Ilusión y desilusión en Pedro Páramo, de Juan Rulfo


Trabajo, 2006
13 Páginas, Calificación: 1,3

Extracto

Inhaltsverzeichnis

I. Introducción

II. Esbozo de algunos conceptos psicoanalíticos
1. Las tres instancias del organismo psíquico
2. Los mecanismos de defensa

III. Análisis

IV. Conclusión

Bibliografía

Fecha de entrega: 09-08-2006

I. Introducción

El enfoque de este trabajo es la evolución de Juan Preciado a través de sus ilusiones y desilusiones. Visto que Juan está inseparablemente ligado a sus interlocutores ellos también serán objeto del análisis, siempre que provoquen cambios en la percepción que Juan tiene de sí mismo o de sus padres. Para tal objetivo me he decidido a aplicar los conceptos del psicoanálisis moderno, inspirado por los siguientes comentarios del autor:

1) En una entrevista al periodista argentino Máximo Simpson, Rulfo dijo lo siguiente:

“Yo no me preguntaría por qué morimos, pongamos por caso; pero sí quisiera saber qué es lo que hace tan miserable nuestra vida. Usted dirá que ese planteamiento no aparece nunca en Pedro Páramo; pero yo le digo que sí, que allí está desde el principio y que toda la novela se reduce a esa y única pregunta: ¿dónde está la fuerza que causa nuestra miseria? Y hablo de miseria con todas sus implicaciones.”1

2) Rulfo confesó treinta años después de publicar Pedro Páramo que al escribir la novela “sólo pensé en salir de una gran ansiedad.”2

3) Respecto al procedimiento de escribir, Rulfo aclaró: “Ignoro todavía de dónde salieron las intuiciones a las que debo Pedro Páramo. Fue como si alguien me lo dictara. De pronto, a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules.”3

Según Rulfo tanto el motivo para escribir la novela como su tema central es el sufrimiento, mientras que el procedimiento de escribir hace pensar en la asociación libre del psicoanálisis, lo que tal vez explique la alta densidad simbólica de la obra. Por lo dicho me parece justificado aplicar conceptos y herramientas del psicoanálisis, que puedan llevar a un mejor entendimiento de aspectos complicados de la novela. Es cierto que la lectura bajo el punto de vista indicado sólo se entiende como una entre otras.

II. Esbozo de algunos conceptos psicoanalíticos

Para facilitar la lectura del análisis textual primero quiero aclarar algunos conceptos del psicoanálisis que han sido desarrollados por Freud y modificados por sus sucesores y que hoy aún tienen vigencia en el psicoanálisis moderno.4

1. Las tres instancias del organismo psíquico

Según la segunda teoría freudiana (1923) son tres las instancias que configuran la personalidad humana: el Ello, el Yo y el Super-Yo.

El Ello es donde están las energías vitales e impersonales, donde se agitan las pulsiones, el mar del inconsciente, el fondo oscuro de nuestra personalidad y donde el Yo hunde sus raíces. Freud destaca que en el Ello las leyes de la lógica no son válidas, no existe el concepto de contradicción ni el de cualquier cronología temporal.5

El Yo orienta las pulsiones y dirige el comportamiento según su regla fundamental del principio de realidad. Si el Ello es el generador de las energías, el Yo es el organizador de todos los procesos psíquicos, el vigilante que sopesa las ocasiones satisfactorias y las amenazas de peligro. Adapta las exigencias contradictorias y pulsionales del Ello a la realidad. Es la instancia donde se dan las funciones del pensamiento y sus operaciones.

El Super-Yo tiene la función de juez o crítico del Yo, y es donde se interiorizan los hábitos morales y valores de las diferentes sociedades.6

2. Los mecanismos de defensa

El término de defensa es central y constitutivo para la teoría psicoanalítica. Bajo él se subsuman todas las operaciones intrapsíquicas que tienen como objetivo apartar de la conciencia (o por lo menos tener bajo control) emociones, afectos y percepciones que provocan malestar. Se conciben como procesos habituales e inconscientes del Yo7, que los aplica para hacer o mantener inconscientes afectos desagradables como el miedo, el dolor psíquico o los sentimientos de culpa, que surgen de un conflicto neurótico. No obstante, las emociones y percepciones reprimidas siguen activas y obligan a tomar nuevas medidas de defensa que resultan cada vez más intensivas y complicadas si dichos contenidos no son integrados conscientemente. Los mecanismos de defensa pueden ser temporalmente necesarios para “dar tiempo al Yo” a aceptar cambios en la concepción de sí mismo, que no pueden ser adaptados inmediatamente.

