo subraya el racionalismo; la razón es la brújula del hombre en el viaje por la vida; el positivismo se adhiere al empirismo; la observancia y la inducción son guía de la humanidad. El liberalismo propugna la igualdad de los hombres; el positivismo subraya la teoría de la lucha por la vida y la supervivencia del más apto. El liberalismo acepta el concepto de la bondad humana; el positivismo sostiene una visión del hombre neutral y pasivo, y por consiguiente, la recalca la necesidad de ordenar el ambiente. El liberalismo es esencialmente individualista; el positivismo defiende una sociedad fuerte. El liberalismo es tolerante; el positivismo cultiva el orden. El liberalismo enarbola el progreso; el positivismo se propone también el progreso. El liberalismo practica la libre empresa; el positivismo encomienda al gobierno los grandes negocios. El liberalismo aspira a configurar una sociedad pragmática e individualista; el positivismo prefiere una sociedad orgánica cuya historia no dependa de la buena o mala voluntad de los hombres. El liberalismo es igualitario; el positivismo justifica las jerarquías sociales, no ya por sangre sino por los conocimientos. El liberalismo exige un gobierno legítimo por contrato; el positivismo se inclina por un gobierno autoritario y fuerte […] Puede notarse que el liberalismo influyó en los planes de la primaria y la normal, mientras que el positivismo afectó la preparatoria.51

Para dicha restauración que llevaría al cambio social y político, Justo Sierra afirmaba que si se quería “un mayor número de hombres y ciudadanos capaces, debe dárseles una educación común y política y una política y una instrucción primaria general, uniforme, gratuita y obligatoria”,52 palabras que más tarde harían eco de su pensamiento. Es por ello que para Sierra, a diferencia de los teóricos de la revolución francesa usados por los liberales, el hombre nace libre, llega a la libertad por evolución y para que ésta sea posible es necesario crear hábitos de orden y de respeto a la libertad.53 Él y toda la élite porfirista tenían por propósito inducir “con miras al perfil del adulto deseado, los hábitos mentales y morales del niño y del adolescente.”54

Sierra concebía la tarea educativa como integración nacional, según lo expresa en 1892: “la escuela es la salvación de nuestra personalidad nacional”; por ello, pensaba, debía ser eminentemente educativa y no simplemente instructiva. Era el medio de rehacer a México por primera vez a partir de la realidad mexicana, con la intención de ajustar los ideales a sus exigencias.55 Exigencias y necesidades que en 1893 declaraba:

El pueblo mexicano tiene hambre y sed de justicia [...] todo aquel que tenga el honor de disponer de una pluma, de una tribuna o de una cátedra, tiene la obligación de consultar la salud de la sociedad en que vive; y yo cumpliendo con este deber, en esta sociedad que tiene en su base una masa pasiva, que tiene en su cima un grupo de ambiciosos y de inquietos en el bueno y en el mal sentido de la palabra, he creído que podría resumirse su mal íntimo en estas palabras tomadas del predicador de la montaña hambre y sed de justicia [...] la maravillosa máquina preparada con tantos años de labor y de lágrimas y de sacrificios, si ha podido producir el progreso, no ha podido producir la felicidad [...] Pertenezco señores, a un grupo que no sabe, que no puede, que no debe eludir responsabilidades.56

El porfiriato llegaba a la vejez con un dictador diezmado en su salud, lo que abrió un abanico de posibilidades para la sucesión presidencial, cuando todos buscaban el apoyo de don Porfirio y cuando Baranda dejó esta posibilidad a un lado, abandonó la secretaría y se marchó del país tomando el cargo en su lugar Justino Fernández, he ahí el principio de la de la obra educativa del maestro Justo Sierra como subsecretario de Instrucción Pública.

