Del Relato Nihilizante a la Ética Somática


Tesis, 2011

60 Páginas, Calificación: 10.00


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Índice

- Prologo

- Introducción
- Dualidades no antagónicas - Devenir vital
- Dualidades antagónicas - Presencia momificadora
- Lo que se sublimó
- Genealogía del relato moderno - El Cuco de la Luz
- Manipulación vital - Alineación impuesta
- La idea - Herramienta o límite vital

- Discurso dogmático
- Separación de mente y cuerpo - Principio alienatorio
- La visión teórica y la escisión del sujeto

- Origen de la Estética en el campo científico y su pérdida de valor

- Sintomática de la alineación

- Nihilismo como síntoma y momento ontológico
- Nihilismo y técnica
- El desvanecer del Humanismo teológico

- El tiempo vital en el sujeto escindido
- Política y su polaridad relato/intención
- El acontecer de la Modernidad y el sujeto trabajador
- Fin de la solidez, modernidad tardía o post modernidad
- Subjetividad del consumo - Ocio alienado

- Ontología somática
- Por una ética/estética somática

- Bibliografía

Prologo

Diario de soledad mundana

Proyecto normal/existencial: nacer, escolarizarse, hacer una carrera, tener una familia, jubilarse, y, con suerte, vivir 30 años con un sueldito y una debilidad física creciente, a partir de una nutrición impuesta (tanto en alimentos, información, cultura, etc.).

Caminando se pueden ir perdiendo los sentidos, se atiborran, en el devenir impresionista de lo citadino. La sobresaturación de información provoca un atracón hermenéutico, lo que imposibilita la síntesis; quedándose solo.

El problema de la auto escucha ¿cómo convivir con uno mismo?

Tener un proyecto, como modelación del tiempo es una solución, pero los espíritus inquietos (como el mío) tienen una relación estética con el tiempo, no es el mero suceder de la materialidad deviniente, sino que el tiempo es un lugar, situaciones (Espacio y Tiempo se funden en la vitalidad del siendo), donde la individualidad pierde carriles claros, ni siquiera las metáforas viales sirven ya.

Cierta conciencia, o mejor dicho, una sospecha o inquietud que se asienta como certeza, por la fe que provoca el padecer estos aconteceres; de que el modelaje intencional es un absurdo, una anti-vitalidad. La palabra Proyecto lleva la mirada a un plano, a un esquema arquitectónico, a geometría, a líneas que unen puntos, cerrando posibilidades, y acentuando potencias que ya, por encerradas, se las trata como actuales, el futuro, el tiempo, se lo ficcionaliza como cosa, cosa a manipular en el momento de ensoñación del proyecto, pre-venirse, o sea, un extraño juicio sintético a priori.

En tanto que el proyecto provee cierta utilidad en contextos que aparentan regularidad, la vitalidad no ejerce demasiada presión contra los límites, y se sobrevive en un laberinto cerrado.

El proyecto1, al ficcionalizar el tiempo de manera lineal, y dentro de sus limites, donde encierra potenciales y los trata como actuales, devela la estructura finalista, se encierra un devenir, y se le dibuja una ontología existencial, una mega estructura/fabula que ordena los seres/ficciones para la existencia cotidiana, un tipo de juego de lenguaje, un rizoma. Por supuesto que un proyecto es la sublimación de un entramado de intenciones, de intereses insospechados, de significaciones que nacen de un lecho social (las cuales son de mas fácil reconocimiento que las otras), pero junto a ello está lo desbordante, eso que escapa al foco de la razón, eso que sobrepasa las líneas de visibilidad en los contornos de una luz, una conciencia que puede alumbrar con un radio finito, incapaz de iluminar todo en el mismo momento. Lo que se sale de ese enfoque, es un infinito, lo que desborda a la mirada analítica.

Cuando, de una manera metafísico existencial, un mareo visceral da cuenta de eso que se nos escapa de la intencionalidad “clara y distinta”, empezando a colarse aspectos enigmáticos, que para la estructura del proyecto, resultan incoherentes. Sucede de ahí la finitud y absurdo del proyecto, entendiéndolo como la intención de una solidificación del devenir, de manera completa. La pequeñez de un sueño finalista perdido en un cosmos de obscuridad irracional. El proyecto se desvaloriza, principalmente, cuando una hipertrofia planificadora da cuenta que por más manipulación onírica que se haga del tiempo, y por más fines actualizados, se acaba el campo de acción en el sentimiento de mortalidad.

Los espíritus de gran capacidad imaginativa hacen de la etapa onírica finalista, algo efímero, ensoñando proyectos, identidades y acciones, de manera desmedida, pero siempre acabando de la misma manera. Si la etapa es lo suficientemente corta, puede que no esté todo perdido, quizá nos quede tiempo vital para una manera diferente de pensar y vivir.

Esta conciencia irracional de la falta de valor de un proyecto de tipo finalista (irracional porque es darse cuenta de una obscuridad, de un inaccesible por parte de la razón). Éste tipo de conciencia es algo así como un guiño de Dionisio, que resplandece su ojo en medio de las tinieblas de la mistérica existencial. La interpretación de semejante acontecer depende directamente de una estructura psico-somática. Es decir, de la fortaleza del espíritu, del potencial metabólico de un organismo para poder digerir esta información. De ahí los diferentes niveles de nihilismo en Nietzsche, del cual nos interesa el que se anima a vivir desconsoladamente, des-esperanzadoramente (no ver despectivamente, el consuelo y la esperanza son colchones metafísicos, pero siempre desfondados, y responden siempre al finalismo; el primero al no llegar a la actualización del fin, y el otro creyendo en su poder ser)

La fuerza de las identidades en las culturas, y su estratificación (principalmente en el caso de la manipulación cultural del pensamiento científico/positivista), provocan el desequilibrio de la relación Dionisio-Apolo, pero principalmente, a nivel existencial, provoca alienación. Tal fuerza como conservación, como punto de Arquímedes para sostener la existencia, apoyándose en algún sentido fabulado, en el cual se tiene fe. Y el pensamiento científico/positivista, como una forma de estas identidades, pero más hipertrófica, con un nivel desesperante de auto-conservación, que lleva a la negación de este mundo, y a la búsqueda de un mundo donde la conservación sea el fundamento, como es la ontología del ser como presencia.

El espíritu aquí es lo indisociable Mente/Cuerpo, como un mismo devenir, el cual es un campo de batalla, la batalla entre el Mundo y la Tierra (Heidegger), entre la iluminación dirigida y precisa, contra la obscuridad que devora la luz. La fortaleza de espíritu soporta grandes batallas, un movimiento incesante, donde los extremos del péndulo son irreconocibles, siendo varias veces, lo mismo.

En este caso, el de un existente dentro de la cultura occidental, basada en la perspectiva moderna científico/positivista (que retóricamente dice ser socrático/humanista/judeo-cristiana), la estabilidad produce paz, un lente para ver y no- ver, así hasta la muerte, sólo se suceden los mismos entes una y otra vez; siempre encerrado en un juego con leyes rígidas y posibilidades varias veces actualizadas, una muerte en vida. Pero toda esta reflexión es una abstracción, ya que jamás se está en ese estado estable, siempre en el extremo apolíneo, se revelan los gestos dionisiacos en Apolo, desconcertantes, angustiantes. El proyecto en su intento domesticador del devenir, siempre está agrietado, y el cuerpo, pide, sin hallar una respuesta cultural, dándose una mente sin un sostén orgánico, un cáncer, por ello se hace quizás ahí el portal de la oscuridad. La batalla se pone infructuosa, sólo se dan perdidas; se castiga lo nuevo, lo intempestivo, los encuentros dionisiacos son reprimidos, pero ello no provoca ningún goce, sino una sensación de perdición, más angustia.

Se pasa a la desesperación (dentro del proyecto racionalista, la desesperación es negativa, y el racionalista desesperado es un animal que luego de vivir una eternidad enjaulado, lo sueltan en medio de la nada), la locura de la voluntad racional lleva a la perdición, al psicótico existencial, pierde el limite vital, empecinado en que la única realidad es la que su juego de lenguaje que se enmarca en un proyecto, le permite identificar, una ontología in-actualizable, y así se estrella contra la inmensidad, perdiéndose, anulando su vitalidad, ahogado en un escepticismo que lo lleva a afirmar lo azaroso de todo. Sólo reactivo.

El pensamiento esquizoide/maniqueo que divide todo en dos, en dos irreconciliables, dándole valor ontológico a uno sólo de los dividuos, lleva a una perdida de sí mismo, no pudiéndose reconocer a sí, alienándose.

La división en dos se ha explicado antropológicamente (día/noche, cielo/tierra, sol/luna, etc.), pero que en algún momento se las pensó opuestas y destructoras. La división es una ficción para el reconocimiento, pero a nivel existencial, es decir, para vivir esto ahora, el concepto de modelarse a partir de un sueño abarcador del tiempo y el espacio (poniendo acento en un solo dividuo, y al otro definiéndolo como la negación de éste) se torna insatisfactorio.

Reconocer la falta de valor de este tipo de proyectos, valor que se lo da las vísceras, el cuerpo, la respuesta optima a las necesidades orgánicas, ese es el valor. El proyecto racionalista pierde valor justamente porque niega el cuerpo. Es un criterio vitalista. El valor en si no existe, sino que tiene valor en referencia al respaldo orgánico y vital. Esta falta de valor, nos lleva a hundirnos en la obscuridad del enigma, resignándose a desinteresarnos de todo (que nada nos atraviese, nos sea trascendentes, ergo, la nada. Budismo), el espíritu fuerte, alegre y creativo no soporta ese quietismo, y se lanza a la deriva de significar una y otra vez ese enigma, no para encontrar un significado totalizador, sino que el acto de significar produce un éxtasis existencial, lleva a que uno se siente bien consigo. Por que no se da dialécticamente, una nueva significación e intento de desentrañar el enigma existencial, no niega al anterior, sino que enriquece una obra de arte que no tiene limites ni espaciales ni temporales. Incremento constante del Ser.

Esto lleva a una vida sin individuo, pura individuación, el caudal informativo2 del enigma nos lleva a la inquietud de devenir diferente, de modular la ensoñación, a sabiendas de la danza macabra de Dionisio, que a medida que más significaciones, mas misterios nos ofrece, mas experiencias, mas kairós.

La Voluntad aquí se revela, no sostenida en la Razón, sino como el impulso a devenir, la fuerza vital que es la información, el combustible de nuestro demiurgo. La razón se devela en su verdadero sentido, como el sentido demiúrgico por antonomasia.

La creación de ser, devenires oníricos, como el trascurrir del mar de modulaciones informativas que se transluce con la razón, del enigma inconmensurable a la fecundidad ontológica.

No es el “dejarse llevar por lo pulsional”, sino aceptar y reconocer la falta de sentido vital que tiene que el hombre sea un “ontológico”, es decir, que tiene FE en el principio de individuación, de la pre-existencia cósmica de los seres incorruptibles y que se presenta como única realidad.

El entramado mistérico no es azaroso, siempre es un movimiento destinal, no es un Destino, el cual supone finalidades y linealidad temporal; sino que la relación artística con la existencia lleva a entramar aconteceres, que no son causa ni efecto de nada, pero que para el devenir-artista es reconocerse en un devenir todo mismidad.

Introducción

El proyecto normal/racionalista como proyecto existencial impide ver el movimiento destinal, impide visualizar el entramado de aconteceres, llevando al individuo a su perdición. A diferencia de una existencia estética, donde el viviente responde a su sensibilidad, como canal in-formativo, permitiéndole un crecimiento como sujeto al relacionarse con lo que le rodea. Esto es la concientización de que el círculo hermenéutico se da por la sensibilidad; en tanto conocimiento sintético. La diferencia esta en reconocer que la sensibilidad es nuestra forma de relacionarnos con el mundo, a diferencia de otros tipos de existencia, que quieren negar que la sensibilidad sea el punto de encuentro entro nosotros y lo demás, y quieren circunscribir ello a una cuestión abstracta, y racional, poniendo al existente como un acabado. Una existencia estética es la reconciliación de Apolo-Dionisio3 lleva al reconocerse de sí, en y siendo el movimiento destinal. (Que a veces se la confunde con la suerte, que es una faceta del azar). No es suerte, el movimiento Destinal, es lo que debía Ser.

Dualidades no antagónicas - Devenir vital

A partir del Nacimiento de la Tragedia de Nietzsche, se puede entender la formación (y deformación) de la perspectiva dogmática4 para con la vida.

La tesis del Nacimiento de la Tragedia es que, “la vida individual ordinaria es un infierno compuesto de sufrimiento, brutalidad, vileza y opresión, para el que no hay una apreciación más precisa que la de la oscura sabiduría del Sileno dionisíaco, no hay nada mejor para el hombre que no haber nacido y luego morir pronto”5. Entonces “esta vida sólo puede ser soportada gracias a la embriaguez y el sueño. Gracias a este doble camino de éxtasis, capas de abrir al hombre el camino de su propia liberación”6. El camino de la embriaguez es el de Dionisios y sus manifestaciones orgiásticas, y el camino del sueño es el de Apolo y la contemplación feliz y su facilidad visionaria. Ambos caminos tienen que ver con la superación de la individuación, que es fuente de todo sufrimiento. (Individuación como intento de “presentizar” la existencia, sólo darle el status de Ser al hombre, sin cuerpo). La embriaguez tiene el poder de conducir al individuo fuera de las fronteras de su yo, para disolverlo en la unidad cósmica de placer y dolor. El sueño, capacidad de transfigurar a los sujetos individualizados como formas necesarias de la existencia bajo la ley de la medida, de los límites y de la bella forma.

En este sentido el impulso dionisiaco es un movimiento energético que no tiene forma en sí misma, muestra al devenir como algo azaroso e insuperable, una verdad insoportable, y entra en un equilibrio meta-estable con la facultad demiúrgica de la conciencia7, el impulso apolíneo, la posibilidad de dar forma a lo informe, de fabular el mundo para poder Ser, para que la vida se propague; pero siempre esta fabulación es una “forma” sobre un informe, es el gesto, una intención, una necesidad plasmada en ese devenir-loco dionisíaco. Por lo que se puede entender la relación entre estos impulsos como una ontología en devenir, (por ello meta-estable, porque su equilibrio se da en el movimiento no en la quietud), que se debe actualizar para su utilidad para la vida; es decir la ontología debe ser una herramienta que se actualiza para servirle a la vida. Sin cuerpos vivientes no hay pensamiento, ni ontología, ni ningún pensamiento científico, ni esa objetividad del tanatos.

Dualidades antagónicas - Presencia momificadora

Cuando se ignora algo, éste algo tiende a tener un poder autónomo. Al ignorar las fuerzas dionisiacas, y quedarse con lo que se fabuló y tomado como realidad en sí, el hombre empieza a ser dominado por lo desconocido e ignorado, y aparentando apolíneo, explota en un mar de fuerzas involuntarias y destructivas. Las fuerzas dionisiacas al no ser observadas, ni experimentadas para su conocimiento, su re-conocimiento; generan un movimiento en el hombre “ilustrado/moderno”, es decir ese hombre que sufrió la radiación de una educación aséptica normalizadota del cual él no puede hacer nada, porque su conocimiento es teórico racional, no puede enfrentarse a esas fuerzas; y desde su racionalidad, intenta hacer que sus ideas, la forma hombre, sea la forma del mundo. A partir de que la modernidad ilustrada, ese discurso eurocéntrico, que pone al hombre como un dios, atado a su Razón, que es lo que lo hace divino, justamente por sus características de Ser como presencia, negando todo lo que entra dentro del cuerpo y las vísceras, que hace que la gente viva bajo recetas racionalistas8, sin importar el devenir histórico y vital de las personas que toman estos saberes como lo que ES; declara que lo que Es, es lo racional; develándose como un proyecto socio-político, que fabula un relato absolutista de corte hiperracionalista, que se impone como la verdad, con características cuasi religiosas, pero con una tendencia hacia el uso del conocimiento para la dominación, y de la retórica para el amansamiento de su aparato humano productivo.9 En el cual todo lo que es caratulado de no racional, entra en lo dudoso, y por ende en la posibilidad de su manipulación irrestricta, sin ningún tipo de racionalidad. (Nazismo, 2º guerra mundial, el quiebre de la modernidad, de la sociedad de control, el cuco de la luz explota en el nihilismo mas extremo que tiene el racionalismo cientificista, ensalzado por el romanticismo monumentalista) En este sentido el nihilismo es un síntoma de la fuerza destructiva de lo desconocido, de la nada. Por ignorarse las fuerzas dionisiacas y su poder renovador. La modernidad ilustrada recae en la nada, ya que su Ser se agota, y cae en lo que intenta esquivar, busca en un historicismo enfermizo y mitológico por medio del romanticismo, algún sentido a esta nada, pero no salen del desconcierto. La potencia industrial y técnica le da poder a este movimiento científico nihilista, y es dominado por el descontrol de lo desconocido, lo ignorado, y creyendo ser racionales, ya que ignoran lo que acontece, son llevados por las fuerzas dionisiacas al caos bélico, su apolinización es desintegrada por su envejecimiento, y falta de reactivación vital, es decir, re interpretar y metabolizar las fuerzas dionisiacas.