Los mecanismos de defensa son múltiples y han sido sistematizados y clasificados repetidas veces. El Yo favorece, dependiendo de la estructura y el desarrollo individual, un tipo u otro.8 En lo siguiente me limitaré a explicar aquellos que menciono en mi trabajo9:

identificación: es un proceso central en la maduración del individuo por el que se desarrollan estructuras intrapsíquicas fundamentales. Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, la identificación sirve de mecanismo de defensa, p.ej. en la identificación con el agresor. En algunos casos los pacientes adoptan los síntomas de sus padres apenas muertos para protegerse del dolor psíquico (incorporando una ‘parte’ del difunto).

negación: los afectos y/o percepciones amenazadores son negados simplemente.

proyección: se atribuyen las propias emociones, impulsos etc. inconscientemente a otros.

represión (en sentido específico): p.ej. el olvidar o la escotomización (no ver, no oír ciertos contenidos).

evasión: el sujeto no presta atención a contenidos dolorosos y se refugia, p.ej. en el sueño.

conversión en lo contrario: los afectos negativos se convierten en su contrario, p.ej. el deseo de agredir al padre se convierte en el miedo a ser agredido por él.10

desdoblamiento: se separan aspectos incompatibles de sí mismo o de otras personas para mantener una imagen únicamente positiva (p.ej. la madre bondadosa / la madre bruja).11

III. Análisis

Después de la muerte de su madre, Juan Preciado emprende el viaje a Comala en busca de su padre, “un tal Pedro Páramo”12, o sea, en busca de sus orígenes. En su lecho de muerte la madre había insistido en que Juan fuera a visitar a su progenitor llenándole así de ilusiones: “Estoy segura de que le dará gusto conocerte”. Esta Dolores moribunda parece ser completamente otra persona que la que, llena de rencor, todavía antes le había revelado a Juan el verdadero objetivo de su petición: la venganza.

No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio … El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.13

No queda claro a qué se refiere Dolores diciendo “lo que estuvo obligado a dar me y nunca me dio”: ¿amor, dinero o su rancho nunca devuelto? Además salta a la vista que aquí excluye a Juan mientras que después establece complicidad con su hijo (“El olvido en que nos tuvo, mi hijo, ...”). Es decir, lo que une a Juan y a su madre es el dolor de haber sido abandonados. Esta identificación está reforzada por el retrato materno que “estaba lleno de agujeros como de agujas, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón” y que Juan guarda justamente en la bolsa de la camisa, calentándole el corazón. De ahí, no es casual que la madre se llame Dolores. Más tarde, en la conversación entre Juan y Damiana, sabremos que fue exactamente este dolor el que causó su muerte, según las conjeturas de Juan.

- ¿Ya murió? ¿Y de qué?
- No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
- Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.14

No obstante, lo que empuja a Juan al emprender su viaje no es la promesa que hizo a su madre (“No pensé cumplir con mi promesa.”) sino los sueños, las ilusiones, y la esperanza que se formaron alrededor de “aquel señor llamado Pedro Páramo”. Aunque, a primera vista, Juan parece ser capaz de tomar sus propias decisiones (“Por eso vine a Comala.”) no se muestra como ser autodeterminado sino como mera prolongación de su madre: “Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver.”15 Sus recuerdos idealizados de Comala, que contrastan fuertemente con la realidad que se le ofrece a su hijo, acompañarán a Juan hasta que encuentre su muerte.

Es Abundio quien introduce a Juan en el mundo infernal que es Comala. Resulta ser su medio-hermano (su nombre insinúa la abundancia de hijos ilegítimos de Pedro Páramo) y se une con él en un cruce de caminos llamado ominosamente ‘Los Encuentros’. Según Cristina Fiallega, quien realizó un trabajo semiótico-psicoanalítico sobre la novela, Abundio funciona como alter ego de Juan.16 Efectivamente hay varios paralelismos entre ellos, además de ser los dos hijos de Pedro Páramo: ambos se criaron en circunstancias miserables por culpa de su padre, los dos perdieron a una mujer querida (madre y mujer respectivamente) y los dos, después de esta pérdida dolorosa, van en busca de Pedro Páramo esperando obtener ‘algo’ de él. Su proximidad es evocada por el mismo Juan-narrador: “Fui tras él tratando de emparejarme a su paso (...) Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.”17

Sin embargo, Abundio es portador de los sentimientos negativos que son censurados y desplazados por el Yo al ‘otro hijo’ de Pedro Páramo (desdoblamiento). Mientras que Juan rehúsa las emociones amenazadoras (agresión, rabia) Abundio las vive y las expresa.18 Al preguntarle Juan por Pedro Páramo contesta: “Un rencor vivo.” (..) “Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ...”19 También es Abundio quien le recuerda a Juan la situación miserable en que los dos se criaron: “El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo.” Y por parte de Juan: negación: “No me acuerdo.”20 Y otra vez agresión por parte de Abundio: “¡Váyase mucho al carajo!” Pero Juan se hace el ‘sordo’ (escotomización): “¿Qué dice usted?” Digno de atención en este contexto también es el caso omiso que hace Juan-narrador de sus reacciones tanto ante las revelaciones de su madre como ante las de Abundio, quien informa a Juan de que Pedro Páramo murió hace muchos años, con lo que se anularía el objetivo de su viaje.

