¿Socialización o interiorización? Un concepto válido para niños con trastorno del espectro de autismo


Estudio Científico, 2020

25 Páginas


Extracto

Tabla de contenido

RESUMEN

ABSTRACT

INTRODUCCIÓN

DESARROLLO
a) La socialización: un hecho social trascendental o el principio de interiorización
b) La familia, la escuela y la comunidad: tres contextos de actuación y un solo objetivo en la e del niño con TEA

Conclusiones

Referencias bibliográficas

UV-09-10-2020

Título: LA SOCIALIZACIÓN EN EL NIÑO CON AUTISMO: RETOS PARA LA EDUCACIÓN FAMILIAR, EN TIEMPOS DE AISLAMIENTO SOCIAL

Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera, PhD.1

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3293-9242

RESUMEN

El presente artículo pretende aproximarse a la realidad que enfrenta la familia de niños con autismo, en medio de la situación epidemiológica mundial que desafía a la humanidad; pandemia generada por la aparición del nuevo virus Covid-19. La humanidad ha precisado de nuevos modos de convivencia, donde el aislamiento social es una de las medidas a tomar para su afrontamiento, modificando así la dinámica educativa familiar de los niños con autismo. El objetivo del trabajo apunta a la descripción de las condiciones actuales de estimulación sobre las que se promueve el desarrollo de la socialización de los hijos, reto a desempeñar a cabalidad desde los roles y funciones de la familia, con modos de acompañamiento e influencia educativa diferentes en la escuela, bajo nuevas modalidades de atención, a saber, a distancia, virtual y online. Entre los métodos investigativos aplicados en este trabajo se encuentran el histórico-lógico y el analítico-sintético, como métodos teóricos, así como el análisis de documentos, como método empírico. Los principales resultados obtenidos se traducen en la valoración del concepto de socialización y los nuevos modos de actuación de las familias y el contexto educativo, predominantemente en función de optimizar la socialización en los niños con autismo, toda vez que la realidad distante y, por ende, todo contacto social para ello se encuentra limitado ante la catástrofe epidemiológica que ha azotado a todos los seres humanos, sin distinción de circunstancias.

Palabras claves: autismo, aislamiento social, educación familiar, pandemia, socialización.

Title: SOCIALIZATION IN THE CHILD WITH AUTISM: CHALLENGES FOR FAMILY EDUCATION, IN TIMES OF SOCIAL ISOLATION

ABSTRACT

This article aims to approximate the reality faced by the family of children with autism, amid the global epidemiological situation that challenges humanity; generated by the emergence of the new Covid-19 virus. Humanity has needed new modes of coexistence, where social isolation is one of the measures to be taken for its confrontation, thus modifying the family and educational dynamics of children with autism. The objective of the work points to the description of the current conditions of stimulation on which the development of the socialization of children is promoted, challenge to perform fully from the roles and functions of the family, with different modes of accompaniment and educational influence in the school, under new modes of attention, namely remote, virtual and online. Among the research methods applied in this work are historical-logical and analytical-synthetic, as theoretical methods, as well as the analysis of documents, as an empirical method. The main results obtained translate into the new modes of action of families and the educational context, predominantly based on optimizing socialization in children with autism, since distant reality and, therefore, all social contact for this is limited in the face of the epidemiological catastrophe that has struck all human beings, regardless of circumstances.

Keywords: autism, social isolation, family education, pandemic, socialization.

INTRODUCCIÓN

La humanidad vive días excepcionales, en los que la dinámica y rutina social, familiar y personal, se han visto modificadas radicalmente en el despliegue de relaciones y actividades habituales de su existencia. La presencia de la pandemia por la Covid-19 ha sido abarcadora a escala mundial, sin distinción de clases, razas ni condiciones de desarrollo, lo que ha llevado a un cambio drástico de las conductas sanitarias, en todos los contextos de la actuación humana. Esto también tiene lugar en los ambientes de aprendizajes, fundamentalmente en aquellos donde existen personas necesitadas de la influencia educativa especial e institucionalizada; por ejemplo, allí donde hay personas con enfermedades mentales como el trastorno bipolar y la esquizofrenia; aquellos segundos que padecen de dificultades de aprendizaje y trastornos del neurodesarrollo, como el autismo. Las personas con Trastorno del Espectro de Autismo (TEA), especialmente los niños, adolescentes y jóvenes, han alterado su comportamiento significativamente, debido a los nuevos hábitos que han tenido que aprender, en aras de cuidar su salud, ya quebrada, en algún sentido, a raíz de dicho trastorno. No es difícil advertir que uno de los rasgos más conspicuos de estas personas es la obsesión por las rutinas, que han desaparecido parcial o completamente ante las transformaciones bruscas y repentinas de la vida cotidiana, causadas por la COVID-19. Estas vicisitudes del diario bregar hoy han provocado trastornos psicológicos, preponderantemente, en sus esferas de regulación cognitiva, afectiva e instrumental que, de acuerdo con el grado de gravedad, su comportamiento se haya dependiente en mayor o menor medida de los recursos psíquicos con que cuente, condicionados, en primer lugar, por los padres y la escuela.

