Orígenes Clásicos del Personaje de Celestina


Trabajo Universitario, 2012
24 Páginas, Calificación: 10

Extracto

Índice:

I- Introducción

II- Orígenes clásicos

III- La tradición ovidiana
III-1-Ovidio
III-2-La tradición ovidiana medieval
III-3-La comedia elegíaca
III-3-1- Pamphilus
III-4- La Trotaconventos del Libro de Buen Amor

IV- La comedia humanística italiana
IV-1- Dolos como uno de los posibles antecedentes de La Celestina

V- La Celestina

VI- Conclusión

VII- Bibliografía

I-Introducción:

El tema del presente trabajo es tan complejo como apasionante. Son muchas las obras que contienen un personaje de tipo celestinesco y muchísimo es también todo lo que se ha escrito sobre los posibles orígenes de este personaje en la literatura española. Teniendo en cuenta esto y, dadas las reducidas dimensiones de este trabajo, éste no puede ser en ningún modo exhaustivo. Sin embargo, nos conformamos con la consecución de un doble propósito. Por un lado, hacer un recorrido histórico que ilustre cuáles han sido las diferentes etapas y fuentes literarias que pudieron contribuir a dar forma a un personaje tan característico y arraigado en la literatura española como es el de la vieja Celestina y, por otro, analizar cuáles de los elementos presentes en la caracterización de las distintas alcahuetas anteriores forman parte de la idiosincrasia del personaje de Fernando de Rojas.

Los primeros ejemplos de este tipo de personaje los encontramos en las literaturas griega y latina. A pesar de que la obra de Rojas no repite argumentos propios de ninguna obra clásica y de que la crítica especializada ni siquiera pueda asegurar cuáles de estas obras fueron las que éste manejó o a las que pudo tener acceso, una lectura detenida de La Celestina nos deja ver a todas luces que no es poca la influencia de los clásicos que presenta la obra.

Por otro lado, autores como Américo Castro, Mª Rosa Lida o Francisco Márquez Villanueva hablan de una tradición híbrida para las “Celestinas” españolas forjada durante la Edad Media y que aglutina elementos clásicos con elementos orientales producto de la convivencia en nuestro territorio de las culturas cristiana, musulmana y judía. Nosotros nos centraremos y trataremos exclusivamente de establecer cuáles son los elementos provenientes de la tradición occidental que se aprecian en la caracterización del personaje, señalando la posible influencia oriental cuando se haga necesario.

Dentro de la tradición occidental parece que el vínculo más directo entre el mundo clásico y la obra de Fernando de Rojas es el poeta latino Ovidio y, sobre todo, una serie de obras de tradición ovidiana que alcanzaron gran popularidad en la literatura europea medieval y que influyeron de forma muy directa en la caracterización del personaje de la tercera en amores (como también se conoce a este tipo de personajes), entre las que destaca el anónimo Pamphilus. A la vez, es indudable la influencia de la comedia clásica, posiblemente a través de la comedia humanística italiana.

II-Orígenes clásicos:

El personaje de la tercera, cualquiera que sea el nombre que reciba en una obra concreta, nace y se codifica en la literatura clásica pero se va construyendo poco a poco a través del largo proceso de la tradición hasta llegar a la Celestina española. Así pues, pasa de ser un tipo más de la comedia griega a convertirse en un personaje de carne y hueso que es, además, protagonista de la obra en que aparece. Este fenómeno, sin embargo, parece ser exclusivo de la tradición española. El personaje tuvo gran difusión en la literatura europea medieval pero sólo en la cultura hispánica parecen darse las circunstancias necesarias para que este tipo de personaje deje de ser eso, un tipo más, y alcance un desarrollo más profundo.