Durante esta nueva gestión se creó el Consejo Superior de Educación Pública, que estaba integrado por directores generales de instrucción primaria y de normales, así como funcionarios y maestros de reconocida labor educativa que tuvo como propósito establecer las normas y criterios en las aulas de clases y llevarlos a todos los rincones del país.

La misión del Consejo era unificar toda la educación pública en escala nacional planteando metas que fueran capaces de movilizar la voluntad popular hacia el propósito concreto de formar varias generaciones de constructores de la patria que las viejas tradiciones liberales habían concebido, esto es, una nación moderna y progresista capaz de ofrecer a sus hijos una vida satisfactoria producto del esfuerzo de sus recursos humanos y de la explotación de los recursos naturales de nuestro suelo, cuya evaluación era ponderadamente optimista.57

La reelección del general Díaz en 1904, el quinto periodo consecutivo, trajo consigo un nuevo cambio constitucional por convencimiento del grupo de los científicos, alargar la presidencia a un periodo de seis años y establecer así una vicepresidencia, asegurando así a quien quisiera poner como su heredero presidencial. De esta reelección saldría elegido como vicepresidente el poco popular Ramón Corral.

En medio de esto la nueva Ley de Instrucción de 1905 creaba la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Al frente de ésta estuvo Justo Sierra como su primer titular, comenzando así una nueva etapa en la compleja tarea por la educación pública, como continuación de los criterios del Consejo Superior aplicados durante el periodo de Baranda; la atención y la innovación por parte de ésta se vería en la preocupación de tener a un personal docente de alto nivel para la formación de maestros en las escuelas normales y la operación de todas en el resto de los estados de la república. Ya estando el régimen en crisis, Sierra y la Ley de Instrucción de 1908 definió las características que tendría la educación:

Se propondrá que todos los educandos desarrollen el amor a la patria mexicana y a sus instituciones y el propósito de contribuir para el progreso del país y el perfeccionamiento de sus habitantes será integral, es decir tenderá a producir simultáneamente el desenvolvimiento moral, físico, intelectual y estético de los escolares; será laica, o lo que es lo mismo, neutral respecto de todas las creencias religiosas, y se abstendrá en consecuencia de enseñar, defender o atacar ninguna de ellas; será, además gratuita.58

De la gestión y obra, el uso de los libros de texto de ideología liberal como la historia patria, fue materia clave y objetivo trazado en el Primer Congreso de Instrucción Pública. También lo fue la uniformidad en la enseñanza para lograr la unión de todos los mexicanos y su integridad a través de la admiración y respeto por todos los héroes e instituciones y así, por medio de la lucha latente, conseguir la tan anhelada unidad nacional,59 que para los viejos liberales sería fundamental cuando el régimen de tres décadas entraba en su ocaso.

En 1910, el vicepresidente del Cuarto Congreso, Ezequiel Chávez, afirmaba una realidad muy cierta: “la mayoría de los niños sólo cursaban el primer año y bien pocos terminaban la escuela primaria.”60 Lamentable la triste situación educativa mexicana, mientras el presidente Díaz celebraba las festividades el Centenario de la Independencia de México y hacía creer a los representantes extranjeros que el país se encontraba en el mejor momento de su historia.

Ante las vísperas de la revolución, la educación propuesta por Sierra buscaba la justicia social que él defendió ante las críticas a la dictadura ilustrada. Arnau sintetiza:

Entre 1885 y 1910 se intentó uniformar y centralizar la instrucción primaria del país. Se avanza primero, unificando los planes y programas de estudio, tanto para la enseñanza primaria como para la normal, aunque aún persisten diferencias sustanciales entre el D.F. y el resto de las entidades federativas.61

1.5 La escuela lancasteriana y porfiriana

Dadas las transformaciones políticas uno de los aspectos más sobresalientes fue la implementación del programa educativo que tenía como objetivo contribuir a la modernización del país, ya que durante los primeros años de vida independiente la mayor parte de la sociedad era analfabeta y poco culta, lo que significó un atraso y problema para el progreso nacional. Esta tarea lo llevaría a cabo el triunfo del liberalismo sobre la clase conservadora.