No obstante, dicho comportamiento generalmente lo definen el trastorno de hiperactividad por déficit de atención, déficit en la comunicación social, irritabilidad, agresiones y autoagresiones, ansiedad, modificaciones en el sistema inmunológico, dispraxia, epilepsia, problemas de aprendizaje, lo que conlleva a la disminución de su calidad de vida. En consecuencia, el reto se halla en las prácticas oportunas de readaptación de dichas personas a estas nuevas condiciones de vida y de educación. Por supuesto, a ellos les son arduas las tareas de recibir terapia y practicar el distanciamiento social, debido a la paralización de los hábitos otrora aprendidos.

Todo esto nos hace pensar en la necesidad inapelable de comprensión familiar y en el apoyo extraordinario e ineludible que estas personas requieren del adulto.

DESARROLLO

De este modo, estamos abocados a destacar algunos conceptos de base, sin el abordaje de los cuales sería poco probable profundizar en la relación COVID-comportamiento del niño con TEA. Dentro de ellos, pudiésemos hallar, en primer lugar, los conceptos de socialización y estimulación y, en segundo lugar, los conceptos de familia y comunidad, en la relación educativa especial sobre su actuación contextual concreta, concepto introducido en las ciencias psicológicas por Bermúdez y Rodríguez (2018).

La evolución de la especie humana está dada, significativamente, por la continua búsqueda de satisfacción de las necesidades, cada vez más crecientes; por el incesante intercambio de información, de conocimientos, así como por la condición gregaria que nos caracteriza como personas, condicionada por la actuación. En consecuencia, es atinada la idea de Bermúdez y Rodríguez (2018) con arreglo a la cual Tomar en consideración que la personalidad está caracterizada por lo personal, es decir, lo construido por la persona misma, es reconocer que su formación y desarrollo toma como pivote la situación social en la que está inmersa y la situación natural a la que se circunscribe, las cuales dan lugar a una situación de desarrollo privativa del fenómeno en sí mismo: la situación personal, como lo necesariamente irrepetible. Esta personalización (construcción) a partir de lo que en él existe como individuo natural y la integración de lo que “toma” como sujeto social, tiene lugar a través de lo que denominamos actuación [la cursiva es añadida]. (p.27)

De ahí que un texto que se dedique a la problemática de la socialización no puede dejar al margen el análisis de la actuación de la persona, por demás, contextual y concreta. La situación social de desarrollo, concepto defendido por el archiconocido investigador ruso Vigotsky, había dado al traste con las posiciones marcadamente subjetivistas, enarbolando la bandera de la igualdad para niños que no poseían la cultura suficiente para ejecutar con éxito los denominados test psicológicos en la medición de la inteligencia, creado por el psicólogo francés Alfred Binet y su estudiante Theodore Simon, primero, y estandarizados en los EE. UU por Stanford-Binet, después.

La pléyade de niños diagnosticados con dificultades de aprendizaje y déficits cognitivos bajo esta escala, podrán ser ahora absueltos bajo la defensa del gran pensador ruso. Es por ello por lo que, en las ideas citadas, no nos constreñimos al carácter social de la situación de desarrollo, sino que sería igualmente considerable la situación natural y personal en el desarrollo psíquico del niño. Demás está señalar que, aunque se ponga especial énfasis en la naturaleza social del desarrollo, no puede obviarse la idea con arreglo a la cual lo natural y lo social constituyen solo premisas de él. Lo psicológico deviene así un fenómeno que supera sus condiciones de surgimiento, desarrollo y expresión. En consecuencia, la socialización bien podría ser valorada como un fenómeno psíquico, más que un hecho de naturaleza social, pues lo psíquico no solo integra en él lo biológico y lo social, sino que, a diferencia del agua, no debe reducirse a sus condiciones de base. Mientras que una molécula de agua es la sumatoria de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, la actuación humana no lo es de la actividad y la comunicación que en el niño se produce. Mientras el agua apaga el fuego, o lo mantiene o lo aviva con el hidrógeno o el oxígeno, respectivamente, comportándose de forma diferente de acuerdo con su composición química, la actuación humana no se reduce a su actividad ni a su comunicación, sino que se erige como fenómeno único resultante de la integración de esos hechos psíquicos. De manera que la socialización no es solo la relación que el menor establece con los miembros de su grupo de convivencia, sino también la susceptibilidad que aquel posea para lograr aprender o aplicar los aprendizajes que en él han tenido lugar, con el fin último de adaptarse a su contexto de vida. No debe perderse de vista que el niño no aprende lo que los demás pretenden que aprenda, sino lo que es susceptible de aprender, de acuerdo con su edad psicológica. Y este hecho resulta aún más peliagudo cuando de niños con Trastorno del Espectro de Autismo se trata.

