Lejos del iceberg y tan próximo a la isla. El iceberg del psicoanálisis se derrite


Redacción Científica, 2020

18 Páginas


Extracto

Tabla de contenido

Resumen

Abstract

Introducción
El contenido del inconsciente –las imágenes— tiene que ser necesariamente traducido en conceptos

Conclusiones

Referencias bibliográficas

Título: “TAN LEJOS DEL ICEBERG Y TAN PRÓXIMO A LA ISLA”

“Lo uno y lo otro coexisten, por tanto, paralelamente, en la naturaleza” Engels

Autores : Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera (PhD) 1

Resumen

El presente artículo focaliza una de las problemáticas más relevantes en la comprensión de la psicología como ciencia y de su propedéutica clínica, a saber, la relación de lo consciente y lo inconsciente –problema cardinal de la psicología científica, según nuestras posiciones autorales— y el estatus que a cada nivel de regulación corresponde, de acuerdo con el enfoque sistémico-estructural que debe prevalecer en el estudio dialécticamente consecuente de la realidad psíquica humana. Lo consciente y lo inconsciente, como opuestos irreconciliables, responden a dinámicas y estructuras bien distintas, lo que condiciona, en consecuencia, que la proximidad analítica a ellos resulte en advertencia de sus desiguales naturalezas y logremos en los contextos clínico y educativo ser mucho más efectivos en la atenuación de la dolencia y en la dirección del aprendizaje, respectivamente. Las posiciones teóricas, también en términos de hipótesis, pueden favorecer o entorpecer la gestión profesional; de ahí la certeza de que la expuesta aquí podría ser valorada a favor de la identificación de las especificidades más celosas de ambos tipos de regulación y su influencia en la conducta general de los sujetos o personas en cada contexto singular.

Palabras clave : aprendizajes inconscientes, dialéctica, lo conscientizado, lo no conscientizado, lo psíquico

Title: “AWAY FROM THE ICEBERG AND CLOSE TO THE ISLAND IN THE OCEAN

Abstract

This article focuses on one of the most relevant issues in the understanding of psychology as science and its clinical propaedeutics, namely, the relationship of the conscious and the unconscious-the cardinal problem of scientific psychology-and the status that each Level of regulation corresponds, according to the systemic-structural approach that must prevail in the dialectically consistent study of human psychic reality. The conscious and the unconscious, as irreconcilable opposites, respond to very different dynamics and structures, which conditions, consequently, that the analytical proximity to them results in warning of their unequal natures and we achieve in the Clinical and educational contexts to be much more effective in the attenuation of the ailment and in the direction of the learning, respectively. Theoretical positions, also in terms of hypothesis, may favor or hinder professional management; Hence the certainty that the exposed here could be valued in favor of the identification of the most jealous specificities of both types of regulation and their influence on the general conduct of the subjects or people in each singular context.

Key words: Unconscious learning, dialectic, still unaware, non-still unaware, psychic

Introducción

En artículos anteriores, hemos abjurado de la figura del iceberg, antes considerada lícita para representar la relación de lo consciente y lo inconsciente, en el plano de análisis psicológico y sustituyéndola por la figura de una isla en medio del océano, en la que la primera identifica lo consciente y, lo segundo, lo inconsciente. Hemos demostrado, asimismo, la vulnerabilidad de igual naturaleza de aquella concepción, dada la improbabilidad teórica de que lo consciente devenga inconsciente y viceversa. Amparados en el enfoque dialéctico sobre el estudio de la naturaleza, al iceberg del psicoanálisis no le queda otra opción que “derretirse”, bajo la irrupción de la estructura piramidal o sistémica, con la que deben ser observados los fenómenos sujetos a la investigación científica, como los objetos de estudio psíquicos. Estas dos cualidades diferentes de la regulación psíquica humana –lo consciente y lo inconsciente--, han de someterse irreconciliablemente a la complementariedad recíproca y la mutua exclusión. De modo que el conocimiento y los instrumentos psíquicos que se emplean para la obtención del primero, deben ser identificados con extrema precisión, de acuerdo con sus naturalezas, para aplicar, en consecuencia, las metodologías que se ajustan al aprendizaje de aquellos.

