La traducción de la ironía de Jane Austen

Análisis comparativo de 3 traducciones de 'Pride and Prejudice' al español


Trabajo/Tesis de Licenciatura, 2015

99 Páginas, Calificación: 10


Extracto

Índice

Introducción

1. La ironía
1.1. Definición
1.2. Teorías tradicionales
1.3. Algunas aportaciones pragmáticas
1.4. La ironía y la literatura
1.5. Conclusión

2. Jane Austen y su narrativa
2.1. Biografía
2.2. Influencias literarias
2.3. Características generales
2.4. El uso de la ironía en Jane Austen

3. Análisis comparativo de las traducciones de Pride and Prejudice
3.1. Introducción
3.2. Las traducciones de Pride and Prejudice: características generales
3.3. Metodología
3.4. Análisis de los extractos seleccionados
3.5. Resultados

Conclusiones

Referencias bibliográficas

Apéndice: Corpus etiquetado

Introducción

El presente estudio pretende abordar el tema de la traducción de la ironía literaria de Jane Austen desde una perspectiva múltiple a través del análisis comparativo de tres traducciones al español de Pride and Prejudice (1813), una de las obras más conocidas de las letras inglesas.

La elección del objeto de investigación parte del interés personal por la lectura de la obra de Jane Austen, así como por el estudio de la traslación de la ironía como recurso humorístico dependiente del marco cultural y sociohistórico en cuestión, y de los procesos traductológicos que subyacen en una serie de propuestas de traducción concretas. En estos procesos, la ironía aparece como un problema que, junto con la distancia cultural y temporal existente entre el momento de aparición de la obra y el momento de realización y publicación de las diferentes traducciones seleccionadas, dificulta el trasvase interlingüístico e intercultural.

Si bien la autora inglesa y su obra han sido objeto de numerosos estudios, la traducción del lenguaje literario de Austen no ha sido investigado de manera tan exhaustiva. Desde una perspectiva traductológica, el estudio de la ironía resulta de especial interés y relevancia, pues la ironía es un recurso habitual empleado en la literatura que, inherente a un momento sociohistórico determinado, es percibido de forma distinta dentro cada cultura y según el receptor, por lo que su traslación supone uno de los constantes problemas en el proceso de traducción.

El estudio de la ironía como recurso retórico tiene sus orígenes en la antigüedad y como consecuencia, son muchas las propuestas teóricas desde las que se ha abordado su estudio. Las teorías tradicionales o clásicas beben de las ideas de pensadores como Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, y se centran principalmente en la figura del orador. Sin embargo, en los últimos cuarenta años, la lingüística se ha interesado por el polo de recepción y la interpretación de la ironía en la situación comunicativa, ámbito de interés para estudiosos como Grice, Sperber y Wilson o Booth. Este cambio de perspectiva hacia el contexto de recepción resulta especialmente adecuado para los estudios de traducción, por lo que se ha trasladado en los últimos años a nuestro ámbito. Esto ha traído como consecuencia la publicación de diversos estudios centrados en la interpretación de la ironía y en su traslación, entre los que destacan las obras de Raymond Chakhachiro (2009; 2011), Basil Hatim (1997), Marta Mateo Martínez-Bartolomé (1995) o Katharina Barbe (1995), entre otros, así como análisis traductológicos de obras de un solo autor, entre los que destacan, por la relevancia en nuestro trabajo en concreto, el estudio comparativo de Victòria Alsina Keith (2008) sobre la traducción del lenguaje y la estilística en las novelas de Jane Austen a la lengua catalana, dentro del cual se incluye un completo apartado sobre la traducción de la ironía y el uso de este recurso en las novelas originales. Igualmente, es relevante el estudio de Nieves Jiménez Carra (2007), en el que también analiza, aunque de forma general, el recurso de la ironía en Pride and Prejudice.

Con la ayuda de BITRA para su localización, esta bibliografía ha sido, principalmente, la que ha ayudado a establecer el marco teórico del trabajo, el cual se ha centrado en los planteamientos teóricos de la pragmática sobre la ironía, las características de la narrativa de Jane Austen y las aportaciones traductológicas acerca de la traducción literaria, y más concretamente, de la traducción de la ironía. La adopción de un enfoque multidisciplinar como este tiene como objetivo facilitar el análisis, pues nuestro objeto de estudio no puede incluirse dentro de un único ámbito, ya sea la lingüística, la teoría de la literatura o la crítica literaria.

