"El Mundo Helenístico" de Walbank. Un epítome


Comentarios / Reseña Literaria, 1996

14 Páginas


Extracto

El Mundo Helenístico de Walbank.
Un epítome de Jesús Muñoz Morcillo

F. B. Walbank, El Mundo Helenístico, Madrid: Taurus, 1985 (= The Hellenistic World, Glasgow, 1981). Traducción de la Editorial Taurus, revisada por Francisco Javier Lomas.

Ficha técnica Número de páginas: 263. Encuadernación: rústica. Distribución: el libro consta de una introducción realizada por el director de la colección La Historia del Mundo Antiguo, Oswyn Murray, un prefacio a la obra escrito por el autor y fechado en enero de 1980, Cambridge; un primer capítulo dedicado a las fuentes (págs. 13-26), seguido de otros doce (págs. 27-226), cada uno centrado sobre un aspecto o una serie de aspectos del mundo helenístico; un cuadro cronológico (págs. 227-231); ilustraciones (págs. 144-145); un apartado de mapas (págs. 232-236); una lista de las abreviaturas utilizadas (págs. 237-239); unas páginas de bibliografía (240-250); un índice de fuentes (251- 254); un índice de nombres y materias (255-260); una lista de los mapas y las ilustraciones que aparecen en el libro (261); y el índice del libro (263).

Compendio del libro [1]

El libro comienza con un primer capítulo introductorio dedicado a exponer las fuentes empleadas para escribir la historia general de los aspectos más importantes del helenismo. Los tipos de fuente serán literarias, arqueológicas, papirológicas, numismáticas y epigráficas. Entre las literarias destaca indudablemente el historiador Polibio[2] pero también toda una serie de figuras menores como Poseidonio de Apamea, Diodoro Sículo, Arriano y Apiano, así como los historiadores de la época Teopompo y Timeo y otras fuentes más tardías, como el epítome de Justino de las llamadas Historias Filípicas atribuidas al galo Trozo Pompeyo. Otros textos importantes son los de Estrabón y de Paceñas. Asimismo Walbank considera útiles los evangelios Apócrifos, el Josefo de las Antigüedades judías y los textos de Eusebio, obispo de Cesárea en el s. II-III d. C.

También son importantes las inscripciones en piedra y mármol de entre las que destacan los acuerdos de ciudadanía recíproca o sympoliteia. La famosa Piedra de Roseta sigue siendo un documento de especial importancia: contiene un decreto promulgado por el consejo de sacerdotes de Menfis el 27 de mayo de 196.

A veces la carta de un rey queda inscrita por entero seguida de las decisiones tomadas de tal manera que se ha conservado. Estos documentos permiten fechar los acontecimientos mediante diversos procedimientos derivados del estudio de las letras, el contexto, el carácter de la inscripción, etc.

Los papiros también resultan interesantes, los más conocidos son los de El Fayum y, para el caso del Egipto Ptolemaicos, destaca el archivo de Zenón de Cauto, agente de Apolonio, el dioiketés o administrador civil principal en tiempos de Ptolomeo II.

Las monedas han sido útiles muchas veces para fechar diversos acontecimientos. A veces los tesoros de monedas ocultos durante una crisis resultan muy reveladores en este asunto. A través de las distintas acuñaciones de las monedas se percibe la separación del imperio dejado por Alejandro. Los óstraka o decretos de expulsión y destierro también son considerados de importancia. El autor es consciente de las limitaciones de los testimonios literarios y considera necesario cotejar testimonios no literarios, de tal manera que introduce bibliografía sobre el tema, aludiendo a las colecciones de textos epigráfico que facilita en la bibliografía pero consciente de las limitaciones que estas publicaciones implican ya que han de ser completadas con textos recientes publicados en revistas (pág. 25).

El segundo capítulo trata de la generación del gran imperio de Alejandro Magno desde 336, en que toma el mando, hasta su muerte en 323. Macedonia fue transformada por Filipo II de un reino fronterizo en un poderoso estado militar que dominaba Grecia a través de la liga de Corinto. Había pasado de ser un pueblo de pastores nómadas a ser uno de labradores sedentarios y habitantes de ciudades. Una vez controlada la Grecia continental Filipo no se atrevió a dejar ocioso al ejército y, coincidiendo con las reco­mendaciones formuladas por el logógrafo Isócrates diez años atrás, se dirige a Asia, fuente de riquezas y nuevas tierras para mercenarios, exiliados y desposeídos.

