Educación y Prevención en Situaciones de Duelo en las Residencias de Mayores

La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia (39/2006)


Trabajo de Investigación, 2015
44 Páginas

Extracto

INDICE DE CONTENIDOS

RESUMEN

MARCO TEORICO
Análisis de la realidad
Aproximación e intervención en duelo
Fases del duelo
Vivencias comunes del duelo
Tipos de duelo
Intervención en preduelo, duelo anticipatorio y duelo en el exitus.
Resumen del protocolo.

PROPUESTA DE PROYECTO
1.- Identificación del proyecto.
2.- Fundamentación.
3.- Objetivos.
4.- Ejecución del proyecto
5.- Metodología
6.- Recursos
7.- evaluación
8.- Bibliografía:

Anexo

RESUMEN

La realidad, cada vez mayor, de institucionalización de personas mayores dependientes debido a los cambios sociodemográficos que se producen en nuestra sociedad y con la experiencia vivida al cursar mis prácticas en un centro residencial, en las que he apreciado la falta de un proyecto de educación que ayude a todos los implicados a sobrellevar esta decisión y a conocer las repercusiones de la enfermedad en sus vidas, me han hecho ver la necesidad de realizar este proyecto.

El objetivo es que familiares y personas usuarias puedan normalizar, a partir de su participación en el centro residencial en diferentes actividades y talleres propuestos, las distintas situaciones, fases de pérdida y procesos de duelo a las que tienen que enfrentarse, desde el momento en que se plantea la idea de la institucionalización de su familiar, así como todas las consecuencias que se derivan del desarrollo de la enfermedad hasta la muerte.

Aspiro, a través de la educación, mejorar la calidad de vida de todos los implicados y terminar con el sentimiento de culpabilización de las familias así como el de abandono que las personas usuarias sienten al optar por la institucionalización, desde el conocimiento, la comunicación y el apoyo mutuo.

MARCO TEORICO

Análisis de la realidad

El Trabajo Social con Mayores y Dependientes va a suponer unos de los grandes yacimientos de empleo del futuro debido a la proyección que presentarán estos colectivos en el futuro.

Debido a los cambios sociodemográficos que se están dando en los países desarrollados se ve la necesidad de ofrecer recursos que den respuesta a las necesidades de cuidado de estas personas mayores dependientes (Casado Marín y López i Casasnovas, 2001:68). Los cambios producidos en la vida laboral, la estructura familiar y los estilos de vida, plantean nuevas exigencias a familias y sistemas sociosanitarios para dar respuesta al incremento de las personas mayores, especialmente de mayores de 80 años, que requieren de variadas soluciones en el campo de los servicios y de la política social (Bazo y Ancizu, 2004:44).

En definitiva cada vez las personas llegan a edades más avanzadas, lo que supone un logro social, aunque aumentan las personas dependientes que precisan ayuda para realizar las actividades básicas de la vida diaria y con ello la demanda de cuidados de larga duración.

La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia en su art. 6.2 establece el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia y se configura como una red de utilización pública que integra, de forma coordinada, centros y servicios, públicos y privados, entre los que se encuentra el Servicio de Atención residencial, que puede ser permanente o temporal.

Con esta Ley se ofrece la institucionalización atendiendo a la necesidad de personas con grave discapacidad psicofísica y situaciones socio-familiares concretas cuyas necesidades no puedan ser satisfechas con otros recursos establecidos en esta Ley, garantizando la especialización de los cuidados para la atención de las Actividades Básicas de la Vida Diaria.

Este recurso asistencial constituye un pilar básico de atención para la tercera edad ya que cubre tanto las necesidades que se originan por la falta de salud así como los aspectos sociales generales del día a día sobre todo en personas mayores entre 75 y 80 años donde se evidencia que estos problemas se multiplican por cuatro comparados con la franja de edad entre 65 y 75 años, agudizándose con el aumento de la dependencia.

Por tanto se genera la necesidad del ingreso de la persona usuaria en una residencia de tercera edad como única alternativa para sobrevivir.

