Estudio sobre concepciones y prácticas de consumo del cine documental en los jóvenes universitarios de Puebla

Prácticas de consumo y Cine Documental


Tesis (Bachelor), 2012
72 Páginas, Calificación: 10.0

Extracto

ÍNDICE

Introducción

Capítulo 1. Planteamiento general
1.1 Objeto de estudio
1.2 Preguntas de investigación
1.3 Justificación
1.4 Viabilidad del estudio
1.5 Consecuencias del estudio
1.6 Objetivos del estudio
1.7 Propósito

Capítulo 2. Marco Teórico
2.1 Consumo Cultural
2.2 ¿Quién consume cultura?
2.3 Políticas Culturales
2.4 Investigaciones sobre consumo cultural
2.5 Investigaciones sobre consumo cultural en la ciudad de Puebla

Capítulo 3. Cine documental
3.1 Definiciones del género cine documental
3.2 Historia del cine documental
3.3 Elementos del cine documental
3.4 Clasificación del documental
3.5 Tipos de documental
3.6 Situación del cine documental en Puebla
3.6.1 Situación en términos de mercado
3.6.2 Situación en términos de difusión

Capítulo 4. Metodología de la investigación
4.1 Hipótesis
4.2 Hipótesis particulares
4.3 Variable de investigación
4.4 Diseño de investigación
4.5 Aplicación
4.6 Prueba de Hipótesis
4.7 Resultados

Capítulo 5. Conclusiones y propuestas
4.1 Conclusiones
4.2 Propuestas

Bibliografía

Anexo
Instrumento de medición
Tablas y gráficas

Introducción

El cine es una expresión artística del hombre, el cual, plasma historias o vivencias propias para inmortalizar lo que ha concebido en su mente. “Cine”, abreviatura de cinematografía, fue para muchos en el siglo XlX sólo el invento que proyectaba “el movimiento de la imagen”, sin embargo, ahora el cine es el reflejo del séptimo arte. Un modo artístico de expresar la visión que se tiene del mundo. De este modo, también trasciende y viaja en el tiempo y en el espacio, es por ello que cuando vemos una película antigua nos rememora tiempos pasados y cuando vemos una película futurista nos hace imaginar épocas de la posteridad.

Empero el cine, no es solo arte, también es una de las industrias más importantes a nivel mundial, pues surgió por la necesidad de registrar la realidad de un suceso e intercambiar información entre la audiencia. No obstante, para causar tal efecto, es necesario invertir recursos monetarios, con el fin de recaudar mayor ganancia de la que se invirtió. En pocas palabras, el cine es el placer de crear, disfrutar y viajar a nuevas experiencias a través de una pantalla; el cine alimenta nuestra imaginación, a nuestro poder de reflexión y crea en nosotros una auténtica manera de ver el mundo.

Existe un género de la cinematografía llamado cine documental, que exhibe la cotidianidad, sucesos evidentes o desconocidos, utilizando recursos fílmicos de manera creativa. Su importancia radica en que nos ayuda a entender al otro en comprender un hecho a través de un film. El cine documental no solo causa empatía en la audiencia, también atribuye el sentido de pertenencia pues no solo exhibe realidades, de igual forma es una expresión del arte que cautiva públicos alrededor del mundo. Es un medio de comunicación que plantea un mensaje --en este caso el contenido del film--, exponiéndolo a la vista de su receptor: el público o la audiencia, y esperando causar una emoción, reflexión, sentir colectivo: la retroalimentación. El cine documental, es cultura, ya que refleja no solo procesos sociales de una comunidad o sector, también evidencia cuestiones simbólicas como creencias, valores, ideales, modos de vida y, sugiere --si así lo desea el realizador-- mejoras en la sociedad.

El gran problema, es que el cine documental ha sido marginado durante muchos años dentro del país, es cierto que existen festivales que proyectan y muestran este género cinematográfico pero en gran parte aún faltan muchas personas, entre ellos jóvenes, que conozcan y asistan a un ciclo de este género de cine, esto debido a la falta de conciencia en la sociedad al no reconocerlo como una herramienta de la cultura; y al no tener la claridad del concepto por lo cual lo consideran aburrido o carente de beneficio alguno. La consecuencia de este problema es que los jóvenes no tienen entre sus actividades prácticas de consumo del cine documental, por lo cual hacen de esta cuestión un círculo vicioso.