En 336 Filipo fue asesinado pero 10.000 hombres ya habían cruzado el Helesponto y Alejandro se encontraba con la Guerra Persa iniciada. Se dedica a fortalecer las fronteras septentrionales en Tracia. Mientras, en Grecia se produce una rebelión. Marcha a Asia con 37.000 hombres, un ejército cada vez más especializado que encuentra en la combinación de las armas su nueva fuerza: había arqueros, lanceros, hoplitas pero sobre todo era importante la caballería. También acompañaba al ejército gente especializada, como científicos, ingenieros, historiadores etc.

Alejandro obtiene su primera victoria junto al río Gránico en el Mar de Mármara. Realiza una ofrenda con la que quiere simbolizar sus pretensiones panhelénicas. En otoño de 333 se enfrenta con Darío en Siso (cerca de Iskenderun, la antigua Alejandreta) y obtiene su segunda victoria, con la que se abre camino hasta Siria. En invierno de 332 ocupa toda Siria y Palestina y funda Alejandría en Egipto. Pretende adueñarse de todo el litoral para evitar ataques navales. En verano de 331 se enfrenta con Darío en Gaugamela, más allá del Tigris. Constituye una batalla decisiva en la que vence Alejandro. Después cae Persépolis y Pasargada, y quema el palacio de Jerjes en la primera ciudad, lo cual constituía la meta simbólica de la empresa panhelénica. A continuación, licencia sus tropas, entrega el tesoro a Harpalos y las comunicaciones a Parmenión, general de Filipo. Después persigue a Darío a marchas forzadas, pero Besso traiciona a Darío y Alejandro lo encuentra herido y moribundo. Besso será ejecutado más tarde en Ecbatana.

En este tiempo Alejandro ya empezaba a mostrar sus pretensiones de ocupar un puesto equivalente al del gran rey persa. Tras este incidente atraviesa las montañas de Albura y se dirige hacia Hircania en el sur del Mar Caspio, se desvía al Oeste y ocasiona la rendición de los mercenarios griegos de Darío. Después se dirige hacia el este, donde conquista la Drangiana, y una vez en Fradah – capital de esta región oriental – acusa de conspiración a Filotas, hijo del general Parmenión. El asesinato de Filotas le sirvió para deshacerse también del padre.

En invierno de 330-329 marcha de Fradah a Paropamisadas y funda la Alejandría del Cáucaso. Después de marchar contra los escitas empezaron a surgir disensiones a manos del nacionalista Espitamenes con un levantamiento en Leninabad. Alejandro se casará con Romana, hija de Oxiartes para reconciliarse con algunos de sus enemigos. En verano de 327 atraviesa los montes Hindú Kusch para dirigirse a la India. Su última gran victoria fue la que obtuvo luchando contra Poros en la margen izquierda del río Hidaspes. Como expone Walbank, no sabemos qué hizo más allá del Punjab. Pero, al parecer, no debía estar muy convencido de la utilidad de sus expediciones de tal manera que decidió regresar. En la India desarrolló una política drástica manchada por las ejecuciones y la excesiva disciplina que se cobró la vida de los sátrapas persas de Paropamisadas, Carmania, Susana y Persas. También su tesorero Hárpalos fue asesinado cuando descubrió que le estaba engañando. Por otra parte, el tratamiento igualitario que empezó a implantar Alejandro entre Macedonios y bárbaros con el fin de diluir las diferencias entre conquistadores y conquistados, no resultó bien avenido entre los griegos de tal manera que en 324 todo el ejército se le amotinó en Opus, excepto la guardia real. Alejandro, una vez sofocada la rebelión, mandó ejecutar a los trece cabecillas e hizo varias plegarias: la primera, para favorecer el entendimiento entre los macedonios y los persas; la segunda, para que recibieran a los ciudadanos exiliados de Grecia y, por último, una más para que se tributaran honores de héroe a Hefestión. En 323 recibe embajadores de distintos lugares del mundo mediterráneo y desarrolla planes para explorar otras tierras en la región del Caspio pero cayó enfermo. Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II en Babilonia el 13 de junio a los 33 años de edad.

[...]


[1] La primera versión de este texto fue redactada en 1996. La versión aquí presentada ha sido revisada con ligeras modificaciones en 2016.

[2] Salvo indicación explícita en el texto los nombres de personas y lugares siguen la terminología adoptada en la traducción del libro.

Final del extracto de 14 páginas

Detalles

Título
"El Mundo Helenístico" de Walbank. Un epítome
Universidad
University of Salamanca
Autor
Año
1996
Páginas
14
No. de catálogo
V336353
ISBN (Ebook)
9783668269071
ISBN (Libro)
9783668269088
Tamaño de fichero
648 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Walbank, Mundo Helenístico
Citar trabajo
Jesús Muñoz Morcillo (Autor), 1996, "El Mundo Helenístico" de Walbank. Un epítome, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/336353

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