Los centros residenciales de mayores son según la Normativa sobre Centros Residenciales de Personas Mayores de la Junta de Andalucía (2008):

- Según se establece en la Orden de 5 de noviembre de 2007, por la que se regula el procedimiento y los requisitos para la acreditación de los centros para personas mayores en situación de dependencia en Andalucía, un Centro Residencial es:

“A quel centro de carácter social que ofrece alojamiento, convivencia y atención integral. Tiene una función sustitutoria del hogar familiar, ya sea de forma temporal o permanente, para personas mayores en situación de dependencia”.

Las Residencias públicas, son recursos pertenecientes al sistema de protección de los Servicios Sociales, que representan en la actualidad los alojamientos colectivos más comúnmente utilizados por los ancianos que padecen alguna limitación que dificulta o impide el mantenimiento de una vida de calidad en su domicilio. La mayor parte de esta población dependiente es mayor de 65 años (Fernández, J., 2009).

Aproximación e intervención en duelo

Los trabajadores sociales en el desarrollo de su actividad profesional intervienen continuamente con pérdidas que sufren los usuarios a todos los niveles tales como el económico, de salud, de relaciones familiares y sociales, de pérdida de funcionalidad, de conflictos, pérdida de un ser querido, etc. todas provocan un duelo con el que hay que trabajar para evitar consecuencias que desencadenen problemas mayores en las personas que se enfrentan con estas pérdidas y duelos, siendo necesario intervenir en este sentido.

En los centros residenciales quedan muy limitados el papel de las familias en la atención de sus familiares institucionalizados creando una sensación de culpa y tristeza, entre las personas cuidadoras que toman esa decisión por “fuerza mayor” o porque “ya no pueden más”, suponiendo un suceso tremendamente estresante (Gaugler, Zarit, Pearlin, 1999; Williams y otros, 2008), que hacen que el desconocimiento del funcionamiento de la institución y su impotencia se traduzca en problemas y conflictos en el día a día de las familias hacia la residencia.

Para Chen, Sabir, Zimmerman, Suitor y Pillemer (2007) y Pratt, Schmall, Wright y Hare (1987) existen estudios que indican que a la mayoría de las familias les gustaría seguir implicadas en el cuidado de sus familiares institucionalizados y que esto repercutiría positivamente en todos los implicados, pasando a ser las residencias lugares de atención complementaria del cuidado familiar.

Según Martínez (2006) se cumpliría así el “principio de integralidad” dando respuesta a los diferentes tipos de necesidades biológicas, psicológicas, sociales y espirituales, implicando una atención de calidad a las personas usuarias incluyendo en la planificación como en la intervención a éstas, los distintos profesionales, la familia, el ambiente físico y psicosocial del centro y el contexto comunitario.

Se ha de considerar a la familia fundamental en la intervención facilitando en la medida de lo posible su participación en la vida del centro (Leturia, F., Inza, B., Hernández, C., 2007).

El Libro Blanco sobre la atención a personas en situación de dependencia (IMSERSO, 2004) plantea una filosofía de centro que opte por la integración familiar y sea aceptado por los profesionales de la institución. Entre los protocolos que plantea de intervención con familias establece que deben constituirse grupos de autoayuda y psicoeducativos para los familiares.

El acercamiento de las familias a través de este proyecto redundará en un mayor bienestar físico y psicológico de las personas usuarias y de sus familiares, mejorará la comunicación, reducirá los conflictos con la institución y todo ello repercutirá en la calidad asistencial de la residencia (Martín y Marín, 2005).

De las situaciones estimuladas por los deterioros que provoca la enfermedad y las sucesivas decisiones como las de institucionalizar a un familiar, se va produciendo un proceso de pérdidas y duelos que, tanto las personas enfermas como sus familiares, tienen que ir asumiendo de la mejor manera posible tratando, a través de este proyecto, facilitar y normalizar las diversas situaciones y decisiones que se vayan sucediendo para que no deriven en otros problemas más graves.

Las personas necesitan vínculos para crecer y desarrollarse, cuando éstos se rompen, surge un periodo de gran intensidad emocional, “el duelo”.