Utilizando algunas herramientas nietzscheanas, se puede decir que la visión dogmática, este proyecto científico/dominador, ensalzándose en un relato moderno/ilustrado, es una sublimación del impulso apolíneo, en el sentido de que la ensoñación de lo que se crea por el impulso apolíneo se estratifica, dejando de ser un emergente histórico en una cultura dada, y transformándose en sustancia, en un tipo de esencia a la cual el mundo se debe acoplar; donde ese sueño creado es trasformado en teoría, en idea, y de ahí en representación del mundo; sueño transformado en idea, sustancia, representación de la realidad. Éste es el momento alienante, olvido de la creación del ser, y su posterior servidumbre para con ésta creación.

A pesar de las críticas realizadas hasta el presente, todavía su estructura permanece en los modos de subjetivación.

La existencia por fin muestra su vaciamiento, las lenguas estupefactas, mudas, acalambradas de tanto decir sin decir, ese es el acontecimiento predicho, el Ser, a la manera como lo entiende la visión dogmático ilustrada, siempre intentaba pararse sobre su cabeza, ser su propia idea y su representación, ser su causa y su efecto.

Todo relato, movimiento identitario, de crear unidad y ser, esencialista, responde a una realidad física, visceral. Ante lo insoportable de la verdad de la existencia10, no queda mas que inventar un teatro, explicativo, burdamente épico, que le de forma a las cosas, que nos tranquilice, que nos guíe. Tratar de responder, no a una pregunta, sino a una existencia, aferrándose a algo que, a su manera, nos mantiene vivos. Unos preceptos morales que nos ordenen, para salirnos de la angustia, un orden jerárquico que nos diga donde estamos y porqué, y así pensar y vivir en otra cosa, alguna explicación, un mapa de nuestra existencia, que nos una, nos cimiente en una historia, la cual siempre nos diga que lo mejor está por venir.

Algo así no está tan mal.

Nietzsche decía que el problema no era que todo era ficción, sino de que, éstas ficciones eran ya inútiles. El hecho de que éste pensamiento “dogmático” sea, es porque no siempre fue inútil, alguna vez respondió a existencias, vidas. Pero su falta de renovación, esto es, la falta de racionalidad y sensibilidad para con el impulso dionisiaco, no sólo hace que las ficciones se desactualizen, sino que, el impulso dionisiaco no desaparece por no querer verlo, sino que adquiere un poder arrollador e incontenible, por no dársele entidad y reconocimiento, se lo excluye del planteo de Ser, por lo que se vuelve entrópico vitalmente, destructivo.

(Se lo excluye del relato Æ tabú conceptual Æ dolor, vejez y muerte)

Siempre que la visión dogmática dijo ir hacia la verdad, en realidad eran formas de apartarse de ella, eran caminos para huir de lo insoportable, hacia la provisional dimensión de alivios, seguridades, consuelos y trasmundos. Todo este tipo de filosofía de corte occidental eurocentrista fue un encubrimiento ontológico de la verdad insoportable, a favor de un optimismo metafísico, o fantasías de liberación., la cual si le sirve para soportar mejor la existencia, esta perfecto, pero si sirve para amputarse la vida, y las necesidades vitales, es malo. La verdad se encubre por ser el caos inmanejable, del que nosotros intentamos crear un ser, pero al hacerlo es impregnado por nuestras intenciones e ilusiones, lo que termina siendo una mascara que cubre la verdad, una mentira. El Ser es una mentira, que nos parece algo manejable.

En este sentido, la autentica duplicidad que trata Nietzsche, no es Apolíneo y Dionisíaco, sino la relación de lo trágico y lo no-trágico. (Lo trágico como el movimiento sinérgico de impulsos, lo no trágico como entropía, pérdida, debilidad)

Lo que se sublimó

Éste es el Ser Los valores de la visión dogmática, moderno ilustrada, se edifican sobre perspectivas Platónico/socráticas y judeo-cristianas11, pero en la modernidad se seculariza, es decir se saca el valor vital, pero se mantiene la estructura ontológica, a pesar de los cambios históricos y geográficos. Estos valores son los promulgados por las sociedades burguesas, y su poder en los estados-nación. Que van desde su gestación renacentista, y que se mantienen hasta el presente. Es el paradigma que hace que la gente crea en una forma de vida, que es impuesta, que sólo sirve para hacernos creer en un montón de fabulas que no responden a nuestras necesidades, pero que si están para servirle a la sustentabilidad de este sistema esclavista. El estado posmoderno, a pesar de ese “pos” que parece signo de conclusión, es una vuelta de tuerca del moderno, no su contrario, sino una modulación de las mismas intenciones. En un momento determinado de la historia, pero en la modernidad se seculariza, es decir se saca el valor, pero se mantiene la estructura ontológica, a pesar de los cambios históricos y geográficos.

Platón en La Republica, a la hora de pensar un tipo de ciudad-estado, la polis, piensa cual sería la educación que necesitarían los ciudadanos para ser parte funcional de la republica. La paideia, la educación, en la alegoría de la caverna, en realidad Platón la plantea como el mejor mito para esa estructurar políticamente a los ciudadanos. Luego esto deja de ser una respuesta a un momento emergente, como es la crisis de Atenas en la época de Platón, y tiende a universalizarse ese pensamiento, principalmente olvidando de que Platón cuando platea esto, lo hace pensando en el funcionamiento orgánico de la republica, en un contexto de emergencia específico, la crisis ateniense; y es el contexto el que le da valor vital, y no pensando de que eso que dice sobre la educación sea una verdad universal a la manera moderna, utilizable en todos los momentos y lugares; lo que le hace perder el valor legal que le da Platón, es decir, él se dirige a un problema concreto, a un pueblo en un momento histórico y en una situación sociopolítica particular. Platón piensa una solución, es decir, crea una herramienta para resolver un problema; esto es un impulso apolíneo, darle forma a algo que con las herramientas conceptuales y lingüísticas dadas, no se lo resolvía. La única verdad que plantea es que de ésa manera funciona bien una polis, con mitos sobre ideas que nos superan, la mentira políticamente necesaria.

Dándose como una ilusión apolínea planteada de manera universal e inmutable, como medio para la armonía de la polis, con el fin de una manipulación vital. Con las consecuencias de una negación del auto-conocimiento, un deber ser, en tanto heteronomía conciente. La enajenación, la idea sustancializada tomada como cosa real, condiciona el mundo.

Genealogía del relato moderno - El Cuco de la Luz

En el comienzo fue Parménides, con una lírica mágica, que el Ser era, y el no-Ser no era; finito e inmutable, y esto dio pie para la primera gran parte. Sócrates-Platón, con la intensión de establecer la idea como fundamento del conocimiento, con sus características ontológicas, demarca su dominio, y excluye todo lo que no tenga semejanzas con la Idea, y sus representaciones. Esto da pie al gran relato de la Razón Es un mundo coherente, y nada se escapa de la Razón (¿quién es Nada? ¿Un escapista?).

Platón llamó Paideia a un programa constructivista para la formación de gobernantes y ciudadanos; muy lejos de lo que en la modernidad sería la educación normal, que funcionaría como una ilusión apolínea pero “importada”, no propia de una cultura o un cuerpo, por lo tanto el educado no necesitaría reflexionar, ni experimentar en su vida nada, ya que todo está recetado, las respuestas conformadas, la esencia humana preformada e indiscutible. Esto provocaría un disociamiento en el sujeto, lo que le costaría su individuación; pero se intenta resolver eliminando una de las partes. Es entonces que se da un cuerpo que no responde a sí, sino que responde a un autómata (la razón) que tiene grabado los axiomas, las leyes e ideas que rigen la vida. Es decir, que lo que nace con Sócrates, como la visión teórica del mundo, es la creación de un tipo de subjetividad que desconoce a sí mismo, y que responde a una organicidad política; en detrimento de la sabiduría (en el sentido de un “conócete a ti mismo” como confluencia de Apolo y Dionisio), y que supone que hay un solo tipo de saber, que es el teórico.

Los conocimientos que fueron la apolonización de fuerzas dionisíacas, el equilibrio vital, se alienaron en el tiempo, negando su procedencia, dionisiaca. Toda construcción ontológica, todo conocimiento, es el hacer “Ser”, es el apolonizar fuerzas dionisiacas, caóticas, y al hacerlo se construye un conocimiento, como equilibrio entre las fuerzas de Apolo y Dionisios. Con el tiempo se olvida y niega toda fuerza dionisiaca, con lo que se desequilibran las fuerzas (meta-estables), quedando lo apolíneo, por lo que el conocimiento y su verdad se estancan, envejecen, y mueren (Dios=Ser). Las fuerzas dionisiacas se hacen incontenibles, mostrándose como el lado oscuro (u oscurecido) del Hombre, que sólo reconoce al Ser en el mundo, y no a su contrapartida, el Devenir. Esto aniquila al Hombre, y el desequilibrio de fuerzas destruyen el equilibrio vital, alienando al Hombre.

El hombre endiosado, el ser hecho dios, el iluminismo que obscurece. Nietzsche no perdona a Sócrates el haber destruido la unidad entre arte y filosofía, como un primer paso de esta negación de la otredad (en la cual Nietzsche dice que es por falta de inteligencia por parte de Eurípides al sacar de la tragedia todo lo no racional). Por ello la visión dogmática es antivital, ya que niega el devenir y los principios de meta- estabilidad de los organismos, de la vida. Lo vivo busca un equilibrio modulante en relación a su individuación con el mundo, un acoplamiento mutuo con este, una hermenéutica de la individuación.

La visión dogmática cristaliza uno de los momentos de la individuación de una cultura, dejando de actualizarse con el mundo, eso que nos rodea y nos atraviesa, ya que presupone que la verdad debe tener características de permanencia, y por lo tanto su perspectiva de mundo no debe modificarse, a pesar de los cambios espacio/temporales. El olvido o la ocultación de la característica principal de la vida, que es el devenir, es la negación del impulso dionisiaco, La visión dogmática se fundamenta en perspectivas que sirvieron para dar forma al mundo en un momento y espacio dados, pero la modernidad saca de contexto y universaliza, mas allá del tiempo y el espacio, por lo que la perspectiva ya no tiene relación ni con el mundo ni con los cuerpos.

Por supuesto que de alguna manera, en su tiempo, éste tipo de formación de subjetividades, respondía a las contingencias históricas que ocurrían en la antigua Grecia. El problema se empieza a dar cuando esto se lo asocio a Dios, y luego a la Razón divinizada, y como eran intemporales, siempre surtían el efecto que se le quería dar, o sea, un formato común de sujeto, para que no existan ya las sorpresas.

Y cuando ya estaban todos retozando con los astros, sucede lo imprevisible, el escapista, Nada, se acalambra, y cansada de sostenerlos a todos, en la oscuridad, que sin que nadie lo sepa, unía los hilos causales, se le escurre el todo por entre sí misma.

Ocurre que mientras la Historia se contaba sola, el mundo estaba en caos ¿pero que paso, si el cuento cerraba tan bien? Qué se podrá decir, será por el olvido del génesis caótico, alienación por los liberales, cansancio espiritual, o será que la alfombra ya no logra ocultar más “eso”, lo “otro”, lo que no se quería ver, lo que no se contaba.

Abismo entre idea sustancializada y lo que acontece - nihilismo.

Ser, lo claro y distinto desde la lógica racionalista. Lo demás, cuerpo naturaleza, Nada, otredad indiferenciada.

Falta de valor de lo otro, justificación para su dominación.

Manipulación vital - Alineación impuesta

La educación teórica se caracteriza por proveer de una ilusión (impulso apolíneo) a los educandos y plantearla como una verdad universal e inmutable, dada su estructura verticalista jerárquica, (educador/educandos, general/soldado, sujeto/objeto, amo/esclavo). De manera que esa perspectiva de mundo no parte ni de la propia cultura ni de los cuerpos, sino que viene de afuera, llevando a no experimentar nada, ya que todo está dentro de esta educación12 ; donde están las respuestas conformadas, los métodos de acceso a la verdad, la esencia humana preformada e indiscutible. Pero quizás lo más característico, lo que encierra todo esto, es que lo que se construye son sujetos para una polis (esa es la idea con la cual Platón sugiere la Paideia, la de formar en función de un estado político), y que para hacer política es necesaria una manipulación vital, moldeando principalmente sobre la racionalidad ya que es mas fácil moldear eso cuando la parte pasional es debilitada por sistemas conductistas, y por lo tanto caótica, irascible, inmadura, dando forma estable y racional a las subjetividades; en el sentido de que el “conócete a ti mismo”, el axioma apolíneo13, queda velado, para otro tipo de axioma, que nace de la visión dogmática del mundo, que coarta la inquietud visceral, pasional del cuerpo de cada uno. (éste ejercicio de poder como se lo describe, no es lo que Platón pensó o quería realizar, de hecho la educación que promueve es constructivista, pero ciertas ideas, en el proyecto moderno, se las eternizaron y sacaron de contexto, de tal manera que si se dio luego sobre poblaciones, y la formación de estados nación). Con el paso del tiempo, se tomo a eso que para Platón era un medio para el mejor Estado, y que respondía a su contingencia histórica, y se lo transformo en la estructura de pensamiento, superando la situación histórica, y utilizándolo para cualquier ámbito, cualquier geografía y momento histórico. Ese salto de una alegoría creado por Platón a la esencia del pensamiento occidental moderno, esa es la sublimación.

El momento de enajenación ocurre al tomar una perspectiva de mundo y plantear que el mundo tiene esa forma necesariamente, condicionando el mundo, los cuerpos y uno mismo. Pero como esa perspectiva ya no responde a una utilidad en función de un fin determinado, se vuelve destructiva, tiende a la Nada, lleva al nihilismo, ya que creer en valores que no sirven para este mundo, y teniendo como premisa que el mundo tiene menos valor que los axiomas dogmáticos, produce un abismo que lleva al nihilismo. Se piensa la idea como representación de la realidad, pero pierde valor de uso, el cual se lo da al verla como herramienta de interpretación del mundo, que a su vez se debe amoldar a este, modular respecto del devenir. Esto lleva a la necesidad de una renovación conceptual, en el sentido de entenderlo como una ontología en devenir, arraigada a la tierra.

El fundamento donde se sostiene la visión dogmática es que todo lo que no tenga semejanzas con la idea de su perspectiva es negado, el dominio de lo que ES es la Razón, ya no como facultad humana14, sino como alineación ontológica de esa misma facultad. Todo lo que no entra dentro de la lógica matemática de esta perspectiva es negado, y su tendencia a denigrar el mundo y los cuerpos, lo lleva a tener derecho de dominio sobre los mismos. Se supone que los sujetos de por si no pueden acceder a la verdad sino no es a partir de la manipulación vital que genera la educación teórica; lo que se traduce que encontrar la verdad, es implantarla.

Desde la conquista de América hasta la prueba de cosméticos en conejos, todo se sostiene en la misma idea, LO OTRO NO TIENE VALOR.

La idea - Herramienta o límite vital

Las preguntas apuntan al debo, es decir, a una heteronomía conciente. Buscar los medios y condiciones de posibilidad de conocimiento de uno mismo, a partir de algo ajeno. Este es el momento de enajenación; es tomar una interpretación de mundo, una perspectiva, racionalizada, hecha teoría e idea, y de ahí plantear que el mundo tiene la forma de la idea; cuando en realidad, las ideas y conceptos, son herramientas para asir la realidad, para darle forma, para mapear sus variables; pero que por supuesto el mundo las condiciona, y cuando el mundo las supera, es necesario una renovación conceptual. Esta es mi Tesis principal. Cuando las herramientas que tenemos para relacionarnos con el mundo, es decir, los conceptos, mas que relacionarnos con él y que nos sean útiles, nos traen problemas, nos confunden, porque principalmente se nos educó diciendo de que los conceptos e ideas no son herramientas, sino sustancias, cosas reales; y cuando las condiciones históricas, las necesidades de los cuerpos, no se ven canalizadas por medio de las ideas y conceptos dados por el pensamiento de su presente, es imperativo la renovación conceptual, hacia conceptos que nos respondan a las inquietudes que el mundo y el devenir histórico nos dan. El error, la falsedad, lo vago, confuso y oscuro, no es un problema de nuestros sentidos, de nuestro cuerpo, de los otros o del mundo, es el síntoma de la falla de los conceptos, de la falta de utilidad, y del fanatismo de querer aplicarlos a tal punto, que nos hacen echarle la culpa al mundo del mal funcionamiento de estas herramientas llamadas ideas, conceptos.

Se desfonda la Razón de la modernidad, como el Ser que todo actualiza, que todo lo domina; para sincerar la indeterminación y lo enigmático de la realidad, a partir de diferentes crisis que revelan cierta incompatibilidad y desequilibrio con respecto al “deber ser” que impone la perspectiva de la Razón, y lo que se vive. Surgiendo conceptos con gran carga mistérica15, como alienación, enajenación, extrañamiento de sí, nihilismo, in-autenticidad; que dan la pauta de que hay un algo oculto en la sombra infinita que ha provocado el iluminismo para con lo irracional, es decir, lo que se escapa del dominio finito de la Razón (Razón entendida no como facultad, herramienta o sentido humano, sino como modelo programado de formación ontológica). Esta crisis da la pauta de que el llamado nihilismo, fin de la historia, o el advenimiento de la Nada, sólo son avatares del proyecto de la Razón16, y que es simplemente el fin de una perspectiva agotada. Estos des-cubrimientos, que nos llegan en un momento de crisis de nuestras bases de análisis, nos conmueven por su infinito potencial o por la dificultad de no tener ya herramientas, conceptos, para asirlos, y que nos obligan a crear nuevos lenguajes, conceptos (Deleuze), filosofías; para incorporarlos y hacerlos cultura, y así tener una homeostasis mas equilibrada; sin perder la conciencia de la necesidad constante de modulación de los conceptos, ideas, lenguajes, para que mantengan todavía su posibilidad de acción en lo que deviene.