Por una parte, el enfoque pragmático, que deja a un lado la supremacía del emisor en la lingüística tradicional, nos ofrece nuevos modelos de estudio de la ironía verbal. Dentro de este apartado, se incluyen aportaciones como el principio de cooperación de Grice (1975) o la teoría de la mención ecoica de Sperber y Wilson (1981), que han permitido que el estudio de la ironía haya avanzado y conseguido obtener resultados más completos, ajustados a la realidad y precisos, y a la vez, más complejos. Por otra parte, la perspectiva ofrecida por los estudios sobre la traducción de la ironía facilita la realización de nuestro análisis comparativo. Si bien la mayoría de estos se han centrado principalmente en la dificultad de la traducción de la ironía, los modelos o clasificaciones de estrategias de traducción que recogen, por ejemplo, los trabajos ya mencionados de Mateo Martínez-Bartolomé (1995), Jiménez Carra (2007) o Alsina Keith (2008), constituyen la base del modelo que se presenta aquí. Por último, en lo referente al enfoque de la teoría de la literatura, este nos permite delimitar, explicar y entender los usos de recursos irónicos dentro de la obra.

En cuanto al objeto de estudio del análisis, se han seleccionado las traducciones al español de la novela Pride and Prejudice llevadas a cabo por José Jordán de Urríes y Azara (Espasa Calpe, 1924), Editorial Molino -traductor desconocido-(Molino, 1944) y José Luis López Muñoz (Alianza, 1996). El objetivo del análisis es establecer qué fragmentos del TO presentan elementos irónicos y la dificultad que estos pueden suponer para el traductor, así como comparar las estrategias empleadas por cada uno de los traductores para resolver la ironía y así, determinar, de forma general, cuáles han sido estas, bajo qué criterios han actuado los diferentes traductores para proponer una u otra traducción, y si las soluciones propuestas funcionan en el contexto de recepción en cuestión. Por otra parte, se pretende también establecer, atendiendo a los resultados del análisis, el estilo de traducción característico de los distintos textos. La selección de estas traducciones no se ha realizado de forma aleatoria. La distancia temporal, especialmente, entre la primera traducción de Pride and Prejudice publicada al español, la de Urríes y Azara, y las siguientes resulta de especial interés, pues se puede inferir ya en un primer momento que las estrategias y los criterios seguidos por los traductores van a ser muy distintos, con lo que el análisis y los resultados derivados del mismo poseen mayores visos de ser representativos de la situación real. Además, la distancia temporal existente entra la fecha de publicación del texto original y la primera traducción al español supone otra cuestión a tener en cuenta en este estudio, ya que entre ambos acontecimientos transcurre más de un siglo.

Para la realización del análisis ha sido necesario emplear una metodología que lo facilitase y que, a la vez, se adaptase a las condiciones de trabajo y a los plazos establecidos para la elaboración y la redacción del estudio. El sistema que se ha seguido se ha basado en la lectura exhaustiva del TO con el fin de identificar los fragmentos de carácter irónico para después localizar en las distintas traducciones las propuestas ofrecidas en cada de uno de los respectivos textos. En cuanto a los fragmentos analizados, se han seleccionado aquellos que se han considerado más interesantes por su tono irónico y por su relación con las traducciones propuestas con una serie de criterios que se explicarán con detalle en el apartado correspondiente de este trabajo. El modelo ofrecido para la clasificación de las distintas soluciones de traducción propuestas se basa en una división tripartita y funcionalista (intensificación de la ironía, conservación de la carga irónica y atenuación u omisión de la ironía) y en la clasificación realizada por Mateo Martínez-Bartolomé (1995) en La traducci ó n del humor: las comedias inglesas en espa ñ ol, que atiende a las técnicas adoptadas y a los aspectos formales de los enunciados irónicos traducidos.

En lo que respecta a la estructura de este trabajo, y sin incluir la introducción y las conclusiones, este está compuesto por cuatro capítulos que representan y evidencian las fases que han compuesto nuestro estudio.