Para García, G. (1993) el duelo es una reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto, evento significativo o también la reacción emocional y de comportamiento como sufrimiento y aflicción si se rompe un vínculo, afectando a componentes psicológicos, físicos y sociales, dependiendo su intensidad y duración de la proporción a la dimensión y significado de la pérdida.

También suele producirse el duelo como reacción ante la pérdida por cambios vitales e incluso cambios corrientes (Gómez-Sancho, M., 2004), así la intensidad del duelo no depende de lo perdido, sino del valor que se le atribuye:

Lo esencial del duelo es el cariño y la pérdida. La muerte imprime al duelo un carácter particular en razón de su radicalidad, de su irreversibilidad, de su universalidad y su implacabilidad. Una separación no mortal deja siempre abierta la esperanza del reencuentro; la muerte jamás”.

Para Cabodevilla, I. (2007):

“… la expresión de duelo no es universal, ni uniforme, ni homogénea, y posee diferentes matices, expresiones, ritos y comprensiones desde variables socioculturales”.

Este proceso de institucionalización se traduce en un cambio que vive la persona usuaria y su familia e implica un proceso de duelo que obligatoriamente deben pasar.

Los duelos son vividos de formas diferentes por cada persona, en el caso de la familia se vive con un sentimiento de culpa por no poder atender a sus mayores como culturalmente les han enseñado en su hogar.

El duelo de la persona usuaria es aún más complejo ya que ésta lo relaciona con abandono, además de significar una separación de su ámbito inmediato de relación, relaciones sociales y con su comunidad, así como una separación física de su entorno habitual. También la pérdida del rol social tenido hasta este momento y la capacidad de manejar su propia vida lo que implica la pérdida de autosuficiencia y autoestima (Macías, R., 2013)

Por otra parte en el desarrollo de la enfermedad se van dando pérdidas que sufren tanto familiares como personas usuarias. Pérez, M. (2007) expresa:

Cada acontecimiento de la vida supone una modificación de las circunstancias que obliga a una persona a realizar varios ajustes. Tales acontecimientos desorganizan y alteran la vida…nos obligan a detener ciertos modos habituales de actuar y a desarrollar nuevas estrategias para manejar la nueva –y extraña- situación en que nos encontramos”.

E insiste:

“… si los cambios demandan modificaciones que no son deseadas o si esos cambios invalidan partes significativas de nuestro roles y estatus ya aceptados, puede haber dificultades para asimilarlos. Cuando las personas se dan cuenta de que disminuye su capacidad para enfrentarse con su vida actual o prevista afloran con facilidad sentimientos intensos de desamparo y pérdida de control”.

Fases del duelo

Diversos autores como Bowlby, J. (1993) han definido diferentes fases aunque con matices se pueden apreciar elementos comunes:

1.- Fase de aturdimiento o shock. Sentimiento de incredulidad y gran desconcierto. Para unos es como si nada hubiera sucedido otros se paralizan y permanecen inaccesibles. Se experimenta pena y dolor. El shock es un mecanismo protector que da tiempo y oportunidad de abordar la información recibida, es una evitación de la realidad.
2.- Fase de anhelo y búsqueda. Urgencia por encontrar y reunirse con la persona que no está, conforme se va tomando conciencia de la pérdida se va asimilando la nueva situación. Pueden aparecer signos de irritabilidad, inquietud, agresividad produciendo autorreproches, pérdida de seguridad y autoestima.
3.- Fase de desorganización y desesperación. Suele aparecer la depresión y apatía por la vida. Se toma conciencia de que la persona no volverá, se experimenta una tristeza profunda acompañada de llanto incontrolado. La persona se siente vacía y sola. Se experimenta apatía, tristeza y desinterés.
4.- Fase de reorganización. Se van adaptando los nuevos patrones de vida sin el fallecido, se ponen en funcionamiento los recursos de la persona, comienza a establecer nuevos vínculos.

Las fases son un proceso y no secuencias fijas, existen fluctuaciones entre ellas, son un esquema orientativo, donde es necesario enfrentar el dolor, y no negarlo, para superar la situación.