Sin necesidad de un lenguaje que invente cosas, sustancias, de palabras, de metáforas sublimadas; sino un lenguaje que es sólo palabra, que remiten a lo sentido (el cuerpo como gran razón, que siente y da sentido), metaforizándolo, pero que jamás puede sentirse como cristalización, como cosas que parecen ser algo más allá porque se sienten infinitas en su decir y pensar, y por este sentimiento creen que las palabras son. La ontología como cristalización es el síntoma del Bruto, el que de palabras intenta estructurar el mundo, del que se queda con lo dado, con lo que fue, y parece seguro, ante su debilidad. El fanatismo de creer que ese concepto y constelaciones de conceptos, que sirvieron en algún momento, ES, mas allá del mundo. En este sentido no interesa la verdad, sino en tanto herramienta para la vida.

De manera que la filosofía que no afecta ni sirve a la vida, es sólo un juego (concepto herramienta, ficha, objeto de manipulación, muy típico en ambientes académicos y lugares donde se a relegado a la filosofía, luego de que la desmembraran en el fanatismo especializador). Los conceptos se dan como fichas que tienen un valor diferente, según como se las organice con las demás, importa las diferencias entre ellas, y su relación; a la vez que se van modulando las reglas. Pero sólo sirve para un pequeño combate dialéctico, que se parece mas al cornearse de carneros que el de la búsqueda de le mejor gestión energética para la vida.

La Verdad es lo que tiene éxito a la hora de satisfacer las exigencias vitales. El pensador habla desde su actitud histórica, en nombre del momento del mundo que está siendo interpretado por él. Los prejuicios, el horizonte, todo adquiere valor a partir de su utilidad, su potencia como axiomática resolutoria Hacer del caos, reconociendo, no negarlo, reconocer y develar lo dionisíaco, hacer del caos, ser, de lo dionisiaco, Apolo; De la Tierra, Mundo. Esto se puede traducir, en la investigación científica, en una Epistemología de la Nada, que refiere a que no halla un plan epistemológico de cómo debe ser una ciencia para darle valor científico, no darle status institucional, sino, darle el valor para la investigación científica, sin un criterio teórico que limite; sino dándole valor de posibilidad y de investigación a cualquier creencia, ya que el hecho de que una cultura crea en algo, quiere decir que responde a una problemática existencial. Mas que preguntarse por la Verdad o Falsedad, el método de dramatización nietzscheana pregunta por quien lo quiere, (quien lo requiere, necesita, interesa) el cuerpo pide.

Aquí la interpretación de uso que se hace de la palabra “concepto” es como abstracción ficcional de variables y sus relaciones, a partir de la fabulación realizada por la conciencia, de manera no explicita, que responde o respondió a una necesidad individual o social

Discurso dogmático

Separación de mente y cuerpo - Principio alienatorio

“En la medida en que la moral condena sin más, sin partir de consideraciones y sin atender las intenciones propias de la vida, constituye un error específico con el que no se debe tener compasión alguna, una idiosincrasia de degenerados, que ha hecho un daño incalculable.”17

En el caso de la visión dogmática, se postula que la idea debe condicionar al mundo, y por ende, los modos de existencia. Con el paso del tiempo, se da una gran des- actualización de las ideas y conceptos en relación con el mundo, y por ello se va gestando una gran distancia con lo vivido. (Ocaso de los ídolos, sobre como terminó convirtiéndose en fabula el mundo verdadero, o mejor dicho, la salida de la hipocresía)

Según Nietzsche, la visión dogmática tiene su génesis a partir de la interpretación moderna de Sócrates-Platón, que establecía la idea como fundamento del conocimiento; la cual se fundamentaba ontológicamente en la visión parmenídea del Ser, demarcando un dominio preciso, y excluyendo todo lo que no tenga semejanzas con la Idea, y sus representaciones. Este dominio preciso es la Razón, ya no como característica, herramienta o facultad del hombre, sino como un gran relato de la modernidad, es decir una alienación ontológica, (en el sentido de recortar una parte del hombre, como el raciocinio, y hacer de él una sustancia fuera del hombre, y como estructurante del Ser); o sea como el sostén de toda la ontología en la cual la filosofía de la modernidad se sostiene. El mundo se plantea como coherente, donde nada se escapa de la Razón (la Nada se anuncia como el límite al más allá de lo dominado). La visión dogmática se cierra sobre lo que cree que es el mundo, lo racional, lo claro y distinto matemáticamente. Todo lo que no entra ahí, todo lo que es confuso y vago, todo lo que la Razón no capta o interesa, todo lo que no entra como variable clara para la lógica, es decir, el cuerpo, las pasiones, están del otro lado del Ser, en la Nada, en la otredad indiferenciada.

El dualismo mente/cuerpo, discursivamente pone al cuerpo en el lado de los desconocido, de lo confuso y lo malo. La Mente, la Razón, esta dentro de lo claro y distinto. Moralmente tiene ciertas consecuencias en el cuerpo, pero que venían de antes, por cuestiones religiosas. La modernidad al hacer esto, al poner el cuerpo del lado del mal, lo pone en un campo, de acción/investigación/experimentación, extremadamente libre (Bataille y el mal como la libertad; plantea al mal como lo que atraviesa los limites del ser y su conservación, y por ende es libre.), no tiene limites, porque es malo, por ende, se puede hacer lo que se quiera con él, así transformarlo en objeto de estudio, y de ahí llegar a algún tipo de verdad. Tiene como objeto de estudio principal el cuerpo lo exterior, la naturaleza. Lo otro; ni la razón, ni las ideas.

En realidad lo que ocurre, es que se le saca todo valor al cuerpo, para que haya libertad de experimentación sobre él, sin que haya problemas éticos de por medio. En este caso, el Ser es la Razón, y el cuerpo es ese mal que no tiene determinación; y como la Razón tiene dentro de si la voluntad de verdad, es necesario experimentar sobre el cuerpo, para dominar el mundo de los objetos. Las consecuencias de ello son la manipulación vital, ciencias medicas, sociológicas, aplicaciones tecnócratas en política, la educación y principalmente, como centro, la técnica como manifestación de lo ilimitado de los cuerpos, o su devenir in-corpóreo18. El Bien, que es la conservación del Ser, es decir aquí, de la Razón, no interesa, porque son cuestiones claras y distintas. Por ello el interés de la modernidad ES el cuerpo; la dominación de la naturaleza, y con ello del mundo de la vida.

Llevar el cuerpo a la nada, es decir, sacarle todo valor, da al científico/filosofo toda la impunidad para hacer de él lo que quisiese. Desde la experimentación medica, hasta la política y tecnológica. Lo trascendental va perdiendo peso, pasa a tener peso, eso que no tenía valor, lo inmanente. Aunque la voluntad de verdad, busca por un lado trascender el cuerpo y encontrar sus ideas claras y distintas, pero a su vez la dominación, es decir la verdad pragmática (que resuelve varios problemas, ya que pliega causa y efecto en una sola cosa; si ocurre, es)

La visión teórica y la escisión del sujeto

Lo que acontece.

El cuerpo pide, pide actualización.

El gran problema que acontece cuando se cree que no se inventa, sino que se descubre, ese tropiezo es EL tropiezo. De pronto estamos en este mundo, y no sabemos vivirlo. Los que intentan despertar, despiertan en otros sueños, pesadillas. Y es entonces que dicen, la historia se da por la contingencia, pero al final será el comunismo; la conciencia no manda, sólo manda el deseo, pero es malo; no hay esencias, cada existencia se hace a sí misma, pero la libertad es en extremo angustiosa. Al parecer todo lo que se intentaba decir con esa lengua desgarrada, la lengua moderna, ese lenguaje de la representación, ya no es; sólo mutismo.

Algunos irreverentes creen, y tienen fe, aunque no lo digan, que algo se puede hacer. Pensar. No en el Ser, sino en eso que no se quiso dar cuenta, o sea el No-ser, pero queda muy despectivo así, digamos el Devenir-Loco, la verdadera infinitud de lo insoportable, no es homogéneo, ni tampoco heterogéneo (ya que heterogéneo supone diferentes fases, pero en tanto fases, distinguibles), sino que es in homogéneo. Y el mundo se empieza a develar como un reflujo de divergencias. Y ante este disoluto caos, todavía vivimos, ¿pero como? Ya nada nos dice a donde ir, como hacer, de donde venir, que debo. Desesperados y suicidas; enojados y reactivos; otros bailan.

Este cuento, esta obra, se queda sin tinta, chorreante y obscura, Dionisio se derramo del libreto, y al separarse, todo se anuló.

¿Entonces?

¿Qué pensamos, qué decimos? Este relato nos contaba historias, mitos y leyendas, que nos enseñaban a vivir, a sentir. Proveyó de modos de existencia, éticas y políticas, pero en su relación con el mundo, en su estética, siempre se asomaba lo otro. ¿Cómo un artista era? No se podía medir matemáticamente, ni explicar científicamente sus causas, y siempre molestaban, porque daban cuenta de lo otro, y a su manera, de lo mismo. De hecho en la modernidad se separa Arte de Técnica, que confluían en el termino Techné, en su búsqueda de separación de especialidades según diferentes causas y objetos de estudio, descubren la imposibilidad de dar Ser al Arte, para poder “dominarla”19, al lado de la Técnica, que tiene lugar en la pragmática científica. Pero el arte, ante un espectro de acción y evolución sin límites claros, queda como otro.

La modernidad se fascino por su enfermiza especialización, categorizando saberes, y por lo tanto, modos de existencia. Con la estructura en la cual, para ser autentico, había un modelo, una esencia a seguir. Y es así que esta búsqueda desesperada del yo, de una forma determinada, que colme nuestra existencia, siempre se torna insuficiente, nunca responde a lo que el cuerpo pide, que es el que da valor a los conceptos, es decir que valora su utilidad para la vida, porque es él el que tiene necesidades, él es la vida. Lo que se categoriza y se le asigna un saber, a su vez esta dentro de un universo del ser determinado de antemano, y por supuesto negando otro tanto.

Modos de existencia, y por lo tanto modos de inexistencia. ¿Cómo ser en estos modos de inexistencia? Como darse la experiencia con lo otro, políticamente, como formar un saber en el cual la existencia humana no se consuma en el trayecto infinito hacia una esencia, un origen retornante que ya no responde a nuestra necesidad, nuestro interés, nuestro cuerpo.

Nietzsche sabía que para conocer en realidad no hay que hacer diferenciación de actividades y especialidades, en tanto condición de posibilidad de acceso al conocimiento, sino que todas son formas de develar algo que intuía, y que ni él ni su época estaban preparados para explicar, sino que era la intuición de una existencia, de un nacimiento, de un caos que en Nietzsche encuentra la forma de Ser. Para hacerlo ser, algo pensable y sensible, no podía hacer una sola actividad, ya que siempre las sobrepasaría (las fuerzas dionisiacas, las fuerzas de la nada no tienen un lenguaje, un hacer que las acabe, ellas son todo lo que podemos crear y más). Cada actividad tiene un objeto mas o menos definido, pero esto que intuía era nuevo, eso no dominable mediante los métodos racionales (las pasiones, el cuerpo, solo podía reprimir pero no dominar) que la civilización occidental prefirió negar y destruir, por no saber como interpretar eso que irresistiblemente emergía.

La crisis identitaria, en referencia al nihilismo contemporáneo y la falta de fundamento de los relatos que nos daban ser, como crisis de éste gran relato, y como conmueva, por ende, eso, el aura, por ponerlo con terminología benjamineana, no se logra “id-entificar”, para ponerlo en un silogismo y crear una ecuación q al final invente Arte, por ello, no se la termina de dominar todo relato, apolíneo, el problema es sus potenciales, sus posibilidades de devenir en algo diferente, adaptándose al mundo y su devenir, para individuar, modular en relación a las necesidades, a Dionisios, cuando ya no logra callar a lo otro; pero la crisis se sufre, en la carne, en la vitalidad. Y es así que el papel de la filosofía se engrandece, en el sentido de crear conceptos, fuera de toda híper-especialización, que la cierre en el academicismo, en el delirio gnoseológico existencial; definiendo un suelo creativo de modos de existencia a partir de los afectos, que no se cierren sobre un concepto cristalizado en las esferas fijas, sino que modulen, que devengan con el cuerpo y su devenir, siempre tratando de inquietar, de hacer tropezar al autómata, e ir hacia esa subjetividad durmiente, que ya no logra soñar. La modulación no como simple caos, como lo vería el racionalismo dogmático, sino como forma de existencia de lo que quiere vivir, de lo que quiere poder, de fuerza, de potencia de actualización, de individuación, voluntad de poder.

Yo, el que escribe, respira, y el verdadero que habla aquí, eternamente indefinido, nunca un ser, un rostro estable.

La autoexpresión humana nunca es colmada por sus propias creaciones, la individuación que nunca se agota en sus propias estratificaciones. Ya no la estética como análisis de lo ya creado, de alguna manera toda creación se acaba en su acontecimiento, luego aliena toda potencia creadora, como repetición de un imposible; sino una estética como creación de un campo indefinido para la experiencia potencial, una política modulante, en tanto un modo de existencia con otros, al servicio de la estética y su devenir, un potencial estético intersubjetivo, que no se cierre sobre modos establecidos en la memoria, sino como posibilidad de un acontecerse indefinido, quebrando lo dado, no por metodología, sino por necesidad, la necesidad de reconocer la verdad insoportable que simboliza la visión dionisiaca, y a partir de ahí saberse soñador, un artista solar. Lo indefinido como el verdadero modo del Ser, lo inasible, que levemente se coagula en necesidades e intereses, para luego licuarse en su propio devenir, en tiempos y momentos kairóticos. La metáfora y la particularización perspectivista, muestra las cosas en contraste, en su relación con lo diferente, en su continuidad con todo, y su discontinuidad en tanto unidades. Inmanencia del significado, la sustancialización de la lógica, produce un alejamiento del mundo, hacia la construcción de dioses, de universales, que quita todo de su relación con lo más acá, sin accidentes, se purifican, se hacen ideas, pulsión de ensoñación, de alejamiento del terror terrenal.

Origen de la Estética en el campo científico y su pérdida de valor

Caso Benjamín

Benjamin presenta dos sentidos de Experiencia, uno como vivencia, inmediatez, como sólo el dato pasajero que ocurre; y la otra es más profunda, tiene que ver con una experiencia reveladora, con una relación con la Verdad.

Para la ciencia moderna la experiencia es lo que limita las pretensiones absolutas de la razón de conocer lo incondicionado, por lo que sólo queda la experiencia científica. Reduce la experiencia a la vivencia, al dato numérico, al burgués hastiado de vivencias. La realidad sensible es de rango inferior, la experiencia no modifica al sujeto, no le aporta nada, sólo muestra sus categorías para llegar a la certeza. El sujeto le pone a la experiencia transitoria, lo universal y necesario, por lo que la certeza es el sujeto, y el conocimiento no existe mas que en la petición de principio del cogito, ya que en realidad el sujeto no está.

La experiencia queda en la nada, porque las condiciones de posibilidad del conocimiento del sujeto son independientes de la experiencia. La experiencia de la modernidad es del rango más pobre posible, ya que no le aporta nada al sujeto. En realidad el “objeto” es un espejo del sujeto. El sujeto sólo es ese despliegue de lo universal y necesario, y queda en la nada. De modo que la modernidad vacía a la experiencia de todo lo cualitativo.

Para Benjamin la mascara del adulto, como figura del hombre desarrollado, es lo que hay que desenmascarar, porque se cierra sobre la experiencia del mundo económico, el progreso, la eficiencia y lo efímero; detrás de todo eso no hay nada. Es necesario una vuelta a la juventud, un renacer. La mayoría de edad es el dominio de la obediencia, la repetición. Se es libre obedeciendo la Razón, pero la Razón es una ficción de la modernidad, o más bien, una institución política (ya que ejerce poder, y este sólo se hace sobre los cuerpos). Benjamin ataca la historia dibujada sobre la línea del Progreso, que vacía a la experiencia, matematizando el tiempo y el espacio. La experiencia vivida y la científica, hacen del tiempo una sucesión de siempre lo mismo20. Éste vaciamiento del tiempo es una muestra del dominio científico y tecnológico sobre la naturaleza. La fascinación por la Ciencia y Tecnología como medios para el Progreso (siempre monetario), hace que los hombres sacrifiquen sus vidas, su experiencia vital y reveladora, quedando en la experiencia superflua y aséptica, el enamoramiento de la nada y a su vez de la matematización material.

No acepta la teleología de las filosofías de la Historia. Para Benjamin la experiencia es discontinuidad, no es sucesión continua, porque eso supone que suceden cosas iguales, sino que es disrupción, el acontecer de la experiencia reveladora y única, la eternidad que nos hace. La experiencia remite a otros, es comunicación. Donde hay experiencia en el sentido propio del término, ciertos contenidos del pasado individual entran en conjunción en la memoria con elementos del pasado colectivo.

