Mil refranes y una psicología. ¿Cuán científico puede ser el conocimiento contenido en los refranes?


Redacción Científica, 2016
32 Páginas

Extracto

Resumen

El presente artículo forma parte de un tríptico que aborda las relaciones que pudieran vislumbrarse entre refranes, a saber, dialécticas y de causa-efecto. Específicamente este, concierne a la identificación de la relación dialéctica que subyace entre algunos de ellos, entendidos como dichos agudos y sentenciosos de uso común, de origen popular y que, de forma figurada y pintoresca, suelen abrazar enseñanzas psicológicas de relevante sabiduría.

Tomar conciencia de que somos contradictorios y paradojales por antonomasia, requiere la renuncia de reflejar nuestra realidad únicamente desde uno de sus dos lados y a eso nos impele también la dialéctica entre refranes, constituyéndose en fuerza generatriz de nuestro desarrollo personal, sea cual fuere la raza, la clase, la nacionalidad, la profesión u oficio que profesemos.

A juicio nuestro, denotar este tipo de relación pudiera constituir un suelo propicio para enseñar al estudiante de la educación superior no solo el método dialéctico, sino también la formación de valores de sesgo moral.

Palabras Claves: contradicción, dialéctica, psicología, refrán.

Title: “ One thousand popular sayings and one psychology

Summary

This article is part of a triptych that addresses the relationships that could be glimpsed between sayings, namely, dialectical and cause and effect. Specifically this, concerns the identification of the underlying dialectical relationship between some of them, understood as such sharp and sententious in common use, grassroots and, figuratively and picturesque, often embracing relevant psychological teachings of wisdom.

Acknowledge that are contradictory and paradoxical par excellence, requires the renunciation to reflect our reality only from one of its two sides and that we also impels the dialectic between sayings, becoming generative force of our personal development, regardless of race, class, nationality, profession or occupation we profess.

In our view, this relationship could be a breeding ground for teaching students of higher education not only the dialectical method, but also the formation of moral values ​​bias.

Keywords: contradiction, dialectics, popular saying, psychology.

Introducción

La única área del conocimiento que logra constituirse en ciencia y a la vez en modo de vida es la psicología. Es poco probable que al levantarnos nos expresemos en términos químicos, digamos: “me siento hoy extremadamente anfótero”, para subrayar la ambivalencia que vivenciamos con estados de ánimo fluctuantes, como la tristeza y la alegría. Químicamente hablando, a las sustancias anfóteras le es inherente la propiedad de comportarse como base y como ácido simultáneamente, pero el hecho es que nadie cotidianamente se expresa de esa manera. Tanto el término mencionado, como el conocimiento que en él se encierra, son pertinentes a la química como ciencia. En efecto, Ud. probablemente referirá que se siente hoy “más o menos”, en lo que a estados afectivos concierne, pero no dirá que se siente anfótero. Eso nos hace pensar que al expresar nuestros afectos, entiéndase, emociones, sentimientos o pasiones hacia una persona o hacia algo, definitivamente estamos aludiendo a la psicología, tenga Ud. de ello conciencia o no.

Consideremos absoluto que todos estamos abocados al uso constante e inevitable de los conocimientos psicológicos, hayan sido estos aprendidos en la cotidianidad –como saber empírico-- o en la universidad –como saber científico. En uno u otro caso, la fuerza direccional de los objetivos en la consecución por la persona de los resultados que obtiene serán irremediablemente los mismos, si de adaptarse o ajustarse a los medios natural y social se trata. No perecer, no desajustarse, aún ya desde el intento, es una buena razón para esgrimir de inmediato un refrán oportuno y atinado que nos oriente sabiamente en la situación que la vida en este momento nos propone o nos impone.

Aun cuando para algunos el contenido de este artículo pudiese constituir una verdad de Perogrullo, dado el saber predominantemente popular que él abraza, pretendemos hacer explícito el hecho de que los refranes, definiendo el modo de vida de los pueblos, pueden ser explicados desde la psicología como ciencia, pues la teoría del conocimiento que profesamos y defendemos nos permite enarbolar la idea según la cual todo conocimiento humano tiene su origen en la contemplación viva del universo, en nuestro modo de vida, en nuestra praxis cotidiana, desde la que se configura el saber empírico, nuestra experiencia, y desde allí, el saber científico. Oportunas son ahora las palabras del pensador ruso V.I.Lenin, al decir que el camino del conocimiento comienza con la contemplación viva –la percepción-- y se eleva al pensamiento abstracto –pensamiento-- y, de allí, asciende a la práctica pensada.