Como veremos más adelante, entre los rasgos que caracterizan al personaje de la alcahueta dentro de la tradición occidental está, por un lado, que ésta suele ser una anciana y, por otro, su afición a la bebida. Ambos rasgos los encontramos, salvo excepciones, a lo largo de la tradición, desde la literatura clásica hasta La Celestina. El rasgo de la bebida, aparte de ser característico del personaje, es de suma importancia por otra razón, pues no aparece en aquéllos personajes que cuentan con mayor influencia oriental, como es el caso de la vieja Trotaconventos.

Encontramos las primeras referencias al personaje de la vieja que bebe vino en la literatura griega, concretamente en la comedia, aunque no exclusivamente. Ya desde la comedia antigua, suele aparecer caracterizada así, como una anciana borracha, y de este modo se mantiene, grosso modo, en toda la producción griega en la que, eso sí, aún no aparece en todos los casos como dedicada a la alcahuetería.

Las obras de Aristófanes en las que aparece este tipo son Plutos, Tesmoforias y Kolalos. Lo mismo encontramos en la obra del dramaturgo Teopompo (Nemea), también dentro de la comedia antigua. Posteriormente, aparece el mismo tipo en la comedia media y nueva, concretamente, en obras de Menandro (Samia, Perinthia), Antífanes (La iniciada), Anaxilas (Calipso), Epícrates (Anti-Lais), Alexis (Mujer al pozo, Bailarina), Dionisio (Salvadora) y Axiónico (Calcídico).[1] De todas estas viejas bebedoras de vino nos interesa destacar, por encima del resto, a la vieja Lais de Epícrates ya que ejerce la prostitución, rasgo que aparecerá más adelante relacionado con el mundo de la alcahueta.

De todos estos autores Menandro es el más reciente en el tiempo. Su obra influyó de forma poderosa en la comedia latina pero, como hemos visto, ya 150 años antes de él se satirizaba y criticaba una costumbre bastante extendida, al parecer, entre las mujeres, sobre todo entre las mujeres mayores. La literatura griega, pues, nos presenta lo que podríamos denominar como la prehistoria del personaje. Los testimonios que nos la dan son personajes secundarios con escasa importancia en la trama de las obras siendo lo importante que ya incorporan este rasgo en su caracterización. A éste se le irán sumando otros hasta llegar a un personaje redondo como es Celestina dentro de la tradición española.

La literatura latina nos ofrece el paso siguiente en la construcción del personaje de la alcahueta. Encontramos testimonios en tres géneros literarios distintos, a saber, de menor a mayor importancia, la novela, la comedia y, sobre todo, en la poesía elegíaca. Los tres géneros relacionan al personaje de la alcahueta con el mundo de la prostitución. Se trata de una lena, es decir, aquélla que regenta un prostíbulo, profesión que, además, solía complementarse con la del comercio de esclavos y con la alcahuetería (lenocinium).

Vamos a centrar nuestra atención sobre todo en la poesía elegíaca. Nada mencionaremos con respecto a la novela pero sí unas breves palabras sobre el teatro, por su importancia en la tradición que nos lleva hasta La Celestina. Lo primero que hemos de advertir son dos cosas: la primera, que en ninguna obra latina encontramos trama o argumento alguno que se asemeje a lo tratado en la obra de Rojas pero sí que es cierto que ésta última refleja un conocimiento amplio de temas y personajes propios de la comedia latina. En segundo lugar, los comediógrafos latinos, Plauto y Terencio, se inspiran para la creación de sus obras en originales griegos de la comedia media y nueva, que no conservamos, es decir que, con bastante probabilidad, las características y personajes que van a pasar al teatro posterior podrían encontrarse ya en la literatura griega pero no podemos demostrarlo.

La comedia romana distingue entre dos tipos. Por un lado, la fabula palliata o comedia traducida del griego y, por otro, la posterior fabula togata o comedia que, aunque inspirada en la griega, está adaptada al gusto de los romanos (los personajes son humildes y los temas son ya cotidianos). En la fabula togata era típico combinar elementos de dos o varias comedias griegas. Este recurso llamado contaminatio lo siguen tanto Plauto como Terencio.