Benjamín toma el tema de la narración como un ejemplo de experiencia vital; el narrador y los oyentes, son absorbidos por la experiencia de estar en la narración, van a un mundo estético, verdadero. Esto lo transmite la tradición. En este sentido la verdad es intuitiva, kairótica, sucede, se experimenta, no necesita del armazón de la argumentación para mostrarse. Ésta verdad remite al Ser, a Dios. En el momento de peligro, en la tensión de vida y muerte, es donde se da la experiencia, haciendo estallar al sujeto como identidad, como sustrato inmóvil. Es la experiencia en la que la conciencia no tiene que hacer, la conciencia del sujeto moderno sólo sabe ser consciente de sí, quedando en la nada. La conciencia alienada hace de toda experiencia, vivencia; quitándole la posibilidad de experiencia poética. La hipertrofia de la conciencia moderna, mas la vida calculada burguesa, ha contribuido con este achatamiento de la experiencia, la falta de sorpresa, de miedo, de una experiencia diferente, hace que el hombre se mantenga en el sopor de la angustia incesante, la angustia de la nada, del aburrimiento fatuo, la vida aburguesada. La conciencia constantemente alerta, contra los estímulos, sobresatura el hombre de tensión y atención, en un mundo frenético, en la sintomática del estrés. Poniendo todo acontecimiento en el lugar adecuado en la conciencia, en un tiempo, en un espacio, determinados, accesibles como dato informativo.

El relato del narrador, que tenia por esencia la repetición, al volver del pasado en nuevas formas de hacer, es atrofiado por la novedad frenética. La experiencia efímera de la información, produce vaciamiento de la tradición, nivelándolo a otra información, cayendo en la nada matemática de la pluralidad numérica. El contenido se siente como una masa sosa de vida, aburrida e indiferente.

Toda tecnología de información (los mal llamados medios de comunicación) nos retrae al desconcierto matemático, a la mecanización del ser hacia el mundo platónico (que no cayó en fábula, sino que nos cayó encima), el cual nos alejo de nuestra experiencia cualitativa, las experiencias que tienen sus propio, olor o imagen, que son tan propias e inconmensurables, que hasta la palabra experiencia, le queda chica. El existir en un Kairós, la situación epifánica, sólo intenta comunicarse por medio de la experiencia vital (si es que la “sujetamos”, en el sentido de subjetivizarlas, a “tener” “interés”), ninguna lógica lo podrá argumentar, ningún criterio medir. Sino que se “revela” (generalmente en el arte, pero se da en toda la experiencia vital del hombre, también en la ciencia, política, etc.), tanto en su creador como contemplador, ella se revela, se muestra, fluyendo en el frío espinal, en el estremecimiento.

¿Québurgués se estremece? El mas pesimista de los nihilistas yace distraído, yalguno reactivo cree hacer novedades.

La narración, el relato escuchado con nuestro oídos, visto con nuestros ojos, que no era sólo dato, sino que era el sustrato vital que une a los hombres y mujeres, un mundo que nos unía al narrador, lo narrado, nosotros, el lugar donde se narraba, la situación, todo eso era la tradición revelándose ante y en nosotros; pero está siendo alejada por la individuación del dato cuantitativo, del alejarse de todo lo natural; los sucesos los vemos, oímos, a distancias gigantes, nos relacionamos con los otros sin contacto alguno, perdiéndonos en y de nosotros mismos. ¿En que modo puede darse la tradición, o cualquier experiencia kairotica?

¿Cómo sentir, percibir el aura, si todo es ya, igual? Sólo vemos cantidades, percibimos números, res extensa. La falta de tradición nos aleja de las cosas, de lo que hace que sea algo más que una cosa (invención del estado nación, laico, y la imposición de la religión Científica, la mas ecuménica, universal y rapaz de todas; la cual es una institución política, no representa a la ciencia, ni la Razón representa a eso que hacemos cuando tenemos que aplicar una axiomática resolutoria.

En este sentido, me desviare un poco; la palabra cosa o experiencia, como otras, quieren generalizar, universalizar, y categorizar cada suceso, cada situación; y esto es parte de la matematización del lenguaje (suponiendo que todo lenguaje es metáfora, el numero y la lógica es un tipo de metaforizar) ¿No sería hora de variar, individuar hacia otros recursos estéticos? La noción de unidad y de igualdad que suponen estos recursos, es la visión unicista. Ninguna experiencia en particular entra en el grupo de experiencia, porque es diferente a todas, eso es lo indefinido, lo inefable, lo trágico por inasible. (El hombre y su búsqueda de seguridad a partir de la territorialización, la propiedad, el bien, anulación de la libertad).

El positivismo, con su progreso técnico, apunta a una emancipación ¿De qué? De las contingencias, del peligro, de las pasiones, de lo indeterminado, de la felicidad que tanto Kant aborrecía. Emancipado de todo, quedando en la nada.

El mundo tecnológico nos pone en el límite, llevándonos a una barbarie. La cual puede devenir en positiva o negativa. La negativa pone a la vida en manos de la técnica con la motivación monetaria, manteniendo la experiencia como vivencia, como matematización científica de las existencias. La positiva es como destrucción, para crear algo nuevo, un renacer, medido por la técnica, transformando lo humano, posibilitando y recuperando la vitalidad estética. La perdida de la experiencia, como eternidad en el instante, nos pone en la barbarie, y es en ésta situación, donde hay que transformar los shocks del mundo tecnológico en una nueva experiencia, en algo que nos lleve a lo sagrado, asumiendo las posibilidades que la técnica nos da.

La obra de arte siempre tiene una experiencia que dar, diferente pero manteniendo su propio ser. Ser no como certeza, sino como apariencia, y esto no es falsedad, sino como siempre diferentes formas de aparecer la verdad, en esta experiencia en que se funde uno y la obra, donde ya nada es, ni se mantiene, como antes. El arte como forma de experiencia es la posibilidad para experimentar el nuevo tiempo, para hacer que los shocks de la modernidad sean interpretados, y no perder todo como vivencia más, sino hacerlos experiencias, una nueva mirada estética de nuestro presente, dándole la posibilidad de que nos mire.

Sintomática de la alineación

El Relato/Existencial, los ethos recetados y permitidos, que se presentan como la Modernidad, se construye con herramientas desactualizadas, y un conjunto de ideas y sofismas, que no tienen que ver con el mundo y los otros en el presente contemporáneo. Motivada por una búsqueda de seguridad anclada en el mito del pasado, inmutable, y condicionadora del devenir, de la vida, y de la historia. Destruye la vida, cuando ésta es el devenir, la necesidad de una modulación con el mundo, una actualización, creando una armonía vital, entendiendo esto como un acontecer. La búsqueda de la forma- humana, la pregunta por el hombre, tiene estructura de la visión dogmática, porque busca una idea que sirva para encasillar seres, y por lo tanto, lo que no entre en esa idea,

lo no semejante, lo otro, lo no humano, será discriminado, sin valor.

Esto termina provocando un disociamiento en el sujeto, lo que le cuesta su individuación conciente; pero se intenta resolver eliminando una de las partes. Dejan de lado todo lo que no entra en la perspectiva racionalista dogmática en sus propios cuerpos, negándose a si mismos. Esto es una ocultación del Ser, como acontecimiento, como verdad/devenir. Los cuerpos no responden a si mismos, sino al imperativo implantado por la perspectiva dogmática, un autómata interior, la “conciencia racional”. El sujeto es el cuerpo ya visto a partir de una perspectiva, de un impulso apolíneo dado; y la individuación es la actualización de la perspectiva, el re-nutrimiento a partir del impulso dionisiaco. Con la perspectiva dogmática, el sujeto ya no se actualiza, sus potencialidades se niegan; el cuerpo visto a partir de la perspectiva dogmática es negado y separado de la Razón.

El disociamiento del sujeto se da a partir de una Conciencia formateada por el “deber ser”21, un cuerpo ignorado por la conciencia, al no tener herramientas que lo contemplen en su devenir e individuación. Esto se da por una falta de actualización, por el impulso dionisiaco que ha sido negado. Potencialidades negadas. Dándose sujetos conformados a partir de una perspectiva ajena, un formato común a todos. Hay una necesidad de axiomática resolutoria, interpretación de sí mismo ante lo diferente, respondiendo a una necesidad, corporal, cultural, e histórica.

“aniquilar las pasiones y los deseos por el mero hecho de evitar su estupidez y las desagradables consecuencias de ésta es algo que hoy nos parece una forma aguda de estupidez.”22

Es entonces que se da un cuerpo que no responde a sí, sino que responde a un autómata interior (la Razón como perspectiva ontológica impuesta) que tiene grabado los axiomas, las leyes e ideas que rigen la vida. Los sujetos conformados a partir de una perspectiva que no es creada por cada uno a partir del acontecer histórico; a la hora de relacionarse con el mundo, los otros y su propio cuerpo, lo hace con herramientas ajenas, impuestas, mira el mundo a partir de una ontología momificada; por ello es autómata, porque responde con los códigos de otro, de lo que aprendió, automáticamente, sin previa digestión de sus propias inquietudes y pasiones, que se las tiende a negar, a tapar, pero que luego estallan.

Esto provoca una política ajena, ética ajena, moral ajena, dieta ajena, sentimientos ajenos…

Es decir, tomar como autoridad y fundamento, del proyecto moderno, a una perspectiva greco-romana y judeo cristiana, distorsionada además para justificar la implementación de una domesticación ecuménica, que no responde al presente, ni de la modernidad ni el nuestro, dándose la visión dogmática del mundo, acontece la creación de un tipo de subjetividad que se desconoce a sí mismo, y que responde a una organicidad política, idealmente, porque la política sufre los síntomas que la muestran inútil; en detrimento de la sabiduría (en el sentido de un “conócete a ti mismo” como confluencia de Apolo y Dionisio), y que supone que hay un solo tipo de saber, que es el teórico.

El problema se da cuando esa identidad que quiere forjar la modernidad se le dan características ontológicas de atemporalidad y universalidad, llamándose Dios, o Razón, es decir la búsqueda de un si mismo universal. Transformándose en un formato común a todos, modos de existencia con mismas perspectivas, para que no existan ya sorpresas. Pero al dársele estas características ontológicas, la identidad deja de responder a la necesidad, a las contingencias históricas y de los cuerpos, volviéndose ajena.

1. ¿Entonces porqué el darse de la identidad a nivel existencial?

La identidad hay que entenderla como una forma de expresión de los devenires existenciales. El esencialismo dogmático nos encierra en una sola forma de expresarnos, que sirvió, pero al ser lo único, la existencia se llena de vicios (en el sentido de errores, de malas posturas, como la técnica errónea e inconciente que se puede dar en un músico), una forma de expresarnos que no se abandona en el momento del hartazgo, y por tanto cae en una pulsión de muerte. La necesidad de individuar en diferentes, individuos, identidades, es por el hecho de que devenimos poliformemente, por lo que nuestra autoexpresión jamás se acaba en una sola forma, sino que es necesario siempre ser-otro, otra cosa, para expresar esto que nos pasa. La identidad única responde a un alienamiento producido por la receta de la visión dogmática, pero nuestros devenires forman sus propios surcos, avanzan por tierras inacabables, y se despliegan y vuelven a plegar según su geografía existencial, los devenires exigen expresión, las corrientes dionisiacas exigen apolonizarse, pero a su manera, en relación a su meta-estabilidad.

Por lo que no es que se individúe de una identidad a otra de manera lineal, sino más bien perderse en un océano de almas que somos, y devenir según el interés corporal, no el de la inconciencia, la conciencia es un síntoma, producto de toda una individuación orgánica, es algo que acontece con cierto tipo de estructura energética, de organizar potenciales e información; ergo, dentro del interés corporal, la conciencia debe ser el que haga el manejo de gestión energética. El modo de existencia que nos provea alegría, y una apertura a nuestra potencia, a nuestra libertad, es el eterno indefinido. No como una exigencia que uno debe hacer (lo cual sería esloganear), sino como realidad ontológica, un saberse de su ser nómade, deteniéndose en oasis, en estaciones, en identidades, perderse en pueblos/esencia, y experimentar su alegría y su tristeza, y en el aburrimiento continuar nuestro eterno viaje, el viaje de la individuación.

2. ¿Cuál es el espacio de libertad, de líneas de fuga? Todo lo que es mecanismo, es lo ya pensado y repensado, lo que se le ha dado Ser y se estratifica, lo teorizado. ¿Cómo ser libre, como ser de otro modo si toda línea de fuga se territorializa, donde todo dispositivo consume las vanguardias? ¿Como y qué individuar si lo dicho nos aterra, nos limita? Varias interpretaciones de éste tipo de filosofías muestran al poder instituido como algo tremendo de lo cual no se puede escapar, siempre se es dentro de un rizomatico mundo de poder, condenados a nuestro presente.

Todo lo que un filósofo dice, siempre es menos que a lo que se refiere. El ámbito de lo dicho, de las palabras, de la enunciación, limita, demarca, y por lo tanto siempre hay un “algo” que no entra, que no se dice, y a su vez un ámbito que si entra pero es inconmensurable para el poder de las palabras, de ahí la necesidad del lenguaje enigmático de la música, de la poética. Ahí es. Lo no dicho, lo que las palabras no dicen, pero a lo que intentan referirse, ese segmento inasible, es el no lugar para ser, para crear modos de existencia.

Y esto con lo dicho, pero a su vez inasible, además está todo el universo de lo que ni siquiera nadie se ha podido referir. En esas grietas del pensamiento, del Logos, esas grietas de lo inexplicable; donde siempre se asoma la divinidad, es donde está la individuación, la potencia total.

Pero la cuestión no es hablar por hablar, contar algo, agradecer y cajonear. La cuestión de una Paideia que ha hecho del hombre occidental un sujeto escindido, un ser que se niega a sí mismo por una ilusión fantasmagórica, que imposibilita lo otro, porque lo otro no existe, lo otro no está dentro de las teorizaciones porque conviene que sea así, ya que la falta de reconconocimiento en algo hace que lo veamos ajeno y por ende pasible de dominar. Lo que no entraba dentro de la Paideia se llamó irracional, y por lo tanto, inexistente. Cualquier tipo de información que problematizara esto se sabía que venia del cuerpo, de las inquietudes que nacen de la mínima reflexión, del acercamiento al abismo dionisiaco, el deslumbramiento estético; y por supuesto todo lo que el cuerpo diga no tenia sentido.

Pareciera que esclarecer esto, por el hecho de esclarecer, fuera una forma de critica típica de la modernidad, y puede ser; pero en realidad la lucha mas encarnizada está con los que no quieren soltar ésta ilusión, porque el espanto que tiene el hombre teórico al ver lo dionisiaco, es el del reconocimiento y el horror a ese desvanecimiento que también él siente, pero lo insoportable que da al no simbolizar, le pide el sueño que se le enseño (conductualmente), como un gran carnaval de mascaras, que ocultan siniestros rostros desfigurados, informes y poderosos, pero que son nada.

El giro dionisiaco del siglo XX23, el caos, la voluptuosidad y la muerte, llega al despedazamiento del sujeto, al evidenciarse la falta de valor de sus postuladas características intrínsecas, el reconocimiento de otro lado en las personas, otro lado incompatible con la idea de sujeto, primeramente, la inexistencia del dualismo. Sueño entre los sueños, y recogiendo sus pedazos, tratan de revivir por partes, en una autopsia filosófica, sus órganos ¿Dónde está la causa, el error, su enfermedad? ¿Como vamos a vivir sin él?

Nihilismo como síntoma y momento ontológico

Sin fe, sin perspectiva, sólo nihilismo. El hombre no tiene mundo, ni horizonte, no hay tiempo ni espacio, no hay reflexión, ni ética ni estética, sólo inercia, deja la humanidad para ser sólo animal. El nihilismo no construye nada, por eso vive en la nada, lo único que no hay de nihilista en esto es el piloto automático de sus órganos, ellos viven y sienten el mundo, pero sólo es animal, o quizás algo menos, sin espíritu, ni voluntad.

En vez de ser sólo mente, al negar el cuerpo, termina siendo sólo animal, pero animal de corral. Dado que el valor del contenido de la mente cae en la nada, y el cuerpo ya previamente desvalorizado, queda sólo en sus funciones no concientes, ni vitales.

Desesperación. Para el Existencialismo, la extrema libertad. La nada es una prisión, o un desierto. El hombre puede ir a donde quiera, pero antes debe crearse un camino, vive sobre el tiempo, no sobre el espacio. Hay un anhelo de comodidad porque le digan cual es el plan a seguir, pero ya nada le convence.

El nihilismo de la cultura contemporánea no es sólo crisis de los valores y ausencia de trascendencias compartidas, es también el hecho de que el actuar del hombre24 no se enardece más entre los dos polos de la tradición y de la revolución, sino que se queda atornillado en la limitada perspectiva del aquí y ahora. El sujeto queda deconstruido, y es incapaz de sostener el peso de la tensión entre historia y utopia. Entonces su proyección queda aplanada contra el presente.

El hombre es un “animal incompleto”, está desprovisto de un instinto seguro que guíe su comportamiento y sus acciones. Experimenta las situaciones de la vida como problemas, encontrándose expuesto a la libertad de tener que inventar el mundo de sus posibilidades, que se abre entre dos extremos igualmente peligrosos, la espantosa naturaleza de sus pulsiones y la falta de límites de su raciocinio. Una situación creada por la modernidad, ya que inventa estos dos extremos, con características diferentes y excluyentes.

La sociedad actual no es completamente nihilista, no ha renunciado todavía a la voluntad de imponer un sentido totalizante a las cosas, no sabe aceptarlas en su desnudo y crudo devenir.

La crisis espiritual es una crisis del hombre clásico europeo, nacido en el mundo burgués. Él había creído realizar el animal racional, en el que la razón triunfante había domesticado definitivamente al instinto, y la felicidad neutralizando las pasiones. En cien años se hicieron tres llamados a esta civilización, Marx, por debajo de las armonías económicas, reveló la lucha sin cuartel de las fuerzas sociales profundas; Freud descubrió bajo las estructuras psicológicas la marmita de los instintos, y Nietzsche anuncia el nihilismo en Europa, a partir del cientificismo y la muerte/autopsia de Dios.