Sin el conocimiento no es posible vivir. El don supremo que puede conferírsele al hombre, es el conocimiento, pues nuestra conducta comportamental sería caótica y para nada respondiente a las situaciones adversas o no que a cada instante se nos presentan. Y el conocimiento es una función directamente proporcional al aprendizaje. Aprender es organizar, establecer orden, sobre todo entre los estímulos que reflejamos y las conductas a ellos respondientes. No en vano la sabiduría milenaria oriental define al orden como la primera ley del cielo y ese orden está allí en la organización del conocimiento. “Ser culto es el único modo de ser libre”, nos descubría el apóstol cubano José Martí. Advirtamos que no es un modo, es el único. Poseer conocimiento es comprender y la comprensión es la conditio sine qua non que nos impele a ordenar y, en consecuencia, nos permite regular nuestro comportamiento. “Cuando se gana el conocimiento de las cosas, se gana la comprensión – refiere el filósofo chino LinYutang, en su libro “La importancia de vivir”, al abordar la problemática del cultivo de las vidas personales.

Cuando se gana la comprensión, continúa expresando el mismo autor , la voluntad es sincera; cuando la voluntad es sincera, el corazón se endereza; cuando el corazón se endereza, se cultiva la vida personal; cuando se cultiva la vida personal, se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, la vida nacional es ordenada y cuando la vida nacional es ordenada, el mundo está en paz.

De modo que el conocimiento no se constriñe únicamente al orden personal, sino que trasciende a la vida toda de los seres humanos. Y ese conocimiento vive también en la existencia de los refranes.

Son múltiples los conceptos que se emplean para identificar el refrán, como proverbio, aforismo, sentencia breve, dicho popular, máxima, apotegma, dicho, adagio, etc. Pudiesen entre ellos existir sutiles diferencias, pero de lo que se trata aquí es de enfatizar la experiencia sagaz de los pueblos para expresar una idea necesaria --en términos de significado social y sentido personal— en la mayor brevedad posible, tanto en el tiempo como en la menor cantidad de palabras imprescindibles para que el otro logre, en síntesis, el entendimiento inmediato como polo que pugna por esclarecer su pensamiento en el diálogo, o en el monólogo. Responder ante el otro, apoyado en un refrán, no solo hace partícipe a aquel de lo que ahora hago, sino que ese otro se convierte en una especie de cómplice anónimo y silencioso que atestigua la veracidad y validez de nuestros actos, en virtud del carácter axiomático inherente a los refranes, por lo tanto, al refrán empleado.

Eso nos hace pensar que cuando nuestro comportamiento se halla circundado por un aforismo no hay lugar a dudas de que nuestra libertad como seres humanos inevitablemente cabalga en hombros de los demás. Tenía razón el filósofo hindú Jiddu Krishnamurti, al decir que aun cuando cada persona trate de afirmarse a sí misma, aferrándose mordazmente a su opinión, a su juicio, a su valoración de los hechos, a su credo, ello no significa libertad. Querámoslo o no, las palabras configuran nuestro léxico y, de manera desafiante, condicionan nuestra conducta. De ello tampoco Ud. escapa. De manera que la libertad no es decir lo que nos plazca, cuando nos plazca o donde nos plazca. Aunque cada uno de nosotros está en la búsqueda incesante de la libertad de acción, de la propia satisfacción de necesidades, de expresión lingüística, de religión, de fe, de superstición, de autoridad, de jerarquía; la libertad sutilmente desaparece cuando abrigamos convenientemente un refrán. Note que al blandirlo, no solo nos estamos protegiendo con un escudo sin igual para cerrar definitivamente cualquier idea abierta en la conversación, sino que también, con elevada probabilidad, observará Ud. que es sin demora adjudicado a un familiar querido, a un vecino cercano, a un pueblo hermano o a nosotros mismos. Baste oír decir: “como decía mi abuela” o “como dicen los cubanos”, etc., para demostrar la veracidad de esa idea. En consecuencia, una vez que la conciencia produce el concepto, ya no queda Ud. del todo libre. No hay libre arbitrio, no hay libre albedrío; tan solo allí donde los refranes no florecen, no se escuchan. Y ese lugar aún no está sobre el horizonte.