Este estudio surge ante la necesidad de conocer el nivel de conocimientos y prácticas de consumo que tienen los jóvenes universitarios de Puebla, acerca del cine documental. En esta investigación se corroboró la problemática, haciendo un estudio previo de carácter exploratorio, planteando cómo se diseñaría el instrumento de medición y delimitando hipótesis, objetivos y propósitos. Por medio de bases teóricas, se definió el significado de cultura, así como de consumo cultural y estudios que tratan sobre las prácticas de consumo en México y en Puebla. Asimismo se abordaron bases referenciales sobre cine documental, se puntualizaron diversas definiciones de teóricos del cine, con el fin de aclarar concepto de cine documental. Además, se describió brevemente su historia, sus elementos y características principales y también se expuso la clasificación y los tipos de documentales que hay en el mercado. Finalmente en este capítulo referencial se abordó la situación que existe en términos de mercado y de difusión en la ciudad de Puebla y se prosiguió al diagnóstico, que tuvo como instrumento de medición, la encuesta asimismo se finalizó con las conclusiones y propuestas.

A lo largo de esta investigación se clarificó el concepto de cultura y políticas culturales. Con el estudio se conoció lo que verdaderamente prefieren los jóvenes poblanos acerca de los temas de preferencia en el cine documental y gracias a ello se estableció la directriz de este trabajo.

Una de las razones por las cuales me llevó a realizar esta investigación, es porque considero fielmente que es de suma importancia el estudio de prácticas de consumo cultural en México, sobretodo en expresiones del arte de este género cinematográfico, ya que de alguna manera sigue siendo marginado ante la audiencia juvenil y estudiantil al no conocer las ganancias que tiene culturalmente y simbólicamente, por esta razón en esta investigación se fijaron propuestas para exaltar al cine documental en Puebla.

Capítulo 1 Planteamiento

En esta investigación se expone la importancia de conocer la concepción que tiene el público y las prácticas de consumo a quién va dirigida este estudio. En este capítulo se proponen los planteamientos que definirán la investigación, y se expondrá el instrumento que se utilizará para medir la población, que en este caso son estudiantes universitarios de Puebla. Para finalizar se aplicará el instrumento y se analizarán los resultados.

1.1 Objeto de estudio

La cinematografía es una de las expresiones artísticas con mayor peso tanto económico como cultural en la sociedad. Diversas historias han sido recolectadas, inventadas, tratadas y captadas por el lente de una cámara para proyectarse en diversas salas de cine y de esta manera causar un gran impacto. A lo largo de los años, el cine ha cautivado a diversos públicos, ancianos, jóvenes, niños, es por ello que el cine también se ha clasificado en cine infantil, cine para adultos, cine para adolescentes. Sin embargo, existen distintos géneros cinematográficos, el que se enfoca en esta investigación es el cine documental.

En sus libros, “Miradas a la Realidad vol. 1 y vol. 2” (1990- 1992) José Rovirosa entrevista a más de diez documentalistas mexicanos y hace una breve introducción presentando al cine documental como un cine marginado en las salas convencionales. Diversos directores de cine documental entre ellos, Alfonso Muñoz, Juan Mora, Nicholas Echavarría, Mari Carmen de Lara, Carlos Cruz y Carlos Mendoza, afirman que este género no tiene la suficiente difusión ni publicidad, es censurado y que, aunque hay interés en los jóvenes por ver o hacer cine documental, muchas veces no se tienen las herramientas necesarias para producirlo, y eso hace que el joven se desinterese. Nicolás Echevarría, documentalista mexicano, menciona en una entrevista con José Rovirosa, que en el comienzo de su carrera creía que el documental tenía que ser pedagógico, víctima de la falta de conocimiento sobre el tema.

Para verificar estos problemas de falta de difusión y de una falsa concepción, surge la necesidad de hacer un diagnóstico sobre este género a través del cual se pueda identificar el nivel de conocimiento del documental así como las prácticas de consumo entre los jóvenes universitarios en el área metropolitana de Puebla.