Este mundo desesperado tiene a sus filósofos y escritores hablando del absurdo y desesperación, tiene sus masas menos estrepitosas. La desesperación suma, dice Kierkegaard, es no estar desesperado. El reino de la mediocridad satisfecha es la forma moderna de la nada. La radicalización del preguntar filosófico, que todo lo atropella y todo lo consume, produce, por un lado, una aceleración de la disolución, un potenciamiento del nihilismo. Por otro, en la consumación de tal disolución, el pensamiento se abre a la expectativa de lo completamente diverso, a aquello que está radicalmente más allá de cuanto ha sido disuelto. La deconstrucción de los conceptos y los teoremas de la filosofía tradicional tienen como resultado la apertura a la problemática de lo sagrado y lo divino. El preguntar es puesta en cuestión, pero también la búsqueda, la disolución y la espera, conducen a aquella nada que es la purificación extrema de la finitud y el despojamiento de todo para permitirle acceder a lo divino.

Nietzsche menciona diferentes formas de aparecer el nihilismo, Nihilismo negativo, como destrucción de evidencias y certezas del sentido común por parte del idealismo. Nihilismo incompleto, el cual destruye viejos valores, pero los nuevos ocupan los mismos puestos, conservando su carácter ideal. El nihilismo positivo como destrucción filosófica de todo presupuesto y todo dato inmediato; nace de un ejercicio híper racionalista, al punto de darse cuenta, es decir, ser conciente, de la nada en tanto contenido existente que sirva de fundamento, y se sirve de su mismo raciocinio, para crear nuevas formas de entender esto que nos pasa; esto es una axiomática resolutoria, una confluencia entre Apolo y Dionisio, al fabularse nuevas formas por la necesidad de súper-vivir sobre este devenir, esta verdad insoportable. Crea una nueva posición de valores, basada en el reconocimiento de la voluntad de poder como carácter fundamental de todo lo que existe. La voluntad de poder en el sentido del devenir que es, y que se expande, que es la vitalidad, información, energía, y que según su necesidad de reconcentración, da valor a las cosas que tienen que ver con su armonización con el mundo, para su expansión energética, vital. El súper hombre es el que supera al hombre tradicional, abandonando las actitudes, creencias y los valores viejos, y tiene la fuerza de crear nuevos.

Para Nietzsche la decadencia está caracterizada por la disolución fisiológica del organismo y por la disgregación de las partes que se separan del todo y se vuelven independientes de éste. El fenómeno de la decadencia es igualmente necesario en cuanto surgir y progresar de la vida, no está en nuestro poder eliminarlo. La Razón quiere, por el contrario, que se le reconozca su buen derecho. El nihilismo no es una causa, sino sólo la lógica de la decadencia, un síntoma.

El nihilismo devela que el de devenir no apunta a nada, al contrario de un devenir

organizado, con fin, unidad y verdad. No se lo domina con un principio unificador, es puro azar y caos. La Verdad cae al no tener el devenir ni fin ni unidad. Prohibición psicológica de creer en un mundo verdadero. Superación del nihilismo mediante la existencia experimental del artista. Ya no existe el Hombre (como ideal moderno), sino sus síntomas.

La única posibilidad de resistir el avanzar del nihilismo es erigir un baluarte interior, en defensa de los raros oasis de libertad que quedan en el desierto que avanza. Estos oasis (el Eros, la amistad, el arte, la muerte) son el territorio selvático de la interioridad, en el cual el individuo se retira, acorazándose contra todo ataque dirigido a su inviolabilidad, resistiendo contra los llamados de las iglesias, contra las amenazas del Leviatán, contra los engranajes de la organización, y trata de mantener el equilibrio en el vórtice del nihilismo.

Hay que tener una actitud filosófica que no elimine ni intente torpemente reconducir a la unidad la fragmentación de lo real, la irreductible diversidad de los juegos lingüísticos y las formas del saber, ni tampoco padecer todo esto como una circunstancia inevitable, sino que lo acepte como característica esencial y positiva del mundo contemporáneo.

Pluralidad de formas de saber, actuar, de los sentidos de los mundo vitales, subrayando a partir de tal pluralidad, no la posibilidad de la compactación y la unificación, sino el potencial de la fragmentación, de la conflictividad en incluso de la inconmensurabilidad.

Igualmente los únicos que necesitan orientación, y que con el nihilismo se pierden son los filósofos, la plebe vive por inercia.

Nihilismo y técnica

Nihilismo: consecuencia de dar valor de realidad a los conceptos, pasa de dar valor de uso, lo que carnaliza el concepto; a valor de cambio, se pierde el criterio, lo que respalda el valor; es decir, la fe, la confianza en su utilidad vital.

El nihilismo es y no se puede ya juzgar moralmente, en la conjunción del tercero excluido de Aristóteles, es o no es; al descubrirse el desfondamiento del ser sólo queda el no ser, por lo tanto el nihilismo no es sólo una cuestión psicológica de los seres humanos, como aparece en “La Voluntad de Poder” de Nietzsche, sino que es la reducción de todo lo que era a la nada (lo que era, es el SER en pasado, se revela que el SER es una ficción, el tema es el status de realidad vs. utilidad). Desde la visión de la metafísica tradicional estamos en la nada, en todos los ambientes, y a pesar de que Heidegger en Ser y Tiempo no hable de nihilismo como Nietzsche, reconoce que el ser como presencia cayo en la nada, y todo lo surgido en él, todo conocimiento de la cultura occidental, termina siendo nihilista. Por lo tanto el nihilismo debe aceptarse como un momento en el destino del Ser, y yendo a una superación del Ser como presencia (o como cosa/sustancia), ya que cayo en la nada (inutilidad) para llegar a nuevos valores, en el cual la inmovilidad de la Nada y sus estructuras ontológicas dejen su preeminencia para llegar a un ser como Evento, como devenir donde el hombre acontece históricamente, donde el tiempo realmente devenga, en el cual pasado-presente-futuro no se diferencien más que en la relatividad lingüística; una verdadera relación con el tiempo, una interpretación del Ser como tiempo, un siendo; es un horizonte lejano aún, y dudoso tal vez, ya que el destino del Ser es inconcebible, pero en el cual el hombre puede moverse sin sentir la nada atragantada en su vida.

En Nietzsche el nihilismo se refleja en el hombre perdido, ya sintiendo la nada, encontrada por las nuevas corrientes filosóficas que empiezan a reconocer el devenir, y a su vez, la fragilidad del Ser de la metafísica, la muerte de Dios es el símbolo de que todo se resume en la nada, que la concepción de presencia, de atemporalidad, ya no tiene sentido; no solo cae en la nada la existencia del hombre, sino todo conocimiento a partir de él mismo.

El poder destructivo que adquiere el hombre nihilista, junto con el crecimiento de las ciencias naturales y la técnica, hacen que el Ser pierda su valor frente a la pretensión del sujeto, y por lo tanto es reducido a valor de cambio, por ésta pretensión del sujeto, que a su vez encierra la contradicción de “ser” sujeto pero a su vez el “ser” no vale más que nada. El valor ontológico del Ser, en un sistema monetarista como el que se forma, es el del dinero, valor de cambio, reconcentración de la utilidad en el capital, potencia en si misma.

Vattimo pone el ejemplo del marxismo como un intento de política científica que todavía tiene esperanzas de reapropiación, de búsqueda de un fundamento para la vida humana. “La sociedad socialista fue concebida como una sociedad en la que el trabajo se libera de sus caracteres de alienación porque el producto del trabajo, sustraído al círculo perverso de la mercantilización, mantiene con el productor una relación fundamental (pero cuanto más se esfuerza esta des-alienación del trabajo en huir de la idealización de la producción artesanal y “artística”, tanto más debe definirse en términos de complejas mediaciones políticas que terminan por hacerla problemática al revelar por fin su carácter mítico).”25

Ésta contradicción, donde la ciencia destruye al Ser, pero a su vez necesita del sujeto epistémico, contra el sujeto humanista, provoca un debate sobre, concretamente, el lugar del hombre en el Ser; o es un animal sujeto al determinismo de la naturaleza, causado, y concatenado a los nexos causales del entramado racionalista del Ser, o es un ser privilegiado por la autonomía y libertad, siendo in causado, trascendental. Pero éste sujeto libre muere al morir Dios; el desfondamiento del Ser se ve en Dios pero también en el sujeto divinizado, y la ciencia se queda con un sujeto epistémico, que en realidad, no es el hombre, sino una comunidad científica, fomentada por intereses de mercado, ya nihilistas, y por lo tanto, justificando cualquier accionar; principalmente por que, aunque el conocimiento no se sostenga sobre un sujeto trascendental, la verdad se sostiene sobre sí misma, al manifestarse en los cambios en el mundo por la ciencia y la técnica; ya no necesitan una Verdad como presencia, sino como evento, como suceso. El valor de las conceptos ideas y demás se da por su utilidad, la utilidad sólo se juzga en el acto en que sucede, no necesita de otros conceptos o ideas para que tenga sentido su verdad, sino que la relación con el contexto le de su verdad (es el lenguaje quien necesita de otros conceptos para armar la red persuasiva). Ya no que una idea sustente a las otras, sino que la utilidad en la relación herramienta/mundo le de verdad. No hay jerarquización ni servidumbre entre las ideas y conceptos, sino una relación simple entre un problema vital en un contexto, y la herramienta, su utilidad para resolver ese problema es la que le da su valor.

De manera que el proyecto de reapropiación queda en la nada, sin Dios cristiano, filosófico, o sujeto trascendental. La búsqueda de la verdad disolvió los fundamentos de un Dios, y la inexistente unidad del sujeto. Mundo real y aparente pierden sentido y realidad. Esto Nietzsche lo muestra en cuatro tesis.

“Primera Tesis. Las razones por las que se ha considerado que “este” mundo es aparente constituyen más bien el fundamento de su realidad: cualquier otra forma de realidad resulta totalmente indemostrable.

Segunda Tesis. Las características que son atribuidas al “verdadero ser” de las cosas son precisamente rasgos distintivos del no ser, de la nada; el “mundo verdadero” ha sido concebido a base de contradecir al mundo real. Ese presunto “mundo verdadero” es en realidad un mundo aparente por no ser más que una ilusión de óptica moral.

Tercera Tesis. No tiene sentido inventar fábulas respecto a “otro” mundo distinto a éste, siempre y cuando no estemos movidos por un impulso instintivo a calumniar, a empequeñecer, a recelar la vida. En este caso nos vengamos de la vida imaginando con la fantasía “otra” vida distinta y “mejor” que ésta.

Cuarta Tesis. Dividir el mundo en “verdadero” y “aparente”, ya sea a la manera del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en último término, un cristiano perverso), no es más que un índice de vida descendente. El hecho de que el artista valore más la apariencia que la realidad no represente una objeción a esta tesis, habida cuenta de que en este caso “la apariencia” equivale aquí también a la realidad, sólo que seleccionada, reforzada, corregida. El artista trágico no es un pesimista; afirma todo lo problemático y terrible; es dionisiaco...”26

El Ser al dejar de ser valor de uso, dejar de tener su valor como fundamento primigenio, como origen y fin de todo transcurrir del tiempo, pasa a ser valor de cambio, un valor que se dispersa en el universo de equivalencias universales, donde todo fundamento no vale más que nada; esto provoca que nada valga más que otra cosa, todo cae en un relativismo nihilista. El Ser eurocéntrico pierde su eje, resaltando otros valores de diferentes pueblos y etnias; valores de culturas marginales, culturas populares, vanguardias artísticas, académicas y no académicas; todo esto ocurre también en el mismo continente europeo, donde la luminosidad de este Ser eurocéntrico obnubilaba y simulaba una unidad de valores en su propia geografía; cosa que en el transcurrir del siglo XX se devela como ficción y multiplicidad.

En esta situación, en éste acontecer del estar en el mundo, se da como un estar arrojado en la nada. Pero a su vez, la tradición, la historicidad humana, mantiene cierta nostalgia de reapropiación, esperanzas de fundamentos, que cada vez duran menos.

El carácter efímero que empieza a tener todo, todo fundamento se desvanece en sus propios principios, hace de que la ciencia y la técnica, sean grandes negocios para las potencias capitalistas, veladas por discursos momificados de la modernidad, como el discurso científico de búsqueda desinteresada de la verdad y discursos seudo humanistas, donde el ideal tecnócrata nos embeleza con esperanzas de paraísos tecnológicos. El nihilismo hace que el extremo potencial de la ciencia y la tecnología, crezcan sin forma, bajo el supuesto de la dominación del Ser, que a su vez mantiene el anti-vitalismo de una metafísica demacrada. Crece imparable sin proyectos, sólo por el pulsional poder de un hombre suelto en el mundo sin dioses, en el que todo esta permitido, en un caos ordenado por Tanatos.

Aquí el nihilismo no se manifiesta como estado psicológico, sino como disolución de la presencia, y por lo tanto del mundo verdadero que se convierte en fábula, en un mensaje de una tradición que queda en la nada. De éste modo el mundo del valor de cambio se da como narración, como relatos de los medios de comunicación, multiplicándose los mensajes, los discursos, donde nada vale mas que nada, nada es verdadero, donde el Ser se disuelve en el discurrir del valor.

Es así que el nihilismo es la forma en que el Ser se da, se da como negación de la presencia, en la disolución del objeto y el sujeto, donde el hombre ya no reconoce seres, sino el evento, la aparición del Ser. Es un momento de despedida de la reapropiación, de la búsqueda de fundamentos, y saltar al abismo del Ser, a la transapropiación con el Ser, a su disolución en valor de cambio, en fábulas, mascaras, y recibir a la técnica como fábula. No ver a la técnica ni como medio, ni como ese mito deshumanizador, ya que ambos son manifestaciones de fábulas pasadas como verdad, en el sentido de presencia. La realidad sumida en la nada, la imposibilidad de fundamentos ideales para el conocimiento, para le ética, para la estética, nos obliga a entendernos dentro del nihilismo acabado, para vivir una experiencia fabulizada de la realidad, sin límites teóricos, ni fundamentos anti-vitales; la ficcionalización de la existencia es la única posibilidad de tener el mito de la libertad.

El desvanecer del Humanismo teológico

Con el advenimiento del nihilismo, todo lo que se conoce se hunde en la nada. Todo fundamento se resquebraja sobre sí, disolviéndose en la nada, y ya ni la teatralización de estos mitos en la vida cotidiana soportan éste abismo. En éste sentido la muerte de Dios provoca la muerte del humanismo27, del hombre. El sujeto aquí aparece como el sostén de la metafísica moderna. En Descartes, Dios, a pesar de ser el ente creador, se demuestra posteriormente al cogito, por lo que el origen no es Dios sino el Sujeto. El antropocentrismo es argumentativamente anterior a Dios28. A su vez éste mismo sujeto es el privilegiado por su autonomía, libertad y responsabilidad; en esto igualmente hay que agradecer a la impronta cristiana con la cuestión del libre albedrío. Todo conocimiento se da a partir de éste sujeto, él es el que conoce, él es el mundo ideal, para ello debe mantenerse como unidad. Las ciencias naturales empiezan a tomar al hombre como objeto de estudio, pero gracias a la dicotomía espíritu/carne el sujeto se salva en el espíritu. Lo controversial es que para acceder al mundo natural se necesitan de los sentidos, es más, toda ciencia natural no es más que la potenciación de los sentidos y su estudio. El sujeto se hace objeto, y esto provoca que la unidad de éste se resquebraje, el mundo ideal se torna demasiado complicado de explicar, pero a su vez la ciencia no deja de expandirse sin necesidad de saber o no si hay sujeto. La realidad de la ciencia y la técnica se funda en la nada, no necesita fundamentos ideales, sólo se impone en el mundo, y su verdad es más palpable que cualquier fundamento ideal, es por eso que se dan de manera nihilista. En el plano político, se mantienen la religión laica, que sirve como relato fundamentador, para dar sentido a sistemas políticos hipnotizantes, que mantienen la alineación de la creencia en un Hombre, que de por si es un invento; para así asuman sus roles, como esenciales al ciudadano/hombre, y devengan engrane creyente en su libertad.

Este sujeto desmembrado produce una declinación del humanismo. Ya no puede afirmarse en una posición central en la historia del pensamiento. Esta crisis del humanismo es planteada como una consecuencia del hombre centrado en la ciencia y en las facultades productivas, en un proceso de racionalización, llegando al plano de la organización social y política. La cuestión es que tanto el humanismo como la ciencia técnica moderna, se sostienen epistemologicamente y ontologicamente en el sujeto moderno, a pesar de que la ciencia y la técnica no necesitan la fundamentación de un sujeto, lo utilizan, estudian al mundo como objetos, y plantean la dominación del Ser desde una posición antropocéntrica. Se puede ver así que intentan poner al hombre en exclusivas; formadas principalmente en el Renacimiento. A su vez fundamenta el inicio del individualismo, y la moral individual, la firma del artista, el autor del libro, el propietario. Por ello es el Sujeto/Hombre quien da valor al conocimiento científico, y no Dios. El humanismo es religión. Este humanismo es fundamento tanto de la ciencia, como de la política moderna en su totalidad, de izquierda a derecha, desde el marxismo hasta las modalidades del capitalismo, su sostén religioso es el mismo.

un posición divina, como una sublimación del humanismo. Igualmente hay intentos de restaurar el humanismo, de reapropiarse de sus fundamentos, pero no es más que nihilismo reactivo; buscan todavía terreno en el mundo ideal, para que lo ocupe el sujeto, y así mantener el estatus trascendental. Pero los terrenos del mundo ideal se han devaluado lo suficiente, y en su tierra no crece más nada, sólo muerte.