¿Cuántos refranes citar? ¿Por qué mil? Existe y existirá siempre un número incalculable de refranes, pues la historia de los hombres así lo dicta y la vida de estos será inexorablemente un ejercicio infinito y eterno de elaboración de aquellos con el objetivo supremo de conocer su realidad para adaptarse a ella, transformándola y transformándose a sí mismos. La sabiduría que imprescindiblemente viaja de generación en generación, a fuerzas tiene que configurarse en juicios sintéticos, urgentes, que resuman de una vez y por todas la orientación que la persona temporalmente reclama en la situación creada para regularse y sobrevivir en ella. La persona necesita una idea precisa, atinada, oportuna, rápida, en situaciones determinadas, que no se extienda en valoraciones enciclopédicas, capaz de generarle esfuerzos académicos en demasía para comprender ahora mismo el giro difícil que desafortunadamente ha tomado su diario bregar y el cual está irremediablemente abocado a ser solucionado en la inmediatez.

Por eso el refrán. En el auxilio conceptual que sostiene cualquier praxis metodológica humana florece con extrema fluidez y originalidad el refrán, idea misteriosa y casi siempre anónima, que aplaude la palabra sana, sabia, oportuna, libre de toda hojarasca, en defensa de la bondad, la virtud y el buen tino de quien la esgrime.

Es curioso, la vida cambia, las personas también. Pero un hecho continúa siendo casi inalterable: la sabiduría de los pueblos en forma de refranes, proverbios y aforismos populares sintetizada. Y nos referimos a tamaña dimensión de estos hechos lingüísticos porque sea cual fuere el idioma examinado, el refrán viaja de boca en boca, ora en inglés, ora en ruso, ora en español o en portugués, esclareciendo nuestra comunicación, facilitando la comprensión.

Una vez que nace y prospera, ya el refrán bailará al ritmo de la cultura, de la época, pero sin demeritar un ápice el lugar donde surgió, la gente que lo creó ni la que lo transportó y lo permeó de trascendencia.

La materia será eternamente la misma en todas sus transformaciones, --al decir del connotado filósofo alemán F.Engels— de que ninguno de sus atributos puede jamás perderse y que por ello, con la misma necesidad férrea con que ha de exterminar en la tierra su creación superior, la mente pensante, ha de volver a crearla en algún sitio y en otro tiempo.[1]

En efecto, el refrán, como hijo incuestionable de ella, como pariente insustituible de su historia, estará merodeando una y otra vez la razón de su existencia. Podemos andar tras el descuido, que al refrán nadie lo molestará, y mucho menos lo extinguirá. Nadie lo ocultará; nadie ya jamás lo apagará.

Es asombroso cómo pasa el tiempo, por decirlo de alguna forma, y la ciencia se desarrolla, también para decirlo de alguna manera. Y los refranes siguen ahí, existiendo tal cuales fueron, tal cuales son, lo que nos hace pensar que tales expresiones lingüísticas, sean cuales fueren los vientos idiomáticos y de descubrimientos científicos que soplen, sintetizan de modo tal el lenguaje coloquial que la propia ciencia les hace reverencia, al no contar con la fuerza suficiente para empujarlos al olvido abismal del lenguaje. Nunca hubo en la naturaleza algo tan flexible, ajustable, sostenible y presencial a múltiples situaciones, hechos, fenómenos o condiciones como el refrán. Nunca nada fue tan súbito y repentino; nunca nada surgió como si de la nada fuera, como el refrán, para detener sin punto de retorno al enemigo o para defender con certeza inconmovible nuestras posiciones y la del amigo.