El primer capítulo está dedicado a definir la ironía y a considerar diferentes perspectivas teóricas dentro de los estudios de la lingüística en torno a este recurso. En este capítulo destacan las aportaciones de Grice (1975) sobre las máximas conversacionales y el principio de cooperación en la comunicación, el principio de relevancia de Sperber y Wilson (1986), y el estudio de la ironía de Booth (1974) en relación con la literatura.

El siguiente capítulo comienza con una breve introducción sobre algunos de los aspectos de la vida y la personalidad de Jane Austen (1775-1817) que resultan de especial interés y son necesarios para entender su obra. Posteriormente, se van a abordar, de forma general, las características estilísticas presentes en la obra de Jane Austen, con especial mención al uso del recurso de la ironía en Pride and Prejudice (1813) .

El último capítulo corresponde al análisis traductológico comparativo, según el modelo propuesto, de los diferentes extractos de los TM seleccionados en relación con el TO y con el grado de intervención del traductor. Además, incluye un análisis general de las características de cada una de las traducciones para establecer una posible conexión entre la macroestrategia seguida por los traductores y las soluciones de traducción aportadas para el tratamiento de la ironía en los extractos en cuestión.

En cuanto a las conclusiones, estas recogen los resultados de nuestro análisis y las reflexiones y cuestiones planteadas en relación a estos.

Por último, el apartado de referencias bibliográficas recoge las fuentes primarias y secundarias. En el primer apartado se incluyen las referencias de la edición del TO utilizada para el estudio y de las tres traducciones analizadas, mientras que en el apartado de fuentes secundarias aparecen las principales fuentes de consulta empleadas en la investigación y que aparecen citadas a lo largo de este trabajo.

1. La ironía

El presente capítulo constituye el marco teórico de este trabajo de fin de grado y las aportaciones que en él se recogen nos permitirán crear una base desde la que partir en la realización del análisis comparativo del TO y las respectivas traducciones seleccionadas. Primero, se establecerá una definición de la ironía atendiendo a la percepción y al uso de este recurso por las diferentes culturas a lo largo de la historia. En el siguiente apartado, se presentarán algunas de las aportaciones de la lingüística pragmática en torno a la ironía más relevantes de los últimos cuarenta años. Por último, se analizará la relación existente entre la ironía y la literatura, haciendo especial hincapié en el papel que desempeña este recurso en la narrativa y en su efecto y recepción por parte del polo de recepción.

1.1. Definici ó n

Para comenzar con el presente trabajo de investigación, lo primero que debemos hacer es intentar definir la ironía y establecer en qué consiste. Según Barbe (1995: 15-17) el significado irónico de un enunciado se ha descrito habitualmente, pasando por Aristóteles hasta Grice, como la oposición, la negación o la contradicción del significado de una frase, que es independiente de la interpretación del receptor y del contexto. A lo largo de la historia, la lingüística ha establecido entre ambos conceptos una relación de mera oposición. Sin embargo, la ironía no se reduce a decir lo contrario de lo que se quiere dar a entender, sino que la inconsistencia existente entre el significado de un enunciado y el significado subyacente sería una cuestión de grado, y, como consecuencia puede presentarse a través de una gran variedad de figuras retóricas como, por ejemplo, el lítotes, la hipérbole o la metáfora, entre otras (Barbe 1995: 79).

El significado irónico se corresponde con el significado del emisor, que funciona dentro de un determinado contexto situacional y sociohistórico, depende de la interpretación condicionada por diversos factores que el receptor del mensaje pueda llegar a hacer, y difiere, de alguna manera, del significado oracional. A través de un enunciado irónico, el emisor oculta el verdadero significado de un mensaje detrás de este, aunque confía en que el receptor sea capaz de entender el significado del hablante, o significado latente.