A pesar de ésta desintegración de la trascendencia, la Metafísica deja su racionalismo plasmado en la técnica moderna. El Ser como presencia se desbarata, pero la técnica moderna mantiene ciertas estructuras ontológicas en su concepción de realidad causal, donde la causalidad presupones objetos, causas y efectos, relaciones lineales y por ende entes atemporales, en base a la razón que se supone del sujeto.

El problema es que el hombre en su pretensión racionalista de dominar el Ser, discurre en nihilismos, transformando la realidad por medio de la técnica, en un mundo que no tiene ideas para adecuarse a estos cambios, el Ser como valor de cambio, la falta de fundamentos, hace ininteligible el accionar técnico. La ciencia y la tecnología se afirman en su objetividad, neutralidad y desinterés, pero es encausado, dirigido por los intereses de sus mecenas. Al no haber fundamentos, la ciencia y la tecnología producen para el engordamiento monetarista, el Ser se disuelve en capital, sólo se dirige por el devenir de las vísceras. En el nihilismo, al desaparecer el mundo ideal, las ideas pierden su valor, pero se mantiene la dicotomía mente/cuerpo, donde la mente “es” y el cuerpo “no es”, pero como lo que “era” se disolvió, sólo quedo el “no es”, o sea el cuerpo. Es así como el racionalismo cae en el poder de las pulsiones exacerbadas del monetarismo; un mundo en el cual la técnica multiplica riquezas, pero éstas se dan en la corruptela de hombres nihilistas. Pero de que corrupción humana se puede hablar, si no hay ya fundamentos que corromper, ese es el imperativo.

Es en esta época donde el ser humano nada en un mar muerto de valores, nada vale más que nada; sólo hay soporíferos de nihilismo reactivo, pero el actuar del hombre ya no se enardece ni por un pasado glorioso, una tradición, guiado por una historia monumental, o un proyecto utópico, un romanticismo revolucionario; el hombre sólo tiene momentos encerrándose en el vórtice del nihilismo, un pequeño oasis en medio del desierto de valores. Es el mundo del vivir el presente, sin perspectivas, pero a su vez con el tormento de la nostalgia de imponer sentido al mundo. La crisis espiritual se da por la suposición de que el hombre domina el Ser, pero el hombre se desnuda y se muestra vacuo; sin que él pueda ser un sentido en sí mismo. El hombre siempre necesitó de algo mas que lo definiera, era una esencia alienante del hombre; pero el nihilismo es el momento del destino del Ser, en el cual el hombre desoculta esta verdad, y estará perdido hasta darse cuenta de que no hay fundamentos que lo definan, por lo que no le queda otra que el nihilismo, lo cual lo obliga a un movimiento apolíneo, a salir del nihilismo; creando nuevos valores vitales, resolver problemas existenciales, fabulando herramientas, conceptos, ideas, perspectivas.

“Se dejo de saber que era el hombre, y llegado a pensar que no existe una naturaleza humana. El juego de ideas ha dado su obra maestra en el sistema de Hegel, que sella el fin de la filosofía, allí donde la filosofía no es sino una arquitectura sabia para ocultar nuestra angustia. La alienación religiosa que se fue anexando al Dios de los filósofos y de los banqueros, nos autorizó a proclamar la muerte de Dios. Que las guerras dejen un poco de respiro al milagro técnico, y en seguida atiborrados de comodidades, podremos proclamar la muerte de la felicidad.”29

Es así que el nihilismo se da como momento ontológico, como parte de la superación del Ser como presencia. La trascendencia venida desde la Metafísica, y el humanismo, se disuelven en la inmanencia, el sujeto en el objeto, el hombre en la técnica. De manera que la conciencia no sujeta al objeto, la conciencia misma cae como mito, como el supuesto sostenedor de los caracteres trascendentales de la subjetividad, ya no más libertad, responsabilidad, autonomía, y ese ojo trascendental que nos llevaba al conocimiento. La objetividad se pierde, la neutralidad se desenvuelve en el interés, en el gusto. El hombre en su finitud develada, en su imposibilidad de alma, de presencia en su conciencia, cae en lo desconocido de la nada. La imposibilidad de presencia en el hombre imposibilita la certeza indudable, ya todo lo que se conocía cae en la fábula, todo termina siendo ficción.

Sócrates al decir “sólo se que no se nada”, no hablaba de su ignorancia, sino que imponía el hecho de la existencia de algo que hay que saber, de algo que ES entendible, comprensible racionalmente, de manera que pone el colador de lo que es posible saber, es decir lo que tiene entidad, quitándole a la sabiduría su base somática, pasional (luego Eurípides hará lo mismo con la tragedia). De manera que se revela que no hay nada que saber, no hay un algo para saber, el saber no sabe entidades, el saber es saber útil (sabiduría); conocer es conocer cosas, entes, lo cual es jugar a metáforas (filosofía, lo que hacen los amantes de la sabiduría, algo así como un club de fans de los sabios, pero que nunca lo serán30 ).

El Ser como presencia fue parte del destino del Ser, creación de una abstracción matemática sublimada, o mejor dicho, de una sublimación del deseo de seguridad; pero es ahora que se da el olvido del Ser como presencia para pasar a evento, acontecimiento. En este sentido los esfuerzos de reapropiación de fundamentos, el intento de defender al sujeto de su propia disolución, caen en la impotencia. No queda más que aceptar el momento histórico en el que se da el olvido del Ser, y empezar a escuchar el llamado, la provocación que da la técnica hacia la desocultación, superando la crisis humanista y metafísica, y viendo en esto una nueva forma de relacionarnos con el ser, como evento.

El tiempo vital en el sujeto escindido

Política y su polaridad relato/intención

El sujeto escindido a su vez devela nuevas formas de padecimiento, de alienación, de extrañamiento de si, de que una parte del sujeto sienta extraña a la otra (el cuerpo a la conciencia y viceversa).

El sistema monetarista se aprovecha de esto, desde diferentes discursos; ignorando retóricamente la alienación del trabajo, como es en la ética del trabajo; o denunciando esta alienación, como causa y a su vez destino del hombre. Con retóricas modernas mantienen este disociamiento del sujeto para aprovecharse de él, y hacer de ello un gran negocio. En el devenir de la modernidad, se va del trabajo alienado, al ocio alienado.

La fabulación de la subjetividad que se dio en la modernidad, se ha centrado en diferentes mitos, el cual uno de los más importantes es el trabajo; y luego en la llamada postmodernidad, se centrara en el consumo. Esto se debe a un cambio en las tecnologías, y la forma de domesticación de los sujetos, y a aprovechar el tiempo no productivo, para que se condicione hacia el consumo; de manera que el tiempo vital del sujeto este totalmente aprovechado para el rédito económico.

El acontecer de la Modernidad y el sujeto trabajador

Durante el siglo XVIII se dieron ciertos acontecimientos que resultaron en un quiebre histórico, inicio de, en términos de Bauman, la “Modernidad sólida”. Las bases de lo ocurrido empezaron unos siglos antes. La Iglesia perdía poder por diferentes ámbitos, y se transformaba en un enemigo común. Desde el lado económico las incipientes burguesías empezaban a tener un poder económico que pronto se plasmaría en un espacio político; desde la filosofía empezaban las discusiones sobre teoría política, que no sucedía durante la hegemonía eclesiástica; a su vez la filosofía científica empezaba a dar nuevas respuestas e interpretaciones de mundo. Es así que en el siglo XVIII se dan acontecimientos que solidifican la búsqueda de un nuevo poder y saber. La burguesía junto con la filosofía científica, con tendencia mecanicista, forman una alianza que explota en la Revolución Industrial; a su vez el cuestionamiento al poder de la nobleza sustentado en la Iglesia, se da tanto por nuevas filosofías políticas junto a la nueva burguesía sin raíz noble, que se ve plasmada en la Revolución Francesa. En este contexto histórico comienza la llamada Modernidad Sólida, pero también es el comienzo de un nuevo entramado entre poder, saber y subjetivación, empieza a tener preponderancia el Dispositivo Disciplinar, en palabras de Foucault. Es un período caracterizado por una filosofía sostenida sobre la idea de Sujeto y Razón, del poder y dominación sobre la naturaleza, la voluntad y el progreso. La nueva burguesía iba tomando el poder, con un discurso creado en bases de la nueva filosofía utilitaristas junto al positivismo, formándose los nuevos estados nación, con la idea de civilización, a partir de nuevas formas de producción, la fábrica, la industria. Dentro de éste dispositivo disciplinar toda la sociedad, similar a su modo de producción fabril, se dividirá entre controladores y controlados.

En relación a la cuestión de la construcción de las subjetividades, el discurso principal es el de la Ética del Trabajo, que sería el relato subjetivador, la paideia como herramienta de manipulación vital, durante más de 150 años y sostén del nuevo capitalismo. Éste discurso se basaba en que para vivir y ser feliz hay que dar algo para que nos den y que es dañino conformarse con lo conseguido. Es así que se toma al trabajo como un valor en sí, y el cual se debe seguir aunque no haya un fin que cumplir. Esto se sostiene en la creencia de que la gente tiene una capacidad de trabajo que vender y que puede ganarse la vida con ello. De manera que el trabajo será el estado normal del ser humano, sólo el trabajo reconocido por los demás tiene valor moral. La Ética del trabajo, plasmada con el discurso del Progreso, intenta mantener el deseo del trabajo constante, más allá de que la industrialización liberó al hombre de muchas actividades dentro de la producción.

Es así que un nuevo modo de producción necesito un nuevo discurso, que en la práctica aconteció como una cruzada moral, la cual era hacer trabajar al obrero, como en la época preindustrial lo hacia el artesano de manera espontánea, haciéndolo creer que tenia mas dignidad y honestidad que este ultimo; pero se da una diferencia ontológico- existencial entre ellos, la alienación, tema central en la discusión filosófica del siglo XIX. “…es un trabajo forzado. No es la satisfacción de una necesidad, sino sólo un medio para satisfacer otras necesidades.”31. Esto se da porque con la Ética del Trabajo iba la ética de la disciplina, la cual implicaba la renuncia a la libertad, y la división en la integridad del sujeto. Éste nuevo trabajador se ve alienado porque se lo divide, se lo trata como autómata, enseñándole a actuar y a no pensar; en cambio el artesano trabajaba con todo su ser, teniendo orgullo y creatividad, en palabras de Marx, el artesano se realizaba en su trabajo y era parte del Ser Genérico. “…es sólo un ser con conciencia de sí, es decir, su propia vida es un objeto para él puesto que es un ser genérico. Sólo por esta razón es su actividad una actividad libre. El trabajo enajenado invierte la relación, en tanto que el hombre como ser con conciencia de sí hace de su actividad vital, de su ser, sólo un medio para su existencia.”32. La racionalidad instrumental se alza dominando la experiencia vital, sometiendo al cuerpo, automatizando al hombre mecánicamente, como un engranaje más; de manera que el producto producido por el trabajador no es una realización de éste, ya que éste renuncia a su identidad cuando trabaja.

“La ética del trabajo era uno de los ejes en ese amplísimo programa moral y educativo, y las tareas asignadas, tanto a los hombres de pensamiento como a los de acción, formaban el núcleo de lo que más tarde se llamó, entre los panegiristas de los nuevos cambios, el “proceso civilizador.”33

Se revela esta ética, ya no como ética, porque los trabajadores no debían reflexionar moralmente, sino ser manipulados por la situación, contar con su integridad moral era darles libertad, pero el trabajador no debía poder elegir. Eran irrelevantes los sentimientos de los hombres con respecto a sus acciones. La prédica de la Ética del Trabajo requería una elección moral, pero la práctica del trabajo eliminaba el plano de la elección, se debía obrar así creyeran o no en el evangelio laboral.

“Como en todos los estudiosos que buscaban las leyes “objetivas” de la vida económica -leyes impersonales e independientes de la voluntad-, en Bentham la tarea de promover el nuevo orden quedaba despojada de los adornos evangélicos comunes en el debate sobre la ética del trabajo para dejar al descubierto su núcleo central: la consolidación de la rutina regular basada en una disciplina incondicional, asistida y vigilada por una supervisión efectiva, de arriba hacia abajo.” 34

La supuesta meta que éste capitalismo decía tener era el pleno empleo, como forma de dominación, disciplinando. La gente sin empleo no entraba en la estructura disciplinar, por lo que era gente fuera de control, y se veía a la pobreza como anormalidad, un mal a erradicar por los medios que fuesen necesarios. El tipo de trabajo que se hacia teñía la totalidad de la vida, se armaba el proyecto de vida, determinando derechos y obligaciones, un estándar de vida, un esquema familiar, normas de propiedad y rutina diaria, es decir, un nuevo tipo de animal de corral. “El trabajo de cada hombre aseguraba su sustento; pero el tipo de trabajo realizado definía el lugar al que podía aspirar (o que podía reclama), tanto entre sus vecinos como en esa totalidad imaginada llamada “sociedad”. El trabajo era el principal factor de ubicación social y evaluación individual.”35. Esto permitía predecir, tener seguridad respecto del futuro. El lugar de trabajo era el ámbito para la integración social, el ambiente donde cada uno se instruyera en los hábitos de obediencia a las normas y conducta disciplinada. Junto al servicio militar, la fábrica era la institución panóptica, modelando sujetos dóciles y obedientes. Esta estructura disciplinar también se ve plasmada en la familia patriarcal estable, en la cual el padre era el patrón, vigilando a su esposa e hijos. “En resumen: el trabajo ocupaba una posición central en los tres niveles de la sociedad moderna: el individual, el social y el referido al sistema de producción de bienes. Además, el trabajo actuaba como eje para unir esos niveles y era factor principal para negociar, alcanzar y preservar la comunicación entre ellos.”36

A principios del siglo XX el discurso del trabajo empieza a variar, principalmente en Estados Unidos donde el trabajo no es un fin en sí mismo, sino es un medio para la libertad, soportando cualquier tipo de trabajo, sin atribuir virtudes a éste. El dinero era lo importante, la compra de la libertad, a diferencia de la Ética del Trabajo de origen europeo, que tenía una tendencia más moral, el discurso del trabajo en Estados Unidos es más conductista. En el sueño americano no había condimento moral, sino que la disciplina laboral se lograba por el sueño de riqueza y libertad. Así el prestigio y posición social se lograba por la diferencia salarial, más que por la dedicación al trabajo; el trabajador no le interesa la producción por el progreso, sino por el poder que el dinero le da para ser libre. Esto se ve en un acontecimiento crucial. A pesar que la estructura de trabajo y producción del fordismo es típicamente moderna, sus medidas para mantener dóciles a sus obreros (aumentando el sueldo) es un germen del giro consumista, del deseo como sujeción; aunque todavía la producción era lo que movía el capital, pero ya luego de la crisis del 30 la producción deja de ser el impulso del capital, para empezar a serlo el mundo financiero, la especulación económica, que posibilitaba el consumo antes de que exista un capital respaldado por una producción; lo cual suponía un salto metafísico, hacia un capital sustentando en su potencia, como poder- ser, virtual.

Fin de la solidez, modernidad tardía o post modernidad

El nuevo capitalismo liviano, siguiendo la terminología de Bauman, se caracteriza por no tener regularidades, las condiciones fluyen y fluctúan. El dispositivo disciplinar deja de ser el predominante. Las autoridades comienzan a ser innecesarias. Las empresas reemplazan a las fábricas como centro del mercado, desarrollando gran capacidad de deslocalizar la inversión y la producción, trasladando el grueso de ésta a los países de la periferia, con la que el centro de consumo ha tomado el relevo del trabajo como elemento central del mercado. La consecuencia de todos estos cambios es que el trabajo ha dejado de ser un lugar privilegiado en la formación de subjetividades. Lo fue en la modernidad sólida cuando las necesidades de desarrollo del capitalismo hicieron necesario anudar los procesos de subjetivación con la adopción de los valores que dignificaban el trabajo, cuando la Ética del Trabajo hacia de la vocación y de la dedicación al trabajo un eje vertebrador de la subjetividad.

Se deja de producir a gran escala, y se vuelca sobre el mercado nuevas versiones de productos ya comercializados, con nuevas y superfluas presentaciones, acortando el tiempo entre la aparición de una versión y otra, no dejando que las anteriores satisfagan el deseo consumista. Este nuevo modelo de producción postfordista hace una alianza entre la dinámica inmanente del deseo de consumir y la del sistema productivo, ya no buscando la satisfacción sino la perpetuación del deseo. La renovación en escalas pequeñas de los objetos de consumo permite que ninguno de ellos llegue a producir satisfacción mientras la fantasía del consumidor sea estimulada con la renovada promesa de la próxima aparición de un producto mejor, dejando de producir objetos de consumo durable, para ser efímeros y precarios. El mundo se convierte en una colección infinita de posibilidades, de experiencias estimulantes37.

En el plano político los Estados se “liberan” de las cargas sociales, con el discurso de bajar impuestos para que el contribuyente elija él en que gastar su dinero, de manera que la responsabilidad se privatiza, y recae en el individuo. La autoridad no manda, sino que sólo intenta seducir y tentar al que elije, el consumidor político.

Esta nueva sociedad funciona por el vigor de sus consumidores, y no por su fuerza productiva. Los fines y objetivos pierden valor, y se multiplican, dejándose llevar por corrientes pulsionales de consumo. Ya no hay una ética ni valores morales que impulsen el accionar de la sociedad, sino que lo central es el deseo, y la búsqueda de libertad para realizarlo.