A nuestro juicio, generalmente los autores han hecho de los refranes inventarios, enumeraciones, listas, enunciándolos, lo que sin duda, sirve para enriquecer nuestro léxico cultural del adagio. Sin embargo, el sentido que hemos adjudicado esta vez al refrán es el de someterlo al análisis de contenido, de manera que advirtamos su sutil o explícita coexistencia en paridad con otro de igual naturaleza, pero de significado nítidamente contrario, sentencioso o consecuente. En artículos posteriores, abordaremos las relaciones de sentencia o consecuencia entre refranes que lo tributan. Por ahora, solo nos detendremos en el análisis de algunos refranes que consideramos dialécticamente contrapuestos, de acuerdo con el contenido que en ellos se encierra.

De confirmarse una vez más que la fuerza motriz del desarrollo reside en la contradicción, idea que compartimos plenamente con los clásicos del marxismo, entonces también esta se halla en la bipolaridad que concierne al pensamiento como parte ineludible de la naturaleza y, en consecuencia, en los refranes como expresiones lingüísticas que sintetizan la sabiduría comportamental de nuestra existencia. Sea cual fuere la raza, la clase, la nacionalidad o la profesión de los seres humanos, lo cierto es que la paridad es a ellos inherente, lo que nos muestra la dualidad inevitable de la vida y, con ello, la toma de conciencia de aquella, presente en el movimiento eterno del universo.

No es ocioso considerar que dondequiera se cuecen habas. Lo que deseamos compartir es que el refrán no es privativo de un pueblo ni de una ciudad; lo es del universo todo. Hacemos explicita esta idea para no olvidar que, aun cuando existen términos diferentes que en los refranes se contienen, ellos pugnan por decir lo mismo. En otras palabras, algunos autores se han referido felizmente a demostrar la diferencia de las expresiones refraneras parecidas entre pueblos de habla hispana, por ejemplo. Pero de lo que se trata es de focalizar aquí su significado social o el sentido personal que cobra cada uno de ellos para conferir validez, confirmación o negación a los actos de conducta de cada día y, con ello, facilitar la actividad comunicacional verbal de los parlantes.

Hablamos de la sabiduría que a ellos subyace, pero no imaginamos cuánta. Qué curioso. Resulta que el análisis minucioso de los refranes nos ha confirmado que ellos demuestran, como el más connotado investigador, la veracidad, invariabilidad y justeza de las leyes que se descubren y formulan en múltiples áreas del saber científico, como en la psicología. Baste señalar, solo para denotar un ejemplo tomado de la psicología del aprendizaje, la indudable certeza de la ley de ejercicio, formulada por el investigador norteamericano E.Thonrdike, en 1896, con arreglo a la cual a mayor cantidad de repeticiones entre un estímulo y su respuesta correspondiente, eleva la probabilidad de que dicha conexión se produzca, dejando claro que “el que la sigue, la consigue”. El refranero popular cubano no quedó jamás de espaldas a aquella ley y lo proclamó excelentemente, al decir: “cortando huevos, se aprende a capar”, o como lo dijo el poeta español Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, o como lo expresó el hombre de ciencias alemán F.Engels, en su artículo “Del socialismo utópico al socialismo científico”: “el pudín se prueba, comiéndolo”, o como lo sentenciaba el político y científico ruso V.Lenin, en sus “Cuadernos filosóficos”: “para aprender a nadar, hay que tirarse al agua”. El apóstol cubano José Martí también falló a favor de esta ley, cuando expresó: “escuelas no ha de decirse, sino talleres”.

“La nueva concepción de la naturaleza – afirmaba F.Engels -- había quedado delineada en sus rasgos fundamentales: todo lo que había en ella de rígido se aflojaba, cuanto había de plasmado en ella se esfumaba, lo que se consideraba eterno pasaba a ser perecedero y la naturaleza toda se revelaba como algo que se movía en perenne flujo y eterno ciclo”. [2] Ya no había opción, la dialéctica permeaba la naturaleza toda. Tal era la suprema idea general del genial pensador. Ya en el siglo X a.C., el también filósofo Anaximandro, de Grecia, señalaba que las cosas se originaban por la separación de los contrarios. Así, la dialéctica de la naturaleza denotaba la existencia de los contrarios, de dos contrarios, en la que lo uno y lo otro coexisten, constituyendo de ese modo la unidad invariable del universo. José Martí apuntó a la coexistencia con todo rigor, al afirmar:

¿Qué demuestra en eso que el espíritu es una mera secreción de la materia, como quieren los materialistas? Valdría tanto como afirmar que la materia es una mera obra del espíritu. Tan metafísico son los que por ignorancia, o soberbia espiritual, niegan la importancia indiscutible del elemento material en nuestra vida, y la dependencia de la materia a que está sujeto el espíritu, --como aquellos que, por ignorancia también, y también por espiritual soberbia, niegan la importancia visible del espíritu en la vida del hombre, y la dependencia del espíritu a que la materia está también sujeta!”. 3

En consecuencia, la idea engeliana de que “… allí donde se trata de conceptos, el pensamiento dialéctico llega, por lo menos, tan lejos como el cálculo matemático”[4] es infalible con relación a la polaridad contrapuesta en la que pudieran encontrarse los refranes.

De ahí que compartamos plenamente con las filósofas G.Cohen y Ma.PremNalini, la idea de que reconocernos contradictorios y paradojales requiere un cambio del punto desde el que nos miramos, renunciando a hacerlo sólo desde uno de los lados. Comentan las autoras de la dificultad de esta tarea, pues la mayoría de nosotros está viviendo en un medioevo mental, identificado únicamente con uno de los polos, y es esta mirada parcial la que sostiene la creencia de que la vida es plana y lineal. Por supuesto, el carácter osificado, inamovible y rígido de la óptica unidireccional puede conducirnos por derroteros abruptos también en el pensar cotidiano. De ahí la necesidad de la no estaríamos aquí haciendo su apología. La ruptura de la simetría, que a nuestros ojos parece una imperfección, fue lo que nos salvó”.[5] (Sic.)

Querámoslo o no, el Universo “tiene dos caras como la yagruma y la dialéctica del refranero popular es un ejemplo de ello.

En esta oportunidad, solo nos detendremos en algunos pares de refranes con la intención de describir el sistema de relaciones a las que puedan estar sometidos, a saber, filosófica, psicológica y/o metodológica, pues el espacio designado para este tipo de publicación no permite extendernos a cada uno de ellos. Para el establecimiento de dichas relaciones hemos empleado la conjunción adversativa “pero ”, a modo de contraponer un refrán con el otro, con lo cual, pensamos, indicamos con elevada certidumbre su naturaleza dialéctica en la comparación.

Pero …

[...]


[1] Ibídem. Pág. 73.

[2] Engels, F. (2015):“Dialéctica de la naturaleza”. Retrieved from http://www.edu.mec.gub.uy/ bibliotecadigital/libros/E/Engels%20-%20Dialectica%20de%20la%20Naturaleza.pdf. Page=11.

[3] José Martí. “Tito Vignoli: el mito y la ciencia”. En: Martí en la universidad. Pág. 250-251. (La cursiva es nuestra).

[4] Ibídem. Pág.64.

[5] Betto F. (2009): “La obra del artista. Una visión holística del universo”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. Pág. 98.

Final del extracto de 32 páginas

Detalles

Título
Mil refranes y una psicología. ¿Cuán científico puede ser el conocimiento contenido en los refranes?
Universidad
Metropolitan University of Ecuador
Curso
2016-2017
Autor
Año
2016
Páginas
32
No. de catálogo
V335255
ISBN (Ebook)
9783668259348
ISBN (Libro)
9783668259355
Tamaño de fichero
1210 KB
Idioma
Español
Citar trabajo
Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera (Autor), 2016, Mil refranes y una psicología. ¿Cuán científico puede ser el conocimiento contenido en los refranes?, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/335255

Comentarios

  • No hay comentarios todavía.
Leer eBook
Título: Mil refranes y una psicología. ¿Cuán científico puede ser el conocimiento contenido en los refranes?


Cargar textos

Sus trabajos académicos / tesis:

- Publicación como eBook y libro impreso
- Honorarios altos para las ventas
- Totalmente gratuito y con ISBN
- Le llevará solo 5 minutos
- Cada trabajo encuentra lectores

Así es como funciona