Estos hechos traen consigo nuevas paradojas y preguntas de rigor. En efecto, si el contenido de lo consciente no puede devenir inconsciente, por su propia naturaleza, y solo podemos controlar una instrumentación –o un conocimiento— cada vez, entonces, ¿dónde “late” dicho contenido hasta ser nuevamente evocado en la conducta? Si lo psíquico es una forma superior de organización de la materia en relación con lo biológico, y el conocimiento, así como las instrumentaciones que lo producen son de índole psíquica, entonces el camino del razonamiento queda vetado al pensar que tales hechos pudieran “esperar” en la memoria, fenómeno de carácter biológico, como hemos advertido. Sería razonablemente inconsistente de que fenómenos de una naturaleza sean explicados por la naturaleza de otros segundos. No puede ser que fenómenos de naturaleza psíquica, sean explicados por fenómenos de naturaleza bilógica, como sucede en el caso de la memoria y lo psíquico. Lo inconsciente y lo consciente no pueden ser explicados bajo la égida de lo biológico, como lo es la problemática de la memoria. Lo inconsciente y lo consciente es un problema de la psicología; el problema de la memoria es un problema de la biología. Son, en síntesis, formas de movimiento muy distintos de la materia.

Dicho esto, no cabe otra conclusión que la de afirmar que lo inconsciente seguirá siendo inconsciente, como lo consciente mantendrá su dinámica y existencia sin ser trasformado en fenómenos que, respondiendo a la misma naturaleza psíquica, pertenecen a órdenes de estructuración más elevados en el desarrollo ontogenético. Hacer que prevalezca ese principio como práctica de la profesión magisterial, es haber sido prudente y circunspecto al esgrimir como objeto de investigación o de aplicación lo que concierne a la relación que examinamos. Y la idea freudiana basal, que no se sostiene lógicamente, es la de la relación jerárquica con la que pretende el archiconocido pensador vienés estructurar su sistema analítico, en el que lo consciente, como punta celestial del iceb erg, abraza incuestionablemente al YO, subordinando debajo de sí al subconsciente, mientras este último doblega a su parte más secreta en el océano: el inconsciente. En pocas palabras, aquella representación esquemática se hace en extremo vulnerable, pues, bajo la aplicación rigorosa del enfoque sistémico, queda dictado entonces que lo superior controla lo inferior, determinando la dinámica que allí ha de vislumbrarse, por un lado. Por otro, y bajo el mismo enfoque, lo subconsciente podría mantener el estatus jerárquico que ostenta en el iceberg, pero de él escaparía, por ausencia de toda lógica, el inconsciente. Así, lo inconsciente no puede subordinarse a lo consciente, tal cual denota el iceberg psicoanalítico, y mucho menos ser controlado por este último. Si así fuera, la vida psíquica humana sería una panacea.

Si la naturaleza inconsciente de nuestro psiquismo fuese mínimamente susceptible de ser regulada por lo consciente, nosotros tuviésemos la potestad de decidir cómo pudiésemos sentirnos en cada momento de nuestra existencia, y la tristeza o la euforia inmotivada no tendrían lugar. Y no es así. Bien sabemos que el inconsciente nos juega generalmente una mala pasada, ora cometiendo actos fallidos, en términos de cambios de nombre, ora contraponiéndose ostensiblemente a nuestras determinaciones tomadas con firmeza desde lo consciente. Estas dos formas de regulación, aun cuando configuran todo el universo psíquico humano, se contraponen sin reconciliación alguna por el período de surgimiento en la ontogénesis, por su contenido, por la dinámica de su expresión y por todos los parámetros que los investigadores pretendan esgrimir en aras de subordinarlos. La concomitancia de estos dos fenómenos psíquicos resulta irrefutable; le es inherente a la ciencia psicológica demostrarla. Detengámonos brevemente en este acápite.

Si el contenido de lo inconsciente no puede ser abordado bajo los mismos códigos de lo consciente, entonces tiene que ser traducido a un lenguaje simbólico, cuando de fines diagnósticos o terapéuticos se trata.