Plauto se inspira en la obra de Menandro y elabora tramas complicadas sobre enredos amorosos que tienen que ver con jóvenes ricos (al igual que ocurre en la obra de Rojas). Éstas llegan a ser tan complejas que, en ocasiones, se ve obligado a explicar el argumento en pequeños prólogos para facilitar el seguimiento de la intriga. Lo mismo encontramos en el argumento general de La Celestina.

Los personajes son herederos de la comedia griega y, entre ellos destacan los personajes de tipo popular como alcahuetes, prostitutas, pícaros y criados astutos que, por cierto, utilizan un lenguaje bastante coloquial, incluso obsceno, rasgo éste que les aparta de los personajes de Rojas, que, por otra parte, comparten los mismos nombres parlantes que se usaban en la comedia griega (Pármeno, Sosia, Critón, etc). Un personaje característico era el soldado fanfarrón (Miles Gloriosus), el Centurio de La Celestina.

Conservamos seis de las obras de Terencio, cuatro de las cuales están inspiradas también en las de Menandro. Los rasgos terencianos reflejados en La Celestina son, por un lado, la aguda caracterización psicológica de los personajes (cortesanas, soldados, esclavos, etc.) a través del diálogo; por otro, el amor como tema conflictivo junto con la intención moralizante y la abundancia de aforismos y sentencias. Las comedias de Terencio están precedidas de unas periochae, añadidas posteriormente, que resumen brevemente el argumento y que heredan las comedias humanísticas italianas. Además, en los versos acrósticos, Rojas se refiere a su comedia como “terenciana obra”.

Tanto en la Edad Media como en el Renacimiento, Terencio fue más admirado y leído que Plauto y, además, Terencio es considerado en las escuelas universitarias como auctor doctus. La comedia romana, en general, era leída por los estudiantes medievales para aprender latín. De ella asimilan el recurso cómico del aparte, cómplice con el público, y el tratamiento del «tú» latino para personajes sin tener en cuenta su posición social.

Visto esto, se comprende la importancia que tiene la comedia clásica en la obra de Rojas. Insistimos en el hecho de que ningún argumento es análogo al de La Celestina. El personaje mismo de la alcahueta no es protagonista de ninguna comedia pero todos estos rasgos presentes en la obra de Rojas nos llevan a considerar que éste tuvo un gran conocimiento de la literatura clásica (al menos latina) que quizá le venga de sus años de estudiante en Salamanca. Las obras de Plauto[2] y Terencio, además, influyeron directamente en las comedias humanísticas italianas y es hecho probado que Rojas las conoció, como veremos más adelante.

III-La tradición ovidiana:

III-1- Ovidio:

La comedia latina es, por así decirlo, una base para la de Rojas. Sin embargo, el personaje de Celestina tiene sus orígenes, hasta donde hemos podido comprobar, más bien en el ámbito de la poesía, concretamente en la poesía elegíaca latina que florece en época de Augusto. Sus orígenes son griegos pero, mientras que en Grecia los temas que se tratan pueden ser variados, la elegía latina hereda de la griega el metro (dístico elegíaco[3] ) pero se centra exclusivamente en el tema de la experiencia amorosa personal y del dolor.

El personaje de la alcahueta lo encontramos en las obras de dos de los poetas elegíacos Propercio[4] y Ovidio[5] aunque también aparece en la de Horacio[6]. Los tres autores coinciden en el tema de la maldición de la malvada lena[7] que, guiada por la avaricia y el interés personal se interpone e intercede entre las relaciones de los jóvenes amantes. Puesto que, de estos tres autores, es sin duda Ovidio el que muestra mayor influencia posterior en lo que respecta al tema que nos ocupa, creemos conveniente hacer un pequeño análisis de su poema en cuestión.