Previo a la época aquí analizada, en México se había establecido la Compañía Lancasteriana en 1822. Uno de los grandes problemas del país era educar a las masas, pero existían pocos maestros y el sistema de Joseph Lancaster parecía prometedor. Con la ayuda de monitores un maestro podía enseñar a mil alumnos.62 La ideología del método educativo y, dicho por el mismo fundador, a pesar del poco material didáctico, se podía enseñar a un número considerable de alumnos. Las principales características del modelo pedagógico propuesto por Lancaster eran: la división de grupos, enseñanza de los monitores, inspección, premios, boletos, instrumentos, y entre otros, el modo de castigo.

[...]


1 Hernández-León, Manuel Humberto (1990), “Clasificación de instituciones sociales”, en Cobos González, Rubén, et. al., (ed.). Introducci ó n a las Ciencias Sociales I. México, Editorial Porrúa, p. 191.

2 Aguirre Beltrán, Gonzalo (1973). Teor í a y pr á ctica de la educaci ó n ind í gena. México, SepSetentas, p. 9.

3 Usátegui Basozabal, Elisa, “La educación en Durkheim: ¿socialización versus conflicto?”, en Revista Complutense de Educaci ó n. Madrid, España, vol. 14, núm. 1, 2003, pp. 175-194.

4 Dewey, John (1998). Democracia y educaci ó n. España, Ediciones Morata, pp. 90-91.

5 Bazant, Mílada (2006). Historia de la educaci ó n durante el porfiriato. México, El Colegio de México, p. 19.

6 Wallerstein, Immanuel (2007). Impensar las Ciencias Sociales. L í mites de los paradigmas decimon ó nicos. México, Siglo Veintiuno Editores, pp. 286-287.

7 Estas ideas de historias regionales y locales, se basaron en Von Wobeser, Gisela (1998) “Presentación”, en Serrano Álvarez, Pablo (coord.). Pasado, presente y futuro de la historiograf í a regional de M é xico. México, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 13-14. Márquez Espinosa, Esaú (2009) Evoluci ó n y desarrollo de la Regi ó n Frailesca 1876-1924. México, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, p. 13.

8 Vizcaína González, Lilian, “La historia regional. Mitos y realidades”, en Tzintzun. Revista de Estudios Hist ó ricos. Morelia, Michoacán, núm. 27, enero-junio 1998, p. 125.

9 Carbonell, Jaume (1996). La escuela: entre la utop í a y la realidad. Diez temas de Sociolog í a de la Educaci ó n. España, EUMO / OCTAEDRO, p. 17.

10 Nació en Montpellier, en 1798, dentro del seno de una familia pequeñoburguesa, católica y monárquica; murió en París en el año de 1857. En un viaje a París ingresa en 1814 en la Escuela Politécnica, la que hubo de abandonar en 1816 por conflictos de autoridad. Entonces retorna a Montpellier y se matricula en la Escuela de Medicina. Intelectualmente maduro, inaugura ya en 1826 un ciclo de conferencias que designa Curso de filosofía positiva. Tuvo un público selecto, pese a que no había podido obtener una plaza de catedrático en instituciones oficiales. Contó entre los oyentes a Humboldt, Fourier, Dunhamell, Carnot, Mill, Broussais y otros sabios ilustres. Figura en efecto su “Discurso sobre el conjunto del positivismo” (de 1848). Al propio tiempo, ya se percibe la idea comtiana del punto de vista subjetivo, que reintegra la unidad de la vida del sentimiento con la vida de la razón. En 1856 se edita su obra “Síntesis subjetiva o sistema universal de las concepciones propias del estado normal de la humanidad”. Larroyo, Francisco (1990). Augusto Comte.La filosof í a positiva. México, Editorial Porrúa, p. 29.