El contenido del inconsciente –las imágenes— tiene que ser necesariamente traducido en conceptos

El psicoanálisis, al blandir la práctica del análisis de lo inconsciente, en la que el psicoanalista revela al paciente el Id, es considerado por muchos autores como un enfoque pseudocientífico en la psicología, al no basarse en la evidencia, en la operacionalización estricta de sus conceptos. El hecho de que el contenido de lo inconsciente tenga que ser interpretado o traducido en conceptos por el psicoanalista o en conjunción con el paciente, pulsa a los tratadistas de la temática al precipicio lamentable de la ortodoxia epistémica y metodológica investigativa. Qué claridad meridiana le asistía al padre del psicoanálisis, al expresar que Debemos ser pacientes y esperar la aparición de nuevos medios y motivos de investigación, pero permaneciendo siempre dispuestos a abandonar, en el momento en que veamos que no conduce a nada útil [la cursiva es añadida], el camino seguido durante tanto tiempo. Tan solo aquellos crédulos que piden a la ciencia un sustituto del abandonado catecismo podrán reprochar al investigador el desarrollo o modificación de sus opiniones. (Citado en Mateo, 2002, p.73)

En efecto, ¿qué razón asiste a los investigadores dudar de la validez científica de la ciencia psicológica, al aplicar en ella la interpretación de los sueños como uno de los métodos básicos del psicoanálisis? Bien pudiésemos considerar esas opiniones irrazonables y reduccionistas como el Talón de Aquiles de la psicología científica. Por un lado, pretender estudiar al inconsciente con las mismas técnicas con que se estudia el reflejo psíquico consciente, bajo la supuesta idea de que eso hace rigurosamente científico el mencionado estudio, es algo que privilegia y alimenta el análisis profano. Y el axioma de rigor es que no se puede estudiar un fenómeno de una determinada naturaleza con igual método de estudio de otro de naturaleza diferente. Eso sería vulnerar el santa sanctorum bíblico de la investigación científica. No cabe la menor duda.

Sin embargo, el psicoanálisis ha sufrido desde siempre el embate demoledor y la crítica más rancia por parte de los psicólogos conductistas y cognitivistas, al plantear que no se puede evidenciar el contenido del inconsciente o acceder a él. Lo que puede observarse como una manifestación conductual, digamos, los desórdenes en la alimentación del infante, tiene sus orígenes en el inconsciente, en la relación del lactante con la madre, según el psicoanálisis, por ser ella quien provee el alimento a este. La comida es el símbolo de la relación del bebé con su progenitora. Lamentablemente, esto es inaceptable para la psicología conductual y cognitiva, quienes buscan el origen de la manifestación de este fenómeno en la imposibilidad de controlar el apetito, en la falta de regulación, y se inclinan, las más de las veces, por la explicación biológica o neurológica, focalizando el problema subyacente en el sistema de recompensa del cerebro: la amígdala, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral, el cerebelo y la glándula pituitaria, debido a que eso sí puede ser contrastable, medible o hacerse evidente. Por esa razón, el psicoanalista limita sus terapias a ofrecer conocimientos al paciente sobre su enfermedad, sus síntomas y a identificar el momento de mayor probabilidad en que dichos síntomas se repiten, a comer con más frecuencia, con comidas o refrigerios espaciados, no más de 3 o 4 horas, a cambiar la manera en que el paciente piensa sobre sus síntomas. A raíz de tales ideas, esto reduce el poder que los síntomas tienen sobre la persona, transformando los patrones de pensamiento contraproducentes en maneras de pensar más útiles. Lamentablemente, todo esto queda en el aspecto descriptivo consciente del problema, sin llegar nunca a las causas –de naturaleza inconsciente-- de la carencia.