Sin embargo, un enunciado irónico esconde algo más, pues detrás de la emisión de un mensaje siempre existe una intención. Como afirma Alsina Keith (2008: 219), un hablante o escritor normalmente no realiza una afirmación de una cosa que en realidad no quiere afirmar con la intención de engañar a su receptor, sino que la ironía tiene una finalidad crítica indirecta. Barbe (1995: 92) incluso llega a mencionar que es la ironía la que ayuda al emisor a encubrirse detrás de una crítica oculta tras enunciados que aparentan, en principio, ser corteses e incluso, en algunas ocasiones, humorísticos. Gracias al enunciado irónico, el emisor realiza una crítica que es considerada menos agresiva que un ataque directo, guardando las apariencias ante su víctima o interlocutor.

En cuanto a los participantes necesarios para la elaboración de un enunciado irónico, Barbe (1995: 16) también apunta que, aunque estos suelen ser tres (el hablante o emisor del enunciado, el oyente o víctima del enunciado y la audiencia o evaluador), a veces los papeles se combinan en una única persona, por lo que la audiencia -la que evalúa la ironía- en un intercambio directo puede ser en algunas ocasiones tanto el emisor como el receptor de la crítica. Sin embargo, en el caso concreto que nos concierne a nosotros, como ya veremos más adelante, se da una situación algo distinta: los enunciados irónicos de los personajes van dirigidos a una o varias víctimas, que pueden o no ser conscientes de la crítica adherida al significado independiente de la oración, mientras que la audiencia a la que realmente va dirigida la ironía está conformada por los lectores de la novela. La autora, de forma deliberada, se aleja de su crítica al ponerla en boca de sus personajes y convierte al lector en un participante más dentro de la situación irónica, equiparándolo al nivel del personaje emisor.

Con respecto a los tipos de ironía, de forma general se ha establecido que existen dos tipos: la situacional y la verbal. Por una parte, la ironía situacional, que aparece en numerosas obras literarias, no depende de forma exclusiva de la emisión de un mensaje, sino también del contexto situacional o de los actos llevados a cabo por una determinada persona. Dentro de ella podrían incluirse la ironía dramática, la ironía trágica, la ironía romántica y la ironía cósmica1, que juegan un papel importante en el argumento de una obra en la que el autor manipula todo lo que la conforma con la simple finalidad de criticar. Por otra parte, la ironía verbal, que es la que vamos a analizar en este estudio, tiene que ver con el mensaje, ya sea escrito u oral. Este tipo de ironía existe dentro de una situación comunicativa específica, de la que no puede desligarse.

Por último, uno de los aspectos relacionados con la ironía es su variación según el polisistema de la cultura de emisión y recepción. Martí i Casanova (2000: 77) afirma que cada cultura, entendida como la serie de parámetros que condicionan y caracterizan la forma de vida de un grupo de personas de un lugar y una época determinados, conceptualiza de forma distinta la ironía, por lo que es imprescindible estudiarla desde unos parámetros culturales intrínsecos concretos. Este hecho, como ya veremos en mayor profundidad más adelante, condiciona la traducción, especialmente en aquellos casos en los que existe una distancia temporal y geográfica significativa entre la fecha de escritura de un texto y la de sus traducciones. La ironía verbal depende del sistema cultural en el que habita y está determinada por factores como la lengua o la historia, así como por aspectos pragmáticos como el tono de voz o la postura de una persona, y todo ello, como afirma Mateo Martínez-Bartolomé (1995: 174), obliga a un traductor a tener un conocimiento lingüístico y sociocultural elevado para poder percibir, entender y trasladar la ironía.

1.2. Teor í as tradicionales

La ironía es un recurso retórico que ha sido empleado y estudiado desde la antigüedad. Las aportaciones teóricas de pensadores como Platón, Aristóteles, Cicerón o Quintiliano al respecto asentaron las bases de los planteamientos tradicionales sobre la ironía, que posteriormente derivaron en nuevas vertientes de estudio. En este apartado, vamos a hacer mención a algunas de las aportaciones y definiciones tradicionales de la ironía, necesarias para entender la evolución de las consideraciones propuestas a lo largo de la historia.

Antes de la aparición de la mayéutica socrática, la palabra iron í a hacía referencia a la primera acepción que se recoge en el Diccionario de la Real Academia Espa ñ ola: «Burla fina y disimulada». En las comedias griegas, el eiron, o simulador, hablaba fingiendo ignorancia ante su v í ctima, a la que finalmente terminaba por vencer. Este desconocimiento simulado era utilizado como una burla y tenía connotaciones negativas. Sin embargo, con las enseñanzas de Sócrates, el concepto de ironía cambió.