De las manifestaciones externas de duelo, señala Tizón (2004) no puede deducirse la intensidad del dolor privado.

Vivencias comunes del duelo

Para Fernández, A. y Rodríguez, B. (2002) las vivencias más comunes del duelo serían, en cuanto a:

- Sentimientos: Tristeza, rabia (incluye rabia contra sí mismo e ideas de suicidio), irritabilidad, culpa y autorreproches, ansiedad, sentimientos de soledad, cansancio, indefensión, shock, anhelo, alivio, anestesia emocional…
- Sensaciones físicas: molestias gástricas, dificultades para tragar o artícular, opresión precordial, hipersensibilidad al ruido, despersonalización, sensación de falta de aire, debilidad muscular, pérdida de energía, sequedad de boca, trastornos del sueño…
- Cogniciones: incredulidad, confusión, dificultades de memoria, atención y concentración, preocupaciones, rumiaciones, pensamientos obsesivoides, pensamientos intrusivos con imágenes del muerto.
- Alteraciones perceptivas: ilusiones, alucinaciones auditivas y visuales, generalmente transitorias y seguidas de crítica, fenómenos de presencia…
- Conductas: hiperfagia o anorexia, alteraciones del sueño, sueños con el fallecido o la situación, distracciones, abandono de las relaciones sociales, evitación de lugares y situaciones, conducta de búsqueda o llamada del fallecido, suspiros, inquietud, hiperalerta, llanto, visita de lugares significativos, atesoramiento de objetos relacionados con el fallecido…

Para Lizarraga, Ayarra, Cabodevilla (2005) en las vivencias más comunes del duelo se incluirían además:

- Dimensión social: Resentimiento hacia los demás, aislamiento social.
- Dimensión espiritual: Se replantean las creencias y la idea de trascendencia.

Se formulan preguntas sobre el sentido de la vida y la muerte.

Tipos de duelo

Deberíamos también tener en cuenta las diferentes tipologías de duelo según Meza, E., García, S., Torres, A., Castillo, L., Sauri, S., Martínez, B., 2008:

- Duelo Normal: abarca un amplio rango de sentimientos y conductas normales después de una pérdida, por extrañas que sean sus manifestaciones.
- Duelo Patológico (no resuelto, complicado, crónico, retrasado o exagerado): es cuando se produce la intensificación del duelo desbordando a la persona que recurre a conductas desadaptativas o permanece en este estado sin avanzar.
El dolor moral se prolonga en el tiempo y su intensidad no coincide con la personalidad previa del deudo; impide amar a otras personas o interesarse por ellas, el sujeto queda invalidado en su vida diaria ocupándose solo de la rememoración de la persona desparecida.
- Duelo Anticipado: el duelo comienza antes de la muerte al emitirse un diagnóstico de incurabilidad, se produce tristeza aunque también una adaptación más o menos inconsciente a la nueva situación. Ofrece a las personas involucradas la oportunidad de compartir sus sentimientos y prepararse para la despedida.
- Preduelo: para Gómez-Sancho, M. (2004) es un duelo completo que consiste en creer que el ser querido ha muerto definitivamente al haber sido transformado por la enfermedad de manera que no se le reconoce.
- Duelo Inhibido o Negado: se niega la expresión del duelo al no aceptar ni afrontar la pérdida.
- Duelo Crónico: tiene una duración excesiva y no termina de concluir, pudiendo ocupar toda la vida, Cobo Medina, C. (2001) establece que el duelo determina el núcleo constitutivo de la vida del deudo.

Los tipos de duelo a abordar con el proyecto serían el preduelo (Alizade 1995), el anticipado y el normal ya que las otras clases mencionadas, debido a sus características y complejidad, deberían ser derivados para ser tratados por especialistas más preparados como psicólogos o psiquiatras en su caso.

Ferrer, L. i Balsebre, D., 2009, exponen que en el Preduelo tanto familiares como enfermo deben realizar el duelo de la irreversibilidad del estado de salud que sufre el enfermo. Es un duelo completo, al enfermo ya no se le reconoce al haber sido transformado por la enfermedad. El preduelo se da en un contexto de intercambio entre la familia y el enfermo. El enfermo logra sustraerse a su propia muerte ordenando situaciones pendientes, atendiendo a las personas de su entorno, transmitiendo experiencias vividas, dando consejos y advertencias, superando la “piedad patógena”.