1.2 Preguntas de investigación

- Los jóvenes universitarios del área metropolitana de Puebla, ¿consumen cine documental?
- ¿Qué concepto tienen los jóvenes universitarios del significado de cine documental?
- ¿Existe la suficiente difusión de cine documental en la ciudad de Puebla?
- ¿Existe una campaña de difusión para propagar el cine documental en los jóvenes universitarios del área metropolitana de Puebla?
- ¿Influyen los diferentes tópicos del cine documental, para tener un mayor consumo por los jóvenes universitarios del área metropolitana de Puebla?

1.3 Justificación

El cine documental es usualmente visto por la sociedad como una forma didáctica de enseñanza, o simplemente una denuncia pública de conflictos políticos o sociales. Este paradigma ha causado que la población desconozca el documental y que, por lo mismo, no sea propagado, causando así falta de conciencia y reflexión sobre los diversos temas que aborda un documental. Los films del cine documental no solo son películas educativas o promocionales turísticos, ni mucho menos películas informativas. Como diría Richard Meran Barsam son historias verdaderas con escenas en vivo (1992). Los documentales marcan una pauta en la reflexión y opinión sobre distintos temas y realidades verídicas; el cine documental es un medio de comunicación donde el receptor, que en este caso es la audiencia, percibe el mensaje que se expresa en la pantalla y del cual surge una mejora para la sociedad. Sin embargo, si los documentales son mal interpretados y no existe una difusión sobre su importancia, los mensajes que evocan nunca llegarán al receptor y nunca existirá una retroalimentación.

Es por ello, que primero se ha hecho una investigación de carácter exploratorio, según explica Hernández Sampieri, Fernando Collado y Baptista Lucio (2006) el tipo de estudio exploratorio en una investigación tiene el propósito de “examinar un tema o problema de investigaci ó n poco estudiado y del cual se tienen muchas dudas o no se ha abordado antes ” . De esta forma, se realizó un sondeo previo en estudiantes de diferentes universidades de Puebla. Se eligió una muestra representativa de 50 jóvenes universitarios --ya que solo era representativa para mostrar si existía el problema o no--. En el sondeo se preguntaba: “¿Han visto documentales? Y, en caso de una respuesta negativa, ¿Cuál era el motivo por el cual no veían documentales? Y ¿Cuál era su opinión sobre el concepto documental?” Los resultados fueron los siguientes:

- 29 estudiantes no ven cine documental.
- 17 estudiantes no ven documentales por ocupación.
- 12 estudiantes no ven documentales por falta de difusión.
- 16 estudiantes creen que el propósito del cine documental es educar.
- 8 estudiantes creen que el propósito del cine documental es denunciar.
- 5 estudiantes creen que el propósito del cine documental es enterar.

Con estos datos es suficiente evidenciar el problema y estructurar un estudio en los jóvenes universitarios del área metropolitana de Puebla, con el fin de verificar dicha incógnita, encontrar las posibles explicaciones y darle cauce a estimar el valor del cine documental en la ciudad de Puebla.

1.4 Viabilidad del estudio

Para que se realice este estudio, inicialmente se deben esclarecer los objetivos y el propósito de dicha investigación; después se necesita plantear un diseño de la investigación con su respectivo instrumento de medición, confiable, válido y objetivo, en este caso, será por medio de una encuesta específica que recolecte los datos que se desean conocer en un lapso de semanas, de esta forma será posible concluir con la investigación.

1.5 Consecuencias del estudio

El estudio será evaluado en la medida en que aporte respuestas sobre la problemática ya planteada. Existen repercusiones tanto positivas como negativas para realizar este estudio; uno de los efectos positivos que tendría es que comprobaría la falta de conocimiento ante el cine documental en la ciudad de Puebla, lo cual provocaría propuestas para realizar una campaña de difusión del documental desde el verdadero sentido y propósito del mismo. Otro efecto sería el comprobar la falta de creaciones de públicos jóvenes que consuman y que hagan uso del cine documental como una vía de expresión y como un medio de comunicación. Otra consecuencia positiva sería el observar si el joven propone algunas temáticas para hacer cine documental. Por otro lado, una repercusión negativa sería que el instrumento de medición del diagnóstico fuera inadecuado y que, al aplicarlo, los jóvenes universitarios contestaran falazmente y los resultados fueran erróneos quedando las preguntas de investigación sin respuesta.