La ironía socrática hace referencia a la actitud que Sócrates adoptaba en las conversaciones con sus discípulos, recogida en numerosas ocasiones en los Di á logos de Platón. El maestro abandonaba tal posición dentro del contexto conversacional, fingiendo ignorancia, para poder así, a través de preguntas, descubrir y exponer la ignorancia de sus interlocutores. Esta dualidad formada por la realidad y lo aparente es un elemento que también está presente en otros tipos de ironía (Barbe 1995: 62).

Para Aristóteles, la ironía no es un simple recurso retórico, sino también una actitud que permite a un interlocutor realizar una alabanza o una crítica y que va más allá de una mera burla, permitiendo al ironista «reírse de sí mismo» (cit. en Marimón Llorca 2009: 16). Cicerón, al igual que Aristóteles, concibe la ironía como recurso retórico y actitud que puede ser utilizada con una finalidad humorística, y la llega a definir como la figura que permite al orador decir algo que en realidad significa otra cosa distinta o que da a entender justamente lo contrario.

Es esta última concepción la que, desde entonces, se ha mantenido vigente hasta la actualidad y la que ha originado un gran debate entre los teóricos pragmáticos. La crítica se centra en la limitación derivada de esta afirmación: las definiciones tradicionales no pueden explicar la gran variedad de enunciados irónicos, pues al estudiar la ironía no estamos ante una cuestión dicotómica. El lenguaje es una realidad variable, al igual que lo son las situaciones comunicativas, y, por tanto, el estudio de la ironía debe atender aquellos factores que van más allá del enunciado irónico y su significación.

1.3. Algunas aportaciones pragm á ticas

A lo largo de la historia, la lingüística se ha interesado por el estudio de la ironía y, especialmente durante los últimos cuarenta años, las consideraciones teóricas que se han planteado han girado en torno a la crítica de las teorías tradicionales que se han presentado en el apartado anterior. Como consecuencia, han aparecido diferentes enfoques de estudio que se complementan entre sí y apenas difieren en su descripción del recurso de la ironía (Barbe 1995: 51).

En este apartado nos vamos a centrar en concreto en las contribuciones pragmáticas de Grice (1975), Sperber y Wilson (1981 y 1986), Clark y Gerrig (1984) y algunas aportaciones sobre la teoría de los actos del habla, pues estas ocupan un papel destacado en el ámbito del estudio de la ironía por su interés en aspectos extralingüísticos, como el polo de recepción o el contexto conversacional, que condicionan la emisión y la significación de un mensaje, por lo que han resultado especialmente atractivas para otros lingüistas, así como para los estudios de traducción.

1.3.1. Grice y el principio de cooperaci ó n (1975)

El filósofo británico propuso una serie de principios pragmáticos o máximas conversacionales no normativos que los hablantes conocen y emplean según sus intenciones comunicativas. A su vez, estas máximas conforman el denominado principio de cooperaci ó n: «Adecue su contribución conversacional, en el estadio en que tenga lugar, a los requisitos que marque el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga» (Grice, 1975: 516). Según Grice, los hablantes damos por supuesto que, cuando participamos en una conversación, nuestro interlocutor va a cumplir con estos principios. Sin embargo, cuanto esto no es así y el hablante incumple algún principio conversacional de forma deliberada, nos encontramos ante un acto de habla indirecto con sus implicaturas correspondientes, es decir, el significado implícito en un mensaje que el emisor transmite sin expresarlo de forma explícita, que el receptor debe inferir o interpretar.

La ironía es para Grice pues, debido a la inconsistencia creada por el significado oracional y el significado latente, el resultado de la violación de una, algunas o todas las máximas conversacionales por parte del hablante. Sin embargo, aunque, según Kaufer (cit. en Barbe 1995: 39), la teoría griceana no es capaz de explicar aquellos casos en los que el significado oracional y el significado del hablante estén coordinados, el principio de cooperación por el que se rige también el emisor del enunciado irónico puede aplicarse a la mayor parte de las situaciones comunicativas.