De manera que el psicoanálisis se ve sometido a la crítica más despiadada: por una parte, dado los métodos que emplea para acceder al inconsciente --los proyectivos-- y, por otra, dada la pretendida explicación de los sueños y actos fallidos desde lo fisiológico, esgrimiendo los procesos de atención y memoria que para nada responden a la naturaleza de lo que se estudia: lo psíquico. Así, el inconsciente, una vez más, pasa a ser relegado a las “cavernas” de la vida psíquica por los enfoques de la segunda y tercera fuerzas de la psicología. ¡Qué equivocados están los que así piensan! S.Freud ya había anticipado el hecho intelectual reduccionista y disoluto cuando expresaba: “…dejar el psicoanálisis sólo [ sic ] en manos de los médicos podría ser fatal…Es una desventaja –se está refiriendo a la educación médica y su relación con el psicoanálisis— si algunas convenciones científicas aceptadas se incrustan muy profundamente en la mente [la cursiva es añadida] del estudiante” (citado por Mateo, 2002, p.113). El hecho de no conocer a profundidad sobre un campo del saber dado convierte en neófitos y lúgubres a quienes intentan aproximarse a él, pues resultarán cautivos por los cánones de lo manido, en nombre del archiconocido método científico. Cuando un método, por muy científico que sea, se aplica a priori, resulta un instrumento mortífero en la búsqueda de la verdad.

Escondidos y amparados tras las críticas que sin razón alguna hiciera el filósofo británico Karl Popper a la explicación psicoanalítica de la psiquis humana, al considerarla altamente abstracta y basada en afirmaciones que no pueden ser demostradas, se ha pretendido despreciablemente simplificar los aportes que en materia de interpretación de los sueños hiciera el insigne hombre de ciencias vienés, a favor del origen y dinámica de la vida psíquica humana. Es por ello por lo que, al no dominar el conocimiento psicológico, en general, y su cuerpo legal y categorial, en particular, ni los métodos de investigación específicos de esta ciencia, la yuxtaponen a frases de latón acuñadas, sin entender siquiera de lo que están hablando. En este sentido, pueden tomarse como evidencia de nuestra idea, las palabras que más abajo citamos.

No hay ni deseos reprimidos, ni recuerdos bloqueados –contrarresta Triana (s/d) a S.Freud-- por algo llamado “consciencia” [ sic ]: simplemente hay una fase del sueño en la que recuerdos de conceptos que ya están en nuestro cerebro se van “activando” de un modo relativamente caótico, creando extrañas secuencias de ideas [la cursiva es añadida]. Y, cuantas más veces se activen los grupos de neuronas que al “encenderse” a la vez evocan un concepto, más probable será que esto vuelva a ocurrir en un futuro. (¶2) ¿No es este discurso acaso la vulgarización más fidedigna de la ciencia y en la que no se sabe si ora la psicología ora la fisiología del sistema nervioso sostienen la explicación de los sueños? ¿No es altamente contradictorio el hecho de que se activen de un modo caótico los recuerdos de conceptos en los sueños, si son dichos conceptos, por el contrario, los que tienen como función organizar el conocimiento racional y, por ende, consciente? ¿A qué extrañas secuencias de ideas referirse en los sueños, si aquella y sus sucesiones no son más que el resultado de lo consciente, del pensar? ¿No es el concepto –empírico o teórico-- resultado de la regulación consciente y, consecuentemente, mediata de la realidad? ¡Cuánta ignorancia e ignominia se esconden tras aquellas frases vacuas! ¿Qué derecho asiste a aquel autor de negar la pulcritud de la idea freudiana sobre los sueños, definidos por el gran pensador como satisfacción disfrazada de deseos reprimidos? ¿De dónde extrae aquel autor la lerda idea de que un concepto pertenece a la naturaleza inconsciente del psiquismo humano? ¿A quién podría ocurrírsele el pensamiento venenoso y pueril de que soñamos en conceptos, si soñar, hecho psíquico que a nadie está vetado y, por lo tanto, puede ser corroborado por todos, solo se hace presente a través de múltiples imágenes? Por algo Freud focalizó enfáticamente la interpretación de los sueños y no su lectura directa, pues una cosa es lo que concierne a las imágenes en las que aquellos se configuran y otra, bien distinta, los conceptos que sostienen su interpretación. Si pudiésemos leer directamente el contenido de los sueños, la vida sería una pócima psíquica y tendríamos resuelto casi el 80% de nuestros problemas y el otro 20%, también, porque los sueños reflejan, en imágenes aprendidas, lo que somos y lo que nos acontece en el curso de la vida. Que no sepamos interpretar –descifrar— las imágenes que en ellos se representan, no significa ni mucho menos que no estén directamente imbricados con nuestra individualidad y que, por ende, deban pasar inadvertidos. La interpretación de los sueños es, por antonomasia, un recurso psicológico poderoso que subyace a la regulación conveniente de nuestra vida, en el caso de que logremos aprender a desentrañarlos. En ese sentido, cada cual puede convertirse en su propio psicoterapeuta cuando de la interpretación de los sueños se trate. Y, por cierto, nadie mejor que uno mismo. ¿Quién pudiera pensar que lo inconsciente y lo consciente, siendo de naturaleza contrastablemente distinta, pudieran explicarse bajo el mismo método y el mismo cuerpo epistémico? Bien pudiera pensarse que el comportamiento del género femenino, por el hecho de ser persona, puede explicarse bajo los mismos cánones del comportamiento masculino. Es más, aun cuando el hombre y la mujer contraigan nupcias, en el matrimonio se haya bien diferenciada una conducta de género de la otra. Si lo consciente se configura mediante los conceptos empíricos y teóricos, lo inconsciente lo hace a favor de las imágenes perceptuales y, bajo su égida, los mecanismos de defensa del ego, la sustitución de nombres u olvido de nombres propios, los actos fallidos, etc.