Lo único que provoca explícitamente decepción en Juan desde el principio es el contraste entre los recuerdos interiorizados de la madre y el Comala al que le introduce Abundio, es decir, la ruptura entre idealización y realidad: “¿Está seguro de que ya es Comala?” “Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre.”21 En su conversación con Dorotea Juan evoca esta desilusión yuxtaponiendo el mundo de ‘ayer’ (Sayuela: ‘niños’, ‘gritos’,‘vuelo de las palomas’, ‘aire’, ‘volar’, ‘cielo’, etc.) al de ‘hoy’ (Comala: ‘caer’, ‘pueblo sin ruidos’, ‘casas vacías’, ‘piedras’ etc.).

Guiado por su medio-hermano, Juan pasa a la casa de Eduviges Dyada, su madre sustituta22 o, para ir más lejos, la madre despojada de idealizaciones (desdoblamiento). Su apellido ya hace alusión a su duplicidad (“díada”, según la Real Academia, significa dualidad, “pareja de dos seres estrecha y especialmente vinculados entre sí.”). Eduviges y Dolores son asimilables por varios rasgos que comparten: eran muy amigas, aún después de la muerte se comunican entre ellas, se hicieron la promesa de morir juntas, las dos se enredaron con el Saltaperico 23, Eduviges se hace pasar por Dolores en la noche de bodas, las dos dieron a luz a hijos de Pedro Páramo (ya que Eduviges les dio hijos a todos), Eduviges considera a Juan como su hijo, las dos son cómplices (aunque involuntariamente) en las fechorías de Pedro Páramo, ambas son ‘abandonadas’ por él y ambas mueren por dolor espiritual (Dice la hermana de Eduviges: “Ella se fue por ese dolor. (...) Todavía veo sus muecas, y sus muecas eran los más tristes gestos que ha hecho un ser humano.”24 ).

[...]


1 "Entrevista a Juan Rulfo", en Alberto Vital : Noticias sobre Juan Rulfo, Editorial RM, México, 2003, p.199.

2 Juan Rulfo: “Pedro Paramo, Treinta años después”, 1985, http://letras.s5.com.istemp.com/rulfo160202.htm (01.08.2006).

3 ib.

4 Todo lo siguiente según: Stavros Mentzos: pp. 40-41.

5 Sigmund Freud: pp. 80-81.

6 Todo lo siguiente según: Stavros Mentzos: pp. 60-67.

7 A primera vista parece ilógico que procesos del Yo puedan ser inconscientes. Pero el Ello y el Yo no son dos entidades separadas sino que confluyen. (Anna Freud: pp. 14-19.)

8 Anna Freud: p. 40.

9 Según Stavros Mentzos: pp. 62-67.

10 Anna Freud: p. 75.

11 Stavros Mentzos: p. 63 y p. 199.

12 Las citaciones se realizan según la edición de José Carlos Gonzáles Boixo, Cátedra, Madrid 2004, aquí p. 65.

13 Es digno de nota la inversión temporal que emplea Juan en su narración a Dorotea, poniendo la esperanza en primer lugar y posponiendo el rencor materno.

14 Juan Rulfo: p. 102.

15 ob. cit.: p. 66.

16 Cristina Fiallega: p.72.

17 Juan Rulfo: p. 67.

18 Un procedimiento paralelo se puede observar en las hermanas Dolores / Gertrudis. Gertrudis (nombre germánico que significa ‘lanza fuerte o fiel’) es portadora de los sentimientos hostiles quien “nos echaba en cara nuestra carga” (Juan Rulfo: p. 81.).

19 Juan Rulfo: p. 68.

20 ob. cit.: p. 69.

21 ob. cit.: p. 66.

22 Carlos Fuentes: p. 265.

23 Cristina Fiallega destaca que Perico (también sinónimo de ‘charlatán’) en el habla méxicana es el diminutivo de Pedro, p. 87.

24 Juan Rulfo: p. 92.

Final del extracto de 13 páginas

Detalles

Título
Ilusión y desilusión en Pedro Páramo, de Juan Rulfo
Universidad
University of Cologne  (Romanisches Seminar)
Curso
Juan Rulfo y la narrativa mexicana del s. XX
Calificación
1,3
Autor
Año
2006
Páginas
13
No. de catálogo
V64744
ISBN (Ebook)
9783638574822
Tamaño de fichero
478 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Ilusión, Pedro, Páramo, Juan, Rulfo
Citar trabajo
Nils Winterfeldt (Autor), 2006, Ilusión y desilusión en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/64744

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