1.3.2. Sperber y Wilson: la teor í a de la menci ó n ecoica (1981) y el principio de relevancia (1986)

Sperber y Wilson dan especial importancia a la información previa compartida por los hablantes de una situación comunicativa concreta y tratan de demostrar que no existe una proposición detrás de la proposición o emisión literal de hablante. Las proposiciones irónicas hacen mención a una proposición o experiencia previa, que el receptor, gracias al conocimiento compartido y al eco del enunciado irónico, es capaz de reconocer e interpretar.

El concepto de información previa compartida es también importante dentro de su posterior teoría de la relevancia (1986), según la que los participantes en una situación comunicativa llegarán al mismo significado si comparten la misma información previa. El problema aquí es que, para Sperber y Wilson, únicamente existiría una verdadera interpretación de la mención ecoica, teniendo en cuenta que se presupone la coherencia o adaptación del mensaje del hablante al contexto, por lo que la inferencia de los interlocutores debería ser la misma. Barbe (1995: 47) concluye que el principio de relevancia debe aplicarse por separado, según la relación que exista entre los participantes en la conversación: por ejemplo, la inferencia de la víctima o del receptor será diferente según la relación de camaradería que exista entre estos y el hablante.

1.3.3. Teor í a de la pretensi ó n o el fingimiento de Clark y Gerrig (1984)

Clark y Gerrig, basándose en la teoría de la mención ecoica de Grice, establecen que el hablante irónico deja a un lado su voz para meterse en el papel del eiron y así burlarse de su interlocutor. Según esta teoría, existirían dos tipos de víctimas: por una parte, la persona en la que el hablante irónico se transforma y, por otra parte, el objeto de la burla, el receptor ignorante. Si bien es cierto que dicha pretensión por parte del emisor se da en muchos casos, limitar el número de víctimas de cualquier enunciado irónico a dos sería incurrir en un error.

1.3.4. Teor í a de los actos del habla

Dentro de la teoría de los actos del habla, Barbe (1995: 51-52) destaca las aportaciones de Holdcroft (1983), Haverkate (1990) y Searle (1992).

Holdcroft (1983) analiza la ironía desde la crítica al principio de cooperación de Grice. Para él, la ironía existe ligada a la interpretación y la evaluación del enunciado, y el conocimiento, creencias e intenciones de los interlocutores son elementos a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo dicha interpretación. Sin embargo, Barbe (1995: 51) apunta que a pesar de esta mención, la teoría de Holdcroft no es capaz de vincular las figuras de los interlocutores con el acto locutivo y el ilocutivo.

Por su parte, Haverkate (1990), que también emplea un modelo basado en la teoría de los actos del habla para llevar a cabo su estudio, afirma que la ironía, definida como una violación transparente de la máxima de sinceridad, siempre está unida a la intención del hablante y que todos los actos del habla, a excepción de los declarativos, pueden ser vehículos de la ironía, sobre todo los actos asertivos o representativos, con los que se afirma, niega o llega a corregir una información, siempre con algún tipo de nivel de certeza. La crítica general de la postura de Haverkate se centra en la afirmación de que la ironía no puede manifestarse a través de actos declarativos, mediante los cuales el hablante provoca un cambio en su entorno, puesto que habrá ocasiones en las que el hablante haga uso de enunciados declarativos para llevar a cabo su intención irónica.

Por último, Searle (1992), siguiendo la estela de Austin (1962), establece que el modelo de la teoría de los actos del habla no puede emplearse para el análisis conversacional, pues este solo parece ser capaz de explicar los intercambios compuestos por únicamente dos enunciados, que evidentemente no se ajusta a las situaciones comunicativas como suceden en la realidad. Como consecuencia, tanto Austin como Searle llegan a etiquetar a la ironía como un «“uso parásito”» del lenguaje (cit. en Torres Sánchez 2009: 68).

1.4. La iron í a y la literatura

En este apartado vamos a centrarnos en los estudios lingüísticos de la ironía realizados dentro del ámbito de la teoría de la literatura, que prestan especial atención a la participación de autor y lector, y al efecto derivado de su uso en obras literarias. En concreto, analizaremos, de forma general, las aportaciones de Muecke (1969, 1970) y Booth (1974), contribuciones teóricas que complementan aquellas ya mencionadas y que han ayudado a la aparición de nuevos proyectos enfocados en la clasificación y la interpretación de la ironía literaria.