1.6 Objetivos del estudio

Objetivo general

Realizar un estudio, a través del cual se identifique el nivel de conocimiento del cine documental, así como las prácticas culturales entre los jóvenes universitarios en el área metropolitana de Puebla.

Objetivos particulares

- Desarrollar propuestas para fomentar la difusión del cine documental en Puebla.
- Crear una base de datos para un futuro seguimiento en el tema.
- Promoción de prácticas de consumo de los documentales en los jóvenes universitarios.
- Verificar los temas de interés de los documentales en los jóvenes universitarios del área metropolitana de Puebla.

1.7 Propósito

A partir de los resultados de esta investigación hacer 5 propuestas de campaña de difusión sobre cine documental y dejar una base de datos para futuros estudios sobre el tema, o en su caso, fortalecer las prácticas de consumo.

Capítulo 2 Marco Teórico

Las prácticas de consumo, son la base y fundamento de esta investigación, por ello, es necesario conocer las diversas definiciones de consumo cultural de los distintos teóricos que se plantean en este capítulo. También se definirá el término cultura, consumo y consumo cultural; asimismo, se conocerá el comportamiento del consumidor en actividades culturales, y se expondrá el concepto de política cultural, también, se indicarán los estudios que se han realizado a partir del consumo cultural en México y en Puebla.

2.1 Consumo cultural

En cualquier sociedad, cada individuo tiene necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de estima propia y de autorrealización según la “jerarquía de necesidades” de Abraham Maslow. Este tipo de necesidades se cumplen con el simple hecho de interacción con una comunidad, la identidad propia nos une a esa interacción. Manuel Castells explica esta idea al decir que “las identidades sólo se convierten en tales si los actores sociales las interiorizan y construyen su sentido en torno a esa interiorización” (1996 p. 28). Esta definición explica que un individuo debe interiorizar sobre su persona y conocer los procesos por los cuales se llega a entender su individualización, estos procesos pueden ser los conocimientos, los recuerdos, los anhelos, los gustos, y si se practican en conjunto como diría Bigott Suzzarini1 se construye “una nueva identidad que define su posición en una sociedad y busca transformar la estructura social” (2007). La cultura para Dietrich Schwanitz es “una forma de comprenderse a s í mismo” (1999) y es por ello que para conocerse así mismo se requiere de estar en contacto con historias, relatos y sucesos de la literatura, del cine, del teatro, de la lectura; ya que son modelos referenciales y de transformación social. Por eso, este escritor también nos menciona que la cultura debe ser una manera de comunicación que enriquece nuestras relaciones interpersonales y nos ayuda al entendimiento de los unos con los otros. En pocas palabras, Schwanitz define la cultura como “la forma en que esp í ritu, carne y civilizaci ó n se convierten en persona y se reflejan en el espejo que son los dem á s” (p. 724).

Guillermo Sunkel2 (1999) propone que si se entiende que la cultura es el cimiento de la sociedad en la cual se comparten actitudes similares con los otros, también se debe entender la forma en cómo los grupos sociales elaboran y adquieren productos culturales y cómo los factores externos la pueden modificar. Este tipo de análisis es conocido como los “estudios de consumo cultural”. En la última década, las prácticas de consumo y estudios sobre el consumo cultural han sido temas muy importantes de investigación, observación y análisis. Es de suma importancia conocer las conductas de los consumidores en razón de las actividades culturales que realizan, ya que tienen como objetivo enriquecer a la audiencia con nuevos conocimientos, aprendizajes y experiencias de vida. Antes de comenzar a describir las prácticas de consumo es necesario definir “consumo” y “consumo cultural”.