a) La socialización: un hecho social trascendental o el principio de interiorización

Uno de los pilares más importante, propuesto por la UNESCO para la educación y que fue tratado en su informe oficial “La educación encierra un tesoro”, conocido también como el Informe Delors, además de los aprendizajes concernientes a CONOCER, SER y HACER, es aprender a CONVIVIR. A nuestro juicio, este es uno de los aprendizajes más significativos que condicionan el respeto y el orden en las relaciones humanas. Aprender a convivir implica participar y cooperar con los demás, vivir el pluralismo, la comprensión mutua y la paz, tal cual se declara por dicha organización. Esto nos hace pensar, sin remilgos, en el concepto de socialización, entendido, en términos generales, “…como medio [la cursiva es añadida] a través del cual los individuos aprenden [ sic ] a lo largo de su vida, los valores y principios contenidos en su medio ambiente [la cursiva es añadida]…” (…), permitiéndole desempeñarse con éxito dentro de la sociedad. (n.a, 2020, n.l, ¶ 1). Sin temor al equívoco, el hecho de considerar la socialización como medio hace que el concepto así definido resulte contradictorio con las posiciones metodológicas que deben prevalecer en su esencia. En otras palabras, la socialización ha de abordarse justamente como actividad, como comunicación, en las que las acciones y operaciones humanas, --léase la actividad y la comunicación de naturaleza inconsciente y consciente--, deben ocupar el lugar cimero en el análisis, y no precisamente las condiciones sobre las que aquellas se ejecutan, aun cuando dichas ejecuciones no tendrán lugar más que bajo determinadas situaciones concretas. Otro tanto sucede con la expresión valores y principios contenidos en su medio ambiente, aprendidos a través de aquel. Las preguntas de rigor no se hacen esperar: ¿qué entender por medio ambiente?, ¿no resultan yuxtapuestos los términos medio y medio ambiente, que, a la postre, intentan, sin laurel, conferirle diferencia a aquellos términos en la frase?, ¿no es risible y de mal gusto el hecho de aprender lo que está en el medio [ambiente] a través del medio? Y todo ello, sin prestar atención rigurosa a que al individuo no le asiste facultad alguna de aprender, pues el concepto de individuo sintetiza al ser biológico, pletórico de reflejos incondicionados, al menos para la psicología como ciencia, y no al ser psicológico que aparece luego de cuarenta días de nacido. Estos malabarismos etimológicos solo funcionan como recursos lingüísticos de desconcierto, lamentablemente.

El aprendizaje, quiéralo Ud. o no, no se inicia en el recién nacido, sino en los sujetos en los que ha surgido el psiquismo y que, por ende, devienen activos, por el hecho singular de que ya comienzan a tender a la búsqueda del objeto –o sujeto— que satisfará sus necesidades (Bermúdez y Rodríguez, 2018), y cuya función no es otra que la de adaptarse al contexto en el que vive. Y ello solo tiene lugar a partir del surgimiento del denominado complejo de animación.

Por otra parte, resulta de extremo cuidado admitir aquella misma idea acerca de que, en su desarrollo ontogénico, el sujeto o la persona aprenden los valores y principios contenidos en su medio ambiente. Nada más lejos de la verdad psicológica. Si así fuera, no se haría necesaria la ardua labor de todo un ejército de educadores, que solo poseen, como instrumento de influencia al cambio, la palabra. Tal parece como si esos hechos psíquicos estuvieran a la mano como frutas del árbol. Lo que se trata de enfatizar es que no es posible olvidar los legados de la psicología, en el sentido de que el desarrollo psíquico, según Vigotsky, aparece en escena dos veces y, ante todo, primero en el plano interpsíquico, es decir, en el plano de la necesaria relación con el otro, con el padre, el maestro o el compañero de clase. Sobre la base de esta última idea, debe descansar el concepto supremo de socialización. Todo esto nos aboca, consecuentemente, al cuestionamiento de la validez de concepto y de contenido de la frase que hemos sometido a análisis.