1.4.1. Muecke (1969, 1970)

Muecke (1969, 1970) limita sus análisis al ámbito literario y establece diversas clasificaciones entre los distintos tipos de ironía que pueden habitar en la obra literaria. Mateo Martínez-Bartolomé recoge esta división (1995: 61), que distingue cuatro tipos distintos de ironía:

La ironía impersonal, (« impersonal irony»), en la cual ignoramos la presencia del ironista aunque oigamos su voz, y la ironía se encuentra en lo que dice; ironía auto-despectivaself-disparaging irony»), en la que el ironista se presenta a sí mismo como ignorante y sirve de guía a nuestro parecer; ironía del ingenuoing é nu irony») en la que el ironista se retira, empleando para su ironía a un personaje, un ingenuo que ve lo que no son capaces de ver los astutos de la situación o que nos hace percibir la ironía de una situación con sus comentarios ingenuos al respecto; e ironía dramatizadadramatized irony»), en la que el ironista se retira completamente y presenta una situación irónica. Para Muecke, la ironía impersonal, la auto-despectiva y la del ingenuo son propias de las novelas, mientras que la última, la ironía dramatizada, se encontraría de forma principal en las obras de teatro.

Por otra parte, Muecke también apunta la existencia de tres elementos que conforman la ironía. Primero, establece que se da un fenómeno de dos formas distintas: un nivel inferior, que hace referencia a la situación que se le presenta a la víctima, y un nivel superior, la situación que aparece ante los ojos del emisor irónico. Además, advierte una determinada dualidad de significación, basándose en la definición y la teoría tradicional de Aristóteles, para las que la ironía da lugar a una contradicción, incongruencia, sustitución u oposición. Por último, afirma que en el contexto conversacional de un enunciado irónico debe haber una «cierta ignorancia » (cit. en Mateo Martínez-Bartolomé 1995: 56), pues es necesario que haya una víctima que sea inconsciente de la existencia del nivel superior mencionado anteriormente o un hablante irónico que finja deliberadamente no ser consciente de ella.

1.4.2. Booth (1974)

Wayne Booth, en su Ret ó rica de la iron í a (1974/1986), lleva a cabo un estudio muy completo de la ironía literaria y diferencia principalmente dos tipos de ironía: la estable y la inestable. Por una parte, la ironía estable, que según el propio Booth es una modalidad que se presenta de forma constante en Pride and Prejudice, se caracteriza, por lo general, por cuatro aspectos principales (1986: 30-32): es creada de manera intencionada por el hablante para ser interpretada de forma más o menos precisa por su receptor; está pensada para que el receptor la interprete de forma distinta a la que se puede inferir en un primer momento, aunque en algunas ocasiones, la ironía puede ser manifiesta y presentarse con una especie de prefacio; es estable en tanto que, una vez inferido el significado encubierto, el receptor no tiene que realizar una mayor inferencia para buscar otros significados que puedan estar aún más ocultos; y su significado reconstruido o inferido es circunscrito a una sociedad determinada que vive en una época determinada. En cuanto a la ironía inestable, Booth (1986: 35) afirma que en este tipo de enunciados, la interpretación y el significado permanecen abiertos, y dependen de la lectura realizada de ellos, es decir, que no habría un único significado oculto. Este tipo de ironía, que podría presentarse, al igual que la ironía estable, tanto de manera manifiesta como encubierta, puede ser también infinita, ligada a la «incondicional afirmación cósmica de que el universo […] es absurdo: ninguna verdad, ninguna pasión, ningún compromiso político, ningún juicio moral puede resistir el examen irónico» (Booth 1986: 315).

1.5. Conclusi ó n

Son muchas las teorías que han intentado explicar la ironía. Como hemos visto, un único enfoque teórico no es capaz de dar cabida al maremágnum de posibilidades que podemos encontrar.