Tan solo la idea de “consumo” se ha convertido en un convencionalismo posicionándose como comprar objetos superficiales, sin embargo, Canclini (1990) nos aclara que consumir es pensar, elegir y reelaborar el sentido social, “Consumir es participar en un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por las maneras de usarlo” (p. 44), este proceso nos ayuda como “instrumentos de diferenciación”, en otras palabras, consumir tiene como propósito satisfacernos, distinguirnos y poder comunicarnos con la sociedad. Néstor García Canclini y Jesús Martín Barbero, dos teóricos que han aportado sus vastos conocimientos definiendo consumo cultural, también han propiciado diversos estudios sobre el consumo con el fin de demostrar que es la clave para un mejor desarrollo social. Para García Canclini, el consumo cultural es la adquisición y el uso de servicios o bienes culturales frecuentados en la medida en que tienen mayor valor simbólico que valor de uso, o en su caso, valor de cambio. Este antropólogo comienza a describir el fenómeno del consumo cultural en 1990, en su artículo “El consumo cultural: una propuesta te ó rica3. Y es en su libro “Consumidores y ciudadanos” (1995 p.54) que nos dice “El consumo cultural da sentido a los pertenecientes” es decir, explica que las actividades culturales no solo son consumidas por su valor representativo para cada individuo, sino también aportan un significado, un rumbo y una identidad. En esta dirección de identificación, este autor nos explica que una nación no se determina por sus límites territoriales, ni por su historia política sino por su “comunidad interpretativa de consumidores, cuyos h á bitos tradicionales los llevan a relacionarse de un modo peculiar” (1995 p.50). En otras palabras la identidad nacional se define en medida de que exista una integración de similitudes y afinidades en una comunidad de consumidores.

Martín Barbero coincide con Canclini en este aspecto al decir que “los medios de comunicación y de expresión son fenómenos culturales donde la gente establece el sentido de su vida” (1995 p.183). Barbero también nos explica que “el consumo no es solo reproducci ó n de fuerzas, sino tambi é n producci ó n de sentidos: lugar de lucha que no se agota en la posici ó n de los objetos, pues pasa a ú n m á s decisivamente por los usos que les dan forma social” (1987 p. 231). Mabel Piccini4 (2000) nos expone que el uso mecanizado de lo que se produce en la sociedad moderna, es el consumo cultural. Estas definiciones nos exponen dos vertientes: la primera, es que el consumo cultural no posee bienes materiales sino que es la práctica de la sociedad; la segunda vertiente es que este tipo de prácticas se hará posible mediante el nivel de producción cultural de la sociedad. Para Pierre Bordieu (2002) los productos culturales son el resultado de lo que Piccini nos dice que “produce la sociedad”, sin embargo Bordieu determina que esos productos son el conjunto de “gustos constituidos, un gusto que ha sido transportado de la vaga semi-existencia de lo vivido, semi-expresado o no expresado, del deseo impl í cito, incluso inconsciente, a la plena realidad del producto acabado, por medio del trabajo de objetivaci ó n que en el estado actual, incumbe casi siempre a unos determinados profesionales ” (p. 218).

En este sentido, Canclini, concuerda con Bordieu y explica que en el consumo cultural, la práctica de consumo de lo artístico y de la cultura en la sociedad moderna, es a lo cual podemos llamar “bienes culturales” (1995). Este fenómeno (consumo cultural) se logra por la concepción de las necesidades y la urgencia de satisfacerlas. Si existen necesidades de expresión del arte o conocimientos de la cultura, los bienes culturales saciarán esa necesidad logrando el deseo anhelado. Es de saber que no necesariamente se adquieren bienes culturales en medida de la clase social a la que pertenezcas, ya que como se ha planteado, los bienes materiales difieren de los culturales, como cita Castells (1974) “El consumo es un sitio donde los conflictos entre clases, originados por la desigual participaci ó n en la estructura productiva, se contin ú an a prop ó sito de la distribuci ó n y apropiaci ó n de los bienes.” Sin embargo, como se expone en el punto siguiente, las clases sociales no determinan pero sí influyen en el consumo cultural.

2.2 ¿Quién consume cultura?

Manuel Cuadrado García y Gloria Bereguer Contrí plantean en su artículo “El comportamiento del consumidor de actividades culturales en vivo” (3-7 julio, 2000), que el primer consumidor de un producto cultural es el mismo creador, quién expresa sus emociones, sus ideales en la obra que realizó. Después se lo presenta a sus compañeros de profesión quienes le darán una retroalimentación de su trabajo y posteriormente la intercambiará con el público, donde podrá obtener beneficios económicos. Es decir, describir a la audiencia que consume la cultura evoca al proceso comunicativo, que como beneficio obtiene su reconocimiento propio de expresión, el reconocimiento de sus colegas y después el reconocimiento del público y ganancias monetarias. Sin embargo, la audiencia de estudio en esta investigación será el consumidor asistente que adquiere bienes culturales.