Como bien puede advertirse, la expresión referida es lamentablemente ambigua, pues primero se refiere al medio y, luego, como de la nada, lo hace a favor de la sociedad. O sea, se aprende, tristemente refiere la frase, tanto del medio como de la sociedad. ¿Acaso los términos medio, medio ambiente y sociedad son una y la misma cosa o son contentivas de fenómenos singularmente diferentes? Por solo blandir un argumento a favor del esclarecimiento del uso correcto de los términos, cuando de medio se trata, se hace alusión a la categoría metodológica, en tanto el medio ambiente se esgrime a tenor de la ecología, y se corresponde con el conjunto de unidades ecológicas que rodean e influyen en el ser vivo: vegetación, rocas, suelo, atmósfera, microorganismos, animales, etc. La sociedad, por su parte, deviene categoría en la estructura conceptual de la sociología como ciencia. Así, no se hace difícil advertir la superposición perniciosa que se esconde tras dichos conceptos en aquella infeliz expresión. En resumen, la epistemología de las ciencias que participan en este análisis no puede obviarse, ni mucho menos asumirse, festinadamente. Por si fuera poco, a todos estos argumentos debe añadirse aún el carácter reduccionista del contenido de la frase, dado en la focalización unívoca de la edad juvenil y, por ende, en la supresión de las edades psicológicas restantes, inferimos. ¿Acaso algún niño está absorto en su desempeño exitoso dentro de la sociedad humana? ¡Ni el escolar; ni el adolescente tampoco! Al niño no le compete la comprensión de conceptos como desempeño, éxito o sociedad. Sin embargo, lo que nadie puede negar es que también los niños realizan determinadas actividades de aprendizaje y se comunican con los adultos –padres y maestros--, en aras de la satisfacción de las necesidades a las que dichas actividades se ven impelidas. Ser útil a la sociedad se constituye en una de las actuaciones rectoras del joven, cuya proyección al futuro hace que se prepare profesionalmente en el presente. Pero eso no significa que el único que se prepara para la vida es él. El niño, en sus periodos de mayor sensibilidad para determinados aprendizajes, también se prepara, v.g., en el aprendizaje de la aritmética, las tablas de multiplicar, en la corrección ortográfica, en el uso correcto de los signos de puntuación, hechos que devienen regularmente lamentables con el ingreso del joven a la casa de altos estudios u otro contexto superior de aprendizaje, por no haber sido dominados en el periodo sensible correspondiente.

La socialización es, por ende, un proceso de interacción ora como actividad ora como comunicación, a nuestro juicio. La socialización no está a espaldas de los denominados principios de interiorización y exteriorización de Vigotsky, por el que entendía aquel proceso mediante el cual, en la relación interpsíquica, lo social devenía personal; por ende, la personalidad –como conciencia social e individual—no se crea al margen de dichos procesos, afirmaba el gran pensador. Son los instrumentos de mediación, especialmente el lenguaje, los que favorecen y condicionan lo aprendido, tanto a nivel procesal como resultante. En síntesis, lo que tratamos de subrayar es que el concepto de socialización no se aleja de la esencia del principio de interiorización, tan presumido en la psicología como ciencia. Si los denominados procesos psíquicos, superiores en las tesis vigostkianas, resultan del proceso de interiorización, y el comportamiento del niño obedece, en el plano externo de lo psíquico, al proceso de exteriorización, entonces no cabe duda de que el concepto de socialización se yuxtapone epistemológicamente al concepto de interiorización de este autor. Dicho de otro modo, el enfoque histórico-cultural no puede –ni debe— quedar al margen de un análisis de este tipo. Aquí la idea trascendental refiere que la e condiciona el surgimiento, desarrollo y expresión de la conducta específicamente humana. Es mediante el proceso de interiorización que lo del otro –el ser social—se vuelve nuestro –como ser individual. Tan relevante deviene ese proceso en la configuración de lo psíquico, de la personalidad, que se ha acuñado en esta ciencia como principio metodológico de primera observancia.