En la elegía número VIII de Amores[8], encontramos la descripción de Dipsas, una alcahueta. Su propio nombre ya nos da un rasgo importante de su caracterización pues, en lengua griega, significa “sedienta”. Se trata, además, de una lena, personaje sacado del mundo real relacionado con el mundo de la prostitución. Solía tratarse de una anciana a la que se dirigían algunas jóvenes, sobre todo cortesanas de alto nivel, y que gozaba del lujo y de ciertas consideraciones. La lena les aconsejaba sobre cómo conseguir amantes con dinero, a ser refinadas y a explotar de la mejor manera sus encantos de mujeres. Lo normal era que éstas hubieran sido cortesanas en su juventud y, ya en la vejez, perdidos sus encantos, vivieran gracias a los amores de sus protegidas.

Las lenas ayudaban en los encuentros amorosos y los amantes procuraban contar con su apoyo regalándoles monedas o vino. Es por ello que se las suele representar embriagadas, como observamos al principio de esta elegía: “jamás la sorprendió en ayunas la madre del negro Memnón desde su carro ornado de rosas[9]. La lena de Ovidio es, por otro lado, una saga o hechicera que vive de noche, como se alude en el tercer verso y que, además, conoce la magia, los conjuros, las propiedades de las plantas y, de hecho, tiene poderes sobre los elementos naturales (es capaz de amontonar nubes, de oscurecer el día, etc.).

Hasta aquí Dipsas comparte muchos de los rasgos que presenta el personaje de Celestina pero con matices. La descripción que hace Ovidio se nos antoja demasiado fantástica, exagerada. En realidad, su intención no es otra que la de ridiculizar y burlarse de un personaje que se ha entrometido en su intento de conquistar a su amada. Para ello recurre a tópicos relacionados con los supuestos poderes de las lenas o de las sagas, figuras que, de hecho, acaban por fundirse en la literatura latina. La caracterización de nuestra Celestina es, sin embargo, bastante más realista, como veremos.

Aparte de conocer las propiedades de las plantas, utiliza el “rombo” en el que está enrollado el lino. Al parecer, se trata de un instrumento que las brujas utilizaban para amarrar a sus víctimas que pensamos puede estar relacionado con el hilado con el que nuestra Celestina, con ayuda del demonio, consigue hacerse con la voluntad de Melibea.

Otra característica de esta bruja es su capacidad de transformarse en animal: “me sospecho que en vida revolotea entre las sombras de la noche con el cuerpo lleno de plumas[10]. El realismo de La Celestina no recoge esta tradición que, sin embargo, tiene cierto peso en la literatura clásica[11]. Parece transformarse en un cuervo o cualquier otra ave de mal agüero. La doble pupila y los rayos de fuego que desprenden sus ojos parecen hacer referencia al mal de ojo, a la capacidad de causar cualquier mal o dolencia a otra persona con solo mirarla.

Dipsas parece conocer las ceremonias nigrománticas y, seguramente, igual que Celestina, frecuentaba los cementerios en busca de ingredientes con los que preparar sus filtros y brebajes, con predilección por los cuerpos de aquéllos que habían muerto prematuramente o de forma violenta, pues se supone que conservarían cierto rencor hacia sus asesinos que la bruja podría redirigir hacia una nueva víctima.

La caracterización de las sagas latinas es, sin duda, la que heredan las brujas de la cultura occidental. Se las solía representar vestidas de negro y con la cara arrugada. Entre otras cosas, hechizaban objetos (como muñecos de cera) o grababan maldiciones en tablillas de plomo llamadas defixiones con la idea de lograr la philocaptio de la víctima en cuestión y así controlar su voluntad o debilitarlo para que sea más fácil de manejar.

Todas estas descripciones que Ovidio nos ofrece van encaminadas a lograr que el lector sienta repugnancia y rechazo por el personaje que describe. La lena contradecía la moral imperante en la época. Además de ser repugnante y de conocer todas las prácticas mágicas posibles para causar el mal ajeno, Dipsas aprecia mucho el vino, como vemos también en los últimos versos del poema. El vino estaba totalmente prohibido a las mujeres y, además, el vino puro era una ofrenda imprescindible en cualquier sacrificio a los dioses.