Se ha expuesto que la cultura propicia la comprensión mutua en una sociedad y también que el consumo cultural se desarrolla por comunidades que desean obtener un bienestar simbólico, es por ello que Bourdieu en su libro “La distinción”, plantea que un sector de la población que ha tenido un “buen capital humano y cultural” tendrá más afición por consumir cultura y sentirse vinculado a tales bienes culturales. Bordieu (2002) da el ejemplo de las familias que tienen un nivel de estudios mayor, los cuales se sentirán más vinculados a obtener bienes culturales que las familias con un nivel menor ya que su simbología sobre estos productos no les dice nada para ellos.

A mayor nivel de valoración de la cultura, mayor nivel de personas que la consuman, para Guillermo Orozco (1999) las medidas para que las comunidades tengan apropiaciones de bienes culturales serán las practicas comunicativas de las cuales surgen los consumos mediáticos. El nivel de pertenencia de la sociedad y sentirse identificado con los productos culturales será lo que determine que estos bienes sean aceptados o rechazados.

Pero la determinación de que se formen los públicos o las audiencias para consumir cultura es delimitada ya que cada individuo observa en la sociedad, en la familia, en la universidad, lo que los medios de comunicación exponen en las propuestas comerciales, en las propuestas culturales, es decir, el público consumidor de cultura se construye, no nace por sí solo. Cabe mencionar que un público consumidor de cultura se construirá en medida de que existan una relación estrecha entre los procesos culturales y los procesos comunicativos en una sociedad, “hacer dialogar a la cultura con la comunicación” (Gómez, 2006 p. 13).

Las tecnologías de la información y comunicación han tenido un incremento de su uso en la actualidad, su efecto en la sociedad ha sido tan grande a raíz de la naturaleza innovadora que atrae a masas. En este sentido, Nicholas A. Christakis y James H. Fowhler, especialistas en ciencias sociales, afirman en su libro “Connected: The Surprising Power of Our Social Networks” (2009), el gran impacto que tienen las redes sociales al contagiar de emociones e influir en diversos temas, así como generar opiniones no solo a un grupo especifico de personas, sino a grandes cantidades. También explican que es un deber alimentar las redes sociales con la difusión de ideas y aspectos valiosos para generar mayores conexiones. Este recurso (redes sociales) puede ser el vínculo que relacione la comunicación y el consumo de cultura en una región determinada y en el país, de tal manera que sea formulado con una visión global.

2.3 Políticas culturales

Mencionar “política cultural” significa referirnos al concepto que nació después de la Segunda Guerra Mundial, en Europa Occidental. En ese tiempo, el gobierno requería de un tiempo de bienestar donde la sociedad estuviera protegida en factores de trabajo, salud y cultura y se obtuviera también una seguridad en la educación. No obstante, al paso de los años, la cultura no solo se ha convertido en un factor de seguridad, también se ha transformado en un modo de vivir que hace distinción en muchos países.

Para Tomás Ejea Mendoza (2007) la política cultural tiene distintos objetivos de suma importancia y de los cuales se puede efectuar como campo de acción, entre ellos está incluir programas orientados a preservar el patrimonio cultural, así como difundir prácticas sociales de una población, además de guiar, suministrar y normalizar a las industrias culturales, promoviendo su práctica cultural e instaurando “canales de distribuci ó n y recepci ó n de bienes y objetos art í sticos”.5 Cabe resaltar que Ejea Mendoza opina que para obtener un canal de distribución se necesita sumamente de la intervención y de las instituciones de gobierno, ya que es por ellos que primeramente se da el permiso de la producción y el fomento del consumo de la cultura. Sin embargo, García Canclini (2007)6 expone que las políticas culturales son un conjunto de intervenciones por el Estado, por Instituciones empresariales pero sobretodo por los grupos comunitarios, a fin de orientar el desarrollo simbólico y satisfacer necesidades culturales. En otras palabras, las políticas culturales no solo deben ponerse en funcionamiento por el gobierno, también por los movimientos juveniles ya establecidos, así como los movimientos sociales y culturales quienes las deben de desarrollar e impulsar. Colin Mercer7 opina que la problemática de las políticas culturales no es la carencia de compromiso, ni la falta del apoyo o incentivo sino la mala aprehensión y formulación del concepto cultura, dicho de otra manera, no solo la falta de políticas culturales es culpa de instituciones de gobierno, también es yerro de todos los que se encargan de transmitir cultura a una sociedad.