11 Ib í d., p. 34.

12 Ib í d., p. 45.

13 Ib í d., p. 42.

14 Fedi, Laurent, “Augusto Comte y la técnica”, en Trilog í a. Medellín, Colombia, núm. 7, junio-octubre 2012, p. 185.

15 Ib í d., p. 39.

16 Velázquez, Christian, “Augusto Comte, fundador de la sociología”, en Elementos: ciencia y cultura. Puebla, vol. 13, núm. 63, julio-septiembre 2006, p. 27.

17 Osborn II, Thomas N. (1987). La Educaci ó n Superior en M é xico. Historia, crecimiento y problemas en una industria dividida. México, Fondo de Cultura Económica, p. 37.

18 Nació en la ciudad de Puebla en 1818 y murió en la Ciudad de México en 1881.

19 Núñez Carpizo, Elssié (2010), “El positivismo en México: impacto en la educación”, en La Independencia de M é xico a 200 a ñ os de su inicio. Pensamiento social y jur í dico. Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México / Comisión Organizadora de los Festejos del Bicentenario y Centenario de la Revolución Mexicana, México, p. 376.

20 Ib í dem.

21 En 1867 triunfó el gobierno de Juárez y se reestableció el republicanismo en la vida política del país.

22 Ibarra García, Laura . “ El positivismo de Gabino Barreda. Un estudio desde la teoría histórico-genética”, en Acta Sociol ó gica. México, núm. 60, enero-abril 2013, p. 18.

23 Escobar, Edmundo (1987). Gabino Barreda. La educaci ó n positivista en M é xico. México, Editorial Porrúa, p. 16.

24 Ib í d., p. 34.

25 Weinberg, Gregorio (1984). Modelos educativos en la historia de Am é rica Latina. Buenos Aires, United Nationts Educational, Scientific and Cultural Organization - Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura / Comisión Económica para América Latina / Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo / Editorial Kapelusz, p. 176.

26 Nuñez Carpizo, op. cit., p. 374.

27 Ibarra García, op. cit., p. 16.

28 Escobar, op. cit., p. 39.

29 Ib í d., p. 40.

30 Zea, Leopoldo (1975). El positivismo en M é xico: nacimiento, apogeo y decadencia. México, Fondo de Cultura Económica, p. 28.

31 Bazant, Mílada (2006). Historia de la educaci ó n durante el Porfiriato. México, El Colegio de México, p. 16.

32 Vázquez, Josefina Zoraida (2014), “De la Independencia a la consolidación republicana”, en Nueva Historia m í nima de M é xico. México, El Colegio de México, p. 188.

33 Gordillo Ballinas, Fernando (2011). La modernizaci ó n educativa en Chiapas, 1888-1910: un estudio sobre la ense ñ anza primaria p ú blica. Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Chiapas, p. 26.

34 Vázquez, Josefina Zoraida (2005). Nacionalismo y educaci ó n en M é xico. México, El Colegio de México, p. 55.

35 Vázquez, De la Independencia a la …, p. 189.

36 Arnau, Alberto (1998). La federalizaci ó n educativa en M é xico, 1889-1994. México, Secretaría de Educación Pública / El Colegio de México / Centro de Investigación y Docencia Económicas, Biblioteca del Normalista, p. 41.

37 Ibarra García, op. cit., p. 17.

38 Avanzini, Guy (1998). La pedagog í a desde el siglo XVII hasta nuestros d í as. México, Fondo de Cultura Económica, p. 8.

39 Barbosa Helt, Antonio (1984). Cien a ñ os en la educaci ó n de M é xico. México, Editorial Pax-México, p. 14.

40 Zuñiga Solís, Emilio (2012). Nacimiento, apogeo y decadencia de una é lite intelectual. El grupo cient í fico, 1868-1890. Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Querétaro, p. 28.