La toma de conciencia del contenido inconsciente siempre será una interpretación de ese contenido; nunca será el contenido del inconsciente mismo; nunca será el inconsciente en sí. El hecho de relatar un evento acaecido en la niñez, no implicaría convertirlo en un contenido consciente, sino evocar una interpretación consciente o racional, a través del prisma de los conceptos de aquellos contenidos que ya fueron reflejados en imágenes en dicha edad. Y eso no es más que la interpretación de símbolos. Las experiencias tempranas del niño son principalmente perceptuales-motrices y su comunicación y expresión se realizan a través de imágenes táctiles corporales. Por demás, la experiencia corporal es esencial para el desarrollo de la autopercepción; el niño necesita vivenciar su cuerpo para moverse en el espacio y conocer el mundo de los objetos.

Acceder a estos primeros hábitos, que permanecen latentes en forma de contenido inconsciente, se hace posible a través del juego, la danza y el dibujo. Así es como quedan fijadas dichas experiencias, asociadas a situaciones concretas. El significado social de estas imágenes viene dado por los conceptos que comienza el niño a adquirir. Digamos, una melodía, una parte de su cuerpo, una comida, un objeto, podrán estar asociados a conceptos tales como aceptación, rechazo, confianza o inseguridad. Estas vivencias podrán ser evocadas solo a través de las llamadas manifestaciones artísticas. Es por ello que los niños se comunican con mayor facilidad a través de la forma, el color y el dibujo, que de manera verbal. A través del arte, se le concede al niño la oportunidad de expresar lo que no puede hacerlo en palabras o en conceptos, como reflejo del inconsciente; de ahí la necesidad del empleo de materiales como la pintura, el dibujo, el trabajo con arcillas, la plastilina, así como la danza y la música. El arte es una forma de comunicación simbólica que ofrece incuestionablemente una oportunidad para la representación terapéutica y su solución. Y todo eso le está completamente negado a materias de contenido conceptual. Todo lo antes expuesto cobra relevancia en la preparación metodológica del docente.

[...]


1 Profesor Titular de la Universidad de Guayaquil, Ecuador.

Final del extracto de 18 páginas

Detalles

Título
Lejos del iceberg y tan próximo a la isla. El iceberg del psicoanálisis se derrite
Autores
Año
2020
Páginas
18
No. de catálogo
V947038
ISBN (Ebook)
9783346293930
Idioma
Español
Etiqueta
lejos
Citar trabajo
Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera (Autor)Dr. Marisela Rodríguez Rebustillo (Autor), 2020, Lejos del iceberg y tan próximo a la isla. El iceberg del psicoanálisis se derrite, Múnich, GRIN Verlag, https://www.grin.com/document/947038

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