En la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el desarrollo (Estocolmo, Suecia 30 de marzo - 2 de abril de 1998) la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, declaró que el propósito principal de las políticas culturales es el establecer el objetivo anhelado para el consumo cultural, crear estructuras y recaudar fondos para crear espacios que favorezcan la actividad cultural.

De sus principales objetivos están:

- Que la política cultural debe ser el centro de la política para el desarrollo.
- Promover la creatividad y la participación en la vida cultural.
- Reestructurar las políticas y las prácticas a fin de conservar y acentuar la importancia del patrimonio tangible e intangible, mueble e inmueble y promover las industrias culturales.
- Promover la diversidad cultural y lingüística de y para la sociedad de información.
- Poner más recursos humanos y financieros a disposición del desarrollo cultural.

En síntesis las políticas culturales son normativas que facilitan el consumo de la cultura, desde programas establecidos para su práctica y el fomento de las industrias culturales.

2.4 Investigaciones sobre consumo cultural

Sunkel (1999) cita en su libro “El consumo cultural en América Latina”, tres acontecimientos importantes que han sido los estudios más relevantes en Latinoamérica sobre consumo cultural. El primero está señalado por las investigaciones al público de arte, es decir, se estudió el gusto, la clase social y el nivel de educación del público que asistía a museos, galerías, teatros, conciertos y de quienes no lo hacían. Estas investigaciones fueron dirigidas por Rita Eder en “El público de arte en México: los espectadores de la exposición Hammer”. El segundo acontecimiento fue la investigación comparativa de consumo cultural en grandes ciudades. En este caso, el estudio se abordó en Buenos Aires, Argentina, Santiago de Chile y México, a principios de los noventa por el grupo Políticas Culturales CLACSO. El tercer acontecimiento fue la investigación cualitativa de consumo de géneros y medios particulares, donde sobresalen los trabajos de Jesús Martín Barbero sobre “Telenovela” y María Cristina Mata sobre “La radio” (p.287).

En 1989 se aplicó una encuesta sobre consumo cultural en la Ciudad de México, aplicaron estos cuestionarios a 1500 hogares, quienes dirigieron este estudio fueron García Canclini, Mabel Piccini y Ana Rosas Mantecón los cuales fueron apoyados por instituciones educativas como la Escuela Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Autónoma Metropolitana, así como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Este estudio tuvo como resultado el 45.9 por ciento de los habitantes del Distrito Federal no había leído ni un libro en el último año; un 41.2 por ciento decía que llevaba más de un año que no asistía al cine o no recordaba cuándo fue la última vez.

El 62.5 por ciento de los encuestados decía gustar del teatro pero no asistir a ninguna obra en el último año o no recordar cuando lo hizo. El 89.2 por ciento no asiste a conciertos de música clásica. Otra investigación paralela fue la de “Bibliotecas públicas y conducta lectora” en el año de 1988-1989. La encuesta fue elaborada por la Dirección General de Bibliotecas Públicas (DGB).

La Encuesta Nacional de Juventud 2000, fue otro estudio de investigación en el cual tenía como propósito actualizar y profundizar sobre los conocimientos de los jóvenes mexicanos como elementos fundamentales para la construcción de programas de cultura. (IMJ, 2000) En este estudio se encuestó a personas de 12 a 29 años de edad, con una muestra de 54 500 viviendas. Otro estudio importante fue en el año 2004 el de “Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Cultural” que se encargó el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ya que se investigó a personas mayores de 15 años a lo largo de 27 estados de la Republica Mexicana en razón de sus opiniones y asistencias a recintos culturales, a la lectura, exposiciones de medios audiovisuales, las actividades que se realizan en su tiempo. Esta investigación fue más completa que las anteriores porque se añadieron perfiles sociodemográficos como sexo, edad, escolaridad, ocupación, ingresos, lugar territorial y tamaño de la población.