El punto de convergencia de las teorías pragmáticas, las contribuciones de la teoría literaria que aquí hemos presentado y de tantas otras que no se han recogido (semánticas, psicolingüísticas, etc.) es la noción de dualidad. Sea por oposición, sustitución, incongruencia o fingimiento, la mayor parte de estas contribuciones tienen en cuenta este elemento. Por separado, ninguna de ellas ha sido capaz de explicar la ironía en su totalidad. Sin embargo, la combinación de todas ellas se mueve en esa dirección, con aportaciones importantes que han influido en otros estudios enfocados desde diferentes ámbitos, como es el de la traducción.

Por último, cabe mencionar que, para afrontar el análisis comparativo que vamos a llevar a cabo más adelante, se ha considerado que las aportaciones de Booth resultan especialmente útiles para identificar y entender los enunciados irónicos que se van a estudiar, ya que estas prestan un especial interés a la ironía como recurso literario, una perspectiva de estudio que coincide con la que se plantea aquí.

2. Jane Austen y su narrativa

En este capítulo vamos a comenzar con una introducción sobre algunos de los datos biográficos de Jane Austen (1775-1817) que resultan de especial interés y facilitan la comprensión de su obra, para después abordar, de forma general, las influencias literarias y el análisis de las principales características que presentan sus novelas, haciendo especial hincapié en el uso de la ironía.

2.1. Biograf í a

Jane Austen (1775-1817) es una prestigiosa autora de la literatura inglesa del periodo de la Regencia, cuya producción literaria, estrechamente ligada al contexto sociocultural en el que se inscribe, no fue reconocida hasta su muerte.

Nacida en una pequeña rectoría de Steventon, Austen, hija de un reverendo anglicano, desde muy pequeña disfrutaba con la lectura, uno de sus pasatiempos favoritos y fuentes de inspiración y conocimiento. Siempre intentó mantener su estatus de literata en el anonimato, en gran medida como consecuencia de la escasa aceptación de las mujeres como escritoras.

Si bien ya desde muy joven mostró una elevada sensibilidad por la literatura y el cultivo del lenguaje, no fue hasta los 34 años cuando comenzó su carrera literaria, influenciada por otras mujeres escritoras tales como Frances Burney, Charlotte Smith y Maria Edgeworth. Sin duda, su salto a la escena literaria en Inglaterra rompió con los cánones establecidos en una época en la que la literatura no estaba bien vista en manos femeninas, sino monopolizada principalmente por escritores varones como sir Walter Scott. En este sentido, su afirmación tardía como escritora refleja, al igual que su obra, su inconformismo ante la posición social de la mujer, en el que muchos estudiosos han visto los primeros atisbos de un feminismo que más tarde retomarían autoras como Virginia Woolf.

Toda su vida transcurrió en círculos pertenecientes a la burguesía agraria, nobleza de clase media que poseía en Gran Bretaña la mayor parte de las tierras, y fueron este ambiente y los lugares que visitó (los pequeños pueblos de Inglaterra, así como Bath, Portsmouth, Londres, etc.) los protagonistas de todas sus novelas, donde se da una gran importancia al dinero, a las relaciones entre las distintas clases sociales y al problema del traspaso de las herencias, a las cuales las mujeres no tenían ningún tipo de derecho.

[...]


1 Abrams realiza, en su obra A Glossary of Literary Terms (1971: 134-138), una clasificación de los distintos tipos de ironía presentes en el discurso literario: ironía cósmica, ironía dramática, ironía romántica, ironía socrática, ironía trágica, ironía verbal y sarcasmo.

Final del extracto de 99 páginas

Detalles

Título
La traducción de la ironía de Jane Austen
Subtítulo
Análisis comparativo de 3 traducciones de 'Pride and Prejudice' al español
Universidad
University of Alicante
Curso
4
Calificación
10
Autor
Año
2015
Páginas
99
No. de catálogo
V304759
ISBN (Ebook)
9783668036468
ISBN (Libro)
9783668036475
Tamaño de fichero
3576 KB
Idioma
Español
Etiqueta
Traducción, Ironía, Jane Austen, Pride and Prejudice, Análisis comparativo
Citar trabajo
Cristina Martínez Pérez (Autor), 2015, La traducción de la ironía de Jane Austen, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/304759

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Título: La traducción de la ironía de Jane Austen



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