A partir del verso 24 y, hasta el 109, Ovidio le cede la palabra a Dipsas que termina de retratarse adoctrinando a la amante del poeta mientras le enseña cómo embaucar a sus pretendientes y sacarles el máximo de dinero posible. Para lograr aún más el rechazo de los lectores, al retrato de Dipsas añade que “se ha propuesto mancillar tálamos pudorosos y no carece, encima, su lengua de nociva facundia[12]. Lo primero es un atentado contra la moral imperante en la época. Los ejemplos que pone la alcahueta no deberían ser seguidos por ninguna mujer pues representan a mujeres que no vivían bajo la autoridad de un pater familias y llevaban a cabo actos considerados inmorales por la mayoría de los romanos. Sin embargo, Dipsas los presenta como útiles para su protegida.

La facilidad de palabra es otro rasgo importante de esta lena. Está movida por el interés personal ya que vive de los frutos de su intercesión en las relaciones entre los amantes: “¿Sabes que ayer tú, mi luz, le gustaste a un mozo rico? Se quedó clavado y fijo en tu semblante. ¿Y por qué no le ibas a gustar? tu figura no está debajo de la de nadie; ¡cuitada de mí!, tu atavío desmerece tu cuerpo. Me gustaría que fueras tan afortunada como hermosísima eres, que, de hacerte tú rica, no seré yo pobre”.[13]

En resumen, el personaje que nos presenta el poeta cuenta ya con gran parte de las características que definirán a las alcahuetas posteriores. La imagen que nos ofrece de la misma es, sin embargo, muy estereotipada y negativa. Este último aspecto, como iremos viendo, se suavizará en la tradición medieval.

[...]


[1] Para mayor precisión, véase el trabajo de P. A. Cavallero que aparece en la bibliografía.

[2] Cistellaria, Mostellaria y Curculio de Plauto son ejemplos de obras que incluyen el personaje de la lena caracterizada como anciana y bebedora.

[3] Hexámetro más pentámetro.

[4] Elegías IV, 5.

[5] Amores I, 8.

[6] Epodos 5 y 17.

[7] Acanthis se llama la de Propercio, Canidia la de Horacio y Dipsas la de Ovidio.

[8] Se trata de tres libros de elegías dirigidas a Corina, que le sirve de pretexto para reflejar en ellos unos tópicos que ya aparecen en Tibulo, Propercio y en toda la tradición alejandrina neotérica. No existe un auténtico sentimiento amoroso sino, más bien galantería, gusto por la aventura, por la conquista, no de una mujer determinada, sino de cualquier mujer. Son elegías frías, artificiosas, carentes de pasión y de sentimiento.

[9] Vv. 4- 5. Es importante notar que tanto Propercio como Horacio presentan escenas análogas pues se trata de un topos literario.

[10] Vv. 14-15.

[11] Cf. Pánfila (libro II, 11) de la obra de Apuleyo: El Asno de Oro, a su vez basado en el relato de Luciano “Lucio o el asno”. Circe, en la Odisea de Homero, transformaba a los hombres en animales precisamente con drogas mezcladas con el vino de Prammio (Canto X). A Circe se la relaciona con la maga Medea de Colcos, aludida en el poema.

[12] Vv. 20- 21.

[13] Vv. 24- 30.

Final del extracto de 24 páginas

Detalles

Título
Orígenes Clásicos del Personaje de Celestina
Curso
Máster - Tradición clásica
Calificación
10
Autor
Año
2012
Páginas
24
No. de catálogo
V199780
ISBN (Ebook)
9783656314288
ISBN (Libro)
9783656314363
Tamaño de fichero
499 KB
Idioma
Español
Etiqueta
orígenes, clásicos, personaje, celestina
Citar trabajo
Anglistik/ Germanistik/ klassische Philologie Enrique del Cerro Calderón (Autor), 2012, Orígenes Clásicos del Personaje de Celestina, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/199780

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