Para demostrar lo dicho, y a tenor de otras posiciones, el concepto de socialización sigue yuxtaponiéndose al principio de interiorización. Considerada la socialización como proceso de adquisición (López, 1985), apropiación (Blanco, 2001) o incorporación (Colectivo de autores, 2002), hace que este concepto se alinee con la persona cuya personalidad resulta de su formación y desarrollo psíquico y, por lo tanto, se olvida, sin compasión alguna, de la participación ineludible de la familia, el maestro, el compañero y la comunidad en el condicionamiento de los aprendizajes de naturaleza social, cultural e históricos, negando así los denominados agentes socializadores que, si los hay, es porque estos participan directamente o indirectamente en la apropiación mencionada, por una parte y, por otra, negando solapadamente igual el carácter activo del sujeto o de la persona en su adaptación al contexto de vida. Por demás, si el proceso de socialización “es la apropiación por el sujeto de los contenidos sociales válidos [la cursiva es añadida] y su objetivación, expresada en formas de conductas aceptables por la sociedad [la cursiva es añadida]” (Blanco, 2001, p.27), la vida social fuese una panacea y no hubiesen personas cuya conducta fuese inicua con respecto al resto de los integrantes de una familia o de una comunidad. Con ello, deseamos inferir, de defender aquellas posiciones, que también estas últimas personas se hayan sometidas a un proceso de socialización, de apropiación de una cultura específica, que, por cierto, resulta hoy bastante evidente y extendida.

Hay una segunda pléyade de autores, a juicio nuestro, obviamente, que se inclina a la definición del concepto abordado sobre la base de la individualización, subjetivación o personalización (Colectivo de autores, 2002; Fariñas, 2004), como un intento de subsanar lo anteriormente definido por los autores que los preceden en el análisis, pero que, a la postre, no se aleja de ellos. Pretendiendo hacer explícita la propiedad inherente a todo sujeto o persona en la posesión irrefutable de una naturaleza activa, en hacer especialmente suyo el patrimonio social, olvidan que la individualidad, la subjetividad y la personalidad no son una y la misma cosa, al menos para la psicología como ciencia. Esto, sin considerar, que existen recursos personales instrumentales que no obedecen a esa llamada personalización o subjetivación de lo cultural, como lo es el caso de los instrumentos psíquicos para transformarla, a saber, la comparación, la clasificación y la valoración. Una pequeña digresión.

Es atinada la idea según la cual somos entes activos, capaces de buscar lo que nos falta –necesidad, para la psicología--, mediante la actividad. En este sentido, Demósthene y Campo (2020) sostienen que La psiquis humana refleja de forma activa [la cursiva es añadida] la realidad que rodea a cada persona, lo que le brinda su carácter autónomo, diferente cualitativamente a los fenómenos biológicos que, si bien constituyen premisas para el desarrollo, posibilitan su existencia, sirven de base, no es, [sic] por sí solo, elemento determinante en el desarrollo psíquico del individuo. (p.35)

En efecto, somo seres activos hasta durmiendo. Lo psíquico inconsciente también se expresa a través del sueño nocturno. De ahí que el mismo Freud considerara que los sueños no son más que la satisfacción encubierta de un deseo reprimido. Sin embargo, lo psíquico no puede reducirse a lo biológico, pero tampoco a lo social, como creemos que late en el tintero de aquella frase última. Ni lo biológico ni lo social hacen del psiquismo lo que es, sino es mediante la actividad y la comunicación. Tanto lo biológico como lo social son solo premisas del surgimiento de la personalidad, de la actuación humana. Dichas condiciones no pueden ser juzgadas una en detrimento de la otra. Qué claro estuvo Engels (1971) cuando, al responderle a Bloch, afirmaba: el que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido [la cursiva es añadida] en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar ese principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen [la cursiva es añadida] en el juego de las acciones y reacciones. (p.492)

De esas palabras, bien puede entenderse que lo biológico es tan importante como lo social. De hecho, para el niño con TEA, los problemas comienzan desde las alteraciones del sistema nervioso superior que le hacen en extremo difícil el aprendizaje. Las relaciones de concomitancia aquí están sujeta a un orden muy estricto: lo biológico y lo social, y no al revés. Por ende, aun cuando lo social devenga relevante en el surgimiento del psiquismo humano, lo biológico también es un factor determinante en su desarrollo, durante la ontogénesis. Lo que la madre natura no da, Salamanca no presta, reza acertadamente el proverbio popular.

[...]


1 Docente-investigador. Facultad de filosofía, letras y ciencias de la educación. Universidad de Guayaquil. Ecuador.

Final del extracto de 25 páginas

Detalles

Título
¿Socialización o interiorización? Un concepto válido para niños con trastorno del espectro de autismo
Autor
Año
2020
Páginas
25
No. de catálogo
V947037
ISBN (Ebook)
9783346293916
Idioma
Español
Citar trabajo
Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera (Autor), 2020, ¿Socialización o interiorización? Un concepto válido para niños con trastorno del espectro de autismo, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/947037

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