Subjetividad del consumo - Ocio alienado

El trabajo formaba al sujeto, en una rutina, en relaciones sociales y costumbres. Cuando el trabajo y la producción dejan de ser lo central para el capitalismo, es decir para la reproducción del capital, y se centra en los movimientos financieros para el consumo, este pasa a ser el constitutivo de la subjetividad, la cual se forma a partir de los objetos de consumo y sus condiciones de posibilidad, creándose una tendencia consumista de identificarse por medio de las posesiones. El consumismo actual no se basa en la regulación del deseo, sino en la liberación/gestión de las fantasías y anhelos. La idea de deseo vincula el consumo con la autoexpresión, con la elección personal y desde sí. La necesidad es reemplazada por el deseo. Ya no se busca que sean autómatas mecánicos que sólo produzcan, sino que en cambio, ahora se les obliga a ser “libres”; pero comparten el hecho de que en el capitalismo sólido no se los dejaba pensar a los sujetos, y en el nuevo capitalismo liviano, el sujeto debe estar libre de su razón, solo debe responder a su deseo, el cual es irreflexivo, pensar sería atarse a alguna idea, concepto o ideología que limitaría su libertad. Las opciones aparentemente infinitas dan la sensación de “ser libre de convertirse en alguien”, en el sentido de que nada nos mantiene atados, pero ya que el concepto de libertad pierde sentido sin una realidad especifica que sea su campo de acción, en éste nuevo discurso la libertad se realiza en el mercado. A su vez no se es mas libre cuando se ha alcanzado su propósito, no se es uno mismo cuando se ha convertido en alguien, manteniéndose un estado de incompletad, que perpetúa la ansiedad.

Los miembros de la sociedad ya no son productores sino consumidores. La vida organizada alrededor de la producción era regulada y normativa, Se tenía lo que se necesitaba y no se deseaba de más. En el mundo del consumo nadie dice hasta donde desear; guiado por la seducción, apareciendo nuevos deseos y volátiles “anhelos”, y no por reglas normativas. El deseo es el único objetivo del consumidor, que jamás se sacia. Todo a elección, menos la compulsión que se hace adicción al consumo.

El consumo no sólo es comprar, sino una subjetividad que planifica sus micro proyectos alrededor de diferentes tipos de consumo. Su identidad se construye alrededor de la necesidad de consumir para ser. Los otros, el trabajo, ya no forman la subjetividad, sino que son medios para un mayor consumo. Los otros como objetos de consumo, como competencia, y el trabajo que no forma, sino que es un tipo de condición de posibilidad para el consumo. La planificación de ese consumo es el deseo mismo. El objeto de consumo se transforma en un ídolo, que no es la cosa, lo óntico, sino lo que importa es su status ontológico, lo que es en su significación, el deseo, que pervive en la libertad de creer poder ser, y donde el sujeto sólo entiende y comprende desde ésta razón instrumental. El fin es el constante deseo, y los medios no tienen límites. La identidad experimentada, vivida, sólo puede mantenerse íntegra con la fuerza adhesiva de la fantasía, tal vez de la ensoñación. Pero en la sociedad consumista se da la aparición de la moda, como una sustancia ni más fuerte ni más débil que la fantasía, pero heterónoma, no nace a partir del sujeto, sino que viene de afuera de este. Es una manera de explorar los límites sin comprometerse con la acción, sin sufrir consecuencias. La volatilidad de las identidades fortalece el ir a consumir identidades en venta con una sensación de libertad, de creación de la fantasía. Los medios de comunicación establecen los estándares de la realidad y su evaluación. La vida en la TV parece más real, y la vida común parece una parodia, una especie de estructura platónica. La promesa más tentadora no es la de la satisfacción de las necesidades sentidas, sino la promesa de sentir deseos que todavía no se han sentido o sospechado nunca, es así que el consumidor se transforma en un coleccionista de sensaciones, y luego de cosas. “El problema del hombre moderno, decía Nietzsche, es que a tocado todo con sus manos, que a perdido el pudor, que ha perdido esa sensación de la distancia, del respeto de lo otro. Esa actitud de pérdida del pudor lo ha convertido en un ser carente de sensibilidad: todo lo puede decir, todo lo puede tocar, todo lo puede hacer”38.

En el paso de un tipo de sociedad a otra se dieron modificaciones en el modo de producción de subjetividades: cambió el modo en que se prepara y educa a la gente para satisfacer las condiciones impuestas por su identidad social; las instituciones panópticas fueron desapareciendo; el pleno empleo dejó de ser una meta, sino que la idea era que el crecimiento de la producción crece a medida que el empleo decrece (racionalización); la formación panóptica llevaba a comportamientos rutinarios y monótonos, eliminando la posibilidad de elección, esta educación no sirve para sujetos consumidores.

La ausencia de rutina y el estado de elección permanente es lo principal en el consumidor. El consumidor no debe aferrarse a nada, no comprometerse. Jamás debe considerar satisfecha una necesidad y nunca un deseo podrá ser considerado el último. La satisfacción debe ser instantánea, y que dure lo menos posible, para ello el consumidor no debe poder mantener la atención ni en un objeto ni en un deseo por mucho tiempo, deben ser impacientes y fáciles de entusiasmar. La promesa y esperanza de satisfacción superan a la necesidad. No se lo debe dejar descansar, se mantiene su excitación con nuevas tentaciones. Los consumidores buscan la seducción, el cual es un modo compulsivo de actuar, pero se le presenta como “libre ejercicio de la voluntad”. La promesa más tentadora no es la de la satisfacción de las necesidades sentidas, sino la promesa de sentir deseos que todavía no se han sentido o sospechado nunca, es así que el consumidor se transforma en un coleccionista de sensaciones, y luego de cosas.

Hoy la identidad ya no está en función del trabajo, ya no hay trabajos permanentes, seguros. La nueva forma de racionalización laboral, la flexibilidad, como juego de contratos, despidos, produce que ya no se pueda construir una identidad sobre el trabajo. Más allá del tipo de identidad que se desee, se debe ser flexible, debe ser posible cambiarla para mantener la “libertad”.El termino identidad es muy rígido, pone límites en las posibilidades de experiencia. Alcanzar una identidad, satisfacer el deseo completamente produce horror. Lo único que perdura es la ambivalencia y confusión.

Cuanto mayor sea la libertad de elección, mayor será el lugar en la escala social, mayor el respeto público. La acumulación, ahorro e inversión sólo tienen sentido si emplean las posibilidades de elección.

Esta sociedad ya no se identifica con el discurso de la Ética del trabajo, sino el de la Estética de Consumo, la cual mantiene relación estética con el mundo, es decir a partir de las sensaciones, en el sentido más visceral y superficial, no es ni cognoscitiva ni moral. Pero éste sentido del término estética utilizado es el más árido de todos, el de la experiencia sensorial efímera, que no es ninguna experiencia modificadora, sino sólo tiene que ver con la cantidad, lo anecdótico, la vivencia, aunque se la vende creyendo que tiene una diferencia cualitativa con respecto a todo lo que haya vivido el consumidor. Lo “nuevo” de las experiencias es la diferencia temporal, donde todo lo que paso, por haber pasado siempre será menos que lo nuevo a ofrecer, aunque en realidad todo lo que se consume no vale nada en sí mismo, no modifica al sujeto, pero el discurso consumista convence y seduce para creer que sí. Pero el sujeto estructuralmente no cambia, sólo su superficialidad; por ello no tiene una experiencia real, en el sentido Benjaminiano o Heideggeriano, no transforma al sujeto, sólo lo rellena, pero estructuralmente sigue igual, con su compulsión al consumo y su fantasía de libertad.

La incompletad existencial lleva a una autodestrucción orgánica, del cuerpo individual y colectivo. La competencia destruye la intersubjetividad, manifestándose principalmente en ámbitos políticos, pero también en otros. Todo lo social desaparece, todo lo público es enrejado. El deseo de consumo conlleva el miedo a perder lo “propio”, la propiedad privada es la identidad estratificada, es el único valor real. La formación del sujeto no se logra dar intersubjetivamente, en relación social; sino que la intersubjetividad más bien es parasitaria; a veces necesaria para el consumo, para seguir en carrera. Se estudia y se trabaja para mayor poder adquisitivo, el cual a medida que crece, crece el mundo a dominar, el territorio donde el sujeto solitario impone su voluntad.

“Las identidades únicamente parecen estables y sólidas cuando se ven, en un destello, desde afuera. Cuando se las contempla desde el interior de la propia experiencia biográfica, toda solidez parece frágil, vulnerable y constantemente desgarrada por fuerzas cortantes que dejan al desnudo su fluidez y por corrientes cruzadas que amenazan con despedazarla y con llevarse consigo cualquier forma que pudiera haber cobrado.”39

Se vive en una sociedad con valores aparentemente efímeros y volátiles, pero esto es en lo superficial, estructuralmente hay valores muy definidos.

La identidad se forma por la propiedad privada y las condiciones de posibilidad de su reproducción; la actualización constante de objetos de consumo, todo lo demás es posible de transformarse en un medio para la labor fetiche, la competencia de cualquier tipo es la prueba de fuerza para lograr el objetivo mayor, el dinero, el valor de cambio, la condición de posibilidad del consumo transformado en objeto. El consumidor corre detrás de sensaciones placenteras. Pero también escapa de la angustia causada por la inseguridad. La compra compulsiva/adicta es un ritual para exorcizar la aparición de la incertidumbre y la inseguridad.

El consumo da la creencia de que la única libertad es la libertad de mercado. El discurso neoliberal ¿se fortalece aquí, aprovecha el momento, o en realidad lo produjo? ¿Es un acontecer, en que todo sucede rizomaticamente relacionado, como si fuera un acontecer histórico que a todo involucra, en el sentido de la interpretación que Fukuyama hace de Hegel? Esta sociedad no necesita normas reguladoras que instruyan y disciplinen. Los consumidores deben ser guiados por intereses estéticos, no por normas éticas. Se presupone que al no tener un discurso racional, o un relato edificante, se es libre, y nadie se pregunta si los intereses estéticos son realmente libres. Al sacarse el valor al cuerpo, lo estético es libre de razón y de conciencia40.

La identidad se da como tarea la cual el hombre es responsable, estableciendo una autonomía ficticia. El sujeto político no es ya un ciudadano con poderes y obligaciones derivadas de su pertenencia a una colectividad, sino un individuo cuya ciudadanía se manifiesta a través del libre ejercicio de la elección personal de una variedad de ofertas de mercado. En el dispositivo de control el sujeto mismo se aplica estas tecnologías de subjetivación, el Estado no intenta formar al sujeto, ellos buscan realizarse solos, las tecnologías de control ingresando al sujeto través de los medios de comunicación que le dan pautas de vida; las cuales no son diferentes entre sí estructuralmente, ya que el camino que toman es el del consumo, mas allá de cual identidad se halla elegido. El Estado al desligarse del individuo y la sociedad, deja al individuo sólo, impidiendo la posibilidad de su gregariedad, obligándolo a ser desde sí. En esta sociedad se separan los procesos de subjetivación (ya que el sujeto es el que se culpa de responsable) de los conflictos que surgen en el contexto económico del postfordismo y la globalización, del neoliberalismo en política, y en el contexto cultural de la estética del consumo, lo que resulta una perdida de control por parte del individuo, sobre sus condiciones de vida.

Hay una presión interiorizada hacia el consumo, que se revela al consumidor bajo el disfraz de un libre ejercicio de voluntad (parodia de la autonomía), esta presión constituye la subjetividad. La parodia de la autonomía como parte constitutiva de la construcción de la subjetividad, en el contexto postmoderno, caracterizado por el neoliberalismo, el postfordismo, la globalización, y la cultura de le estética del consumo; se desenmascara negando que en la sociedad postmoderna, la subjetividad se constituya con más autonomía, sino que tal construcción se da en un contexto de creciente heteronomía, en el sentido de que la ley que rige a los sujetos no nace de ellos, sino que viene del exterior, en este caso del mercado. En este sentido podemos decir que los que hacen estas leyes son el Poder, no en un sentido sustancialista, sino como un acontecimiento que supera los sujetos individuales y colectivos.

Si definimos como Poder la capacidad de, en una instancia cualquiera, llevar a alguien a hacer lo que no habría querido hacer necesariamente, es evidente que el mayor poder concebible es el de preformar a alguien de suerte que por sí misma haga lo que se quería que hiciese sin necesidad de dominación o poder explicito.

Resulta evidente que esto crea para el sujeto sometido a esa formación, la apariencia de la espontaneidad más completa pero en la realidad estamos ante la heteronomía más total posible. El poder subjetivador funciona de manera represiva, esto es necesario entenderlo así para entender la complejidad de las nuevas formas de subjetivación y sujeción propias de los vínculo societarios de la postmodernidad, que dan lugar a un sujeto conflictuado con su identidad, es decir, que modelan la relación que éste tiene consigo mismo por medio de la explotación de la dinámica inmanente del deseo.

A partir de la noción de sujeto autónomo, nacida en la modernidad que se centraba en la conciencia individual como condición de posibilidad de la Razón, se ensayaron formas de poder constituyente en base a esa concepción de sujeto capaz de gobernarse a sí mismo, y se ve como las nociones de autonomía, autodeterminación y conciencia individual se utilizan para caracterizar la constitución de la subjetividad, y ahora forman parte del discurso del poder subjetivador con el cual encubren la formación del sujeto consumista posmoderno, de manera que se construye una subjetividad pero se la caracteriza con nociones de modernidad. Es así que la noción de autonomía kantiana es contaminada por la de tradición liberal y neoliberal, formando el relato que impera en la actualidad, que no se corresponde con un proceso emancipatorio, sino que termina en mayor sujeción.

El hecho de que los objetos de consumo tengan una aplicación efímera, y que esto se traspole al individuo consigo mismo, revela la falsa dicotomía entre objeto y sujeto, y donde el objeto se revela como una realidad humana; pero el objeto de consumo es un tipo de objeto que representa un deseo efímero del hombre. La manera en que el hombre se relaciona con el mundo y sus objetos es la manera en que se construye a sí mismo. El miedo en esto está en la falsa dicotomía sujeto/objeto. El hecho de que los objetos sean un tipo de realidad humana parte de esto, no hace que sean buenos o malos, sino que muestran una realidad ontológica, donde el hombre al reconocer cosas en el mundo, no las apropia, sino que se representa en ellos, siendo ellos parte de su humanidad. Esto fue y es utilizado, con o sin ésta conciencia filosófica, para explotar el vínculo entre sujetos y un tipo de objetos, objetos donde su realidad humana se consume rápidamente y se dirigen a las pulsiones viscerales; pero el discurso que utilizan es el discurso de la modernidad, o sea con la dicotomía sujeto/objeto, haciendo creer que los objetos son pasivos, que no tienen nada de humano, y que sirven para ser consumidos y dominados por el sujeto, el cual es libre para elegir cuales. Pero detrás de sofismas de tinte moderno, el sujeto está alienado, ya que piensa que la realidad es de una forma (la moderna, suj/obj) pero en realidad es de otra, ya que tiene una compulsión al consumo de lo efímero.

La conciencia se revela como inexistente41, o que es parte del mundo orgánico, no está en un mundo mental o racional, separado de lo que le ocurre al cuerpo. Lo cual era condición necesaria para que exista la libertad, en el sentido de autonomía. Pero como la conciencia es parte del cuerpo, o sea un estado en que se manifiesta el cuerpo, no es libre de los estímulos e información que lo atraviesa desde afuera. Es así que la compulsión de consumo nace a partir de una seducción, pero como epistemologicamente se cree en dos realidades, la orgánica y la racional, se cree que el sujeto no es seducido, sino que el sujeto elige de manera in-causada. Es así como se revela el absurdo de la prédica sobre la libertad, el mundo libre, ya que en realidad este discurso es para que los sujetos no se den cuenta de lo que realmente pasa, de que en realidad durante la modernidad sólida se animalizo al hombre, al transformarlo en autómata que no piensa, “…el hombre (el trabajador) se siente libremente activo sólo en sus funciones animales…”42 ; y en la post modernidad, la modalidad del consumo, es en si sólo realización de funciones animales. Es por ello que hay una continuidad en la modernidad, en la construcción (o destrucción) del sujeto, ésta es una nueva etapa, en donde ya no es necesario disciplinarlo, ya no es necesario gastar en aplicar esa fuerza, directamente van al residuo del trabajo alienado, esto es, el consumo como realización de funciones animales, deseos viscerales, superficiales. Y en este sentido, el termino libertad es totalmente manipulado, destruida su significación, en el sentido de que ya no hay libertad de acción, sino que la libertad se significa de manera negativa, es el ser libre de ataduras, y en el contexto neoliberal, es estar libre de todo, hasta de la razón. Este tipo de tecnología de subjetivación se puede entender como una aplicación a gran escala de un nuevo conductismo; se aplican estímulos viscerales por los medios de comunicación, junto a una predica de libertad, y luego la respuesta, el consumo. Es una gran habilidad neguentropica, el tiempo y energía desperdiciada fuera del trabajo, es aprovechada en el consumo y el trabajo extra, que sobreestimula el organismo socio- económico y lo potencia.

Lo importante a recalcar es que hay diferencias entre la modernidad y post modernidad, pero no como oposiciones, sino como un nuevo giro a un mismo proyecto, el proyecto monetarista; en el cual el sujeto ha sido desmembrado y domesticado en diferentes etapas, durante la modernidad de manera disciplinar, y en el presente, donde tras generaciones de disciplinamiento, simplemente ya no se los tiene atados, sino que se los tiene como un gran rebaño.