41 Ib í d., p. 29

42 Entre los más sobresalientes discípulos de la Asociación Metodófila, fueron Porfirio de la Parra, Miguel Macedo, Luis F. Ruiz, Manuel Flores y Agustín Aragón.

43 Zea, op. cit., p. 157.

44 Ibarra García, op. cit., p. 36.

45 Zuñiga Solís, op. cit., p. 30.

46 Vázquez, Nacionalismo … p. 57.

47 Galván de Terrazas, Luz Elena (1994), “En la construcción de una historia. Educación y educadores durante el Porfiriato”, en Martínez, Lucía (coord.). Indios, peones, hacendados y maestros: viejos actores para un M é xico Nuevo (1821-1943). México, Universidad Pedagógica Nacional, p. 177.

48 Turner, Frederick C. (1971). La din á mica del nacionalismo mexicano. México, Editorial Grijalbo, Nuestras cosas, p. 79.

49 Moreno y Kalbtk, Salvador (1982), “El porfiriato. Primera etapa (1876-1901)”, en Solana, Fernando; Cardiel Reyes, Raúl y Bolaños Martínez, Raúl (coords.). Historia de la educaci ó n p ú blica en M é xico. México, El Colegio de México / Secretaría de Educación Pública, p. 54.

50 Sierra, Justo (1980). Ju á rez, su obra y su tiempo. México, Editorial Porrúa, p. 164.

51 Meneses Morales, Ernesto (1998). Tendencias educativas oficiales en M é xico, 1821-1911. México, Centro de Estudios Educativos / Universidad Iberoamericana, p. 792.

52 Vázquez, Nacionalismo … p. 64.

53 Moreno y Kalbtk, op. cit., p. 65.

54 Avanzini, Guy, op. cit., p. 8.

55 Vázquez, Nacionalismo … p. 100.

56 Alocución presentada ante la Cámara de Diputados el 12 de diciembre de 1893.

57 Álvarez Barret, Luis (1982), “Justo Sierra y la obra educativa del porfiriato, 1901-1911”, en Solana, Fernando; Cardiel Reyes, Raúl y Bolaños, Raúl (coords.). Historia de la educaci ó n p ú blica en M é xico. México, El Colegio de México / Secretaría de Educación Pública, p. 90.

58 Bazant, op. cit., p. 42.

59 Ib í d., p. 64.

60 Weinberg, op. cit., p. 188.

61 Arnau, Alberto (1998). Historia de una profesi ó n. Los maestros de educaci ó n primaria en M é xico, 1887- 1994. México, Secretaría de Educación Pública / Centro de Investigación y Docencia Económicas, Biblioteca del Normalista, p. 20.

62 Guevara Niebla, Gilberto (2011). Cl á sicos del pensamiento pedag ó gico mexicano (Antolog í a hist ó rica). México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México / Secretaría de Educación Pública, p. 53.

Final del extracto de 146 páginas

Detalles

Título
La instrucción pública en los departamentos de Chilón, Simojovel, Pichucalco, La Libertad y Tonalá durante el Rabasismo en Chiapas, 1891-1911
Curso
Facultad de Humanidades, Licenciatura en Historia
Autores
Año
2017
Páginas
146
No. de catálogo
V412854
ISBN (Ebook)
9783668650640
ISBN (Libro)
9783668650657
Tamaño de fichero
2102 KB
Idioma
Español
Etiqueta
chilón, simojovel, pichucalco, libertad, tonalá, rabasismo, chiapas
Citar trabajo
Yoshiro Román Gálvez López (Autor)Guillermo Alonso Suárez Solís (Autor), 2017, La instrucción pública en los departamentos de Chilón, Simojovel, Pichucalco, La Libertad y Tonalá durante el Rabasismo en Chiapas, 1891-1911, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/412854

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Título: La instrucción pública en los departamentos de Chilón, Simojovel, Pichucalco, La Libertad y Tonalá durante el Rabasismo en Chiapas, 1891-1911



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