El duelo anticipado incluye elementos de despersonalización, es el duelo anticipatorio de la muerte. El entorno muchas veces se asusta e impresiona ante un diagnóstico de la enfermedad y pronóstico de incurabilidad, poniendo distancia psíquica con el enfermo, no quiere creer que lo que le sucede a su familiar también pueda sucederle un día a él o ella, sufren sentimientos de negación, ira, depresión finalmente aceptación de la realidad.

Se caracterizan porque el proceso de duelo aparece, antes de la pérdida del ser querido, como si ya hubiera acontecido, aunque no sea así, ofrece la oportunidad de compartir sentimiento y prepararse para la despedida.

La idea de amenaza de muerte es fundamental en el diagnóstico del duelo anticipado (Bacqué, 1988). Ésta no desencadena la sintomatología clásica del trabajo de duelo, sino un desapego, una anestesia emocional e indiferencia hacia la persona enferma. No hay depresión, ni tristeza, ni llantos, ni desesperación, se produce una reducción de visitas, las preguntas a los terapeutas desaparecen, el paciente no recibe ayuda ni afecto. Se trata de un rechazo de vida temporaria que evoluciona calladamente.

Este duelo permite que el paciente se incorpore a la realidad que se le presentará más tarde o más temprano y además le proporciona los recursos para que se hagan ensayos en cada recaída o remisión. Si el morir es un proceso gradual, el duelo también lo es.

Según Ospina, A., 1998 el duelo anticipatorio es “un fenómeno multidimensional que abarca diferentes procesos: interactuar, afrontar, planear, elaborar el duelo y organizarse psicosocialmente, acciones que se estimulan y dan a raíz de tomar consciencia de la pérdida inminente (muerte) de un ser querido y del reconocimiento de otras perdidas en el pasado, presente y futuro. Este proceso se observa a través de dos perspectivas distintas: la del paciente y la de la familia; en tres dimensiones temporales (pasado, presente, futuro) y con tres clases de variables determinantes: fisiológica, psicológicas y sociales”. (Bejarano, P.F., Jaramillo, I. 1992).

Todo ello ratifica, sin duda, que el tratamiento de estos tipos de duelo sea necesario para poder reducir los problemas y complicaciones que puedan surgir tanto para familiares y personas usuarias ayudándolas con técnicas educativas a adquirir las habilidades y herramientas para el afrontamiento de las situaciones que se dan a lo largo del proceso de la enfermedad.

Intervención en preduelo, duelo anticipatorio y duelo en el exitus.

La intervención y apoyo a las personas en pérdidas y duelo deben centrarse en cinco objetivos fundamentales según Gómez-Sancho, M. (2004):

1. Mejorar la calidad de vida del sufriente.
2. Disminuir el aislamiento social.
3. Aumentar la autoestima.
4. Disminuir el estrés.
5. Mejorar la salud mental (prevención de enfermedades).

En definitiva se trata de ayudar a la persona a sobreponerse y superar la pérdida tratando las emociones expresadas y las latentes, superando obstáculos y ayudando a que se reajuste a la nueva situación, volviendo a vivir una vida normalizada.

[...]

Final del extracto de 44 páginas

Detalles

Título
Educación y Prevención en Situaciones de Duelo en las Residencias de Mayores
Subtítulo
La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia (39/2006)
Universidad
University of Almería
Autor
Año
2015
Páginas
44
No. de catálogo
V303569
ISBN (Ebook)
9783668023352
ISBN (Libro)
9783668023369
Tamaño de fichero
689 KB
Idioma
Español
Etiqueta
educación, prevención, situaciones, duelo, residencias, mayores, promoción, autonomía, personal, atención
Citar trabajo
Antonio J. Segura Sanchez (Autor), 2015, Educación y Prevención en Situaciones de Duelo en las Residencias de Mayores, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/303569

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