Ontología somática

Es necesaria una diferenciación entre identidad en sentido fuerte, es decir, como aquello que se presenta siempre idéntico a sí mismo, que se repite o se mantiene estable a través del tiempo; o una idea de identidad que no puede dejar de volverse paradójica, en el sentido de pretender hacer posible una identidad cambiante, ya que orgánicamente el cuerpo modula, es decir busca un equilibrio meta-estable con relación al mundo; pero la conciencia domesticada en el “deber ser”, ese respeto al relato domesticador, se ahoga sobre sus propias concepciones de como debe ser la relación con el mundo, en las representaciones aprehendidas, pero no formadas ni vividas. La axiomática resolutoria debe apuntar a encontrar el modo de lograr una interpretación del sí mismo, como algo siempre fluctuante entre lo evanescente y lo estable, y a la vez con un sentido estratégico, entendido como respuesta a la necesidad, a las contingencias históricas y de los cuerpos.

Quizás aquí habría que retomar la cuestión de la fortaleza espiritual, fuerza tal que la visión teórica ha destruido totalmente, volviendo al hombre un ser amaestrado por la Razón, y débil físicamente, ya que el cuerpo no soporta ya la lucha en la escisión, y tampoco el enfrentarse con el abismo dionisiaco. Pero poder vaciar a los individuos, y enfrentarlos a un existencia irreverente, no para enloquecer, si no para comenzar la ensoñación; es la apuesta que se hace, puede que no se soporte realizar tal giro hacia el olvido existencial, o se lo quiera ignorar, pero el intento de realizarlo, en realidad, sirve para conocerse a uno mismo.

Por una ética/estética somática

El Cuerpo como campo de batalla Lucha entre Dionisio y Apolo, entre la tierra y el mundo, entre el destello de luz y el contraerse en la oscuridad, Vishnu y Shiva. El combate donde siempre Apolo intenta apolonizar a Dionisio y Dionisio dionisar a Apolo, esa lucha donde el Mundo, por su esencia iluminadora, intenta iluminar la Tierra, y la Tierra por ser siempre el cerramiento sobre si misma, la ocultación, intenta cerrar al Mundo, donde Vishnu conserva, Shiva destruye y fecunda; ese combate es el acontecer de la Verdad, el acontecer artístico, y en el sentido vital, este combate se da en un campo de batalla determinado, en una arena de lucha, este sitio es el Cuerpo.

El cuerpo no se limita en la epidermis, el cuerpo es todo lo que uno siente, lo que vemos es parte del cuerpo, todo lo que nuestra perspectiva abarca es cuerpo, es hasta donde llega el segmento en que condiciones de posibilidad de asimilación de información, con sus potenciales individuatorios, y el mundo se tocan…

El Cuerpo es el que siente la individuación y la seguridad apolínea, siente el placer esquizoide del salirse de si dionisiaco; pero una ética estética somática debe mantener el equilibrio meta estable de esta lucha, sino, el cuerpo se destruye en el sentido más literal de todos, muere.

La aproximación a que uno u otro combatiente encuentre un equilibrio, cierra el combate y empieza el consumo del cuerpo, su muerte. La paz apolínea, que sume al Cuerpo en el aburrimiento de la alienación, y la enfermiza búsqueda de placeres efímeros que siempre se intentan reprimir; el enloquecimiento dionisiaco que aniquila la identidad llegando a la psicosis; el Cuerpo debe estar preparado para que ninguno de estos casos se dé. El cuerpo no es causa de los efectos del combate, sino que limita al combate, le da forma y sentido, lo reconcentra y lo mantiene en el reposo del movimiento total, el devenir sabio. La conciencia en tanto una organización energética hace de arbitro, la conciencia en este caso no es solo el “darse cuenta”, eso es uno de los efectos y funciones que tiene, dentro de su rol artístico principal, que es la gestión de la voluntad de poder, de la energía in-formativa.

Esto no se debe confundir con un Hedonismo. Lo hedonista se termina refiriéndose a lo alegre o triste de los afectos. Dionisio, se ríe del dolor y del goce. Trasciende las afecciones del cuerpo, para reírse por el sólo echo de que la energía fluya, que la individuación permanezca, se transdusca; más allá del juicio barato de la existencia fatua y efímera. La verdadera vida disfruta de las tristezas, de la melancolía, de las potencias que confluyen, en posibilidades, pre individuales.

La voluntad de poder se encauza….

“El nacimiento de la tragedia no como un manifiesto dionisíaco, sino como una “apertura” apolínea al fenómeno de lo trágico”43

Tampoco eudaimonismo, eso sigue siendo racionalidad apolínea, pero igualmente tiene un sentido similar, al igual que el epicureismo. Ésta ética estética somática es en esencia extremista, tanto mas extremos se ponen los combatientes, más se extrema la lucha, y el cuerpo más fuerte debe ser, el Espíritu debe ser más fuerte (el cual es inmanente al cuerpo, ya que es lo metafísico de él, siendo él mismo).

Por ello, ni una vida de deber y mojigatez, de represión y racionalidad; ni tampoco una vida desenfrenada y destructora, de violencia y fundamentalismo. Estos SÍ son efectos de un cuerpo mal tratado, el cuerpo, en ultima instancia, le da forma a la existencia. Todo lo que se pueda filosofar, siempre es sobre él. Donde la razón no es ya un ente ecuménico dominador, reglamentado por un sistema invasivo, sino una facultad de los individuos para, no controlar, sino gestionar la energía que trasciende al cuerpo, que lo atraviesa.

Dionisio es exceso de fuerza, y Apolo es la fuerza informada, en la cual se crearon limites para sacarle provecho al individuarla en un ente. De manera que lo Dionisiaco es un sentimiento trágico no pesimista. Afirmación de la vida en sus aspectos más extraños y duros. No para liberarse del horror y la compasión sino para identificarse por encima del horror y la compasión, con el goce eterno del devenir, goce que incluye el placer de destruir. Así la Felicidad no es vivir en paz, es sentir que nuestro poder va en aumento, que estamos superando algo que nos oponía resistencia.

La conciencia se revela como un sub-comando del ser, donde la conciencia es quien maneja el logos, algo así como un burócrata del ser. Ser concientes de q no "somos" quien comanda, no conocemos la real estura jerárquica de funciones reales. El antropocentrismo moderno cae por ello; eso q llamamos forma-hombre, conciencia, sujeto, no es el poder ejecutivo máximo del ser, del cuerpo y la existencia, biológicamente no manejamos los micro movimientos de información que hacen a nuestras decisiones, nuestras acciones44. Ser concientes de que la conciencia, el que se da cuenta, quien intenta gestionar la energía de su entorno y su cuerpo, no esta en la cúspide ontológica, sino, es un mando medio. Lo importante es la conciencia de esa des- ubicación, el dominio del ser nos sobrepasa, y se revela en enigma. Ese nivel de conciencia, es que esta mas allá del juicio, de la interpretación moral, ya que esto depende de un criterio de la conciencia, y ella al no ser la cúspide jerárquica del Ser, le es inconmensurable una comprensión acabada de lo que lo supera para juzgar.

“Ser feliz significa descubrirse a sí mismo sin temor” decía Walter Benjamín

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- Nietzsche Friedrich; La Voluntad de Poder. Alianza. 2000. España

- Vattimo Gianni; El fin de la modernidad. Editorial Gedisa. 1990. España

- Heidegger Martin; La pregunta por la Técnica. Ediciones del Serbal. 1994.

España

- Mounier Emmanuel; El Personalismo. Editorial Universitaria de Buenos Aires. 1962. Argentina

- Heidegger Martin; La Vuelta. Editorial Universitaria. 1993. Chile

- Nietzsche Friedrich; Segunda consideración intempestiva, Bs. As., Alianza,

2006

- Barthes. R. El susurro del lenguaje. Más alláde la palabra y la escritura, Paidós, Barcelona, 1987

- P. Sloterdijk. El Pensador en escena. Pre-Textos. Valencia. 2000

- Casullo, Nicolas; Forster, Ricardo; Kaufman, Alejandro. Itinerarios de la

Modernidad. Eudeba. Buenos Aires. 1999

1 Hablando del proyecto existencial/impuesto, que se asume en el momento en que al nacer, se pone en el dni el tipo de sexo, cosa que decidirá que primeros pasos hará, más allá de las necesidades orgánicas.

2 El concepto de In-formación es tomado con la amplitud de significancia que le provee Simondon. In-formativo en el sentido de una mezcla de energía con una organización en devenir, voluntad de poder. El caudal informativo, seria esa energía que emite el enigma, que nos atraviesa y de-forma a nosotros, ingresando una nueva organización de formas, llevando a un espacio hermenéutico. La información está íntimamente ligada a la transformación de energía potencial, lo cual implica comunicación entre dos órdenes de magnitud. La información puede ser definida como la posibilidad de una forma, en el contexto de un sistema ya en vías de formación. Es por eso que lo viviente es, por definición, neguentrópico.

3 Dionisio aquí es tomado como esa in-formación, esa energía que nos atraviesa, sin una forma ni

estructura a priori que nos supera inconmensurablemente, y Apolo como nuestro poder de fabular esa energía, de asimilar la información, de tratar de entenderla en relación a nuestras necesidades vitales, y ser-otro, ya que la in-formación, nos forma al atravesarnos, concientes o no de ello.

4 Llamo en este texto visión dogmática, a esa retórica moderno/humanista que utiliza la perspectiva

científico/positivista como intento de vaciamiento y entorpecimiento lingüístico; al conjunto de valores impulsados por la modernidad, con la cual se conforma el pensamiento y perspectiva occidental. Fundamentado a partir de un conjunto de concepciones filosóficas, que se centran principalmente en el “deber ser”, es decir la heteronimia, y la jerarquización de los seres a partir del criterio parmenídeo del Ser. Tomando como autoridades a cierto pensamiento platónico y judeo-cristiano, pero fuera de su marco de nacimiento, del contexto de emergencia en donde surgieron esos pensamientos.

5 P. Sloterdijk. El Pensador en escena. Pre-Textos. Valencia. 2000. Pg 60.

6 Ibídem. Pg 60

7 la conciencia sólo se da cuenta de su propio resultado, del resultado demiúrgico fabulador, pero no del proceso ni de su veracidad, que es el impulso apolíneo.

8 Diferenciando lo racionalista de lo racional. Una es una ideología pasada por sustancia que nos hace ser sostenida en un relato idealista; y racional, es la información que fue procesada por la conciencia, es decir, la razón como facultad, y no como mascara que pasar por cuento científico/capitalista.

9 Palabras clave: uniforme - timbre - humildad y soberbia currícula educativa normal - Matrimonio laico (un oximoron) - Trabajo y dignidad (otro absurdo) - Libertad y consumo - Capitalismo y democracia - Relato liberal e intención capitalista.

10 La verdad insoportable: el dolor, la vejez y la muerte

11 Cuando trato sobre la visión dogmática, no me refiero a Grecia, Platón o Sócrates, sino al relato que eleva la Modernidad Ilustrada y la interpretación que hace de los pensadores griegos, como los utiliza como fundamento y autoridades filosóficas; y como centralmente se dan ciertas líneas filosóficas que se mantienen, o que dicen fundamentarse en algo que no dice exactamente lo que la Modernidad da como saber. Por lo que no se compara la polis griega con el estado moderno, sino que el pensamiento occidental que fundo los estados modernos, se sostuvo por la cristalización del pensamiento momificado de Sócrates-Platón.

12 Educación como la disciplina que imparte el relato moderno-ilustrado, su juego de lenguaje, y su carga conductual que no se evidencia en su contenido simbólico. Esta Educación esta conformada por los modos de existencia que permite el Estado, desde las instituciones educativas formadoras de ciudadanos, como su cultura estética y artística permitida, sus formas de trabajo permitidas. Todas las instituciones del Estado y el Mercado educan.

13 como suéñate a ti mismo, que creaba una ilusión y un mundo, una perspectiva.; haciendo de si un individuo que debe comprender sus limites, entre si y con los otros, así se hace el ser y su belleza

14 se cree que el raciocinio es sólo la facultad lógico matemática de encontrar relaciones entre iguales, cuando es en realidad la herramienta que se da cuando un impulso apolíneo ya se dio, una forma está dada; no hay razón posible de utilizar sino se fabulo antes. Si el impulso apolíneo no se actualiza con el dionisiaco, es decir se nutre la fabula, la razón tiende a inventar relaciones entre todo lo fabulado hasta la circularidad, quedando en una eterna petición de principio.

15 que responde a lo místico espiritual del hombre, conceptos que tratan ya con cosas que superan a los mismos conceptos, porque los llevan a un lugar místico existencial

16 y que en un último intento quiere que su fin se contagie a todos, y que el fin de la Razón sea el fin de todo. Pulsión Kamikaze

17 Nietzsche. F. El ocaso de losídolos. Madrid. Edimat. 1999. pg. 71

18 la técnica como extensión del cuerpo, en tanto q es producto de la inteligencia y razón humana, por ende es una manifestación del cuerpo, pero a su vez, es un devenir in-corpóreo, por superar el limite epidérmico

19 a pesar de que crean todo lo q conocemos como técnicas, como en la música, o artes plásticas, con la sola técnica no se logra hacer Arte, por ende no se logra dominar eso q hace q un sonido o una pintura

20 Si el hombre moderno aprendiera a viajar por el tiempo, viajaría a todos momentos del infinito, para domesticarlo del mismo modo, al punto de que viajar a cualquier época sea lo mismo, seria siempre lo mismo... y ahí moriría el tiempo...si el hombre descubre como viajar...todos los tiempos serian iguales, y por ende, no habría tiempo. La alienación como el síntoma de una momificación de un estado vital.

21 conjunto de intenciones de cómo se quiere que sean las cosas, pero en este caso, es un “deber ser” no creado ni de manera subjetiva ni intersubjetivamente por una cultura, sino postulada como Verdad.

22 Nietzsche. F. El ocaso de losídolos. Madrid. Edimat. 1999. Pg. 65

23 Los proyectos apolonizadores y racionalistas explotan, y aparece recrudecido, el dolor y la muerte,

como medios de proyectos modernos. Dionisiaco porque responde a esas fuerzas que se ocultaban en el relato/existencial modernos, y muestran como esos valores caen por ignorar estas fuerzas superadoras del hombre

24 ¿q diferencia hay entre el biológico y el histórico-cultural?, se podría decir q las diferencias entre un “hombre” occidental, y uno oriental, del siglo XIX, son las de animales diferentes. ¿Qué es lo que nos hace común a todos los hombres? ¿La definición biológica, o la definición filosófica?, q es por lo que se han matado tantos millones de personas. Pero postulemos, en mi tesis, q hablo del histórico-cultural

25 Gianni Vattimo. El fin de la modernidad. Editorial Gedisa. 1990. España

26 Friedrich Nietzsche. El ocaso de losídolos. Edimat Libros. 1999. España.

27 Humanismo es tomado como, reducción de la realidad al hombre, éste como fundamento del valor del Ser. Teológico en tanto la estructura se mantiene sacando a Dios, y poniendo al Hombre como ideal; transformándose en quien juzga y da valor, a partir de sus características trascendentales propias,

28 Lo que no es poco, para una sociedad creyente en la profundidad, el sentido, el significado, el interior, el alma, el Logos…

29 Emmanuel Mounier. El Personalismo. Editorial Universitaria de Buenos Aires. 1962. Argentina.

30 Ver Colli, Giorgio. El Nacimiento de la Filosofía. Tusquets. 2005

31 Ibídem. Pg. 108

32 Marx, Karl. Manuscritos económico-filosóficos. Fondo de cultura económica. México.1985. Pg. 111

33 Bauman, Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa. Barcelona. 2003. Pg 25

34 Ibídem. Pg30

35 Ibídem. Pg. 34

36 Ibídem. Pg. 37

37 La experiencia empobrecida de la modernidad, de la que habla Benjamin. Objetos sin aura, sin valor óntico.

38 Cassullo, Nicolás; Forster, Ricardo; Kaufman, Alejandro. Itinerarios de la Modernidad. Eudeba. Buenos Aires. 1999. Pg 153.

39 Bauman, Zygmunt. Modernidad Liquida. Fondo de Cultura Económica de Argentina. Buenos Aires. 2006. Pg. 89

40 Conciencia en el sentido de gestionador de la energía del cuerpo, y su relación con el mundo.

41 Conciencia en el sentido moderno, es decir, no como gestionador de la energía, sino como entidad metafísica, autónoma y libre de las leyes de la naturaleza.

42 Marx, Karl. Manuscritos económico-filosóficos. Fondo de cultura económica. México.1985. Pg. 108

43 P. Sloterdijk. El Pensador en escena. Pre-Textos. Valencia. 2000. Pg 13.

44 Las pasiones en Nietzsche, que anteceden y son quien impulsa, eso que nosotros le damos forma de decisión conciente y libre.

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Detalles

Título
Del Relato Nihilizante a la Ética Somática
Calificación
10.00
Autor
Año
2011
Páginas
60
No. de catálogo
V429985
ISBN (Ebook)
9783668733237
ISBN (Libro)
9783668733244
Tamaño de fichero
799 KB
Idioma
Español
Etiqueta
relato, nihilizante, somática
Citar trabajo
Pablo Inda (Autor), 2011, Del Relato Nihilizante a la Ética Somática, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/429985

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Título: Del Relato Nihilizante a la Ética Somática



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