2.5 Investigaciones sobre consumo cultural en la ciudad de Puebla

En la ciudad de Puebla, los estudios sobre consumo cultural comenzaron a realizarse a finales de la década de los noventa, a través de tesis de licenciatura e investigaciones de carácter cuantitativo sobre las actividades que se realizan en el tiempo libre los grupos sociales. Después de un tiempo, las investigaciones se volvieron más cualitativas, las fronteras que existían fueron derribadas y se lograron experiencias de identidad y de relación con el mundo, es decir, donde lo global se integra con lo local (Meyer 2006). Lo que ha influido para que exista este fenómeno son las tecnologías innovadoras y los medios de comunicación que, como lo nombra García Canclini, son “procesos de hibridación cultural” (1999) pues favorecen la comunicación y el progreso cultural en una localidad.

Entre las diversas investigaciones que se han hecho sobre consumo cultural, resaltan las diversas tesis de licenciatura que abordan la demanda, las practicas de consumo cultural, las políticas culturales en la ciudad de Puebla, entre otras. También los estudios que se han hecho a partir de finales de los noventa con las aportaciones de investigaciones sobre cultura mediática y sobre el consumo cultural en Puebla. Sin embargo, una investigación cuantitativa que realizó, a modo de encuesta, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) marca de manera teórica este diagnóstico, ya que esta investigación abordó temas de hábitos y prácticas culturales en Puebla, tomó el nombre de “Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales en Puebla” (2010). Cada Estado tuvo sus propios encuestados y sus resultados de manera local.

En el estudio se plantearon temas de cine, música, teatro, danza, zonas arqueológicas, museos, bibliotecas, librerías, artes plásticas, artes visuales, prácticas artísticas y culturales, exposición a medios, entre otros.8 A raíz de los resultados arrojados en esta encuesta, se observa que en el año 2010, la mayoría de la población que se estudió no consumía cine, y las razones que sobresalieron para la pregunta ¿cuál es la razón por la que no va al cine (o no ha ido en los últimos tres meses)? fueron que se encontraba muy lejos el cine, que no tenían tiempo ni dinero o que no sabían donde están. Estos resultados, a simple vista, resaltan la carencia de prácticas de consumo en la cinematografía pero en profundidad nos muestran la falta de valor simbólico que tiene el cine con respecto a la población de Puebla.

[...]


1 Belkis V. Bigott Suzzarini, autor del artfculo "Consumo cultural y educacion" de la revista de investigation v. 1 n. 61 del Instituto Pedagogico de Caracas. Enero 2007

2 Sociologo y PhD en Estudios Culturales de la Universidad de Birgminham

3 Este artfculo es la parte introductoria de su libro "Consumo cultural en la ciudad de Mexico"

4 Profesora Investigadora de la Facultad Latinoamerica de Ciencias Sociales (FLACSO).

5 Artfculo "La polftica cultural en Mexico" en los ultimos aftos. (2007)

6 Artfculo titulado "Polfticas culturales y consumo cultural urbano" del libro "La antropologfa urbana en Mexico" de Nestor Garcia Canclini 2005.

7 Primer profesor de polfticas culturales en el Reino Unido y Director de la Unidad de Investigacion sobre Polfticas culturales y de planificacion en Nottingham Trent University de 1999-2003

8 Los resultados de lastematicas encuestadas en el estudio se encuentran en la encuesta 2010 de CONACULTA titulada Habitos, practices y consumo culturales, Puebla".

Final del extracto de 72 páginas

Detalles

Título
Estudio sobre concepciones y prácticas de consumo del cine documental en los jóvenes universitarios de Puebla
Subtítulo
Prácticas de consumo y Cine Documental
Universidad
Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla  (UPAEP)
Calificación
10.0
Autor
Año
2012
Páginas
72
No. de catálogo
V262885
ISBN (Ebook)
9783656546429
ISBN (Libro)
9783656547099
Tamaño de fichero
1537 KB
Idioma
Español
Notas
Esta tesis, logró mención honorífica y concursó en el XXVI Premio Nacional de Trabajos Recepcionales del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC) en la ciudad de México, en el año 2012.
Etiqueta
estudio, puebla, prácticas, cine, documental
Citar trabajo
María José Hernández Soto (Autor), 2012, Estudio sobre concepciones y prácticas de consumo del cine documental en los jóvenes universitarios de Puebla, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/262885

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